1/2/14

Centrodeinvestigaciones y controlremoto

Una tarde estuvimos observando el interior del gran agujero. Uno de los talleristas tomó por los hombros a otra tallerista y fingió que la tiraba al interior, y la tallerista parecía tener muchas ganas de caer y por ello cuando dieron dos pasos yo me acerqué para tirarla de verdad, y luego ella estaba en el subsuelo, quitándose algunas manchas y polvos que se le habían pegado al caer, y yo me reía, y ella estaba bastante molesta pero luego dijo algo y abrazó a otro tallerista y salió hacia donde estaban estacionados varios autos. Luego se hizo popular la frase esa de bajar por la vía rápida, y luego muchos empezaron a usar las gradas y eso sirvió para evitar los empujones, y eso molestaba a los hombres de casco amarillo pues estos todos los días cargaban sus carretillas con escombros y ahora también debían cargar con cuerpos inconscientes, y algunos cuerpos eran grandes como elefantes y por eso alguien puso una cinta amarilla alrededor de las puertas que llevaban al gran agujero, y además alguien dijo que los cimientos y las bases del sitio tendrían que ser reforzadas, eso por algunos cuerpos caídos las semanas pasadas, y eso un problema porque ya llevaban varios meses de trabajo. Luego volvimos a usar los escalones hacia el noveno aunque de subida encontramos filos y bordes rotos, y parecía que algunas personas habían caído de frente sobre los escalones frescos y por eso se sugirió usar cascos y yo usaba a veces un casco amarillo pero nunca comprobé si seria capaz de protegerme en una caída.

Algunos talleristas subían los escalones estudiando con los cuadernos abiertos en las manos, y muchos de ellos tuvieron que rendir algunos exámenes extra para aprobar los veintiocho puntos que era la calificación mínima, y recuerdo que también miraban al techo mientras rendían el examen, y yo pensaba que en el techo estaba pegado algún pizarrón en el cual se habían escrito previamente las respuestas, pero solo estaban los agujeros donde antes habían unas lámparas, y creo que quizás esos talleristas tenían alguna conexión mística con uno de esos dioses invisibles, y yo dije oye dios a mí también, pero cuando pensaba en esto los otros talleristas, que en verdad tenían fe, me miraban y de alguna forma censuraban mi indisciplina, o mi actitud superficial, y yo creo que el dios estaba con ellos porque no decía nada, pero también pensaba que ese dios era de aquellos que estaba con las minorías y por unas semanas intenté conocerlo, pero sus fieles eran personas que tenían sus recatos, y mientras yo andaba por las habitaciones haciendo ruidos, o intentando conocer a talleristas más jóvenes, ellos colocaban sus sillas azules en dirección hacia una meca, y hacían culto, pero no creo que era culto, sino, algo más filosófico, además guardaban sus libros sagrados entre los muslos. Sin embargo, varias veces compartimos mesas, y viajes, y una vez en un viaje hacia ibarra me invitaron a nadar desnudo en las aguas de una pequeña fuente de aguas verdosas, y esa agua era tibia, y ellos decían cosas entre ellos pero nadie me explicaba de qué se trataba todo, pero el agua era tibia, y hasta hirviente, y recordaba cuando mis papás me llevaban a unas fuentes dentro de una montaña en la vía al tena, y recordaba a mi padre, el escritor, trepadote en un gran trampolín, y, yo, tras de él, y mi madre abajo, gritando tíralo y yo luego empujando a mi padre que seguía con su temor a saltar, y solo me faltaba apuntarle con un revólver, y mi padre estaba en el filo del trampolín, y abajo el agua era verde como la de las fuentes, y echaba vapores. En esa ocasión decidí quitarme la ropa y entrar en la fuente, y algunas talleristas me abrazaron, y otras se quedaron dormidas o se hicieron las indiferentes tras mirarme el pito, mientras, yo intentaba curarme ciertas inflamaciones, sobre todo en los hombros. Una de las talleristas tenía unas tetas enormes, y ella se sentó sobre mis rodillas y me dio sus tetas como para que yo las chupara, y eso hice, y su piel era blanca y pálida y un poco me sentía como en la escena final del filme que escribió stanley, y el loco de anthony, y me daban ganas de morder sus brazos pero ello que me abrazaba tenía los ojos abiertos, y parecía hipnotizada, así que mejor guardé silencio y dejé de pensar en cosas y luego solo escuchábamos a otros talleristas dormidos, y luego al vapor que se pegaba en los muros y algunos nos acercamos y nos recostamos con una toalla en la cara.

En la parte más alta de la montaña vimos a dos unicornios, uno celeste y otro rosado que entrelazaban sus cuernos como si lucharan. Debían ser unicornios jóvenes pues los adultos suelen tener un color más oscuro.

