Luego di varias vueltas y hacerlo se parecía un poco a conducir un auto por la mitad de una autopista en línea recta, sin variaciones de velocidad y con las manos tomando con fuerza el volante, pero en línea recta, y eso quería decir que las vueltas o el circuito de la pista era extremadamente amplio, tanto que no se sentía el cambio de dirección o el entrar en la curva, entonces en realidad no era totalmente recta y quizás el volante por momentos giraba ligeramente. Entre todas esas vueltas, en mitad de ese gran circuito, encontré muchos anuncios y muchos semáforos y todos tenían encendida una luz amarilla y los carteles anunciaban la próxima construcción de un edificio para la nueva escuela que llevaba por nombre a algún científico alemán de hace mucho tiempo quizás el dueño de Pzifer y en la foto o publicidad había un niño con una peluca de cabellos grises y un bigote también gris, y el niño miraba hacia la cámara y sacaba la lengua, y un lema acompañaba la foto, y uno no estaba muy seguro de si esa era la forma de relacionar futuro con pasado, a través de la ciencia, o si acaso los niños pronto ni siquiera necesitarían ir a la escuela, pues, al parecer, el conocimiento ya sería una cosa inalámbrica capaz de ser tomada y adherida a las paredes cerebrales como un capítulo de renhook y quizás los niños sacarían la lengua como diciendo las cosas que a veces a uno parecen escapárseles, algo como, que se yo, algo como Somos los niños, cuando llegues te daremos tu cocol. Por cierto que esa bebida debe tener algo adictivo, pues, mientras daba giros, encontré a muchas personas y muchos autos en mitad y a un lado de la autopista, y parecían esperar que un camión abriera sus puertas, y como no era navidad aún, ¿ya era? bueno, quizás en el camión, tampoco era semana santa, seguro habían bolsas blancas llenas de cocol, cocol en polvo, cocol en barra, cocol para beber, cocol para preparar y mezclar con mulgatol y fruta picada, y cocol de alto rendimiento pero esas cosas debían hacerse en sitios alejados, pero ahí estaban haciendo fila y había orden, pero no me quedé, pues, el auto seguía derecho sobre los invisibles giros de la ruta, y luego observé más carteles como unos rectangulares de color verde y letras plateadas que indicaban destinos como chimborazo, amaguaña, guayasamín, y también estaban impresos los promedios de los tiempos que podría a uno tomarle el salir desde aquel punto hacia cualquiera de estos lugares, y uno tenía ganas de conocer todos esos sitios y uno estaba tras de un volante y todas la agujas marcaban el punto más alto, o sea, que estaba a cien o ciento diez y los árboles pasaban por los cristales, rápidos, como masas o sombras o como cortinas o como árboles que protegían la montaña o como pirámides, y luego uno pensaba en que hacía falta el mapa de usted está aquí en este momento o ese de si usted estuviera aquí y en este momento, usted ya habría llegado y debería pensar en el regreso. Luego seguí derecho y pegado al parter en mitad de la pista y la línea amarilla me impedía y me avisaba en caso de desear pasar al otro lado, pero esa línea era concreto pintado con un color acrílico y era imposible que intentara tomar los otros carriles, además venían autos en sentido contrario y no podía arriesgarme a romper la suspención del auto. Un auto bajo, la serie SX de los SJ.
En realidad giraba en el séptimo piso y los carteles que encontraba eran los rostros de los otros talleristas que mostraban algo de sus futuros negocios y de sus próximas inversiones, y un poco caí en cuenta de que muchos se estaban convirtiendo en pequeños empresarios y ya existían planes para levantar edificios, es decir alquilarlos, para funcionar o fundar otras habitaciones y luego colocar unas sillas y luego una pizarra blanca, y empezar con eso de digan sus nombres, sus direcciones, sus planes, experiencias, sus vacíos y lagunas con el fin de desarrollar un sistema de empatía y de desarrollo transpresencial y estaban, parecían, de acuerdo y yo dije que alivio, y otros carteles me prevenían de riesgos ante el tiempo usado en la construcción de premisas, y otros carteles pensaban y mostraban un tiempo mejor, donde la tierra sola produce o produciría cosas y las cosas parecerían cortarse a sí mismas, como si ellas se bajaran de las ramas para luego subir a las mesas hasta sentarse sobre la porcelana, y viceversa hasta plantarse y hasta ir a a buscar al sol; creo, que solo faltaba un anuncio de árboles de salchicha, eso era gracioso, la imagen de un niño sembrando una salchicha descongelada y sin plástico, y luego el niño o en la misma viñeta, anuncio, arodillado pidiendo al cielo que por favor hayan más árboles de salchicha para acabar con el hambre mundial. Un tallerista miraba todo este despropósito y yo no puede más que preguntar en qué cosas no estaba de acuerdo, y hablar o escucharlo fue un poco como asistir a una clase en un centro con uno de los hombres de corbata azul, pero, que era, en realidad, como si mereciera llevar una corbata celeste, pero su posición era firme, eso trataba de demostrarlo, muchas veces, sometiendo sus propias ideas a sus propios criterios, como cuando dijo que no existían los despropósitos, pero también dijo que todo daba lo mismo, y creo que su contradicción era imperdonable, y también pensé que nada da lo mismo y que algo que tiene propósito es distinto de algo que no lo tiene, que es como hablar de singular y plural, y pensaba que la moral empieza a los dieciocho años, y yo asocié ser ciudadano con tener amigos que lo sometieran gritando el nombre de uno, y luego recordé que debía lavar los platos que llevaban amontonados varios días. Quizás soñé con santiagodechile y recuerdo que alguien hablaba de gimnasios ambulantes y para volver a dormir me dije que sin saberlo, muchos eran, en el mundo, una especie de gimnasio ambulante y luego estuve con las caras de los conocidos en santiagodechile y eran una especie de hombres con miraba larga y profunda y era como si estuvieran pegados al filo de la tierra, es decir, como si dentro de sus miradas hubiera una línea, el horizonte que se ve en los lugares planos, dibujado, grabado, y por lo demás muy normales, nada de vestidos extraños, y ellos, y los talleristas hablaban de ser necesarios, que los centros dependían de enseñar cosas como eso de la aptitud y eso de tener las cosas claras, y su presencia en las habitaciones era harto importante, y durante los tres años, varios talleristas tomaron sus cosas, y yo seguía soñando o estaba con eso de dormirme de repente, y sin decir hasta nunca federicolacroixe se iban borrando, y al día siguiente nadie notaba nada pero en el recreo o receso nos movía una especie de rumor. Vocaciones difiere un poco de vacaciones pero son horas de voacacionar. Tendríamos 23, 25 y a veces creíamos meter las cabezas justo cuando las papas quemaban y creo que esa era la forma de aceitarnos y teníamos como 23 o 25, y de espaldas lucíamos fuertes y luego M.B desaparecía en medio de dos hombres de corbata azul pero ya estábamos entre ellos, rogándoles que nos llevasen a todos, y ya éramos los gimnasios ambulantes, y era como si procuráramos poner en sus manos nuestras pesas que parecían rodar de sus manos pequeñas, y como nada era avisado uno se entretenía con sus buenas intenciones, y ya reíamos sin saber de qué se trataba todo, supongo era como hacer un poco de actividades entretenidas, lúdicas.
