En la radio suena algo de eltico, eltico
habla o murmura sobre despertar y desayunar lluvia y algo sobre figuras a lo
lejos paradas a la espera de barcos, además añade que el mar es de oro y que al
barco luego se lo traga el mar y el sol brilla, o el agua, o ambas cosas. Todo
suena extremadamente irreal, luego bajamos, ya sin eltico y juntos pedimos
cigarrillos. No hay apuro, parece que deseáramos caminar, mirar a través de los
cristales, oír el rumor del agua que empieza a filtrar por el tumbado y, sobre
todo, dejamos atrás al resto del grupo. Una de las esquinas junto a una puerta
con barras de acero parece invitarnos, en realidad nos acomodamos junto al muro
y dejamos que los dedos se impregnen y que los labios se oscurezcan. No pasa un
minuto, incluso nos atropellamos brevemente con frases que caen desconectadas,
la figura es exacta, es ese cubo que ocupa la mitad del día desde que abro los
ojos hasta cuando la teve hace estática y ese ruido monocorde, delgada, larga,
cadavérica o de museo, aparece como si acabara de salir de mis hombros, odio
cuando algo sale desbordado, cuando uno de los fantasmas decide tomar una
decisión o peor, aparecer, darse una vida en un momento inesperado pienso o me digo con el marlboro en la mano como si
yo también acabara de salir de mis hombros; entonces ya está en las gradas,
baja con la cabeza mirando hacia los escalones, o mirando hacia sus pies o
mirando y buscándose las manos, como si las estuviera perdiendo, los huesos o
buscando buscándose en la cintura de alguien, como si cada paso alejara o
acercara, adelante atrás. Para el fin da lo mismo, pensé, luego creí ver que algo me
atravesaba, un rato estaba al frente, al siguiente eso respiraba junto a mis pulmones, en
un tercer momento era como un dóberman, detrás, a mis espaldas o con el hocico en
mis muslos. Por un momento somos tres, brevemente el trío espera de pie, eso suena posible, que la puerta de barras de acero se abra, o,
quizás, solo deseamos no volver a la habitación. No lo había notado pero cada
uno de nosotros lleva una cruz colgada o impresa en alguna parte de nuestros
cuerpos o de nuestras ropas, la una, dorada, grande y que luce extremadamente
pesada y que cuelga de su cuello, pienso que es idéntica a esas cruces que
desaparecen o se deshacen en la manos una vez que uno las cuelga en un muro; la
otra la tenemos detrás, en realidad es el marco de una ventana, es decir, una
cruz oscura y a contraluz a las seis de la tarde. La tercera está en mi mano
izquierda, unas rayas que de a poco se han vuelto más profundas, supongo habré
nacido con ella o es el resultado de tocarme el rostro con fruición y el uso prolongado de las bicicletas, eso de correr alrededor de la manzana. Una cruz de
líneas delgadas y con el patibulum doblado hacia arriba, con sus puntas
formando algo parecido a unos cuernos.
El humo pasó de mano en mano y
al darme cuenta me encontraba bajando y al darme cuenta estaba con los pies
sobre los escalones rodando hacia la planta baja y entonces intenté regresar y
observé que solo quedaba la imagen de un orificio en el centro de un muro, un
orificio por el cual podía pasar un avión de un solo motor o hasta dos
ascensores. Tenía muchas ganas de ser un ascensor y de subir un edificio de
cien pisos con una velocidad superior a la de sonicyouth hasta lograr el
desplazamiento absoluto y la línea infinita que une los extremos de los
rectágulos y luego pensé que observaría desde un edificio cercano como la caja
de acero rompía el muro o el tumbado hasta salir desprendido como si el
edificio acabara de vomitar aquella caja hacia el cielo, aunque yo sabría que
la dirección que llevo o lleva la caja es el sol. Pasarían quizás dos horas en
un viaje ni tan breve ni tan lento delante de aquella cortina negra o de aquel
gas oscuro lleno de pequeñas partículas o vidrios eléctricos parpadeando sin
orden, encendiéndose y apagándose mientras la caja recorrería ese espacio como
si se tratara de un globo empujado y al mismo tiempo atraído, en todo caso o
para que se entienda, un objeto con voluntad de perder la voluntad. En eso
estaba al bajar los cuatro o nueve pisos con la sombra o el fantasma que
atravesaba mis hombros, que estaba a la izquierda, y luego creo se metía entre
los muros hasta cuando yo regresaba a mirar y sentía que algo miraba desde mi
cuello y entonces no había ruidos, y todo el edificio parecía haber sido
deshabitado, aunque, las luces acababan de ser encendidas, aunque alguien tenía
el humo entre los dedos, camino a algún salón o camino hacia una de las
habitaciones donde mirábamos casos de personas y de ministros con problemas del
habla y discursos en señal abierta. Luego observé que me llevaba tres o cuatro
escalones de ventaja, luego salté esos escalones intentando derribar su paso
pero dos hombres subían en dirección contraria, aunque ahora que lo pienso
quizás ellos fueron quienes evitaron que cayera de bruces o que lastimara mis
manos y sus muslos al intentar tomar el pasamanos, supongo otra vez ya
respiraban junto a mi pulmón y mi pulmón era como un motor oxidado.
Mira, dijo, tú eres de esas personas que se han
acostumbrado a mentir. “Personas” pensé yo,
colocando unas comillas alrededor. Te he escuchado aunque parezca lo
contrario, y quizás estoy empezando a dudar de todo menos de lo que he
escuchado. Sabes qué significa? Quiere decir que no terminaste la primaria y
sigues dibujando un hombrecito con los brazos abiertos y luego lo recortas. Tú
eres un mentiroso pero también un farsante porque no sabes qué nombre ponerle a
tus hombrecitos recortados una vez que los has abierto. También he tenido lugar
para pensar en otras dos cosas, la primera te vuelve más detestable y empeora lo
que tú sabes de ti mismo y la segunda tiene que ver con tu patología. No quiero
que me afectes ni que te metas en mis problemas... sabes a cuántas personas
podemos afectar? di cualquier cosa... a ver, repite soy A. K. y tú eres M. B, dilo...
dilo... no te me quedes observando como si no estuviera… sé sorprendente! Mientras decía estas cosas creo que de nuevo yo
estaba caminando hacia la planta baja o siendo levantado del suelo por los dos
hombres o quizás todo era producto del humo que salía por los muros y supongo
tenía ganas de llorar mientras seguíamos de pie y los hombres caminaban con las
bolsas blancas en las manos. Luego miraba mis pies, y creo que mis ojos ya
estaban en el piso cinco o en el nueve y mis pies colgando del tumbado del piso
cuatro y mi mano y un marlboro apenas habían llegado a un escalón frente al
edificio. Dos momentos o dos nueve parecían juntarse y varias personas con trajes
azules o corbatas azules y zapatos brillantes caminaban o daban vueltas,
parecía que entrábamos y salíamos y decían o alguien dijo eres un mentiroso.
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