2/1/14

A.K, M.B.

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En la radio suena algo de eltico, eltico habla o murmura sobre despertar y desayunar lluvia y algo sobre figuras a lo lejos paradas a la espera de barcos, además añade que el mar es de oro y que al barco luego se lo traga el mar y el sol brilla, o el agua, o ambas cosas. Todo suena extremadamente irreal, luego bajamos, ya sin eltico y juntos pedimos cigarrillos. No hay apuro, parece que deseáramos caminar, mirar a través de los cristales, oír el rumor del agua que empieza a filtrar por el tumbado y, sobre todo, dejamos atrás al resto del grupo. Una de las esquinas junto a una puerta con barras de acero parece invitarnos, en realidad nos acomodamos junto al muro y dejamos que los dedos se impregnen y que los labios se oscurezcan. No pasa un minuto, incluso nos atropellamos brevemente con frases que caen desconectadas, la figura es exacta, es ese cubo que ocupa la mitad del día desde que abro los ojos hasta cuando la teve hace estática y ese ruido monocorde, delgada, larga, cadavérica o de museo, aparece como si acabara de salir de mis hombros, odio cuando algo sale desbordado, cuando uno de los fantasmas decide tomar una decisión o peor, aparecer, darse una vida en un momento inesperado pienso o me digo con el marlboro en la mano como si yo también acabara de salir de mis hombros; entonces ya está en las gradas, baja con la cabeza mirando hacia los escalones, o mirando hacia sus pies o mirando y buscándose las manos, como si las estuviera perdiendo, los huesos o buscando buscándose en la cintura de alguien, como si cada paso alejara o acercara, adelante atrás. Para el fin da lo mismo, pensé, luego creí ver que algo me atravesaba, un rato estaba al frente, al siguiente eso respiraba junto a mis pulmones, en un tercer momento era como un dóberman, detrás, a mis espaldas o con el hocico en mis muslos. Por un momento somos tres, brevemente el trío espera de pie, eso suena posible, que la puerta de barras de acero se abra, o, quizás, solo deseamos no volver a la habitación. No lo había notado pero cada uno de nosotros lleva una cruz colgada o impresa en alguna parte de nuestros cuerpos o de nuestras ropas, la una, dorada, grande y que luce extremadamente pesada y que cuelga de su cuello, pienso que es idéntica a esas cruces que desaparecen o se deshacen en la manos una vez que uno las cuelga en un muro; la otra la tenemos detrás, en realidad es el marco de una ventana, es decir, una cruz oscura y a contraluz a las seis de la tarde. La tercera está en mi mano izquierda, unas rayas que de a poco se han vuelto más profundas, supongo habré nacido con ella o es el resultado de tocarme el rostro con fruición y el uso prolongado de las bicicletas, eso de correr alrededor de la manzana. Una cruz de líneas delgadas y con el patibulum doblado hacia arriba, con sus puntas formando algo parecido a unos cuernos.

El humo pasó de mano en mano y al darme cuenta me encontraba bajando y al darme cuenta estaba con los pies sobre los escalones rodando hacia la planta baja y entonces intenté regresar y observé que solo quedaba la imagen de un orificio en el centro de un muro, un orificio por el cual podía pasar un avión de un solo motor o hasta dos ascensores. Tenía muchas ganas de ser un ascensor y de subir un edificio de cien pisos con una velocidad superior a la de sonicyouth hasta lograr el desplazamiento absoluto y la línea infinita que une los extremos de los rectágulos y luego pensé que observaría desde un edificio cercano como la caja de acero rompía el muro o el tumbado hasta salir desprendido como si el edificio acabara de vomitar aquella caja hacia el cielo, aunque yo sabría que la dirección que llevo o lleva la caja es el sol. Pasarían quizás dos horas en un viaje ni tan breve ni tan lento delante de aquella cortina negra o de aquel gas oscuro lleno de pequeñas partículas o vidrios eléctricos parpadeando sin orden, encendiéndose y apagándose mientras la caja recorrería ese espacio como si se tratara de un globo empujado y al mismo tiempo atraído, en todo caso o para que se entienda, un objeto con voluntad de perder la voluntad. En eso estaba al bajar los cuatro o nueve pisos con la sombra o el fantasma que atravesaba mis hombros, que estaba a la izquierda, y luego creo se metía entre los muros hasta cuando yo regresaba a mirar y sentía que algo miraba desde mi cuello y entonces no había ruidos, y todo el edificio parecía haber sido deshabitado, aunque, las luces acababan de ser encendidas, aunque alguien tenía el humo entre los dedos, camino a algún salón o camino hacia una de las habitaciones donde mirábamos casos de personas y de ministros con problemas del habla y discursos en señal abierta. Luego observé que me llevaba tres o cuatro escalones de ventaja, luego salté esos escalones intentando derribar su paso pero dos hombres subían en dirección contraria, aunque ahora que lo pienso quizás ellos fueron quienes evitaron que cayera de bruces o que lastimara mis manos y sus muslos al intentar tomar el pasamanos, supongo otra vez ya respiraban junto a mi pulmón y mi pulmón era como un motor oxidado.

Mira, dijo, tú eres de esas personas que se han acostumbrado a mentir. “Personas” pensé yo, colocando unas comillas alrededor. Te he escuchado aunque parezca lo contrario, y quizás estoy empezando a dudar de todo menos de lo que he escuchado. Sabes qué significa? Quiere decir que no terminaste la primaria y sigues dibujando un hombrecito con los brazos abiertos y luego lo recortas. Tú eres un mentiroso pero también un farsante porque no sabes qué nombre ponerle a tus hombrecitos recortados una vez que los has abierto. También he tenido lugar para pensar en otras dos cosas, la primera te vuelve más detestable y empeora lo que tú sabes de ti mismo y la segunda tiene que ver con tu patología. No quiero que me afectes ni que te metas en mis problemas... sabes a cuántas personas podemos afectar? di cualquier cosa... a ver, repite soy A. K. y tú eres M. B, dilo... dilo... no te me quedes observando como si no estuviera… sé sorprendente! Mientras decía estas cosas creo que de nuevo yo estaba caminando hacia la planta baja o siendo levantado del suelo por los dos hombres o quizás todo era producto del humo que salía por los muros y supongo tenía ganas de llorar mientras seguíamos de pie y los hombres caminaban con las bolsas blancas en las manos. Luego miraba mis pies, y creo que mis ojos ya estaban en el piso cinco o en el nueve y mis pies colgando del tumbado del piso cuatro y mi mano y un marlboro apenas habían llegado a un escalón frente al edificio. Dos momentos o dos nueve parecían juntarse y varias personas con trajes azules o corbatas azules y zapatos brillantes caminaban o daban vueltas, parecía que entrábamos y salíamos y decían o alguien dijo eres un mentiroso.

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