11/1/14

Rengar

Había mucho aire alrededor, mucho, nuestros rostros cada vez parecían estar más cansados y además las ropas que llevabámos empezaban a desteñirse, varias tiras de cabello, varias tiras azules o de látex y otras de piel se desprendieron y dieron vueltas alrededor del orificio, pero también alrededor del cuello, era como si siguieran a las corrientes de aire que entraban al mismo tiempo por todas las ventanas del sitio abiertas al mismo tiempo. Nosotros levantamos las manos y las abrimos de manera sobrenatural como si fueran girasoles para intentar detener aquella ráfaga pero era imparable, incluso, y aunque nos hubiera arrancado varias partes, varios rollos de vestido y las bufandas, llegamos a pensar que aquella cosa no era nada más que algo impalpable, algún tipo de campo, algo que acaso no estaba más que dentro de nuestras cabezas. Esa idea que al mismo tiempo estaba siendo pensada por todos también quemó nuestros cuellos, estómagos, y provocó que respirar fuera molesto, como si acaso un aire denso y bien caliente, como si un aire proveniente de un motor o de una olla encendida llenara y desinflara los pulmones. Todos al caer casi doblados frente a la ventana creímos que nada de eso nos haría daño aunque quizás por un breve minuto, quizás, creo, decidimos que sea cual fuere el motivo de aquella cosa ya no importaba si acaso nunca más lográbamos levantarnos. Pienso que todos sin decirlo de algún modo nos sentíamos contentos, o quizás agradecidos, incluso satisfechos. 

Luego el humo del marlboro tomó extrañas formas al dirigirse al tumbado. En realidad nada peligroso estaba sucediendo o nada que pareciera un peligro. Creo que utilizamos alrededor de diez minutos para discutir si todo aquello que sucedió en el estómago fue real o solo lo habíamos leído en alguno de esos libros que últimamente habían dejado de publicar y vender con ciertos diarios. El humo mientras parecía alargarse como lo hacen los brazos de las personas al intentar entrar en algo como una remera, un polo o una playera o en un buzo de hilo, hilo violeta o en una americana o en una blusa casi transparente y con volados o encajes o esas cosas en las mangas y alrededor del cuello o en una bolsa plástica negra o en calcetín o en un tubo pvc; un brazo largo y delgado, seguramente un brazo femenino y estilizado pero no uno que bailaba de manera que se notaran sus pliegues o alguna clase de ligereza del tipo el aire y yo nos entendemos, no, simplemente un brazo delgado que entraba sin mayor importancia. Luego aquel brazo que parecía tener vida se detuvo por unos segundos antes de reventar en el tumbado. Sin darnos cuenta habíamos dado algunos pasos hacia atrás, fue una nueva ráfaga la que nos devolvió al sitio. Casi o por muy poco pudimos caer de espaldas sobre los escalones y quizás hubieramos rodado hasta el piso siguiente. El orificio parecía emitir algunas risas pero no ese tipo de risas de los centros de especialización, aquellos con personas de edad avanzada, voces graves y carraspeos, más bien, sonaba como si dentro del orificio hubiera un grupo de adolescentes o quizás púberes o efebos, que comentaban sobre nosotros que los escuchábamos desde el filo. Varias veces alguien y yo mismo había revisado, es decir, atraído por la perspectiva del edificio y siempre era igual, algo oscuro, un pozo del cual salían a veces corrientes de aire, un aire que parecía venir del interior del suelo, aires fríos. 

Alguien dijo que llevaba demasiado tiempo mirando el orificio. Era cierto, mi cabeza seguía dentro y en realidad no podía discutir pues si alguien preguntaba yo decía eso de que el agujero estaba lleno de una mancha oscura, como un televisor quemado. Eso dije o creí haber dicho pero ya los otros talleristas, en realidad lo escuché por ahí, estaban como perturbados, uno dijo que yo parecía no estar muy bien de la cabeza. En ese momento recordé a una instructora a la que no había visto hace mucho tiempo, una de las últimas impresiones que ella tuvo se refería al modo en que ciertas cosas pueden estar cargadas de un espíritu bajo, supongo algo como una roca. Supongo que mi rostro debía lucir desagradable además creí notar que algunos no sostenían su mirada sobre la mía. Al rato la bajaban y estaban riendo o bien serios e incluso uno o dos prefirieron volver a la habitación, siendo que de allí habían antes salido con la idea de no volver.

