8/1/14

seissexiessadies

Alguien cantaba en la terraza del edificio. Su voz sonaba bien, si grabas te compro el disco pensé. Luego estuve mirando cómo el resto del grupo improvisaba sobre sus instrumentos. Luego quise que haya otra bajista, luego pedí más volumen o más platillos. Cuando el sol quemaba sobre las partes cromadas el brillo anaranjado entró por nuestros ojos iluminándonos el interior y de paso quemando la piel y los forúnculos. Algunos de los talleristas mirábamos con asombro la forma en que nuestros corazones se abrían y cerraban al igual o al mismo ritmo que los pulmones. También observé una gran moneda de hierro en el interior del estómago de un hombre de corbata azul. Un poco sentí remordimientos de hacer este tipo de cosas que divertían al resto pero que en el fondo quizás no los divertían del todo. Luego buscaba poner mi cara más seria, esto es un rostro duro, sin una sola porción de felicidad o placer onanístico, casi un rostro de no saber que día es hoy. Sin embargo el resto, al mirarme empezó con eso de exigir que me callara o que dejara de preocuparme, que extrañamente yo ya estaba haciendo preguntas extrañas o lo que era peor, estaba actuando como si algo estuviera por ocurrir. No pienso hacer nada más dije, pero ya la banda tocaba uno de esos temas lentos, ya todos estaban abrazados y los que no habían empezado con eso de bajar y buscar puestos antes de que los talleres se llenaran a pesar de que los talleres nunca se llenaban. Ese tema, canción,  hablaba sobre un joven que reclamaba algo a su padre, algo sobre father, youleaveme, youwillneedme, o cosas así cantadas sobre una base lenta y pesada de batería y toms y como apoyada con la ayuda de un gran piano. El cantante me pareció muy conocido y decidí que debía de ser uno de esos hombres que salían fotografiados en las revistas americanas de música cuando todo el mundo vestía de militar y hablaba sobre charly, que charly son todos y que adoramos el olor de napalm por la mañana

Luego me puse a bajar y a bajar cada uno de los escalones y para hacer más tiempo los escalones no terminaban y para que no me cansara cada escalón estaba hecho o contenía unos diminutos cinco escalones y entonces yo pensaba que bien podía uno quedarse sentado y esperar que alguien más subiera para contarle a uno cuantos escalones quedaban por bajar. Luego pensé que también podía hacerme una bolita, como esas bolitas de miga que se les quita a las palanquetas o al pan bagué y luego pensé que abajo me esperaba una gran taza de café con una gran cuchara en el centro y decidí rodar los escalones hasta caer como el basketball dentro de la taza haciendo saltar el café caliente en la piernas de las personas que habían decidido poner sus mesas en la zona donde uno terminaba de bajar las escaleras. Pero me arrepentí, o no habían tazas; también pensé que sería más divertido que alguien bajara con un marlboro en la mano y me invitase a buscar un encendedor para yo poder decir algo como no jodas o regresa con el marlboro encendido o mejor deja el marlboro y lárgate o no regreses pero inexplicablemente ya me hallaba con un tallerista pagando con pequeñas monedas el valor de dos y además comprando algunas mentas sueltas y preguntándome de dónde sacábamos el dinero. Luego encendieron el cigarro con una llama que no quería quemar y tampoco servía para saber si eso sucedía pues al ponerla bajo mi palma el fuego aparecía del otro lado de la mano. Luego encontré una caja amarilla en mi chaqueta y luego tiramos las cenizas y el orificio parecía vacío, y detrás de nosotros estaban varias cruces que gracias a la luz del sol o al reflejo en las partes cromadas resultaban cálidas y por un momento pensé que era importante y sobre todo que era parte de algo, no solo del taller sino también como una tilde que es parte de la palabra café en un envase de cristal y tapa plástica que dice o tiene grabada la palabra café pero lleno con algo amarillo, quizás miel, o como si fuera un calcetín húmedo en medio de una tina de plástico en un patio junto a una máquina para lavar ropa, cubierto por una capa de detergente que se ha vuelto espuma y burbujas. Luego miré el cristal y la ciudad a los lejos, en realidad tan lejos como si la viera a través de un microscopio, seguía igual, parecía no haber cambiado luego de los siete primeros años de haberla visto, es decir, seguía azul, con sus materiales y su concreto sobre los edificios que pasaba según los rayos del sol por una serie de tonalidades, además de esa estraña cicatriz aunque más seguro estoy de que su forma es la de un muñón, con cosas o hilos colgantes y deshilachados por todos lados, por todos debajo del cielo anaranajado y creciendo como una larva, como un rizoma. De todos modos hasta los rizomas tienen un centro y en este caso el centro era el brillo de la colilla encendida aún con su tono rojizo y el humo era apenas una o quizás todas las ramificaciones. quitohumo. Nosotros esperábamos que al terminar el marlboro también terminaran las jornadas y quizás alguien del sexto o noveno piso bajara corriendo y tropezara hasta romperse la cabeza mientras terminaba de decir que todos debemos traer un trabajo final de cien hojas para el viernes pero el trabajo final tiene una calificación de más de la mitad de la nota pero el trabajo final será un tema escogido por nosotros y nosotros escogimos un tema nuevo como la calificación de un trabajo final y al final decidimos que ningún trabajo debe ser presentado mientras, de su boca saltaban pedazos de dientes y los tostados que había estado masticando mientras bajaba con apuro y antes de que la bolsa saltara de sus manos y su cuerpo saltara por la bolsa y nos viera abajo terminando el marlboro y empezara con eso de que todos debemos traer un trabajo final de cien hojas para el viernes pero el trabajo final tiene una calificación de más de la mitad de la nota pero el trabajo final será un tema escogido por nosotros y nosotros escogimos un tema nuevo como la calificación de un trabajo final y al final decidimos que ningún trabajo debe ser presentado. Luego llevamos su cuerpo al salón principal de aquel piso o alguien más lo hizo y nosotros pensamos que era bueno saber que eso iba a pasar porque, en realidad no había pasado y también para que nadie se lastimara miramos mejor hacia otra dirección hasta que alguien del quinto piso bajo y se colocó en mi cuello y empezó con eso de soy tus ojos y soy tu cuello, empezó con eso sin decirlo y yo ya perdí mis zapatos y casi que me pongo a bajar por el orificio pero luego los escalones me indicaron que debía pisarlos y seguirlos y eso era ir hacia la planta baja.

