11/1/14

beckenbahuer

Luego expliqué con las manos un poco apretadas una junto a otra que a veces no necesitaba trabajar pero cuando lo hacía procuraba hacerlo en un sitio que quedara cerca a casa. Luego recuerdo que perdí la casa, también que estuve dos o tres días dentro de un galpón, y muchas personas llegaban al mismo tiempo y luego vestían uniformes blancos. En este sitio, que además tenía cuatro ascensores y solo dos plantas, o quizás habían estacionamientos y algo sobre una especie prehistórica, los hombres pagaban con monedas redondas y tenían grabadas por ambos lados un pez espada. Yo, miraba con atención cada una de las perchas, por qué lo hacía? Bueno, en algún momento imaginé una casa llena de grifos dorados, llena de tinas con patas de rinoceronte que a su vez estarían llenas de agua tibia y agua jabonosa y, claro, toda esa imagen arquetípica, eso de tenemos la cena lista, hay una gran botella de uvas negras, negrísimas como las bolas de deantoniparks, vino que brilla debajo de la casa y todo es oscuro y frió y recóndito. Mientras miraba el porcelanato y los bordes de algunas perchas no pude dejar de pensar en que debía construir un basement, y era lo mismo que tener otra casa. Para eso de combinar y guardar secretos soy como un árbol y una de las chicas de camisa roja me dió varias sugerencias mientras se arreglaba el cabello y yo pensaba que ellas colocaban sus dedos entre mis dientes o que intentaban quitarme la comida que tenía dentro del estómago y era hora de salir y no sé, parecía un día jueves.

Todos esos días sirvieron para proveerme del material suficiente antes de dibujar la nueva cocina. La anterior tenía las paredes húmedas y con el tiempo la tubería sonaba como un motor, además habían vetas verdes que salían hacia el platillero y creó que también a veces buscaban comida en las ollas. Antes de iniciar aquella remodelación recuerdo haber colocado una silla junto al lavabo para escuchar el discurso y los consejos que daban los codos, el desagüe, el pvc, las aguas estancadas cada semana. Un discurso increíble, una de esas cosas que lo motivan a uno y lo tienen entretenido durante varios días, ahí, con la oreja contenta, con la sonrisa enorme y un placer kolynos; a veces pensaba que un tipo griego, uno de esos hombres del mar había decidido volver solo para demostrar que todo era posible. Eso hacían la tubería y las aguas servidas, me otorgaban un poder, miraba cosas que no existían. Luego al cambiar y remodelar supongo que iba a extrañar esas vetas y la grasa en forma de cubos, pero, quedaba la radio, y en la radio ya existían programas y estaciones que jamás dejaban de transmitir, entre quienes hablaban estaba jesús, alguien del colegio san bernardino y solían repetir que aquello por hacer solo esperaba ser hecho.

Luego olvidé todo, es decir, ya no tenía ganas de pensar y de observar que qué sería de mí fuera del taller y nadando en todas las direcciones. Pensé que mi cuerpo quedaría perfecto dentro de un traje de goma y luego estuve tras de una escafandra y por unos años me dediqué a trabajar con un grupo de personas que limpiaban las alcantarillas de México y debía usar un traje de goma y abajo era imposible observar pero igual luego recibía duchas con agua a presión. Esa ciudad siempre había estado entre mis destinos y ahora no sólo la respiraba sino que la podía escuchar. Lo salvaje estaba en cada rincón y un poco recordé que quito y en general todo el país se dirigía en esa dirección, con eso de que las cosas tenían que hacerse a las buenas o a las malas. Creo firmemente que nuestro tiempo se ha agotado y que en realidad vivimos un tiempo pasado, no histórico, que no termina de irse. Recuerdo a un hombre al cual solía colocar entre mis rodillas mientras su esposa lo miraba detrás de unas gafas y yo creía que aún no era parte de las cosas sagradas y me agradó llevar jeans rotos, una camisa sucia y luego me volví cenizas. Su esposa y yo nos lo comimos como se come una barra de cacao y su esposo reventaba como chispas sobre los labios. Entonces su cabeza entre mis rodillas guardaba silencio y los labios se ponían azules y ella cantaba algo sobre cómo detener un vagón que acaba de salir con diez hombres a las diez de la mañana y hace dos paradas para que suban tres personas mientras dos bajan a comprar marlboros y uno de ellos regresa con la nariz llena de aros de plata o aros de tagua y cuántos días quedan para que el tren regrese con ciento cuarenta sacos de yute. Luego yo volvía a casa que quedaba en satélite y bebía de la botella con verdadera fruición y las cosas primero eran felices y luego eran del color del mango de un machete y luego el machete brillaba y parecía y llamaba con reales y escudos pero habrán salido pero era que también llamaban y ahora está hector en un patio vistiendo un overol...

