31/1/14

Lot casado con la sal

Un día mirábamos imágenes de los primeros escritores modernistas en el ecuador. Sus rostros habían sido dibujados con la técnica de la plumilla y en realidad no parecían muy jóvenes y creo que todos pensamos que ahora se envejece con menos prisa. Uno de ellos llevaba unas gafas muy grandes y tenía algo que lo distinguía. Luego supimos que su muerte no había quedado del todo clara, se supone que fue un suicidio pero, también parece que desde el punto de vista forense eso era muy complicado, aquello de sostener un arma en un lugar de tal extraño acceso.

Luego estuvimos recuperando algunos datos y de algún modo las principales ciudades estaban divididas entre aquellas donde exitía un diario y donde estaban las dependencias públicas. Luego pensamos que sería una gran idea el traer a uno de los familiares al centro para que nos hablara un poco sobre la obra y la vida, y en realidad queríamos meter las narices en la miseria de estos autores. Creo que por un momento deseamos que otros nos contaran la cosas antes de ser nosotros quienes las descubriéramos. En otra ocasión mantuvimos a diez autores sobre el escenario del salón tres, con varias tandas y aunque ellos querían retirarse, nuestras preguntas los obligaban y de ese modo entramos en sus cosas y un poco las cosas de la poesía. Algunos llevaban pequeñas botellas de licor y eso nos pareció autodestructivo, e instamos al autor a que dejase esas cosas, pero en realidad deseábamos que diera algunos sorbos en el escenario, pero el autor empezó con su lectura, la cuarta de la noche, y en el poema él saludaba a todos aquellos que lo habían invitado a compartir una mesa, y yo creía que otra vez era una navidad, y alguien dijo que dejara que pasara la pascua y los reyes, y nosotros dejábamos de respirar, y era como si sus palabras nos quitaran el aliento. A una de las autoras la felicitaron públicamente pero ella parecía demasiado acostumbrada a recibir esas atenciones, y apenas si movía la cabeza de un lado a otro o apenas si abría sus labios, y además tenía colgando del cuello una bufanda roja muy larga y voluminosa y a uno le entraban otras cuestiones, pero su voz era la de un monstruo marino, y supongo no hablaba palabras sino que hablaba agua, y yo me enamoré de su voz y la guardé por tres días. Uno de los autores repitió aquello de la muerte y el olvido, y supongo que todos entramos en una página capaz de sobrellevar esos desgastes y la página pasó entre todos los asistentes y la miraban y luego la ponían en otras manos. Luego supe que aquel autor también era servidor público y ahí se aprende un tipo de resistencia y uno piensa en personas secuestradas o rehenes en celdas de caña. Nosotros intentábamos comer una manzana y X la pelaba y luego nos pasaba un cubo de manzana pero un hombre se acercó, y con mucha prisa, y al mismo tiempo hablándole a alguien que lo seguía pidió que dejáramos de hacerlo, y yo recuerdo los ojos de V que lo miraba con odio o miedo o las dos cosas, y creo que incluso le escupió la cáscara y en el escenario los autores escuchaban con atención y por un momento el salón sonaba y respiraba como si estuviera completamente vacío o como si estuviera por el contrario repleto como una caja de zapatos. 

Creo que pasaron varias horas y eran pocos los talleristas que habían dejado el sitio. La mayoría no estaba dispuesta a regresar a las habitaciones, y algunas talleristas fumaban en la parte de los jardines, y pude ver que algunos hombres de corbata azul salían, y como intentando tomar algo de aire encendían sus larks y los luckystrike y creo que una sola persona tenía encendedor y ese encendedor parecía flotar o levitar entre sus rostros. En el escenario un autor extremadamente delgado parecía recitar algo que había guardado y por ello también parecía perdido el ritmo, y el poema tenía subidas y bajadas. Entonces la música del poema era un poco entrecortada y alguien debía girar las antenas para que la señal no se perdiera y era regresando a mirar a los asistentes, pero creo que alguien se dio cuenta y empezó con unas arengas y las risas le dieron un brío al asunto. El hombre delgado concluyó con y los aplausos parecían emotivos o interesados. Al terminar pregunté a K si recordaba el título del poema pero él ya andaba escribiendo algo en su teléfono, y creo que era importante porque luego dijo algo en voz baja. 

No sé cuántas horas habrían pasado pero fueron algunas más tras las fotografías y tras la gente que se acercaba, y era extraño pensar que aquellos autores eran quienes le dieron forma al siglo pasado y que quien sabe, si sobrevivirían al actual, quizás eran sus fantasmas que volvían del futuro. En el salón se servían algunas copas largas llenas de agua roja, y habían varias pinturas colgadas de las paredes y esas pinturas parecían paisajes y cosas así, motivos de colores saturados, donde un poco se perdía el sentido entre lo que estaba delante y lo que estaba en segundo y tercer plano, pero tampoco se trataba de ese arte que intencionalmente lo complica todo. Los cuadros en los muros, vistos desde un determinado ángulo parecían ser guardias, o vigilantes, o soldados que cuidaban el salón, y varias personas habían formado círculos y otras personas repartían copas largas y unas tres talleristas llevaban vestidos muy cortos y una de ellas sonreía, creo que le gustaba K, pero K estaba en la puerta, esperando a X, y a D, y a V, pero ellos seguían frente al escenario, detrás del hall, y todos hablaban y creo que muchos se estaban despidiendo y creo que el clima nos quemaba y luego saltábamos dentro de las copas.

Una talleristas dijo algo sobre la cereza del pastel y luego otra tallerista se pintaba los labios, de espaldas y frente a un cuadro donde una manzana oscurecía a una ciruela, y luego dos autores sostenían rebanadas de tarta en las manos y la tarta tenía una cubierta crujiente. También habían pequeñas cajas con lazos azules sobre una barra, y detrás de la barra un hombre de pie parecía un maniquí.

Luego tuvimos que realizar un resumen de todo lo que había ocurrido aquella tarde y muchos detalles se habían perdido. Cambiaron los nombres de los autores, ya no eran donoso, ni castillo, ni raúlpuma, ni orquera, tampoco araujopérez, tampoco orellanodíaz, tampoco vásquez, tampoco menacho, hubo un granda, hubo un margulisrillo, hubo un autor o autora de nombre franciscalavoe, un autor hualcavásconez, un autor queirolorosa, otro de nombre gil o gilbert, otro de apellido pasquelsalcedo, otro llamado manosalvas o manobanda, otro, o era una autora, descendiente de alemanes o suecos u holandese, y un poco el informe decidía por sí sobre la pertinencia o vigencia de la poesía del siglo XX en los centros de investigación, y un poco se dió pie a pensar que era necesario y urgente un instituto o un departamento que se encargara de la difusión y mantenimiento de los textos, aunque esto no se dijo, pero bien podía mover el piso de algún hombre de corbata roja.

Alguien en el informe añadió el título de una novela, algo así como Cam Pam, o Was milk for the mandrágora o Edith y Mamluk y Sod y Gom.
 
Luego estuvieron las fotos y las personas sonreían a cámara aunque otros se mantuvieron detrás de un cuadro que un artista dibujó durante un breve receso. El cuadro debía medir 2,2 por 1,8 metros.

Ya era tarde, y las luces del sitio quemaban nuestros trajes, y algunos abrimos las sombrillas y luego subimos al octavo piso; entonces volvimos a guardar las sombrillas y respondimos a una lista, y eso era para los informes mensuales de asistencia. Luego miramos diapositivas y los rostros de los primeros autores de la modernidad, y esos rostros estaban dibujados con la técnica de la plumilla, y sus rostros eran ya viejos, y apenas ellos tendrían algo así como veinte años, pero en realidad debían tener muchos más, aunque, una vez, mi padre el escritor dijo que antes los jóvenes se veían adultos más pronto.

En casa estuve revisando mi correo y rechacé todas las invitaciones, y luego recibí propuestas de editorial el conejo para realizar escrituras a cuatro manos, pero yo dije que eso estaba mal porque yo jamás había tenido cuatro manos, y empecé a escribir una carta para quejarme, pero eso me hizo ver a alguien detrás de mí, y eso me puso nervioso, y en vez de dormir intenté relacionar a todos quienes conocía, y no llegué muy lejos, pero si pude solucionar varios líos familiares, y luego me sentí responsable de todo lo que ocurría con mis hermanos, y con mis padres, y con mis socios, y con tres esposas, y me acordé que estaba casado, y no veía a A.A desde el mayo, y supuse que por no verlos tenía esos problemas. Según pensé, la solución sería buscar un empleo cercano, pero luego dije que la solución estaba en volver a vivir en casa de mis padres y para eso debía llevarles un nieto. Luego se me ocurrió que la solución era iniciar una empresa y entonces compré un auto para llevar reclusos de quito a saquisilí. También dije que se trataba de volverme un tipo más amable y menos egoísta, pero luego pensé que debía sincerarme y decidí que era momento para morirme, y dije entonces mejor me muero y así estuve hasta el día siguiente. Luego mamá me habló de las travesuras del gato y dijo que la casa estaba llena de sus pelos, y creo que ese rato una de las bolas con pelos salía por su garganta porque su voz se volvió carrasposa. Creo que siempre tenía pelusas en la garganta. Luego dijo algo del trabajo de mi padre, mi padre el escritor, y yo entendí que estaba a punto de sacar un nuevo libro y me sentí asustado, porque seguro yo estaría en mitad de una página seguro coleccionando cosas bien estrambóticas, y antes de colgar, escuché que mamá también decía algo sobre ir a cuenca.

Luego estuve en el octavo piso, pero subí con mucho cuidado porque todo andaba inundado, y luego conseguí un casco amarillo y un ingeniero me gritó que por qué no estaba trabajando, inmundo animal, y yo le apagué un marlboro en el cuello y dije que no debía gritar, porque se lo escuchaba perfectamente, pero creo que eso lo había visto la noche anterior en un filme español, algo sobre unos ecuatorianos que trabajaban de albañiles en madrid, así que mejor lancé un golpe que lanzó al ingeniero sobre unas varillas y quedó clavado como un camarón, y yo me asusté, y caminé hacia el piso, pero en realidad eso también lo ví en ese filme así que caminaba sobre los charcos con cuidado, y con mi casco amarillo, y si regresaba a mirar al tumbado observaba una gran mancha y era como si el tumbado hubiera reventado, y las gotas de agua rebotaban en los charcos y hacía mucho, bastante frío.

Luego leí en un muro la frase eres un  mentiroso. La había pintado con aerosol y con una plantilla, y no entendí cómo lo había hecho, si apenas pasaron diez minutos. Recuerdo que mi padre, el escritor,  escribió algo sobre lo insólito, aunque de eso luego encontré algo en la biblia.

