4/1/14

aay no una burbuja anti-escape! burbuja: paafff!!!! : que facil... :: ¿por que creyó que un enorme globo detendría a la gente? eñ: CÁLLESE!, NO ME DIGA NADA!!

Sucede, siempre, cuando llega lo hace de manera imprevista, luego uno puede sacarse todas las cosas que lleva dentro, sobre el suelo los peines, fideos, sobres con estampillas pegadas y sin usar, es decir, uno obtiene, sin desear, la capacidad de observarse, de conocer sus propios centros, los múltiples sitios que un rato están de un lado y al siguiente, bueno, luego de unos segundos terminan envolviéndolo todo, como una sábana, como una toalla, como una de esas burbujas blancas que parecen hechas de goma pero que en realidad no soportan un filo o una punta de acero. Paafff. He visto este tipo de burbujas en varias películas pero sobre todo en series y en horas donde nadie cuida la casa. Cuando el escape es inminente, la burbuja entra en acción. La burbuja no sería poderosa sin la música incidental, por el martilleo, por el dramatismo de los instrumentos y las cuerdas, y el resto, casi todos los vientos. Además, qué inflama sino el viento? Lo que separa su interior del escapista es una membrana, un piel que se quiebra al ser pinchada por algo como un... tenedor plástico. Una de esas cosas poliuretanas que termina en el fondo de un tacho o de una bolsa oscura.

El poder está en detener el cuerpo. La burbuja se desinfla mientras toma el aire del individuo, o sea se infla hacia su interior, digamos por ejemplo en un... Juan Topo. Eso ha ocurrido también en aquellos filmes de presupuesto B, un hombre detenido debajo de la membrana con la boca abierta, una boca que se ahoga, o que ha intentado pedir auxilio. Eso le ocurre a Juan Topo, es cuestión de googlear. Ahí está su cuerpo detenido, lo prueban las imágenes.

Llevábamos varias horas mirando la misma pizarra. Todos parecían dormidos sobre sus sillas azules. También todos escribíamos con cautela, es decir, casi ni respirábamos, o lo hacíamos con el menor esfuerzo, apenas si vivíamos, como si de ello dependiera que el día o el taller terminara antes. Como si dejando de respirar uno lograra adelantar las horas, es imposible pensé. Luego reunimos a muchas personas alrededor de una sola mesa, cosas que ocurren sin que nadie las planificara, esas cosas que muchos acostumbran a decir que solo suceden, que solo se dan; alguien habló como si el piso lo escuchara, nos hablaba o le hablaba al piso? Luego alguien anotó en una de las fotocopias, en el revés, luego yo estaba ya entre ellos y entre sus brazos y sus lápices intentando que respondieran cosas sobre sinónimos o sobre las diferencias entre sonidos y las casi catorce vocales; ocurrió que pronto, como en un circuito, estuvimos avanzando en línea recta, sucedió que pronto yo deseaba estar en otro sitio, un lugar donde nadie me empujara de manera cortés, quizás mirando un televisor o escribiendo algo que saliera de mi cabeza y no ha través de mi cabeza, pero, pensé, era lo que había a esa hora, ese día, era lo que debíamos terminar. Luego las cosas se extendieron al punto de hacernos olvidar de nosotros mismos, de los ocho quizás la mitad parecía no necesitar ayuda, tarea hecha, a diferencia del resto, además quienes salieron parecían esperarnos al otro lado, en el pasillo. Miré que dos talleristas buscaban algo entre las sillas, apenas si las arrastraban, quizás buscaban respuestas debajo de las mesas pensé. M decía algo sobre preguntas que ya habíamos pasado, entonces continuamos con lo que quedaba, unas doscientas preguntas, cosas y tareas posteriores. M seguía cada tanto con cosas ya hechas y G graciosamente a veces regresaba sobre su folio y usaba su lápiz para señalar lo que deseaba comentar, cosas sobre significados similares, palabras traídas dentro de las gibas de algunos camellos, cosas que nos hacían reír con emoción puesto que todos quienes formábamos el grupo en algún momento terminamos bebiendo del agua de una de nuestras gibas. Que tienen sed decían, que mi giba está llena decíamos.