Luego decidimos volver, los dos o tres que quedamos pero yo sentía que estaba en algún lugar en el centro. Los talleristas caminaban delante, quizás a tres o cuatro pasos de distancia pero par mí era como si ambos caminaran formando un círculo a mi alrededor pero también noté que otros talleristas de otras clases también hacían círculos, un poco alejados y cerca de los escalones. Similares cosas sucedieron al entrar en la sala y antes de llegar a los pasillos; los objetos parecían lejanos como en una pintura donde un hombre tiene acaso un árbol de referencia a muchos pasos de él y acaso ese árbol aparece recortado al frente de un radiente sol que está levantándose o a punto de esconderse y el hombre es como un fósforo, al fondo del cuadro, casi una viruta. También necesité alguna bebida y la sed se volvió insoportable. Tanto que no sé en qué momento estuve bajando de nuevo los escalones y ya agarrado del cuello de alguien que también bajaba o quizás era que alguien estaba en mi cuello. Ahora que lo pienso ninguno de los dos nos conducíamos, creo que solo caímos y solo rodamos un par de pisos y creímos ver a alguien levantando aquellos cuerpos que no sentían los golpes o que descansaban en la planta baja. En realidad de nuevo pensé que nada estaba sucediendo y nada ocurriría, creí que sería bueno rodar hasta dar con algún sótano.

Encontré mi cara pegada a un charco. La dejé allí solo por sentir como la piel parecía refrescarse. Quizás mientras estuve en el suelo un millón de pies pasó por encima siendo que yo ya no era un cuerpo ni una persona, siendo que quizás logré volverme aunque en sueños una roca o un montón de pellejos. Luego pude darme cuenta que estaba en la mitad de un gran galpón, un sitio extremadamente brillante, del que colgaban reflectores sobre varias personas que estaban de pie. Estuve a punto de decir, a los gritos, que esa no era hora para entrar en trances o que esa no era la forma de agradar al hombre de corbata roja. Una verdura gigante, la fotografía de un morrón o de un pimiento anaranjado o de un pepino me miraba, no le encontré los ojos, desde uno de los muros. Yo también miraba a aquella deidad vitamínica y pensé que pronto seríamos parte de una sesión con especias del japón o quizás de una tarde en el parque a la vuelta del galpón. Me ofrecí a guardar silencio y no mover ni un músculo pero eso es bien difícil y ya mis pulmones volvían a drenarlo todo, ya cuando no se podía dar mucho más y era como si todos los rostros estuvieran dentro de mi rostro y eso era algo antiguo y supongo que terminé o terminamos en las caras de las personas que estaban cerca. Sí, éramos curiosos, yo con esa apariencia extraña, supongo que debía volver al mar, debía plantar una palmera, dejarme unas noches a la sombra, luego bajar la palmera y con una sierra hacer una barca y salir cada madrugada hacia el mar y buscar a mobydick y escuchar copilotopilato y los pies húmedos y las manos duras y una soga y un arpón y cigarro para armar. Luego pensé que debía hacer cosas nuevas, ya no filas y tampoco pasar sentado, o estudiando o manejando y reparando autos, y esa explosión me recordó la vez que caí sobre una roca al caminar al borde de una pileta. Me puse a hablar para sentirme menos extraño y todos seguían en fila y ordenaban sus compras y sus zanahorias y sus mandrágoras y en fablimón aunque luego escuché algo sobre las cosas que salían caminando de las perchas y me dio gracia pensar que afuera estaban los autos girando alrededor del galpón.

Luego recordé eso de eres un, y luego quise pero ya no estaba cerca, ni lejos supongo y luego busqué un escalón donde sentarme e ir por mi segundo marlboro y al hacerlo miré a las personas con sus globos o nubes colgando de finos hilos hacia el tumbado y algunas habían sido amarradas a los pasamanos y de ese modo me distraje hasta que el edificio empezó a elevarse uno o dos metros y yo pensaba que debía meter la cabeza entre dos rocas en mitad de una montaña y no sé por qué no lo hice y por qué sigo buscando la montaña que al parecer tiene mi cabeza por que lo que tengo encima, lo que reposa sobre mis hombros debe ser un pescado o uno de los espejos del ascensor, o el panel de botones que al hacer push no encienden y creo que hay muchos paneles llenos de botones por todo el sitio ya que siento que soy dirigido hacia todos los sitios. Creí recordar algo sobre mi padre el escritor y lo ví vestido con traje que parecía ceñir su cuerpo pero también lucía como si de un lado tuviera todo el traje o el cuerpo mismo echado o pegado uno o dos centímetros al suelo. Pensé en eres un mentiroso y ya no tenía marlboro. 

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