14/1/14

Se vende informes al



Hoy estoy encontrando muy borracha a gente que generalmente suele estar borracha pero no tanto como ahora lo están. Incluso pasó que al abrir la puerta la persona la dejó sin cerrar y del pasillo se coló un sabor absolutamente conocido y entonces dije: diablos, alguien acaba de bañarse en una deliciosa tina llena con azul y apenas si ha traído una toalla pues el pasillo empieza a marearse. Creo que estuve a punto de inventar que salía a buscar algo y miré en mi maleta pero no había cargado mi copa larga y tampoco el vaso de cartón que se dobla para parecer un portavasos o una libreta de periodista. También pensé que la ansiedad de tener el cuerpo en el colchón estaba haciendo que mi olfato inventara cosas pero luego observé que alguien en el pasillo se tambaleaba y al mismo tiempo se paraba sobre la punta de los pies y luego colocaba la cabeza que era como una esponja absolutamente mojada sobre el vidrio de la puerta y yo pensé que mas bien yo tenía el deber de felicitarme.

Creo que nadie notó lo que ocurría en el pasillo pero todo fue hecho con brevedad de modo que luego el sitio quedó desierto. Pasó que alguien colocó una mano sobre el hombro de aquel tipo y luego con algo de presión o algún empujón las cosas no terminaron en pedidos y cosas como usted caballero métase en sus asuntos. Al parecer aquel tallerista, es decir, ambos eran viejos o casi compañeros de clase, intentaba persuadirlo y el otro no lo reconocía. Uno llevaba una chaqueta, quizás una o dos tallas más grandes y el otro llevaba una barba de varios días que lo hacía lucir como el hombre que viaja en el metrobus a las diez de la mañana usando gafas y oliendo a todos los hombres que duermen en la estación mientras los autobuses son lavados con espuma y agua caliente y a veces, ese hombre me miraba y yo me sentía su espejo, eso era en la alameda. Yo sentí que mi obligación era impedir que se lo llevaran pero también dije que era hora de estar con los libros y con la materia reproducida del enciclopédico océano y adentro unos talleristas conectaban el equipo para las siguientes dos horas en que impartirían una clase sobre estrategias de dirección en escuelas con recursos que no pasan de cinco cifras o cómo enfrentarse a los padres de un chico que asiste a clase los días en que la escuela está cerrada sin temor a que el gobierno se ponga de lado de ambos. Talleres para distraer y talleres afines a lo que venía sucediendo en las prácticas y en las reuniones de vinculación con la comunidad durante el último semestre.

Supongo que muchos queríamos tener un puesto dentro de una institución pero dadas nuestras avanzadas edades ya no pensábamos en dirigir o en ser parte de los grupos de intervención y de organización, era más bien cosas para pensar en pequeños suicidios y eutanasias de los cuales no podríamos volver. Muchos teníamos nuestras familias las cuales eran una máquina sin manuales o instructivos, yo por ejemplo tenía dos hijos y ellos todos los días esperaban que yo explicara las cosas que estaban descubriendo. Habían tareas tanto en el centro como en el hogar y casi estaba arrepentido de haber regresado al centro luego de diez años pero también estaba ya, desde hace mucho tiempo convencido de la ciencia y sus bondades. Muchos hombres de corbata azul elevaban sus voces como si fueran grandes gallos franceses para subrayar la importancia de nuestra actividad y muchos incluso hacían pública su adherencia a muchos (no demasiados) de nuestros talleristas, un ejercicio de futuros iguales o socios que se golpean para estar en forma. Se hablaba de que Paver podría formar parte de la nueva escritura que se estaba produciendo de la mano de jóvenes con horas de lectura, jóvenes que compartían pasiones en cuanto a las películas de Hugo Mayo o la fotografía y la intervención en lenguas amerindias de Medardo Silva. Otro hombre de corbata azul pensaba que debíamos especializarnos en la parte de dirección estratégica pues, lo más común era que la función pública escogiera a talleristas que acababan de salir del centro, ellos, dirían, tendrán la fortaleza política de los sin partido o del tallerista que estudia la parte histórica y su axiología y además el puesto requerirá de jóvenes que cumplian requisitos propios del trabajo corporativo: prestancia, competencia, capacidad de dirección, rapidez y liderazgo. No faltaban uno que otro en la habitación que en ese momento guardaba el rostro en el regazo de alguna tallerista y en realidad ellas no prestaban atención a estas arengas pues siempre que les preocupaba algo empezaban con eso de L es lo mejor o J de seguro será rector junto a U y si P también quiere para que hagan un trío, y yo les doy mi aplauso y además como decía que dije... y que... voy a tres pajaritos en un rincón, el del medio es bien obviamente...

Yo me imaginaba mientras todos esperaban que la clase diera inicio y antes de correr las cortinas que quizás sería un gran mérito terminar con el centro y luego dedicarme a una especie de periodismo de investigación y divulgación o eso de la crítica artística. No entendía muy bien eso de investigar pero creí que podría componer cosas a partir de hechos irrelevantes y eso al mismo tiempo podría servirme o servir para encender un poco las ideas y esas cosas que últimamente parecían provenir del mismo sitio. Pensaba, debería divulgar cosas como las que guardan las alfombras entre sus pliegues y dije que sería genial hablar del polvo o de las partículas que estarían flotando alrededor de nosotros llenando la habitación y que a veces solo se observaba bajo determinadas luces o bajo determinadas líneas y reflejos. Pero pronto me desanimé porque pensé que en estas revistas y en estos diarios donde trabajaban algunos artistas, últimamente todo estaba entregado al comercio de datos y de información y, al recuento de tablas y cifras y eso de la economía comparada y cero espacio a las cosas del estómago. Además que medio estaría dispuesto a publicar acerca de un cable que cuelga de un poste, una pared en ruinas, escombros de ascensores o a publicar un título como Pared ed eed o El llano hace 500 arres.

Luego sentí pánico y el pánico es un punto en un lugar entre el corazón y la entrepierna.

Luego pensé que los chicos en las clases simuladas intentaban que yo diera media vuelta para luego ellos mirar la cancha por la ventana. Luego encontré que varios pares de ojos me recorrían como si yo fuera un pedazo de tarta de manzana brillante o un sorbete y con miel en la cubierta de la dorada piel o metido dentro de un vaso de gaseosa roja.

Luego pensé que yo era una manzana y luego me comí a mí mismo y luego tiré las cáscaras a las que apenas había chupado y los labios tenían un dejo de azúcar y alguien había dejado un pedazo de hoja en el sillón junto y yo lo doblé para darle la forma de un pequeño basurero rectangular y allí puse la piel roja de la manzana y un hombre molesto dijo que ese no era lugar para masticar y menos cuando está por empezar Carmen, la ópera, y luego dijo que dejáramos de hacerlo y yo volteé para mirarlo y en verdad estaba molesto y más bien tomó lo que quedaba de piel y la puse en el pequeño basurero de papel y se la pasé a la tallerista que se había sentado junto y le dije toma, usa el basurero y no dije más y esperé que el hombre la levantara del cabello, pero estábamos en un salón rojo del centro y esas cosas aquí ya no pasan y el hombre solo se fue y todos parecíamos tener ganas de ir tras de aquel hombre o de ser cáscara de manzana.

Luego quise tomar un poco de leche y bajé rodando los trecientos cinco escalones y luego fui dando saltos largos como ardilla o como liebre hacia el interior del galpón y en el galpón las puertas estaban cerradas así que tuve que ir hacia una ferretería, recuerdo que junto a la ferretería llamada Ferretería Gatito había un letrero de se vende el negocio y también un almacén de calzado ofrecía varios pares a mitad de precio pero en la ferretería me dijeron que no les quedaba ni leche entera, ni leche descremada ni leche sin lactosa ni la rica leche tibia que calentaba la garganta de los obreros a las seis de la mañana en la mitad de la estación de la Marín y quizás era porque estaba por la diez de agosto. Qué hago? dije pero ya el vendedor estaba ocupado atendiendo a una mujer que le pedía un kilo de riñón y además media libra de clavos con punta de acero para colgar cuadros en los muros sin romper la segunda capa de concreto.

Entonces dije que por favor me diera dos tarros de pintura blanca y al caminar alguien dijo que no debía tomar eso pues eso era para pintar los muros y además había un hombre al que acababan de conocer y del que se decían cosas y esas cosas había que escribirlas en los muros y yo ya estaba con mi moneda de veinticinco y miraba la foto de una mujer en el tarro y en la foto la mujer lavaba un pantalón y estaba de espaldas y el sol pegaba de lleno en su espalda y su espalda era como un pedazo de nube o como si nunca hubiera jugado baloncesto en el colegio y como si fuera papel bond pero eso no había en el tarro, solo lo imaginé, y tomé en casa un jarro de porcelana y coloqué la pintura y luego coloqué colacao y luego me fui a ver una película sobre Stomp 442 y luego me dormí y junto a mí estaba la mujer de la espalda y su espalda era como papel bond y también dije que dejara de salir en los tarros de pintura y ella dijo que yo era un imbécil.

También recuerdo que eres un mentiroso dijo que yo me había vuelto un mentiroso y que dejara de mirar las espaldas de mujeres porque en los tarros solo habían indicaciones de uso o en caso de ingerir hacer que

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