Luego desaparecimos como los delincuentes llevando toda la prisa enrollada en una corbata, formando barrullo, desatándolo pero también de modo que uno se preguntaba Cuándo sucedió? Quién es? A veces ocurren cosas que están más allá de nuestro control, un poder diminuto como si fuera el único botón del tablero de un sistema de energía, supongo energía descompuesta, esa de las grandes tres o cinco chimeneas. A cualquiera le hubiera gustado apuntar y descargar una cantidad ilimitada de pólvora sobre el pecho de quien se atreviese a presionar el único botón de aquel panel... botón rojo... botón de plástico... botón con la palabra Meltdown grabada en su centro... con poco ruido, ese silencio de cápsula de simulación con más muro y sillas de plástico y cosas que empiezan a volar sobre las ventanas y también sobre los  primeros quemados y sobre sus cabezas, segundos antes de conocer nuestra nueva condición de infrahumanos. Yo mismo bajaba los escalones pensando solo en la caja y en el marlboro, yo era una ceniza o el alquitrán llegando hacia las ventanas. Para no improvisar toqué mi bolsillo esperando que nadie lo hubiera tomado, ahí seguía, como una pluma, como un lunar de carne, como algo pegado al cuerpo. Luego encendimos los marlboros, luego buscamos un sitio tras arrastrar los pies de manera que parecíamos, yo por lo menos, obsesionados por encender el suelo, quemar, volar quizás los cristales alrededor de las habitaciones y al sitio mismo.

Así fue durante dos minutos, luego yo estaba sin cigarro y bajando más escalones, en realidad ya todos los escalones, con apuro, con un sentido perdido, quizás miraba con la nariz, quizás caminaba con el estómago, deseaba el cigarro perdido que empezaba a fijarse entre mis espacios, sobre y debajo o dentro de la lengua. Todos los escalones. El gran orificio conectaba cada uno de los ocho pisos, no lograré adelantar, dije, pero también creí necesario jamás volver a decirme nada mucho menos consejos. Soy, seré mi peor consejero, supuse.

Sus palabras, su manera de decir esas cosas, de decirlas como si carecieran de importancia, o de estómago, o al contrario, fijando cada sonido hasta que uno terminaba arrepentido de escuchar, de tener capacidades asociativas, de conocer aunque superficialmente el sentido o el significado de las cosas, eran las palabras que vuelan como ladrillos hasta dormirlo a uno, palabras que dicen tú eres ladrillos. Acerca de uno, lo conoce a uno. Cómo una persona repite cosas que siempre evitó? Mentir no tiene que ver con desconocer.

Los fines del mentir. Los caminos que parecen desenredarse frente a los ojos y bajo los pies. Mentir o engañar o desear cosas que no existen, o hablar ceros, o hablar corbatas. Ser, vivir dentro de nueve cortas y finitas letras. Cuando lo dijo, pensé en explosiones y cuando creí comprender algo, cuando tuve tiempo para relacionar algo personal con aquella impresión dudé, y eso me colocó un peso extra y de ese modo casi gratuito conocí un centro de la tierra, aquel sitio poblado por hombres con sus barrigas hinchadas de caras brillantes, casi minerales. La visión se hace recurrente hasta volverse lo que cubre y ocupa todos los cristales, la casa, el sitio, suponiendo que ésta es una gran casa, nueve pisos y un basement, una construcción llena de ventanas de color esmeralda, sitio propicio para observar de una ventana distinta, veinteycuatro, durante las veinticuatro horas del día. Eres, un, eres, un, eres, un, eres, un, eres, un, eres, un, eres, un, todo parece ser fresco, orgánico y húmedo como el comercial de un producto que acaba de salir, su rostro pensando ya en el futuro, eso era lo que sucedería, su mano y la estilográfica y las tazas y los platos y una alfombra y las portadas cubiertas, todo, casi, a dos centímetros de perder cruzar el alfeizar, a una hora de volver a casa para gritarle a la bicicleta antes de inflamar sus gomas, la mano, el dedo señalando el gran vacío en medio del patio, un sitio para guardar un auto, una palmera o hasta dos ascensores, eso, el futuro, yo, todos, la bolsa plástica que pendulaba de un lado a otro, lo cierto era sólido, ya estaba a la venta en todas las perchas en diferentes tamaños pero con la misma etiqueta, con los mismos colores en el diseño y con esos adhesivos de colores explosivos pegados para indicar que dos era igual a uno. Eres un A cómo nos tocaría? Es decir, de llevar uno en el bolsillo alcanzaría para el resto del taller?... luego pensé que apenas si alcanzaría para una porción. Un tenedor, una caja. Un tenedor dentro de una...

Eso era hacer fila en el galpón pero al final no llevé nada o llevé eres un mentiroso.

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