La sorpresa es no ser la sorpresa.

Luego dijo eres un mentiroso.

28/1/14

Pore se ha vuelto hacia fuera y antisana en la frente

Esa tarde había decidido hacer eso del uno dos uno dos. Al tomar mi aparato celular pude ver que ya tenía más de treinta años y que varias de las teclas para oprimir y llamar a otra persona habían perdido el color y la impresión del número que les correspondía, entonces al llamar, alguien que sí tenía gas y otras dos personas hablaron sobre temas domésticos y algo sobre el arreglo que terminó volviéndose obra. La verdad nunca antes había escuchado sobre estas cosas y me pareció casi imprescindible u obligatorio mantenerme un rato al teléfono, aunque, luego dije queda poco tiempo y luego pensé que a ese paso sería imposible llegar al otro siglo, a menos claro que desarrollara mi máquina sónica, en todo caso dije por favor, no terminen ni vayan a colgar hasta mi regreso y un silencio parecía enredarse entre ellos, y alguien gritaba pegado o pegada a un muro, se escuchaban sus palabras arrastrarse sobre la pared antes de llegar al parlante, y luego pensé que mejor bajaba y tomaba uno de esos bloques que funcionan con dos monedas. Del otro lado las cosas estaban apretadas, lo que quiere decir que tocaba intentar, quien sabe, por unos minutos o varios años. Ya andaba medio desesperado con eso de dejar las cosas para luego y la verdad empezaba a creer que tenían razón y que un día alguien se encargaría de desaparecerme en mitad de la noche, aunque, específicamente, tipo tres o cuatro de la mañana.

No sabía la inteligencia que había adquirido pero ya era algo sobrenatural y pronto me di cuenta de la importancia de ser peterparker. Eso de ser especial acarreaba una infinidad de posibilidades y las muertes llegaron para regresar luego con los cuerpos pálidos y luego los hombres hablando sobre las cosas que empezaban a desaparecer o a formarse entre los ladridos de los perros y eso era paralizante, pues, en varios momentos pude ver lo que miraban ellos, sus ojos se aferraban a la imagen de la luna, una luna brillante pero que al mismo tiempo era difusa; me parece sobre todo por una cuestión del tiempo, el clima, eso de las nubes, y además el perro sobre la casa no dejaba de dar pasos, pasos que parecían precisas y seguras y firmes pisadas, como habrá sido hacia mucho tiempo atrás. Eso de los hombres pálidos era ya una característica. Con un poco de suerte pude salir aunque, no del todo ileso, sin embargo, algunos estamos ahora, o al regresar, combatiendo al virus a través de sustancias o antibióticos y vitamina B6, y nos vemos en la necesidad de elaborar nosotros mismos el compuesto que apenas si alcanza para una semana pero si la cosa es apretada entonces para par de días. Ahí es cuando todo se vuelve lento, y seguimos dentro de uno de los perros que pasean como olfateando las sombras en mitad de la calle y sobre la terraza. Recuerdo que sobre la terraza de techo amarillo era imposible encontrar animales pero eso mientras pasábamos en ella, y presumo que las cosas deben ser distintas en fechas como febrero o marzo, y luego creo que es bueno mirar a las nubes a ver si resulta una nueva imagen una de esas que despierta y evoca y aterra el nervio del animal; química hecha de luz y gas. Bueno, eso de la inteligencia de pronto estaba ligado a esto de mirar a través de los animales y con el tiempo deseé que todo tipo de especies caminaran cerca de mi sitio antes de dormir. Yo buscaba en la noche sus ojos o sus párpados cerrados. A veces encontraba pasajes extensos que eran cubiertos en segundos, como si un gran tubo me aspirara para volver hacia lo que tenían delante, casi siempre personas, desconocidos que intentaban eso de saltar una milla, luego dos millas, luego seis millas en saltos enormes, imposibles, en paisajes llanos y de tonos marrones. Creo que empecé a tomar y guardar varias cosas de esas visitas y luego creo que decidí abrir unos pequeños espacios, unos como cortes para futuras presencias, y luego, al entrar y verlos salir golpeaba sus narices y era delicioso sentir la roja salpicando y no nos estremecíamos, de hecho éramos varias personas dentro y al mismo tiempo y por poco empezábamos una reunión y faltaba estirar nuestras colas y apretar un cigarro entre los dientes, y dábamos vueltas en la terraza, y alargábamos el cuello, y sobre nosotros estaba la luna, clara, aunque tapada y las nubes eran gases que viajaban empujadas por un viento desconocido que llenaba los muros y la ciudad era plana como un disco y nosotros le hablábamos, aullábamos, y arriba la luz era amarilla.

Ya era inteligente, y esa era la cosa que me hacía pensar y me ponía a asociar la noche con los perros en medio de la autopista, pero eso también me estaba volviendo un hombre tonto. Creo que en algún momento del día alguien había sacado huesos de mi cráneo, y luego de hallar una fuente de agua mineral empezaron con eso de la distribución, y eso de poner comerciales y vallas y pronto ya éramos marca líder, y luego nos cambiaron los envases por botellas de cuello alargado y de cristal, a veces de un cristal azul o uno verde y yo me sentía muy a la moda y pensé que podría iniciar una carrera en eso de enseñar a otros como hacer la diferencia en un mundo de fuentes minerales a las cuales solo falta derramarlas, eso, y luego todo era agradecer o agradecerme cada día, con algo similar a la fe ciega. Sin embargo, tenía aún que solucionar las cosas pendientes y eso estaba denso, pues, cada vez la fuente se alejaba un poco más, y a alguien brillante se le ocurrió la idea de altura, de poner un refugio permanente y luego ya era un sitio obligado, y muchos decían que en efecto es... fascinante y otros decían que lo verían cuando alguien lo ponga en un calendario que quepa en el bolsillo de un levis, y yo quería un pantalón lee, que no pisen mucho al entrar al refugio que estaba en mitad de mi frente, y un par de clases de francés para sorprender a la profesora Amalfitano, aunque, ya sabía que eso iba a durar menos de un día y luego miraba a la profesora pero yo ya estaba dormido, y esas cosas le hacen a uno querer ser parte del mundo, pero el mundo es una cosa que funciona siempre desde los botones de un control de dos o tres botones, y sin embargo luego vi que estaba apretando el lugar en donde se colocaban las baterías, y eso era extraño, porque el pequeño espacio estaba cubierto por una tapa, la cual a su vez estaba asegurada por un tornillo y no tenía más que un poco de uñas y mejor no me arriesgaba y mejor lo dejaba para abrirla al hallar quizás un cuchillo para pan, pero los botones estaban bien, y creo que estaba hecho de if y luego puse el disco de las altas esferas o altas esperanzas o altas emergencias, y aunque odiaba todo ese sonido, no quedaba sino acostarse para que la ventisca dejara otras camas y otros glaciares, aunque, quizás no era viento y quizás nadie estaba en el hielo pero me han dicho que uno debe creer en eso de los sentidos y yo decía claro, tiene su lógica. 

La tarde caía y el sonido era un círculo del infierno que giraba y sonaba como si estuviera por estallar, y en las noticias hablaban de la tecnología y además debíamos escoger un alcalde, y en la teve sugerían que nos íbamos a quemar como el petróleo y nada era claro, disparaban y varios mig hacían piruetas, y en el canal ocho bailaban con antorchas en la arena. No sabía como sería dormir en mitad de un autopista y luego estaba con una toalla blanca para manos dándole a los bichos pero los bichos se perdían sobre una pared también blanca, y dije esta noche tocará meter la cabeza en latacunga y en hotel y ya me sentía perdiendo la respiración y dije mierda, debo tomar más agua de la fuente imperial pero dormir en mitad del colchón era buena idea, pues, pensé recibir todos esos datos como el hombre de vitrubio y ya estaba asistiendo a varias jornadas de uno dos uno dos y luego el refrigerador y uno sabe que mejor con agua del antisana.

La tarde caía y yo estaba metido de cabeza y la cabeza era un cráter y además pronto estaría escribe y repite, pero las teclas empezaban a marcar a otros lugares, y al caminar y tomar los escalones la cosa empezó a ir al revés, y luego yo estaba en el escalón 4 del escalón 76 y eso era una cosa para motivarse, y pensaba que pronto sería un gran hombre rodeado de mapas y situaciones del tipo bienvenido, pase, usted... es usted verdad?, y sobre todo de lugares con un par de sillas desocupadas y con trajes grises porque gris es el nuevo rojo. Luego quise ser director de un instituto que realizaba textos para cubrir la nueva demanda en el sector de lo tecnológico, pero, me ofrecieron algo en el área de actualización y luego miré mis manos, la cara anterior y dije mierda, se cagó todo porque antes tenía más años y ahora ya la cosa está echada y mañana tendré 25 menos un día. Por si acaso igual me felicité, un poco temiendo que nunca más tendría oportunidad y dije de qué sirve eso de tener eso de los refugios capaces de dirigirse hacia arriba cada vez que entrabas en los ojos y paseabas por la azotea, y el perro aulló y vi con sus ojos una nube, y eso era nuevo, y eso era lo mejor que nadie creería que podía suceder, porque, ya lo habían dicho una vez y alguien miraba el canal diez. 

Luego caí y mientras, solo miraba, y vi que eran muchos escalones y luego vi muchas ventanas y todas estaban hechas con arena y con pies.

Alguien dijo eres un mentiroso y la cosa se puso en los pantalones y luego estuve mordiendo la cosa y luego se quedó un poco entre los dientes y la saliva era espesa.