Todo podía caber dentro de un vaso con tapa de cartón a dos push de ser el planeta donde todos querrían vivir.
Luego rodé muchísimo y al caer estaba ya sentado sobre una de las sillas azules, y la habitación olía a kfc, y muchos huesos de pollo cargaban una caja de papas fritas y creo que se trataba de un cortejo de muertos; y ellos dieron una vuelta por toda la habitación, y nadie los miraba, y yo dije profesor hay huesos en el suelo, y el profesor los miró, sonrió y luego sin dejar de sonreír dijo ahora si nos buscan, ahora sí existimos, señores, SIEMPRE estuvimos, USTEDES, AUtoridades, son los que hoy están y mañana no se sabe, no lo olviden M I S E R A B L E S y luego dijo cosas sobre lo que se espera del centro, del diálogo público, de unas actualizaciones que no llegaba, y yo miraba a los huesos, que seguían su marcha hasta tomar rumbo por la puerta hacia el pasillo, y la gente hablaba de cosas únicas e imposibles como el diccionario dosmiltrece y los huesos seguían en dirección desconocida, y entonces un rayo cayó en mis manos y pensé emocionado que estaban yendo hacia el gran orificio. Luego hablaron de los deberes de unos y de las tareas como hombres de corbata azul, y las leyes nos quitaron los pueblos ancestrales y los boyscouts nos están volviendo militares. Estuve por ir hacia el agujero pero me quede cuando una tallerista dijo que le gustaban los militares, y como esa tallerista, era la única que me gustaba, como para que fuera la madre de mis hijos, le pregunté, pero fue como preguntar a toda la habitación si no quería mirar el cañon pues dentro estaban mis balas y una de ellas podía sacar de su útero un par niños que nos llamaran papá A.K y mamá M.B y también para que crecieran y nos dieran de comer sopa de acelga con pólvora pero ella se quedó callada, y además no era M.B, y seguro en la noche puso a alguien en aviso como para que sospechara de un tipo, que viste camisetas con la etiqueta hacia afuera como el actor de perdidos en tokio, en caso de que desapareciera, o la encontraran inconsciente, o le tomara horas conciliar el sueño o le llegara una deuda de préstamo quirografario con su nombre, como si fuera parte de la fila para sacar la clave. Me dieron ganas de ser militar, pero también pensé que ya lo era, y revisé mis documentos pero ahí solo decía que era latacungueño y de profesión estaba escrito algo sobre hacer películas largas y aburridas, y recordé que hace tiempo debía pasar por unas retenciones y luego dije que sería bueno ir a disparar en el desierto de riobamba a unos cuantos cactus o a las rocas, y luego llegar a casa, y también quise pensar más cosas pero luego alguien dijo que debíamos meterle con todo al cuestionario, y ahí estaban más de setecientas preguntas, y la prueba sería en dos semanas, pero para mí esas dos semanas estaban en otro lado, y estaba dispuesto a pasar de a a c sin pasar por b, y luego faltaban dos horas para el examen, y no había estudiado mucho, pero mientras salí por un marlboro dije que sería genial rodar mientras estudiaba y entonces rodé unos escalones, y luego creo estaba sobre los hombros de alguien, y estudiaba latín, y prefijos, y datos históricos y también miraba el borde de una acera o quizás era una calzada, y quizás estaba de cabeza pero ya faltaban dos horas para el examen de setencientas preguntas y si uno piensa que en dos semanas todo va a ser una mierda eso es lo que ocurre en dos semanas, solo que uno salta, y no importa quedar suspendido o como flotando, o como tirado por una cuerda.
Luego eres un mentiroso le daba sabor a los cuatro meses que faltaban antes de responder en mitad de la autopista, y eso ocurría en la pregunta trecientos y al entrar en la parte curva donde seguía pareciendo una línea recta. Pero eso, creo, fue en época de bolsas blancas y de un hombre con uniforme preguntando si queríamos, que alguien fuera a nuestra casa a enseñarnos a hornear pan con canela, y también habían árboles plásticos sembrados frente al estacionamiento. Pero luego eres un mentiroso.
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