Casi podía ver su cara y era como si dentro, debajo de la carne hubieran otros talleristas pero especialmente uno que ahora cursaba o laboraba en un centro de pueblo satélite, eso, a unos trecientos kilómetros de Kito en la carretera a los Bancos. Luego pensé que iba a ser ideal rentar uno de esos pequeños autos y quizás llevar a pasear a Paco. Paco nunca había hecho un viaje y era buen plan que saliera un poco y que olfateara los postes de satélite antes orinarlos y eso de buscar entre el kikuyo o entre la basura, aunque, satélite estaba bien organizado. También pensé que todo era una maldita locura y estaríamos fuera por lo menos tres días, eso sin contar que las cosas podían resultar distintas y qué tal si el tipo intentaba retenernos pero también estaba la posibilidad de que ambos decidieran darse aquello de un nuevo tiempo, manda al tipo a volar y en ese caso yo estaría de regreso al día siguiente pero seguro cogía mis tereques y terminaba con todo y las llantas en la arena. La verdad que no sé por qué estaba metido hasta el lodo en aquella situación pero quise creer cosas románticas como que la diversión siempre estaba sobre la carretera. Ahora, recuerdo que ella dejo su maleta de tallerista y luego dijo A.K necesito que me lleves a satélite y yo dije cómo así pero ella decía que deje de ser un hijo de puta y que arrancara y me dedicara a conducir y porfavor, no dejara de ser la carretera.
Luego estuve mirando un auto amarillo y el tipo dijo que necesitaba un documento que me respaldara y dije bueno tengo una tarjeta y el tipo dijo eso puede servir detrás de los cristales de la pequeña oficina que el hombre utilizaba para firmar documentos, lo pude ver, y su sonrisa parecía la de un grinch en febrero o algo como eso. También faltaba que el tipo levitara sobre el suelo.
Al pasar por ella, un hombre del tamaño de un armario como las negras con las que una noche soñé que me golpeaban, miró desde los escalones justo frente a la puerta principal. Luego el tipo se acercó pero de cerca se veía mucho más joven, incluso parecía otro tallerista y dijo algo sobre la mierda en la que pensaba viajar seguro a la mierda de satélite, y dijo algo sobre es necia. Una franela roja y blanca ondeaba a un lado del jardín y las huellas de un auto marcaban el borde y luego la acera, quizás un auto que acababa de irse o que había desaparecido entre el kikuyo que asomaba desde el patio de atrás, pero esas cosas se saben, y nadie dijo nada y parecíamos libres de nosotros mismos o desconocidos y eso éramos, y las cosas parecían ir por el camino indicado.
Al salir dijo algo sobre dinero y el tipo le entregó una bolsa o un paquete o quizás un par de medias hechas una pelotita y también ella dijo que no olvide que lo amaba, o algo similar, supongo así es como ahora quiero recordarlos. Los hermanos Mónaco. Yo acababa de despertar porque esperé casi cinco minutos o quizás más y el asiento era cómodo y ese barrio desconocido era bastante calmado. Ella entró al auto y dijo quieres y me alcanzó un pote de nutella con una cuchara plástica en el medio. Claro dije y tome algo de nutella y luego encendí el auto y pasamos por la mitad del barrio y habían varios negocios abiertos como locutorios y centros para usar el internet y muchos sitios donde realizar recargas, eso ya a la salida que estaba a dos calles y el barrio empezaba a mezclarse con el siguiente y atrás quedaba la casa y la calle de un sentido y el auto que acababa de irse y las casas con pequeños jardines y puertas grandes como para que pasaran dos refrigeradoras juntas o un ascensor y sus botones y luego empezaban unas curvas y unas cuestas y dos rompevelocidades y un edifico de apartamentos con un color parecido al del taxo luego todo parecía una gran maqueta o un gran collage de recortes de revistas vistazo o de esa revista que sale todos los domingos en ese diario que dicen fue de quienes quemaron al patas saladas y en donde publican imágenes de modelos que ya no me llaman como antes o a las cuales dejé de ver tras entrar en el centro y también a veces publica mi padre el escritor con su columna sobre las cosas que nos convierten en hombres y las cosas que nos diferencian de un velador y cosas como anuncios amarillos con filos negros y llantas y aros rin 16 y juegos extra de aros rin 16 y mujeres con sobrepeso y luego mucha montaña y mucha roca y luego yo apretando el freno, el acelerador, el freno y ella diciendo algo sobre no levantes mucho el volumen y luego su rostro pegado al asiento y yo manejando como si llevara a nelsonmadela o a sandrabullock, conduciendo como si acabara de comprar un auto.
Todos los pisos habían sido inundados y el agua empezaba a filtrarse y los tumbados tenían largas manchas oscuras y en algunos sitios uno tenía que usar un poncho amarillo para aguas pero también algunos llevaban sombrillas abiertas en mitad de los pisos. El agua parecía furiosa pues llevaba varios días cayendo y el sitio además estaba lleno de un clima inhóspito y varios hombres de corbata azul llevaban un pañuelo atado al rostro o en la mano para cubrir su nariz pero en realidad todos pensábamos que era demasiado eso de subir y bajar el sitio varias veces al día. Además unas corrientes de aire llenaban el sitio y era porque todas las ventanas habían sido abiertas pero también porque muchas habitaciones tenían sus puertas abiertas a pesar se que las clases empezaban a las siete y de que muchas habitaciones empezaban a estar desocupadas. Muchos pensábamos que ya era demasiado tiempo con eso de las reparaciones sin saber que apenas estábamos entrando en la fase más crítica y a veces nos encontrábamos con siete u ocho hombres con casco amarillo pero también podían ser dos o tres o incluso un grupo que parecía detenido o dos o tres hombres que miraban a uno solo mientras este intentaba cortar un pedazo de hierro sobre el suelo con una gran máquina que quizás descargaba un golpe sónico, como esa armas que se usaba en doom en la versión para windows 95.
Debía ser el clima pero muchos empezaron a llevar sus propias botanas y sus propias conservas y uno de los talleristas en mitad de la clase tomaba de su maleta un abrelatas y entonces giraba los duraznos y luego en un pequeño cristal colocaba dos o tres mitades y a veces se regresaba a mirarnos y hacía el gesto de invitarnos sus duraznos que parecían bastante buenos pero yo siempre estaba con los dientes recién rearmados y prefería decir gracias pero me acabo de reparar los dientes. Luego el jugo de la lata que parecía bastante fresco impreganaba el sitio y a la habitación que a pesar de ser bastante amplia parecía un pequeño bar o un pequeño negocio en mitad de una plaza de bangkok o incluso de la michelena pero sin tanta gente empujando y con menos frituras y menos farmacias. En realidad éramos un grupo colorido y pronto uno de los hombres de corbata azul empezó a llamarnos el curso de talleres folk. No sé si fue un modo amable de nombrarnos o un modo de decir ustedes son un caso perdido, el caso exótico del sitio gris, pero a veces creía que sería genial intentar el nuevo orden que ya estaba perdido desde hace más de mil años. Durante el intermedio entre una u otra clase, intentábamos terminar alguna tarea pero esos días pusimos dedicación especial al cuestionario de casi setecientas preguntas que nos tenía llamándonos a medianoche o enviando pesados archivos mediante un nuevo dispositivo llamado wildress. Imaginaba que ese nombre se debía a que la naturaleza, lo salvaje, estaba siendo cada vez un poco más reducida y también juré que intentaría usar lo menos posible esos dispositivos que enviaban cosas, fotos, textos de un modo que parecía no ser físico como pasa con los estudios de dephrackrushdie. Ese cuestionario mencionaba la historia de las palabras o era una genealogía y a veces las preguntas empezaban por cosas evidentes como palabras antónimas y sinónimas y luego se iban a asuntos del significado y sintaxis y qué es ad libitum o veni vini victi, que podía ser pronunciado obviando las reglas latinas, y yo pensé, por qué no bitche. Por suerte una de las talleristas había trabajado de manera increíble, o sea, ecuador 1990, en las europas cuando ese era un continente bien administrado pero ahora en la tele ya no se contaban historias de lucha y sacrificio sino que cada vez más se hablaba de los paisanos que triunfaban y que habían logrado formar esas fortunas del tipo acá se come lo que allá comemos y consuma folclore hecho por nosotros los paisanos de paisa. Obviamente ellos habrán sido en sus días contemporáneos de la tallerista y entonces son quienes sobrevivieron a la misma hoguera de las noches de marzo escrituras en mano. La tallerista nos brindó una breve introducción a términos básicos y por un momento dije de haber sido romano quizás y hubiera disfrutado eso de azotar a Jor-El.
Al salir bajé pronto las gradas y me topé con talleristas que acaban de estrenar sus nuevos cartones y ellas subían a las habitaciones y tenían varias cosas que hablar y muchas de ellas a quienes recordaba como talleristas grises o introvertidas ahora hablaban de mí y decían cosas amorosas como cuando una mamá quiere para su hijo lo mejor y piensa en cómo debe ser su futuro y su educación y la manera en que los profesores debían influir en las actitudes del estudiante para que el orden natural no sea afectado y para que todos empecemos a preocuparnos un poco más pero todo esto lo decían usando más palabras y en un tono familiar y yo dije esto es extraño, solo porque ahora visten esos pantalones oscuros de tela o gabardina o no sé y solo porque ahora llevan chaquetas con cierres metálicos y usan lentes y también me parecía estar viendo a una actriz yanqui sentada detrás del escritorio con el cabello recogido en un moño y con un par de anteojos bastante delgados para ocultar apenas sus pómulos duros como esquinas y con un pluma en la boca, y luego eso de tareas dirigidas; pero eso era imposible y luego las imaginé con sus parejas y dije basta A.K y me entró las ganas de decirles dejen de hacer esas películas que me están doblando el cerebro pero ellas ahora charlaban con un hombre de traje azul y en la charla se veía algo único e imposible de repetir y creí que nunca sería un buen director y menos alguien capaz de llevarse bien con otros talleristas vestidos de traje o decir o responder algo motivante a una joven que intentara saber más sobre algo, que quizás por primera vez, la está motivando.
Pensé que muchas cosas se estaban quedando en el camino pero quise creer que alguien me las vendría a entregar tras golpear y decir hola, pasaba por aquí, sé que son sus cosas, tenga más cuidado, de verdad, tome las cosas con calma, si no lo hace yo lo haré.
Al llegar al séptimo un hombre de corbata azul pasó frente a mí y yo llevaba los pies empapados pero dejé el casco amarillo colgando de la mesa.
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