Luego alguien dijo eres un mentiroso y yo dije que qué debía decir? pero lo dije sin querer y eso fue peor porque salió o salí como empujado y luego eres un mentiroso.



bon pregunta, ron responde y luego parece conocerme bien

En algún momento, mientras rodaba por los escalones, recordaba el viaje y lo que pasaba detrás, del otro lado de las ventanillas. Todo era almacén sony y todos los almacenes estaban rodeados por un cerramiento mínimo pero al mismo tiempo monumental, y el concreto colocado era como planchas o como bloques gigantes que formaban grises muros, perfectos, como si cada bloque fuera fabricado y llevado luego en grandes plataformas para luego ser levantados hasta que alguien pide que las cosas salgan como en el papel, y luego las placas formando algo similar a paneles simétricos de un gran rompecabezas rectangular hecho de piezas rectangulares, y uno solo deseaba quedarse mirando esos muros que rodeaban el almacén sony y uno quería quedarse en mitad de los muros y luego sacar una fotográfica y hacerse algunos de esos retratos con las líneas tan regulares y mejor si el cielo estaba azul, cosa de que el corte, y los bordes, fueran perfectos, derechos era como clavarse desde un trampolín a una pileta azul en cámara lenta y con toda la velocidad ralentada, dos días de caída. También quería ser una especie de borde de muro, o ser las líneas que se recortaban sobre el cielo azul porque todo lucía fuera del mundo, era una de esas cosas que uno espera encontrar quizás en ciertos libros impresos en papel couché y, pensaba que era, ya, hace mucho, que no miraba con atención o por más de diez segundos el mismo objeto, un mismo objeto. Luego el tren o el vagón avanzaba pero era un autobús porque nos deteníamos a cada semáforo y sentía recuerdos por mis paseos en las alcantarillas y sobre todo por el calor y la gran ola que nos empujaba por las escaleras hasta dejarnos borrachos en las calles. Uno de los talleristas tomaba el primer diario de uno de los puestos y, además, buscábamos sitio para tomar un café aunque terminábamos la mayor parte de veces hablando solos y caminando en sentidos opuestos o yo más allá pues, uno de ellos se quedaba unos barrios antes que el mío y en el mío había mucho pochoclo y poco café  y yo caminaba y el día era oscuro como los amaneceres en la playa cuando el agua está en todos lados y entonces uno pesa más de lo normal. Pero, ya de regreso pensaba de nuevo en que estaba cayendo por los escalones y quizás alguien debería levantarme, pero, ya no estaba cerca, en ese día de mañana oscura como en la costa, ni en ese otro país lleno de calles y cables y de iglesias hechas con concreto y altas como agujas, pero si estaba cayendo y nadie me levantaba y dije que alivio o que rabia mientras leía algo escrito en un muro y por la velocidad y por eso de que iba cayendo no pude entender, y luego estuve en la planta baja y varios hombres con cascos amarillos bajaban carretillas llenas de material y muros y varillas dobladas y todo lo amontonaban bien cerca de una puerta que ya no funcionaba y ya era más de cuatro meses y ya debían terminar.

Luego estaba yo caminando junto, y preguntaba cosas, y yo pensé claro, como si no me conociera y creo que eso era cierto, pues, cada vez que yo me acercaba y ponía su mano sobre su hombro, pues, yo pensaba que sería ideal iniciar una especie de relación, donde se sintiera algo más que nuestro dominio en temas y tópicos y eso de all about the dead, the local héroes and their guns, and the fabulous four sábado en calderón quizás algo que pase por el te doy un quiño, tú me das una patada, y Ramiro cobra a quienes se rían y eso era nuevo, un invento, como lo que yo al parecer respondía. En realidad preguntaba cosas sobre mi vida y yo no pude sino sentirme extraño, pues, la última vez que alguien me había hecho preguntas personales, y sobre esas cosas, ocurrió, pensé, como hace diez años. Entonces, quise creer que una persona que quería saber eso que ya no tenía importancia era alguien a quien debía conservar, y mantener cerca, para hablar cuando la memoria empezara a irse, y eso me motivó durante los siguientes diez años, y, la verdad, cada mañana me despertaba pensando el cuándo fue que me preguntaron y luego ya sumarían veinte años y algo dentro se inflamaba y luego ya estaba yo pegado al techo, y, desde allí disparaba algo que no era necesariamente una flecha pero sí, algo capaz de hacerme creer que todo iba a durar para siempre pero sobre todo dije viviré por siempre y eso también de al fin eres inmortal. Entonces estaba junto y decía eso de mi vida y lo que recordaba de ella cuando era un efebo y yo hablaba y yo estaba en mis palabras y en lo que hacía en ella cuando era un efebo, y vi que su cabeza se inclinaba como si quisiera decirme que estaba entendiendo todo eso que yo decía, y sentí ganas de que nunca llegáramos y luego desaparecimos, y luego los autos hicieron chu chú chu o era que calentaban los motores, o era que habían llenado el tanque con diesel, y octanos menores a la cantidades de ochenta y cinco y noventa y todos llegaban con minutos a su favor por la calidad del aire comprimido, y todas las talleristas entraban en fila, y un hombre entregaba unos recibos con el nombre de la cooperativa que auspiciaba el uso de aquellos transportes de color azul y muchas personas iban por la mitad de la acera con un niño en la mano y con una o dos bolsas blancas de las que salían los tallos de un planta blanca que remataba en algo verde, y además algunas de ellas estaban envueltas por una banda de goma de color rojo, y los semáforos, y nosotros y luego la calle inclinada, y nosotros levantando las manos antes de cruzar.

Yo no quería estar en ningún sitio y sin embargo estaba ya en mitad de cientos de personas que llevaban sus cochecitos de supermercado y miraban como si dos cuerpos pintados con acrílico o vestidos con lonas de yute o sin zapatos o dos sobrinos del presidente kenedy hubieran entrado, pero también éramos dos cuerpos y dos limones del tamaño de una pelota inflable y también dos gotas de agua que suspendidas en el aire parecían despreocupadas por caer o estallar, y también dos integrantes, uno de NIN y otro de OQOTSA y yo dije otra vez soy inmortal y saludé y la gente respondió son inmortales y todo el galpón se llenó de líquido pues ellos estallaron, y nosotros cerramos los ojos y la boca pero fue divertido, pues, eran muchos gustos y uno cree que algo así solo puede gusto a un plato de electricidad pero fue rápido, y eran pasillos para dulces, pasillos para detergentes, pasillos para almohadas, pasillos para pan, pasillos para legumbres y todos también antes de mirarnos habían estado suspendidos solo que no lo notamos.

Yo esperaba, y eso duró muchos días, y luego alguien dijo que mejor me fuera a casa pues ya empezaba a ser muy raro que yo continuara tantos días dormido en mitad de aquel sitio, y, además, esos días llegarían muchas personas durante muchas horas y era ilógico y que seguro yo los haría estallar como gotas de agua. En realidad ya estaba fuera del galpón pero de todos modos seguía mirando y buscando entre los pasillos y debajo de las bolsas de fab y de las cajas con arena y un poco dije era de esperar porque cada vez que nos separábamos terminábamos separados. También le pedí a una de las personas que me guardara el puesto y esa persona era un mermarciano disfrazado de persona porque dijo que no hay problema pero luego dije que debía ser un pepinillo o un rábano que acaba de perder su empleo, pues, los mermarcianos suelen ser más bajos, y su barriga era redonda, y este señor era una señora, y no la recordaba de los días en que el ocho estaba en el siete aunque acá siempre ha estado en el cuatro, y eso es lo que dicen incluso al trepar a un auto amarillo lléveme al canal cuatro. Luego estuvo la historia de la búsqueda y luego una especie de lucha entre lo que está bien y aquello que se ha vuelto nocivo, y ambos nos ahorcábamos y luego estuvimos tirados, y luego el suelo se puso frío como los muros de los almacenes sony pero en el suelo uno no podía contrastarlos con un fondo azul así que dije ayúdame a girar el suelo para que quede frente al cielo azul como en el almacén sony, o sea, entre el cielo azul y nosotros y luego las personas cayeron como en los filmes experimentales franceses, como hombrecillos azules y sin cabello o como como pequeños soldaditos a los que se los ha desnudado y que al caer preguntan por sus fusiles, y cabello, y ropa y luego ya no nos ahorcábamos y luego mirábamos los ingredientes de las cosas que llevábamos.

Un hombre preguntó si alguien quería que le preparasen o le enseñasen a preparar pan con canela y la gente tenía en sus manos unos tickets y en letras rojas se señalaba que era turno y yo miraba el gorro o boina del hombre y sus manos llenas de huesos y dedos y las luces eran fuertes y muchas personas salían con sus bolsas blancas.

Un hombre manejaba los autos y los autos tenían detrás del volante a otros hombres y era raro porque siempre anunciaban en los noticieros eso de que los robots ahora, los robots ayer y dije me parece que ya lo habrán anunciado, pero no me animé, y luego el hombre manejaba otros autos, demasiados en realidad y todos giraban y se detenían para que subieran talleristas porque ya era tarde, y ese señor me saludó, y al hacerlo los autos dejaron de moverse, y al bajar la mano los autos volvieron a eso de que estaban siendo manejados, y luego el hombre o yo me estuvo o me estuve manejando hasta dejarme sentado en un escalón.

Ambos estuvimos pegados, y luego el señor de los autos nos separó y las espaldas se estiraban como esas máscaras en las películas de joaquín bond o creo que era una de las misión imposible quizás la que dirigió bartolomépalma y luego estaba en el escalón y ya no vi para dónde tomó.

Dijo eres un mentiroso. Y dijo otras cosas que parecía conocer muy bien.

Las espaldas se estiraban como las máscaras de goma en la película de los triple espías. 
 
1996
110 min.
PAÍS



macdeep

Eso de ser inmortal ya no me estaba gustando, ni flaco, pues, intentaba caer y romperme algo pero solo lograba la inconsciencia y además pasaba noches enteras girando en mitad de la cama, y entonces una noche descubrí que quería dormir en la mitad del colchón, quizás entre los resortes o no lo sé, quizás con los brazos y las piernas abiertas como el hombre de Vitrub así que hice eso de la equis sobre la cama, pero no pude transportarme hacia el interior así que dije que sería buena idea llamar a Leonardo, para que me fabricase un cuchillo o un destornillador o alguna cosa para abrir el colchón. De todas maneras quedaba descansar demasiado pues ya eran varias semanas en que poco a poco, todos los talleristas nos habíamos contagiado del insomnio, solo unos cuantos habían corrido del sitio apenas sintieron esa presencia ya inevitable. Recuerdo una tallerista, a la que le faltaban dos créditos para terminar con su investigación, la cual sin decir una sola palabra dio vuelta y bajó los escalones cuando todo el sitio tenía la apariencia de siempre, y al mirarla, y tras llamarla algunos quizás solo recordásemos que caminó como si fuéramos voces en mitad de un mar y eso era como empujarla o como cubrirla por otro otro mar. De todas maneras no era la primera en salir del sitio, pero nosotros sí que estábamos siendo dominados a diario por la larga enfermedad. La enfermedad empieza con síntomas de cansancio y quizás se torna y se propaga en actitudes amenazantes que no pasan de ser juegos que parecen bromas, y que definitivamente son más amenazantes que reales. Lo extraño, la eficacia de la enfermedad radica en su duración; alguna vez escuché decir que las personas de cierto pueblo habían sobrevivido tres años sin dormir; yo creía saber que la vida en los pueblos era algo similar a un retrato oscuro matizado de días que carecen de un valor que no sea el de mantener a salvo el orgullo. Sin saberlo íbamos por un camino similar, y varias veces nos encontrábamos unos encima de otros, tomados de los hombros o intentando ahorcar a la otra persona usando su bufanda, usando las piernas como tijeras, recuerdo varias veces en que al mirar al tumbado esperaba que no cayera nada más que aquellas aguas filtradas pues no tenía otra energía, ni siquiera la necesaria para defenderme o cubrirme. Sin embargo, siempre encontrábamos a talleristas inconscientes en medio de la mesa aunque, quizás otros se fabricaban técnicas para engañar a la enfermedad aunque esto, también era pensar con delirios o casi dormidos.

