31/1/14

Lot casado con la sal

Un día mirábamos imágenes de los primeros escritores modernistas en el ecuador. Sus rostros habían sido dibujados con la técnica de la plumilla y en realidad no parecían muy jóvenes y creo que todos pensamos que ahora se envejece con menos prisa. Uno de ellos llevaba unas gafas muy grandes y tenía algo que lo distinguía. Luego supimos que su muerte no había quedado del todo clara, se supone que fue un suicidio pero, también parece que desde el punto de vista forense eso era muy complicado, aquello de sostener un arma en un lugar de tal extraño acceso.

Luego estuvimos recuperando algunos datos y de algún modo las principales ciudades estaban divididas entre aquellas donde exitía un diario y donde estaban las dependencias públicas. Luego pensamos que sería una gran idea el traer a uno de los familiares al centro para que nos hablara un poco sobre la obra y la vida, y en realidad queríamos meter las narices en la miseria de estos autores. Creo que por un momento deseamos que otros nos contaran la cosas antes de ser nosotros quienes las descubriéramos. En otra ocasión mantuvimos a diez autores sobre el escenario del salón tres, con varias tandas y aunque ellos querían retirarse, nuestras preguntas los obligaban y de ese modo entramos en sus cosas y un poco las cosas de la poesía. Algunos llevaban pequeñas botellas de licor y eso nos pareció autodestructivo, e instamos al autor a que dejase esas cosas, pero en realidad deseábamos que diera algunos sorbos en el escenario, pero el autor empezó con su lectura, la cuarta de la noche, y en el poema él saludaba a todos aquellos que lo habían invitado a compartir una mesa, y yo creía que otra vez era una navidad, y alguien dijo que dejara que pasara la pascua y los reyes, y nosotros dejábamos de respirar, y era como si sus palabras nos quitaran el aliento. A una de las autoras la felicitaron públicamente pero ella parecía demasiado acostumbrada a recibir esas atenciones, y apenas si movía la cabeza de un lado a otro o apenas si abría sus labios, y además tenía colgando del cuello una bufanda roja muy larga y voluminosa y a uno le entraban otras cuestiones, pero su voz era la de un monstruo marino, y supongo no hablaba palabras sino que hablaba agua, y yo me enamoré de su voz y la guardé por tres días. Uno de los autores repitió aquello de la muerte y el olvido, y supongo que todos entramos en una página capaz de sobrellevar esos desgastes y la página pasó entre todos los asistentes y la miraban y luego la ponían en otras manos. Luego supe que aquel autor también era servidor público y ahí se aprende un tipo de resistencia y uno piensa en personas secuestradas o rehenes en celdas de caña. Nosotros intentábamos comer una manzana y X la pelaba y luego nos pasaba un cubo de manzana pero un hombre se acercó, y con mucha prisa, y al mismo tiempo hablándole a alguien que lo seguía pidió que dejáramos de hacerlo, y yo recuerdo los ojos de V que lo miraba con odio o miedo o las dos cosas, y creo que incluso le escupió la cáscara y en el escenario los autores escuchaban con atención y por un momento el salón sonaba y respiraba como si estuviera completamente vacío o como si estuviera por el contrario repleto como una caja de zapatos. 

Creo que pasaron varias horas y eran pocos los talleristas que habían dejado el sitio. La mayoría no estaba dispuesta a regresar a las habitaciones, y algunas talleristas fumaban en la parte de los jardines, y pude ver que algunos hombres de corbata azul salían, y como intentando tomar algo de aire encendían sus larks y los luckystrike y creo que una sola persona tenía encendedor y ese encendedor parecía flotar o levitar entre sus rostros. En el escenario un autor extremadamente delgado parecía recitar algo que había guardado y por ello también parecía perdido el ritmo, y el poema tenía subidas y bajadas. Entonces la música del poema era un poco entrecortada y alguien debía girar las antenas para que la señal no se perdiera y era regresando a mirar a los asistentes, pero creo que alguien se dio cuenta y empezó con unas arengas y las risas le dieron un brío al asunto. El hombre delgado concluyó con y los aplausos parecían emotivos o interesados. Al terminar pregunté a K si recordaba el título del poema pero él ya andaba escribiendo algo en su teléfono, y creo que era importante porque luego dijo algo en voz baja. 

No sé cuántas horas habrían pasado pero fueron algunas más tras las fotografías y tras la gente que se acercaba, y era extraño pensar que aquellos autores eran quienes le dieron forma al siglo pasado y que quien sabe, si sobrevivirían al actual, quizás eran sus fantasmas que volvían del futuro. En el salón se servían algunas copas largas llenas de agua roja, y habían varias pinturas colgadas de las paredes y esas pinturas parecían paisajes y cosas así, motivos de colores saturados, donde un poco se perdía el sentido entre lo que estaba delante y lo que estaba en segundo y tercer plano, pero tampoco se trataba de ese arte que intencionalmente lo complica todo. Los cuadros en los muros, vistos desde un determinado ángulo parecían ser guardias, o vigilantes, o soldados que cuidaban el salón, y varias personas habían formado círculos y otras personas repartían copas largas y unas tres talleristas llevaban vestidos muy cortos y una de ellas sonreía, creo que le gustaba K, pero K estaba en la puerta, esperando a X, y a D, y a V, pero ellos seguían frente al escenario, detrás del hall, y todos hablaban y creo que muchos se estaban despidiendo y creo que el clima nos quemaba y luego saltábamos dentro de las copas.

