ORACIONES INTERROGATIVAS TOTALES
Párrafo mixto
Facebook
Es posible husmear, mirar dentro de todos su logros, enredarse en cada uno de sus fracasos, ser engañado, es decir creer que sus vidas han tomado un rumbo propio y digno de la venia, de la felicitación y del aplauso. Cada vez es más común encontrar a viejos conocidos, familiares, ex novios, amigos, vecinos a los que no se ha visto en muchos años en este gran recolector de rostros, en este infinito Care libro, o en inglés, facebook. ?Usted ya ha creado su perfil? Yo lo he hecho, yo he husmeado en la vida de conocidos y de varios, intereantes desconocidos. Queda recomendar, quedar pedir que si queire ser estudiado no pierda tiempo, son pocos los pasos que debe dar para entrar en este club, el más grande en la actualidad, nada más llenar una ficha, colocar datos referentes a sus intereses, a su formación y claro una foto actualizada para que al ser buscado, para que cuando alguien de los muchos que habemos coloquen su nombre en algún buscador, den con las arrugas, la calvicie, la rinoplastia o el debido tuneo, que tanto y tan poco nos ha costado alcanzar.
ORACIONES INTERROGATIVAS PARCIALES
Párrafo sintético
La lectura
Leer es comprender un mensaje escrito, descifrar, interpretar, relacionar las ideas, las emociones y los sentimientos de un autor, reaccionar aceptando o rechazando estas ideas. Lees es una actividad profundamente relacionada con el acto de escuchar, hablar, ver y escribir. Recordemos que la lectura es un proceso de comunicación, es decir, está compuesta por un emisor que es el autor, un canal que es el papel impreso, un receptor que el lector y un código que en el caso de nuestro continente es por mayoría el español. La lectura afronta una serie de problemas como la falta de interés de parte de las generaciones jóvenes a causa de distracciones y la falta de tiempo. Otro problema que afronta la lectura es la sobreoferta de información, de títulos y de libros que solo en España son como 40 mil títulos nuevos al año. La pregunta ante este mundo donde la cultura es la información equivale a ¿Qué temas han tratado los libros que ha leído?
ORACIONES INTERROGATIVAS PROPIAS
Párrafo analítico
Respuestas
¿Cuál es la mejor respuesta? Las respuestas breves son utilizadas mayormente en casos de selección múltiple, verdadero o falso, o en pruebas que permiten completar la oración. Es muy posible, para casi un 90% de los alumnos, obtener resultados positivos en sus evaluaciones de respuestas cortas, debido al trabajo de previo de evaluación y memorización. Las respuestas largas suelen venir acompañadas de reflexiones esquematizadas muchas de las veces a manera de ensayo corto, de donde se expone una serie de subtemas alrededor de una idea principal que suele ser el núcleo del tema contestado. Estas respuestas llevan más tiempo por lo que que a veces combiene contestarlas en primer lugar, ya que además, al ser más complejas suelen ser calificadas de una manera distinta, empezando por otro valor, mayor, y por la sintaxis y la precisión a la hora de juntar y contraponer ideas. Este tipo de respuestas suelen ser característica de los exámenes finales donde a veces resultan en exposiciones orales.
ORACIONES INTERROGATIVAS IMPROPIAS
Párrafo mixto
FIN DE AÑO
El fin de año es representado por medio de monigotes con forma humana, de héroes del cine y los cómics, de villanos o seres venidos de otros planetas y también de animales mitológicos, y de aquellos que habitan las profundidades de la tierra, del mar o de la selva. Es posible encontrar estas representaciones acompañadas de carteles que escritos de manera clara y breve que suelen parodiar, vulgarizar o ridiculizar hechos o frases dichas que por su importancia y su repetición han calado en el imaginario popular, aquel que recuerda a las figuras públicas tanto por sus buenas como por sus malas actuaciones u obras. ¿Los monigotes aprendieron a hablar? Estos monigotes y sus frases o diálogos escritos sobre cartón son cobijadas por un techo de paja aunque la tradición mande a buscar en los parques más cercanos la consabida rama de palmera, de palma africana que tan bien se da en estas latitudes con la que no solo se realiza el techo sino también las paredes, las gradas y los sótanos de aquella morada para el monigote-año viejo. Este treinta y uno de diciembre se celebra el fin de año en todos lo países abrazados por la cultura cristiana y de ascedencia occidental, o regidos por el calendario gregoriano.
ORACIONES INTERROGATIVAS DIRECTAS
Párrafosintético
Desarraigo
Según el diccionario que no es de la lengua española lo
explica como la falta de interés por el medio en que se vive. Es posible no percibirlo, dejarlo ser como dice la letra de una vieja canción, incluso verlo pero hacer de ojos gordos, de ojos ciegos, hacer de tripas no solo en corazón, hacer de tripas el ombligo, la piel, el ánimo, las emociones más humanas de empatía, de identificación, es decir, cambiar los músculos por acero, los orgános por circuitos o placas o bombas que funcionan a gracias a sistemas de engranajes, gracias a descargas o explosiones alejadas de la esencia que nos hace, nos hizo nos ha declarado como animales, animales que reaccionan y luego como humanos, humanos que colaboran. Es una introducción para nada breve, más bien prepara el terreno para la pregunta, es decir, peina el terreno con el fin de dejarlo blanco, fértil, apto para ser contestar esta simple pregunta: ¿Quién es usted?
ORACIONES INTERROGATIVAS INDIRECTAS
Párrafo analítico
Cine
No entiendo cuál es el secreto. Esta línea es parte de uno de los cómicos diálogos presentes dentro de la nueva pélicula dramática del conocido director búlgaro Alexander Jodorosky. El drama sucede entre dos amigos homosexuales que deciden convertirse en pareja durante el conflicto armado de la guerra fria en su país. Este disparador sirve para contar las vidas complejas del círculo vicioso que los rodea, traficantes de armas, negociantes que cambian víveres por joyas u obras de arte por debajo de la ciudad en un submundo, es decir, bajo la ciudad que despierta sin saber que bajo sus cimientos hay una vida subterránea donde se deciden las vidas de aquellos que han decidido no llorar por la guerra, ni pelear en ella. Mientras tanto en la superficie y bajo el dominio del estado y de sus máquinas de censura y clausura vestidos de verde y protegidos por sus fusiles, dos amigos de la infancia, parecidos en la crianza y con gustos por las ciencias exactas esconden hasta donde se les permite sus verdaderas inclinaciones, libran una guerra interna, donde mueren cada noche para despertar y volver a poner el pecho a la bala, aquella bala disparada por un supuesto Valentín.
ORACIONES INTERROGATIVAS NEGATIVAS
Párrafo analítico
Nadar
¿Nadar no es el ejercicio más completo? El cuerpo se estira, los brazos se convierten tentáculos, los pulmones cual dos branqueas oxigenan la sangre, los riñones, dan un nuevo impulso al destemplado coarazón. La grandeza de aquel deporte no estriba en la profundidad del lugar donde se desarrolla esta actividad. el cuerpo, el nadador, lo que principalmente necesita es un remanso de aguas tranquilas, profundas o no, pero tranquilas es decir donde sienta que sus extremidades no van a ser devoradas por los animales que interrunpen la rutina, léase pirañas o lagartos viejos como dinosaurios. Nadar es el ejercicio más completo porque involucra el movieento completo de cada músculo del cuerpo, desde aquellos que controlan los dedos más diminutos de los pies, pasando por el del abdómen que pronto será como la piel de un pez martillo hasta los faciales que con la velocidad adquieren formas sobrehumanas, a veces de estiran, otras como una ventosa parecerían dispuestas a adheririse a la superficie del agua que van separando. Nadar es el ejercicio más completo ya que va contra la naturaleza normal o sin obstáculos, hace del agua un factor externo a a vencer, es la lucha contra la corriente.
ORACIONES INTERROGATIVAS RETÓRICAS
Párrafo sintéctico
Música popular
La música nos conduce no solo a través de pasajes claros y bien planificados, la métrica, el compás, la melodía, sino además y esto es lo más importante a través de las conexiones epistemológico-emocionales de sus autores. Al regresar la mirada al siglo XX podemos indiscutiblemente afirmar que la música, aquella manifestación abstracta y matemática alcanzó cimas impensables, gracias al desarrollo tecnológico y producto también del inconsciente colectivo y sus bien armadas voces. Ya en la década de los 60 bandas como los Beatles cambiarion no solo la forma de hacer música, la industria y la logística sino también el modo de componer canciones. Tras esa explosión autores ingleses desarrollaron un sonido que pronto sería conocido en medio mundo, plagado de tonadas y arreglos que pronto serían conocidos como pop, que no es más que un diminituvo de popular. En esa camada de artistas populares e influenciados por el sonido inglés sería Syd Barret quien se destacara por juntar a la sencillez de lo radial con lo complejo del tema espacio, tema clave pues la conquista del espacio era un hecho, de allí que su música fuera en principios conocida como space rock, esto a finales de la década mencionada. Entonces tras esta explicación no sería propio afirmar en forma de pregunta que ¿No ha sido la música un producto cultural?
30/12/11
21/12/11
Jung Dolphin
Entonces veo una singular cantidad, luego, es decir, al mirar dentro del líquido. Un cuerpo desciende, es absorvido junto a sus partes y sus esquinas y casi puedo atraparlo, detenerlo pero su paso y sus palabras construidas sobre plomo equivalen a bajar, a sumergirse tras varios cortos rastros. Esas sustancias que explotan colorean la superficie, aterrizan de retro y terminan aunque no lo quieran, brotan, prolongan el reflejo, hay una vibración, dentro, entre el esternón y la maleta del colegio, la maleta colgada adelante, pero al poner el oído, al ser y permitir los ruidos la recámara; ni alturas, ni pánicos, o quizás, es posible, solo entonces, ya con la figura en la sombra, ya con el mar que ha retrocedido vuelvo a la costa, esta vez guardo de atravezar, entonces la superficie, entonces ella arriba yo por debajo. Puedo y quiero, pienso, volver a ver Cocoon, vivir entre rocas, abrir los ojos sin lentillas, es exacto digo, de como lo dejé hace treinta y cinco años, el cabello es inútil, las uñas pronto serán una nuez, apenas cubro unos metros, me toma siglos llegar a otro vecindario, recuerdo a otros bañistas con las piernas blancas dentro, con sus partes colgadas y sus angoras flácidas, eureka pienso, ¡entonces he regresado!, o es que el invierno ha derretido el continente, o es que por brasear y patalear dejando una línea tras toneladas y litros y aún con dos pulmones, aún dentro de una caverna, por más que lo persiga, y baje con un ancla amarrada a las muñecas solo presencio los rastros de otro aterrizaje, entonces el rostro, entonces algas.
20/12/11
Mejor no hablar de ciertas cosas.
Él sube al autobus. Él pone un pie sobre la grada, él levanta su rostro, su cuerpo sigue a su rostro, él entra en el pasillo, el autobus se detiene, el autobus abre sus puertas, el pasillo está cubierto por luces azules, el pasillo lo contiene a èl, él atravieza el pasillo, él deja la calle, la puerta tiene hojas de vidrio, la puerta es automática, varios botones hacen un ruido mientras las hojas se abren, él tiene la mitad del rostro iluminado, la luz es azul, la luz se pierde dentro de la cabina, su rostro tiene una tonalidad azul, el semáforo está en rojo, la alfombra del pasillo es pisada, él atravieza las luces azules del pasillo, el bus se detiene ante la luz roja, las gradas mantienen la huella, las huellas parecen huellas de autos más chicos, los botones activan las puertas, el semáforo tiene tres ojos, él atravieza las hojas.
11/12/11
By love betrayed
Estoy dentro. Veo tu pene debajo del pantalón, pene suena raro, prefiero Polifemo. Polifemo mira hacia el suelo, tus ojos observan la ruta, la montaña, qué secreto guarda el viaje, cubro mis ojos, sin embargo veo a traves, huele a pies, Polifemo es redondo, lo guardo entre mis mejillas, cabe entre mis pómulos, es posible, mis ojos pesan, hay dos pies sobre mi rostro, o dentro de él, cubro mi boca, muerdo tu lengua, cuál es el misterio de aquella pista, sus puentes, sus estaciones, rebotas entre los muros, entre otros muslos, qué sabes, qué es aquello que guardas, mantente de pie, perfora tu levis, quiero tu mondadientes, más bien tu algodón, tu copo en flor que pronto colgará de mi cuello, dentro de mi bolso, entre mis confites favoritos, esta bien, aguardo hasta la siguiente estación, procuro parecer desanimada, muerdo mis dedos, llamo tu atención, qué escuchas, no me evites, pruebo insultarte, pruebo mutilar tu oídos, juego a quitarte los juguetes, tú mismo lo eres, ciego, te conozco, estorbas, dame tu levis, abre mis ojos cíclope.
