De ganas de roja, las
galletas verde son de
humano
Era
interesante y terapéutico observar los pedazos, la cosa interior del cuerpo de
uno echados, derramados sobre la mesa, y eso y con el tiempo suficiente para
enumerarlos, reconocerlos y sobre todo con esa luz que los hacía, digamos, un
poco menos horrorosos y quizás casi fantásticos, como si se trataran de las
partes de un maniquí de consultorio médico y eso de ver músculos y grasa
amarilla y muchas mangueritas azulitas y rojas. Allí estaban todas esas partes
y uno se preguntaba dónde estaba la parrilla y el carbón y a uno le entraban
las ganas de ir al supermercado a buscar un poco de aceitunas y madera verde
para de una vez secarla ya que pronto era noviembre; y ya se imaginaba uno
preparando los aderezos y un poco quemándose bien arrra rrray las manos y las pestañas y los pelitos de los brazos
haciendo hizz hizzz mientras avivaba y
soplaba la llama. Pero las partes estaban sobre una bandeja metálica, junto al
cuerpo, todas tenían un color saludable, los ojos de un rojo intenso llenando
el muro y los violetas eran unos violetas así, azules y misteriosos, y había
algo blanco y largo y también parecía limpio y sano y uno podía mirarlo sin
temor a cansarse, algo gelatinoso como alejado de las comunes enfermedades que
suelen saltar a la vista, y eso era bastante saludable y bien motivante, uno ya
no tenía ganas de asar y carbonizar el jardín, ni el patio, ni la cuadra y
menos de armar un partidito de hecuavoley
con las respectivas pilsenchevis, a
uno ya solo le entraban las nostalgias y eso, pensar en los hijos que no
estaban, las novias fallecidas culeadas por los gusanos negros y gordos y
llenos de pelos, ughh ughh en el
lodo, los compadres traicionados tolchocando bien fuerte a la mujer y un montón
de personas, decenas que ya no estaban y que se fueron en el momento menos
pensado, cuando la puerta tenía corrido el seguro; tan común que uno la
estuviera pasando de fábula y chilín
chilín y que de repente alguien desapareciera y otro acercándose para pedir
le abrieras la puerta o no sea malito, y eso, y también que le quitara al
candado.
A veces
uno la pasa tan bien y cree que a todos les ocurre y resulta que no es tan así
y unos cuantos ya tienen la cabeza llena de almohada y sueñan lodo.
Y gas.
De todas
formas uno estaba con la cocina encendida y con la tetera llena de agua y el
agua en diez o menos minutos hacía vapores, la tetera soltando un
ttuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu y eso era buena señal para levantarse, mirar un
poco como estaban las cosas en las otras habitaciones y también era como tener
una gran reunión con varias pequeñas reuniones cerca, detrás de puertas y de
muros diminutos, y uno siempre encontraba a personas pequeñas con sonrisas
pequeñas jugando a la play y
dándole al una vida una vida o videando los filmes antiguos de georgelucas
y eso quizás era ideal, y ya de vuelta porque ya veníamos volviendo, ya en el
salón tenían el cuello largo, rico, y a veces a uno le entraban las ganas de morder
y succionar y a veces me interesaba que todos fuéramos iguales, lo que quería
decir que otros también fueran capaces para ver otras diez generaciones nacer y
volverse polvo pero antes el lodo y eso de intervenir como un pedazo de papel
dentro de un hombre de barro pero quizás esas cosas debía dejárselas a alguien
menos imprudente, menos impulsivo, digamos alguien capaz de compartir su
misterio o maldición como los domingos y como se ablanda un pan dentro del agua.
Para calmarme me serví una gran copa de roja y la sed se apagaba haciendo izzuuuuuusss.