También sucedió que varias veces estuve haciendo fila en varios galpones al mismo tiempo y alguien me preguntó cuál era la mejor forma de felicitar en el día de la madre y yo dije que te partas la madre pinche cabrón y maricón que vendes tu puerco para comer puerco y esa persona se sintió tan maravillada que guardó silencio hasta cuando uno de los cajeros se aceró a preguntarle si deseaba algo más y el hombre dijo que era todo lo que tenía pero bien podía ponerle un par de asientos. Luego el hombre y en realidad muchas personas cargaban en sus manos muchas bolsas blancas y otros, los menos, llevaban bolsas azules o blancas también con aves o algo parecido que levantaban sus alas o lo que quedaban de ellas, bueno, las que podían porque la mayoría tenían las alas bien pegadas al cuerpo, y hacían gestos obscenos y se metías sus alas en sus culos y también se frotaban dentro de sus cuellos lánguidos y arrugados como mocos de pavo.  aladentrodecuello. Luego yo paré a uno de los hombres de uniforme blanco y boina roja o blanca, creo que para ese momento estaba usando o mirando con mis ojos en blanco y negro o solo blanco como estatua y dije que acá nadie es mentiroso y que los mentirosos no pueden hablar y tampoco usan oxígeno porque ellos son personas que viven debajo del mar a punta de hidrógeno y de gas pero sucede que en ciudades como las nuestras los hombres de canela y limón están en todas partes y cuando la lluvia llega es que ellos están haciendo mucho ejercicio en la gran rueda con su gran amigo el dios. Supongo que a nadie impresionó mi defensa pero pensándolo mejor creo que ya todos lo sabían puesto que nadie dijo nada ni intentó callarme. Luego añadí que esto era un galpón y no la tienda de granadas que todos creían pero ya entonces las filas habían sido reemplazadas por taxis o por autos de bomberos y pensé en la caja de acero y busqué botones que oprimir pero tuve que contentarme con acercarme a una mujer que se parecía a Lennon y el cajero antes le dijo que debía pagar algo así como seis sexys sadies. Varias personas se acercaron y luego estuvimos delante de los parqueaderos con muchos autos girando para salir antes de que lo hiciera el bus azul y empezó con eso de eres un mentiroso y eso que yo estaba ya subiendo con el marlboro en la mano pero pasaron quince minutos y yo seguía pensando que era un mentiroso.

Luego miré que tres personas subían a una camioneta ford llevando monedas de hierro en sus estómagos, eran unas monedas que vistas así parecían conchas, esa cosa del guayas, eso del espondylus. Luego estuve viajando en la ford 100 o 101 y no era divertido y tampoco entendí eso de la caja de cambios de solo tres velocidades. Y eres un mentiroso.

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