2/12/11
L
La radio canta frases en idiomas antiguos, extranjeros, no rebotan, tras del vidrio, tras la espalda un pasillo y en sus esquinas la consonante, con la cabeza afuera, cerca de los sentidos... una mayúscula, bajan por la escalera, la cortina no me esconde, tampoco alzo la mano, mi presencia aún es dispersa, siluetas, baja, él vuelve a bajar y entonces su pie y sus manos regresan, regresan desde las manos de ella, desde el volante, desde la tercera grada, la tercera de siete, lleva algo encima, algo para una ocasión onomástica, no hay ruidos, es un gag del siglo XX, un gag del tamaño de 4 décadas, 7, sí es que existe alguien, no hay rebotes, hay humo, condensación, ella sube pero él respira, sus pupilas brillan como las del gato, ronronea, mecánicamente, sus espalda es un arco, su piel ha sido estirada, ella sonríe, ella desaparece, tras la cortina se vuelve amarilla, el humo desaparece, se pega al pasillo, ella mira a través del vidrio, él suelta cada pedal, su pecho se reduce, ella mira dentro de la cortina, yo levanto la mano.
1/12/11
24/11/11
Un julio a sombra
La verdad, nada más que la verdad. Rostro araña, el suelo puede ser el tope, hay, se da, una falta de peso, todas las explicaciones rinden, al saltar observo, en teoría sucede, sucedió, sucederá, de hecho, en verdad, sucede, sucedió, ha sucedido, entonces, estiro un dedo, estiro para aprehenderlo, ¿calling gas?, llamarlo de un modo pasado, un día pondré un negocio en el mercado, de venta cada uno por separado, plus, adicionales, dentro de una carpeta digital, uno de aquellos portaretratos a base de baterías, dar una vuelta, mirar a cada esquina, evitar a la autoridad a base de ismos, entonces, dar una vuelta, portaretrato, tos, dar un giro, nuestra química, su química, una parte para hoy, una parte por ayer, puede llamarme Kaya, sencillo, fácil, ensayado, desde aquel refugio en las faldas, el aparcamiento, con el suelo alquilado, rezar para detener el tiempo, el tiempo ensunchado, el tiempo escapado, ensunchado.
La maleta, los muslos, el cuello, próxima parada. Viaje vertical, robar para descansar, mirar sin ánimo, mirar a través, orinar con los ojos, en 45 grados, el cuello, la maleta, tomar el portaretratos, tomar gas, beber gas, llegar hasta Alaska, soñar un sueño donde Alaska tiene un suelo blanco, un cielo un poco más blanco, autos rojos, animales amarillos llenos de ruedas, abrir los ojos y volverlos a cerrar, y volverlos a abrir, abrilos como si nunca hubieran estado cerrados, un suspiro, el cuerpo comprimido, una ballena, las monedas saltando como sardinas, invento una actividad acuática, un deporte de peces, de peces de 25 centavos, atrápalo vaquero, cowboy bebop, cowboy bebop, take a ticket to ride, Jonás, write about a wall, vaquero toma su knife, vaquero sangra por la boca, vaquero need a portrait, have a nice day, la lluvia nos tiñe, una lluvia dorada que derrite las portadas, que oxida los periódicos, vaquero need a portrait, sigo en Alaska, come to me vaquero, en su área no llueve, vaquero tiene nombre, salgo de tierra vaquera, yija hace la ballena, yija significa Jonás en vaquero, eureka también, Alaska vaquera, a mi regreso contaré que he estado en Aleska.
Me encantan los tipos que escapan, es decir amo encontrar a los pares perdidos de todos mis zapatos. Me han llevado de la mano, lo hemos hecho juntos, es probable, a fuerza de separarnos nos hemos vuelto iguales. Tipos así atienden ruegos, nunca pierden una llamada, ahora están solucionando y perdonando las vidas de cada uno de los usuarios, quieren y suelen dejar a la vista cada uno de sus métodos, como los fondos de aquellas bahías del trópico, hoy ellos han atendido mis ruegos. Entonces saco la fotográfica, levanto el brazo, dejo que el suyo recorra mi cintura. Levanto la lente, levanto la espalda, la arqueo, resulto mareado por dejar la guadaña junto a un taburete con cojines rojos a lo Ilona Staller. Disparo una vez, borro las falanges, disparo otra vez, acerco su quijada, respiro de su alcohólico aliento, de sus larios y sus otras mujeres siendo yo la él y disparo una tercera vez, podría seguir, él no ha bajado el índice, el querrá olvidar el día que nos conoció , pero como a mí la inmortalidad no nos dejará espacios.
Me encantan los tipos que escapan, es decir amo encontrar a los pares perdidos de todos mis zapatos. Me han llevado de la mano, lo hemos hecho juntos, es probable, a fuerza de separarnos nos hemos vuelto iguales. Tipos así atienden ruegos, nunca pierden una llamada, ahora están solucionando y perdonando las vidas de cada uno de los usuarios, quieren y suelen dejar a la vista cada uno de sus métodos, como los fondos de aquellas bahías del trópico, hoy ellos han atendido mis ruegos. Entonces saco la fotográfica, levanto el brazo, dejo que el suyo recorra mi cintura. Levanto la lente, levanto la espalda, la arqueo, resulto mareado por dejar la guadaña junto a un taburete con cojines rojos a lo Ilona Staller. Disparo una vez, borro las falanges, disparo otra vez, acerco su quijada, respiro de su alcohólico aliento, de sus larios y sus otras mujeres siendo yo la él y disparo una tercera vez, podría seguir, él no ha bajado el índice, el querrá olvidar el día que nos conoció , pero como a mí la inmortalidad no nos dejará espacios.
22/11/11
Canciones para adolescentes que sueñan con el paraíso
Ella no lo ha pedido, ha sido mi sugerencia. Tomo aire varias veces, el aire es mi combustible, pronuncio con cuidado, es posible ver un domo, esta bien, sigo dando vueltas, confieso que he sido el primero, confieso que tengo la llave, combino días con fechas, sumo para dejarla a un lado, veo una línea, un signo de admiración, de ser un tren habríamos cubierto el mar. Es ridícula, es infame, incluso las vocales las tomo prestadas, y no es un tú, no es un esta vez, doblado, veo los pies limpios, claros, pulidos, el sendero cubierto por pasos que han seguido las líneas, un continente, un circuito de rastros, tomo con cuidado en las manos y con las manos, es decir, acerco todo el rostro y la memoria y el microscopio proyecta el filme, en primera fila, pudo serlo, pero no ocurre, no atraviezan, las imágenes suceden desde cualquier posición, es decir, sigue siendo, seguirá, ha sido, pero no contento pruebo otra atmósfera, invisible, lavo los contornos en un lenguaje compuesto de hedores, intuyo un horario, incluso puedo ver el pasado, puedo ser aquel y huyo, y siento tragar un vaso lleno de apellidos, de consonantes, de refrigerios tomados bajo la misma sombra del mismo árbol, un ser compuesto de la menor cantidad de partes pero omnipresente, pero antiguo. El dedo late, el dedo pulsa, el dedo sostiene su gravedad hasta que el calambre llegue, hasta cuando llegue la noche, el ocaso, el pasado originalmente eléctrico, entonces la bajada, entonces la yema, más cerca del techo más cerca del suelo.
Por cierto él no lo ha pedido, ha sido mi sugerencia, que quede claro, que se demuestre, que el dios te oiga.
20/11/11
lUlU. haga clic en enlace final
Pudo haber sido peor, es decir, juntarse para escribir, para manejar, para cocinar, elegir, de aquella suma, porque nos hemos sumado, colocado signos sobres signos ha resultado, es decir, vale la pena, es decir, tiene algún valor, regreso a mirar hacia atrás, es decir, regreso a escuchar la líricas, las formas, el tamaño, el pasado, y su sombra me aplana, es decir, como un chicle vivo entre una pisada, una calle, un asiento de subterráneo, una silla de parque, debajo, encima, en ambos lados, es decir, vale volver el rostro y dibujarlo con puntas y borrarlo y volverlo a reparar y acondicionar y revalorizar. Miro el reloj, me tomo el tiempo necesario para poner los pies en un lugar seguro pero esa eficacia me deja perplejo, e infeliz osea felizmente insatisfecho, con deseos de más, con el codo levantado y casi tarareando, cegado, doblemente agitado, de visita en una suela y en una vereda, mirando en dos partes, en catorce dimensiones, fotocopiado, estampado, doblemente visible, doblemente tocado, a cuatro cerebros, que alegría falsa y húmeda, gelatinosa, alegría de 2 de noviembre, pobremente alegre como en cementerio, haciendo sociales, escuchando LULU, que ganas de perder la razón.
http://www.youtube.com/watch?v=fnhCA35MKNA&feature=related
13/11/11
12/11/11
5/11/11
A propósito de la boda con dios
Quito, 5 de noviembre de 2011
Estimado/a
Sin rodeos. Te odio. Odio tus manías de niña pobre, tus pómulos rosados, tu ira adolescente llena de arrugas, tus palabras llamándome fracasado, tu buenas e inseguras intenciones, tu obsesión desnuda, tu triste y pálida figura. Odio que hables con seguridad, que actúes con criterio, que finjas saber las cosas de la vida, de una vida que conoces por planos, a través de contactos, de diapositivas, que te quieras pasar por sabio, por iluminada, ni sabio de Gomorra, ni gurú del working class.
Odio que hayas inventado tu origen, que hayas perdido la puta humildad. Odio que odies a tus primos, a tus tíos a tus padres, a tus exvecinos. Odio que no tengas amigos virtuales, ni físicos, ni nadie que te haga una broma, que te llame por tu apodo, un conocido de la escuela, un puto comentario escrito en tu muro. Odio que no te importe, que no te importemos, odio que no quieras sentirte descubierto.
Odio el supuesto asteroide en el que vives, odio tu vehículo todo terreno, aquellos en los que te las pasas viajando, escapando, pasajera en tránsito perpetuo, hazteff, dirás que no entiendes, odio que odies a Charly, odio que seas testigo, que no tengas planes, odio que no tengas futuro, odio que no anticipes, que no hayas aprendido a jugar ajedrez.
Odio que me llames desordenado, que no sepas pedir las cosas, que tus propuestas sean órdenes castrenses, silbadores, lombrices que se retuercen cubiertas por sal, débiles, gruesas como un pene, pero débiles, que no alcanzan para quitarse el gusto, las ganas, que no hagan un solo trip, que enganchen como los dealers, odio que me consideres un adicto.
Odio que huyas, que prefieras dejarnos a todos una duda, hablando mal, conjeturando, lo odio porque odio tener que defenderte. Te odio porque confías demasiado, confundes orgullo con verdad, te odio porque eres hipócrita, cambias a diario de género, un día eres Diega, más tarde eres Andrés, odio tener que escribirte, es como escupirte, es como mutilarte, debo crear un nuevo dios.
Att.
Diano
31/10/11
23/10/11
16/10/11
Es la fascinación de ver un pie. Un pie compuesto por una suma de dedos. Un dedo, extensiones, un rostro sugerido entre los pliegues, las mantas, una protuberancia hecha de montones, de cargas, de sobrepesos. Hay una distancia, vía en un sentido, acomodo la extremidad, la superficie al contacto adhiere, quita, hay pasos, hay sobras y piel de árbol, sin controles el pasto se levanta, la voz de los insectos bajo una hoja café chocan, atraviesan, viajan en la planta de un zapato de suela negro, arrugado, de una piel llamada Bunky, Regard´s, Northlinestep. Surcos, grietas, veredas levantadas, reventadas, una epidermis poblada por estrías, contenido
Entonces pienso cómo pudo haber sido. Veo una habitación, leo una carta, frases cosidas, palabras que necesitan
Coloco las antenas en mis manos. Cierro la mano,
Todo se volvió aburrido. Una casa antigua, un piso falso, una fachada de principios de siglo, pasamanos, hierro entre los dedos, luminarias, dicróicas, rostro perforado, luz de escenario, clima controlado, espejos, cuerpo reflejado, multiplicado, varios pares de piernas, pulpo fuera del mar, pulpo procesado, levanto los tentáculos, los pies, el jean, la remera, abandono tierra firme, abandono el nivel del mar, me enrosco a través de una escalera con forma excéntrica, construida sobre el mármol, con una cerca de hierro, con los pisos y las dicróicas horizontales, como si mirara a través de teleobjetivos. Subo, una puerta mitad vidrio, mitad iglesia, sinagoga, Real audiencia de Córdova impide la entrada, como si del otro lado, como si al fin fuera mi turno.
Entro de lado, las filas aprietan, aprietan como párpados, me antojo ser el tipo Curtis, asiento el trasero, es mejor así, seguro faltan a diario, no puede ser tan distinto,
Entonces pienso cómo pudo haber sido. Veo una habitación, leo una carta, frases cosidas, palabras que necesitan
Coloco las antenas en mis manos. Cierro la mano,
Todo se volvió aburrido. Una casa antigua, un piso falso, una fachada de principios de siglo, pasamanos, hierro entre los dedos, luminarias, dicróicas, rostro perforado, luz de escenario, clima controlado, espejos, cuerpo reflejado, multiplicado, varios pares de piernas, pulpo fuera del mar, pulpo procesado, levanto los tentáculos, los pies, el jean, la remera, abandono tierra firme, abandono el nivel del mar, me enrosco a través de una escalera con forma excéntrica, construida sobre el mármol, con una cerca de hierro, con los pisos y las dicróicas horizontales, como si mirara a través de teleobjetivos. Subo, una puerta mitad vidrio, mitad iglesia, sinagoga, Real audiencia de Córdova impide la entrada, como si del otro lado, como si al fin fuera mi turno.