Nadie podía engañar a la enfermedad pero quizás lo más parecido era, adelantarse a ella, esconderse. Parece que la primera enferma fue una tallerista de los barrios cercanos a Amaguaña. Otros dijeron que ella, tuvo algo pendiente en una institución de créditos donde realizó una investigación, algo respecto a porcentajes, en todo caso algo financiero y quizás algo menos importante, tomado como algo grande, sin embargo se la miraba llegar a deshoras, siempre con pretextos o explicaciones que nadie había pedido pero también sería por lo evidente de sus faltas; semanas enteras por las que los hombres de corbata azul nos preguntaban como si no lo hubieran hecho ya antes. Algunos llegamos a suponer que estaba cerca de emprender alguna inversión de riesgo, y que esa era su verdadera profesión, un poco manejar cosas por aquí, un poco vender y revender, chulco a baja escala. Varias tardes salimos a comer junto a otros talleristas, pero era más lo que callaba y por un impulso, quizás, muchos decidimos que era mejor tratar de entenderla en eso que evitaba. Con el tiempo las cosas fueron menos esclarecedoras, o sea, poco había que descubrir, y dos años después su aspecto era algo siniestro y en verdad asistíamos a un deterioro, ella y nosotros y la gran habitación, y quizás eso era lo que todos queríamos y lo que ella quería para sí.

Tal vez coincidimos todos en varios asuntos al mismo tiempo, y quizás todos estábamos más en otros sitios y esos sitios no podían salir de nuestra habitación. La habitación fue adecuada para brindar los mejores servicios y apenas nosotros empezábamos a adecuarnos a ella llegaban las cosas inaceptables, y las desapariciones. Primero eran las cortinas que tras su falta ya no nos protegían de los soles de mayo, cortinas bien pesadas que nadie explicaba cómo lavar o planchar y era que llevaban semanas desaparecidas. Luego el cambio de asientos, de lo individual a lo grupal, entonces tuvimos que realizar trabajos aunque casi siempre, en esas bancas sillas azules dobles, trabajaba el de la derecha, y el otro, junto, realizaba un ejercicio de aplicación, y luego el primero comprobaba si existían avances, y luego el otro daba la vuelta a la página para desplegar cientos de preguntas y entonces se levantaba a consultar con otras parejas, dos personas podían aprobar mejor que una.









Luego estaban las desapariciones de los aparatos inalámbricos, portátiles, cables, cedes de arranque y lentes de proyección. Enumerado esto y de esta manera, se constituye en documento infamemente histórico, pero, visto como lo haría un tallerista, en ese momento, resulta en otra lectura. Los talleristas apenas nos estábamos acostumbrando o quizás si apenas habíamos añadido estas informaciones y, sin aviso un día, todo fue un correr en otra dirección. La única dirección, supongo. El centro, nos habían advertido al inscribirnos, sería sitio para el esclarecimiento de ideas y para la práctica de diseños que podían no ser anticipados. Entonces nació la pregunta, y en ella, a veces, para alejar el insomnio, nos concentrábamos.

La pregunta era eso de sí acaso el gran sabotaje era una orden central. Luego todos éramos posibles culpables, y sospechosos, y pasábamos de ser saboteadores a delincuentes, y de empleados públicos a traidores, era como saltar de a a c y de b hacia cualquier lado y eso era bien desgastante. De todos modos pensamos que las desapariciones podían ser resueltas a través del circuito cerrado de teve, pero, eso de comprobar que algunos eran o éramos funcionarios encubiertos, necesitaba otra lógica. Sin embargo en los pasillos siempre se encontraba a talleristas hablando de cosas y preguntando sobre trabajos, saldos por caducar, dineros o préstamos de una o dos horas de talleres, cedes para presentaciones orales, listas llenas con firmas y números del trabajo social, y si uno se ponía a sospechar, podía inferir varios motivos y varios modos de ser íntegro sin serlo realmente. Con el tiempo aprendí a decir que no trabajaba en nada y que tenía unos ahorros de los cinco años que viví en la embajada, en Montevideo. Luego añadía, de modo atropellado, que si era posible nunca trabajaría en nada y que me iba a dedicar a criar animales y a sembrar mi comida, así tendría algo de tiempo para la producción artística. De todos modos en ese tiempo ya todos estábamos con la enfermedad y nada se quedaba en la memoria, y era como vivir en medio de una nube que salía o era el producto que quemaba en mitad de nuestro cráneo.

Es decir, quemar, y la nube, y la enfermedad, era, este momento.

Mientras más preguntábamos, más cosas inexplicables aparecían, pero, ahí éramos, varios, los que coincidíamos con los orígenes de las cosas. Luego un día intentamos contactar a la tallerista que alcanzó a abandonar la nave pero fue inútil, y eso que todos manejaban bases extensas y bastante detalladas de datos; yo también había diseñado una sistema de datos pero era evidente que llevaba otro nombre y otro avatar, y esas cosas impedían una comunicación fluida pero mi intención era la de salvaguardarme del insomnio, aunque, ya todo seguiría siendo inútil.
La tallerista podía darnos alguna solución, aunque, era más probable que el no tenerla hubiera motivado su escape.

Luego estaba parado frente al gran orificio pensando en cómo será eso de sentir los huesos rotos y en eso de mantener los ojos abiertos durante algunos minutos y luego eso de la pérdida de la luz o quizás algo como los años de vivir dentro del orificio sin que nadie sepa algo ni nadie se lo pregunte. A un lado del gran orificio habían, varios paneles con botones que no servían para nada y que al apretarlos hacían un ruido como de bisagra vieja. Muchas personas caminaban sin prisa pero tampoco con demasiada emoción pues yo estaba casi dentro del orificio, con una pierna estirada, como si fuera a probar por mí mismo, qué tienen dentro los orificios que unen los nueve pisos de un sitio; pero nadie decía o dijo algo como ten cuidado que puedes perder el equilibrio y entonces me decía o me dije que quien mejor que yo para hacerme perder el equilibrio pero ni caía, ni me volvía hacia atrás y simplemente seguía en un centro o en equilibrio como un paracaidista, y creo que apretaba los botones y nada ocurría y luego colocaba los dos pies en el suelo y entonces miraba a los escalones y le gritaba al primero en aparecer que si estaba de bajada, usara la vía rápida y mi mano le señalaba el orificio y ojalá me decía, alguno tomase el agujero para tomar el tiempo como gaseosa anaranjada y un poco para hacer algo distinto, pues, últimamente, todo era similar, las horas, las ventanas, el insomnio que duraría un año más, como mínimo, esas cosas a las que estábamos o estaríamos volviendo ya acostumbrados, y a las que vivíamos o viviríamos con cierto temor y cierta irresponsabilidad. Varias habitaciones semi vacías eran su resultado.

Eres un mentiroso durante algunas horas pero quizás fueron dos o diez minutos, pero ningún sonido podía extenderse por tanto tiempo; eso de la acústica pero quizás debíamos estudiar algo con respecto a los campos cuánticos, y, eso de las posibilidades de juntar varias trayectorias.


Eres un mentiroso y luego estaba en un escalón y luego eres un mentiroso y estaba con un marlboro y no sabía como encenderlo y eres un mentiroso y pensaba en amaguaña y en una caja con una galleta roja impresa en un cartón de trigo y quise comprar una chaqueta en llamas, y luego una piedra también en llamas.



Eres un mentiroso



22/1/14

de a a c sin pasar por b o como saltar y no bajar sin que alguien diga carajo aquí nadie se mueve! pero pensé que era salva y onomatopeya

Luego di varias vueltas y hacerlo se parecía un poco a conducir un auto por la mitad de una autopista en línea recta, sin variaciones de velocidad y con las manos tomando con fuerza el volante, pero en línea recta, y eso quería decir que las vueltas o el circuito de la pista era extremadamente amplio, tanto que no se sentía el cambio de dirección o el entrar en la curva, entonces en realidad no era totalmente recta y quizás el volante por momentos giraba ligeramente. Entre todas esas vueltas, en mitad de ese gran circuito, encontré muchos anuncios y muchos semáforos y todos tenían encendida una luz amarilla y los carteles anunciaban la próxima construcción de un edificio para la nueva escuela que llevaba por nombre a algún científico alemán de hace mucho tiempo quizás el dueño de Pzifer y en la foto o publicidad había un niño con una peluca de cabellos grises y un bigote también gris, y el niño miraba hacia la cámara y sacaba la lengua, y un lema acompañaba la foto, y uno no estaba muy seguro de si esa era la forma de relacionar futuro con pasado, a través de la ciencia, o si acaso los niños pronto ni siquiera necesitarían ir a la escuela, pues, al parecer, el conocimiento ya sería una cosa inalámbrica capaz de ser tomada y adherida a las paredes cerebrales como un capítulo de renhook y quizás los niños sacarían la lengua como diciendo las cosas que a veces a uno parecen escapárseles, algo como, que se yo, algo como Somos los niños, cuando llegues te daremos tu cocol. Por cierto que esa bebida debe tener algo adictivo, pues, mientras daba giros, encontré a muchas personas y muchos autos en mitad y a un lado de la autopista, y parecían esperar que un camión abriera sus puertas, y como no era navidad aún, ¿ya era? bueno, quizás en el camión, tampoco era semana santa, seguro habían bolsas blancas llenas de cocol, cocol en polvo, cocol en barra, cocol para beber, cocol para preparar y mezclar con mulgatol y fruta picada, y cocol de alto rendimiento pero esas cosas debían hacerse en sitios alejados, pero ahí estaban haciendo fila y había orden, pero no me quedé, pues, el auto seguía derecho sobre los invisibles giros de la ruta, y luego observé más carteles como unos rectangulares de color verde y letras plateadas que indicaban destinos como chimborazo, amaguaña, guayasamín, y también estaban impresos los promedios de los tiempos que podría a uno tomarle el salir desde aquel punto hacia cualquiera de estos lugares, y uno tenía ganas de conocer todos esos sitios y uno estaba tras de un volante y todas la agujas marcaban el punto más alto, o sea, que estaba a cien o ciento diez y los árboles pasaban por los cristales, rápidos, como masas o sombras o como cortinas o como árboles que protegían la montaña o como pirámides, y luego uno pensaba en que hacía falta el mapa de usted está aquí en este momento o ese de si usted estuviera aquí y en este momento, usted ya habría llegado y debería pensar en el regreso. Luego seguí derecho y pegado al parter en mitad de la pista y la línea amarilla me impedía y me avisaba en caso de desear pasar al otro lado, pero esa línea era concreto pintado con un color acrílico y era imposible que intentara tomar los otros carriles, además venían autos en sentido contrario y no podía arriesgarme a romper la suspención del auto. Un auto bajo, la serie SX de los SJ.

