5/9/14

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Pore se ha vuelto
hacia afuera y antisana
en la frente 

* gruñir
* Terraza, beneficio del masaje 

Esa tarde había decidido hacer eso del uno-dos uno-dos. Al tomar mi aparato celular pude ver que ya tenía más de treinta años, y que varias de las teclas para oprimir y llamar a otro perdían el color y la impresión del número que les correspondía. Entonces al llamar, alguien que sí tenía gas y otras dos personas hablaron sobre temas domésticos, y algo sobre el arreglo, “el arreglo que terminó volviéndose obra”. La verdad nunca antes había escuchado sobre estas cosas y me pareció casi imprescindible u obligatorio mantenerme un rato al teléfono, de pie y atento, aunque, luego dije queda poco tiempo y luego pensé que a ese paso sería imposible llegar al otro siglo, a menos claro que desarrollara mi máquina sónica, en todo caso dije por favor, no terminen ni vayan a colgar hasta mi vuelta y un silencio parecía enredarlos. Alguien gritaba pegado o pegada a un muro, se escuchaban palabras arrastrándose sobre el borde antes de llegar al parlante oscuro, luego pensé que mejor bajaba y tomaba uno de esos bloques que funcionan con dos monedas, era uno antiguo de marca wurlitzer.
Del otro lado las cosas estaban apretadas, lo que quiere decir que tocaba intentar y rogar, quien sabía, por unos minutos o varios años. Ya andaba medio desesperado con eso de dejar las cosas para luego y la verdad empezaba a creer que tenían razón y que un día alguien se encargará de desaparecerme en mitad de la noche, dentro, entre los discos de 45 y varias ayoras amarillas, aunque, o específicamente tipo tres o cuatro de la mañana.

No sabía la inteligencia que había adquirido pero ya era algo supranatural y pronto me di cuenta de la importancia de ser peterparker. Eso de ser especial acarreaba una infinidad de posibilidades y las muertes llegaron para regresar luego atadas a los cuerpos pálidos; luego los hombres hablando sobre las cosas que empezaban a desaparecer o a formarse entre los ladridos de los perros y eso era paralizante, ocurría entre las cero horas y tenía un punto alto a las cuatro y treinta; varias veces vi lo que miraban ellos, sus ojos se aferraban a la imagen de la luna redonda y perfecta, una luna brillante pero que al mismo tiempo era difusa.
Me parece sobre todo por una cuestión del mal tiempo, el clima, eso de las nubes delgadas corriendo por voluntad de Manwe, además el perro no dejaba de caminar, sus pasos parecían precisas y seguras y firmes pisadas de antiguo cazador, como habrá sido tiempo atrás, yo caminaba en él y miraba la luna a través de él.
Eso de los hombres pálidos era ya una característica. Con un poco de suerte pude salir aunque no del todo ileso. Algunos estamos ahora, o al regresar, combatiendo al virus a través de sustancias o antibióticos y vitamina B6, y nos vemos en la necesidad de elaborar nosotros mismos el compuesto que apenas si alcanza una semana, pero si la cosa aprieta entonces para par de días. Ahí es cuando todo se vuelve lento, y seguimos dentro de uno de los perros que pasean como olfateando las sombras en mitad de la calle, la calle sobre la terraza. Recuerdo que sobre la terraza de techo amarillo era imposible encontrar animales pero eso mientras pasábamos o nos reuníamos. Presumo que las cosas deben ser distintas en fechas, febrero o marzo, y luego creo que es bueno mirar a las nubes a ver si resulta una nueva imagen, una que despierta y evoca y aterra el nervio del animal; química hecha de luz y gas. Bueno, eso de la inteligencia estaría ligado a la transposición y eso de intervenir de la electrónica nocturna. Mirar a través de los animales; con el tiempo deseé que todo tipo de especies caminaran cerca de mi sitio, ojalá antes de dormir. Ya no buscaba en la noche sus ojos o sus párpados cerrados, los abría, los apuntaba.
A veces encontraba pasajes extensos a los que cubría en pocos segundos, como si un gran tubo me aspirara para volver hacia lo que tenían delante: desconocidos que intentaban eso de saltar una milla, luego dos, seis millas en saltos enormes, imposibles, en paisajes llanos y de tonos marrones.
Creo que empecé a tomar y guardar varias cosas de esas visitas. Luego creo que decidí abrir unos pequeños espacios, unos como cortes para futuras presencias, válvulas de descompresión. Luego, al entrar y verlos amontonados golpeaba sus narices y era delicioso sentir la roja salpicando, y no, no nos estremecíamos, de hecho éramos varias personas dentro y al mismo tiempo, eso de las cuatro am y por poco empezábamos una reunión; faltaba nada para estirar nuestras colas de pez y apretar un cigarro entre los dientes.
Dábamos vueltas en la terraza y alargábamos el cuello, y sobre nosotros un foco redondo y gris, brillante, combustible, y las nubes eran gases que viajaban empujadas por un viento de Ur que llenaba también los muros, y la ciudad era plana como un disco, y nosotros le hablábamos, aullábamos, y arriba el brillo redondo era gas intervenido.

