4/9/14

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De a a c sin pasar por
b o como saltar y no
bajar sin que alguien
diga carajo aquí nadie
se mueve, pero pensé
que era salva y
onomatopeya

Luego di varias vueltas y hacerlo se parecía un poco a conducir un auto por la mitad de una autopista en línea recta, sin variaciones de velocidad y con las manos tomando con fuerza el volante, pero en línea recta, y eso quería decir que las vueltas o el circuito de la pista que era extremadamente amplio como para cuatro autos, no dejaba sentir el cambio de dirección o ligera inclinación al entrar en la curva, por demás y visto de adentro seguía siendo un circuito recto; ya no lo era y quizá el volante por momentos giraba, pesado. Entre todas esas vueltas, en mitad de ese gran circuito encontré muchos anuncios y semáforos recostados y todos encendían una luz amarilla y los carteles con los anuncios para la próxima venta en un edificio que apenas si levantaban, una escuela que llevaba un nombre como Kepler o konhs, algo alemán de hace mucho tiempo como Pzifer-erhart y en la publicidad un niño con una peluca de cabellos grises y bigote también gris, y el niño miraba hacia la cámara y sacaba la lengua, un lema acompañaba la foto y uno no estaba muy seguro de si esa era la forma de relacionar futuro con pasado, la ciencia con la dicha cultivada con triunfos, como si acaso pronto los niños fueran a clausurar la escuela por anticuada, ya el conocimiento una cosa inalámbrica para ser tomada y adherida a los hábitos racionales como en los capítulos del dibujito de renhook y quizás los niños sacarían la lengua como para subrayarnos las cosas que se nos escapaban, algo como Somos niños, cuando regreses te daremos tu cocol.
Por cierto que mientras daba giros encontré a muchos adictos al cocol y muchos autos en mitad y a un lado de la autopista, y parecían esperar que un camión abriera sus puertas, como era navidad ¿ya era? bueno, quizá en el camión, pronto para semana santa, seguro lleno con bolsas blancas con cocol, cocol en polvo, cocol en barra, cocol para beber, cocol para disolver con mulgatol y fruta picada, y cocol de alto rendimiento pero esas cosas debían hacerse en sitios alejados, frente a santodomingo pero ahí estaban y hacían fila y había orden presto a desbordarse hasta la E35, pero no esperé, el auto seguía derecho sobre los invisibles giros de la ruta, luego observé más carteles unos panorámicos de color verde, las letras plateadas que señalaban chimborazo, amaguaña, guayasamín, pifo y también impresos y brillantes los tiempos que podría tomar salir desde aquel punto hacia el sur, y uno tenía ganas de conocer todos esos sitios y uno estaba tras de un volante y las agujas marcaban el punto más alto, o sea cien o ciento diez y los árboles pasando por los cristales, rápidos, masas o sombras o como cortinas o como árboles arrancados al monte y como gigantes o molinos. Luego pensé y miré el mapa y el mapa decía usted está aquí en este momento y del otro lado si usted estuviera aquí en este momento ya habría llegado y debería pensar en quedarse.
Luego seguí derecho y pegado al parter en mitad de la pista, la línea amarilla me impedía y me avisaba en caso de desear el paso al carril contrario; esa línea era un bordillo de concreto pintado con un color acrílico y amarillo y era imposible que yo intentara tomar los otros carriles. Además venían autos en sentido contrario y no podía arriesgarme a romper la suspensión. Un auto bajo, la serie SX de los SJ.
En realidad giraba en el séptimo piso. Los carteles que encontraba eran rostros movidos o fotocopiados de otros talleristas que mostraban direcciones de futuros negocios y de pesadas inversiones; un poco caí en cuenta de que muchos se convirtían en pequeños empresarios de medio día, existían planes para levantar edificios, es decir alquilarlos, o para funcionar o fundar otras habitaciones, unas sillas y luego una pizarra blanca para eso de digan sus nombres, sus direcciones, sus planes, experiencias, sus vacíos, lagunas, queremos sentirnos bien y desarrollar un sistema de empatía, no duden en preguntar y en la visión ellos parecían estar de acuerdo y yo dije que alivio pero otras visiones más cortas me prevenían de riesgos pero quizás estaba en el insomnio. En el piso cuatro otro cartel mostraba un tiempo mejor, como en el evangelio donde la tierra produce cosas y las cosas cosechándose a sí mismas como si ellas se bajaran de las ramas para luego subir a las mesas y de allí a la porcelana, y así hasta llegar al sol; solo faltaba un anuncio de árboles de salchicha, sería tierno y cómico, un niño sembrando una salchicha descongelada, luego el niño en la misma viñeta arrodillado u orando en voz baja señor que por favor hayan más árboles salchicha para acabar con hambre mundial.
Un tallerista miraba todo el despropósito y no puede sino preguntar qué cosas no le parecían. Hablar o escucharlo fue un poco como asistir a una clase con uno de los hombres de corbata azul, en realidad como si él ya mereciera llevar una corbata azul; pero su posición era firme, trataba de demostrarlo sometiendo muchas veces sus propias ideas a otros criterios, también dijo que todo daba igual y no creo que su contradicción fuera imperdonable.
Nada da lo mismo y hay cosas con fines determinados y el fin es el propósito mismo. La moral empieza a los dieciocho años cuando se es ecuatoriano y los amigos lo someten gritando el nombre de uno, antes es gusano y espacio; recordé que debía lavar los platos, llevaban amontonados varios días. Quizás soñé con santiagodechile, recuerdo que alguien hablaba de gimnasios ambulantes, para volver a dormir me dije sin saberlo muchos son un gimnasio ambulante y luego estuve con las caras de los conocidos en santiagodechile, una especie de reunión de hombres con miradas largas como si estuvieran pegados al filo de la autopista contando autos, como si dentro fueran una línea: el horizonte plano y dibujado e inalcanzable; por lo demás bien normales, nada de vestidos estrambóticos y ellos y los talleristas que eran el mimso hablaban de ser necesarios, que los centros siempre dependerían de enseñar eso de la aptitud y eso de tener las cosas claras y contadas. Nuestra presencia en las habitaciones era celebración muda y durante tres años varios talleristas tomaron sus cosas, yo soñaba o estaba con eso de dormirme de repente, y sin un hasta nunca federicolacroixe se borraban. Al día siguiente nadie lo notaba pero en el receso nos conmovía un rumor.
Vocaciones difiere de vacaciones pero son horas de voacacionar. Tendríamos 23, 25; a veces creíamos meter justo cuando las papas quemaban. Creo que esa era la forma de aceitarnos, teníamos 23 o 25 y de espaldas lucíamos fuertes. Luego M.B desaparecía en medio de dos hombres de corbata azul, su cabello era una plancha; pero ya estábamos rogando que nos llevasen. Éramos los gimnasios y al salir deambularíamos como un reto. Procurábamos que de sus manos dependiera. Nuestras pesas parecían rodar, uno se entretenía y ya reíamos sin saber muy bien de qué. Buenas actividades, entretenidas, lúdicas.
Todo podía caber dentro de un vaso con tapa de cartón a dos push de dar lección.

