1/1/14

Dice que se fue a la guerra pero, también dice que no sabe cuándo regresará

Version:1.0 StartHTML:0000000170 EndHTML:0000014045 StartFragment:0000002417 EndFragment:0000014009 SourceURL:file://localhost/Users/Valencia/Desktop/cam%20pam.doc
-->
El día de ayer, varios autos pasaron al mismo tiempo, todos llevaban prisa y bolsas blancas en los cofres. Alguien debió ver que en los autos viajaban más de tres personas, y que cada tres metros estaban en eso de detenerse. Yo cargaba dos bolsas llenas con azúcar valdez, chocolate blanco, miel en polvo los molinos, servilletas, una revista de trucos fotográficos, una caja de mentas la estación mirán y una caja de hierbas en sobre, hierbas para infusiones con el dibujo de una mujer negra y gorda sobre la marca o nombre del producto. No era posible mirar hacia el otro lado de la ciudad, no solo porque ya era bastante tarde, ya todos los postes habían sido encendidos y los autos con sus luces altas parecían bailar y hacer atrás adelante o buscar como si se trataran de linternas; era bastante difícil pues muchas personas caminaban al mismo tiempo, muchos hombres llevaban faldas cortas o algo en lo que estaban envueltos y las mujeres, que parecían buscar algo y levantar los brazos y hacer eso del cabello, se mantenían de pie sobre la acera, algunas con las dos manos en los bolsillos, otras sosteniendo a un niño o dos niñas y con un aparato de celular pegado a la cabeza y con la cabeza como colgada del cuerpo. Yo, que preferí mirar y ser parte de aquella corriente tuve que esperar pocos minutos para cruzar al otro lado, a la otra acera, allí el hombre de los periódicos, al cual por primera vez encontré tan extraño, como si fuera un hombre que estuvo en mitad de la calle y ahora lo encontraba en la acera o como un policía, cargaba aún con su maletín azul lleno de diarios y debían ser los diarios de la tarde. Nunca lo había visto a esas horas y eso era algo para preocuparse; como estar en algo o como preguntar si ya se había publicado en los diarios.

Muchos mensajes que envié no fueron contestados, ni el día anterior ni el día de hoy, o sea, ya son o van cuatro días sin saber nada. En la caja de roja encuentro una muffin que supongo fresco y las chispas de chocolate y esas migas cubren la mesa y mi buzo negro y luego debo ponerme en pie para sacudir todo por la ventana. Hay vajilla y servilletas y muchos vasos vacíos y muchas envolturas que parecen necesitar nada más que un empujón para salir desprendidas hasta caer sobre mis pies, o sobre los zapatos y sobre la alfombra. El clima es excelente lo que equivale a aceptable, hoy también siento que hace el tiempo ideal para ahora sí sacar a Leo a pasear, con cuidado digo, pues hay varios autos circulando y mucho más por esa pequeña autopista y Leo a veces quiere correr o trotar y es como si los autos lo estimularan. De ese modo supongo que ambos podremos ejercitar lo que queda del cuerpo aunque Leo lleve las de ganar en resistencia y edad y eso sin contar que tiene cuatro patas. El suyo, cuerpo mamífero, el mío, algo más extraño, casi como la cola de una lagartija, una cola que está debajo de la suela de un zapato o en la mitad de una acera, en la mitad y al medio día. Ya de paseo Leo ladra a todo lo que se mueve y eso me parece un poco detestable y curioso, cómico a la vez, pues son varias las personas que corren y que intentan señalar al Leo y usan esas curiosas formas como si bendijeran o intentaran cuidarse de algo; entonces me quedo mirándolos y luego digo tranquilo Leo, y a las personas de las bendiciones es amistoso o no le tenga miedo. Ayer cerca de una de las iglesias de los brasileños hallamos un pollo arrollado, no quedaba más que un cuerpo que parecía más bien una careta de goma; no había sangre o ésta se había secado y luego convertido en polvo, las plumas del ave eran azules y grises. Luego de una hora llegamos al complejo, en realidad nos detuvimos en la acera del frente a mirar los autos entrar y a la gente bailar en uno de los salones, sería jueves, creo, buen día para la hora y media que nos tomaba hacer la actividad. Leo estuvo bien sentado en sus dos patas y sobre su culo, sostenido de su correa por mis manos, dentro, las personas nos miraban y ya bailaban o nunca lo hicieron, y lucían como si escondieran algo. Nadie se atrevió a pedirnos que pasemos o quizás deseaban que los miremos y nosotros tampoco queríamos hacerlo, ni entrar ni quedarnos demasiado tiempo, supongo que ahí de pie éramos náufragos o paisanos o dos perros o dos hombres con correas o algo así pero peor, o sea, algo cuatro veces, cuatro perro, cuatro hombres, cuatro cadenas, aunque por un poco del vino que parecían servir bien podía dejar a un lado las dudas y dar dos pasos y mirar si escondían de verdad algo, pero por qué esconderían algo a la vista de todos pues, el ventanal del complejo daba a la calle. Los autos estacionados en su mayoría eran pequeños furgones, uno estaba lleno de adolescentes, chicos que parecían recién duchados, con el cabello húmedo y en sandalias y mujeres que cargaban maletas y las guardaban en el furgón con apuro; el resto de personas estaba de pie junto a las puertas abiertas o corriendo como si tuvieran prisa o mirándonos a Leo y a mí. Pronto vi que era mala idea seguir frente a ese territorio y sentí como si violara eso que ellos escondían. Avanzamos tres cuadras más antes de iniciar el regreso, claro, por la misma acera.

