Centrodeinvestigaciones
y
controlremoto
Una tarde
observábamos el interior del gran agujero. Uno de los talleristas tomó por los
hombros a una tallerista de cabello corto como dibujo animado y fingió que la
tiraba al interior. La tallerista parecía tener muchas, verdaderas ganas de
caer y por ello cuando dieron dos pasos hacia atrás y reían con carcajadas yo
me acerqué para tirarla de verdad. Luego ella estaba en el subsuelo, estaba quitándose
algunas manchas y polvos y moho que se le había pegado al caer; yo me reía y
ella estaba bastante molesta pero luego dijo algo y abrazó a otro tallerista, y
salió hacia donde estaban estacionados varios autos.
Luego un
intento por popularizar la frase, esa de bajar
por la vía rápida. Luego muchos empezaron a usar las gradas y unas ya no
eran gradas cuadradas, eso sirvió para evitar los empujones y el agua se
filtraba hacia arriba, y eso también molestaba a los hombres de casco amarillo
pues todos los días cargaban sus carretillas con escombros; ahora también
debían cargar con cuerpos inconscientes y algunos cuerpos eran grandes como
elefantes y por eso alguien puso una cinta amarilla alrededor de las puertas
que llevaban al gran agujero.
Alguien
dijo que los cimientos y las bases del sitio tendrían que ser reforzadas, culpa,
seguro, de unos cuerpos caídos las semanas pasadas, había salido una nota con laandreítagorero en el 7; un problema
porque ya llevaban varios meses de trabajos. Luego volvimos a usar los escalones
hacia el noveno aunque de subida encontramos -5, - 2, y unos filos y bordes
rotos, parecía que unas personas cayeron de frente o de rodillas sobre los
bordes de los escalones frescos. Se sugirió usar cascos y yo usaba a veces un
casco amarillo pero nunca comprobé si sería capaz de protegerme en una caída.
Algunos
talleristas subían los escalones estudiando con sus cuadernos lareforma abiertos, muchos de ellos
tuvieron que rendir unos exámenes extra para aprobar los veintiocho puntos, la
calificación mínima, y recuerdo que también miraban al techo mientras rendían
el examen. Yo pensaba que en el techo estaban además los permanentes y el gran
borrador porque tardaban en aparecer, y esa pizarra traería problemas de
cuello; solo estaban los agujeros donde antes habían unas lámparas fluorescentes
de 60watts y creo que esos talleristas tenían alguna conexión mágico-eléctrica
con uno de esos dioses daneses; dije oye dios, a mí también, pero cuando
pensaba en esto los otros talleristas, que en verdad tenían la dirección postal
de la fe de los daneses, me miraban, y de alguna forma censuraban mi
indisciplina, mi actitud superficial y ecuavicómica.
Yo creo
que eldios estaba con ellos porque no decía nada; pero también pensaba
que ese eldios era de aquellos
daneses que estarían del lado de las minorías. Por unas semanas intenté
conocerlo pero sus fieles eran personas que tenían recatos, mientras yo andaba
por las habitaciones haciendo ruidos, hay
que hacer ruido si quieres hablar con eldios, o intentando conocer a
talleristas más jóvenes, ellos colocaban sus sillas azules en dirección hacia atrás,
¿una meca? y hacían culto, pero no creo que era culto, sino, algo menos
filosófico como quitarse unos forúnculos de los labios, además guardaban sus
libros sagrados entre los redondos muslos.
Y sin
embargo, varias veces compartimos mesas, y viajes hacia lugares llenos con
otras mesas, y una vez en un viaje hacia laibarra
me invitaron a nadar desnudo en una pequeña fuente de aguas minerales, algo
llamado agüitaimperial, y esa agüita
era tibia y ellos decían cosas, como familiares en cierto modo, pero nadie me explicaba
de qué se trataba todo; pero el agua era tibia, y recordaba cuando mis hermanos
me llevaban a unas fuentes dentro de una montaña, en la vía alTena, recordaba a mi padre, el
escritor, trepadote en el coco del wagon
y de allí hacia arriba como en un gran trampolín; yo tras de él, y Lupito, mi hno menor abajo, gritando o pidiendo que
se lanzara, no se sabe, Lupito pide y luego piensa.
