5/9/14

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Centrodeinvestigaciones y 
controlremoto

Una tarde observábamos el interior del gran agujero. Uno de los talleristas tomó por los hombros a una tallerista de cabello corto como dibujo animado y fingió que la tiraba al interior. La tallerista parecía tener muchas, verdaderas ganas de caer y por ello cuando dieron dos pasos hacia atrás y reían con carcajadas yo me acerqué para tirarla de verdad. Luego ella estaba en el subsuelo, estaba quitándose algunas manchas y polvos y moho que se le había pegado al caer; yo me reía y ella estaba bastante molesta pero luego dijo algo y abrazó a otro tallerista, y salió hacia donde estaban estacionados varios autos.
Luego un intento por popularizar la frase, esa de bajar por la vía rápida. Luego muchos empezaron a usar las gradas y unas ya no eran gradas cuadradas, eso sirvió para evitar los empujones y el agua se filtraba hacia arriba, y eso también molestaba a los hombres de casco amarillo pues todos los días cargaban sus carretillas con escombros; ahora también debían cargar con cuerpos inconscientes y algunos cuerpos eran grandes como elefantes y por eso alguien puso una cinta amarilla alrededor de las puertas que llevaban al gran agujero.
Alguien dijo que los cimientos y las bases del sitio tendrían que ser reforzadas, culpa, seguro, de unos cuerpos caídos las semanas pasadas, había salido una nota con laandreítagorero en el 7; un problema porque ya llevaban varios meses de trabajos. Luego volvimos a usar los escalones hacia el noveno aunque de subida encontramos -5, - 2, y unos filos y bordes rotos, parecía que unas personas cayeron de frente o de rodillas sobre los bordes de los escalones frescos. Se sugirió usar cascos y yo usaba a veces un casco amarillo pero nunca comprobé si sería capaz de protegerme en una caída.

Algunos talleristas subían los escalones estudiando con sus cuadernos lareforma abiertos, muchos de ellos tuvieron que rendir unos exámenes extra para aprobar los veintiocho puntos, la calificación mínima, y recuerdo que también miraban al techo mientras rendían el examen. Yo pensaba que en el techo estaban además los permanentes y el gran borrador porque tardaban en aparecer, y esa pizarra traería problemas de cuello; solo estaban los agujeros donde antes habían unas lámparas fluorescentes de 60watts y creo que esos talleristas tenían alguna conexión mágico-eléctrica con uno de esos dioses daneses; dije oye dios, a mí también, pero cuando pensaba en esto los otros talleristas, que en verdad tenían la dirección postal de la fe de los daneses, me miraban, y de alguna forma censuraban mi indisciplina, mi actitud superficial y ecuavicómica.
Yo creo que eldios estaba con ellos porque no decía nada; pero también pensaba que ese eldios era de aquellos daneses que estarían del lado de las minorías. Por unas semanas intenté conocerlo pero sus fieles eran personas que tenían recatos, mientras yo andaba por las habitaciones haciendo ruidos, hay que hacer ruido si quieres hablar con eldios, o intentando conocer a talleristas más jóvenes, ellos colocaban sus sillas azules en dirección hacia atrás, ¿una meca? y hacían culto, pero no creo que era culto, sino, algo menos filosófico como quitarse unos forúnculos de los labios, además guardaban sus libros sagrados entre los redondos muslos.
Y sin embargo, varias veces compartimos mesas, y viajes hacia lugares llenos con otras mesas, y una vez en un viaje hacia laibarra me invitaron a nadar desnudo en una pequeña fuente de aguas minerales, algo llamado agüitaimperial, y esa agüita era tibia y ellos decían cosas, como familiares en cierto modo, pero nadie me explicaba de qué se trataba todo; pero el agua era tibia, y recordaba cuando mis hermanos me llevaban a unas fuentes dentro de una montaña, en la vía alTena, recordaba a mi padre, el escritor, trepadote en el coco del wagon y de allí hacia arriba como en un gran trampolín; yo tras de él, y Lupito, mi hno menor abajo, gritando o pidiendo que se lanzara, no se sabe, Lupito pide y luego piensa.
Mi padre el escritor siempre necesitó que lo empujaran un poco; solo me faltaba traer un periodista, como en las de piratas. Estaba en el filo del trampolín, y abajo el agua era verde como la de las fuentes, y echaba vapores.