Entro de lado, las filas aprietan, aprietan como párpados, me antojo ser el tipo Curtis, asiento el trasero, es mejor así, seguro faltan a diario, no puede ser tan distinto,
9/10/11
11. Dog10004
Describir el ejercicio, existir, anotar los movimientos, las posiciones, colocar tachas sobre el corcho, colgar de un hilo, sentado, cruzar una pierna sobre una rodilla, ver virarse al día, girar los ojos, las circunferencias, ser la punta del compás, activar una cuerda, usar las yemas, girar la mariposa, esperar la tensión, el máximo nivel, bajar los estímulos, atender los ruidos, colocar la caja, colocar un bloqueo, dejar lista la trampa, cerrado el cofre, bajo una piedra pintada de violeta, coronada por una bandera de franjas blancas, abrir la mandíbula, dejar escapar a todos los suspiros, descontrol, defcondos, ojos que giran en círculos, ojos disueltos en blanco, cortinas incendiadas, plumas, cuerpos de cobre, muslos de roble, brazos abrazados como pulpos, craken, flotilla sumergida, pasto malpodado, fondo sobre superficie, adentro, contenido.
La luz se pierde, Una nube cubre el espacio. Levantarse es un error, la nube cubre ambos cuerpos. Apenas alcanza para estirar las piernas. Una pierna actúa como cuello. El techo sigue en su lugar. Su lugar es sobre, es decir, cubriendo el suelo. El peso los empuja. No hay pliegues. Hay bolsas contenidas, húmedas, salpicadas, el brazo estirado, el músculo dentro de la aguja, el brazo estirado, primero una pulsión, segundo un desgarre, tercero el sueño.
La muerte del cuerpo. Visita no oficial. Describir agujeros, rapto, ciencia, escribir para el archivo, sujeto uno, mar sobre Haití, paredes desgastadas, sótanos rosados, esquinas llenando hoyos, rapto, ciencia, orden, memoria, signos, pulso, membrana, radiografía por yema, yema por vena, pliegue por arruga, por uña, por nudillo. Cuerpo vencido. Ojos y franjas. Golpe, pecho, golpe, sonido, eco, 30 segundos, primer track. Pene, labios, corriente, risa, Jehová, pastór, descarga, baño, rostro, miel, nube, techo, pierna como cuello, franja blanca.
La nube llega a nuestras narices. Despertamos. Al estirarme golpeo mi cráneo, levanto la mano, aíslo el dolor, lo pronuncio, fabrico una multinacional, mi voz es una impulsadora y el producto llega a todos los hogares. Él guarda sus manos en los bolsillos, no comete ningún error, trata pero yo ya estoy en la puerta, su estatua ya es de sal, una sal que me persigue por el resto de la semana, cuando él, recostado pronuncia nombres que ha inventado, cuando deja sobre la mesa con cuidado sus manos, mirándolas, deseando una bóveda, buscando entre sus contactos, girando el cuello, apretando cada botón, desenrollando puentes, terminales, aeropistas, respirando en dos tiempos, yendo de la cama al dorado.
3/10/11
10. Pompa
Llevo un levis ahorcándome la cintura. Kurt Russell luce más ancho que alto, culmina elevado sobre mi pecho que de a poco parece guardar movimientos tectónicos. Las medias se escurren dejando un rastro tibio sobre la madera, madera que en realidad es un piso falso. Llevo las marcas de calvin en el estómago, un cinturón rojo, rosado, morado, las variantes equivalen a la hora del día, en este momento por ser el mediodía soy ajustado por la cuerda roja. No grito, no trato de espantar a través del aliento, cobro vida a través del líquido que desinflama el volumen, que refresca con su labor y sus látigos. Corro la cortina, temo ser visto desde cada cerradura, las puertas han sido anteriormente tapiadas, lo que significa que Norman Bates debió jugar con sus manos. Busco, ubico cada agujero, este horror costará no menos de veinte terapias, entonces decido fabricarme un tratamiento, busco en los lugares más profundos, busco un reflejo en el espejo, desempaño el cristal, camino dentro de aquel perímetro, calculo la distancia para lograr, que desde cualquier agujero puedan observar, ya sin cortinas, el resto de mis agujeros. Entonces coloco el shampo, elevo melodías como cometas que rebotan en esta cabina ducha amplificador, el agua se lleva el cabello, los pellejos, los pasos de aquellos que se divierten tras la gratuidad de un espectáculo tan singular. No ocurre, más bien ocurre, como lo imagino, nadie aplaude, tampoco llega la queja, he actuado dentro de un teatro vacío, siempre hay alguien, alguien que mira, debo competir contra el cable y 118 canales que transmiten a diario, que hablan en lenguas, mi comedia no lo es, tampoco alcanza el drama, más bien es una crónica, una simulación de redes, lo sé al mirar el reflejo, creo encontrar diferencias, manchas, líneas, en realidad apenas me reconozco, entonces llevo hasta el fondo el cuerpo, dejo que el agua inunde la habitación, sucede lo esperado, es como vivir bajo un puente, busco un cerillo, tengo los pies azules, azules como la cabeza del fósforo, además me cuelga un pitufo entre las piernas, activo la bomba, fallo en el primer intento, tomo otro cerillo, los dedos parecen rábanos, el agua toma forma de cristales, las puertas se vuelven inútiles, el cerillo estalla, hace volar los litros de gas, entiendo la resurrección, el sol cae por primera vez sobre Alsina, revienta a Higgins, a Rioja, a Mitre, Russell desde la remera evita las esquirlas hasta caer sobre el piso húmedo como un trapeador improvisado, un filme de Robert Altman, una forma que vive bajo Alaska. Dejo el lugar como lo había encontrado, cada grifo bien cerrado, la llama del contador en la velocidad más baja, la escarcha dentro de cajas de triplex, alguien grita tiempo, no es Kurt, pero desearía que él tomara mi lugar.
Soy el primero, el conejillo, juego en contra de mí mismo, soy lo que luego recordarán como un voluntario. No está mal, no siento nada que no haya sentido antes, puede ser que haya vivido esto, es decir, no cuesta ningún trabajo, lo hago sin hacer esfuerzo, eso es bueno?, no tengo tiempo, llevo los ojos domados por el safari del fin del mundo, es como si de repente tuviera los poderes de Anne Hathaway, al pestañar logro demoler los hilos y las bisagras
2/10/11
9. Long distance
Ingreso. Alquilo uno de los artefactos. Hago una llamada luego de pulsar doce números. La diferencia es mínima, el rostro, la piel, las inflamaciones no se presentan, aún conservo la belleza del otro continente. Por dentro llevo contenidos uno o dos días de insomnio, de alimentos bajos en calorías, cero grasas, cero servilletas transparentes, húmedas, amarillentas, quizás al salir de la cabina, quizás me haga cliente, parroquiano de una fonda, de un café donde sirvan las 24 horas, pienso en arroz blanco, en platos compuestos por frutas cocidas y molidas y amasadas por manos de negras, altas, gigantes como un ataúd. La llamada continúa, oigo cada repique, cada eco, la ciudad se cubre de una nube gris, parece el espejo de plaza de mayo, plomo, cemento, piedra, hierro, un tono de bicho gótico, arriba, como techo, el mismo, abajo, como suelo, como esquina, como bar, como locutorio, dentro, en la cabina, puedo proyectar mi imagen, es como si filmara una escena de la cual soy parte como extra, un corto sin protagonistas, más bien como una postal, atrás describo el tercer día como ciudadano de el país gótico, de mi querida Gothmancity. Me incluyo en su decorado, de espaldas, de perfil, con los ojos dentro de las órbitas de una gárgola, de un jinete, en la garganta de una de las tantas aves de la plaza. La avenida me atraviesa horizontalmente antes de que la llamada culmine, es decir, soy un habitante a la fuerza, debo ahogarme, ser parte de la fundación, los detalles me someten, un simple poste municipal parece guardar todos los misterios, el misterio de qué, qué buscamos, qué resulta de aquel escape, tras el naufragio la orilla, cuál orilla, el mar se vuelve en todos los sentidos, el rostro, pronto se producen los surcos, pronto llevaré los canales y las cimas y las quebradas en mis mejillas, en mi piel, entre las uñas de los dedos, volveré a esta cabina, pero en otra calle, junto a otro puesto de revistas, gastaré no dólares, no billies, no cassens, haré una ruta instintiva, dirigida por el olfato de lo desconocido, apenas reconoceré los primeros hedores. Guardo códigos, cifras, direcciones, los primeros hiatos y las primeras traducciones, procuro hacerme amigo de los términos y las frases populares, no para aprenderlos, no para usarlos, intuyo que este viaje, esta identidad, solo servirán de descanso, de terapia, de observación, borraran el pasado y a las palabras que un día pronuncié. Al colgar, el aparato me devuelve las monedas. Las cuento, desconfío, guardo los pennies, deseo volver a entrar, volver a la cabina, volver a marcar, volver a hablar, cuento de nuevo las monedas, todo esta bien, la ciudad tiene buen clima, he dado con un hogar, es decir, tengo el techo resuelto, además empiezo el curso el lunes, además aún no ceno, quizás pruebe un croissant, saludos a Beth, saludos a Jules, pronto conoceré a Jiles, aún no sé de Chabrol, es domingo, aquí y en el páramo reinan desde arriba los cielos, el telón, el domo, cuento de nuevo las monedas, encuentro dos o tres rupias, cuelgo, muro gris, calles en un sentido, mañana comentarán el como me encuentro. Mañana será tarde, aún el rostro luce sano, mañana culparé a la diferencia horaria.
8. Alsina
Tercer logro. Uso una pluma obsequiada. Dibujo la primera letra, me empeño, es una consonante, tiene varios espirales, cola, incluso lleva un peinado antiguo, recuerdo de un tiempo barroco. Cierro todas las ventanas, procuro dejar una hoja nueva, temo llenarla hasta los bordes, levanto la vista, dibujo círculos como insectos que buscan un espacio, lo hallo, descubro un encierro dentro de 6 paredes las cuales están hechas del material más usado por la alquimia, muerdo, ¿acaso he masticado al bosque? llevo migajas en el pecho, uñas pegajosas, un olor dulzón, digamos que llevo un tigretón colgado entre las piernas. No hay rebotes, esta vez nada se estira, ni se prolonga ni estalla, más bien es una suspensión, es levitar bajo un grado mínimo de gravedad, en un centro, cercano y lejano equidistantemente de las seis paredes. Corro la cortina, al parecer en el hotel cercano sucede el mismo fenómeno, como un caramelo ácido flotamos desnudos y sentados sobre una almohada en el centro exacto de una habitación contenida entre seis muros delgados como el futuro hogar de Hansel. Corro la cortina, vuelvo al ombligo, estiro las extremidades e intento tocar las ocho esquinas inútilmente, comprendo que el verdadero valor equivale a dejar que la habitación se cierre sobre mí.
Alguien escupe, en realidad es Dios quien aclara su garganta, quien lleva entre los pulmones una pesada congestión, con gravedad succiona la cuadra, las alcantarillas que lleva por fosas nasales se destapan a medias luego de la exhalación y ya, concebido en la frente, es decir, como un cartucho gatillado desde el portal de los ojos, cae sobre Once, sobre la tienda Higgins, sobre el teatro Marzano, la vejez del buen Dios.
El clima es el apropiado, nada hay que lo transforme, el cielo va intensificando su lucha, es posible perder la capacidad de observación, detrás del hotel un telón arde, quizás todo sea un reflejo del neón. Desde la ventana observo a la vez que filtro, los ojos queman, el pelo se chamusca, es decir, estoy envuelto en llamas mínimas, cubierto por pequeños e insignificantes fogones. Enorme, al parecer llevo binoculares por pupilas y tentáculos por dedos, tentáculos monstruosos e invisibles que lo tocan todo, el agua de los retretes, la espuma de las duchas, el plumón de las camas, tentáculos que entran en sus cavidades, que son capaces de oscurecerlo hasta el sueño. Entonces tomo distancia, la imagen se vuelve geométrica, es horizontal a la vez que desafiada por intermitentes verticalidades. Los ruidos, los jadeos, el paso, vivo una navidad los 365 días del año, una celebración de trastienda, de bodega, de ecos y fulgores, un juego de papeles usados de regalo. El clima es el apropiado, muy pronto habrán tocado a mi puerta, será un llamado, colocaré medias sobre mis extensiones, al caminar no habrán pulsaciones ni taquicardias, no existen las ciudades planas y sin embargo esta extensión parece dar la vuelta al globo. Miro, la cabeza de cabeza, musgo, desagües, como un tornillo dejo de perforar el edificio, Dios duerme, lo imagino sobre una silla muy cómoda, viejo, canoso, cubierto por una manta, cabreado, puteándome por ser su vecino.
