8/9/14

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Betrayed in progress
Betrayed is progressus
 
 
Luego me volví 
a dormir y soñé sueños azules.
 

Bueno, la situación era bastante inestable. Muchas veces entre talleristas nos sometíamos a juegos pornosádicos y no era raro que un tallerista agrediera a otro o que una tallerista pidiera explicaciones y mandara a gente a intimidar; y era cosa de hacer como si no era con uno, como niños sueltos en medio de una piscina con aguaazul, y ahí estábamos, decíamos que la pared es mía y que la ventana es mía y que los focos son míos, también pedíamos atención, o la exigíamos o la tomábamos de los otros, obligándolos, estorbándo para obligarlos a mirarnos, y también no hacíamos nada, ellos observaban y nosotros callábamos, como piedras, escribíamos en los cuadernos con mucho orden, eso sí, ya antes de salir, eso, bien prolijos.
En realidad éramos niños bien grandes, bien avanzados de cuerpo y halma, todos, pero realidad como todo mamífero también desprotegidos. Muchos talleristas tenían sus propias familias, otros muchos eran migrantes y hablaban sobre días en la ciudad y los días en el campo; vivir en un piso y vivir en el patio de una casa. Había ex convictos, uno o dos ex yonquis. Supongo que muchos entramos al centro con el fin de cerrar esos círculos torcidos, esos renglones torcidos de eldios y también, un poco con la esperanza de lo desconocido. Lo que no sabíamos es que por mucho que nos opusiéramos, más pronto (y sin saberlo) seríamos los afectados, un poco como gobernados por la fuerza o el orden de quienes tenían experiencia, de quienes eran en grupos. Por eso andábamos como gritando y como peleados con la vida, de por vida, como pidiéndole y exigiéndole que nos devolviera algo, no sé, cobrándonosla. En realidad queríamos ser libres, libres para dar órdenes, pero si aún no sabíamos dirigirnos; y por eso cumplíamos esa premisa, eso de que no había nada más peligroso que un loco armado.
Felicidad tibia entre manos.

De todas maneras nadie salía muerto, aún, y eran varias las experiencias que alimentaban, creo: el insomnio; eso durante varios meses. Por ejemplo, de manos de un ex K asistimos, sin verdadero interés a un decapita miento público, como metáfora. De alguna manera los hombres de corbata azul miraban y su presencia hacía más oscura la cosa; uno no sabía para dónde mirar porque a cualquier lado estaba la voz devíctor (así lo llamamos) y sobre todo no podíamos dejar de escuchar sus argumentos, no hay nada peor, supongo, que asesinar-aporrear con autorización; peor para el testigo. Luego supimos que aquel tallerista tenía un proceso encima, algo inventado por el centro; algún hombre de corbata roja, aprovechando el desorden y eso del estado de transición.
Sin embargo, algo decía el código de convivencia con respecto a las faltas entre talleristas, y así fue, pero devíctor no tuvo el debido informe. 

En breves palabras aquel tallerista mandó a guardar silencio a otro en mitad de un foro, un desacuerdo, lengua de origen vs. lengua vernácula. En realidad todo pasó por un breve escándalo, esas cosas inaceptables para uncentro; los talleristas calificaron de momento grotesco pero también fue sorpresiva, casi épica su apreciación.

De todos modos los encuentros no terminaban. Y luego estaban otros “liderazgos” que intentaban sacar partido a las coyunturas de tipo mito-políticas.
Con el tiempo algunos llegamos a creer que el término politiqueiro se podía aplicar con los ojos cerrados y casi como soltando una roca en cualquier sitio sin temor a que reparara un cristal; jamás fuimos tan impertinentes.
En muchas ocasiones el discurso, que empezaba por mostrar aspectos iconográficos e históricos terminaba en arengas que invitaban a ir en contra de todo y en especial en contra de los grupos dominantes que en realidad eran una selección formada por un representante de cada fuerza rebolucionaria de los últimos treinta años enelhecuador, un ecuador amarillo y panameño con unos a favor y otros en contra y luego las cosas haciéndose en viceversa, o sea, infinita arbitrii . Para un grupo como el nuestro eran palabras al viento de verano, y nos gustaba verlas flotando y eran los hombres de corbata azul quienes las tomaban y luego nos las volvían a traducir.
Luego nos sentíamos justificados, contentos, creíamos entender y ser parte, tener una cuota, una parte del mango caliente. Podíamos pasar una hora escuchando quejas sobre el gobierno, sobre venezuelalópolis, sobre los hospitales, los sueldos, y quizás eran cosas que apenas conocíamos y también cosas que habíamos escuchado todos los días, familiares, quizás durante más de veinte años. Teníamos, (como se tiene una fiebre) una profunda incredulidad.
Supongo también que todo lo que deseábamos era terminar los ciclos para de una vez enrolarnos en la burocraciadoradadelosbrazosabiertos, y de una buena vez asegurarnos un papel en los archivos de los catorce millones. Es decir, no teníamos medios, ni energías para otra cosa que no fuera dirigir una clase con 35 alumnos. Bueno, pienso que muchos éramos aún bien jóvenes como para conocer y creer en el rol que nos estaba tocando, como si nos faltaran pruebas, y también era eso de ver a las cosas convertirse en otras, como aquello de los nuevos profesionales y eso de los organismos que ahora realizaban estudios, estadísticas y también contrataban, firmaban, como si así colocaran resultados para confirmar lo que el cliente esperaba, eso de que las cosas ahora son gas.
El problema no es derecha o izquierda, el problema es la mitad.
Luego alguien dijo que entre luchar y callar muchos eligieron el sitio del testigo, es decir, sacrificaban sus derechos.
Era fácil aparentar desconocimiento y quizás eso nos volvía invisibles, místicos, seres peligrosos y llenos con ( ), sí, llenos con espacios; los fundadores de un partido mudo, quizás partidoparapolítico.

Varias veces discutimos sobre prioridades. Me gustaba escuchar que los jóvenes estarían en la punta de la pirámide alimenticia porque eso demostraba que los jóvenes seguían en órbita y que en la tierra los esperaba la gravedad. Aunque, yo creía que importaban más los padres.
Varios talleristas tuvieron encuentros o malos entendidos con alumnos de centros secundarios; hubo una discusión con respecto a sus actitudes y en eso también entró aquello de la recepción de los contenidos. Esto encuentros referían a acosos por parte de alumnos, al revés de como comúnmente ocurre, acosos masculinos, femeninos, ambos, los dos juntos, y en medio se notaba un verdadera voluntad para aprender, en medio una minoría. Había actitud para ser, para demostrar, capacidades para imitar, y también lo mismo y esa especie de voluntad trastocada. Era común observar a varias jóvenes con sus bebés en los brazos, y uno de los padres, generalmente mamá, tirando cuadernos en llamas al departamento de orientación, un capítulo entero titulado Familia nuclear ardía nuclearmente frente a la puertaazul y uno de los inspectores corría para hacer unas llamadas. Las profesoras llevarán bebés y los padres parecerán hermanos mayores.
Las talleristas estaban acostumbradas, eso dijeron, a las bromas pero algunas, bien pocas, solían explicarse, en ese momento, lo que a ellos les ocurría.
Y esos alumnos escuchaban, y las maestras también fueron árbol. 

L solía hablar con los chicos fuera de clases, y eso parecía lo más apropiado; en realidad una charla bastante informal, en mitad de las canchas de baloncesto y por lo general en el tiempo dedicado para el recreo. Y creo que asistí a la rehabilitación de uno de los jóvenes, pude ver el trabajo en proceso, lo que agringadamente llamaríamos el workin progress. Un poco admirado conversaba con L, y ella me supo explicar aquello de hablar como los amigos, y aquello de mostrar interés en el otro, un poco como la psicología transpersonal que dominaba chicachaleconelson que ahora estaría quemando muebles porque es marzo y es luna llena, pensé. Luego aquel muchacho mejoró en apariencia sus notas y su autoestima ya no era la de quien estudia dos días en todos el año y ya no parecía preocuparse por entrar a clase; quizás quedaban cosas, quizás el trabajo nunca iba a terminar.
Era cierto? Evitamos la autodestrucción?

Recuerdo que una de las talleristas solía invitarme a fumar marlboros en la parte de la terraza, todo el suelo estaba pintado de amarillo. A veces yo intentaba decir algo pero ella parecía estar en otro sitio, pensando, en algo remoto-lejano. Me parecía una gran persona porque en realidad destacaba en la habitación. Tenía amistad con algunos de los hombres de corbata azul y era bien agradable, es decir, olía bien, era joven e impulsiva y quizás su familia tenía dinero pues vestía chaquetas que parecían costosas o calzaba diferentes pares de zapatos en la semana. Ahora que lo pienso un día dijo algo sobre sus trabajos como fotógrafa y como correctora. Sonaba como algo cool-coolto. Sin embargo las dos o tres ocasiones que estuvimos ella parecía un poco perderse, como si estuviera en dos sitios, en la terraza y en otro al cual no me permitía entrar. Quería saber más de ella y algunas noches me descubrí pensando en su misterio y en cosas triviales como su olor, un poco a laboratorio y a cigarrillo; creo que un día dije que no estaba bien ni era saludable. Porque no la conocía la llamé, y la verdad esperaba que no contestara. Tras poco tiempo la escuché del otro lado, un poco como siempre parecía lejana, aunque también escuché que pedía silencio y alguien esperó o dejó de hacer lo que acababa de interrumpir: unos minutos porque es el amigo A.K. Eso me puso contento, saber que mi nombre los acompañaba; no me sentía importante pero sí estimado, como puede sentirse un colega, un hermano menor.
Luego ella dijo que debía colgar porque iba a pasar el resto del día con su padre. Yo quise decir que estaba loco; empiezo a tener insomnio dije, pero al decirlo las líneas parecían perderse, escuchaba que ella pedía que hablase más claro; te llamo de otro sitio, entonces salí hacia una máquina de monedas.

Varios días estuvimos juntos, creo que fueron algunos años pero fueron un poco irreales y creo que fue cosa de llamar dos, tres veces; y esa era la forma de vida que llevaban las personas casadas entendí con bastante desazón. Era extraño tener a alguien encima, como preocupado de las necesidades y de que todo esté siempre bien como las cosas redondas, se sentía como una gran vacación con gastos pagados y uno solo se sentaba a escuchar el mar y ya sordo andaba lleno de fango hasta al recibir monedas de fango como cambio. O sea, como salir con una secretaria y una enfermera y una mamá y una mujerzuela y la dueña de un país y una raqueta y una bicicleta cuesta abajo y no podía pedir más; fue en honor a esos días que decidimos casarnos de verdad. Luego, y ya en casa, al fin resolvíamos las tareas, juntos, aunque ella estaba a punto de terminar su investigación.

Luego estuvimos en la cama con uno de los hombres de corbata azul, o eso había ocurrido uno o dos años antes de conocernos, a ambos, no lo sé. Luego alguien dijo que los hombres o que los caballeros no tenían memoria, no lo sé, quizás eso solo fue un sueño dentro de un sueño sobre una almohada de vitrub llena con fango de vitrub.

Creímos que tener hijos era parte de crecer y no había apuro; yo le sacaba en cara haber estado con un hombre de corbata azul. Ella lo tomó mal y esa noche dormí en el sillón y al día siguiente ella no fue a trabajar, se quedó todo el día en la cama pero sí fue al centro, y luego regresó sola a casa, y la verdad yo me sentía un poco traicionado, creía que apenas habíamos empezado y no éramos capaces de quitar los cabellos del lavabo y quise irme a dormir en el sillón pero ella con que ya quité los cabellos y te toca contarme algo antes de ponernos muy honestos.

Luego llegaron unas largas vacaciones y ella dijo que iría para hotavalo, vacaciones con los tíos dijo. Pienso que debía quererlos mucho y quería que me llevase; recuerdo que su padre por esos días pidió que lo visitara. Habló sobre el tiempo, sobre los días que no son iguales jamás, y luego dijo con un tono un tanto oscuro, como de policía que me alejara de N.N.
Norma Narvaéz o Nina Nuñez o Narcisa Noroña o Nubia Nérida.
La primera esposa.
Yo dije que podía irse al diablo que buscara otro tipo para apostar, bueno, que no quería hacerlo porque la quería, lloraba pero las lágrimas no salían. En el fondo ya no sabía qué diablos sentía por N.N, pero estaba seguro de no quererla lejos.
Era un poco como un niño al que le quieren quitar los juguetes.
Dos hombres de traje azul que amanecieron en mitad del colchón me hablaron de cosas que solo N.N y yo conocíamos y eso me dejó bien preocupado; sería solo una gran casualidad, en realidad decían que yo me estaba volviendo amenaza y también que ella llevaba tiempo protegiéndose de amenazas. Antes de llorar le puse nombre, betrayed inprogress. Me fui a dormir y contaba las llamitas o las ovejas azules pero antes comimos higos en la cama, y ella los mordía y los colocaba entre los labios, y era bienbella, y sus labios redondos y suaves y nos masticábamos y al despertar yo ya no hablaba castellano; y me asusté. 
Luego me volví a dormir y soñé sueños azules.

Un día para olvidar las cosas me monté sobre los hombros de alguien, pero luego leí eres unmentirosoazul. Sentí que era una casualidad.

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