En clase recuerdo que era interrumpido varias veces y mis interrupciones sólo lograban que el resto de talleristas buscaran sus marlboros en sus maletas pero en realidad buscaban sus viandas con cangrejo y luego ya estaban gritando que quién iba para la sala del seis a traer un mazo que sino, alguien usara la cabeza para las patas. Anacristinamo me pidió un autógrafo y luego dijo que no la siguiera porque ya regresaba. Luego estuve junto a Leóngieco pero me dieron tantas de ganas de darle una patada que el hombre pizza evitó que nos fajáros frente a los hombres de corbata azul. Los hombres de corbata azul andaban por las habitaciones con eso de dedo acompaña dedo y esas cosas de lo paranormal. Se notaba que habían acampado junto a una montaña por más de tres días. Mis zapatos brillaban de tal forma que me sentí como una ficha del monopoly de los parkerbros. Luego hice un orificio y llamé por teléfono y todos del otro lado supieron que yo era un especulador porque tras un hola yo perogrullaba sobre por qué un hombre usa el teléfono para decir soy un gusano pero tenemos la oportunidad de conocernos pero tenía tiempo para contarle que me gustaba el olor a humedad y sobre todo bajar los escalones sentado. El orificio dijo que ya parara de tanta cosa y yo le pedí que se vaya un poco a hacer más grande sus muros y que en unos días estaban por llegar los barcos donde cargaban las cajas que durante diez o quince años estarían despertando tras usar los paneles y mientras dure eso de tenemos que sacarnos un pulmón o un bazo.

Detrás de la caja podrás decir las cosas que intentas o que andas buscando. Luego quiero que repitas que eres algo incorrecto. Tú andas por ahí pero por ahí no anda por allá y la cosa es que estamos exagerando y cuando suceda ya estarán las cosas llenas de días y de eso ya pasó antesdeayer. Eres tanto y las cosas tienen por sí y tú necesitas dejar los marcos con forma de estrella dentro del velador porque tienen sus propias baterías y además están el silva el ulloa y te prestan con qué mirar a lo lejos pero te toca estar allí si quieres que tú me has hagas un final con algo o para que no termines escuchando por las noches te faltan todos los dedos de las manos y respirar eso lo hace como respirar el ulloa pero a tí te falta y rezo y luego tienes varios días hasta el dieciete de agosto y luego mientras y luego desaparecerá y no está sucediendo y ha llegado el momento de maldecir y puedo decir maldito te maldigo, eres un celular y te tiro sobre la acera y espero que alguien te encuentre para que llame a medianoche y al contestar digo algo como parece entranomás pero maldito celular y tiromondo un tarahondo cada cosa es y suena la mano sobre el azulejo y dices paco y no está y piensas no puedes decir y menos escucho y tampoco lo que se avance y un y las piedras y los muros y te estoy destruyendo, solo te estoy destruyendo.

El orificio dijo que se quedaría ahí hasta que llegaran los barcos y que si debía cambiar de dimensiones deberían traer una gran máquina porque él estaba con ganas de más y un poco eso de sentir la bomba, nena. Por él entraban varias corrientes al mismo tiempo y también porque habían varias ventanas que parecían abiertas al mismo tiempo pero en pisos distintos y el aire hizo formas como de atletas olímpicos que quizás eras antiguos griegos o antiguos hombres jugando al soccer entre dos o tres como eso de mete gol gana o de penalitos y de mamaditas. Luego todos jugamos a los árbitros y en mitad del pasillo empezamos a sacar tarjetas a los talleristas que querían entrar a las otras habitaciones y a veces también los mandábamos a correr dos vueltas a la montaña y también pedíamos que al regresar lo hicieran trayendo una funda con pan para el café que el agua estaba por salto y arde y nadie tenía y era para que volvieran en dos o tres años.

Eso es cierto preguntaban, eso haremos hasta que sea cierto decíamos. Luego despertaba y mi cara seguía pegada a la mesa.

En el muro apareció eres un mentiroso.

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