10/9/14

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De ganas de roja, las
galletas verde son de
humano

Era interesante y terapéutico observar los pedazos, la cosa interior del cuerpo de uno echados, derramados sobre la mesa, y eso y con el tiempo suficiente para enumerarlos, reconocerlos y sobre todo con esa luz que los hacía, digamos, un poco menos horrorosos y quizás casi fantásticos, como si se trataran de las partes de un maniquí de consultorio médico y eso de ver músculos y grasa amarilla y muchas mangueritas azulitas y rojas. Allí estaban todas esas partes y uno se preguntaba dónde estaba la parrilla y el carbón y a uno le entraban las ganas de ir al supermercado a buscar un poco de aceitunas y madera verde para de una vez secarla ya que pronto era noviembre; y ya se imaginaba uno preparando los aderezos y un poco quemándose bien arrra rrray las manos y las pestañas y los pelitos de los brazos haciendo hizz hizzz mientras avivaba y soplaba la llama. Pero las partes estaban sobre una bandeja metálica, junto al cuerpo, todas tenían un color saludable, los ojos de un rojo intenso llenando el muro y los violetas eran unos violetas así, azules y misteriosos, y había algo blanco y largo y también parecía limpio y sano y uno podía mirarlo sin temor a cansarse, algo gelatinoso como alejado de las comunes enfermedades que suelen saltar a la vista, y eso era bastante saludable y bien motivante, uno ya no tenía ganas de asar y carbonizar el jardín, ni el patio, ni la cuadra y menos de armar un partidito de hecuavoley con las respectivas pilsenchevis, a uno ya solo le entraban las nostalgias y eso, pensar en los hijos que no estaban, las novias fallecidas culeadas por los gusanos negros y gordos y llenos de pelos, ughh ughh en el lodo, los compadres traicionados tolchocando bien fuerte a la mujer y un montón de personas, decenas que ya no estaban y que se fueron en el momento menos pensado, cuando la puerta tenía corrido el seguro; tan común que uno la estuviera pasando de fábula y chilín chilín y que de repente alguien desapareciera y otro acercándose para pedir le abrieras la puerta o no sea malito, y eso, y también que le quitara al candado.
A veces uno la pasa tan bien y cree que a todos les ocurre y resulta que no es tan así y unos cuantos ya tienen la cabeza llena de almohada y sueñan lodo.
Y gas. 

De todas formas uno estaba con la cocina encendida y con la tetera llena de agua y el agua en diez o menos minutos hacía vapores, la tetera soltando un ttuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu y eso era buena señal para levantarse, mirar un poco como estaban las cosas en las otras habitaciones y también era como tener una gran reunión con varias pequeñas reuniones cerca, detrás de puertas y de muros diminutos, y uno siempre encontraba a personas pequeñas con sonrisas pequeñas jugando a la play y dándole al una vida una vida o videando los filmes antiguos de georgelucas y eso quizás era ideal, y ya de vuelta porque ya veníamos volviendo, ya en el salón tenían el cuello largo, rico, y a veces a uno le entraban las ganas de morder y succionar y a veces me interesaba que todos fuéramos iguales, lo que quería decir que otros también fueran capaces para ver otras diez generaciones nacer y volverse polvo pero antes el lodo y eso de intervenir como un pedazo de papel dentro de un hombre de barro pero quizás esas cosas debía dejárselas a alguien menos imprudente, menos impulsivo, digamos alguien capaz de compartir su misterio o maldición como los domingos y como se ablanda un pan dentro del agua. Para calmarme me serví una gran copa de roja y la sed se apagaba haciendo izzuuuuuusss.

Pero varias veces se mostraban los órganos, mis órganos y la sorpresa era bella, sus ojos se convencían de que aquellas formas esponjosas eran el producto de las manos largas de un artesano deGuano o de los telares remotos enQuisapincha, y es que enGuano fabrican todo tipo de cosas llenas con ayoras ocres, recuerdo brevemente a gente tocando tejidos, los dedos encima, y también, o en otra parte o al norte a muchos manchados los rostros con la roja de verdad, y eso era muy cómico, dantesco, las rocas volando sobre los brazos levantados; a veces invitándonos a meternos alguna cosa, mucho ujujuuuy y aaeeejsiiuujj, era bailar alto y realmente bezuño enjunio, como empuñando el corazón y la roja corriendo en las manos y todo blanco, al final las nubes y la boca grande.

Recuerdo que varias personas bailaban unos temas rápidos de bossanuova, eso era harto raro porque la bossa suele ser martes y era en tres tiempos; un poco creí que había perdido el ritmo de la cosas y los pulsos y exacto era eso, porque pronto dos desconocidas me miraban mientras colocaban sus vientres y el cinturón cerca, y luego los frotaban el uno frente al otro al ritmo de esas músicas del sol y yo no quería ver sus ojos pero también pude ver que eran como fantasmas, como mujeres muertas y como cortinas, un poco unas cantantes a las que no había visto de hace unos años. Una de ellas ahora manejaba un negocio en el centro de la ciudad y lo manejaba sin electricidad; pero ahora ellas eran bien poderosas, es decir, con solo verlas uno sentía deseos de correr o de volverse sal, era evidente que andaban disfrazadas como los mortales y lo siguiente sería despistar pero también uno quería enfrentarse con esos cuerpos y pupilas semidesnudas, con los vientres de goma y entonces uno se acercaba, luego estaba el juego de matar al otro sin armas, bailábamos en círculos como en una ronda, una o dos personas reuniéndosenos, uno un poco tomándose de las manos y luego la idea de perder la razón para hacer cosas sin sentido, y eso como entrar al círculo para dejar que el resto gire alrededor; las manos aplaudían o éramos aquelarre, invocando, aplaudidos.
Luego sus ojos que brillaban; me parece que por un momento vi a través de ellos y esos ojos veían con claridad la superficie de la luna, o fue que observé con mis ojos cerrados y a través de sus ojos, vi su historia, su fascinación por la noche, en el cielo que ellas miraban mientras yo miraba con sus ojos había una luna enorme, una redonda y amarilla, y esa luna estaba cubierta por nubes así que todo era mucho más sobrenatural, por un momento pensé que me volvería lobo, o aullaría alto, llamando o recordando a los olvidados porque se supone que así se encuentran los recuerdos, así se les indica el camino de retorno pero quizás ya estaba bien ebrio, además alguien no paraba de servirme roja y los giros eran cada vez más rápidos. Una de ellas con eso de los lobos tienen seis colmillos. Quizás ya dormía pero también sonó como si cientos de pájaros agitaran las alas, en casa no tenemos aves, y además era bien tarde y las aves se supone son las primeras en descansar.

