1/9/14

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Grave H

En una pared estaba escrita la frase o las palabras agonía eterna. En la pared que continuaba, que cercaba el sitio de administración también estaba escrita la frase agonía eterna pero en esa pared la frase se repetía varias veces, cincuenta, cien; tanta frase repetida lo hacía a uno detenerse frente al muro y luego estuve numerando las tildes y luego comparando y recordando si acaso se había hecho antes algo similar, luego estaba eso de estudiar el trazo y la forma en que el aerosol y los carbones fueron usados, quizás más, quizás menos, la cosa es que las mismas palabras escritas por la misma persona varias veces apenas era distinta como en un degradé de tamaños, de grande a pequeña y viceversa o las frases que empezaban con mayúscula y a veces con la vocal reflejada (a, e) y las palabras entrecortadas a veces como con vocales alargadas o como formando gargantas que vistas de un modo parecían tragar o vomitar sílabas, y también las letras que parecían sacadas de otras palabras, como si la mitad de una vocal o de sílaba se completa juntado una de las palabras del otro extremo del muro pero también todas con un trazo similar y evidentemente familiar. Quizás y en ese momento frente al muro bien podía sonar un violoncello, violoncello más órgano de tubos, algo como Chiiiiiiiiiiiuuuuiiiiiiiiiiiiin y ese momento tuve ganas de ser más joven.

Supongo que un poco nos venía sucediendo éstas cosas, cada rincón como una grieta para encontrarse a sí mismo pero ese encuentro resultaba incómodo, en realidad y al ver esos muros quise creer que se trataba de lo que tenía dentro o de lo que le pertenecía a otra persona; pensaba con aires de titán que esas cosas no son para mí, allá que sufran o sufras, pidas o exijas, eso es lo que noooooooooooooooos hemos buscado y nada, definitivamente nada es sobrenatural (y repetía esto, sobrenatural, como si usara un filo de acero brillante para abrir una naranja, y ya estaba bien consciente del sitio endeble que pisaba) sobrenaturaaAaal que la naturaleza lo ponga en el camino, la naturaleza con una sonrisa enorme y profunda. Casi me sentía un dios con patas por cabeza y llevaba puesto un reloj de pulsera y en mi interior me procuraba que algo similar a una llama consumiera el gas interno antes de arder por los ojos, el gas verde o azulado y yo sabía que ese gas era el alma que al fin se extinguía y me decía es mejor quemar que haber sido quemado y la cama empezaba a levitar y las sábanas saltaban hacia el techo y entonces de las llamas parecía que saltaban sus hombros, cercanos como dos montañas o como dos puentes y quizá golpeaban mi rostro pero también hacían un movimiento como si desearan ir hacia otro sitio, una especie de tijera, y yo pensaba eso es, vámonos y allá entremos en un buey y démonos un festín con vísceras y con boñiga y luego salgamos el domingo por díaadía o por haganegocioconmigo y por el dispensador de toallas de la estación de Tambillo y entonces creo que el alma se daba cuenta de que intentaba desaparecerla y dejarla como un gas, como algo flotante cerca de lámparas y de las luces de tungsteno de los autos y por eso el alma se metía y se daba el trabajo de pensar, y pensar para ella era dar vueltas como un tornillo cerca del pecho y al rato ya decidía hacer cosas impresionantes, cosas como hincharme el cuello y exprimirme hasta pesar como una pluma y yo dije debe ser abdónK pero también pensaba que era el espíritu de FélixV, elFélix bajando de san marcos para hacerse ver un poco pero el calor era insoportable, una llama fría que parecía hinchar los huesos, y eso, nada más era todo lo que sostenía entre las manos.

Tenía ganas de colgarme como un murciélago a ver la noche y el reino, para qué voy a mentir, dije quizás necesite la sangre llenando el cráneo y también deseaba saltar de algún sitio hondo pero del otro lado de mi ventana había solo un fregadero de ropa y yo quería un salto triple ilimitado quizás en el espacio brillante como en los filmes donde las personas pierden contacto y luego son algo como un náufrago, náufrago con una manguera amarilla amarrada a las estrellas y diciendo cosas como central, voy a ciegas, repito voy a ciegas.
Una de las talleristas, delgada como un alfil decía que dejara esas cosas y eso lo decía mientras challenger y yo éramos uno solo o sea que apenas si disponía de 26 o de 28 segundos antes del bOm y ella insistía cosas pero sin decirlas y yo decía lista para la foto que viene el bOm y ella decía cosas sobre los hombros y sobre guayasybajarhaciaambato y ya era fatal, pedía que la cosa haga bOm pero la nave desarmada se dirigía hacia todas las direcciones, de izquierda a derecha de arriba a derecha de izquierda a izquierda y eso era confuso y apenas eran las dos de la mañana y ya debía estar bajo la alfombra reponiéndome pues jueves sigue siendo día de trabajo y seguido pensaba porfavor, porfavor, y luego en yanquis con banderas y repetía en voz baja yanquisconbanderas y pensaba en desfiles gloriosos que culminaban con un auto lleno de plantas y cóndores y me parece que la nave había aterrizado pero parecía inclinarse como si una nave tuviera rodillas o bisagras y yo decía ¿qué sucede?, se fiiiniiii, astanuncaa A A A  y no sé, no estoy seguro, su voz era fuerte y clara y no era parte de la radio porque habíamos perdido las baterías pero yo salté de la nave sin oxígeno ni manguera amarrada a las estrellas y luego flotaba y era un globo hinchado y cientos de gusanos oscuros como proyectiles dejando mi cráneo pelado y tras ellos partes más grandes y rojas, tiras o cubos de piel y ella decía preguntas demasiado con palabras redondas, no había vuelta que darle y seguía una dirección extraña e intentaba reventar las palabras con un alfiler y algo me tiraba hacia abajo.
Recuerdo que al ver el reflejo de la luna sobre una de las partes cromadas de la nave dije, A.K. consigna el tiempo, tomé del espacio varias partes asimétricas y poco a poco las fui colocando dentro de una bolsa de yute azul, y las partes no querían quedarse allí y sobre todo fue difícil y más con los dedos que entraban en las narices de otros cuerpos, de cuerpos fragmentados que empezaban a llegar de otra explosión similar y eso era incómodo porque quizá ahora tengo los dedos de alguien más y quizá es motivo de que me sobren huesos pero luego pensé que todo iba a estar de maravilla, busca cinta adhesiva y creo que así fue.