La hoja no se derrama, toma un color amarillo, escribo sobre las paredes, Hansel también va a putearme. Ya no importa, esta casa tiene siglos de vida, nuestras generaciones no alcanzarían a poblarla, imagino a Hansel con el estómago hinchado, también lo observo abrazado a una puerta, seducido por los picaportes, usando un vidrio como bandeja, repartiendo tejas y grifos en una fiesta o un cóctel o al llegar el día del fútbol. Ana nos invita un mate. Ana y los otros. Habla de todos menos de Hansel. Una de las paredes desaparece, sucede lo mismo cada semana. Llevo el insomnio de Corrientes. Abro en una página, al azar, hay varias líneas subrayadas, resaltadas, bajo ciertas circunstancias uno está endeudado, o condenado, o, le debe su calma a otros, entro en el sueño, acomodo y dispongo para ser el primero en dormir y el primero en despertar. En el sueño ellos escriben sobre el libro, Ana, quien después me hablará de Lucas, quien después me despertará a media noche, quien apenas comprende horarios, quien sabe que no es hora del sueño, quien pondrá reglas, ya que, en las ciudades planas el sueño es vertical, como la sonrisa, Ana no tiene la sonrisa, más bien su risa es horizontal, más bien Lucas lleva en el vientre los labios abiertos de Ana, Lucas debe ser masculino, como Ana, a pesar de no mostrar su sonrisa vertical es un ser femenino, juntos son una alga, por las tardes beben mate, Hansel mastica galletas de sal, yo busco la sonrisa vertical. Tomo un pedazo de pared para masticarla. Tiene sabor, agrada, como lo esperaba. Por la tarde ha desaparecido una estación de servicio. Tomo un tren. Por la noche desaparecen dos vagones que iban hacia Mitre. Mi peso es el ideal, aunque cada día parezco más pequeño. Tomo fotos, uso bulb, la zippo, vivo en el cuarto oscuro. Prohibido comer las paredes del cuarto oscuro. El revelado es óptimo, hay una dominancia de tungsteno.
29/9/11
7. Alsina
Negocio por deporte. Finjo desinterés; él coloca su mano sobre su brazo, tras sus gruesos lentes hay dos pupilas que han perdido la órbita. Gabriela, no, vámonos.
Ella mira dentro de mí. Lo acepto, ¿por ella? oponerme jamás, esta vez no importa, esta vez finjo no fingir, lo subrayo, demuestro que allí no sucede es nada, mantengo la vista, uno aprende al mirar despacio, pronto intuyo un futuro, demasiado pronto, de manera intermitente, el placer alcanza para entrar en su boca, entre sus labios apretados, golpeamos a Andrés hasta cansarnos, lo hacemos durante todas nuestras vidas, incluso ahora, después del cambio de religión, Andrés tras de sus lentes alargados de marco negro, invento de David Lynch, extra con chaqueta a lo vaseline, quemamos al padre, yes son, i want to kill u, reímos, durante cada sesión, sentados con las piernas cruzadas, con las manos sobre un tenedor, atrapando líquidos con gas dentro de cristales, de plásticos, de botellas reutilizables, leemos sus éxitos en voz alta, en presencia de desconocidos, entonces movemos los muebles, entonces robamos máquinas de la escuela, escogemos las menos usadas, las empolvadas, nuestra favorita es una polaroid 5SG, aprobamos, creamos un claroscuro, guardamos bajo llave y nos enviamos los negativos a una dirección alquilada, con remitentes falsos y ciudades a donde creemos sería bueno volver. El resto de contactos pasan a ser propiedad de la academia, reciben su merecido, calificaciones que no bajan de la excelencia, nada de números rojos, solo rostros redondos y felices, rostros divididos por círculos, curvas y esquinas. Ya sin Andrés, Gabriela, yo y Santiago levantamos los puños, juramos amor, en el nombre de Betty Blue, del tamaño de Pablo Mármol, reímos, no paramos, somos felices, es el fin del mundo.
Invocamos su nombre, tomamos vacaciones, transpiramos, es el fin del medioevo.
28/9/11
17/9/11
Iros todos al averno. Al bajar, sentí con demasiada carne, el haber sido tan poco precavido. Entre las líneas de un imaginario barco, mareado dentro de un rectángulo, de una caja perforada por escotillas, es decir, con la cubierta cubierta de naufragios, pude notar, resolver, uno de los tantos misterios, de las tantas búsquedas que uno a esta edad ya no espera tener. La batería jamás funcionó, el equipo lo obtuve gracias a una rebaja, el equipo ha pasado por una cirugía, la identidad le corresponde según la tarea. El hecho, la calcomanía, sucede cuando lo enciendo. Escribo con el aliento del insomnio, cubro el teclado para no ver lo que escribo, las precauciones han dado paso a una serie de malentendidos, los de siempre, al salir de closet humedezco los pisos, el único que se mantiene en pie, como una gota que camina soy yo. Convivir es como la vida bajo el mar, inflamado, pálido, cubierto de una piel con escamas, escamas que se convierten en otra cadena de escamas que al hincharse, todo bajo esas profundidades, adquieren un tono hueso, se vuelven resbalosas. Intento colocar un tilde desde un teclado que parece no querer responder, importo el signo, hago copy paste, si por lo menos la aplicación me ayudara, esto, el proyecto de querer ser un autor, una pérdida de tiempo, valiosos tramos nerviosos, bombeos de sangre dentro de un tallarín de sangre, rabia da, sugerente y recomendable, espero, Sr. Fito Paéz, sea más creativo, lo he visto varias veces, la última vez saludamos desde nuestras veredas opuestas, usted iba, yo viajé hasta el cochecito, respete a su público, como yo lo irrespeto a ellos.
15/9/11
6. El cuello almidonado
En cuanto lo dijo sentí un profundo vértigo. La vi conociendo tantas caras, tantas ideas, ella en el medio como un árbol que acaba de emerger en el bosque. Sentí profundos celos de su naturaleza viva. Yo, un simulacro de halcón volvía a casa cada vez que me apetecía, devoraba con las garras, el pico clavado en su cuello blanco, en su carne que utilizo como una toalla, es posible, ella, con los ojos cubiertos por un par de raybans, si no fuera lo saludable que ha sido sería un contacto sentada de perfil con una colilla en sus manos, un marlboro blanco, un pañuelo de seda en su cabeza, Jackie Kennedy, Seinfeld show, consumido entre sus labios pero sin tocarlos, tocado pero atado, envuelto, encendido, alargado, el ave proyectada como un misil hacia el sol, retirándose las plumas con los dedos o las protuberancias derretidas, la zippo, ella encendiendo un cigarro interminable, yo atravesado en la mitad del sol. Es común aquel precipicio, el horror visto en un espejo, el cristal limpio, demasiado nítido, avergonzado y enterrado bajo pieles y pliegues y muebles y humus.
La veo tomar el colectivo, la veré de vuelta por la noche, la tomaré por la espalda, la convertiré en un plumón, en una nube, avanzaremos con los ojos dormidos, mientras yo, cuando logre ordenar las cascadas de imágenes y de fonemas es decir cuando haya colocado el polvo bajo la alfombra, descubriré que tras el pulso o la taquicardia, se encuentran las ideas de siempre, procuro adherirme, quizás sea la mejor decisión.
14/9/11
5. Ciudad Satélite
Cruzo de Mataderos hacia Santafé. Un día me disculparé, habré pagado con intereses de porcelana cada una de mis deudas. Hago el paso en tres horas, sin saberlo he tomado la máscara de la antigua galera, mi nombre no es Ulises Lima, y aún tampoco sé de que mismo voy. O iba. Cruzo ese intestino a través de una aguja retráctil a la que no le costaría salir al otro extremo, limpia y sin desgarres, no llevo headphones y sin embargo la música suena en un perfecto estéreo. Es posible distinguir hasta los pensamientos más profundos de aquellos que como yo han partido la historia, así me entero de canciones donde se habla de segundos nacimientos, si alguien habla de una secuela es posible que ya existan terceras y quintas partes. A veces la recepción se afecta, es cuando pretendo ganar aquel molesto juego del teléfono descompuesto, maldecimos con mayúsculas a los proveedores, de tanto abrir la mandíbula esta comienza a rechinar. Levanto la vista para ver la luz del semáforo y mientras los peatones cruzan, se me ocurre que de monstruoso todos tenemos los ojos. Busco entre los pies, es decir, silbo un tema al que bautizo con coros que no pretendo recordar. Asfalto, me pregunto con ánimos de antropólogo por las calles bañadas de oro, altero el orden del tiempo, realizo saltos cuánticos, me deslizo como en aquella serie de dos o tres temporadas, lo verdaderamente aterrador, el encontrar a otro Andrés abandonando cada dimensión me revienta con un saco de dudas, en cada huida veo solo su espalda, es como ver kunfu, llego cuando el mal ha desaparecido, el mal derrotado por el primer arcano.
Pero entre Mataderos sucedieron una serie de hechos inverosímiles, tanto que han dejado de existir. Es posible haber perdido la letra de todas las tonadas o por lo menos de las más populares, perdidas y licuadas, Mataderos parecería ser una de las pocas construcciones en pie, genealógicas, mucho más resistentes que un muro. Parecería que dentro de aquel perímetro se encontraran raíces tan profundas, negativos de primeras sílabas, primeras impresiones, primeras repeticiones. Quizás es algo mucho más simple, más cercano a la sangre, el lugar, con sus campos demolidos por vías de tren me recuerdan a una serie de asesinatos, es decir, me siento en compañía de propios y los mismos extraños. Al volver, recogiendo los pasos del otro Andrés, silbo un tema popular, le dedico aquella tonada al piso.
13/9/11
4. Transbordo
Viajo montado sobre las líneas de un aneurisma. Viajamos juntos a las velocidades del trueno. No vale la pena, es mejor no desear usar la ventana. Es posible escarbar, usar las antenas, apropiarse de un decámetro cuadrado, hurgar, pararse en las puntas de unos pies autorizados para el dominio de la tabla, de la fricción, del desgaste del hierro al rodar sobre el hierro. Uso ambas manos, confío en la cintura y el dominio de la gravedad, intento no pararme de cabeza, se acerca otra parada, el vagón aumenta su pulso, acaso ya no es manejado, acaso llegamos hasta la bandera, la foto y de nuevo el flameo a cuadros; los alfiles toman las diagonales, mi perímetro es circunvalado, debería ser el dueño de un peaje, el caucho y su combustión atraviesan para completar otro tipo de hermetismo. El mundo toma asiento, el mundo viaja sobre un cojín aterciopelado y sin volumen, el mundo no se detiene, él no se atreve a viajar de pie, es mejor así, es mejor tener un mundo descansado, yo mismo levantaría mis carnes por levantarlo, sin embargo, noto su independencia, luce sus mejores galas, quizás sea mejor recordarlo de esa manera, en realidad lo hago, es posible que mañana y pasado lo vuelva a ver, quiero recordarlo así, aunque a él no le importe quien es. Leo con dificultad, quizás a pie, reparando vías, el día disfrazado de eclipse, de pie con un mapa, con dos martillos, un casco, ajustado por una costilla de buey. De pie, comprobando en el letrero y en el mapa y desde el walkie, pidiendo una confirmación, estación Aménabar, medio kilómetro hacia el oriente, comprobar lámpara de emergencia, recargue su subtecard. He tenido que volver, he incorporado a la experiencia un cinturón lleno de bolsillos al que he perforado antes de ajustar a mi cintura. Es verdad que apenas puedo verme, literalmente soy un perfil, al volver cuento las paradas, ya no confío en lo impreso, me guío a través de una serie de signos inventados, vivo dentro de una ciudad, la ciudad vive a través de mí, coloco todos los semáforos, dentro de las duchas, debajo de las camas, abro un negocio de importación y exportación de señales de tránsito, señales sin vocales, sin consonantes y por supuesto con su propia gramática. Por ello al viajar, la señalética se traspapela, una calle lleva dos o tres nombres y siempre una avenida se convierte en sótano y hasta en garage. Al viajar en realidad el que viaja no soy yo, en realidad es la ciudad la que viaja dentro de otra ciudad, por ello es muy sencillo y común confundir el nombre y las direcciones de las paradas y de los barrios. Al preguntar abro todas las murallas, toneladas arrugadas de miel y de morfina, un reflector de luz continua, drenar, el diluvio cambia de tanque, emergemos como ciudadanos de A hacia B.
12/9/11
3. Perú
El sol es agradable, su brazo, aquella extensión empuja la vida, la restaura, la hace más poderosa de lo que alguna vez podrá ser. Tomo el diario, siempre he sido un fiel fan de estos papeles informativos. El diario es gordo, pesado, distinto a los diarios y periódicos que había conocido. Las calles tienen nombres exóticos, los rincones de esta urbe guardan secretos en cada uno de sus detalles, una vereda parece ser la autopista prestada de un comic, siento que en cualquier momento seré abordado por los poderes sobrenaturales de algún ser con triple identidad. Al levantar la vista encuentro a dos murciélagos colgando con el rostro cubierto.
Sección cinco: clasificados.
Sección cinco: clasificados.
