13/1/14

Permanente

Los escalones parecían tener pequeños escalones dentro, y con mi inesperada pequeña dimensión o volumen yo solo estaba en la quinta grada de la cuarta grada. Tenía un ánimo del diablo, es decir, quería hacer cualquier torpeza para que mis manos se agarraran a sus hombros y desde allí, manos y hombros viajáramos, camináramos, cualquier cosa con tal de no estar quietos, esa manía de querer ser parte de algo y la vez de creer que el mejor sitio para mirar las cosas es subido o trepadote como escuché decir, a los hombros debajo de alguna cabeza, normalmente no esperaba que hubiera cabeza.

Yo esperaba que bajase también, abrí el cuello para observar y creo que eso ocurrió y entonces spiderman dijo do it marica and I said yeah peter y luego creo que golpeé mi frente y luego creo que mis dientes rotos estaban sobre el piso doblados de risa y muchos de esos dientes no tenían ojos y yo pensaba por qué no me avisaron que estaba por tropezar y sus pequeñas bocas llenas abiertas como cuevas también tenían pequeños dientes y uno de ellos, uno de los que no se reían parecía preocupado como lejano del resto, hasta que uno dijo que dejara de preocuparse, que el miércoles lo llevarían a primera hora, pero el diente dentro siguió de pie, dentro de la boca como mirando hacia afuera, como si nada lo convenciera, mirando a los otros dientes.

Recuerdo, si es que pasó, que sus hombros no eran tan firmes como esperaba. O quizás fue demasiado peso. Apenas estuve durante dos o menos segundos y era como estar sobre un alambre o una rama y recordaba que cuando fui pájaro solía picotear un capulí y luego los vecinos, unos chiquillos y efebos hacían lo mismo pero eso era cuando yo había vuelto de la escuela y estaba en mi habitación jugando con mis fichas y mis legos y entonces una señora entraba en mi habitación gritando y asustada de que hubieran unos locos desadaptados y efebos con cuerpos alargados trepadotes al capulí y yo me asomaba por la ventana y era como ver las primera escenas de odisea, en realidad era lo mismo, todos brazos y gritos y ramas en todas las direcciones y yo dije que hagan lo que quieran y la mujer me miraba con cara de eso no puede ser cierto, usted debe ser un recogido, un hijo del aire, usted no puede ser un K como si ella conociera bien a los hombres K y yo seguía pensando en los monitos y luego miré de nuevo por la ventana y al fin vi sus rostros y todos comían los capulíes, metían grandes puñados y parecían monitos peligrosos y luego se de hincharse porque estaban felices y sus ojos ya estaban en otra parte, escupían las pepas sobre el jardín y sobre las orquídeas y sobre el rosal, quizás ellos con los ojos perdidos ya pensaban en mis primas y sus amigas y que bueno que no tenía ni primas ni amigas pero lo malo fue que el jardín terminó lleno de semillas y nadie las tragaba y dentro de la semilla hay pistacho.

Bueno, algo así era lo que venía a mi mente cada vez que pensaba en árboles. Y al subir en sus hombros algo así ocurrió pero no deseé ser más ágil o menos pesado, como los monitos, no, solo dije esto va a estar bien duro como la vez que tuve que romper Tilipulo golpeándola como mil veces con mi cabeza. Dentro de Tilipulo había una roca brillante y muy oscura pero luego pasé varios días sobre la cama de un centro de salud y las medicinas aún no eran gratis y los doctores me levantaban la camisa para auscultarme. En el centro conocí las bondades de la química casera que luego entraba en mí a través de una jeringa. Luego leía algo, por lo general a Ana Costas y luego alguien retiraba la revista pegada sobre mi rostro y luego yo estaba en medio de un salón oscuro y varias, varias pantallas me mostraban los rostros de los otros internos. Esto no sucedía en el taller y sin embargo teníamos una gran pantalla de un cristal blanco y a veces alguien escribía con un rotulador de esos que no se pueden quitar y luego alguien debía ir a buscar algodón y alcohol pero no mirábamos nuestros rostros en el pizarrón y quizás eso era lo que nos faltaba. 