Los ojos colgaban dentro de una caja junto a una cruz de acero y eran como dos huecos sin pupilas. ¡Diablos amargos! no hallaba los riñones y tenía muchas ganas de ponerme bien violeta y quería que el agua entrara por la boca y que luego brotara de los ojos como en los parques, que brotara hasta un jarrón chino para otra vez tomármela hasta que el sueño llegase, dormido sobre un tornado de agua de jarrón. Además tenía ganas de volver a aquel muro pero no había nave ni tampoco tenía el riñón y era posible que a mitad del cielo rugoso me desmayara o que cayera la cruz encima de las plantas y también pensé con mucha tristeza que era una mierda bien desalentadora porque ni siquiera anoté la dirección del muro y era importante volver, pero ya sabía que nunca lo lograría. La ciudad era una horrorosa cosa alargada como el moco de un pavo sobre una alfombra y en cada vértice había nuevos vértices desordenados y que crecían en todas las direcciones como los ecos de de sandiego y pensé que eso era una mierda violenta y sañuda y que todo era por no saber hablar y entonces me puse a repasar sobre la cama diálogos y cosas para decir cerca de los oídos y eso para que todo dejase de terminar antes de abrir la ventana y aun así siempre alguien culpándome de su fracaso, socios exiliados, una esposa muerta, un hijo único perdido en francia o enCamboya o en un sitio prohibido y nefasto y contaminado como Santiagodevidela haciendo de mula y de topo del gobierno, cosas que yo desconocía pero le respondía al aire como si con él charlara sabrásdisculpar pero todo era inútil. No se me daba eso de decir cosas porque siempre decía otras cosas que sin querer nos ponía a pensar o quería pensar y terminaba hablando y era el horror, horror escribía, perdón pedía y luego la pronunciaba sin H y alguien con devuelve la H, creo, uno de los talleristas que repetía curso. Me gustaba la cruz de acero, era dorada y caliente y yo quería que alguien la observara como se observa un montón de lodo pero la colocaban sobre la mesa o sobre el marco de la puerta de la habitación nueve y luego pensábamos en el marquésdepúbol y luego en eso de los templarios y la guerra por girar los cenotafios y toda esa cosa y para ellos el mantra largo y traducido Oh Atum, pon tus brazos alrededor de este gran rey, alrededor de esta construcción, y alrededor de esta pirámide como los brazos del símbolo del ka, para que la esencia del rey pueda estar en ésta, perdurando para siempre.

Me vi de rodillas bautizado con el fuego del challenger1986 o algo que me durmió o me quitó las capas que empezaban a formarse alrededor de la masa, capas o ecos como erranzas.

Luego rodé por los escalones y creo que en cada escalón fui perdiendo un poco de huesos y el mármol era como una perla ennegrecida; alguien puso una pegatina en los muros y la pegatina informaba sobre unas charlas el próximo lunes en el salón Numa a las 17. Pensé que ojalá estén invitados y que quizás estés interesado en aprender. Antes de rodar me dije ya ni nos inviten y tras esa pequeña ofrenda al revés volví a rodar muchos escalones más, creo que unos ochenta y tres escalones hasta llegar a la planta baja pero por si acaso me quedé un rato en el suelo esperando que los huesos se asentaran, en especial los de la cara y sobre todo los de la frente pues me decía no es justo cómo voy a usar sombreros o amarrarme una venda en caso de que me rompiera la cabeza pero no llegaban y creo que alguien me levantó o alguien había evitado que rodara porque vi unos hombros y luego unos plantas y el barro roto, y creo que en realidad estaba sobre los hombros de algún tallerista pero también parecía caminábamos como encadenados y mientras me pareció ver unas líneas o los bordillos y quizás era una acera y el estacionamiento con las rayas amarillas y vi algo que caminaba quizá sus pies pero luego ya estaba mirando hacia el patio y había varios grupos y esas personas hablaban como ciegos y miraban a alguien recostado en medio de ellos y su alegría era contagiosa pero al revés, contentos porque agitaban los brazos llamando a otros grupos, brazos y cuellos largos como gusanos y yo dije qué bueno que los talleristas tengan relaciones propias de los centros pero en verdad no sabía nada de nada, y nunca quise creer lo que decía o hacían, como aquella tallerista que ahora fabrica muebles y uno debe llamar a pedirlos pero antes hay cita aquello de tú o yo nunca vamos a aprender pero ya era tarde porque ya eran más de las seis y el sol brillaba pero también el cielo parecía incendiarse.

Luego vino eso de eres un mentiroso y todo se fue al ocaso dando buenos retumbos y nunca más dormiré dije, y parecía un niño de madera huérfano.

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