Mi padre el escritor siempre necesitó que lo empujaran un poco; solo me faltaba
traer un periodista, como en las de piratas. Estaba en el filo del trampolín, y
abajo el agua era verde como la de las fuentes, y echaba vapores.
En esa
ocasión decidí quitarme la ropa y entrar, y algunas talleristas me abrazaron y
otras se quedaron dormidas o se hicieron las indiferentes tras mirarme el moco
de pavo. Mientras, yo intentaba curarme ciertas inflamaciones, sobre todo en
los hombros. Una de las talleristas tenía unas tetas dobles, y ella se sentó
sobre mis rodillas y me dio su teta doble para que se la chupara, y eso hice
pero por tandas, y su piel era blanca y pálida y un poco me sentía como en la
escena final con el loco de Alexander, me daban ganas de morder sus brazos pero
también me enredaba entre los pelos, tenía alfombra en mis dientes; y abrazados
teníamos los ojos abiertos, y parecíamos hipnotizados. Mejor guardé silencio y
dejé de pensar en cosas y luego solo escuchábamos a otros talleristas dormidos
y luego al vapor pegándose en los muros y algunos nos acercamos y nos
recostamos con una toalla en la cara.
En la
parte más alta de la montaña vimos a dos unicornios, uno celeste y otro rosado
que entrelazaban sus cuernos como si lucharan. Debían ser unicornios jóvenes
pues los adultos suelen tener un color más oscuro y licencia para conducir
autos amarillos.
Los
exámenes intentaban conocer qué tanto habíamos asimilado durante los primeros tres
meses. Muchos exámenes constaban de preguntas objetivas, pero también daban pie
a que elaboráramos pequeñas teorías y pequeños ensayos que nos acercaban al
trabajo de investigación, trabajo comparativo que tanto se empezaba a
priorizar. Esto de investigar manejaba un campo tan amplio y por lo mismo
desconocido; un sitio en el cual era más fácil salir con nuevas dudas y tocaba
replantearlo todo, a veces como haciendo “encajar” cosas. Quizás por esto
muchos talleristas decidieron enfocarse en trabajos de aplicación y luego
discutían las reacciones, en los resultados basaban los objetivos, y estaban en
eso de la elaboración de manuales y metodologías. Según sus informes el trabajo
posterior estaba en re direccionar la evaluación final, y también en buscar
causas para provocar atención en el proceso SEA.
Hablaban
de la repetición inconsciente y la debilidad de contenidos. Algunos intentamos
centrar la atención en los problemas que tenía el lenguaje castellano, ya sea
en la escuela primaria, ya sea en la educación supratécnica, pero aún no
apuntábamos al verdadero cuaderno de trabajo, el espacio dominado por radios,
periodismo y su consiguiente construcción de códigos lingüísticos. La teve como
profesor de tiempo completo y nuestro país, y la escuela actuando como el
profesor de reemplazo preocupado por aprobar y continuar lo anteriormente dicho.
Eso era frustrante, pero a la vez lo invitaba a uno a reflexionar. Quiero
decir, varias discusiones improvisadas que tuve con dos o tres hombres de traje
azul terminaban en posiciones irreconciliables: yo enseño castellano, yo
enseñaré ecuatoriano. Sin querer abrimos una brecha oculta intencionalmente
de matices culturales, y quizás era el momento para inventar cualquier arquetipo
capaz de cobijarnos, el martinfierro, el werther, el sanchopanza,
el Ilúbatar, Misspiggy, másnoblequeunalechuga,
cualesquiera, un padre urgente.
Yo apoyaba al negroquesalíaenloscomercialesdefruit; pero, mi padre era mi padre, el escritor. Creo que muchos habíamos asimilado la idea de vivir entre varios mundos sin que por ello uno limitara a otro, y sin embargo también parecía que uno de esos mundos aún era los ojos en la terraza amarilla.
