Lo que hizo fue meter la cabeza en la montaña justo entre dos rocas muy grandes. Los pies se agitaban como las patas de un insecto o de una cucaracha que ha perdido la cabeza. Eso parecía ser lo que él observaba al mirarse a sí mismo desde o a través de un lente invisible, inexistente que él parecía sostener con cuidado entre sus ojos y entre la maqueta también inexistente que él había armado sobre la cama, dentro de la ducha e incluso en la mitad de sus sueños, un hombrecillo con la cabeza metida o clavada en una montaña justo entre dos rocas brillantes y oscuras, con su cuerpo fuera y los brazos y las piernas agitándose sin ton, con un ritmo sincopado. Y al mirarse a sí mismo de esa manera se sorprendió muchísimo de tener tal energía a pesar de lo imposible de la posición y además de tener aún ganas de ayudar a aquel pequeño hombrecillo justo antes de empujarlo hasta perderlo totalmente entre las rocas. Según lo que observó, no le costó nada, poco, empujarlo y dejarlo en el interior, en silencio, fuera de todo o peor, dentro de todo, justo en el sitio al que solo algo o alguien externo pudiera acceder.
Luego en la cama el sueño era irreal, luego de varios cortes ya solo quedaba respirar con los poros, luego de cada respiración y con el cuerpo transpirado solo quedaba ser comido por los mosquitos, dejar la ventana abierta y esperar que el viento y las ráfagas lo dejaran lleno de resfríos, resfríos en verano, en una atmósfera que podía alcanzar los 35 o más grados y donde era necesario dormir con una toalla en la cara para evitar ahogar o despertar sobre un charco.
Otra cosa era el deseo, el deseo de vivir justo en el centro de un colchón, en realidad, las ganas de ser el relleno del colchón donde intentaba dormir. No era imposible, de hecho parecía ser lo más inmediato y lo más lógico e incluso tan simple como cerrar los ojos y escuchar la respiración y el abrirse y cerrarse de sus pulmones. Qué sucedía? surgieron los eventos de la calle y el ruido de los hombres cantando cada vez que alguien tomaba una carta, un naipe con los dientes largos y amarillos y pelados frente al reflector. Luego él desearía entrar en el colchón, sitio que parecía ideal, sitio en el cual desaparecer, lugar mínimo, incapaz de permitir los movimientos, es decir, un sueño o un descanso a la fuerza. No parecía imposible ni lejano pues al tener aquel colchón debajo todo parecía tan próximo, tan familiar que poco a poco no quedaba más que convencerse de que aquel ya estaba dentro, ya era relleno y ya algo o alguien con un peso total exprimía el día hasta volverlo anhídrido carbónico. Todo llegó y la experiencia de ser la mitad y de ser algodón o aserrín era ideal y hasta repetible.
Luego quedaba la radio y esa manía de 1989, año de las radios a pilas y de la programación que empezaba con Rumors, ELO y algo quizás de black dog, aquellas noches de fantasmas con voces llenas de ecos. Eso era lo que faltaba para encontrar el centro, volver a los sitios donde se había sido feliz al precio de volverse loco otra vez. Cómo? como no volviendo a encontrar los muertos de las décadas olvidadas. Los muertos eran seres que cabalgaban sobre el tumbado de casa a las cuatro de la tarde y otras veces al empezar la mañana, cada uno con su nombre: rojo, peste, bayo, muerte, negro, hambre, cada uno trayendo la montaña y las nubes pesadas capaces de estremecer la calle, la casa, la cama, el barrio, el tumbado, la radio que seguía encendida pero que al mismo tiempo parecía haber sido callada o cubierta por los pasos, fieros pasos, comunes, característicos de la herradura, del cemento, pero sobre todo, del camino de roca que se había formado entre el cielo, entre la tierra y entre los sellos. Quizás, hoy, tras aquel regreso piensa el hombre que podría al fin escuchar el llamado, entonces una vuelta nueva y la radio y 1989 regresando para cerrar toda clase de profecía. Eso diría uno de los esqueletos: lo cumpliste. El hombre durmiendo o con los ojos cerrados buscando un sitio al cual visitar y en cual abandonarse.
El resto de las noches luego de diez años o algunos dimes podía servir de espacio para comparar una y otra vez las versiones de Roll over Beethoven tocadas con guitarras, ukeleles, palmas y en cuadrados llenos de ruido y en blanco negro. Cada vez había un sonido diferente pero sobre todo se comprobaba que cuatro voces podían ser más dulces o agudas que la un solo hombre. A veces ese hombre solo, cumplía con un ritual extraño en el escenario que consistía en saltar son su guitarra y en un solo pie a lo largo y al frente del resto o de lo que quedaba de la banda, algo así como un pato o un ave que saltaba o volaba o intentaba no caerse mientras sacudía las cuerdas sobre la madera roja y, de fondo, quizás el piano y quizás varias personas aplaudiendo a un hombre vestido como en otro siglo que a fuerza de las cuerdas había quedado sordo pero que en vez de correr parecía quedarse a escuchar las nuevas noticias que debería cargar para los rusos.
