Ella no lo ha pedido, ha sido mi sugerencia. Tomo aire varias veces, el aire es mi combustible, pronuncio con cuidado, es posible ver un domo, esta bien, sigo dando vueltas, confieso que he sido el primero, confieso que tengo la llave, combino días con fechas, sumo para dejarla a un lado, veo una línea, un signo de admiración, de ser un tren habríamos cubierto el mar. Es ridícula, es infame, incluso las vocales las tomo prestadas, y no es un tú, no es un esta vez, doblado, veo los pies limpios, claros, pulidos, el sendero cubierto por pasos que han seguido las líneas, un continente, un circuito de rastros, tomo con cuidado en las manos y con las manos, es decir, acerco todo el rostro y la memoria y el microscopio proyecta el filme, en primera fila, pudo serlo, pero no ocurre, no atraviezan, las imágenes suceden desde cualquier posición, es decir, sigue siendo, seguirá, ha sido, pero no contento pruebo otra atmósfera, invisible, lavo los contornos en un lenguaje compuesto de hedores, intuyo un horario, incluso puedo ver el pasado, puedo ser aquel y huyo, y siento tragar un vaso lleno de apellidos, de consonantes, de refrigerios tomados bajo la misma sombra del mismo árbol, un ser compuesto de la menor cantidad de partes pero omnipresente, pero antiguo. El dedo late, el dedo pulsa, el dedo sostiene su gravedad hasta que el calambre llegue, hasta cuando llegue la noche, el ocaso, el pasado originalmente eléctrico, entonces la bajada, entonces la yema, más cerca del techo más cerca del suelo.
Por cierto él no lo ha pedido, ha sido mi sugerencia, que quede claro, que se demuestre, que el dios te oiga.
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