Cada vez que el hombre de corbata azul hacía una pregunta, todos nos preocupábamos de nuestras maletas y luego entrábamos en ella y no salíamos hasta el fin de la jornada. Poco a poco pienso que algunos nos fuimos adecuando a ese interior y luego ya no quisimos más las luces ni el calor de las bombillas ahorradoras porque en cada maleta habían paneles con botones que sí encendían y a veces, sobre todo a las talleristas, se les ocurría llevar un termo especial que dotaba de calor al interior. Yo en realidad prefería mi maleta pero varias veces estuve visitando las maletas y los interiores y los bolsillos de otros y en una ocasión tuve un romance con una una peluca, sí, en la oscuridad, un panel con botones que sí encendían estuvo perdido, y mientras lo buscaban, yo formaba parte del equipo de rescate número dos, me encontré con una peluca oscura que me preguntó si me gustaba su colonia; aproveché para tomarla y me hice fotos y luego me respondieron de santiago. Ese día supe que me gustaba enredarme y tomarme fotos. Lo gracioso fue que durante dos semanas fui de piso en piso y de maleta en maleta y mis pies y anotaban todo en la libreta y me daba por usar el flexómetro pero luego se perdió, y los buscamos en las maletas.

Por cierto, el hombre de corbata azul solía prestarnos su sala para reunirnos y llevábamos café instantáneo. Era una casa sobre una colina sobre la cual habían otras colinas y otras casas. Yo la verdad desde hace mucho tiempo había perdido el juicio claro e intentaba no hablar ni decir muchas estupideces puesto que empezaban a notar mi trastorno. Por eso sería que muchos me hablaban de la sociedad secreta y que desde allí se producían todos los centros. Yo sentía que no estaba muy conectado con los centros, y me refería a nociones taxológicas y nemotécnicas pero tampoco es que las cosas eran demasiado complejas. Sin embargo y tras varios años me di cuenta que apenas y lograba despuntar en alguna materia y luego pensé que debía intentar especializarme en cosas como historia y desarrollo o análisis de estructuras comparadas. En algunos sitios se empezaban a requerir con fuerza ese tipo de profesionales, eso decía el hombre de corbata azul sentado mientras nosotros transcribíamos unos epígrafes y eran ya demasiadas sus arengas y alguien hizo un nudo con la corbata que colgó de una viga. Luego observé un mapa que ocupaba de la ciudad que ocupaba todo el muro. Decía Ciudad de la Línea. En otro muro colgaban retratos de hombres de corbata azul y debajo la fecha era de 1979.  Luego me inventé una historia sobre los orígenes de la corbata que llevaba los hombres del centro. Del centro de investigaciones. Supuse con algo de rabia que nosotros jamás aspiraríamos a ese tipo de compromiso. En otra foto muchos hombres y mujeres de corbata azul miraban a la cámara con grandes sonrisas y detrás de ellos otros hombres bailaban con otras mujeres. En mi historia yo contaba como el centro en 1983 colocó nueve representantes y la asamblea se dividió en tres bloques. Terminaba con mi arenga personal: Compañeros, corbata al gobierno. En el fondo me sentía como alguien que había hecho todo, pero en realidad todo era al revés.

Luego al bajar esperaba no encontrar nada que me recordara eso y uno de los botones tenía grabada la palabra Push. Los muros temblaban y yo calculaba la posibilidad de lanzarme a los escalonesy luego rodar a la planta baja. Eso pudo o no suceder pero también tomé el hombro de alguien, y era porque alcancé a reconocer su perfil recortado como una hoja sobre un muro y luego estuvimos mirando a los grupos y yo pedí alejarnos para no volver a los talleres y para evitar que nos reconocieran y lo dije antes de que empezáramos a dirigirnos a cualquier lado y porque en realidad ya los habíamos visto dentro de ellos y no había ningun plan pero quedarnos o acercarnos era buscar más problemas.

Luego rodé por los escalones como una pelota hacia el noveno piso y terminé dentro de un arco de fútbol cinco y en la camiseta alguien me había escrito eres un mentiroso.

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