4/9/14

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Macdeep
y también viceversa
y tuve otro accidente

Eso de ser inmortal ya no me estaba gustando, nielflaco, pues intentaba caer y romperme algo pero solo lograba la inconsciencia momentánea y además pasaba noches enteras y triples girando en mitad de la cama.
Una de esas noches descubrí que quería dormir dentro del colchón, quizá entre los resortes templados o no lo sé, quizá con los brazos y las piernas abiertas y los anillos alrededor como el hombre de Vitrub así que hice eso de la equis sobre la cama, pero no fue suficiente así que sería buena idea llamar a Leonardo, para que me fabricase un cuchillo o un destornillador o un cuchinillador, cualquier cosa para abrir el colchón por la mitad como dos rebanadas de pan. De todas maneras quedaban horas para descansar suficiente pues ya eran varias las semanas en que poco a poco todos nos habíamos contagiado del insomnioazul, solo unos intuyendo corrieron del sitio apenas sintieron esa maldita presencia ya inevitable, ya total.
Recuerdo una tallerista, a quien le faltaban dos créditos para terminar con investigación, la cual sin decir mevoyalahouse dio vuelta y bajó los escalones cuando el sitio aullaba a la madrugada; al mirarla y tras llamar la unión entre el vaho y ella como una hoja atravesándonos, voces en mitad de un bosqueazul y eso fue como empujarla o como cubrirla por otro bosque o por un mar lleno de ídolos ciegos. De todas maneras no era la primera en salir del sitio, pero nosotros sí que estábamos siendo dominados a diario por la larga enfermedad y el tiempo era una burbuja. La enfermedad se presenta con síntomas de cansancio y brazos estirados y quizás se torna y se propaga en actitudes amenazantes que no pasan de ser juegos, empujones que parecen bromas y que definitivamente son más amenazantes que reales.
Lo extraño, la eficacia de la enfermedad radica en su duración; alguna vez escuché decir que las personas de cierto pueblo catalán sobrevivieron tres años sin dormir. Yo creía saber por contagio que la vida en los pueblos era algo similar a un retrato, un perfil oscuro matizado de días que carecen de un valor que no sea el de mantener a salvo el orgullo.
Sin saberlo íbamos por un camino similar, y varias veces nos encontrábamos unos encima de otros tomados de los hombros o intentando ahorcar a la otra persona usando su bufanda, una cola peluda y amarilla, usando las piernas como tijeras aceitadas y eficaces. Recuerdo varias veces en que al mirar al tumbado esperaba que no cayera nada, solo aquellas aguas largas y frías y filtradas pues no tenía otra energía ni siquiera la necesaria para defenderme o cubrirme, era un mamífero ciego y helado.
Sin embargo, siempre encontrábamos a talleristas inconscientes en medio de la mesa aunque, quizás otros se fabricaban técnicas para engañar a la enfermedad, aunque esto también era pensar con delirios o casi dormidos; buscar la diferencia entre dormir y delirar.

Nadie podía engañar a la enfermedad pero quizás lo más parecido fuera adelantarse a ella, esconderse en ella. Parece que la primera enferma fue una tallerista de los barrios cercanos aAmaguaña a quien le quedaban pocas materias. Otros dijeron que ella tuvo un pendiente en una institución de créditos donde realizó una investigación y eso matizado con despidos y cosas del archivo abiertas sin informe previo; algo respecto a porcentajes o balances, en todo caso algo no autorizado y quizás algo menos importante, algo tomado como pretexto, ocurre con practicantes que retrasan labores o la firma de registros, impuntualidad, sin embargo se la miraba llegar a deshoras, largaba con explicaciones que nadie había pedido pero también eran evidentes las faltas; semanas enteras y los hombres de corbata azul preguntaban como si no lo hubiera hecho ya antes, como si no fuera ya regla.
Llegamos a suponer que estaba por emprender una inversión de riesgo en machala, y que esa era su verdadera profesión-vocación, un poco manejar cosas y multiplicar cosas por aquí, un poco vender y revender chulco a mediana escala cerca de laarboleda y lascasas.
Varias tardes salimos a comer junto a talleristas de séptimo, pero era más lo que callaba y por un impulso, nuestra memoria romana, quizás decidimos que lo mejor era tratar de entenderla, entrar en eso que evitaba. Con el tiempo las cosas fueron menos esclarecedoras, o sea, poco había al parecer que descubrir, y dos años después su aspecto era siniestro y en verdad asistíamos a un deterioro: ella y nosotros y la gran habitación, quizás eso queríamos y lo que ella quería para sí y entenderlo fue hacer viceversa.

Tal vez coincidimos todos en varios asuntos al mismo tiempo, y quizás estuviéramos aferrados a otros sitios y esos sitios no podían salir de nuestra habitación porque eran la habitación.
La habitación fue adecuada para brindar los mejores servicios y apenas empezábamos a acostumbrarnos llegaban las cosas inaceptables y las desapariciones. Primero las cortinas que ya no nos protegían de los soles de mayo en 2012, lona verde y bien pesada que nadie explica aún, el pretexto fue cómo lavar y quizá se incendiaron bajo la plancha, consuelo. Luego el cambio de asientos, de lo individual a lo grupal; entonces tuvimos que realizar trabajos aunque casi siempre, esas sillas azules dobles lo permitieron, trabajaba quien ocupaba el lado derecho, y el otro, bien junto, realizaba un ejercicio de aplicación, una tesis, el primero comprobaba y el otro daba la vuelta a la página y también cientos de preguntas y tocaba un trabajo grupal, dos o tres parejas, dos personas podían aprobar mejor que una y al enfrentar las sillas la izquierda se volvía derecha y también vicerversa.

