2/9/14

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Papel del papel

Aquella tarde el sol reventaba sobre los cristales aunque también el cielo era una sábana roja e hinchada señal de que apenas si necesitaríamos encender una bombilla. La verdad y andaba con todas las ganas de tirar piedras sobre los hidrantes en la acera así que pronto empecé a actuar de un modo ambiguo o doble. Lo gracioso es que nadie pensara que podía resultar despreciable y eso a pesar de ser y mostrar una veta violenta y más bien pronto estaba rodeado de talleristas que metían las manos en mi cabello y talleristas que subían a mis hombros y arriba cantaban o gritaban que yo era unimbécil, hacían una especie de llamado entre mandriles y luego me ofrecían fruta mordida. Deseé llamarme Zamora o Sanantonio.
Di varios pasos atravesando las bancas y tuve que retirar a dos que tres y uno dormía sobre la mesa y pronto empezaría el curso y dos leían un libro sobre SantamaríadeLarsen, los tres servían para el estorbo. Las lecturas más comunes por esos días eran los textos de una pequeña colección de tusquets: w. allen, h. hesler y m. kundera. La portada de labroma me produjo expectativa y en realidad sentí una especie de gratitud con la editorial, al fin las páginas del libro no eran simple y áspero papel bond. Por lo general se encontraba a parejas leyendo alrededor, sentados contra un árbol o apoyados en el hombro de alguien con la montaña como fondo; sucedió en el piso siete, mirar a otros talleristas y de otros cursos con un libro en las manos era un motivo para sonreír.
La mayoría de veces al caminar entre escuelas (salir de estación seminario, entrar en avenida europa) hacia la puerta principal del centro uno enfrentaba estudiantes apresurados o excesivamente entretenidos o dichosos, los libros no parecían una prioridad o, el objeto de ocio. Seguro el tiempo no alcanzaba para detenerse en librerías de usados. Con esto de los libros me refiero a una persona que abre un texto distinto a los sugeridos por el centro, en realidad parecíamos ir detrás de lo concreto, solo lo necesario.
Creo que nuestra especialización empezaba a dar una importancia casi irreal al acto de leer. Al igual que el hombre necesita del orden para existir, el libro, pensamos, necesita del papel. Sin pertenecer a una sociedad o desconociendo el origen de los dogmas, intuíamos que buscar, comprar, intercambiar, robar, cortar y sobre todo hacer nuestros propios libros permitiría que una especie de sociedad muda y anónima disfrutara de lo que no existe, lograría el matrimonio entre verdad e historia. 

El culto nos llegaba tras varios años de lo mismo, o sea, algo similar a vivir en la costumbre. Con ratos de ocio (nada como sumergirse, adicto a la inmersión) y a veces esas cosas que uno leía se volvían bien fuertes, certeras, capaces de borrar el piso y uno debía hacerse a la idea de un sometimiento -¿caída vertical?- sin un momento exacto de inicio y menos de golpe, a veces cosas como un piano o un ascensor que caían sobre uno.

Era bueno, pero a veces uno debía volverse una especie de araña para no ser asaltado. Por ejemplo al leer cosas como la de los siete fantasmas que regresan a casa y la encuentran limpia y ordenada, uno tenía ya para pensar en todas las historias del hombre, que era uno solo e idéntico desde hace tres mil años, que se pierde o que sufre una especie de amnesia, y los ruegos y el cielo rojo, más temprano que tarde salpicados por una de esas oraciones antiguas, todos abrazados. Interesante pensamiento entretenido con hombres que se traicionan, y de estatuas de sal con el rostro vuelto hacia atrás. ¡Cecina durante seis episodios! Lo ha escrito DeLillo, lo ha interpretado Javiercruz, lo viven mis pequeños traficantes que ahora comparan loshombres delrey y terminan el curso de William: el hombre que rentaba una máquina de sumar; registro de la ciudad de Marruecos durante los años de 1946-1957.
De todas formas al libro lo vemos como un objeto inexplicable pues al tiempo que responde ciertas cosas desaparecidas, se da modos para dejarnos con varios agujeros.

El libro hecho de la piel de esa serpiente que se come su propia cabeza y el interior del libro es la respiración.

