4/9/14

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Bon pregunta, Ron
responde y luego
parece conocerme
bien
tuve otro accidente


En algún momento mientras rodaba por los escalones, recordaba el viaje y lo que pasaba detrás, del otro lado de las ventanillas, en las aceras. Todo era almacénsony y todos almacenes rodeados por un cerramiento mínimo y al mismo tiempo monumental. El concreto era en realidad planchas o bloques que formaban grises, altos y largos muros, perfectos, como si cada bloque fabricado imitara a una hoja gigante de bond. Imaginé la transportación y las grandes plataformas antes de mirar una grúa, la pluma sobre gigantescos neumáticos; las placas formando un gran panel simétricos y uno cumpliendo el deseo de quedarse de pie mirando la coreografía y esos muros que rodeaban al almacénsony, uno quería quedarse en mitad de los muros como un gusano visto de una árbol para sacar una fotográfica y hacerse unos retratos con las líneas y las superficies tan regulares, y mejor si el cielo era azul, cosa que el corte y los bordes sobre el azul fueran perfectos, como clavarse desde un trampolín a una pileta azul en cámara lenta y con toda la velocidad ralentizada, dos días de caída, cayendo sin prisas y el splllaaassshhh.
También quería ser una especie de borde de muro, o ser las líneas recortadas sobre el cielo azul porque todo eso lucía fuera del mundo, una de esas cosas que uno espera encontrar en ciertos libros impresos en couché y, pensaba que era ya hace mucho que no miraba con atención o por más de diez segundos el mismo objeto, un mismo objeto.
Luego el tren o el vagón avanzaba pero era un autobús porque nos deteníamos a cada luz. Sentía recuerdos por mis paseos vespertinos en las alcantarillas y sobre todo por el calor y la gran ola que solía empujarnos por las escaleras hasta dejarnos mendigos en las calles. Uno de los talleristas tomaba el primer diario del puesto en váscones y lema, además buscábamos sitio para tomar un café aunque terminábamos la mayor parte de veces hablando solos y caminando en sentidos opuestos o yo, pienso, medito, más allá pues uno de ellos estaba retrasado unos barrios antes que el mío, y en el mío había mucho pochoclo y poco café,  y yo caminaba y el día era oscuro como los amaneceres en la playa cuando el agua está en todos lados y su ruido y la marea nueva, y entonces uno pesa más de lo normal, gravedad. Pero, ya de regreso pensaba de nuevo que caía por los escalones y quizás alguien debería levantarme, dije, pero, ya no estaba cerca, no más en ese día de mañana oscura y total como en la costa, ni en ese otro país lleno de calles y cables e iglesias hechas con concreto, altas como agujas, con gárgolas y ardillas, pero si estaba cayendo y nadie me levantaba y dije ¡que alivio o rabia que! mientras leía algo escrito en un muro, y por la velocidad y por eso de que iba cayendo no pude entender bien, y luego estuve en la planta baja junto al jardín de arena, varios hombres con cascos bajaban carretillas llenas con material y muros y varillas dobladas, todo lo amontonaban cerca de una puerta clausurada y ya era más de cuatro meses y ya debían terminar pero ya era navidad.

Luego caminaba junto y preguntaba cosas y pensé claro, como si no me conociera, soy AK, creo que eso era cierto, cada vez me acercaba bien y ponía su mano sobre su hombro; yo pensaba que sería ideal iniciar una especie de relación con algo más que nuestro enérgico dominio de temas y tópicos, y eso de all about the quinta dead, local héroes and their guns, the fabulous four sábado en calderón quizás algo que pase por te doy un quiño, devuélveme una patata, Ramiro cobra a quienes se rían en naútica y eso era nuevo, un invento, lo que al parecer respondían.
En realidad preguntaba cosas sobre mi vida y no pude sino sentirme extraño, pues la última vez que alguien me había hecho preguntas personales, y sobre esas cosas ocurrió, pensé, como hace diez años, en casa de natysanisidora. Entonces, quise creer que aún había personas para intentar conservar, mantener cerca para hablar cuando la memoria empezara a irse de cosas al parecer sin importancia. Eso me motivó durante los siguientes diez años, y, la verdad, cada mañana despertaba pensando cuándo fue que me preguntaron.
Luego sumarían veinte años y algo dentro se inflamaba y luego ya estaba yo pegado al techo, y desde allí disparaba algo que no era necesariamente una flecha recta, pero sí algo capaz de hacerme creer que todo iba a durar para siempre, sobre todo viviré por siempre en tricentenarios y eso también de al fin jeanpinmortal.
Entonces estaba junto y decía eso de mi vida y lo que recordaba de ella cuando era un efebo; y yo hablaba, y estaba en mis palabras y en lo que hacía en ella o de ella cuando era un efebo: vi que su cabeza se inclinaba como diciéndome que entendía todo, sentí ganas de que nunca llegáramos y luego desaparecimos del mapa y de roma, luego los autos hicieron chu-chú chu-chú o era que calentaban los motores o que llenaron el tanque con diésel de 95, u octanos menores a los ochenta y noventa y llegaban con minutos a su favor y por la calidad del aire comprimido. Todas las talleristas entraban en una fila corta, un hombre entregaba recibos con el nombre de la cooperativa que auspiciaba el uso de los transportes de color azul, muchos iban por la mitad de la acera con niños en la mano o con una o dos bolsas blancas de las que salían los tallos de un planta larga y blanca que remataba en algo verde y carnoso; algunas atadas por una banda de goma ancha de color rojo, y los semáforos, y nosotros y luego la calle inclinada, y nosotros levantando las manos antes de cruzar.