El espacio me supera. Es posible que este rincón sea el origen, el punto fundacional. Me siento diminuto. Golpeo puertas tomadas de alguna iglesia de Castilla. El eco, mis golpes, mis dedos parecerían influir en el tiempo, en las decisiones, es posible que haya caído en un malentendido. En realidad vivo engañado, pierdo el tiempo mirando cosas que no quiero tener. En realidad es morbo, me predispongo a disfrutar de toda sombra atroz. No me equivoco, quien puede cansarse de no fallar. Ahora mismo calculo las posibilidades y espero encontrar un billete de lotería, presumo, intuyo o calculo que la suerte caerá en seis. De todos modos nuestro encuentro es breve, ella, al escucharme sonríe con verdadera pasión, me transmite un sentimiento de tranquilidad que casi lo confundo con familiar. De haber sido lo contrario, es decir, de la manera en que ella lo pensaba habría sentido profundos deseos de no estar en aquel lugar. Ya en confianzas, ya con la bendición de las costumbres de Gross y Palacio entablo un supuesto regateo, consulto cifras, anoto dimensiones y evito sin decirlo cada uno de los compromisos. De nuevo estimulado por aquel futuro sol, me descubro en el centro del mismo punto fundacional. Desde allí, las calles y las casas que componen este barrio parecerían estar bañadas por un filtro amarillo, como si en vez de agua hubieran sido contrastadas por orina. Las casas amarillas no lo son completamente, más bien parecen una foto de revista quemada o gastada o sobreexpuesta por la radiación del pasado del sol. Las combinaciones o los colores usados en las ventanas, en los afiches de los kioskos, en fin, todo está construido sobre madera, pero una madera más antigua que los casinos, y los autos de combustión. Es posible que a este centro fundacional, agujero que contiene todos los agujeros lo haya concebido la caída de un meteoro o el naufragio de un artillero de Toledo. Las casas y sus habitaciones que quiero rentar por fuera lucen como el coral, pero al coral le toma cien años el llegar a la niñez.
11/9/11
2. Irvine Forrester negocia con Mikey Welsh
Me lo espero, uso el tarot de fantasía, el botón no es tal, el ascensor lleva años sin empujarse, un caracol atraviesa los pisos, emergemos en círculos, ella lleva sus pies adelante, hay antorchas o artefactos eléctricos que iluminan los pliegues y las arrugas de aquella habitación compuesta de otras habitaciones. El pronóstico es perfecto, puedo exigir reparaciones, curioso, ella enciende el televisor, con claridad distingo otro color, la habitación se llena de un aire, quiero creer que glamoroso, un glamour a lo universal studios, ella cierra la puerta, imagino el espacio, enciendo un gps para presenciar la salida y el escondite del sol. Escucho una aspiradora, más bien el sonido que hace al desconectar sus extensiones, como un tapir ahogado, debería recostarme, hay un mueble, un rectángulo, me desplazo por centímetros, de una las paredes veo salir más sombra, imagino la cortina, imagino el vapor, visto en reversa, el cuerpo es mínimo, el sexo cuelga como un calcetín arrugado, necesito calzado para el agua, no hay cortina, el vapor no es vapor, el vapor es mi murmullo, dejo de pensar en que el agua es una serie de cadenas minerales, cierro los ojos, es un error sumergirlos, el jabón es mínimo, llevo canceladas las sensaciones, el baño resulta en un lavado de auto express.
Brillo sobre el filo del rectángulo, el algodón termina el trabajo, brillo bajo un comercial de bebidas con sabor a lima, estiro el rectángulo, el desorden me hace dos o tres preguntas, calculo el tiempo, programo un itinerario, quizás es apenas la mitad de la tarde, estamos el tapir, el rectángulo, el televisor y yo, ¿dónde?¿qué sucedió? ¿qué sigue? anoto sin plumas, sin teclados, en el antebrazo pronto no habrá espacio, un círculo gótico contiene una mandíbula llena de perfiles, es un círculo de tinta y asma y palabras dichas por Salinger, un cuerpo entra por la boca de un retrete, las converse serán dos esponjas, bucear sobre el rectángulo, una tortuga como almohada, la bautizo, nos sumergimos hasta el naufragio de un concorde, la televisión arropa el cuerpo, esas imágenes las había venido soñando. Me despierta otro comercial. Hay un ruido de domingo en el fondo. Vivo junto a las paredes de un pozo con fondo rojo. Viviré hasta mañana, cuándo es pregunto, la noche dura dos días, debo ocuparme del tiempo, tengo el tiempo contado, el comercial se alarga como un disco de baja fidelidad, he cancelado las entradas, al despertar habré domado a la bestia, apenas hay una sombra de su cola, el tapir duerme, alcanzo el control, estiro el brazo, los botones responden luego de varios intentos, el rostro ha sido borrado, una bomba horizontal disimula el cubo, su cercanía al pozo, finge una explosión que petrifica cualquier intento de mirar a través del cristal, de buscar el origen de las futuras luces de los días. Sueño con postes y semáforos y balcones pero al fin sueño, al fin termina el arribo.
1. Carrera Infante
El brazo extendido. La mano, el gesto, la orden. Adentro, montado sobre un columpio, las direcciones hechas de hormigón, las grúas como grullas de pie sobre una superficie, sobre una plataforma, es el asfalto el que se mueve, el traslado es cúbico, un tetris horizontal desborda, hay gárgolas dentro de la lente. Hay texto, hay memoria, sucede una clara predisposición a no entrar en cavernas o pozos repletos de oro, para no hablar de dioses hablamos de nosotros, reconocemos gustos, lugares, una V suena a Violet, un reloj marca un tiempo, una fecha, un pronóstico, entre la sección de clasificados y los grabados de peyo encuentro una noticia de alquitrán, el humo se pega para siempre hasta nublarlo todo, hasta cuando es necesario emerger tragado por un traje y una escanfandra y un juego extra de baterías, estacionado sobre un columpio frente a la primera habitación conquistada por un letrero de cobre con las iniciales S.A.V. Andrés cuelga de un gancho sobre una fila de diarios de la tarde anterior, la dirección coincide con las fechas o los números de tinta, y pulpa, y Andrés tiene en los ojos dos semillas de papaya, una anciana cruza el cristal, usa el diario de la tarde como rodapies, él suelta las riendas, con destreza se desdobla, puedo verlo en su cabina, Andrés lee la primera novela de Karen Beats, lee el horrendo cuadro que ella no ha elegido, él lee mis hazañas, no usa la corneta porque empieza a dormirse, su esposa cruza de lado un semáforo en verde, llevo solo carne y bolsillos, entonces Andrés y él se vuelven vapor, yoLukeskywaker pruebo encender cualquier sable láser, la anciana prepara el ascensor, tengo un pie sobre la escalera, él levanta su sombrero, levanta su frente, tiene un dedo en el gatillo, hay un ojo tuerto tras otro volante que empuja un columpio con dos chinos a los que se les ha ponchado la motocicleta, preparo las rodillas, tomo aquel putzalahua de fantasía, demuelo gestos, dientes montados, es él, su cabina amarilla, un tatuaje de la muerte cordoveza quienes me sugieren continuar. Bajo el gancho cuelga una línea oblicua y horizontal, termino la escalera, termino tras un cristal, yo mismo dentro de la habitación soy transparente, evito el sodio, yo mismo pronto estaré lleno, visitado como un hotel.
10/9/11
Cálico
El auto se detiene a media docena de pasos. La calle, la iglesia, el edificio donde funcionan dos bancos, lo que debería ser una imagen plana, lo que debería parecerse a una ampliación sin esquinas, delgada como una fotografía, es, incluye, contiene aquella docena de pasos. Los autos, cruzan sobre esa distancia, la línea invisible y virtual adquiera la altura de una cerca, de un autobus, de un niño sentado sobre una choper, de tres puestos de periódicos y revistas, una pared con periódicos de vidrio, o ladrillos firestone, o cruceros renegados del río, o por que no, una pared que más bien es una sequia. Las orillas, el fluido, el rumor, el pie dentro de aquel curso, la cerca deslizada como una cortina, el rostro girando de derecha a izquierda, la cerca, la cortina, el pie fuera de la corriente, la marea, la sequia ahogada por un brazo de hierro, ella, a media docena de pasos, ella, que no sospecha que la están siguiendo.
La decisión. La vereda, la piedra. Pasatiempo, una caja amarilla y de cartón con una lija como uña, los dedos, la explosión, los ojos que trepan sin oxígeno, inflamados, el hacha, el zumbido, el aire roto, la campanada, la sombra y su perfil, la silueta a contraluz, bombardero, coordenadas claras sobre una hoja de misa de domingo, misa doblada dentro de un bolsillo, sermón nocturno, diurno, pan de oro.
Ella detiene el tiempo. Una garganta de pólvora escupe un grito como un millón de grillos, la marcha en sentido norte sur, la perspectiva que se crea por un efecto de posición, golpea o se detiene bajo una línea de árboles, o sea, se prolonga hacia las nubes, forma una consonante mayúscula. Ambos, es decir, la silueta que formamos, bien podría pasar por una letra del alifato. De ahí en adelante el tiempo corre hacia atrás, los cuerpos como puntos van desapareciendo, como si quisieran alejarse, o por el contrario, como si viajaran dentro de un vagón de tren.
1/9/11
Lover Cohen lover
Me detengo ante su imagen. Detenerse, dejar de respirar, ha cruzado las piernas, las luces la deforman, la inflan, detrás de cada disparo hay horas de práctica, oficio, su sonrisa derrota a los invitados, los descalza, sin zapatos es posible reconocer las texturas, el piso, volver y poner los pies, quebrarse, ante aquella imagen es mejor persignarse, incluyo esa posición dentro de una billetera mental, al endeudarme busco en el pantalón de mis culpas y al abrir el cuero para sacar las monedas de nylon encuentro feliz un amparo, la fe se ha apoderado de las luces, del fondo blanco e interminable planchado como una camisa amildonada antes de ser escrita, antes de pasar al museo de lo poco serio. Ante ella acepto los compromisos, me vuelvo profeta de la disciplina, guardo sus líneas entre mis esquinas, geométricamente, la leo de izquierda a derecha.
23/8/11
Onomástico para vencer la cola
He llenado el volumen de líquidos. La madera contiene mi peso, lo distribuye, los huesos han sido fraccionados en partes equivalentes, sin proyección ni ampliación observo los circuitos, las placas, los puntos de suelda que sostienen a los órganos sobre este árbol de navidad que llevo dentro. Afuera cae una tormenta de sol, los autos estacionados brillan hasta derretirse con las capotas levantadas mientras recorren en fila los pregones establecidos para estas fechas, mi uniforme luce su mejor momento, los ojos se voltean al contacto con los botones, he dedicado la mitad del tiempo programado para el descanso, tiempo en que las imágenes se vuelven radiografías en tiempo real, para abrillantar y zurcir con la paciencia de un cirujano, con antorchas como ojos poblando el centro exacto de un satélite, los accesorios, el sol ha vuelto a dar un giro mientras los parabrisas en las calles, en los ventanales, en las ventanas de los buses, como en una pasarela contienen los botones, las hebillas, las diademas, y otros metales con los que he decorado mi perfil, su hambre y su historia. Cruzo como un nudo los pies, la tormenta radioactiva despierta la pesadilla de los eclipses. Exhalo, me obligo a toser para devolver la risa al espíritu, una mesa metálica se extiende como un transformer, es mejor no apretar ningún botón, las rodillas hacen de gatillo y los pies despiden pólvora, imprimo varios carteles con fuentes rojas, lamo los labios desde el freezer del estómago, una tormenta de frescuras me da vueltas sobre otra tormenta, recobro el aliento a través de mi propias encías, intoxicado escucho mis carnes hincharse.
Por costumbre miro el reloj, elaboro un plan maestro, visibilizo los ángulos de aquel espacio, un tren perfora las mansiones de aquella villa, sobre una piedra se consumen los mellocos de un volcán, derretido me agarro de unas raíces, cavo con el pulso de un muñón.
22/8/11
Moberman Melville
Me alimento de un balde plástico que lleva las etiquetas pvp y pyka cubiertas de vísceras, es un balde alto, llega a topar la altura de mis rodillas, como en festividades está surtido, menudo, lo he llenado desde la mañana, no ha sido sencillo, para ambientar el día he programado el discman para que repita las 17 canciones del único disco que ha sobrevivido a las calles, es un disco que lleva serigrafiado en alto relieve una mándibula, unos dientes, y dos micrófonos, es conveniente y hasta recomendable no dar títulos, es mejor y hasta terapéutico investigar por todos los medios cuál de todos los discos contenidos en los bancos de imágenes es aquel que corresponde con la descripción. De esa manera, improvisada, más bien, dibujado con los ojos cerrados he traspasado las calles culebreras del día, más en forma de sombra, retrocediendo, rebobinando y hablando tras varios hilos de voz, como un profesional, aplicando técnicas avanzadas, dentro del parietal de un uniformado, soltando más de la cuenta, observando a través de las olas un espiral, una lucha con golpes de cola, cortos pero rápidos aleteos, fotogramas de labios rasgados, ha sido, una astucia, el aceptar aquella sugerencia, no ha costado un centavo, más bien, he aprendido a reciclar, alambre siempre hay, ha sido cosa de preguntar, dar dos vueltas, apretar el alicate, dentro, al fondo, bajo esa corriente las vueltas no liberan, ha sido habilidad, ahora fabrico con los ojos cerrados, en la profunda cortina negra observo el procedimiento, las imágenes son de estas manos hábiles y entrenadas, su fortaleza es la de un Samurai, de cabeza sobre una porcelana compone un origami que respira, bajo todas esas toneladas la boca vuelve a rasgarse, la superficie tiñe, la calle filtra los fondos, levanto la caña, espectacularmente divido con el nylon, un arco se evapora y desintegra, abro la boca como un balde, rasgo las encías, divido la sombra del paladar, arranco el anzuelo, ese anillo entrenado a través de la carne, la calle tiembla, la cola se agita, el movimiento es propio de un pez que aletea, viajamos en el estómago del cardúmen, el disco salta, caemos en cuenta de nuestra posición convexa, la cortina cubre las manos, asisto a una obra chinesca, mi ojo pestañea dentro del balde, el ojo de oro atraviesa las cejas, busco un rincón, conquisto el centro exacto del pez, aquel hígado surte de defensas, ha sido calificado por sus hermanos, levanto los brazos, me invento un rito a base de mantras, me apodero, soy el rey bautista de los ruidos, entonces parto aquel ojo de oro, recuerdo varios brazos levantados, asisto al ocaso del último sol, entramos, sin empujones, respiro el contenido del balde.
21/8/11
A propósito de Agosto
Asalto y robo al tren. Sobre la líneas imagino haber colocado monedas planchadas, rostros o perfiles sin textura, también son habitantes de estos bolsillos juguetes redondos frágiles pero más veloces que una rueda de vapor. Coloco el oído, escucho los latidos de aquella falsa superficie, estiro y prolongo las antenas, soy un ave, mis ojos perforan la montaña, mi cuerpo es alargado, se cubre de arena, quiero creer que también soy un saltamontes. Los rumores acarician a las hojas quienes parecen juntarse para responder en coro. Un brazo espartano oculta al Cayambe, es posible que tras su movimiento los volcanes, lo valles, se encuentren recostados sobre las ruinas de una ciudad convertida en colchón, un colchón superado por los cuerpos, poblado de madrigueras, envuelto en sí como un capullo.
Exhalo. El aliento se hace visible, una nube negra se aproxima de entre los cipreses. Ajusto las monedas sobre la riel, al igual que sentado tras el panel de mando, escojo no escuchar, elimino las vibraciones, la membrana se estira al máximo, resulta en coordenadas, en una serie geométrica de triángulos que al chocar producen más triángulos. He abandonado el mundo a través de los sentidos, correcto sería señalar que por curiosidad he optado vestirme de astronauta, naufrago a través del rumor que rebota dentro de mi propio casco. Una nube cercana al smog empaña el cristal. Mi rostro la absorbe como un pañuelo.
El convoy camina sobre el puente. Mi risa vibra como las alas de la mosca. Los juguetes víctimas de la gravedad me miran, busco un gesto, se alejan sin suplicar. Corro el telón. Un telón blanco y horizontal. La atmósfera silva, exige, suplica como Grasse los huesos de Grenouille. Abajo la nieve cubre todo rastro del incendio.
19/8/11
Alcalina
los ojos palidecen, se rellenan, visten mas bien, parpadear es una necesidad, la pupila entra a la lente, obscenamente succiona el perímetro, el decorado, los espejos los multiplican, una tormenta rebota entre los botones, sobre las hebillas, a mano alzada y con la más baja intensidad va inflamándose el pellejo de un ascensor soldado dentro de miles de brazos calibrados, sugeridos apenas por la química y el trueno dentro de aquel círculo negro y dilatado que, bajo el dominio del pulso, absorve como un enema el cuerpo que hace de sanduche entre ese juego de espejos donde el techo bien puede ser el suelo.
17/8/11
Morvan Pilatus
He visitado lugares que no pueden verse aún, de Saint-Exupéry me ha dejado pilotear una de sus cuatro naves, juntos hemos cubierto en varias décadas la geografía de un continente sospechoso, los bordes y los confines de mi propia historia. Aquí no hay nada nuevo, las huellas son impares, los rostros lucen rejuvenecidos, hay mamíferos jugando a ser mascotas, tantos como árboles, como marcas de caramelos, parados sobre sus dos patas, cruzando como cometas el cielo, respirando con los labios tras de un cristal, ¿labios o boca? mirando, perforando, buscando oro a fuerza de miau, de croac, de beee, oro que no existe, piedras a las que tengo que inventar. Con sus juegos alcanzo un abismo que transforma mi piel en gelatina. De estas y otras sombras está formado el mapa, lo recorro con un dado en la mano, un dado que marca siempre el mismo número, de manera previsible, nada se pierde retirándose, es posible, tras la sensación del juego, detenerse en medio de aquel tablero y sentir la gravedad inventada, la posibilidad de dar un paso en Roma sin moverse nunca de Roma. Bajo los pies o sobre el avatar, o como anillo en su cintura, exactamente conteniendo la atmósfera de polo a polo, un asterisco de flechas señala todos los caminos, *.
15/8/11
Soy un muñeco ventrílocuo, descanso sobre una rodilla, sé usar una mano, visto de franela, también uso reloj.
Decir todos quizás sea exagerado, quizás lo más apropiado sea decir nosotros. Decir con mayúsculas y sin miedo: Nosotros estamos mal. Recuerdo, sueño, y, esa, la parte dolorosa, complicada por nudos, es, sin que yo me lo proponga la que me despierta, con sus engranajes oxidados, bañando de sudor el pecho, llenando la garganta de flemas, invadiéndome con nombres próximos, familiares, lobotomisándome con imágenes recurrentes, atroces, alcanzado por esquirlas, por vísceras, intestinos que en sueños veo colgar de cuerpos mutilados, cuerpos armados con partes agrícolas: a veces un rastrillo por mano, una mochila de fumigar por estómago, cuerpos remendados, alejados o doblemente cercanos al fuego, blindados, inmunes, cuerpos que se reciclan, que ya no comen sobre mesas, que no miran con dos ojos, ni tampoco olvidan, más bien, presencian el mismo sueño cada día, bajo la luz del sol que suele salir a través de la luna, sueñan estar viviendo despiertos, sueñan sin haber dormido, con la misma ropa de un dibujo animado, con la mirada oblicua, con los ojos y sobre todo las pupilas trasplantadas de una vaca. Amanita muu.
8/8/11
Can on
Entre el escritorio y la puerta, los objetos, cubiertos de arena, sugieren movimiento; antes, sombras ocupando un espacio, entonces un rumor, una caravana, la diapositiva, el contacto de un incendio, de un pulpo, bañado por su propia tinta, estrechando sus tentáculos como manos, ciego, invisible, dividiéndolo todo con su aliento, con sus brazos, con sus alas azules de ángel azul de la gasolina, hinchándose, como una ampolla huérfana hija de la pólvora, bajo los tallarines y los látigos de un estofado crudo, relleno de llamas y de antorchas y de silbadores y de años viejos, cruzando la calle, bajo toneladas de radiación, uniformados, dentro de una volqueta cargada de escombros, del rompecabezas de una estatua, camino a la quebrada, abandonando la neblina del páramo.
4/8/11
Ob seno Don oso
Te veo acercarte, me lo repito: ve, mudito, no cambies, así nos gusta, vivir del intento, ser una probabilidad. Necio, mudito, te digo que lo dejes como está, yo ya estuve, yo te lo cuento, mi memoria está blindada, tiene paredes grises, como la del elefante.
Tus manos giran el dial: tupá. Mudito, mu u di i ii to a mi no me tienes que impresionar, almacenesrikylosalmacenesconcorazón, meconozco de e e memoria nuestra voz. La radio no reemplaza tu voz. Hablacontodostusamigosalasteriscocientoveinte. La voz sale de entre tus dedos, mis dedos, te enseño a hablar con estos dedos, tupá, tupá, mudito, grites, mee escucho gritando, mu uudito, no grites, déjame contarnos a los dos
1/8/11
Un día El Evangelio. Una mesa, cuatro sillas, un mantel. Templo, hogar, nube, de rodillas y con la oreja plana, la cabeza, la plegaria, el permiso. Entonces, de rodillas, plano, con los ojos en la nuca, entre el techo, entre el fuego, entre el piso y el templo, líquido, dentro de cada nariz, dentro de cada imagen, elevado, ruidoso, fuera de las trompetas, cerca de las aves y del hielo, abierto como océano, como mandíbula, tragando, succionando,
29/7/11
Hiato
Miró con el rabo, desde la esquina, media nariz a la izquierda, apretado, dentro de los bolsillos, dando pasos sobre una cuerda con la gravedad de cabeza, uniformado, sentado sobre granadas, y granadillas y un cepillo dental, un enjuague bucal, y un hilo dental, con los dedos en los surcos, dentro de un castillo, en el salón real, hecho ceviche, acompañado del pana pecho e chifle, mitad Kafka, mitad niño terror, dividido, mitad denominador, mitad para armar una mitad, brillante, cubierto de algas, recostado bajo una lámina con la piel pelada, con las manos dentro de guantes, empujado, sin resistencia cada vez hasta una próxima tal vez, de lado, también inclinado, garabato, en curva, firme, cruzado el amarillo, domando el ocaso, bajo candados, a tres mandíbulas de fuerza, disfrazado de sniper, sin aire, automático, con ojos como huevas, parques, pantanosos, a media luz, a mitad de camino entre un nudo de corbata y el último sol de la tarde, sol reventado reloj de las sombras.
11/7/11
Los fotógrafos del valle de los cuchillos.
La ubicación: el pasado. Reescribo fechas, desempolvo, me levanto en un pasado que no termina de volver. Corro la cortina: páramos detrás de otros páramos, Quito tagea, se estira, la ventana queda corta. Enumero visitas; los números se vuelven calles, como en un comercial desfilan la Salesiana, el Hospital militar, los kilómetros de cable hasta la Villaflora, de regreso a la Alameda, las filas de Vingalas en y desde el trébol, el choclo, el aguacate, Salcedo, calle y Salcedo city, Alausí, otros páramos, la costa del atlántico, medio oriente, una señal pay pal de cable, cinemax y Jack Black; todos, reunidos, por obra de un proveedor mientras yo, que hago como fotógrafo, como científico, publico un coment, pienso en el Quixote, un Quixote del tamaño de Gulliver; -escarbar-, me digo, -ser sombra de la sombra, volver, volver, volver-.
Él levanta su cabeza, el feedback cede. El espejo pulcro, las paredes amarillas, ¿amarillo gaceta?. Él lentamente saca las manos, con torpeza empuja su cuerpo, exhala, abre la llave, el espejo lo multiplica, ¿un último baño?, duchazo de pie, buceo vertical, ¿prendas? En el espejo el reflejo, en el espejo la figura de un hombre empapado, en el espejo y en el reflejo, un hombre de pie, sin manos, hecho de huesos, de perfil, con las manos y sin manos, metidas, guardadas, escondidas, un hombre diminuto, un hombre de bolsillo.
En el balcón sol, bajo el sol plantas, sobre una mesa, sobre sus patas un juego de barajas. En el medio un mantel de cuadros rojos y negros y sobras de queso, y un tenedor, y una pirámide de piedra, y migas, y el sol.
En la sala una grabación. Charles Mingus y Thelonius Monk; Mingus y Monk un evento in situ. Tocan Estroboskopik. Ella, que lleva rato oscureciendo una nube, decide que hay dudas que no se las puede permitir, mientras, repite sin dudarlo que es feliz. Piensa en él, algo tiene, algo en su condición de paria, o de junkie, o de lumpen, my sweetlumpen se repite y Mingus y Monk por su cuenta preparan sus solos. En la sala además hay fotos, además de turistas, de shorts, de islas y piernas hay una imagen de una minivan. -Minivan-sobrecarga- dice, mientras el viento, turista de couch, cierra con fuerza algunas puertas. Junto a la foto un teléfono, insiste, exige que lo levanten. Ella toma aire, se comprime, se vuelve un feto. Mensaje nuevo. En la isla no hay señal. En la foto, sobre la pared dentro de la sala, ella ocupa un puesto, ella abandona la isla, la isla sin señal, la isla minivan. Óleo, -Bruce D.- gime Monk, Mingus y Monk y los turistas, rebotan todos, se vuelven paredes. Ella cubre el óleo, abajo queda Bruce D.
Él, mientras se desviste, piensa que debe salir al balcón.
Ella, al esconderse, espera sorprenderlo detrás de los helechos.
Él levanta su cabeza, el feedback cede. El espejo pulcro, las paredes amarillas, ¿amarillo gaceta?. Él lentamente saca las manos, con torpeza empuja su cuerpo, exhala, abre la llave, el espejo lo multiplica, ¿un último baño?, duchazo de pie, buceo vertical, ¿prendas? En el espejo el reflejo, en el espejo la figura de un hombre empapado, en el espejo y en el reflejo, un hombre de pie, sin manos, hecho de huesos, de perfil, con las manos y sin manos, metidas, guardadas, escondidas, un hombre diminuto, un hombre de bolsillo.