En realidad giraba en el séptimo piso y los carteles que encontraba eran los rostros de los otros talleristas que mostraban algo de sus futuros negocios y de sus próximas inversiones, y un poco caí en cuenta de que muchos se estaban convirtiendo en pequeños empresarios y ya existían planes para levantar edificios, es decir alquilarlos, para funcionar o fundar otras habitaciones y luego colocar unas sillas y luego una pizarra blanca, y empezar con eso de digan sus nombres, sus direcciones, sus planes, experiencias, sus vacíos y lagunas con el fin de desarrollar un sistema de empatía y de desarrollo transpresencial y estaban, parecían, de acuerdo y yo dije que alivio, y otros carteles me prevenían de riesgos ante el tiempo usado en la construcción de premisas, y otros carteles pensaban y mostraban un tiempo mejor, donde la tierra sola produce o produciría cosas y las cosas parecerían cortarse a sí mismas, como si ellas se bajaran de las ramas para luego subir a las mesas hasta sentarse sobre la porcelana, y viceversa hasta plantarse y hasta ir a a buscar al sol; creo, que solo faltaba un anuncio de árboles de salchicha, eso era gracioso, la imagen de un niño sembrando una salchicha descongelada y sin plástico, y luego el niño o en la misma viñeta, anuncio, arodillado pidiendo al cielo que por favor hayan más árboles de salchicha para acabar con el hambre mundial. Un tallerista miraba todo este despropósito y yo no puede más que preguntar en qué cosas no estaba de acuerdo, y hablar o escucharlo fue un poco como asistir a una clase en un centro con uno de los hombres de corbata azul, pero, que era, en realidad, como si mereciera llevar una corbata celeste, pero su posición era firme, eso trataba de demostrarlo, muchas veces, sometiendo sus propias ideas a sus propios criterios, como cuando dijo que no existían los despropósitos, pero también dijo que todo daba lo mismo, y creo que su contradicción era imperdonable, y también pensé que nada da lo mismo y que algo que tiene propósito es distinto de algo que no lo tiene, que es como hablar de singular y plural, y pensaba que la moral empieza a los dieciocho años, y yo asocié ser ciudadano con tener amigos que lo sometieran gritando el nombre de uno, y luego recordé que debía lavar los platos que llevaban amontonados varios días. Quizás soñé con santiagodechile y recuerdo que alguien hablaba de gimnasios ambulantes y para volver a dormir me dije que sin saberlo, muchos eran, en el mundo, una especie de gimnasio ambulante y luego estuve con las caras de los conocidos en santiagodechile y eran una especie de hombres con miraba larga y profunda y era como si estuvieran pegados al filo de la tierra, es decir, como si dentro de sus miradas hubiera una línea, el horizonte que se ve en los lugares planos, dibujado, grabado, y por lo demás muy normales, nada de vestidos extraños, y ellos, y los talleristas hablaban de ser necesarios, que los centros dependían de enseñar cosas como eso de la aptitud y eso de tener las cosas claras, y su presencia en las habitaciones era harto importante, y durante los tres años, varios talleristas tomaron sus cosas, y yo seguía soñando o estaba con eso de dormirme de repente, y sin decir hasta nunca federicolacroixe se iban borrando, y al día siguiente nadie notaba nada pero en el recreo o receso nos movía una especie de rumor. Vocaciones difiere un poco de vacaciones pero son horas de voacacionar. Tendríamos 23, 25 y a veces creíamos meter las cabezas justo cuando las papas quemaban y creo que esa era la forma de aceitarnos y teníamos como 23 o 25, y de espaldas lucíamos fuertes y luego M.B desaparecía en medio de dos hombres de corbata azul pero ya estábamos entre ellos, rogándoles que nos llevasen a todos, y ya éramos los gimnasios ambulantes, y era como si procuráramos poner en sus manos nuestras pesas que parecían rodar de sus manos pequeñas, y como nada era avisado uno se entretenía con sus buenas intenciones, y ya reíamos sin saber de qué se trataba todo, supongo era como hacer un poco de actividades entretenidas, lúdicas.

Todo podía caber dentro de un vaso con tapa de cartón a dos push de ser el planeta donde todos querrían vivir.

Luego rodé muchísimo y al caer estaba ya sentado sobre una de las sillas azules, y la habitación olía a kfc, y muchos huesos de pollo cargaban una caja de papas fritas y creo que se trataba de un cortejo de muertos; y ellos dieron una vuelta por toda la habitación, y nadie los miraba, y yo dije profesor hay huesos en el suelo, y el profesor los miró, sonrió y luego sin dejar de sonreír dijo ahora si nos buscan, ahora sí existimos, señores, SIEMPRE estuvimos, USTEDES, AUtoridades, son los que hoy están y mañana no se sabe, no lo olviden M I S E R A B L E S y luego dijo cosas sobre lo que se espera del centro, del diálogo público, de unas actualizaciones que no llegaba, y yo miraba a los huesos, que seguían su marcha hasta tomar rumbo por la puerta hacia el pasillo, y la gente hablaba de cosas únicas e imposibles como el diccionario dosmiltrece y los huesos seguían en dirección desconocida, y entonces un rayo cayó en mis manos y pensé emocionado que estaban yendo hacia el gran orificio. Luego hablaron de los deberes de unos y de las tareas como hombres de corbata azul, y las leyes nos quitaron los pueblos ancestrales y los boyscouts nos están volviendo militares. Estuve por ir hacia el agujero pero me quede cuando una tallerista dijo que le gustaban los militares, y como esa tallerista, era la única que me gustaba, como para que fuera la madre de mis hijos, le pregunté, pero fue como preguntar a toda la habitación si no quería mirar el cañon pues dentro estaban mis balas y una de ellas podía sacar de su útero un par niños que nos llamaran papá A.K y mamá M.B y también para que crecieran y nos dieran de comer sopa de acelga con pólvora pero ella se quedó callada, y además no era M.B, y seguro en la noche puso a alguien en aviso como para que sospechara de un tipo, que viste camisetas con la etiqueta hacia afuera como el actor de perdidos en tokio, en caso de que desapareciera, o la encontraran inconsciente, o le tomara horas conciliar el sueño o le llegara una deuda de préstamo quirografario con su nombre, como si fuera parte de la fila para sacar la clave. Me dieron ganas de ser militar, pero también pensé que ya lo era, y revisé mis documentos pero ahí solo decía que era latacungueño y de profesión estaba escrito algo sobre hacer películas largas y aburridas, y recordé que hace tiempo debía pasar por unas retenciones y luego dije que sería bueno ir a disparar en el desierto de riobamba a unos cuantos cactus o a las rocas, y luego llegar a casa, y también quise pensar más cosas pero luego alguien dijo que debíamos meterle con todo al cuestionario, y ahí estaban más de setecientas preguntas, y la prueba sería en dos semanas, pero para mí esas dos semanas estaban en otro lado, y estaba dispuesto a pasar de a a c sin pasar por b, y luego faltaban dos horas para el examen, y no había estudiado mucho, pero mientras salí por un marlboro dije que sería genial rodar mientras estudiaba y entonces rodé unos escalones, y luego creo estaba sobre los hombros de alguien, y estudiaba latín, y prefijos, y datos históricos y también miraba el borde de una acera o quizás era una calzada, y quizás estaba de cabeza pero ya faltaban dos horas para el examen de setencientas preguntas y si uno piensa que en dos semanas todo va a ser una mierda eso es lo que ocurre en dos semanas, solo que uno salta, y no importa quedar suspendido o como flotando, o como tirado por una cuerda.

Luego eres un mentiroso le daba sabor a los cuatro meses que faltaban antes de responder en mitad de la autopista, y eso ocurría en la pregunta trecientos y al entrar en la parte curva donde seguía pareciendo una línea recta. Pero eso, creo, fue en época de bolsas blancas y de un hombre con uniforme preguntando si queríamos, que alguien fuera a nuestra casa a enseñarnos a hornear pan con canela, y también habían árboles plásticos sembrados frente al estacionamiento. Pero luego eres un mentiroso.

21/1/14

clama ama

Un día alguien dijo vamos a tomar algo, luego yo encontré a aquel tipo cargando su bidón y tras darle una patada en el estómago corrí hasta la puerta principal y habían muchos guardias y una cámara que filmaba a quien entraba y salía y sin embargo ni con ese vídeo pudieron dar con las continuas desapariciones de monitores y computadores portátiles que ya venían siendo una costumbre, un hábito de tomar cosas y ni siquiera decir ya regresamos o es para una buena causa, ya sabe, causita. Luego estuvo el G, el O, la Y, la U, el H y F y yo sentados en el balde de una camioneta blanca y parecía que iba a llover pero la música de radio mickey y las continuas bromas hacían que estuviéramos a salvo de las cosas que estaban encima del mundo. Quizás y era una de esas noches de luna llena pues, todos mirábamos continuamente al cielo y quizás buscábamos otro sitio u otra compañía pero poco a poco las cosas empezaron a surtir su efecto y ya nada nos importaba y pronto anduvimos con los teléfonos en la mano llamando a personas que no sabíamos que existieran o que anduvieran cerca, era una cosa de no creer pues pedimos prestado teléfonos y luego debían andar tras de nosotros para que la llamada se realice solo dentro de la ciudad, así, durante algunos minutos y yo quería saber qué diablos pasaba y nadie parecía tener ganas de hablar de cosas serias y entonces dije es hora de quemar el centro y un poco de diesel y luego el cercado metálico empezó a dorarse y encenderse y era una llama mínima, y supongo no tenía a quien llamar pero la llama era pequeña y suficiente como para mirar los rostros de los otros talleristas que luego de haber dicho las cosas que querían, empezaron a inventarse eso de los pasos de baile, y yo los miraba, y ellos me empujaban y también empujé a un par de personas y sobre el balde de la toyota se produjo una cosa de paso atrás paso arriba y era chistoso ver como algunos intentaban no caer y usaban sus brazos abiertos como las alas de un aeroplano, y el aire era hermoso pero faltaba un ruido, y ese ruido era el que hacía el modem o la operadora, un sonido eléctrico que perturbaba los oídos para que luego uno soñara con cosas raras y esas cosas le hablaran y en sueños uno pensara que ha perdido toda la voluntad.

Luego alguien tomó una pilsener, no sé de dónde chuchas salió o quizás fui yo, y luego la estuvo o la estuve rompiendo en mi cabeza, eso fue rápido y mi cabeza ni sentía el cristal estallando y toda la agüita amarilla me bañaba y los gritos y la locura y luego dije beban de mi cuello y dije también al fin siento esa cosa del tiempo búlgaro más los colmillos del conde pero en realidad ya estaba en la cama o metido entre otros talleristas con eso de este tipo es peligroso y desde ese día las cosas eran hasta un punto y ya, o era eso de pero mejor si solo algunos, pero también pensé que era cosa de hacer ciertas apariciones especiales como en los programas de comedia cuando un actor ya tomado por retirado aparece como el familiar perdido o como el tío al que algunas veces lo vieron con la maleta en el hombro y vestido según los dictados de la moda, bastas anchas, jeans rotos, pantalones sin bastas, casimir con tres pinzas.

Luego dije es buen tiempo para subir y bajar los escalones, pero entonces estaba ocupado hablando sobre la tarea que nos quedaba y me dio un poco de rabia, pues, a esas horas uno debía tener ánimos para correr por toda la simón bolívar intentando que cualquier cosa pasara para terminar debajo de un camión conducido por un tronco o un árbol, pero en realidad uno había logrado tomar las curvas de tal forma que era ya imparable, involcable. Y además estaba eso de solucionar las tareas cuya nota era promedio principal. Nunca invitamos a uno de los hombre de corbata azul a buscar el fondo de la verdad oculta bajo la cebada, pero, quizás de eso dependía que las tareas proximamente tuvieran más tiempo para elaborarlas.

Quise entrar y acostarme en el asiento de la camioneta pero solo dejaron que me sentara en los muslos de las talleristas y ellas estaban ya dormidas o quizás solo roncaban y sus ronquidos parecían sugerir que la vida iba a ser larga y redonda, como el orificio de los túneles hacia la bota y las termas. Yo pienso que es mejor cerrar los ojos y dejar que las pesadillas vengan solas aunque parezcan el producto de un terror elemental como cuando a mitad de la noche se deja la carpa para ir a descargar y uno va con el pie a ciegas pegándole a cualquier cosa que lo pueda morder de sorpresa. La última vez descargué frente a un muro en mitad de un conjunto residencial y una pareja cruzó por la calle y yo levanté la cabeza y luego agité mi pollín para que vieran que era un poco considerado y porque no quería tener problemas del tipo usted está destruyendo el barrio. Mi descarga fue abundante, mi carpa era un auto estacionado y con las luces encendidas y creo que pensé que era injusto arruinar las calles adoquinadas; varios perros andaban a esa hora, saltaban de la calle a las aceras y uno dijo muy bien A.K. espero llegues completo y yo dije mejor dile a tu mamá que me preste su alfombra y luego ambos estuvimos mirando el pasto y una mujer de cabello oscuro nos traía botanas o papas fritas y algo de queso y yo dije no hay problema, es mi terapeuta pero ella dijo algo sobre la hora y sobre un programa que miraba en teve mientras preparaba lecciones. Me di cuenta de ser el último ya que el resto, los otros talleritas habían decidido esfumarse como las nubes y yo estaba pensando en ellos pero ellos sabiamente habían dejado de pensar en cualquier puta cosa y las cosas me empezaban a pasar como un tren a pesar de la pilsener, la alfombra, y el cielo con sus luces de programa de teve con lecciones para perder la razón. La mujer me dije, parece conocerme mejor de lo que yo mismo me conozco. Casi no me miraba y cuando lo hacía reconocía en mí a varios niños y a la vez a alguien a quien se debía tener cerca, eso es, pensé. Luego, al cruzar por la kenedy, los buses alimentadores no dejaban de sacar personas de su interior y yo quería que salieran pintados de verde pues ese era el color de los buses pero más bien salían y era como si dijeran hola chao día noche lunes sábado diego andrés amparo canción solentina de barcelona.

Luego estuve pensando en vídeos oscuros con huesos blancos bailarines.

Al bajar los escalones creí ver algo de la noche, pero, era un tarro de pintura en mitad de la puerta del baño y varias personas pagaban con reales y la luz era clara y suave y le entraba a uno las ganas de ser inteligente como para montar dentro del orificio y decir cosas para que el orificio al fin desapareciera o incluso para que respirara, eso de que podía ser un gran pulmón. Esto del orificio nos apasionaba, a veces, y nos obligaba a intentar definir su función y origen y algunos hablaron sobre dar clases en talleres de instrucción secundaria y muchos llevaban consigo una serie de documentos que serían, dijo alguno, la base de las nuevas relaciones didácticas. Yo empecé a observar materia muerta en todos los rincones inmóviles del centro y estuve cerca de tirar mi maleta hacia uno de los charcos en el piso siete y dije qué importancia tiene, si igual un día, iba a regresar impreso, y dentro de un libro que tú y yo íbamos a memorizar. Alguien me miraba, y luego empezó a preguntar si teníamos listas las diapositivas y yo repetí no que odiábamos las diapositivas y alguien más intentaba calmarnos, y añadí no vuelvas nunca A.K pero me callé para escuchar que ya decían eso de das pena y entonces hablaron de lo que ocurriría en el futuro y de escribir con cierto compromiso y de pensar en el lector.

Al rodar vi pies, y muchos cuadernos, y muchos apuntes, y la clase era una cosa seria y la materias debían ser aprendidas para no tener que luchar tras fabricar ayudas extras, y me ví como una estatua mirando al pizarrón, y al profesor, y era la pesadilla de perder toda voluntad, y las cosas ocurrían y uno las añadía, como asteriscos, para luego ponerlas en carpetas o para reciclarlas para otros talleres, y para dictarlas, aunque eso era harto complicado. Muchas clases, y cursos, y todos los zombies, y uno con el cerebro abierto y preguntándose qué cosas habrían del otro lado.

Luego soñé con un hombre de corbata azul y él decía que debían terminar los rumores.

Luego eres un mentiroso y al día siguiente un avión aterrizando o despegando a las doce de la noche y luego eres un mentiroso y luego el fondo de la cebada, haciendo blurrpps pero de la garganta salía soylent green y alrededor había eres un mentiroso.

Luego rodé y creo que estaba en los hombros de alguien que se había agachado, pues, miraba y pude ver bordes o una acera gris y luego vino eres un mentiroso.

Creo que ví mi cabeza clavada en un escalón, un sueño, porque eran como las diez de la mañana y yo tomo talleres a las dieciocho, fue eres un mentiroso poniendo cosas para que la noche sea memorable, puente entre tres décadas. Mi cabeza, la frente, empotrada perfectamente en un escalón de concreto y mis ojos cerrados; parecía que dormía, pero eran las diez de la mañana y yo tomo talleres a las dieciocho. Loco, ¿no? La esquina desapareciendo en la frente y encima otros escalones y apenas un hilo rojo y mis ojos cerrados pero no dormía porque yo tomo talleres a las dieciocho y parecían ser las diez.

Hear My Mole A Coming

Un día me puse a gritar su nombre por todo el sitio. En realidad me acerqué a una puerta y llamé, luego levanté algunas rocas del material que se había tirado a un lado del sitio, junto a unos motores bien grandes como si hubieran sido los motores de un barco, y llamé; luego encontré una habitación llena de equipos para transmitir notas y artículos de opinión y sobre una mesa cubierta con una franela verde como la de las mesas de billar había un micrófono y luego de encenderlo volví a llamar y el sonido no salió de la habitación porque nada estaba conectado y faltaban algunos transistores en la radio. Junto a la puerta principal, un negocio de alquiler de llamadas teléfonicas y esas cosas de la cobertura inalámbrica tenía encendido seis computadores y eran pentium cuatro con windowsxp y alquilé cada una durante dos minutos y en total pagué un dólar y veinte centavos por las seis porque salió menos de quince minutos y en ellas usé el skipe para llamar y llamé de la misma cuenta pero previamente cerrándola pues no permite usarse en distintas máquinas al mismo tiempo y eso debe ser porque no tengo una cuenta premiun y también le pedí a una tallerista de pantalón azul que me recordaba a un pitufo que llamara y luego estuve en el parqueadero pero antes al caminar por los pasillos encontré varias motocicletas estacionadas y algunas tenían los cascos negros o pintados de naranja sobre sus asientos y les pedí que llamaran pero no tenían las llaves así que quité la tapa de los tanques de combustible y llamé dentro y luego varios talleristas empezaban a llegar a clase de las cuatro y a todos ellos los llamé parándome en mitad de su camino pero parece que tenían apuro y otros andaban con varias carpetas verdes debajo del brazo aunque un par de talleristas llevaban bolsas blancas de cartón y parece que en ellas habían botas con tacos larguísimos o quizás bufandas y llamé dentro de una de esas bolsas de cartón y luego dentro de una de las botas de cuero y luego llamé a una tachuela que sostenía el taco a la la suela, y también llamé al cuero y era cuero de verdad.

Luego estuve llamando dentro de los tubos de escape de un auto citroen y los citroen son autos que siempre me han gustado porque me dan la impresión de que con uno podría vivir en latacunga o en carchi o en salcedo y el citroen siempre estaría a mitad de la mañana en mitad del patio y solo tendría que preocuparme por francia y el tema de los impuestos pero intentaría cambiar el aceite con frecuencia al igual que el filtro de gasolina aunque luego me dí cuenta de que llamaba desde el tubo de escape de un fiat y los fiat son buenos pero ya nada es como antes y mejor me alquilo un lugar cerca a la gasca o a la pp que es lo mismo que jj, o sea, no es patricio paredes ni julio jaramillo entonces buscar algo en la pp que es la pablo palacio o la jj que no es julio jaramillo sino jais joplin, digo, joaquín jerez y regresar del centro caminando e ir al centro cuando falten cinco minutos y me olvido del citroen y no gasto en bujías o en el disco de embrague, ni me meto a participar en esa promoción de cambio de aceite de por vida pero luego dije mejor llamo en aquel ford aunque esos ford parecen autos resistentes al agua y por eso me fui a un baño a llamar desde el grifo y luego desde la máquina que sirve para secarse las manos pero sin encenderla y aproveché para llamar desde la jabonera o máquina de shampo o jabón líquido y desde un desagüe en mitad del piso pero también llamé a los focos o luces que colgaban y también al interruptor.

Había una cuadro hecho con fideos colgado de una de las paredes de los pasillos y llamé parado frente al cuadro con varias talleristas caminando detrás y muchas llevaban flautas dulces en las manos y me parecieron familiares y dije llamen, oee, llamen, y ellas iban con la flauta en las manos y buscaban una habitación y una mujer de corbata azul las dirigía hacia una habitación oscura y pensé que debía recordar esa habitación así, oscura, y mejor me fui a llamar a otro pasillo y llamaba, gritaba su nombre y llamaba y en la ventana de las fotocopias había mucha gente haciendo fila y solo una persona atendía y al pasar tras de ellos, llamando, todos se congelaron pero mejor seguí, no vaya a ser que después me pongan un palo de helado en la cabeza, el cuadro en el pasillo estaba hecho con eso y con avena y formaba el nacimiento de un niño dios y el niño dios me miraba desde abajo de un palo de helado que era el techo o la puerta de su choza.

Luego seguí llamando por todo el sitio pero de nuevo estaba en un estacionamiento y pensé esos ford podrían flotar en una laguna y luego llamé desde un vitara y era ese modelo que parece jeep de guerra koreana cruzado con ambulancia y luego un guardia dijo algo y yo le pedí que me prestara su walkietalkie y llamé pero el aparato antes hizo ushhhhhhhh, ushhhhhhhhhh y luego encontré un marlboro en mitad de mi bolso para portátiles y con el llamé, o en él llamé, la cosa es que lo tomé con los dedos y al acercarlo a mis labios dije su nombre.

Luego dije que mejor me voy a sentar y en el octavo encontré una banca sin usar y quizás llena de polvo y con la poca iluminación todo era posible, por si acaso ahí también llamé. Luego me dio mucho sueño y como pensaba entrar a las siguientes clases dije esa es, eres pez. Me tiré en la banca y al cerrar los ojos creí que los miembros empezaban a desarmarse. En algún momento de mi improvisada meditación pude ver el centro de mi frente y ese era un punto brillante y lejano, un poco más allá de la punta de mi nariz pero con una forma similar y además había que esforzarse para observarlo, pero igual ese momento creo que sin querer o queriendo logré eliminar todo, y solo creo que yo ya flotaba como el conejo de los jefferson, y casi me pongo a cantar eso de feed your head, fid ur jead pero todo era sobrenatural y apenas un rumor y un minuto de aquel estado era como haber dormido dos horas en mitad del día y eso quería, dormir un minuto que pareciera ciento veinte y aproveché para llamar por si acaso y usé los miembros y de paso los atraje antes de que algún vértice se los tragara, y con la mugre debajo de las uñas pronuncié su nombre y con el bizcocho que cuelga entre las piernas en mi boca también llamé, un poco intentando inflarlo, y haciendo una bola al cabello para que no se lo tragara un gato también llamé y usando las rodillas y me entraron ganas de decir o decirme hiiiijo de la rodilla y también llamé y lo mismo metiendo el centro de la frente que era como la punta de una pirámide en los oídos y el botón arrugado del culo y en unos bazos que andaban por ahí cerca flotando y pero en los intestinos no quise, así que allí solo miré y también en un músculo que parece que va en la parte interna del muslo.

Y llamé y llamé con todo y en todo lo que encontraba.

Al rodar por las gradas o eso fue otro día, ya no recuerdo, llegué a casa y en casa, sobre la almohada había un libro de pastas rojas, parecía un diccionario, además tenía un membrete blanco pegado en la pasta, en el centro, cerca del borde superior. Me gustó ese libro, parecía un diccionario.

Luego vino eso de eres un mentiroso y luego mejor me puse a buscar cómo se escriben algunas palabras usando el wordreference y el google pero estaba a punto de aburrirme y no por las palabras o por buscar sino porque necesitaba escuchar algo y mejor puse

Jimi Hendrix - Midnight Lightning (Full Album) 1975 

pero estaba aburrido como casi todos los discos de jimi aunque jimi es bueno, pero, a veces es como muy... pero bueno luego vendría otra vez eso de eres un mentiroso. Pero ya sería en casa y posiblemente se pensaría que está ocurriendo en un lugar lejano y mientras pasara su tiempo hasta que estudiaran las direcciones quizás yo ya estaría en mitad de un sueño o casi cubierto y a salvo como un topo y los topos en los dibujos animados eran como pequeños neuróticos que gritaban denme mi oro, denme mi oro con voz de loco como en esas películas del conocimiento el valor y la sabiduría donde hay uno al que llaman mi precioso pero acá el topo decía denme mi oro y el cielo era estrellado y el dibujo animado usaba mucho los tonos púrpuras sobre todo en el cielo y a la noche y se supone que estaban en un asteroide en mitad del universo y quizás el tercer planeta es un gran asteroide y seguro luego vendría el eres un mentiroso pero espero ya estar en la mitad de la frente y esta canción sí está buena es el minuto 10:47 y luego leí que los científicos descubrieron que vivimos en mitad de un hoyo negro y eso es normal y por ello se desprenden partículas de la piel y llamé pero era que estaba llamando en un agujero dentro de otro agujero.

18/1/14

Papel del papel

Aquella tarde el sol reventaba sobre los cristales aunque también el cielo brillaba anaranjando lo que quería significar que apenas si luego necesitaríamos encender todas las bombillas. Yo la verdad andaba con todas las ganas de tirar piedras hacia las bombillas en la acera, así que pronto empecé a actuar de un modo ambiguo. Lo gracioso era que nadie pensaba que lo hacía en serio aunque intentaba ser y mostrar una veta violenta y más bien pronto estaba rodeado de talleristas que me metían las manos en el cabello y talleristas que se subían a mis hombros y empezaban, sobre ellos, a cantar, o gritar pero supongo que hacían una especie de llamado como el que haría un tipo de mandril, uno de esos códigos en medio de zamora o del napo, si las habitaran mandriles. Luego di varios pasos en medio de las bancas y lo hacía retirando a uno que otro tallerista que se había sentado sobre las mesas o que leía algún libro de pie, interrumpiendo el paso. Las lecturas más comunes por esos días eran los de una pequeña colección del sello tusquets, libros de autores como w. allen, h. hesse y m. kundera. La portada del libro de kundera me produjo expectativa y en realidad sentía una especie de agradecimiento para con la editorial pues al fin se había hecho algo medio decente y ya las páginas del libro no eran simple y costoso papel bond. Por lo general se podía encontrar parejas leyendo en el sitio, sentados en el piso y con la cabeza arrimada en el hombro; a veces sucedía en el piso siete, a veces en el nueve, y mirar a otros talleristas y de otras escuelas con un libro en mano era extraño. La mayoría de veces que uno caminaba entre escuelas y viceversa o desde un auto hacia otro o desde una moto o desde la estación seminario y entrando por la europa hacia la puerta principal del centro pues, raro, imposible, todos o muchos parecían talleristas excesivamente apurados o excesivamente entretenidos pero los libros no parecían ser una prioridad u objeto de ocio. Con esto de los libros me refiero a una persona que abre un texto que no sea parte del pensum de su especialización o uno propio y que haya salido de la biblioteca y mejor si no se trataba de una fotocopia. En realidad todos parecían  tener otras cosas que hacer. Creo que nuestra especialización le estaba dando una importancia casi irreal al libro de papel y era porque nosotros aún pertenecíamos a una sociedad o gueto que compraba, leía, vendía, intercambiaba, robaba, cortaba o incluso intentaba hacer sus propios libros, una especie de sociedad muda y rara que parecía disfrutar de su anonimato. 

El culto nos llegaba tras varios años de lo mismo, o sea, algo así como vivir en la costumbre. Con ratos de ocio nada como sumergirse y a veces esas cosas que uno leía se volvían bien fuertes, bien certeras que borraban el piso y uno debía someterse a una especie de caída sin momento de inicio y mucho menos de finalización o a veces era que las cosas como un piano o un ascensor parecían caerle a uno. Era bueno, pero a veces uno debía volverse una especie de araña para no ser asaltado sin previo aviso. Por ejemplo al leer cosas como la de los siete fantasmas que regresan a casa y la encuentran limpia y ordenada, uno tenía para pensar en todas las historias del hombre que se pierde o que sufre alguna especie de amnesia y entonces uno sabía que tarde o temprano terminaría salpicado por una de esas oraciones del tipo oración de aprendizaje. También era interesante pensar las historias de aquellos hombres que se terminan traicionando tras regresar a mirar hacia algo que se ha ido, cuyos cuerpos terminan intoxicados por un virus que no les deja espacio y luego son una cecina que se despedaza en 150 páginas. Eso lo ha escrito DeLillo, lo ha interpretado Bardem y lo viven muchos de los pequeños traficantes que por ahora andan comparando cosas sobre los hombres del rey y algo sobre el hombre que se dedicaba a vivir de las rentas de una máquina para hacer cómputos cuya patente y derechos se la debe a su padre, de quien también deriva el nombre de la fábrica que produce esa máquina para calcular. De todas maneras al libro lo hemos vuelto un objeto inexplicable pues al tiempo que responde ciertas cosas se da los modos para dejarnos varios agujeros.

El libro hecho de la piel de esa serpiente que se come su propia cabeza y el interior del libro es la serpiente respirando.

Yo intentaba no rodar demasiado y por ello en un momento decidí quedarme de pie y encender un marlboro y a fin de cuentas uno podía hacer muchas cosas en el sitio pero uno estaba dejando cosas para el final. También quería borrar aquellos muros en los que aparecían mis nombres acompañados de escritos repetidos de manera desordenada e irreal que pronosticaban sitios en los que pronto estaría. Uno de ellos era berlín y esa ciudad me llamaba pues sentía o creía que allá viviría algo irrepetible o, quizás también podía ser que me tocara repetir las cosas que llevaba percibiendo y que creía eran los sueños de otro. Creo que pensaba con emoción que allá sería imposible hacer muchas cosas y estaba seguro que todo iba a ser como ir en contra del mundo. Esta idea puede estar derivada de una sensación de orfandad o de un tipo de aislamiento. Recuerdo que para consultar sobre esta futura idea, llamé a X pero X dejó que mi llamada pasara al cajero automático. Su personal ATM. Luego llamé a C y C tenía la línea apagada o quizás, pensé, me ha colocado en desvío de llamadas. Luego continué llamando, en realidad a toda la fila de letras que seguían en la agenda; a x y c, y luego usando una portátil o sea era presionar en orden V B N M ; : _ shift y todos andaban en sus cosas o supose habrían cambiado sus números o dejarían la línea y las maletas y sus viandas tupperware en casa. Luego quise hacer un amigo nuevo, si aún quedaban viejos, pero mi aspecto siempre dejaba cosas y cabos por atar y en realidad uno respiraba del tamaño de dos aerostáticos y luego era mejor dormir y dejar que las cosas huyeran y luego era mirar al techo y hablarle hasta que un nuevo cansancio me contaba que no le era indiferente que le hablara cuando estaba en el techo. Cansancio que salta del cuerpo hacia el techo. Daba igual estar o respirar o bailar o tocarse el vello en los muslos y luego empecé con los cálculos pues dije que era buen momento para comprar un auto amarillo para salir todos los sábados, siempre y cuando llevara una chaqueta militar, un perro al que le guste traer cosas de vuelta y un pequeño revolver marca Schoereder.

Bajé para colocarme sobre sus hombros de líneas tan delicadas y perfectas y sobre todo rectas y creo ahí encontraba mi gusto por mirar filos y bordes de muros sobre el fondo azul del cierlo y era como si llevara un par de tijeras sobre los homóplatos y quise que me decapitara al cerrar sus brazos, tras saltar hacia una pileta pero antes diría quiero ver que hay dentro de esas dos piscinas y las piscinas tendrían varios filmes con escenas como esa en la que el ojo de la bruja tuerta muestra como un adolescente muere tras hacerse varias pajas sosteniendo una playdude de 1969 de portada blanca, letras rojas y con mis mayo tocando los tobillos y sonriendo a cámara y en las dos piscinas yo ya tenía pensado ver mi cuerpo levantando la espuma y luego la espalda doblada y formando un ángulo y el agua subiendo en un movimiento eternamente aletargado y también escenas aburridas como en esos filmes donde uno debe poner ff para que parezca un filme de velocidad normal. De todas maneras y al desplazarme sobre sus hombros, creí que buscaba algo en el suelo pues pude ver unos bordes que debían ser la acera y también unos pies que parecían avanzar con prisa. Yo quería seguir sobre los hombros mirando alrededor y el clima era casi fantástico porque el cielo era una cosa anaranjada y pensé lloverá algo dulce y levanté la boca esperando el refresco. Podía estar de ese modo durante varios días, yendo, regresando, perdiendo los sentidos en mitad de la calle o sobre una acera y contando las cosas más graciosas que podía inventar o que otros habrían vivido y eso de mirar bordes y tener la sangre bajando por el cuello hacia la frente. Luego dije, tengo uno y empecé con eso de  

Estaba una pizza llorando en el cementerio, llega otra pizza y le dice:
¿Era familiar?
No, era mediana...

Al parecer luego perdí la cabeza pero creo que fue cuando uno de los autobuses azul cerró sus compuertas.
Luego llegó eso de eres un mentiroso y quise creer que sabía los significados pero muchas cosas venían cambiando desde hace mucho tiempo y yo ya no inventaba nada y tampoco lograba asociar muy bien. Luego pensé que eres un mentiroso me conocía. Todo lo era y todo lo conocía y uno era bajo eres y cono ciento cuatro y cinco y doce. Luego repitió eres un mentiroso.

17/1/14

Hacela cortita

La droga es más peligrosa que el diablo. Recuerdo esa frase pronunciada por el poeta peki en una de sus interpretaciones como hombre de sombrero, revólver, traje azul y mirada de todo está perdido y no intenten estas cosas en casa niños. Miro que muchos de los talleristas se han vuelto pequeños traficantes, unos, los menos, llevan las cosas en orden y con bien bajo perfil pero otros empiezan a actuar y lucir como verdaderas granadas y al mismo tiempo andan buscando sus seguros para no hacer bOm. Cómo es eso? Pues es como salir de casa llevando el refrigerador en la cabeza o quizás como manejar un maserati con los ojos vendados y desde el asiento de pasajero con un palo de escoba y con unas sogas amarradas al volante o también como disparar una ráfaga usando un M16 y con los ojos vendados y luego el braammmm brammmmaammm acaba con los pequeños bulldogs de un criadero en cumbayá y en uyumbicho y en calacali y esa noticia pasa en el noticiero con la romero aguantando el llanto.

Titular del día siguiente: Buenas noches don psicópata, respuesta: Buenas tardes paramédico.  

Hijo de puuuutaaaa dijo él y tras de mí venían talleristas y luego entraron a la habitación empujándose entre ellos y mirándose las caras sin saber si callar o buscar a alguien o quedarse curiosos a escuchar esas cosas y otros talleristas miraban al hombre que seguía de pie en el pasillo con eso de dar las buenas noches y creo que intentaban entenderlo o quizás ya lo conocían pero no querían ni podían volver a creerlo y empujaron y luego ya ocupaban las sillas azules.

En algún punto todos tiritaban, era cosa de acercarse para notar que sus cabezas vibraban de lado a lado como esos juguetes que suelen colocarse sobre el tablero de algunos autos. Una cosa rara e imperceptible pero que estaba ahí, igual sus cuellos, sus manos, todo en realidad, un cuerpo gelatinoso. Qué más? decía yo, y uno de ellos me saludaba colocando su mano en mi hombro y era gracioso y algo parecido al terror sentir cómo esa mano pronto se desvanecía. Bueno, esto había empezado ya hace mucho tiempo, ya las cosas habían pasado de los hechos presenciados por pocas personas a rumores dichos en voz muy baja y de allí a una especie de laboratorio para poner a prueba las teorías y todos éramos bien observados, todos culpables. Aquellos pequeños traficantes solían actuar en clase y talleres de un modo singular, y a veces respondían custiones que nadie aún había realizado. Viajaban al futuro. Alguien dijo que ellos eran demasiado impertinentes o demasiado desubicados o un producto de los vicios de la ciudad y de la calle y todo sonaba medio tendencioso. Yo solo pensaba al verlos entrar en la habitación, que la cosa iba a ir de patas o que por favor nadie dijera algo que pueda ser asociado, cosas de la educación dialéctica, pero siempre era demasiado tarde y luego pensé que lo mejor sería sentarse y observar, escuchar y tomar el viaje y alguien comentaba algo y las sensiblidades extremadamente rojas aullaban como un gato que ha comido pero que piensa que puede o debe o que nunca comió y maaauuuuuuuuuuuu. Esas eran las granadas. El bOm. Algunos hombres de corbata azul se permitían un silencio o simplemente dirigían el asunto hacia un sitio pleno y sobre todo imparcial, es decir, se volvían doctores y toda la habitación una especie de hospital.

Durante algunas semanas las cosas caminaron de manera distinta y ese clima duró quizás algunos meses. Ya no ocurrían los escándalos mínimos pero empezaron a florecer los pequeños acosos entre talleristas. Se iba de un sitio a otro pero nunca se estaba en el mismo sitio y eso era saludable, pero alguien quería que creyéramos que habían cosas que estaban desapareciendo y que había gente que nunca más iba a volver. Algunas talleristas respondieron a la lista pero luego nunca más regresaron y luego alguien añadió que ya que no aparecían era porque se las llevaron a La Maná. Allá se conoce de traperías y de gente que vive de embriagar al país mediante una distribución de la que no se sabe mucho y quien sabe, es un territorio hostil pero eso fue solo un rumor. Durante esas semanas los pasillos tras el final de la clase, solían llenarse de tipos que generalmente solían estar dentro de la habitación o fuera de ella pero en otros sitios, y en otras escuelas. Ahora, es decir, esas semanas muchas personas charlaban de un modo alegre y desinteresado y eficazmente ambiguo, creo que fue un buen tiempo para tomar coquitacola debajo de una higuera cargada o en el balde de una camioneta mazda. Los talleristas parecían saber lo que hacían y quizás las personas que empezaban a retirarse estarían por volver, quizás cuando los pasillos volvieran a ser el lugar acogedor de los primeros años. quizás todo era un rumor y solo enfrentábamos un saudade.

Luego empezarían cosas bastante escandalosas y luego ya habían tipos que parecían dejar un rastro de la arena que los había cubierto y además llevaban hacia todo lado unos bidones llenos de combustible. El día en que uno de ellos intentó encenderse en vivo fue una especie de punto sin retorno, quizás un punto sin retorno falso, aunque ahora las cosas andan sospechosas y todos somos de algún modo un grupo sin ningún tipo de organización política. Aquella noche varios poetas como el crisisnoroña, como el guaytambo oñate o el guaytambo oquendo o la pelirroja lasso leían sus cosas frente a un auditorio poblado en su mayoría por futuros maestros de secundaria y otros de lengua para el bachillerato. Entonces como por una coincidencia tras la lectura del gilgilbert, entró en el salón el antiguo espíritu de mal. Antes ya habíamos hablado, eso ocurrió en el momento en que algunos buscamos nuestros marlboros y de repente fuimos tres más el espíritu, outsiders tapando la puerta principal, y junto a la puerta, en una placa dorada decía: Salón Principal del Centro 3 de Investigación. Ahora que lo pienso son muchas las razones para que sean pocos los proyectos y muchos los Por qué no se puede prestar el salón del centro 3?. Uno de ellos se abrió paso por el pasillo donde no había nadie, porque estábamos en las bancas mirando al escenario y entonces tras repetir las palabras de gilgilbert el hombre alzó el bidón dejó que su ropa absorbiera la cosa y luego del pooooooooooooom venía el tschhiiiiss y luego el oooaohohhhhhoiiiiiiiiiii o algo así como el monje en la portada de RATM. Pensé y luego escribí: La poesía sigue siendo una versión mística y romántica de lo que usted jamás conocerá a menos que baile "Estaba en llamas cuando me acosté".

Alguien saltó encima del espíritu del mal y casi hubo tschhiiiisss pero al final no lo hubo y ambos se besaban sobre el pasillo. Luego empezaron con eso de todos me parecen culpables y creo que todos ustedes se van a la UPC. Luego, o ahora, pasamos o estuvimos debajo de los tumbados húmedos y creía que de verdad muchos de nosotros teníamos alguna responsabilidad. Luego pensé que era importante y peligroso andar haciendo cosas que no se podían y en realidad no se debían explicar. Eso. Todos ahora debemos cientos de explicaciones y quedan los talleres prácticos para ello.

Oreja de efebo.

Luego vino eso de eres un mentiroso.