Los exámenes intentaban conocer qué tanto habíamos asimilado durante los primeros tres meses. Muchos exámenes constaban de preguntas objetivas, pero también daban pie a que nosotros elaboráramos pequeñas teorías o pequeños ensayos que nos acercaban al trabajo de investigación que tanto se empezaba a priorizar. Esto de investigar manejaba un campo tan amplio y por lo mismo tan desconocido, un sitio en el cual era más fácil salir con nuevas dudas y tocaba replantearlo todo. Quizás por esto muchos talleristas decidieron enfocarse en trabajos de aplicación y luego discutían las reacciones y estaban en eso de la elaboración de manuales y metodologías. Según sus informes trabajo estaba en la evaluación y también buscaban causas a la poca atención en el proceso de enseñanza. Hablaban algo de la repetición inconsciente o débil de contenidos. Algunos intentamos centrar nuestra atención en los problemas que tenía el lenguaje, ya sea en la escuela primaria, ya sea en la educación superior pero aún no apuntábamos al verdadero cuaderno de trabajo, aquel espacio dominado por las radios, la teve y la construcción de códigos lingüísticos. La teve se había vuelto el profesor de tiempo completo, y nuestro país, la escuela, estaba actuando como el profesor de reemplazo. Eso era frustrante pero a la vez lo invitaba a uno a reflexionar. Quiero decir, varias discusiones improvisadas que tuve con dos o tres hombres de traje azul terminaban en las posiciones irreconciliables de yo enseño español, yo enseñaré ecuatoriano. Sin querer abrimos una brecha de matices culturales y quizás era el momento para inventar cualquier arquetipo capaz de cobijarnos, como el martinfierro, como el werther, como el sanchopanza, como el conde lucanor, el botija, jotajota, másnoblequeunalechuga, cualesquiera, un padre urgente.

Yo apoyaba al negroquesalíaenloscomercialesdefruit; pero, mi padre era mi padre, el escritor. Creo que muchos habíamos asimilado la idea de vivir entre varios mundos sin que por ello uno limitara a otro, y sin embargo también parecía que uno de esos mundos aún era un mito. Luego decidimos escribir muchas palabras usando la q por la c y luego cambiamos la h por la doble v y ya no decíamos voy pa tungurahua sino voy al tungurawua y también hola soy washinton por hola soy huashinton. Supe que alguien de noveno tenía pensado un argumento para una novela a la que titularía El huachiman.

Muchos tras los exámenes quedaron bastante comprometidos, y era común que al no alcanzar un determinado promedio subieran la roca de la segunda mitad del ciclo, y uno ya se predisponía a lo peor.

Luego estuve mirando al interior del agujero y un poco sentía una incomodidad en la garganta, y tenía carraspeos, y sentía flemas en la garganta y sin embargo luego estaba dándole al marlboro, y luego miraba cómo el humo subía hasta alcanzar formas extrañas, y en esas formas que no duraban ni un segundo intenté leer mi futuro, pero antes debía tomar un taller de lectura rápida de siluetas en humo de cigarrillo; y creo que observé un anuncio para un taller en una revista catalana, y me preguntaba cómo pude haber leído eso si ni siquiera tengo contactos catalanes en mis redes, aunque, una vez, vi un reportaje, o documental, de un barrio en una ciudad cerca de Horta-Guinardó y en ese distrito los vecinos parecían llevarse como personas civilizadas, pero en realidad era como si fueran colegas que siempre estaban resolviendo problemas, y metiéndose en otros problemas que en el documental no eran expuestos o tratados de manera explícita, porque el documental se trataba más de las dinámicas entre vecinos, de cosas espontáneas, y muchos vivían solos en casas o departamentos, y el tono general del filme, es decir su coloración tendía más a los grises, y a los colores apagados, desaturados, y varias veces llovía y eso le daba a la imagen un clima triste, y quizás en uno de esos muros, de ese barrio, que por cierto así se llamaba el filme, pude, o abré visto un anuncio para tomar clases de lectura rápida de siluetas en humo de cigarillo.

Espero no haber enfermado pues, enfermarse requiere de un seguro médico, y llevaba dos años sin una cobertura, y esperaba, tras mi último ciclo, iniciar alguna relación en la cual me brindasen alguna cobertura. Por lo general uno tenía un servicio médico para diagnóstico pero uno mismo debía gastarse con las medicinas, aunque, de un tiempo para acá ya se estaban produciendo genéricas, y a veces en los centro de salud uno obtenía de manera gratuita antibióticos, y a veces el tratamiento duraba dos semanas. Sin embargo, procuré guardar los marlboros, e incluso empecé a obsequiarlos. Un tallerista fumaba tres veces más que el resto de talleristas y además tenía la apariencia del hombre marlboro, y me daban ganas de preguntarle dónde había dejado el caballo y el sombrero, pero tenía la impresión de que respondería con alguna broma y más bien pregunté a otro tallerista que de qué barco se había bajado, como en un cuasi homenaje a la escena en que Mcfly regresa al pasado llevando un chaleco, y ya que el tallerista llevaba un chaleco similar, le pregunté oye, de qué barco te bajaste, y solo yo me reí, y creo que nadie estaba enterado de esa trilogía, ni de martin en el pasado, creo en 1955. 

Luego estuve rodando hasta la planta baja. Luego me trepé en sus hombros. Luego miraba un filo bastante uniforme, luego miré unos pies. Luego a las personas que caminaban con sus bolsas blancas en las manos. 

Unos hombres dirigían el tránsito y creo tenían controles remoto.

Luego dijo eres un mentiroso. El marlboro me miraba. Luego repitió que yo eres un mentiroso.
Luego, las espaldas que ya estaban separadas como a dos cuadras, parecían de nuevo pegadas, no de manera explícita pero sentía que la piel se nos estiraba, y se alargaba, como los dibujos animados.

Diez minutos después eres un mentiroso.



No hay comentarios: