Tercer logro. Uso una pluma obsequiada. Dibujo la primera letra, me empeño, es una consonante, tiene varios espirales, cola, incluso lleva un peinado antiguo, recuerdo de un tiempo barroco. Cierro todas las ventanas, procuro dejar una hoja nueva, temo llenarla hasta los bordes, levanto la vista, dibujo círculos como insectos que buscan un espacio, lo hallo, descubro un encierro dentro de 6 paredes las cuales están hechas del material más usado por la alquimia, muerdo, ¿acaso he masticado al bosque? llevo migajas en el pecho, uñas pegajosas, un olor dulzón, digamos que llevo un tigretón colgado entre las piernas. No hay rebotes, esta vez nada se estira, ni se prolonga ni estalla, más bien es una suspensión, es levitar bajo un grado mínimo de gravedad, en un centro, cercano y lejano equidistantemente de las seis paredes. Corro la cortina, al parecer en el hotel cercano sucede el mismo fenómeno, como un caramelo ácido flotamos desnudos y sentados sobre una almohada en el centro exacto de una habitación contenida entre seis muros delgados como el futuro hogar de Hansel. Corro la cortina, vuelvo al ombligo, estiro las extremidades e intento tocar las ocho esquinas inútilmente, comprendo que el verdadero valor equivale a dejar que la habitación se cierre sobre mí.
Alguien escupe, en realidad es Dios quien aclara su garganta, quien lleva entre los pulmones una pesada congestión, con gravedad succiona la cuadra, las alcantarillas que lleva por fosas nasales se destapan a medias luego de la exhalación y ya, concebido en la frente, es decir, como un cartucho gatillado desde el portal de los ojos, cae sobre Once, sobre la tienda Higgins, sobre el teatro Marzano, la vejez del buen Dios.
El clima es el apropiado, nada hay que lo transforme, el cielo va intensificando su lucha, es posible perder la capacidad de observación, detrás del hotel un telón arde, quizás todo sea un reflejo del neón. Desde la ventana observo a la vez que filtro, los ojos queman, el pelo se chamusca, es decir, estoy envuelto en llamas mínimas, cubierto por pequeños e insignificantes fogones. Enorme, al parecer llevo binoculares por pupilas y tentáculos por dedos, tentáculos monstruosos e invisibles que lo tocan todo, el agua de los retretes, la espuma de las duchas, el plumón de las camas, tentáculos que entran en sus cavidades, que son capaces de oscurecerlo hasta el sueño. Entonces tomo distancia, la imagen se vuelve geométrica, es horizontal a la vez que desafiada por intermitentes verticalidades. Los ruidos, los jadeos, el paso, vivo una navidad los 365 días del año, una celebración de trastienda, de bodega, de ecos y fulgores, un juego de papeles usados de regalo. El clima es el apropiado, muy pronto habrán tocado a mi puerta, será un llamado, colocaré medias sobre mis extensiones, al caminar no habrán pulsaciones ni taquicardias, no existen las ciudades planas y sin embargo esta extensión parece dar la vuelta al globo. Miro, la cabeza de cabeza, musgo, desagües, como un tornillo dejo de perforar el edificio, Dios duerme, lo imagino sobre una silla muy cómoda, viejo, canoso, cubierto por una manta, cabreado, puteándome por ser su vecino.
La hoja no se derrama, toma un color amarillo, escribo sobre las paredes, Hansel también va a putearme. Ya no importa, esta casa tiene siglos de vida, nuestras generaciones no alcanzarían a poblarla, imagino a Hansel con el estómago hinchado, también lo observo abrazado a una puerta, seducido por los picaportes, usando un vidrio como bandeja, repartiendo tejas y grifos en una fiesta o un cóctel o al llegar el día del fútbol. Ana nos invita un mate. Ana y los otros. Habla de todos menos de Hansel. Una de las paredes desaparece, sucede lo mismo cada semana. Llevo el insomnio de Corrientes. Abro en una página, al azar, hay varias líneas subrayadas, resaltadas, bajo ciertas circunstancias uno está endeudado, o condenado, o, le debe su calma a otros, entro en el sueño, acomodo y dispongo para ser el primero en dormir y el primero en despertar. En el sueño ellos escriben sobre el libro, Ana, quien después me hablará de Lucas, quien después me despertará a media noche, quien apenas comprende horarios, quien sabe que no es hora del sueño, quien pondrá reglas, ya que, en las ciudades planas el sueño es vertical, como la sonrisa, Ana no tiene la sonrisa, más bien su risa es horizontal, más bien Lucas lleva en el vientre los labios abiertos de Ana, Lucas debe ser masculino, como Ana, a pesar de no mostrar su sonrisa vertical es un ser femenino, juntos son una alga, por las tardes beben mate, Hansel mastica galletas de sal, yo busco la sonrisa vertical. Tomo un pedazo de pared para masticarla. Tiene sabor, agrada, como lo esperaba. Por la tarde ha desaparecido una estación de servicio. Tomo un tren. Por la noche desaparecen dos vagones que iban hacia Mitre. Mi peso es el ideal, aunque cada día parezco más pequeño. Tomo fotos, uso bulb, la zippo, vivo en el cuarto oscuro. Prohibido comer las paredes del cuarto oscuro. El revelado es óptimo, hay una dominancia de tungsteno.
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