Pero
varias veces se mostraban los órganos, mis órganos y la sorpresa era bella, sus
ojos se convencían de que aquellas formas esponjosas eran el producto de las
manos largas de un artesano deGuano o
de los telares remotos enQuisapincha,
y es que enGuano fabrican todo tipo
de cosas llenas con ayoras ocres, recuerdo brevemente a gente tocando tejidos,
los dedos encima, y también, o en otra parte o al norte a muchos manchados los
rostros con la roja de verdad, y eso era muy cómico, dantesco, las rocas
volando sobre los brazos levantados; a veces invitándonos a meternos alguna
cosa, mucho ujujuuuy y aaeeejsiiuujj, era bailar alto y
realmente bezuño enjunio, como empuñando
el corazón y la roja corriendo en las manos y todo blanco, al final las nubes y
la boca grande.
Recuerdo
que varias personas bailaban unos temas rápidos de bossanuova, eso era harto raro porque la bossa suele ser martes y
era en tres tiempos; un poco creí que había perdido el ritmo de la cosas y los
pulsos y exacto era eso, porque pronto dos desconocidas me miraban mientras
colocaban sus vientres y el cinturón cerca, y luego los frotaban el uno frente
al otro al ritmo de esas músicas del sol y yo no quería ver sus ojos pero también
pude ver que eran como fantasmas, como mujeres muertas y como cortinas, un poco
unas cantantes a las que no había visto de hace unos años. Una de ellas ahora
manejaba un negocio en el centro de la ciudad y lo manejaba sin electricidad;
pero ahora ellas eran bien poderosas, es decir, con solo verlas uno sentía
deseos de correr o de volverse sal, era evidente que andaban disfrazadas como
los mortales y lo siguiente sería despistar pero también uno quería enfrentarse
con esos cuerpos y pupilas semidesnudas, con los vientres de goma y entonces
uno se acercaba, luego estaba el juego de matar al otro sin armas, bailábamos en
círculos como en una ronda, una o dos personas reuniéndosenos, uno un poco
tomándose de las manos y luego la idea de perder la razón para hacer cosas sin
sentido, y eso como entrar al círculo para dejar que el resto gire alrededor;
las manos aplaudían o éramos aquelarre, invocando, aplaudidos.
Luego sus
ojos que brillaban; me parece que por un momento vi a través de ellos y esos ojos
veían con claridad la superficie de la luna, o fue que observé con mis ojos
cerrados y a través de sus ojos, vi su historia, su fascinación por la noche, en
el cielo que ellas miraban mientras yo miraba con sus ojos había una luna
enorme, una redonda y amarilla, y esa luna estaba cubierta por nubes así que todo
era mucho más sobrenatural, por un momento pensé que me volvería lobo, o
aullaría alto, llamando o recordando a los olvidados porque se supone que así
se encuentran los recuerdos, así se les indica el camino de retorno pero quizás
ya estaba bien ebrio, además alguien no paraba de servirme roja y los giros
eran cada vez más rápidos. Una de ellas con eso de los lobos tienen seis
colmillos. Quizás ya dormía pero también sonó como si cientos de pájaros
agitaran las alas, en casa no tenemos aves, y además era bien tarde y las aves
se supone son las primeras en descansar.
Luego estaba
rodando muchos escalones, ya no en la casa, tampoco uno de esos salones para
eventos ni en reuniones el sábado; y yo estaba extrañando salir un poco para
perder la cabeza, eso de bailar con o entre personas desconocidas, eso de beber
de vasos cosas azules y extrañas; esa era la pérdida y más bien tenía que rodar
hacia el piso nueve desde planta baja y al hacerlo parecía que mis partes se
iban ensamblando, reintegrándose, como lo harían los brazos de un robot, como
cuando elvoltrón llamaba a sus brazos y los brazos eran leones
corriendo en el desierto y luego llamaba a sus piernas y unos robots en forma
de dinosaurio salían o rompían una caverna y del otro lado como niños hacíamos ehhhhhhhhh.