Yo intentaba no rodar demasiado y por ello en un momento decidí quedarme de pie y encender un marlboro; y a fin de cuentas uno podía hacer todas las cosas en el sitio pero uno estaba dejando lo inexplicable para el final. Sobre todo quería borrar aquellos muros en los que aparecían mis nombres y eso acompañado de una repetición de mis nombres, de manera desordenada e irreal como si pronosticaran sitios en los que estaba o pronto estaría.
Uno de ellos era berlín y esa ciudad me llamaba a vivir en ella algo irrepetible. Quizás y me tocara repetir las cosas que llevaba percibiendo, y que creía eran los sueños de otro. Creo que pensaba con emoción en una suerte de celda, tanta corrupción, estaba seguro que berlín sería como ir en contra del mundo.
Una idea quizá derivada de una suerte de orfandad, aislamiento voluntario. Recuerdo que para ilustrarme llamé a Xerox pero Xerox dejó que mi llamada pasara al buzón. Su casilla personal debe ser configurada. Luego llamé a C y C tenía la buena idea de irse a dormir sin desconectar el módem. Continué, en realidad con toda la agenda: a, x, y c, botonesduros, la goma debió gastarse; pasé a una portátil, el orden: V B N M ; : _ shift. Todos andaban en sus cosas, habrían cambiado sus números o dejaban el mundo encendido y eso, y la alarma para el jueves. Luego quise un amigo nuevo, quedaban los otros como dentro de sus tupperware, pero mi aspecto para variar dejaba cosas y cabos por atar, y en realidad uno respiraba del tamaño de dos aerostáticos y luego era ya dormir y dejar que las cosas huyeran, y luego el techo y hablarle a uno mismo hasta que un nuevo cansancio me contaba que no le era indiferente, que por favor no dejara de hablarle cuando estaba en el techo. Cansancio que salta del cuerpo hacia el techo.
Daba igual estar o respirar o contar cifras de tres en tres o tocarse el vello entre los muslos y luego empecé con los cálculos pues dije que era buen momento para comprar un auto amarillo, para salir los sábados, siempre y cuando llevara una chaqueta militar, un perro al que le guste traer cosas de vuelta, y un pequeño revolver marca Schoereder.

Bajé para colocarme sobre sus hombros, hombros de líneas tan delicadas y perfectas y sobre todo rectas como puentes y creo que encontraba mi gusto por mirar filos y bordes de aceras y recortes sobre el fondo azul del cielo, y sí, llevar un par de tijeras como homóplatos; y quise que me guillotinara al bajar sus brazos, tras el salto hacia mariaantonieta, pero antes quiero ver qué hay dentro de las dos piscinas y sus ojos varias veces filmados como en lospeces, lacasarota y Adolescente llenando pupila mientras sufre un ataque tras evento onanista sosteniendo una playdude de 1969 con mis mayo tocándose los tobillos y sonriendo a cámara.
Pensaba y tenía mi cuerpo levantando la espuma y luego la espalda doblada formando un ángulo y el agua subiendo, eternamente, aletargadamente y también escenas aburridas como en esos filmes donde uno debe obligarse a poner FF para que solo así las cosas pasen y para que parezca un filme normal.

De todas maneras y al desplazarme sobre sus hombros, creí que además buscaba algo en el suelo. Vi unos bordes que debían de ser la acera y también unos pies que parecían avanzar con prisa. Yo quería seguir deslizándome como en el hielo y mirando alrededor; y el clima era casi fantástico porque el cielo era una cosa anaranjada y lloverá algo dulce, y levanté la boca esperando el refresco. Podía estar de ese modo durante días, yendo, regresando, perdiendo los sentidos y los dientes llenos de dientes en mitad de la calle o sobre una acera y contando las cosas más graciosas que podía inventar, que otros vivían o planificaban hacer, y eso de mirar bordes y tener la sangre bajando por el cuello hacia la frente.
Luego dije, tengo un o… y empecé con eso d
  
Estaba una pizza llorando en el cementerio, llega otra pizza y le dice:
¿Era familiar?
No, era mediana.

Al parecer luego se desinflamó pero creo que fue cuando un autobus azul cerró sus compuertas.

Luego llegó eso de eresunmentiroso y creí saber significados pero muchas cosas venían cambiando desde hace tiempo y ya no inventaba nada, y tampoco lograba asociar muy bien. Luego pensé que eresunmentiroso me conocía. Todo loes y todo loconocía y uno era bajo eres y con o ciento cuatro y cinco ciento doce. Luego repitió eres un mentiroso.

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