En esa ocasión decidí quitarme la ropa y entrar, y algunas talleristas me abrazaron y otras se quedaron dormidas o se hicieron las indiferentes tras mirarme el moco de pavo. Mientras, yo intentaba curarme ciertas inflamaciones, sobre todo en los hombros. Una de las talleristas tenía unas tetas dobles, y ella se sentó sobre mis rodillas y me dio su teta doble para que se la chupara, y eso hice pero por tandas, y su piel era blanca y pálida y un poco me sentía como en la escena final con el loco de Alexander, me daban ganas de morder sus brazos pero también me enredaba entre los pelos, tenía alfombra en mis dientes; y abrazados teníamos los ojos abiertos, y parecíamos hipnotizados. Mejor guardé silencio y dejé de pensar en cosas y luego solo escuchábamos a otros talleristas dormidos y luego al vapor pegándose en los muros y algunos nos acercamos y nos recostamos con una toalla en la cara.

En la parte más alta de la montaña vimos a dos unicornios, uno celeste y otro rosado que entrelazaban sus cuernos como si lucharan. Debían ser unicornios jóvenes pues los adultos suelen tener un color más oscuro y licencia para conducir autos amarillos.

Los exámenes intentaban conocer qué tanto habíamos asimilado durante los primeros tres meses. Muchos exámenes constaban de preguntas objetivas, pero también daban pie a que elaboráramos pequeñas teorías y pequeños ensayos que nos acercaban al trabajo de investigación, trabajo comparativo que tanto se empezaba a priorizar. Esto de investigar manejaba un campo tan amplio y por lo mismo desconocido; un sitio en el cual era más fácil salir con nuevas dudas y tocaba replantearlo todo, a veces como haciendo “encajar” cosas. Quizás por esto muchos talleristas decidieron enfocarse en trabajos de aplicación y luego discutían las reacciones, en los resultados basaban los objetivos, y estaban en eso de la elaboración de manuales y metodologías. Según sus informes el trabajo posterior estaba en re direccionar la evaluación final, y también en buscar causas para provocar atención en el proceso SEA.
Hablaban de la repetición inconsciente y la debilidad de contenidos. Algunos intentamos centrar la atención en los problemas que tenía el lenguaje castellano, ya sea en la escuela primaria, ya sea en la educación supratécnica, pero aún no apuntábamos al verdadero cuaderno de trabajo, el espacio dominado por radios, periodismo y su consiguiente construcción de códigos lingüísticos. La teve como profesor de tiempo completo y nuestro país, y la escuela actuando como el profesor de reemplazo preocupado por aprobar y continuar lo anteriormente dicho. Eso era frustrante, pero a la vez lo invitaba a uno a reflexionar. Quiero decir, varias discusiones improvisadas que tuve con dos o tres hombres de traje azul terminaban en posiciones irreconciliables: yo enseño castellano, yo enseñaré ecuatoriano. Sin querer abrimos una brecha oculta intencionalmente de matices culturales, y quizás era el momento para inventar cualquier arquetipo capaz de cobijarnos, el martinfierro, el werther, el sanchopanza, el Ilúbatar, Misspiggy, másnoblequeunalechuga, cualesquiera, un padre urgente.

Yo apoyaba al negroquesalíaenloscomercialesdefruit; pero, mi padre era mi padre, el escritor. Creo que muchos habíamos asimilado la idea de vivir entre varios mundos sin que por ello uno limitara a otro, y sin embargo también parecía que uno de esos mundos aún era los ojos en la terraza amarilla.
Luego decidimos escribir muchas palabras usando la q por la c, luego cambiamos la h por la doble v y ya no decíamos voy pa tungurahua sino voy pa tungurawua. También hola soy washinton por hola soy huashinton.
Supe que alguien de noveno tenía pensado un argumento para una novela a la que titularía El huachiman.