Yo no quería estar en ningún sitio y sin embargo estaba ya en mitad de cientos de personas que llevaban sus cochecitos de supermercadolafavorita y miraban como si dos cuerpos pintados con acrílico o vestidos con lonas de yute fueran pies descalzos o dos sobrinos del presidente parra, pero también éramos dos cuerpos y dos limones del tamaño de una pelota inflable y la cabeza saliendo entre la arena, o también dos gotas de agua que suspendidas en el aire parecían despreocupadas por caer o estallar, despreocupadas o ignaras.
Dos compositores, uno de NIN y otro de OQOTSA dijeron otra vez inmortal y saludé y la fila respondía inmortales y todo el galpón llenándose de líquido pues todos estallaron, y nosotros cerramos los ojos, AK y MB saben de las cosas que se deben evitar, y la boca y los dientes pero fue divertido, pues eran muchos gustos y uno cree que algo así solo puede tener gusto a un plato de electricidad pero también fue rápido, pasillos baldeados para las muestras de azúcar, pasillos para fórmulas de detergente, para almohadas y ortopedia, para pan, no punk, para legumbres, y todos, antes de mirarnos suspendidos solo que no lo notábamos.

Yo esperaba, y eso duró muchos días, luego alguien dijo que mejor me fuera a casa pues ya empezaba a ser muy raro que yo continuara tantos días dormido en mitad de aquel sitio, y estaba feo o hinchado o ambas. Esos días llegarían muchas personas durante muchos martes y era ilógico y bien seguro que yo los haría estallar como gotas de agua; refresco en mayo.

En realidad ya estaba fuera del galpón pero de todos modos seguí mirando y buscando entre los pasillos y debajo de las bolsas de fab total y de las cajas con arena, y un poco dije era de esperar porque cada vez que nos separábamos terminábamos separados y alejados y cerca en medio de la multitud. También le pedí a una de las personas que por favor me guardara el puesto y esa persona era mermarciano dijo no hay problema pero pensé que debía de ser un pepinillo o un rábano que acaba de perder su empleo y busca y se hace el fresco; los mermarcianos suelen ser más bajos y su barriga redonda y este señor era señora, y no la recordaba de los días en que el ocho estaba en el siete aunque acá siempre ha estado en el cuatro, eso es lo que dicen incluso al trepar a un auto amarillo lléveme al cuatro, antes doble y no me obligue, doble, en arcos y triunfo.
Luego estuvo la historia de la búsqueda, una suerte de lucha entre lo que está bien y aquello que se ha vuelto nocivo; ambos nos ahorcábamos y luego estuvimos tirados, el suelo frío como los muros de los almacenessony pero en el suelo uno ya no podía contrastarlos con un fondo azul así que ayúdame a girar el suelo para que quede frente al cielo azul como en el almacén sony, o sea, entre el cielo azul y nosotros de pie y luego las personas cayeron como en los filmes franceses decadalso, como hombrecillos azules y sin cabello o como soldaditos a los que se los ha desnudado y que al caer preguntan por sus fusiles y sus ropas y luego ya no nos ahorcábamos, mirábamos los ingredientes de las cosas que llevábamos puesto.

Un hombre preguntó si alguien quería que le preparasen o le enseñasen la receta del pan con canela; la gente tenía en sus manos unos tickets y en letras rojas se señalaba que era su turno. Yo miraba el gorro o boina del hombre, y sus manos llenas de huesos y dedos y las luces fuertes; muchas personas salían con bolsas blancas.

Un hombre manejaba los autos y los autos tenían detrás del volante a otros hombres y era raro porque siempre anunciaban en los noticieros eso de los robots ahora, los robots ayer y dije me parece que ya lo habrán anunciado ayer, pero no me animé y luego el hombre manejaba otros autos, demasiados en realidad, y giraban y se detenían con talleristas dentro porque ya era tarde.  Ese director me saludó y al hacerlo los autos dejaron de moverse; al bajar la mano los autos volvieron a eso de que estaban siendo manejados por control remoto. Luego el hombre o yo me estuvo o me estuve manejando hasta dejarme sentado en un escalón.

Ambos estuvimos pegados; luego el hombre de los autos nos separó y las espaldas se estiraban como esas máscaras en las películas de joaquínbond o creo que era una de las misión sunmag, la que dirigió bartolomépalma.
Luego estaba en el escalón y ya no vi para dónde o tomó.

Dijo eres un mentiroso. Y dijo otras cosas que parecía conocer muy bien.

Las espaldas se estiraban como las máscaras de goma en la película de los triple lima

1996
110 min.
PAÍS

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