15/9/11

6. El cuello almidonado

En cuanto lo dijo sentí un profundo vértigo. La vi conociendo tantas caras, tantas ideas, ella en el medio como un árbol que acaba de emerger en el bosque. Sentí profundos celos de su naturaleza viva. Yo, un simulacro de halcón volvía a casa cada vez que me apetecía, devoraba con las garras, el pico clavado en su cuello blanco, en su carne que utilizo como una toalla, es posible, ella, con los ojos cubiertos por un par de raybans, si no fuera lo saludable que ha sido sería un contacto sentada de perfil con una colilla en sus manos, un marlboro blanco, un pañuelo de seda en su cabeza, Jackie Kennedy, Seinfeld show, consumido entre sus labios pero sin tocarlos, tocado pero atado, envuelto, encendido, alargado, el ave proyectada como un misil hacia el sol, retirándose las plumas con los dedos o las protuberancias derretidas, la zippo, ella encendiendo un cigarro interminable, yo atravesado en la mitad del sol. Es común aquel precipicio, el horror visto en un espejo, el cristal limpio, demasiado nítido, avergonzado y enterrado bajo pieles y pliegues y muebles y humus.
La veo tomar el colectivo, la veré de vuelta por la noche, la tomaré por la espalda, la convertiré en un plumón, en una nube, avanzaremos con los ojos dormidos, mientras yo, cuando logre ordenar las cascadas de imágenes y de fonemas es decir cuando haya colocado el polvo bajo la alfombra, descubriré que tras el pulso o la taquicardia, se encuentran las ideas de siempre, procuro adherirme, quizás sea la mejor decisión.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No c a dónde voi pero c con quien voi.
No c dónde stoi pero c q stoi aquí.
No c lo q soi pero c cómo me siento.
No c lo q deseo pero lo q deseo me desea.

Anónimo dijo...

H-Ero-e
Moc-oso
lent-o

gcuintp