Tras los exámenes muchos quedaron bastante comprometidos, y era común que al no alcanzar el promedio subieran a la roca de la segunda mitad del ciclo. Uno ya se predisponía a lo peor.

Luego estuve mirando al interior del agujero y un poco sentía una incomodidad en la garganta, tenía carraspeos, flemas largas como moco de pavo y sin embargo luego estaba dándole al marlboro y luego miraba cómo el humo subía hasta alcanzar lo extraño, como dedos largos. También en esas formas que no duraban ni un segundo intenté leer mi futuro; pero antes debía tomar un taller de lectura rápida de siluetas en humo de cigarrillo.
Creo que observé un anuncio para un taller en una revista catalana, me preguntaba cómo pude haber leído eso si ni siquiera tengo contactos catalanes en mis redes y la electricidad está bajo las rocas; aunque, una vez vi un reportaje o un documental de un barrio en una ciudad cerca de Horta-Guinardó. En ese distrito los vecinos parecían llevarse como personas civilizadas, pero en realidad una comunidad que siempre estaba resolviendo problemas, y metiéndose en otros problemas que en el documental no eran expuestos o tratados de manera explícita; porque el documental se trataba más de las dinámicas entre vecinos, de cosas espontáneas y muchos vivían solos, en casas o departamentos o comunas de edificios tomados, y el tono general del filme, es decir su coloración, tendía más a los grises, a los colores apagados, desaturados. Varias veces llovía y eso le daba a la imagen un clima triste. Quizás en uno de esos muros, en ese barrio, que por cierto así se llamaba el filme, el barrio, pude, o habré visto un anuncio para tomar clases de lectura rápida de siluetas en humo de cigarrillo, de 16 a 19, quinientas siluetas en 30 segundos.

Espero no haber enfermado, pues, enfermarse requiere de un seguro médico y llevaba dos años sin una cobertura. Esperaba, tras mi último ciclo, iniciar alguna relación en la cual me brindasen alguna cobertura económica, nervios o hasta vitamina L.
Por lo general la cobertura era para diagnóstico, pero uno mismo debía gastarse con los viajes, aunque, de un tiempo para acá ya se estaban produciendo genéricas. A veces en los centros de salud obtenía antibióticos, me tomaba dos horas para dos semanas de tratamiento.
Sin embargo, procuré guardar los marlboros, e incluso empecé a obsequiarlos. Un tallerista fumaba tres veces más que el resto, además tenía la apariencia del hombre marlboro, me daban ganas de preguntar ¿dónde había dejado el caballo y el sombrero el blancosimónB? pero tenía la impresión de que respondería con bromas. Más bien pregunté a otro tallerista que ¿de qué barco te habías bajado?, un cuasi homenaje a la escena en que Mcfly regresa llevando un chaleco rojo westler, el tallerista llevaba un chaleco similar. Le pregunté ¿oye, de qué barco bajaste?, y solo yo me reí, y creo que nadie estaba enterado de esa trilogía, ni de martin en el pasado.
Creo en 1955. 

Luego estuve rodando hasta la planta baja. Luego me trepé en sus hombros. Luego miraba un filo bastante uniforme y liso, miré unos pies. Luego a las personas que caminaban con sus bolsas blancas en las manos. 

Unos hombres dirigían el tránsito y creo con controles remoto que tenían botones y un compartimiento para baterías.

Luego dijo eres unmentiroso. El marlboro me miraba. Luego repitió que yo eres unmentiroso.
Luego, las espaldas que ya estaban separadas como a dos cuadras, parecían pegadas, como goma, no dolía (¿?) pero sentía la piel era una cuerda larga, como de tramoya. Se estiraba y se alargaba, como los dibujos animados.

Diez minutos después eres unmentiroso.

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