Papel del
papel
Aquella
tarde el sol reventaba sobre los cristales aunque también el cielo era una sábana
roja e hinchada señal de que apenas si necesitaríamos encender una bombilla. La
verdad y andaba con todas las ganas de tirar piedras sobre los hidrantes en la
acera así que pronto empecé a actuar de un modo ambiguo o doble. Lo gracioso es
que nadie pensara que podía resultar despreciable y eso a pesar de ser y
mostrar una veta violenta y más bien pronto estaba rodeado de talleristas que
metían las manos en mi cabello y talleristas que subían a mis hombros y arriba
cantaban o gritaban que yo era unimbécil,
hacían una especie de llamado entre mandriles y luego me ofrecían fruta
mordida. Deseé llamarme Zamora o Sanantonio.
Di varios
pasos atravesando las bancas y tuve que retirar a dos que tres y uno dormía
sobre la mesa y pronto empezaría el curso y dos leían un libro sobre SantamaríadeLarsen, los tres servían
para el estorbo. Las lecturas más comunes por esos días eran los textos de una
pequeña colección de tusquets: w. allen, h. hesler y m. kundera.
La portada de labroma me produjo expectativa
y en realidad sentí una especie de gratitud con la editorial, al fin las
páginas del libro no eran simple y áspero papel bond. Por lo general se encontraba
a parejas leyendo alrededor, sentados contra un árbol o apoyados en el hombro
de alguien con la montaña como fondo; sucedió en el piso siete, mirar a otros
talleristas y de otros cursos con un libro en las manos era un motivo para
sonreír.
La
mayoría de veces al caminar entre escuelas (salir de estación seminario,
entrar en avenida europa)
hacia la puerta principal del centro uno enfrentaba estudiantes apresurados o
excesivamente entretenidos o dichosos, los libros no parecían una prioridad o,
el objeto de ocio. Seguro el tiempo no alcanzaba para detenerse en librerías de
usados. Con esto de los libros me refiero a una persona que abre un texto
distinto a los sugeridos por el centro, en realidad parecíamos ir detrás de lo
concreto, solo lo necesario.
Creo que
nuestra especialización empezaba a dar una importancia casi irreal al acto de
leer. Al igual que el hombre necesita del orden para existir, el libro,
pensamos, necesita del papel. Sin pertenecer a una sociedad o desconociendo el
origen de los dogmas, intuíamos que buscar, comprar, intercambiar, robar, cortar
y sobre todo hacer nuestros propios libros permitiría que una especie de
sociedad muda y anónima disfrutara de lo que no existe, lograría el matrimonio
entre verdad e historia.
El culto
nos llegaba tras varios años de lo mismo, o sea, algo similar a vivir en la
costumbre. Con ratos de ocio (nada como sumergirse, adicto a la inmersión) y a
veces esas cosas que uno leía se volvían bien fuertes, certeras, capaces de
borrar el piso y uno debía hacerse a la idea de un sometimiento -¿caída vertical?-
sin un momento exacto de inicio y menos de golpe, a veces cosas como un piano o
un ascensor que caían sobre uno.
Era
bueno, pero a veces uno debía volverse una especie de araña para no ser
asaltado. Por ejemplo al leer cosas como la de los siete fantasmas que
regresan a casa y la encuentran limpia y ordenada, uno tenía ya para pensar
en todas las historias del hombre, que era uno solo e idéntico desde hace tres
mil años, que se pierde o que sufre una especie de amnesia, y los ruegos y el
cielo rojo, más temprano que tarde salpicados por una de esas oraciones antiguas,
todos abrazados. Interesante pensamiento entretenido con hombres que se traicionan,
y de estatuas de sal con el rostro vuelto hacia atrás. ¡Cecina durante seis
episodios! Lo ha escrito DeLillo, lo ha interpretado Javiercruz, lo
viven mis pequeños traficantes que ahora comparan loshombres delrey y terminan
el curso de William: el hombre que
rentaba una máquina de sumar; registro de la ciudad de Marruecos durante los
años de 1946-1957.
De todas
formas al libro lo vemos como un objeto inexplicable pues al tiempo que
responde ciertas cosas desaparecidas, se da modos para dejarnos con varios
agujeros.
El libro
hecho de la piel de esa serpiente que se come su propia cabeza y el interior
del libro es la respiración.