Una talleristas dijo algo sobre la cereza del pastel y luego otra tallerista se pintaba los labios, de espaldas y frente a un cuadro donde una manzana oscurecía a una ciruela, y luego dos autores sostenían rebanadas de tarta en las manos y la tarta tenía una cubierta crujiente. También habían pequeñas cajas con lazos azules sobre una barra, y detrás de la barra un hombre de pie parecía un maniquí.

Luego tuvimos que realizar un resumen de todo lo que había ocurrido aquella tarde y muchos detalles se habían perdido. Cambiaron los nombres de los autores, ya no eran donoso, ni castillo, ni raúlpuma, ni orquera, tampoco araujopérez, tampoco orellanodíaz, tampoco vásquez, tampoco menacho, hubo un granda, hubo un margulisrillo, hubo un autor o autora de nombre franciscalavoe, un autor hualcavásconez, un autor queirolorosa, otro de nombre gil o gilbert, otro de apellido pasquelsalcedo, otro llamado manosalvas o manobanda, otro, o era una autora, descendiente de alemanes o suecos u holandese, y un poco el informe decidía por sí sobre la pertinencia o vigencia de la poesía del siglo XX en los centros de investigación, y un poco se dió pie a pensar que era necesario y urgente un instituto o un departamento que se encargara de la difusión y mantenimiento de los textos, aunque esto no se dijo, pero bien podía mover el piso de algún hombre de corbata roja.

Alguien en el informe añadió el título de una novela, algo así como Cam Pam, o Was milk for the mandrágora o Edith y Mamluk y Sod y Gom.
 
Luego estuvieron las fotos y las personas sonreían a cámara aunque otros se mantuvieron detrás de un cuadro que un artista dibujó durante un breve receso. El cuadro debía medir 2,2 por 1,8 metros.

Ya era tarde, y las luces del sitio quemaban nuestros trajes, y algunos abrimos las sombrillas y luego subimos al octavo piso; entonces volvimos a guardar las sombrillas y respondimos a una lista, y eso era para los informes mensuales de asistencia. Luego miramos diapositivas y los rostros de los primeros autores de la modernidad, y esos rostros estaban dibujados con la técnica de la plumilla, y sus rostros eran ya viejos, y apenas ellos tendrían algo así como veinte años, pero en realidad debían tener muchos más, aunque, una vez, mi padre el escritor dijo que antes los jóvenes se veían adultos más pronto.

En casa estuve revisando mi correo y rechacé todas las invitaciones, y luego recibí propuestas de editorial el conejo para realizar escrituras a cuatro manos, pero yo dije que eso estaba mal porque yo jamás había tenido cuatro manos, y empecé a escribir una carta para quejarme, pero eso me hizo ver a alguien detrás de mí, y eso me puso nervioso, y en vez de dormir intenté relacionar a todos quienes conocía, y no llegué muy lejos, pero si pude solucionar varios líos familiares, y luego me sentí responsable de todo lo que ocurría con mis hermanos, y con mis padres, y con mis socios, y con tres esposas, y me acordé que estaba casado, y no veía a A.A desde el mayo, y supuse que por no verlos tenía esos problemas. Según pensé, la solución sería buscar un empleo cercano, pero luego dije que la solución estaba en volver a vivir en casa de mis padres y para eso debía llevarles un nieto. Luego se me ocurrió que la solución era iniciar una empresa y entonces compré un auto para llevar reclusos de quito a saquisilí. También dije que se trataba de volverme un tipo más amable y menos egoísta, pero luego pensé que debía sincerarme y decidí que era momento para morirme, y dije entonces mejor me muero y así estuve hasta el día siguiente. Luego mamá me habló de las travesuras del gato y dijo que la casa estaba llena de sus pelos, y creo que ese rato una de las bolas con pelos salía por su garganta porque su voz se volvió carrasposa. Creo que siempre tenía pelusas en la garganta. Luego dijo algo del trabajo de mi padre, mi padre el escritor, y yo entendí que estaba a punto de sacar un nuevo libro y me sentí asustado, porque seguro yo estaría en mitad de una página seguro coleccionando cosas bien estrambóticas, y antes de colgar, escuché que mamá también decía algo sobre ir a cuenca.

Luego estuve en el octavo piso, pero subí con mucho cuidado porque todo andaba inundado, y luego conseguí un casco amarillo y un ingeniero me gritó que por qué no estaba trabajando, inmundo animal, y yo le apagué un marlboro en el cuello y dije que no debía gritar, porque se lo escuchaba perfectamente, pero creo que eso lo había visto la noche anterior en un filme español, algo sobre unos ecuatorianos que trabajaban de albañiles en madrid, así que mejor lancé un golpe que lanzó al ingeniero sobre unas varillas y quedó clavado como un camarón, y yo me asusté, y caminé hacia el piso, pero en realidad eso también lo ví en ese filme así que caminaba sobre los charcos con cuidado, y con mi casco amarillo, y si regresaba a mirar al tumbado observaba una gran mancha y era como si el tumbado hubiera reventado, y las gotas de agua rebotaban en los charcos y hacía mucho, bastante frío.

Luego leí en un muro la frase eres un  mentiroso. La había pintado con aerosol y con una plantilla, y no entendí cómo lo había hecho, si apenas pasaron diez minutos. Recuerdo que mi padre, el escritor,  escribió algo sobre lo insólito, aunque de eso luego encontré algo en la biblia.

La sorpresa es no ser la sorpresa.

Luego dijo eres un mentiroso.

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