Ya era inteligente, y esa era la cosa que me hacía pensar y me ponía a asociar la noche con los perros en medio de la autopista; pero eso también me estaba volviendo un hombre tonto.
Creo que en algún momento del día alguien había sacado huesos de mi cráneo, y luego de hallar una fuente de agua mineral empezaron con eso del mito, eso de poner comerciales y vallas y pronto éramos marca líder. Luego cambiaron los envases por botellas de cuello alargado y de cristal, a veces de un cristal azul o uno verde, yo me sentía muy a la moda y pensé que podría iniciar una carrera en eso de enseñar cómo hacer la diferencia en un mundo de fuentes minerales a las cuales falta derramarlas, eso. Luego todo era agradecer o agradecerme cada día, con algo similar al acto ciego. Sin embargo, tenía aún que solucionar las cosas pendientes y eso estaba denso, pues, cada vez la fuente se alejaba un poco más, y a alguien brillante se le ocurría la idea de altura, de poner un refugio permanente, luego ya un sitio obligado. Muchos decían que en efecto es... fascinante y otros que lo verán cuando alguien lo ponga en un calendario que quepa en el bolsillo de un levis. Yo quería un pantalón lee y que no pisen mucho al entrar al refugio que estaba en mitad de mi frente, como abertura para instalar un grifo, también un par de clases de francés para sorprender a la profesora Amalfitano, aunque, sabía que eso duraría menos de un día y luego miraba a la profesora pero yo ya estaba dormido, esas cosas le hacen a uno querer ser parte del mundo, eso activado siempre desde los botones de un control de dos o tres botones.
Luego vi que estaba apretando el lugar en donde se colocaban las baterías, acto ruin y extraño, el pequeño espacio estaba cubierto por una tapa plástica, la que a su vez estaba ajustada por un tornillo y no tenía más que un poco de uñas y mejor no me arriesgaba, mejor la dejaba al hallar un cuchillo para pan, pero los botones estaban bien, creo que estaban hechos de if y luego puse el disco de las altas esferas o altas esperanzas o altas emergencias, y aunque odiaba todo ese sonido no quedaba sino acostarse para que la ventisca dejara otras camas y otros glaciares en la manta.
Aunque, quizás no era viento, quizás nadie estaba en el hielo pero me han dicho que uno debe creer en eso de los sentidos. Claro, tiene su lógica. 

La tarde caía y el sonido era un círculo del infierno que giraba y sonaba como si estuviera por estallar. En las noticias hablaban de la tecnología y además debíamos escoger un alcalde. En la teve sugerían que nos íbamos a quemar como el petróleo demadrid y nada era totalmente claro. Disparaban, varios mig hacían piruetas y térmica. En el canal ocho bailaban con antorchas en la arena y todo muy hawai. No sabía cómo sería dormir en mitad de un autopista, luego estaba con una toalla blanca para manos dándole a los bichos, contra la pared, pero los bichos se perdían porque la pared también era blanca, dije esta noche tocará meter la cabeza enlatacunga y en hotel y ya me sentía perdiendo la respiración, dije mierda, debo tomar más agüitaimperial pero dormir dentro del colchón era buena idea de Leonardo. Pensé recibir todos esos datos como el hombre de vitr y me cambié de nombre.
Ya estaba asistiendo a varias jornadas de uno-dos uno-dos; luego el refrigerador y uno sabe que mejor con agua antisana.

La tarde caía y yo estaba metido de cabeza y la cabeza era un cráter y además pronto estaría escribe y repite. Las teclas empezaban a marcar a otros lugares y al caminar y tomar los escalones la cosa empezó a ir al revés.
Luego yo estaba en el escalón 4 del escalón 76, una razón para motivarse, pensaba que pronto sería un gran hombre rodeado de mapas, en situaciones del tipo bienvenido-pase, usted... ¿usted-es-usted verdad? sobre todo de lugares con un par de sillas azules reservadas y con trajes grises porque gris es el nuevo rojo. Quise ser director de un instituto que realiza textos para cubrir la demanda en el sector parvulario, pero solo alcancé 900 puntos y eso alcanzaba para algo en el área de actualización. Miré mis manos, la cara anterior y dije se cagó todo porque antes tenía más años, ahora la cosa está echada, mañana tendré 25. Por si acaso igual me felicité, un poco temiendo que nunca más tendría oportunidad y pensé de qué sirve tener refugios cada vez que entraba en los ojos y paseaba por la azotea.
El perro aulló y vi con sus ojos una nube; eso era nuevo, lo mejor de la historia nocturna que esperaba alguien conociera.
Capaz de suceder, porque, ya lo había dicho, alguien miraba el canal diez en mi electrónica. 

Luego caí, y mientras, miraba.
Vi que eran muchos escalones, luego vi muchas ventanas y todas estaban hechas con arena y con pies.
Alguien dijo eres unmentiroso; la cosa se puso en los pantalones, luego estuve mordiendo la cosa, luego se quedó un poco entre los dientes. La saliva era espesa.
Luego alguien dijo eres unmentiroso; yo dije ¿qué decir? pero lo dije sin querer y fue peor, salió o salí como empujado. Luego eres unmentiroso.

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