El hombre en medio de aquellas rocas para esa hora del día, ya la mañana, debía haber encontrado la manera de cavar con un mínimo esfuerzo hasta hallar un centro o algo similar. Después de todo no parecía mala idea eso de sacar cosas para ocupar el espacio posteriormente, después de todo quedaba por sacar solo materiales que parecían ser lodo, rocas secas como adobe, quizás unos pocos huesos, algo de hojas de papel u hojas de periódico hechas pequeñas pelotas alrededor de un túnel o algo similar a un camino cavado hace ya mucho tiempo. Después de todo ese también parece ser el relleno personal de cualquier cuerpo de carne y huesos, un poco a lo Pin Pon, Pin Pon es un muñeco, todo bajo unas cortinas de encaje, unas mujeres de piernas cubiertas por nylon y Pin Pon sobándose la barriga sobre la cual hay algo parecido a un círculo dibujado. El sacrificio del cartón, quizás dormir a Pin Pon usando uno de esos químicos sobre un pañuelo, luego el cartón cayendo, el brazo alrededor de su cuello y las manitas y las patitas sacudiéndose hasta quedar sin fuerza, como fideos. Las chicas Pin Pon aplaudiendo y haciendo algo de Can Can, y entonces el gran agujero en la mitad de una montaña o de una peña, primero su cabeza, luego el cuello, luego las bolas de papel y un dedo haciendo push. Nada resultaría más divertido dice él, entonces todos miran y al mismo tiempo comienzan a dar pasos hacia atrás y cuando todos quieren correr ya todos y todas, sobre todo las chicas can can dentro del orificio con algo de terror en la boca y luego las bolas de cartón para cerrar las salidas, en realidad la única, entrada-salida. Lo bueno de quedar atrapado entre dos rocas o dentro de un agujero hecho de manera intencional es el silencio, nada parece suceder afuera y al fin se obtiene la buscaba otra dimensión. Cómo es ese sitio tan brutal, limpio o ascético o libre de sol y de movimiento evidente? pues es igual solo que lleno de explosivos, aunque pronto parecen todos darse cuenta de la responsabilidad de cada exhalación. De ese modo un estado larval, de esa manera las cosas convertidas y de ese modo la edad del dinosaurio, rugidos, planta, lodo, cuellos altos hasta otros túneles y el descubrimiento del animal interno: el animal que no caza.
El resto de las noches luego de diez años o algunos dimes podía servir de espacio para comparar una y otra vez las versiones de Roll over Beethoven tocadas con guitarras, ukeleles, palmas y en cuadrados llenos de ruido y en blanco negro. Cada vez había un sonido diferente pero sobre todo se comprobaba que cuatro voces podían ser más dulces o agudas que la un solo hombre. A veces ese hombre solo, cumplía con un ritual extraño en el escenario que consistía en saltar son su guitarra y en un solo pie a lo largo y al frente del resto o de lo que quedaba de la banda, algo así como un pato o un ave que saltaba o volaba o intentaba no caerse mientras sacudía las cuerdas sobre la madera roja y, de fondo, quizás el piano y quizás varias personas aplaudiendo a un hombre vestido como en otro siglo que a fuerza de las cuerdas había quedado sordo pero que en vez de correr parecía quedarse a escuchar las nuevas noticias que debería cargar para los rusos.
El hombre en medio de aquellas rocas para esa hora del día, ya la mañana, debía haber encontrado la manera de cavar con un mínimo esfuerzo hasta hallar un centro o algo similar. Después de todo no parecía mala idea eso de sacar cosas para ocupar el espacio posteriormente, después de todo quedaba por sacar solo materiales que parecían ser lodo, rocas secas como adobe, quizás unos pocos huesos, algo de hojas de papel u hojas de periódico hechas pequeñas pelotas alrededor de un túnel o algo similar a un camino cavado hace ya mucho tiempo. Después de todo ese también parece ser el relleno personal de cualquier cuerpo de carne y huesos, un poco a lo Pin Pon, Pin Pon es un muñeco, todo bajo unas cortinas de encaje, unas mujeres de piernas cubiertas por nylon y Pin Pon sobándose la barriga sobre la cual hay algo parecido a un círculo dibujado. El sacrificio del cartón, quizás dormir a Pin Pon usando uno de esos químicos sobre un pañuelo, luego el cartón cayendo, el brazo alrededor de su cuello y las manitas y las patitas sacudiéndose hasta quedar sin fuerza, como fideos. Las chicas Pin Pon aplaudiendo y haciendo algo de Can Can, y entonces el gran agujero en la mitad de una montaña o de una peña, primero su cabeza, luego el cuello, luego las bolas de papel y un dedo haciendo push. Nada resultaría más divertido dice él, entonces todos miran y al mismo tiempo comienzan a dar pasos hacia atrás y cuando todos quieren correr ya todos y todas, sobre todo las chicas can can dentro del orificio con algo de terror en la boca y luego las bolas de cartón para cerrar las salidas, en realidad la única, entrada-salida. Lo bueno de quedar atrapado entre dos rocas o dentro de un agujero hecho de manera intencional es el silencio, nada parece suceder afuera y al fin se obtiene la buscaba otra dimensión. Cómo es ese sitio tan brutal, limpio o ascético o libre de sol y de movimiento evidente? pues es igual solo que lleno de explosivos, aunque pronto parecen todos darse cuenta de la responsabilidad de cada exhalación. De ese modo un estado larval, de esa manera las cosas convertidas y de ese modo la edad del dinosaurio, rugidos, planta, lodo, cuellos altos hasta otros túneles y el descubrimiento del animal interno: el animal que no caza.
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