Macdeep
y también viceversa
y tuve otro accidente
Eso de ser inmortal ya no me estaba gustando, nielflaco, pues intentaba caer y
romperme algo pero solo lograba la inconsciencia momentánea y además pasaba
noches enteras y triples girando en mitad de la cama.
Una de esas noches descubrí que quería dormir
dentro del colchón, quizá entre los resortes templados o no lo sé, quizá con
los brazos y las piernas abiertas y los anillos alrededor como el hombre de Vitrub así que hice
eso de la equis sobre la cama, pero no fue suficiente así que sería buena idea
llamar a Leonardo, para que me fabricase un cuchillo o un destornillador
o un cuchinillador, cualquier cosa para abrir el colchón por la mitad como dos
rebanadas de pan. De todas maneras quedaban horas para descansar suficiente pues
ya eran varias las semanas en que poco a poco todos nos habíamos contagiado del
insomnioazul, solo unos intuyendo corrieron del sitio apenas sintieron esa maldita
presencia ya inevitable, ya total.
Recuerdo una tallerista, a quien le faltaban dos
créditos para terminar con investigación, la cual sin decir mevoyalahouse dio vuelta y bajó los
escalones cuando el sitio aullaba a la madrugada; al mirarla y tras llamar la
unión entre el vaho y ella como una hoja atravesándonos, voces en mitad de un bosqueazul y eso fue como empujarla o
como cubrirla por otro bosque o por un mar lleno de ídolos ciegos. De todas
maneras no era la primera en salir del sitio, pero nosotros sí que estábamos
siendo dominados a diario por la larga enfermedad y el tiempo era una burbuja.
La enfermedad se presenta con síntomas de cansancio y brazos estirados y quizás
se torna y se propaga en actitudes amenazantes que no pasan de ser juegos,
empujones que parecen bromas y que definitivamente son más amenazantes que
reales.
Lo extraño, la eficacia de la enfermedad radica en
su duración; alguna vez escuché decir que las personas de cierto pueblo catalán
sobrevivieron tres años sin dormir. Yo creía saber por contagio que la vida en
los pueblos era algo similar a un retrato, un perfil oscuro matizado de días
que carecen de un valor que no sea el de mantener a salvo el orgullo.
Sin saberlo íbamos por un camino similar, y varias
veces nos encontrábamos unos encima de otros tomados de los hombros o
intentando ahorcar a la otra persona usando su bufanda, una cola peluda y
amarilla, usando las piernas como tijeras aceitadas y eficaces. Recuerdo varias
veces en que al mirar al tumbado esperaba que no cayera nada, solo aquellas
aguas largas y frías y filtradas pues no tenía otra energía ni siquiera la
necesaria para defenderme o cubrirme, era un mamífero ciego y helado.
Sin embargo, siempre encontrábamos a talleristas
inconscientes en medio de la mesa aunque, quizás otros se fabricaban técnicas
para engañar a la enfermedad, aunque esto también era pensar con delirios o casi
dormidos; buscar la diferencia entre dormir y delirar.
Nadie podía engañar a la enfermedad pero quizás lo
más parecido fuera adelantarse a ella, esconderse en ella. Parece que la
primera enferma fue una tallerista de los barrios cercanos aAmaguaña a quien le quedaban pocas materias. Otros dijeron que
ella tuvo un pendiente en una institución de créditos donde realizó una
investigación y eso matizado con despidos y cosas del archivo abiertas sin informe
previo; algo respecto a porcentajes o balances, en todo caso algo no autorizado
y quizás algo menos importante, algo tomado como pretexto, ocurre con
practicantes que retrasan labores o la firma de registros, impuntualidad, sin
embargo se la miraba llegar a deshoras, largaba con explicaciones que nadie
había pedido pero también eran evidentes las faltas; semanas enteras y los
hombres de corbata azul preguntaban como si no lo hubiera hecho ya antes, como
si no fuera ya regla.
Llegamos a suponer que estaba por emprender una
inversión de riesgo en machala, y que
esa era su verdadera profesión-vocación, un poco manejar cosas y multiplicar
cosas por aquí, un poco vender y revender chulco a mediana escala cerca de laarboleda y lascasas.
Varias tardes salimos a comer junto a talleristas
de séptimo, pero era más lo que callaba y por un impulso, nuestra memoria
romana, quizás decidimos que lo mejor era tratar de entenderla, entrar en eso
que evitaba. Con el tiempo las cosas fueron menos esclarecedoras, o sea, poco
había al parecer que descubrir, y dos años después su aspecto era siniestro y
en verdad asistíamos a un deterioro: ella y nosotros y la gran habitación, quizás
eso queríamos y lo que ella quería para sí y entenderlo fue hacer viceversa.
Tal vez coincidimos todos en varios asuntos al
mismo tiempo, y quizás estuviéramos aferrados a otros sitios y esos sitios no
podían salir de nuestra habitación porque eran la habitación.
La habitación fue adecuada para brindar los mejores
servicios y apenas empezábamos a acostumbrarnos llegaban las cosas inaceptables
y las desapariciones. Primero las cortinas que ya no nos protegían de los soles
de mayo en 2012, lona verde y bien pesada que nadie explica aún, el pretexto
fue cómo lavar y quizá se incendiaron bajo la plancha, consuelo. Luego el
cambio de asientos, de lo individual a lo grupal; entonces tuvimos que realizar
trabajos aunque casi siempre, esas sillas azules dobles lo permitieron,
trabajaba quien ocupaba el lado derecho, y el otro, bien junto, realizaba un
ejercicio de aplicación, una tesis, el primero comprobaba y el otro daba la
vuelta a la página y también cientos de preguntas y tocaba un trabajo grupal,
dos o tres parejas, dos personas podían aprobar mejor que una y al enfrentar
las sillas la izquierda se volvía derecha y también vicerversa.
Luego estaban las desapariciones de los aparatos
inalámbricos, portátiles, cables ópticos, cedes de arranque y lentes carlzeiss
de proyección. Enumerado esto y de esta manera se constituye en documento
infamemente histórico pero, visto como lo haría un tallerista en ese momento,
resulta en otra lectura, resulta en burla. Los talleristas apenas nos estábamos
acostumbrando a la idea de progreso, quizás si apenas habíamos añadido información,
todos alumnos nuevos deslumbrados por las bondades del centro y, sin aviso un
día todo roto y los cables colgando, una alegoría de quienes corren y quienes
lo hacen en otra dirección. La única dirección, ¿alguna duda? El centro, nos
habían advertido al inscribirnos, sería sitio para el esclarecimiento de
premisas y para la práctica de diseños que podían no ser anticipados. Entonces
nació la pregunta, y en ella, a veces, para alejar el insomnio nos concentrábamos,
eldios había caminado un día junto a
nosotros, había que recordarlo, eso tendría sus motivos.
La pregunta era sí acaso el gran sabotaje era
una orden central.
Luego todos éramos posibles culpables y
sospechosos, y pasábamos de ser saboteadores a ordenados delincuentes, y también
de empleados públicos a traidores, como saltar de a a c y de b hacia cualquier
lado y eso fue bien desgastante. De todos modos pensamos que las desapariciones
podían ser resueltas a través del circuito cerrado de teve central, pero, eso
de comprobar que algunos eran o éramos funcionarios encubiertos, necesitaba
otra lógica.
Sin embargo en los pasillos siempre los talleristas
hablando de medios y preguntando sobre trabajos a mitad del día, saldos por
caducar o dineros o préstamos de una o dos horas de talleres, c-des para presentaciones orales, listas
firmada y números del trabajo social, y si uno se ponía a sospechar infería
motivos y varios modos de ser íntegro, real, sin serlo realmente.
Con el tiempo aprendí a decir que no trabajaba en
nada y que tenía unos ahorros de los cinco años que viví en la embajada, Montevideo. Luego añadía, de modo atropellado, que si era posible
nunca trabajaría en nada, y que me iba a dedicar a criar animales y a sembrar
mi comida, con algo de tiempo para la producción artística y la toral
contemplación.
De todos modos en ese tiempo ya cargábamos la
enfermedad y nada quedaba en la memoria; era como vivir en medio de una nube
que salía o la cual era el producto de la combustión en nuestros cráneos.
Es decir, quemar, y la nube y la enfermedad, es
decir, este momento.
Mientras más preguntábamos más cosas inexplicables
aparecían, pero, ahí éramos, y varios coincidíamos con los orígenes y con que
algo había que hacer de las cosas. Luego un día intentamos contactar a la
tallerista que alcanzó a abandonar, pero fue inútil y eso que todos manejaban
bases extensas y bastante detalladas de datos nacionales; yo también había
diseñado una sistema de datos, pero evidentemente ya llevaba otro nombre, y
otro avatar; esas cosas impiden una comunicación fluida pero mi intención es aún
la de salvaguardarme del insomnio, aunque, ya todo seguirá un circuito
circular.
La tallerista podía darnos alguna luz, aunque, era probable
que el no tenerla motivara su escape.
Luego estaba parado frente al gran orificio pensando
cómo será eso de sentir los huesos rotos, ¿será como dormir? y en eso de
mantener los ojos abiertos durante algunos minutos y luego, eso de la
pérdida de la luz o también los años de vivir el orificio sin que nadie lo
sepa ni nadie lo pregunte.
A un lado del gran orificio había paneles con
botones push que no servían y que al
apretarlos hacían un ruido como de resorte starrio.
Muchos caminaban sin prisa pero tampoco con demasiada emoción pues yo estaba casi
dentro del orificio, su sitio, con una pierna estirada como si fuera a probar
por mí mismo qué tienen dentro los orificios de los sitios que unen los nueve
pisos de izquierda a derecha; no hubo ten cuidado que puedes perder el
equilibrio ni tampoco acércate,
eso, un poco más y entonces me decía o me dije quien mejor que yo
para hacerme perder el equilibrio pero ni caía ni me volvía hacia atrás,
simplemente seguí en un centro o en equilibrio, como un paracaidista redondo.
Creo que apretaba los botones y nada ocurría y
luego colocaba los dos pies en el suelo, entonces miraba a los escalones, y
gritaba, y al primero en aparecer que si estaba de bajada, usara la vía
rápida y mi mano le señalaba el orificio, ojalá decía, y yo tomar
el agujero para tomar el tiempo como gaseosa y un poco para hacer algo distinto,
últimamente todo es similar, el galón, la electricidad de las copias,
las ventanas y el polvo, el insomnio que durará un año más, mínimo, cosas a
las que estábamos o estaríamos volviendo, ya acostumbrados, y a las que
vivíamos o viviríamos con cierto temor y cierta irresponsabilidad. Ya varias
habitaciones semivacías era el resultado.
Eres un mentiroso durante algunas horas pero quizás fueron dos o diez minutos, pero también
ningún sonido podía ni debía extenderse por tanto tiempo; eso de la acústica
pero quizás debíamos estudiar algo con respecto a lo cuántico, doctorcastañeda,
y, eso de las posibilidades de juntar trayectorias.
Eres unmentiroso y luego estaba en un escalón y luego eres unmentiroso y estaba con
un marlboro, no sabía encenderlo y eres unmentiroso y pensaba en
amaguaña y una caja con una galleta roja impresa en un cartón de trigo;
quise comprar una chaqueta en llamas, y luego una piedra también en llamas.
Eres un mentiroso y viceversa y tuve otro accidente
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