Luego
decidimos escribir muchas palabras usando la q por la c, luego
cambiamos la h por la doble v y ya no decíamos voy pa
tungurahua sino voy pa tungurawua. También hola soy washinton
por hola soy huashinton.
Supe que
alguien de noveno tenía pensado un argumento para una novela a la que titularía
El huachiman.
Tras los
exámenes muchos quedaron bastante comprometidos, y era común que al no alcanzar
el promedio subieran a la roca de la segunda mitad del ciclo. Uno ya se
predisponía a lo peor.
Luego
estuve mirando al interior del agujero y un poco sentía una incomodidad en la
garganta, tenía carraspeos, flemas largas como moco de pavo y sin embargo luego
estaba dándole al marlboro y luego miraba cómo el humo subía hasta alcanzar lo
extraño, como dedos largos. También en esas formas que no duraban ni un segundo
intenté leer mi futuro; pero antes debía tomar un taller de lectura rápida de
siluetas en humo de cigarrillo.
Creo que
observé un anuncio para un taller en una revista catalana, me preguntaba cómo
pude haber leído eso si ni siquiera tengo contactos catalanes en mis redes y la
electricidad está bajo las rocas; aunque, una vez vi un reportaje o un
documental de un barrio en una ciudad cerca de Horta-Guinardó. En ese distrito los vecinos parecían llevarse como
personas civilizadas, pero en realidad una comunidad que siempre estaba
resolviendo problemas, y metiéndose en otros problemas que en el documental no
eran expuestos o tratados de manera explícita; porque el documental se trataba
más de las dinámicas entre vecinos, de cosas espontáneas y muchos vivían solos,
en casas o departamentos o comunas de edificios tomados, y el tono general del
filme, es decir su coloración, tendía más a los grises, a los colores apagados,
desaturados. Varias veces llovía y eso le daba a la imagen un clima triste.
Quizás en uno de esos muros, en ese barrio, que por cierto así se llamaba el
filme, el barrio, pude, o habré visto
un anuncio para tomar clases de lectura rápida de siluetas en humo de cigarrillo,
de 16 a 19, quinientas siluetas en 30 segundos.
Espero no
haber enfermado, pues, enfermarse requiere de un seguro médico y llevaba dos
años sin una cobertura. Esperaba, tras mi último ciclo, iniciar alguna relación
en la cual me brindasen alguna cobertura económica, nervios o hasta vitamina L.
Por lo
general la cobertura era para diagnóstico, pero uno mismo debía gastarse con
los viajes, aunque, de un tiempo para acá ya se estaban produciendo genéricas. A
veces en los centros de salud obtenía antibióticos, me tomaba dos horas para
dos semanas de tratamiento.
Sin
embargo, procuré guardar los marlboros, e incluso empecé a obsequiarlos. Un
tallerista fumaba tres veces más que el resto, además tenía la apariencia del
hombre marlboro, me daban ganas de preguntar ¿dónde había dejado el caballo
y el sombrero el blancosimónB? pero tenía la impresión de que respondería
con bromas. Más bien pregunté a otro tallerista que ¿de qué barco te habías
bajado?, un cuasi homenaje a la escena en que Mcfly regresa llevando
un chaleco rojo westler, el tallerista
llevaba un chaleco similar. Le pregunté ¿oye, de qué barco bajaste?, y
solo yo me reí, y creo que nadie estaba enterado de esa trilogía, ni de martin
en el pasado.
Creo en
1955.
Luego
estuve rodando hasta la planta baja. Luego me trepé en sus hombros. Luego
miraba un filo bastante uniforme y liso, miré unos pies. Luego a las personas
que caminaban con sus bolsas blancas en las manos.
Unos
hombres dirigían el tránsito y creo con controles remoto que tenían botones y
un compartimiento para baterías.
Luego
dijo eres unmentiroso. El marlboro me miraba. Luego repitió que yo eres
unmentiroso.
Luego,
las espaldas que ya estaban separadas como a dos cuadras, parecían pegadas,
como goma, no dolía (¿?) pero sentía la piel era una cuerda larga, como de
tramoya. Se estiraba y se alargaba, como los dibujos animados.
Diez
minutos después eres unmentiroso.
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