2/5/11

Bosque

Él dejo de mirar el retrovisor. Los árboles avanzaron en fila , rápidos y ordenados, como con prisa, como si prefirieran no perder tiempo. Sobre muchos de esos árboles, quizás sobre la mayoría, descansaban nidos, vacíos algunos, abandonados otros, hogares de paja, de ramas y de raíces, perfectamente construidos, invisibles al hombre, invisibles para ciertas aves.
Desde el auto era imposible mirar los árboles. En realidad era imposible mirar cualquier cosa. En el tacómetro, las manecillas marcaban velocidades cercanas a las tres cifras, cercanas a los límites rojos, la manecilla, al rodar del vehículo subía rápidamente, violentamente, como cuando un auto es encendido. A través de los cristales, el bosque se sucedía como en una marcha grabada y reproducida a alta velocidad, los árboles, a través de las transparencias, de los reflejos, incluso de las sombras, se sucedía como una masa oscura, como una pared o como una serie de paredes, una serie santa, un conjunto de columnas o una tropa de columnas que sostienen un templo; las sombras, el bosque, los muros y paredes elevados como bóvedas, como naves de una catedral. Él miró el bosque a través de las ventanas del jeep, el jeep cruzó como un ave, como si volara, como si las llantas fueran alas. El templo, sus muros o sus sombras, a cada metro se juntaban como en un aplauso.

1 comentario:

viera dijo...

bacàn...para releerlo.