Luego estaba rodando muchos escalones, ya no en la casa, tampoco uno de esos salones para eventos ni en reuniones el sábado; y yo estaba extrañando salir un poco para perder la cabeza, eso de bailar con o entre personas desconocidas, eso de beber de vasos cosas azules y extrañas; esa era la pérdida y más bien tenía que rodar hacia el piso nueve desde planta baja y al hacerlo parecía que mis partes se iban ensamblando, reintegrándose, como lo harían los brazos de un robot, como cuando elvoltrón llamaba a sus brazos y los brazos eran leones corriendo en el desierto y luego llamaba a sus piernas y unos robots en forma de dinosaurio salían o rompían una caverna y del otro lado como niños hacíamos ehhhhhhhhh. Luego estaba ya rodando hacia el piso nueve, sentía como si varias partes: brazo, cerebro, gas, canillas, dedos, mangueritas azules regresaran hacia los huesos, poco a poco empezaba todo a pegarse u ordenarse, a ocupar el sitio donde cabe perfecto, al hacerlo uno sentía la goma, el peso ya sujetado, doloroso porque al pegarse la goma hacía izzzzzz y quemaba, como si antes la piel se derritiera. Las personas alrededor no miraban, quizás no se daban cuenta pues uno estaba dando vueltas, luego de nuevo la ronda y ellos subiendo o bajando y tampoco podía detenerme mucho a quejarme, a decir cosas o gritar aghhhh, creo esperaba que el dolor me hiciera más poderoso, que tras los giros y el dolor un nuevo hombre, uno doble, girara los brazos en lo alto como dos hélices.
Pasó lo contrario y más bien las partes empezaron bien pronto a abusar, es decir, se pegaban y despegaban por puro gusto y no a voluntad; yo estaba rodando y ellas como si fueran nubes y como insectos picando dic dicdic aquí y debajo, el cuerpo inflamándose y creo que ese era el modo que tenían (¿?)(¿quienes?) de detenerme.
También perdí un poco la razón pero al quedarme sin sangre dejé de rodar.
También olía a masa como de gel verde pero quizás ni eso, y bien dic dicdic.

De todos modos llegué al piso nueve y alguien dijo que todos estaban en la terraza; yo recuerdo que (de cuando fui un topo y Sonic-elerizo) dejé de ser una bolita, y empecé a usar mis piernas y a ponerme de pie; era una cosa de ver que no tienes idea, como volver a nacer y orinarle al enfermero con el doctor haciendo taz taz, tomaba su tiempo sincronizar las ideas y las órdenes, con eso de que ese cuerpo que en todo caso era conocido pero extraño,  y quizás era cosa de desear no caer o desear dar dos pasos y tomar un balón y todo triple y bien baloncesto pero de todos modos me tomó tiempo, siento que aún hay cosas que no fluyen de modo convencional, el caso de un tipo que entra en un refrigerador y luego camina entre el agua y la escarcha, la pileta llena con varios escalones y varios pasamanos de acero, los músculos primero polvo y volviendo a ser lo mismo, haciendo un baloncesto y media cancha nomás, dinero, cigarro, alguien bien loco metiendo el televisor de papá, ese aparato que está atornillado al muro.

Por deporte nomás.
Un poco atrofiados ciertos órganos y eso es normal. Recuerdo que una tallerista recibió un mensaje por error, pedía que dejara de atrofiarle el cerebro y esas cosas de reclamos, y esas cosas –pienso- son como cosas bien serias, y no es bueno jugar con el cerebro de otro aunque esté a la vista sin las tapas, quizás y el origen del mensaje erróneo fue un tubo de ensayo o un cilindro de vidrio con la masa rosada un poco atrofiada como un maní, estaría a la vista; un tubo de ensayo como con un fluido seco o al que le ha dado mucho tiempo el sol.

Luego estuvimos tomando el sol y contándonos cosas y parecíamos una gran familia de talleristas, vestidos al apuro y por las manos largas de una mujer a la que le sobraban dos brazos; y un poco riéndonos para que otros no se rieran de nosotros.

Luego estuvimos buscando la parte sin pintar. Todo era amarillo. Una vez regalé unas flores amarillas. Fue la primera vez y creo que lo estoy volviendo a hacer, creo que haría flores para que alguien se las coma y me gustaría que las flores brillaran en el estómago de esa persona y en la noche la persona diría que le gustan las flores porque las flores brillan en las noches.

Luego hablamos de beber roja; sin beber roja actuábamos como ebrios y en verdad eso era lo mejor que sabíamos hacer.

Nuestra especialidad especial.

Luego eresun mentiroso fuera del grangalpón y ya con especiales ganas de roja.

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