Luego estaban las desapariciones de los aparatos inalámbricos, portátiles, cables ópticos, cedes de arranque y lentes carlzeiss de proyección. Enumerado esto y de esta manera se constituye en documento infamemente histórico pero, visto como lo haría un tallerista en ese momento, resulta en otra lectura, resulta en burla. Los talleristas apenas nos estábamos acostumbrando a la idea de progreso, quizás si apenas habíamos añadido información, todos alumnos nuevos deslumbrados por las bondades del centro y, sin aviso un día todo roto y los cables colgando, una alegoría de quienes corren y quienes lo hacen en otra dirección. La única dirección, ¿alguna duda? El centro, nos habían advertido al inscribirnos, sería sitio para el esclarecimiento de premisas y para la práctica de diseños que podían no ser anticipados. Entonces nació la pregunta, y en ella, a veces, para alejar el insomnio nos concentrábamos, eldios había caminado un día junto a nosotros, había que recordarlo, eso tendría sus motivos.

La pregunta era sí acaso el gran sabotaje era una orden central.
Luego todos éramos posibles culpables y sospechosos, y pasábamos de ser saboteadores a ordenados delincuentes, y también de empleados públicos a traidores, como saltar de a a c y de b hacia cualquier lado y eso fue bien desgastante. De todos modos pensamos que las desapariciones podían ser resueltas a través del circuito cerrado de teve central, pero, eso de comprobar que algunos eran o éramos funcionarios encubiertos, necesitaba otra lógica.
Sin embargo en los pasillos siempre los talleristas hablando de medios y preguntando sobre trabajos a mitad del día, saldos por caducar o dineros o préstamos de una o dos horas de talleres, c-des para presentaciones orales, listas firmada y números del trabajo social, y si uno se ponía a sospechar infería motivos y varios modos de ser íntegro, real, sin serlo realmente.
Con el tiempo aprendí a decir que no trabajaba en nada y que tenía unos ahorros de los cinco años que viví en la embajada, Montevideo. Luego añadía, de modo atropellado, que si era posible nunca trabajaría en nada, y que me iba a dedicar a criar animales y a sembrar mi comida, con algo de tiempo para la producción artística y la toral contemplación.
De todos modos en ese tiempo ya cargábamos la enfermedad y nada quedaba en la memoria; era como vivir en medio de una nube que salía o la cual era el producto de la combustión en nuestros cráneos.

Es decir, quemar, y la nube y la enfermedad, es decir, este momento.

Mientras más preguntábamos más cosas inexplicables aparecían, pero, ahí éramos, y varios coincidíamos con los orígenes y con que algo había que hacer de las cosas. Luego un día intentamos contactar a la tallerista que alcanzó a abandonar, pero fue inútil y eso que todos manejaban bases extensas y bastante detalladas de datos nacionales; yo también había diseñado una sistema de datos, pero evidentemente ya llevaba otro nombre, y otro avatar; esas cosas impiden una comunicación fluida pero mi intención es aún la de salvaguardarme del insomnio, aunque, ya todo seguirá un circuito circular.
La tallerista podía darnos alguna luz, aunque, era probable que el no tenerla motivara su escape.
Luego estaba parado frente al gran orificio pensando cómo será eso de sentir los huesos rotos, ¿será como dormir? y en eso de mantener los ojos abiertos durante algunos minutos y luego, eso de la pérdida de la luz o también los años de vivir el orificio sin que nadie lo sepa ni nadie lo pregunte.
A un lado del gran orificio había paneles con botones push que no servían y que al apretarlos hacían un ruido como de resorte starrio. Muchos caminaban sin prisa pero tampoco con demasiada emoción pues yo estaba casi dentro del orificio, su sitio, con una pierna estirada como si fuera a probar por mí mismo qué tienen dentro los orificios de los sitios que unen los nueve pisos de izquierda a derecha; no hubo ten cuidado que puedes perder el equilibrio ni tampoco acércate, eso, un poco más y entonces me decía o me dije quien mejor que yo para hacerme perder el equilibrio pero ni caía ni me volvía hacia atrás, simplemente seguí en un centro o en equilibrio, como un paracaidista redondo.
Creo que apretaba los botones y nada ocurría y luego colocaba los dos pies en el suelo, entonces miraba a los escalones, y gritaba, y al primero en aparecer que si estaba de bajada, usara la vía rápida y mi mano le señalaba el orificio, ojalá decía, y yo tomar el agujero para tomar el tiempo como gaseosa y un poco para hacer algo distinto, últimamente todo es similar, el galón, la electricidad de las copias, las ventanas y el polvo, el insomnio que durará un año más, mínimo, cosas a las que estábamos o estaríamos volviendo, ya acostumbrados, y a las que vivíamos o viviríamos con cierto temor y cierta irresponsabilidad. Ya varias habitaciones semivacías era el resultado.

Eres un mentiroso durante algunas horas pero quizás fueron dos o diez minutos, pero también ningún sonido podía ni debía extenderse por tanto tiempo; eso de la acústica pero quizás debíamos estudiar algo con respecto a lo cuántico, doctorcastañeda, y, eso de las posibilidades de juntar trayectorias.
Eres unmentiroso y luego estaba en un escalón y luego eres unmentiroso y estaba con un marlboro, no sabía encenderlo y eres unmentiroso y pensaba en amaguaña y una caja con una galleta roja impresa en un cartón de trigo; quise comprar una chaqueta en llamas, y luego una piedra también en llamas.

Eres un mentiroso y viceversa y tuve otro accidente

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