Luego estaba ya rodando
hacia el piso nueve, sentía como si varias partes: brazo, cerebro, gas,
canillas, dedos, mangueritas azules regresaran hacia los huesos, poco a poco
empezaba todo a pegarse u ordenarse, a ocupar el sitio donde cabe perfecto, al
hacerlo uno sentía la goma, el peso ya sujetado, doloroso porque al pegarse la goma
hacía izzzzzz y quemaba, como si
antes la piel se derritiera. Las personas alrededor no miraban, quizás no se
daban cuenta pues uno estaba dando vueltas, luego de nuevo la ronda y ellos
subiendo o bajando y tampoco podía detenerme mucho a quejarme, a decir cosas o
gritar aghhhh, creo esperaba que el
dolor me hiciera más poderoso, que tras los giros y el dolor un nuevo hombre,
uno doble, girara los brazos en lo alto como dos hélices.
Pasó lo
contrario y más bien las partes empezaron bien pronto a abusar, es decir, se
pegaban y despegaban por puro gusto y no a voluntad; yo estaba rodando y ellas
como si fueran nubes y como insectos picando dic dicdic aquí y debajo, el cuerpo inflamándose y creo que ese era
el modo que tenían (¿?)(¿quienes?) de detenerme.
También
perdí un poco la razón pero al quedarme sin sangre dejé de rodar.
También
olía a masa como de gel verde pero quizás ni eso, y bien dic dicdic.
De todos
modos llegué al piso nueve y alguien dijo que todos estaban en la terraza; yo
recuerdo que (de cuando fui un topo y Sonic-elerizo) dejé de ser
una bolita, y empecé a usar mis piernas y a ponerme de pie; era una cosa de ver
que no tienes idea, como volver a nacer y orinarle al enfermero con el doctor
haciendo taz taz, tomaba su tiempo
sincronizar las ideas y las órdenes, con eso de que ese cuerpo que en todo caso
era conocido pero extraño, y quizás era
cosa de desear no caer o desear dar dos pasos y tomar un balón y todo triple y
bien baloncesto pero de todos modos me tomó tiempo, siento que aún hay cosas
que no fluyen de modo convencional, el caso de un tipo que entra en un
refrigerador y luego camina entre el agua y la escarcha, la pileta llena con
varios escalones y varios pasamanos de acero, los músculos primero polvo y
volviendo a ser lo mismo, haciendo un baloncesto y media cancha nomás, dinero,
cigarro, alguien bien loco metiendo el televisor de papá, ese aparato que está
atornillado al muro.
Por
deporte nomás.
Un poco
atrofiados ciertos órganos y eso es normal. Recuerdo que una tallerista recibió
un mensaje por error, pedía que dejara de atrofiarle el cerebro y esas cosas de
reclamos, y esas cosas –pienso- son como cosas bien serias, y no es bueno jugar
con el cerebro de otro aunque esté a la vista sin las tapas, quizás y el origen
del mensaje erróneo fue un tubo de ensayo o un cilindro de vidrio con la masa
rosada un poco atrofiada como un maní, estaría a la vista; un tubo de ensayo
como con un fluido seco o al que le ha dado mucho tiempo el sol.
Luego
estuvimos tomando el sol y contándonos cosas y parecíamos una gran familia de
talleristas, vestidos al apuro y por las manos largas de una mujer a la que le
sobraban dos brazos; y un poco riéndonos para que otros no se rieran de
nosotros.
Luego
estuvimos buscando la parte sin pintar. Todo era amarillo. Una vez regalé unas
flores amarillas. Fue la primera vez y creo que lo estoy volviendo a hacer, creo
que haría flores para que alguien se las coma y me gustaría que las flores
brillaran en el estómago de esa persona y en la noche la persona diría que le
gustan las flores porque las flores brillan en las noches.
Luego
hablamos de beber roja; sin beber roja actuábamos como ebrios y en verdad eso
era lo mejor que sabíamos hacer.
Nuestra especialidad especial.
Luego eresun
mentiroso fuera del grangalpón y ya con especiales ganas de roja.
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