Luego rodé muchísimo, al caer ya estaba sobre una de las sillas azules y la habitación olía a kfc; muchos huesos y una caja con manchas de aceite; y creo que se trataba de un cortejo y dieron una vuelta por la habitación, dije profesor hay huesos caminado en el suelo.
El profesor se enjugó una lágrima hoy están y mañana no se sabe, no lo olviden M I S E R A B L E S y luego dijo lo que se espera del centro y del diálogo público: actualizaciones que no llegaban; solo miraba a los huesos que seguían su marcha recta hasta la puerta y hacia el pasillo, y la gente hablaba de cosas únicas e imposibles como el diccionario dosmiltrece jijiji y los huesos y un rayo cayó en mis manos: van hacia el gran orificio. Hablaron de los deberes y las obligaciones como futuros hombres de corbata azul, y las leyes ancestrales y los boyscouts no quieren militares.
Estuve por correr pero una tallerista dijo que le gustaban los militares, y como esa tallerista era la madre de mis hijos le hablé, fue como con toda la habitación si no querías mirar pues dentro estan mis balas y una haría un par que nos llamaran mamáB y papáK también para envejecer y tomar sus sopas de acelga con monobom. No era M.B, y seguro en la noche puso aviso y yo era ese tipo: viste camiseta con la etiqueta hacia afuera como en perdidos en tokio, si desaparezco o me tomara horas conciliar el sueño es él.
Me dieron ganas de ser militar pero también pensé que ya lo era, revisé mis documentos pero ahí solo decía que era delatacunga, profesión: hace películas largas y aburridas, y recordé que hace tiempo debía pasar por unas retencione; dije que sería bueno ir a disparar en el desierto deriobamba a los cactus o a las rocas, luego llegar a casa y también quise pensar más cosas pero alguien con eso que debíamos meterle con todo al cuestionario. Estaban más de setecientas preguntas, la prueba en dos semanas, para mí esas dos semanas estaban en 2002, me dispuse a pasar de a a c sin pasar por b, luego faltaban dos horas para el examen y no había estudiado mucho. Mientras salí por un marlboro: que sería genial rodar mientras estudio y rodé unos escalones, creo caí sobre los hombros de alguien, estudiaba latín y prefijos y personajes históricos; también miraba el borde de una acera o quizás una calzada, colgado de cabeza pero faltaban dos cinco minutos para el examen de setecientas preguntas. Si uno piensa que dos semanas no son suficiente eso ocurre y quizá en menos, solo que uno hace el salto de fe y ya no importa quedar suspendido o como flotando, como tirado por una cuerda.

eresun mentiroso le daba condumio a los cuatro meses que faltaban antes de responder recostado en mitad de la autopista; eso ocurría en la pregunta trecientos, al entrar en la parte curva donde aún parecía un circuito recto. Pero eso, creo, fue época de bolsas blancas: un hombre con uniforme si queríamos que fueran a nuestra casa a hornear pan con canela. También había árboles plásticos sembrados frente al estacionamiento, en el monte. Pero luego eresun mentiroso.

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