Todo estaba en la cabeza de "el gran borrador", pieza que colgaba de uno de los costados, junto al escritorio, el escrotorio. Muchas cosas ya no estaban y en el pizarrón quedaban las mitades o los ángulos de algunos gráficos. Nosotros observábamos desde la parte más baja del aula, en realidad, el aula tenía algunos espacios internos funcionando dentro, detrás de la misma puerta. Varias sillas azules estaban desocupadas y la superficie tenía un color opaco, casi cubiertas por algo similar a gel. Varios compañeros de taller, algunos de otros periodos, cargaban entre sus cosas esferográficos con tinta de gel. Sus cuadernos embarrarados de gel también servían para separar o reservar una de las mesas, el gel en los cuadernos cerrados resultaba en un brillo y un tono fosforescente, al terminar la jornada algo parecido al soylent green brillaba cegándonos y obligándonos a cerrar con llave el sitio. No teníamos nombre para llamar a aquella luz pero pensábamos en "el gran borrador" como la solución a todo. En una batalla imposible, el gel cubre al borrador y el borrador cae de espaldas al suelo. Luego J limpia tras usar cloro y luego las ventanas cerradas provocan gas, y sol y cloro destruyen al gel.
Íbamos por la tercera parte y aún quedaban veinte páginas. Cada uno de quienes ocupábamos la mesa estábamos interesados en saltarnos y ya preferíamos no tener las respuestas. El lápiz muchas veces corría antes de ser borroneado y también pasaba por varias manos, creo, creí que ninguno de nosotros era realmente parte del taller. Una especie de talleristas arrastrados hacia la parte más alta del edificio, una terraza sin líneas o señales, o por el contrario, una terraza pintada absoultamente de amarillo y con un solo mapa o leyenda mnemotécnica: Busque la zona que no esté pintada y píntela.
Luego, otro día sí fuimos a la terraza, para otra actividad de actualización temática.
Luego, otro día sí fuimos a la terraza, para otra actividad de actualización temática.
Una terraza con vitta o vista espléndida. Todos, otra vez, habíamos enceguecido. Era genial puesto que se cumplían todas las características que deseábamos, todos girábamos buscando lo que nos habían pedido, todos chocábamos amablemente, habían sitios falsos que nos obligaban a agacharnos y entonces los cráneos inevitablemente se encontraban. Al levantarnos contábamos con ambas manos las estrellas y los pájaros que revoloteaban como en un edén el edén, estrellas delgadas y aves de graznidos mínimos, esa era nuestra forma de vivir sobre la gran terraza mirando a través de los párpados, mirando manchas rojizo púrpuras. El sol quemando, pero también y como empujado el sol y bajando hasta volver al cielo una mancha anaranjada. Era hermoso, como un dedo, era ilimitado como un submarino, al instructor de corbata azul lo enviábamos por uno de los filos y sus brazos bajaban aleteando y rompiendo el aire y silbando como si algo bajara a través de un tubo de aire. Arriba todos contábamos seis, doce, diezyocho, veinticuatro, y alguien a su vez ya estaba intentando hacer lo mismo pero en el sentido contrario y entonces alguien lo tomaba por debajo de los brazos y la terraza parecía respirar. Entonces bajaba o se materializaba y todo era ese gel desboradado por los cuadernos, toda esa cosa que brillaba dentro de las maletas y los carriles y las bolsas de goma para cubrir las portátiles y por segundos mirábamos sin levantar las cabezas de frente al cielo y el sol entraba en las pupilas y corría como hielo por la garganta y por las encías y el gel y los rostros y las rodillas y veinte y ocho y treinta y dos y algunos abrazaban postes o se se sujetaban de las correas y casi desaparecíamos y vivía trostky y el sol era nuestro reflector.
Al ver su figura o su silueta tomé impulso para bajar con el estómago inflamado. El cuerpo y el aire se llevan tan bien y se corresponden o se agregan tan bien como la electricidad y una pluma azul. Una de esas galllinas o uno de esos pavos guardados en la cajuela de un jeep me miraba caer con una lentitud extrema. Al caminar ya con el estómago ideal, ya habiendo girado a tiempo, miré como el pavo o pollo dentro de la bolsa azul levantaba sus alas para saludarme. Caminé y caminé y bajé de nuevo varios escalones y parecía que estaba cerca de encontrar un sótano o algo similar a la habitación de las máquinas para calentar el agua. Luego el vómito cayó sobre el jeep y un dibujo de un hombre amarrillo cruzando la calle también recibió una tercera parte, quizás la mitad de la pizza y la coca. Por suerte ahí también alcancé a girar con eficiencia, casi apoyando las puntas de los pies sobre el filo, la acera tenía proyección de ser levantada en un futuro quizás unos dos o tres centímetros. Es la calzada dijo alguien que llevaba en sus manos bolsas blancas y un llavero de auto, uno de esos con el equipo para bloquear y desbloquear los seguros. Felices fiestas dije antes de continuar bajando los cientos de escalones y rodada o caía.