La noche la pasamos dentro de su casa. Su casa es chica; si fuéramos más altos diría que estuvimos en una casa de muñecas, es decir, faltó bien poco para no caber, poco para golpearnos las cabezas o para meterla en una chimenea y con la llave de la ducha en las costillas y ambos intentando llegar con la esponja y no quemarnos los ojos y el jabón corriendo con el agua o haciendo chiiizz. Creo que dije por qué te gustan los lugares tan chicos donde uno ni siquiera está seguro si lo que piensa lo piensa uno o acaso lo piensa otro, alguien en otra de estas cajas para zapatos con electricidad y servicio de agua, alguien que de un modo imposible reemplaza, y sin esfuerzos, lo que está en tu cabeza o mi cabeza por lo que acaba de recordar o lo que estará por hacer. Luego pensé que esas cosas pasan en la iglesias, en las reuniones de fin de año, incluso sucede en el espacio, en esas historias donde un ordenador termina contagiado de un miedo irracional. Luego de escucharme esas y otras no pude sino que caer de espaldas y desear que un piano cayera también pero por partes sobre mi cabeza y sobre mis muslos y sobre mis brazos, deseaba que cada parte, es decir, cada una de las ochenta y cuatro teclas pesara, cada una, individualmente como el piano mismo, lo mismo deseé para cada una de las patas, lo mismo para cada una de las cuerdas, las cuales también deberían estirar mis brazos y mis piernas y mi cuello según lo que iba imaginando, en eso estaba, ya con el cuerpo en la mitad de la habitación, ya con el taburete cayendo en dirección a mi frente. Luego creí que mi cabeza se había vuelto un piano. Varias cosas como las mesas y el suelo y los muros parecieron crujir, entonces supe que no estaba ebrio y quizás solo andaba en aquel espacio en el que andrésramirez encontraba el opus ni buscado de los números. Ya en la calle encontré a conocidos y personas que al saludar miraban su reloj o gritaban en dirección a otro rostro, y luego fuimos invitados a continuar la noche, o empezarla o a cerrarla, es decir, detrás nuestro debía leerse un letrero con algo como apágame. Deseaba que Rayo estuviera por ahí para que me arrastrase de regreso a mi habitación o para que me mordiera y luego me escupiera o me arrancara las partes hasta dejarlas debajo o sobre la cama, pero eso sería un problema, pues no hay nada me empecé a decir que pudiera contra la gran mancha que cubrirá todo. Rayo nunca vino, a qué iba a venir? me dije, y luego me encontré amenazado varias veces por un tipo que estudiaba para abogado, y eso a pesar de que uno de sus compañeros, un tipo alto como un piloto de esos aeroplanos de un solo motor intercedía diciendo que estaban en un error. Casi amanezco debajo de una banca de piedra, pero mejor me puse a caminar.

Cuando dio vuelta, luego del tema con el abogado dijo eres un mentiroso. Así escrito parece algo sin importancia, pero si lo dibujara sería más palpable como una línea dibujada en un rectángulo de un extremo a otro, algo así como eres un mentiroso, pero con algo como eco. Luego, tras mi silencio dijo o añadió Es peor, no eres un mentiroso, creo que eres más bien un farsante. Un mentiroso sabe que miente, pero un farsante no sabe diferenciar la verdad de la mentira, lo real de lo... uhhhhhhh... de lo que no existe. Tú, un farsante, no tienes experiencia pero eres bueno dictando, díctame! Dime quién dicta farsante? Dicta mentiroso!

Luego vi que doblaba la esquina con la bolsa blanca en las manos y guardando al apuro y las espaldas parecían pegadas. Varios metros después, es decir, tras caminar o flotar entre velas o cera y las flores rojas y sobre las aceras, yo seguía sin comprender qué diablos era todo aquello de lo real y lo fantástico; luego pensé que debía caer un piano hacia arriba y arriba debía estar una alfombra me dije, y quería que ya fuera la navidad y que los hombres americanos de terciopopelo cargaran con los árboles del Canadá. Entonces me vino una gran sonrisa y entonces comprendí; supongo que me sentí menos atormentado y ya no tenía ganas de llorar o de meterme en el cofre de todos los autos parqueados. Luego un hombre me brindó o me alcanzó un encendedor, en realidad creo que se lo había exigido y estuve dándole a un asqueroso lark, no sé que pasó con mis marlboritos, sentado, así diez minutos sobre una de los escalones. Quise pedirle disculpas al hombre del encendedor porque seguro le debí haber arrancado el aparato en una de las inconsciencias célebres pero pensé que solo sería empeorar las cosas. Luego quise decir algo pero me encontré conmigo mismo y parece que me balbuceaba cosas sin sentido, como un hombre que levanta una espada o como alguien que intenta guardar viento en una lona de yute o cualquier imagen irracional, como si esas cosas estuvieran flotando alrededor de los árboles, del galpón o de las personas que usaban el sitio; cosas e imágenes anormales como tomar el teléfono con los pies o entrar de cabeza en la ecovía. Pensé que sería bueno escribir algo en una pared, tomé un pedazo de carbón de una vieja estufa en la mitad del jardín con el fin de escribir mi nombre varias veces en cualquier muro, el sitio estaba lleno de muros o era muros, algo así como A.K es un farsante porque no sabe cómo diablos ser un mentiroso. Al pararme frente al muro lo primero que esperé fue a quedarme solo: muro, carbón y A.K. Luego con extrañeza y mucho pánico vi que ya me habían escrito y eso me dejó con los bolsillos llenos de quinientas cosas, creo que eran quinientas figuras mías en miniatura que miraban un muro. Sobre la pared leí: Mambrú dice que no sabe cuándo vendrá y eso fue para el mandrake.

eresunmntiroso

No hay comentarios: