Un día me puse a gritar su nombre por todo el sitio. En realidad me acerqué a una puerta y llamé, luego levanté algunas rocas del material que se había tirado a un lado del sitio, junto a unos motores bien grandes como si hubieran sido los motores de un barco, y llamé; luego encontré una habitación llena de equipos para transmitir notas y artículos de opinión y sobre una mesa cubierta con una franela verde como la de las mesas de billar había un micrófono y luego de encenderlo volví a llamar y el sonido no salió de la habitación porque nada estaba conectado y faltaban algunos transistores en la radio. Junto a la puerta principal, un negocio de alquiler de llamadas teléfonicas y esas cosas de la cobertura inalámbrica tenía encendido seis computadores y eran pentium cuatro con windowsxp y alquilé cada una durante dos minutos y en total pagué un dólar y veinte centavos por las seis porque salió menos de quince minutos y en ellas usé el skipe para llamar y llamé de la misma cuenta pero previamente cerrándola pues no permite usarse en distintas máquinas al mismo tiempo y eso debe ser porque no tengo una cuenta premiun y también le pedí a una tallerista de pantalón azul que me recordaba a un pitufo que llamara y luego estuve en el parqueadero pero antes al caminar por los pasillos encontré varias motocicletas estacionadas y algunas tenían los cascos negros o pintados de naranja sobre sus asientos y les pedí que llamaran pero no tenían las llaves así que quité la tapa de los tanques de combustible y llamé dentro y luego varios talleristas empezaban a llegar a clase de las cuatro y a todos ellos los llamé parándome en mitad de su camino pero parece que tenían apuro y otros andaban con varias carpetas verdes debajo del brazo aunque un par de talleristas llevaban bolsas blancas de cartón y parece que en ellas habían botas con tacos larguísimos o quizás bufandas y llamé dentro de una de esas bolsas de cartón y luego dentro de una de las botas de cuero y luego llamé a una tachuela que sostenía el taco a la la suela, y también llamé al cuero y era cuero de verdad.
Luego estuve llamando dentro de los tubos de escape de un auto citroen y los citroen son autos que siempre me han gustado porque me dan la impresión de que con uno podría vivir en latacunga o en carchi o en salcedo y el citroen siempre estaría a mitad de la mañana en mitad del patio y solo tendría que preocuparme por francia y el tema de los impuestos pero intentaría cambiar el aceite con frecuencia al igual que el filtro de gasolina aunque luego me dí cuenta de que llamaba desde el tubo de escape de un fiat y los fiat son buenos pero ya nada es como antes y mejor me alquilo un lugar cerca a la gasca o a la pp que es lo mismo que jj, o sea, no es patricio paredes ni julio jaramillo entonces buscar algo en la pp que es la pablo palacio o la jj que no es julio jaramillo sino jais joplin, digo, joaquín jerez y regresar del centro caminando e ir al centro cuando falten cinco minutos y me olvido del citroen y no gasto en bujías o en el disco de embrague, ni me meto a participar en esa promoción de cambio de aceite de por vida pero luego dije mejor llamo en aquel ford aunque esos ford parecen autos resistentes al agua y por eso me fui a un baño a llamar desde el grifo y luego desde la máquina que sirve para secarse las manos pero sin encenderla y aproveché para llamar desde la jabonera o máquina de shampo o jabón líquido y desde un desagüe en mitad del piso pero también llamé a los focos o luces que colgaban y también al interruptor.
Había una cuadro hecho con fideos colgado de una de las paredes de los pasillos y llamé parado frente al cuadro con varias talleristas caminando detrás y muchas llevaban flautas dulces en las manos y me parecieron familiares y dije llamen, oee, llamen, y ellas iban con la flauta en las manos y buscaban una habitación y una mujer de corbata azul las dirigía hacia una habitación oscura y pensé que debía recordar esa habitación así, oscura, y mejor me fui a llamar a otro pasillo y llamaba, gritaba su nombre y llamaba y en la ventana de las fotocopias había mucha gente haciendo fila y solo una persona atendía y al pasar tras de ellos, llamando, todos se congelaron pero mejor seguí, no vaya a ser que después me pongan un palo de helado en la cabeza, el cuadro en el pasillo estaba hecho con eso y con avena y formaba el nacimiento de un niño dios y el niño dios me miraba desde abajo de un palo de helado que era el techo o la puerta de su choza.
Luego seguí llamando por todo el sitio pero de nuevo estaba en un estacionamiento y pensé esos ford podrían flotar en una laguna y luego llamé desde un vitara y era ese modelo que parece jeep de guerra koreana cruzado con ambulancia y luego un guardia dijo algo y yo le pedí que me prestara su walkietalkie y llamé pero el aparato antes hizo ushhhhhhhh, ushhhhhhhhhh y luego encontré un marlboro en mitad de mi bolso para portátiles y con el llamé, o en él llamé, la cosa es que lo tomé con los dedos y al acercarlo a mis labios dije su nombre.
Luego dije que mejor me voy a sentar y en el octavo encontré una banca sin usar y quizás llena de polvo y con la poca iluminación todo era posible, por si acaso ahí también llamé. Luego me dio mucho sueño y como pensaba entrar a las siguientes clases dije esa es, eres pez. Me tiré en la banca y al cerrar los ojos creí que los miembros empezaban a desarmarse. En algún momento de mi improvisada meditación pude ver el centro de mi frente y ese era un punto brillante y lejano, un poco más allá de la punta de mi nariz pero con una forma similar y además había que esforzarse para observarlo, pero igual ese momento creo que sin querer o queriendo logré eliminar todo, y solo creo que yo ya flotaba como el conejo de los jefferson, y casi me pongo a cantar eso de feed your head, fid ur jead pero todo era sobrenatural y apenas un rumor y un minuto de aquel estado era como haber dormido dos horas en mitad del día y eso quería, dormir un minuto que pareciera ciento veinte y aproveché para llamar por si acaso y usé los miembros y de paso los atraje antes de que algún vértice se los tragara, y con la mugre debajo de las uñas pronuncié su nombre y con el bizcocho que cuelga entre las piernas en mi boca también llamé, un poco intentando inflarlo, y haciendo una bola al cabello para que no se lo tragara un gato también llamé y usando las rodillas y me entraron ganas de decir o decirme hiiiijo de la rodilla y también llamé y lo mismo metiendo el centro de la frente que era como la punta de una pirámide en los oídos y el botón arrugado del culo y en unos bazos que andaban por ahí cerca flotando y pero en los intestinos no quise, así que allí solo miré y también en un músculo que parece que va en la parte interna del muslo.
Y llamé y llamé con todo y en todo lo que encontraba.
Al rodar por las gradas o eso fue otro día, ya no recuerdo, llegué a casa y en casa, sobre la almohada había un libro de pastas rojas, parecía un diccionario, además tenía un membrete blanco pegado en la pasta, en el centro, cerca del borde superior. Me gustó ese libro, parecía un diccionario.
Luego vino eso de eres un mentiroso y luego mejor me puse a buscar cómo se escriben algunas palabras usando el wordreference y el google pero estaba a punto de aburrirme y no por las palabras o por buscar sino porque necesitaba escuchar algo y mejor puse
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