La ventana por la que había entrado antes de girar y antes de llegar al suelo tenía un orificio por el que podía pasar cualquier cosa, un objeto cúbico, un globo, un aparato para interceptar señal inalábrica de modem, un pavo, cualquier cosa. Luego miré los orificios en la pared, gargantas, entonces pensé que por aquella ventana pasaría cualquier cosa menos doce policías y dos tanques de butano o dos talleres de pintura artística.
Cómo brillaban todos los objetos que llenaban las filas de perchas! Uno de los hombres vestidos con un uniforme blanco y una pequeña boina blanca preguntaba si deseaban algo más, sí acaso necesitaban que alguien fuera a sus casas a escribir una receta nueva para preparar pan con naranja o canela con menta. Yo tenía los ojos grandes metidos entre dos carnes delgadas que me dejaban un espacio como de una cornisa, como del filo o como de una ventana apenas abierta. Afuera todo estaba en plan de darse la vuelta, en camino de llegar al punto medio antes de girar, pero dentro, el galpón era sólido y yo pensé que acababa de ser llevado como un mondadientes hacia un terrón de azúcar, necesitaba creer que estaba en el centro de una barra de turrón o en el centro de un cubo de algo como qué se yo, quizás en un cubo de coco. Sí, cualquier cosa en la cual no se puede estar, como si fuera posible estar en la mitad de un ladrillo, no? verdad? o en el centro de la punta de un rotulador, no? verdad? quería estar o creer que era sólido al igual que el galpón, cubo de coco, terrón, un dado de monopolio, un ladrillo. Pasaron varias horas y varios años y nadie sabía dónde colocar las bolsas o los carrilles y varios niños habían crecido hasta volverse personas de uniforme blanco y así observé que otros retiraban el dinero de las manos y otros preguntaban si no deseaban que alguien les escribiera una nueva receta para preparar pan con naranja o limón con nuez. Tras tanto tiempo ya las cosas no eran iguales y muchos galpones ya daban prioridad a tener más espacios vacíos, libres, no por salud, si no debido a la gran cantidad de visitas, de modo que luego pude entender que yo estaba sobre uno de los estantes junto a los objetos para las mascotas, quizás detro de una croqueta de pollo. Junto habían imágenes de cartón de perros alemanes mirando con la lengua afuera un gran plato de croquetas. También cachorros junto a los cartones de unas pequeñas aves, aves impresas sobre bolsas de semillas y de alpiste. Entonces sentí mucha, demasiada sed.
Luego dijo eso de eres un mentiroso con m de mariantonieta y con martes en marzo. Luego se fue pero en realidad ya se había ido hace muchas otras frases, yo miraba desde el centro de una palanqueta debajo o en la esquina cerca a los talleres mientras los buses tomaban impulso antes de empezar la cuesta o para evitar la luz anaranjada. Pero miraba hacia el taller y luego los brazos empezaron a diluirse al rozar el cuerpo, luego el cuello, y la nieve artificial empezó a encenderse. Quizás no era artificial y quizás lloverían dos días seguidos. Ya a cinco minutos en uno de los escalones deseé que los ascensores subieran hasta salir como pirotecnia por la parte más alta, la terraza del edificio. Luego estuve mirándome los pies y oyendo cómo crecían las plantas o el quicuyo a las seis y algo más. Luego pensé que era un excelente mes como para llamarlo septiembre, luego pensé en dar cuerda al reloj. Resultó ser un reloj de pila. Las paredes ya estaban escritas con letras claras pero algo torcidas, pensé en una de mis tías, luego mi tía llamó y quiso que mirara el fondo de la garganta, el gran orificio en el edificio A.K, mira a ver si viene el vagón, o algo de Nayón, no sé sí era mi tía. Hermana del tío?¿
En mitad o centro del prisma de madera o gran borrador seguro estaba yo y eres un mentiroso.
En mitad o centro del prisma de madera o gran borrador seguro estaba yo y eres un mentiroso.
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