El sol es agradable, su brazo, aquella extensión empuja la vida, la restaura, la hace más poderosa de lo que alguna vez podrá ser. Tomo el diario, siempre he sido un fiel fan de estos papeles informativos. El diario es gordo, pesado, distinto a los diarios y periódicos que había conocido. Las calles tienen nombres exóticos, los rincones de esta urbe guardan secretos en cada uno de sus detalles, una vereda parece ser la autopista prestada de un comic, siento que en cualquier momento seré abordado por los poderes sobrenaturales de algún ser con triple identidad. Al levantar la vista encuentro a dos murciélagos colgando con el rostro cubierto.
Sección cinco: clasificados.
Sección cinco: clasificados.
El espacio me supera. Es posible que este rincón sea el origen, el punto fundacional. Me siento diminuto. Golpeo puertas tomadas de alguna iglesia de Castilla. El eco, mis golpes, mis dedos parecerían influir en el tiempo, en las decisiones, es posible que haya caído en un malentendido. En realidad vivo engañado, pierdo el tiempo mirando cosas que no quiero tener. En realidad es morbo, me predispongo a disfrutar de toda sombra atroz. No me equivoco, quien puede cansarse de no fallar. Ahora mismo calculo las posibilidades y espero encontrar un billete de lotería, presumo, intuyo o calculo que la suerte caerá en seis. De todos modos nuestro encuentro es breve, ella, al escucharme sonríe con verdadera pasión, me transmite un sentimiento de tranquilidad que casi lo confundo con familiar. De haber sido lo contrario, es decir, de la manera en que ella lo pensaba habría sentido profundos deseos de no estar en aquel lugar. Ya en confianzas, ya con la bendición de las costumbres de Gross y Palacio entablo un supuesto regateo, consulto cifras, anoto dimensiones y evito sin decirlo cada uno de los compromisos. De nuevo estimulado por aquel futuro sol, me descubro en el centro del mismo punto fundacional. Desde allí, las calles y las casas que componen este barrio parecerían estar bañadas por un filtro amarillo, como si en vez de agua hubieran sido contrastadas por orina. Las casas amarillas no lo son completamente, más bien parecen una foto de revista quemada o gastada o sobreexpuesta por la radiación del pasado del sol. Las combinaciones o los colores usados en las ventanas, en los afiches de los kioskos, en fin, todo está construido sobre madera, pero una madera más antigua que los casinos, y los autos de combustión. Es posible que a este centro fundacional, agujero que contiene todos los agujeros lo haya concebido la caída de un meteoro o el naufragio de un artillero de Toledo. Las casas y sus habitaciones que quiero rentar por fuera lucen como el coral, pero al coral le toma cien años el llegar a la niñez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario