Pore se
ha vuelto
hacia
afuera y antisana
en la
frente
* gruñir
* Terraza, beneficio del masaje
Esa tarde
había decidido hacer eso del uno-dos uno-dos. Al tomar mi aparato
celular pude ver que ya tenía más de treinta años, y que varias de las teclas
para oprimir y llamar a otro perdían el color y la impresión del número que les
correspondía. Entonces al llamar, alguien que sí tenía gas y otras dos personas
hablaron sobre temas domésticos, y algo sobre el arreglo, “el arreglo que
terminó volviéndose obra”. La verdad nunca antes había escuchado sobre estas
cosas y me pareció casi imprescindible u obligatorio mantenerme un rato al
teléfono, de pie y atento, aunque, luego dije queda poco tiempo y luego
pensé que a ese paso sería imposible llegar al otro siglo, a menos claro que
desarrollara mi máquina sónica, en todo caso dije por favor, no terminen ni
vayan a colgar hasta mi vuelta y un silencio parecía enredarlos. Alguien
gritaba pegado o pegada a un muro, se escuchaban palabras arrastrándose sobre el
borde antes de llegar al parlante oscuro, luego pensé que mejor bajaba y tomaba
uno de esos bloques que funcionan con dos monedas, era uno antiguo de marca wurlitzer.
Del otro
lado las cosas estaban apretadas, lo que quiere decir que tocaba intentar y
rogar, quien sabía, por unos minutos o varios años. Ya andaba medio desesperado
con eso de dejar las cosas para luego y la verdad empezaba a creer que tenían
razón y que un día alguien se encargará de desaparecerme en mitad de la noche,
dentro, entre los discos de 45 y varias ayoras amarillas, aunque, o
específicamente tipo tres o cuatro de la mañana.
No sabía la
inteligencia que había adquirido pero ya era algo supranatural y pronto me di
cuenta de la importancia de ser peterparker. Eso de ser especial
acarreaba una infinidad de posibilidades y las muertes llegaron para regresar
luego atadas a los cuerpos pálidos; luego los hombres hablando sobre las cosas
que empezaban a desaparecer o a formarse entre los ladridos de los perros y eso
era paralizante, ocurría entre las cero horas y tenía un punto alto a las
cuatro y treinta; varias veces vi lo que miraban ellos, sus ojos se aferraban a
la imagen de la luna redonda y perfecta, una luna brillante pero que al mismo
tiempo era difusa.
Me parece
sobre todo por una cuestión del mal tiempo, el clima, eso de las nubes delgadas
corriendo por voluntad de Manwe, además
el perro no dejaba de caminar, sus pasos parecían precisas y seguras y firmes
pisadas de antiguo cazador, como habrá sido tiempo atrás, yo caminaba en él y
miraba la luna a través de él.
Eso de
los hombres pálidos era ya una característica. Con un poco de suerte pude salir
aunque no del todo ileso. Algunos estamos ahora, o al regresar, combatiendo al
virus a través de sustancias o antibióticos y vitamina B6, y nos vemos en la
necesidad de elaborar nosotros mismos el compuesto que apenas si alcanza una
semana, pero si la cosa aprieta entonces para par de días. Ahí es cuando todo
se vuelve lento, y seguimos dentro de uno de los perros que pasean como
olfateando las sombras en mitad de la calle, la calle sobre la terraza.
Recuerdo que sobre la terraza de techo amarillo era imposible encontrar
animales pero eso mientras pasábamos o nos reuníamos. Presumo que las cosas deben
ser distintas en fechas, febrero o marzo, y luego creo que es bueno mirar a las
nubes a ver si resulta una nueva imagen, una que despierta y evoca y aterra el
nervio del animal; química hecha de luz y gas. Bueno, eso de la inteligencia
estaría ligado a la transposición y eso de intervenir de la electrónica
nocturna. Mirar a través de los animales; con el tiempo deseé que todo tipo de
especies caminaran cerca de mi sitio, ojalá antes de dormir. Ya no buscaba en
la noche sus ojos o sus párpados cerrados, los abría, los apuntaba.
A veces
encontraba pasajes extensos a los que cubría en pocos segundos, como si un gran
tubo me aspirara para volver hacia lo que tenían delante: desconocidos que
intentaban eso de saltar una milla, luego dos, seis millas en saltos enormes,
imposibles, en paisajes llanos y de tonos marrones.
Creo que
empecé a tomar y guardar varias cosas de esas visitas. Luego creo que decidí
abrir unos pequeños espacios, unos como cortes para futuras presencias,
válvulas de descompresión. Luego, al entrar y verlos amontonados golpeaba sus
narices y era delicioso sentir la roja salpicando, y no, no nos estremecíamos,
de hecho éramos varias personas dentro y al mismo tiempo, eso de las cuatro am
y por poco empezábamos una reunión; faltaba nada para estirar nuestras colas de
pez y apretar un cigarro entre los dientes.
Dábamos
vueltas en la terraza y alargábamos el cuello, y sobre nosotros un foco redondo
y gris, brillante, combustible, y las nubes eran gases que viajaban empujadas
por un viento de Ur que llenaba
también los muros, y la ciudad era plana como un disco, y nosotros le
hablábamos, aullábamos, y arriba el brillo redondo era gas intervenido.
Ya era
inteligente, y esa era la cosa que me hacía pensar y me ponía a asociar la
noche con los perros en medio de la autopista; pero eso también me estaba
volviendo un hombre tonto.
Creo que
en algún momento del día alguien había sacado huesos de mi cráneo, y luego de
hallar una fuente de agua mineral empezaron con eso del mito, eso de poner comerciales
y vallas y pronto éramos marca líder.
Luego cambiaron los envases por botellas de cuello alargado y de cristal, a
veces de un cristal azul o uno verde, yo me sentía muy a la moda y pensé que
podría iniciar una carrera en eso de enseñar cómo hacer la diferencia en un mundo de fuentes minerales a las cuales falta
derramarlas, eso. Luego todo era agradecer o agradecerme cada día, con algo
similar al acto ciego. Sin embargo, tenía aún que solucionar las cosas
pendientes y eso estaba denso, pues, cada vez la fuente se alejaba un
poco más, y a alguien brillante se le ocurría la idea de altura, de poner un
refugio permanente, luego ya un sitio obligado. Muchos decían que en efecto
es... fascinante y otros que lo
verán cuando alguien lo ponga en un calendario que quepa en el bolsillo de un
levis. Yo quería un pantalón lee y que no pisen mucho al
entrar al refugio que estaba en mitad de mi frente, como abertura para instalar
un grifo, también un par de clases de francés para sorprender a la profesora Amalfitano,
aunque, sabía que eso duraría menos de un día y luego miraba a la profesora
pero yo ya estaba dormido, esas cosas le hacen a uno querer ser parte del mundo,
eso activado siempre desde los botones de un control de dos o tres botones.
Luego vi
que estaba apretando el lugar en donde se colocaban las baterías, acto ruin y
extraño, el pequeño espacio estaba cubierto por una tapa plástica, la que a su
vez estaba ajustada por un tornillo y no tenía más que un poco de uñas y mejor
no me arriesgaba, mejor la dejaba al hallar un cuchillo para pan, pero los
botones estaban bien, creo que estaban hechos de if y luego puse el
disco de las altas esferas o altas esperanzas o altas
emergencias, y aunque odiaba todo ese sonido no quedaba sino acostarse para
que la ventisca dejara otras camas y otros glaciares en la manta.
Aunque,
quizás no era viento, quizás nadie estaba en el hielo pero me han dicho que uno
debe creer en eso de los sentidos. Claro, tiene su lógica.
La tarde
caía y el sonido era un círculo del infierno que giraba y sonaba como si
estuviera por estallar. En las noticias hablaban de la tecnología y además
debíamos escoger un alcalde. En la teve sugerían que nos íbamos a quemar como
el petróleo demadrid y nada era totalmente
claro. Disparaban, varios mig hacían piruetas y térmica. En el canal
ocho bailaban con antorchas en la arena y todo muy hawai. No sabía cómo sería dormir en mitad de un autopista, luego
estaba con una toalla blanca para manos dándole a los bichos, contra la pared, pero
los bichos se perdían porque la pared también era blanca, dije esta noche
tocará meter la cabeza enlatacunga y en hotel y ya me sentía perdiendo la
respiración, dije mierda, debo tomar más agüitaimperial pero dormir
dentro del colchón era buena idea de Leonardo. Pensé recibir todos esos datos
como el hombre de vitr y me cambié de
nombre.
Ya estaba
asistiendo a varias jornadas de uno-dos uno-dos; luego el refrigerador y
uno sabe que mejor con agua antisana.
La tarde
caía y yo estaba metido de cabeza y la cabeza era un cráter y además pronto estaría
escribe y repite. Las teclas empezaban a marcar a otros lugares y al caminar y
tomar los escalones la cosa empezó a ir al revés.
Luego yo
estaba en el escalón 4 del escalón 76, una razón para motivarse, pensaba que
pronto sería un gran hombre rodeado de mapas, en situaciones del tipo bienvenido-pase,
usted... ¿usted-es-usted verdad? sobre todo de lugares con un par de sillas
azules reservadas y con trajes grises porque gris es el nuevo rojo. Quise ser
director de un instituto que realiza textos para cubrir la demanda en el sector
parvulario, pero solo alcancé 900 puntos y eso alcanzaba para algo en el área
de actualización. Miré mis manos, la cara anterior y dije se cagó todo porque
antes tenía más años, ahora la cosa está echada, mañana tendré 25. Por si
acaso igual me felicité, un poco temiendo que nunca más tendría oportunidad y
pensé de qué sirve tener refugios cada vez que entraba en los ojos y paseaba
por la azotea.
El perro
aulló y vi con sus ojos una nube; eso era nuevo, lo mejor de la historia
nocturna que esperaba alguien conociera.
Capaz de
suceder, porque, ya lo había dicho, alguien miraba el canal diez en mi
electrónica.
Luego caí,
y mientras, miraba.
Vi que
eran muchos escalones, luego vi muchas ventanas y todas estaban hechas con
arena y con pies.
Alguien
dijo eres unmentiroso; la cosa se
puso en los pantalones, luego estuve mordiendo la cosa, luego se quedó un poco
entre los dientes. La saliva era espesa.
Luego
alguien dijo eres unmentiroso; yo
dije ¿qué decir? pero lo dije sin querer y fue peor, salió o salí como
empujado. Luego eres unmentiroso.
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