Yo
intentaba no rodar demasiado y por ello en un momento decidí quedarme de pie y
encender un marlboro; y a fin de cuentas uno podía hacer todas las cosas en el
sitio pero uno estaba dejando lo inexplicable para el final. Sobre todo quería
borrar aquellos muros en los que aparecían mis nombres y eso acompañado de una repetición
de mis nombres, de manera desordenada e irreal como si pronosticaran sitios en
los que estaba o pronto estaría.
Uno de
ellos era berlín y esa ciudad me llamaba a vivir en ella algo
irrepetible. Quizás y me tocara repetir las cosas que llevaba percibiendo, y
que creía eran los sueños de otro. Creo que pensaba con emoción en una suerte
de celda, tanta corrupción, estaba seguro que berlín sería como ir en contra del mundo.
Una idea
quizá derivada de una suerte de orfandad, aislamiento voluntario. Recuerdo que
para ilustrarme llamé a Xerox pero Xerox dejó que mi llamada pasara al buzón.
Su casilla personal debe ser configurada.
Luego llamé a C y C tenía la buena idea de irse a dormir sin
desconectar el módem. Continué, en realidad con toda la agenda: a, x, y c, botonesduros, la
goma debió gastarse; pasé a una portátil, el orden: V B N M ; : _ shift. Todos
andaban en sus cosas, habrían cambiado sus números o dejaban el mundo encendido
y eso, y la alarma para el jueves. Luego quise un amigo nuevo, quedaban los
otros como dentro de sus tupperware,
pero mi aspecto para variar dejaba cosas y cabos por atar, y en realidad uno
respiraba del tamaño de dos aerostáticos y luego era ya dormir y dejar que las
cosas huyeran, y luego el techo y hablarle a uno mismo hasta que un nuevo
cansancio me contaba que no le era indiferente, que por favor no dejara de
hablarle cuando estaba en el techo. Cansancio que salta del cuerpo hacia el
techo.
Daba
igual estar o respirar o contar cifras de tres en tres o tocarse el vello entre
los muslos y luego empecé con los cálculos pues dije que era buen momento para
comprar un auto amarillo, para salir los sábados, siempre y cuando llevara una
chaqueta militar, un perro al que le guste traer cosas de vuelta, y un pequeño
revolver marca Schoereder.
Bajé para
colocarme sobre sus hombros, hombros de líneas tan delicadas y perfectas y
sobre todo rectas como puentes y creo que encontraba mi gusto por mirar filos y
bordes de aceras y recortes sobre el fondo azul del cielo, y sí, llevar un par
de tijeras como homóplatos; y quise que me guillotinara al bajar sus brazos,
tras el salto hacia mariaantonieta,
pero antes quiero ver qué hay dentro de las dos piscinas y sus ojos varias
veces filmados como en lospeces, lacasarota
y Adolescente llenando pupila mientras sufre
un ataque tras evento onanista sosteniendo una playdude de 1969 con mis mayo
tocándose los tobillos y sonriendo a cámara.
Pensaba y
tenía mi cuerpo levantando la espuma y luego la espalda doblada formando un
ángulo y el agua subiendo, eternamente, aletargadamente y también escenas
aburridas como en esos filmes donde uno debe obligarse a poner FF para
que solo así las cosas pasen y para que parezca un filme normal.
De todas
maneras y al desplazarme sobre sus hombros, creí que además buscaba algo en el
suelo. Vi unos bordes que debían de ser la acera y también unos pies que
parecían avanzar con prisa. Yo quería seguir deslizándome como en el hielo y
mirando alrededor; y el clima era casi fantástico porque el cielo era una cosa
anaranjada y lloverá algo dulce, y levanté la boca esperando el
refresco. Podía estar de ese modo durante días, yendo, regresando, perdiendo
los sentidos y los dientes llenos de dientes en mitad de la calle o sobre una
acera y contando las cosas más graciosas que podía inventar, que otros vivían o
planificaban hacer, y eso de mirar bordes y tener la sangre bajando por el
cuello hacia la frente.
Luego
dije, tengo un o… y empecé con eso d
Estaba una pizza llorando en el cementerio, llega otra pizza y le dice:
¿Era familiar?
No, era
mediana.
Al
parecer luego se desinflamó pero creo que fue cuando un autobus azul cerró sus
compuertas.
Luego
llegó eso de eresunmentiroso y creí saber significados pero muchas cosas
venían cambiando desde hace tiempo y ya no inventaba nada, y tampoco lograba
asociar muy bien. Luego pensé que eresunmentiroso me conocía. Todo loes
y todo loconocía y uno era bajo eres y con o ciento cuatro y
cinco ciento doce. Luego repitió eres un mentiroso.
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