En el balcón sol, bajo el sol plantas, sobre una mesa, sobre sus patas un juego de barajas. En el medio un mantel de cuadros rojos y negros y sobras de queso, y un tenedor, y una pirámide de piedra, y migas, y el sol.
En la sala una grabación. Charles Mingus y Thelonius Monk; Mingus y Monk un evento in situ. Tocan Estroboskopik. Ella, que lleva rato oscureciendo una nube, decide que hay dudas que no se las puede permitir, mientras, repite sin dudarlo que es feliz. Piensa en él, algo tiene, algo en su condición de paria, o de junkie, o de lumpen, my sweetlumpen se repite y Mingus y Monk por su cuenta preparan sus solos. En la sala además hay fotos, además de turistas, de shorts, de islas y piernas hay una imagen de una minivan. -Minivan-sobrecarga- dice, mientras el viento, turista de couch, cierra con fuerza algunas puertas. Junto a la foto un teléfono, insiste, exige que lo levanten. Ella toma aire, se comprime, se vuelve un feto. Mensaje nuevo. En la isla no hay señal. En la foto, sobre la pared dentro de la sala, ella ocupa un puesto, ella abandona la isla, la isla sin señal, la isla minivan. Óleo, -Bruce D.- gime Monk, Mingus y Monk y los turistas, rebotan todos, se vuelven paredes. Ella cubre el óleo, abajo queda Bruce D.
Él, mientras se desviste, piensa que debe salir al balcón.
Ella, al esconderse, espera sorprenderlo detrás de los helechos.
4/7/11
Orgien
Enciendo la luz en aquella habitación. Nadie me lo ha advertido. La luz blanca, como multiplicada, produce segundos intermitentes de ceguera; desenfoca, cubre, oculta como un páramo dentro de una habitación. Busco una silla, al igual que el escritorio, tengo los pies clavados en el suelo. Caigo hacia adelante, obviamente perderé los sentidos, me he quedado sin peso, de no ser por estos clavos mi cuerpo, -su envase- flotaría, chocaría con las paredes blancas, casi infantiles de la construcción. Entonces cierro la puerta, una última burbuja de oxígeno revienta, infla el espacio, busca un lugar, una parte como si adentro no fuéramos suficientes la mesa, la silla, mi cuerpo. Mi cuerpo se endereza, recibe por la espalda una patada, tan lenta es la fuerza que en cámara lenta, -lo que dilata el recuerdo-, arranca mis pies del suelo. El cuerpo, como un sorbete de goma se estira, se prolonga rebotando en esas paredes de búnker, toma la forma de las esquinas, de los bordes, como una plastilina, débil, amelcochada, deforme, cruda, exhalando paladares, rebotando lentamente, perdiendo el rostro, multiplicando gestos que primero fueron muecas, sonrisas largas y derretidas con ojos en vez de dientes, dientes que no parpadean, redondos como anos, húmedos, viscosos, pálidos. Ella abre la puerta, entra su rostro, cree que algo así no puede ser cierto, hasta decidirse a pasar le toma segundos convertirse también en plastilina, sus partículas flotan en todas las direcciones, se disparan como un fuego pirotécnico, un fuego que hace paff!, menos como un festejo más como un pedo, un paff! sonoro, gordo como chorizo, grave, negado a los ecos, destinado al colon, a reventar dentro de los intestinos; entonces ella, más bien lo que era ella, cubre las paredes antes pulcras, antes de estudio, ella, y la pared empiezan una nueva existencia, ella como pirotecnia, la otra como escenario, ambas una función, una fecha, lo que se ha dado en llamar un aniversario.
3/7/11
Domingo, Domingo, domingo
Podía ser posible. La idea rodaba dentro de su cabeza, conectaba un cableado kilométrico de luces fluorescentes, de lámparas de petróleo, de intermitentes luces navideñas, microscópicas, nerviosas, dotadas de puntas eléctricas. Esa idea que recorría las autopistas a una velocidad incápaz de ser medida, incápaz de ser vista, invisible como un disparo, sería el comiezo de su aniquilación, en ese instante, parecido a la caída de un trueno, las ideas, o las palabras, o las emociones se sucederían a través del filtro lógico instintivo, como en un derrumbe, bajo la orden o como respuesta de una fila de hombres afeitados, vestidos con mandiles, en un orden donde es imposible distinguir edades,
él no llamó, él dijo que lo haría a las ocho y media, él, antes, durante la primera charla había hablado con preocupación de la puntualidad. Lo dijo, en tres palabras, qué tal eres con la puntualidad, y ahora, ocho y treinta y cinco minutos, cuando ya la puntualidad estaba derrotada, cuando él debía ser consistente con sus palabras, cuando la palabra de un hombre estaba en guerra, yo, manejaba, detrás de una fila de taxis y patrullas a esta hora los autobuses estarán cargando sus tanques para los recorridos del día siguiente, en fila, con una mano en el volante, Anna no está, Anna aparecerá en el relato recién al final de la calle, cuando haya disminuído esta afluencia de motores, de radioestaciones, de Santanas y narcotangos y sets electrónicos bajo las luces románticas y agresivas de los semáforos, entonces ya no tendré que sostener el volante, no haré maniobras, seré un dandy, mitad Wilde, mitad panzón de unidad, frenaré con los pies, mientras, Anna, con olor a cerveza, por qué no! casi arrimada sobre mis muslos, resuelta a gritarle al primero que se le interponga, Anna bajo mis dominios usando sus manos para ordenar mi vida una vez más, sostiene el volante y yo con las manos libres, con la vista en la fila de taxis y coupés y citroens y cheyennes, tomo la tarjeta de él, uso los postes, a Quito, a su luz, distingo los números anotados, los nombres impresos, repito, como mantra, con énfasis, mirando a la cheyene, sintiendo el acelerador bajo el pie, como si de repente las extremidades fueran de palo, como zancos, antes de haber anotado el número, de haberlo marcado, repitiendo 293 293, con la teoría, la hipótesis del fracaso, fiel, testiga de cada amanecer, una verdadera todoterreno, abierta de brazos y de estómago, cubriendo de vísceras la señal, borroneándola, deformando el sonido dentro del auricular, como hace veinte años, como al hablar con la familia en el extranjero, como si la comunicación estuviera construída sobre ecos.
él no llamó, él dijo que lo haría a las ocho y media, él, antes, durante la primera charla había hablado con preocupación de la puntualidad. Lo dijo, en tres palabras, qué tal eres con la puntualidad, y ahora, ocho y treinta y cinco minutos, cuando ya la puntualidad estaba derrotada, cuando él debía ser consistente con sus palabras, cuando la palabra de un hombre estaba en guerra, yo, manejaba, detrás de una fila de taxis y patrullas a esta hora los autobuses estarán cargando sus tanques para los recorridos del día siguiente, en fila, con una mano en el volante, Anna no está, Anna aparecerá en el relato recién al final de la calle, cuando haya disminuído esta afluencia de motores, de radioestaciones, de Santanas y narcotangos y sets electrónicos bajo las luces románticas y agresivas de los semáforos, entonces ya no tendré que sostener el volante, no haré maniobras, seré un dandy, mitad Wilde, mitad panzón de unidad, frenaré con los pies, mientras, Anna, con olor a cerveza, por qué no! casi arrimada sobre mis muslos, resuelta a gritarle al primero que se le interponga, Anna bajo mis dominios usando sus manos para ordenar mi vida una vez más, sostiene el volante y yo con las manos libres, con la vista en la fila de taxis y coupés y citroens y cheyennes, tomo la tarjeta de él, uso los postes, a Quito, a su luz, distingo los números anotados, los nombres impresos, repito, como mantra, con énfasis, mirando a la cheyene, sintiendo el acelerador bajo el pie, como si de repente las extremidades fueran de palo, como zancos, antes de haber anotado el número, de haberlo marcado, repitiendo 293 293, con la teoría, la hipótesis del fracaso, fiel, testiga de cada amanecer, una verdadera todoterreno, abierta de brazos y de estómago, cubriendo de vísceras la señal, borroneándola, deformando el sonido dentro del auricular, como hace veinte años, como al hablar con la familia en el extranjero, como si la comunicación estuviera construída sobre ecos.
27/6/11
Él no tiene nombre, mejor dicho lo tuvo, mejor hay que pensar que lo sostiene en las manos, lo tira por una ventana, lo observa caer sobre algas, entonces digamos que tuvo un nombre, pero parece más claro decir también que lo perdió. Ya sin un nombre, que también es como decir ya sin memoria, detiene su mirada en el paisaje que se le presenta a través de la ventana. El hombre, antes llamado de alguna manera, viaja a través de un país lleno de montañas. La autopista por la que transita el autobus en el que el hombre hace su viaje, atraviesa el aire, la lluvia, la arena, sus llantas firman como en papel una rubrica a través de páramos, de haciendas viejas, de ciénagas, como un gusano es el autobus y como parásitos son quienes dentro de él van sentados: una niña gorda y rosada con diademas en la cabeza, su padre, o un hombre peinado a la perfección como con brocha, que además lleva un bigote negro y pesado y varias revistas deportivas en su mano. Junto a él un niño feo, de cabello en puntas, con los ojos negros y una camiseta de los power rangers. El niño, que sonríe, que salta sobre las piernas de su madre, toma fotografías con una máquina de juguete, fotografías imaginarias del lago, de los árboles, de los fondos imprecisos donde pareciera que él estuviera visitando. La madre, una mujer de espaldas anchas como un armario intenta sin éxitos cerrar la ventana.
16/6/11
Él pasó la tarde dentro de casa. La sala estaba adornada, un automóvilde las paredes colgaban cuadros con motivos similares, una lata de aluminio comprimida, una botella de cristal verde sin etiqueta, un cenicero lleno de chicles masticados, un cuarto cuadro había sido cubierto por una tela de color arena. Él, sentado como si esperara que un camarero lo atendiera, levantó la mano, tomó el teléfono, marcó un número, lo pronunció, lo hizo estando a siglos de distancia, lo hizo desde el pasado, marcó un número en una época donde aún no existía, donde él sería un gruñido, donde
15/6/11
Lan lan
La mente recrea ideas, las filtra, las descompone con un cedaso hecho de troncos, atado a huesos, cubierto por asfalto, delgado, transparente como membrana. Esas palabras, que en su forma sugieren un testamento, en la realidad saben a balas, a soga, a una química necesaria e inesperada, el segundo extra, el infarto que derrumba, el segundo que fulmina. Un corazón dotado de horas de gimnasio, gordo, como un puño adulto cerrado, recibe esos impactos tras una coraza, en sus venas rebotan las frases, languidecen, caen húmedas como un periódico mojado.
La mente, sótano asegurado bajo siete candados, carga de nuevo munición, recrea una guerra, mientras él, hecho tierra, descompone los cuerpos, habla o imagina que dialoga con esqueletos.
La mente, sótano asegurado bajo siete candados, carga de nuevo munición, recrea una guerra, mientras él, hecho tierra, descompone los cuerpos, habla o imagina que dialoga con esqueletos.
14/6/11
Pozo
Para él eran cuatrocientos años, los contaba con la mano, los repetía en los dedos de los pies, con cada pestaña, llegaba a contar hasta setenta, respiraba, imaginaba una cifra entera, un número natural, un cifra tántrica, entonces operaba, resolvía cada siglo de historia, contaba guerras no a través de la pólvora, inventaba nombres, familias, espadas, encargaba, como se encarga al servicio de correo, un calendario de eventos, una bitácora, la radiografía que él intuía, la radiografía de un tiempo desconocido, empolvado, la historia que retenía, como a una moneda, los hechos, los actores que borrados, o convertidos en polvo, habían escapado a la pluma de los hombres, al martillo, al fuego, a la cuerda, imaginaba para sí mismo, y para la futura generación un bosque, una extensión cubierta de árboles, bañada por lagos, un páramo que sacaba de los bolsillos, que se escurría por la nariz, como sudor, un ave de tierra, un dialecto desconocido, un cuchillo, una mirada incómoda, una cruz de madera, fe, infamia, vísceras.
13/6/11
Lunes 13
La noche era oscura. Las puertas habían sido aseguradas desde adentro. Los pisos lucían pulcros. Al encender una luz, parecía que la casa hubiera sido construida sobre un estadio, o iluminada desde el interior de cada pared.
Ella y él se presentaron oficialmente, ambos se dieron las manos, ambos recordaron sus nombres, para que el otro supiera de inmediato con quien estaba tratando, para que se familiaricen, para que lo que quedaba del día quedara entre ellos, fuera para ellos, pero sobre todo fuera, como quien dice, para que valiera la pena. Ambos llegaron a un acuerdo, antes incluso de recordar cuales eran sus nombres, acordaron, para que el resto de la noche, ambos pudieran descansar sin molestias, sin rabietas. Él, encendió un televisor con un control remoto, hizo varias veces zapping, surfeó a su modo por entre telenovelas en italiano, miró a Mastroniani encender todo tipo de cigarrillos, mientras, en la habitación del frente, ella, según él, estaría haciendo alguna rutina de ejercicios, estirada sobre la alfombra con las piernas recogidas, ancladas entre los brazos, con el cuello estirado, la cabeza de cabeza, los techos en los pisos y los pies pataleando, los pies como almohada, como pedales y como remos, de una barca de porcelana, sobre un mar de cabellos negros, de olas oscuras, como brazos de pulpo, o de pulpos, o de pelusas, o de alfombras con formas de pulpos, o de mujeres convertidas en espuma, en nubes, en lluvia, en relámpagos.
Al cambiar de canal él encuentra un documental que trata el tema de la electricidad, el filme muestra casas construidas con paneles transparentes donde cada habitación es estampada sobre la siguiente y donde es imposible diferenciar un fondo, como si se tratara de varias peceras dentro de otras peceras. Los peces o los en teoría dueños del espacio decoran los fondos, le agregan rostros, lo convierten, lo maquillan, lo transforman en maniquí. Cuando la dueña de casa entra a una de las duchas el documental adquiere otro tono, abre paso a los testimonios, el diálogo se vuelve elemental, de repente todos tienen algo que decir. Se extraña, se imagina, se desean las imágenes de la ducha, el vello púbico de la entrepierna, se produce una ligera erección, se recuerda, se pronuncian malas palabras, palabras ideales para herir con permiso, palabras firmes y útiles como dildos.
22/5/11
Ella apresura su salida. Marlena mueve la cabeza, ella la mira a los ojos, la anciana empuja la bolsa del pan, ella abandona la caja.
El sol nos calienta
Parque
La negativa es rotunda, no deja espacios, ladra como un pastor alemán desde una vereda, es firme, pesada, está blindada.
Él toma uno de sus frascos con drogas. Drogas naturales, drogas manipuladas por la mano del hombre, drogas sembradas, cosechadas, procesadas por él, drogas como parte de un regalo, de un presente, drogas, regalo de Andrés. El frasco, un recipiente negro sin el rollo fotográfico lleno de mezcalina en polvo, un polvo fino, con una pequeña capa de hongos sobre la superficie. La poción, amarga e inolora, la mezcla bebida de un solo trago, sin miel, sin endulzantes,
Él destapa el vino. Cada copa conserva una etiqueta dorada. El clima es agrabable, hay sombras; el sol también perfora esos cuerpos, orificios de luz, sombras llenas de pecas, pecas sobre aquellas sombras. Ella se sienta sobre sus piernas, estira la espalda, su posición es sana, deportiva, castigada; orgullosa como su frente. Su espalda y su frente parecen haber aprobado los mismos cursos de posición corporal, levantadas, rectas, firmes, exageradas como un maniquí, estiradas como un globo, sin arrugas, aparentemente sin esfuerzo. Ella toma una de las copas, ella mira la etiqueta, la mira como atravezada por años, estudiándola, una etiqueta dorada, redonda, pegagosa, borroneada, sobreviviente, un malestar, un olvido, un destino comparado al horror, un destino hecho de defectos, una broma, una broma redonda y dorada, sin valor, sin astucia, desnuda, un chiste pequeño, una mueca, una pirotecnia. Ella mira la etiqueta, ella hace una mueca, ella mismo es una mueca, una mueca hecha de otras muecas, ella misma se crea un destino, grita, un aullido sordo, enorme como el campo, como el Chimborazo, como la nieve, enceguecida, poblada de virtudes insignificantes, convertida en pájaro, llena de plumas, clava, como un halcón con garras, aprieta, hunde, pero no ahoga. La etiqueta desaparece, hace un vuelo, brilla, como una moneda aplastada, ella sonríe, él sonríe, él vierte el vino, él, el dueño de las copas, para ella, para el ave, sangre, sangre embotellada, sangre para evitar el sacrificio.
El sol nos calienta
Parque
La negativa es rotunda, no deja espacios, ladra como un pastor alemán desde una vereda, es firme, pesada, está blindada.
Él toma uno de sus frascos con drogas. Drogas naturales, drogas manipuladas por la mano del hombre, drogas sembradas, cosechadas, procesadas por él, drogas como parte de un regalo, de un presente, drogas, regalo de Andrés. El frasco, un recipiente negro sin el rollo fotográfico lleno de mezcalina en polvo, un polvo fino, con una pequeña capa de hongos sobre la superficie. La poción, amarga e inolora, la mezcla bebida de un solo trago, sin miel, sin endulzantes,
Él destapa el vino. Cada copa conserva una etiqueta dorada. El clima es agrabable, hay sombras; el sol también perfora esos cuerpos, orificios de luz, sombras llenas de pecas, pecas sobre aquellas sombras. Ella se sienta sobre sus piernas, estira la espalda, su posición es sana, deportiva, castigada; orgullosa como su frente. Su espalda y su frente parecen haber aprobado los mismos cursos de posición corporal, levantadas, rectas, firmes, exageradas como un maniquí, estiradas como un globo, sin arrugas, aparentemente sin esfuerzo. Ella toma una de las copas, ella mira la etiqueta, la mira como atravezada por años, estudiándola, una etiqueta dorada, redonda, pegagosa, borroneada, sobreviviente, un malestar, un olvido, un destino comparado al horror, un destino hecho de defectos, una broma, una broma redonda y dorada, sin valor, sin astucia, desnuda, un chiste pequeño, una mueca, una pirotecnia. Ella mira la etiqueta, ella hace una mueca, ella mismo es una mueca, una mueca hecha de otras muecas, ella misma se crea un destino, grita, un aullido sordo, enorme como el campo, como el Chimborazo, como la nieve, enceguecida, poblada de virtudes insignificantes, convertida en pájaro, llena de plumas, clava, como un halcón con garras, aprieta, hunde, pero no ahoga. La etiqueta desaparece, hace un vuelo, brilla, como una moneda aplastada, ella sonríe, él sonríe, él vierte el vino, él, el dueño de las copas, para ella, para el ave, sangre, sangre embotellada, sangre para evitar el sacrificio.
5/5/11
2/5/11
Bosque
Él dejo de mirar el retrovisor. Los árboles avanzaron en fila , rápidos y ordenados, como con prisa, como si prefirieran no perder tiempo. Sobre muchos de esos árboles, quizás sobre la mayoría, descansaban nidos, vacíos algunos, abandonados otros, hogares de paja, de ramas y de raíces, perfectamente construidos, invisibles al hombre, invisibles para ciertas aves.
Desde el auto era imposible mirar los árboles. En realidad era imposible mirar cualquier cosa. En el tacómetro, las manecillas marcaban velocidades cercanas a las tres cifras, cercanas a los límites rojos, la manecilla, al rodar del vehículo subía rápidamente, violentamente, como cuando un auto es encendido. A través de los cristales, el bosque se sucedía como en una marcha grabada y reproducida a alta velocidad, los árboles, a través de las transparencias, de los reflejos, incluso de las sombras, se sucedía como una masa oscura, como una pared o como una serie de paredes, una serie santa, un conjunto de columnas o una tropa de columnas que sostienen un templo; las sombras, el bosque, los muros y paredes elevados como bóvedas, como naves de una catedral. Él miró el bosque a través de las ventanas del jeep, el jeep cruzó como un ave, como si volara, como si las llantas fueran alas. El templo, sus muros o sus sombras, a cada metro se juntaban como en un aplauso.
La gente de los oasis
Él mira su cuerpo. Ella está de espaldas, sostiene una camisa amarilla entre sus manos, en lo alto, como abriéndola, como si del techo fuera a salir una mano, un garfio, un rostro para llevarse esa prenda amarilla, para colocarla entre una puerta de hierro dorado y un telescopio, como sí esa prenda fuera un semáforo. Ella entra en la prenda, ella llena las mangas, el cuerpo, las espaldas con su cuerpo, con su espalda con sus brazos, ella detiene por varios segundos los brazos en el aire como sí acabara de bajar de un globo, con los brazos estirados como un clavo, como un tornillo. Entonces ella se enrosca, da un giro, dedica su perfil, sus muslos, el volumen de sus dimensiones a él, que fotografía cada pliegue, cada esquina, con una máquina instantánea imaginaria, una máquina feroz, que duplica cada imagen, que guarda una copia y expone dentro de las paredes pegajosas con forma de vientre las figuras que su retina graba y duplica y colecciona y ordena y corrompe. Ella, que desciende, ella que aterriza los pies sobre la baldosa, ella, como una pluma descansa ligera sobre el suelo, sin tomar nada del aire, siendo bomba al mismo tiempo, dueña de la habitación, como si ella fuera un objeto, el interuptor para licuar, pausar y desabotonar, como si ella fuera un vagón de metro, como si de ella dependieran todos los movimientos. Él, al igual que ella, estático, calcula la distancia, para ella son siglos. Ambos, como en un film, se miran a través de dunas y mares antiguos, bajo un sol, decorados por varios cráneos, una botella de cristal hace de ojo, resulta ser testigo. Ambos, separados por un desierto, suben, toman un transporte, el sol cuelga, el sol se refleja.
25/4/11
go Johnnie go, go
Era posible, era en todo caso, cabía toda posibilidad. Alexa repasaba mentalmente cada minuto de aquella noche. Repasaba como si se tratara de un examen: hora de entrada, tiempo atmosférico, cortina musical: Multitudes, día de la semana, número de encuentros, cruces de miradas, tamaño de su muslo. La sala de la casa dispuesta de forma que se notase la esmerada atención, el buen gusto, el olfato para elegir combinaciones agradables, entre la medida química del orden y el volumen exacto de la belleza. Una sala, amplia como un galpón, con aviones sobrevolando los techos fabricados en vidrio, transparentes, de una transparencia blanca, atravesados por el sol de las dos de la tarde, cuatro horas antes de que llegase el invitado, el tahúr, el zombie, el niño prodigio, la fecha, el onomástico, el día D, el aniversario de una vida caminada por dos pares desesperados a través de una playa cubierta por algas y elefantes, por elefantes que han vomitado algas, por algas y pisadas pisadas por otras pisadas, por un sendero cubierto por otros senderos de pisadas que unas veces van hacia el mar, otras veces salen del mar y otras parecen volver a la arena, como si de la arena hubieran salido pero instantáneamente hubieran decidido volver a ella, como arrepentidas, como si salir fuera de repente una mala idea. La playa, como toda relación escondía a un gigante con cuerpo de cangrejo.
18/4/11
(b)
Trent Reznor.. Cada palabra escrita con letra imprenta. Trent, visiblemente más corta que Reznor., Reznor., con el punto en el final. ¿Un punto final?. ¿Un final? Del mismo lado de la pared, sobre la parte descascarada, sobre ese ojo mal abierto donde es posible ver ladrillos, nombres, imposibles de relacionar con el negocio, o el hábito de la música, nombres tatuados sobre el ladrillo, ladrillos transformados en lápidas, tumbas de un imaginario cementerio. Una fotografía, incluso un boceto hecho a lápiz, dentro de un autobus, o una imagen impresa, arrugada y fuera de foco, serían suficientes, la prueba necesaria, para identificar, sin afinar la mirada, palabras, nombres, apodos, diminutivos, firmas, rúbricas, enumeraciones, títulos, definiciones, marcas, cifras, seriales, artículos, grados, géneros, edades, siglos, folios, coordenadas, categorías, voltajes, pesos, resistencias, distancias, índices. Aun, de lejos, las palabras, los autores, serían perfectamente identificables.
Junto a Trent Reznor., T e i g o he mbs. T unida a e por un espacio en blanco. T mayúscula, frase sacada de contexto. E minúscula, ¿artículo? Podría intentarse con una h.
16/4/11
Appetite for Destruction
Sobre el velador un reloj despertador con forma de manzana, pequeño, exacto el tamaño al de un corazón humano, o al de un puño cerrado. Dentro de la fruta plástica, las manecillas doradas formadas sobre las quince horas. Sobre el cristal del reloj, como en un espejo, reflejado el cuerpo de un hombre cubierto por una manta. El reflejo, el hombre dormido atravesado por el segundero, una espada plateada y mecánica, el dispositivo de cuerda de aquel hombre que duerme.
Sobre el suelo varios pares de zapatos, una correa recogida como una cobra, la hebilla, un artefacto metálico compuesto por un cráneo humano, un cráneo con gafas, con dientes, con una cabellera desordenada, larga, detenida en un movimiento violento, como si hubiera parado de golpe. La correa-cobra-cráneo con cabellera recogida como un reptil, junto a un pantano poblado de zapatos. ¿pantano o desierto? Zapatos como dunas, zapatos como bosques, pantanos al borde de volverse desiertos. La correa-reptil-cráneo recogida como una cobra, con los dientes afuera, con las esquinas afiladas y el pulso en la garganta, con la lengua trabada, adormecida, con el veneno en el filo, blanco, sedienta de epidermis, cegada, blindess, juntada por accidente, colgada de una manta roja, mordida, cráneo, dientes, algodón. La correa-cráneo-gafas hipnotizada, fingiendo ser peligro, adormecida, incapacitada, llena de veneno, mordida por accidente, con los colmillos atrancados entre un par de escamas superpuestas, con los ojos en blanco, la cola enrollada, el cabello detenido en un movimiento inoportuno, herida, accidentada, mudada antes de tener otra piel.
El parlante conquistado por Axel Rose. La lista, el reproductor, el shuffle, la lluvia y el volumen a diez mil.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)