2/9/14

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Facela cortita

La droga es más peligrosa que el diablo. Recuerdo esa frase pronunciada con vehemencia  por el poeta peki en una de sus interpretaciones como hombre sofocado vestido de sombrero, revólver, traje ajustado y la mirada encontrada de todo está perdido y no intenten estas cosas en casa niños. Miro que muchos talleristas son ahora pequeños traficantes, unos, los menos, llevan las cosas en orden y con bastante bajo perfil pero otros empiezan a actuar y lucir como verdaderas granadas y al mismo tiempo actúan con cautela como si buscaran sus seguros para no hacer bOm.
¿Cómo es eso? Pues es como salir de casa llevando el refrigerador atado a la cabeza o quizás como manejar un maseratiazul con los ojos vendados y desde el asiento de pasajero ayudado con un palo de escoba y con unas sogas amarradas al volante y con un frasco tibio de visina o también como disparar una ráfaga usando un M16 y luego el bramm tatcatta tatatac tata ta atata tatata acabando, porque hay criaderos en laintervalles con los pequeños bulldogs y en uyumbicho y encalacali y esa noticia pasa en el noticiero de las seis con la andreítaromero y yo aguantando el llanto porque ya es septiembre y todos se han ido de vacaciones.
Titular al día siguiente: Regresan de vacaciones y laintervalles colapsa.
Hijo de la rodilla dijo un tipo y tras de mí venían talleristas y luego entraron empujándose entre ellos y mirándose las caras sin saber si callar o buscar a alguien o quedarse bien curiosos y poniendo atención a escuchar esas cosas, y otros talleristas miraban a un tipo que seguía de pie en el pasillo, insultándonos para hacer amigos y también deseándonos las buenas noches, y creo que intentaban entenderlo o quizá lo conocían o lo entendían pero no querían volver a verlo y empujaron para entrar y luego ya ocupaban las sillas azules.
En algún punto todos tiritábamos; era cosa de acercarse para notar que sus cabezas vibraban de lado a lado como esos juguetes que suelen ir colocados sobre el tablero de algunos autos.
Una cosa rara e imperceptible pero que estaba ahí, al igual que sus cuellos, sus manos, todo sin separación en realidad, un cuerpo gelatinoso.
¿Qué más? decía yo, y uno de ellos me saludó colocando su mano en mi hombro y era gracioso y algo parecido al horror sentir cómo esa mano pronto se desvanecía, sin avisar. Bueno, esto había empezado hace mucho tiempo, ya las cosas pasaban de los hechos presenciados por pocas personas a rumores dichos en voz muy baja, y de allí a una especie de laboratorio para probar lo dicho; y todos éramos bien observados, todos culpables.
Aquellos pequeños traficantes solían actuar en clase y talleres de un modo singular, y a veces respondían cuestiones o preguntas que nadie aún había pensado. Vivían en el futuro.
Alguien dijo que ellos eran demasiado impertinentes o demasiado desubicados o uno de los tantos productos fruto o consecuencia de los vicios de la ciudad y de la desnutrición nuclear, y todo sonaba bien tendencioso. Yo solo pensaba, al verlos entrar en la habitación, que la cosa iba a ir de patas, o que por favor nadie repitiera sintagmas de asociación, cosas de la sintaxis o del manual de composición pero siempre era demasiado tarde, y luego pensé que mejor me acomodaba y observaba el origen del mundo: escuchar y apuntar el viaje de otros.
Alguien comentaba y luego eso de las sensibilidades extremadamente rojas; aullaban todos como un gato que ha comido pero maaauuuuuuu y de nuevo el plato.
Esas eran las granadas. bOm.
Algunos hombres de corbata azul se permitían un silencio, o simplemente dirigían el asunto hacia un sitio pleno, llano y sobre todo imparcial, es decir, se volvían doctores y toda la habitación una especie de maternidad.
Niños gritando nacer.

Durante algunas semanas las cosas “caminaron” de manera distinta y ese clima duró quizá algunos meses. Ya no ocurrían los escándalos mínimos pero empezaron a florecer los pequeños acosos. Se iba de un sitio a otro pero nunca se estaba en el mismo sitio; y eso era saludable, pero alguien quería que creyéramos en misteriosas desapariciones, él mismo nunca más volvió. Algunas talleristas respondían a la lista o también justificaban si no aparecen están en LaManá.
Se conoce de traperías y de gente que vive de embriagar a lospaísesdelamitad mediante una distribución de la que se sabe lo necesario, un territorio hostil huérfano de peajes pero también que solo sería un rumor.
Durante esas semanas los pasillos tras el final de la clase solían llenarse de tipos de a pie o artesanos, fue como volver al instituto. Ahora, es decir, esas semanas las charlas vibraban alegres y desinteresadas y quizás, de un modo eficaz y ambiguo creo que fue un buen tiempo para tomar cocacolita debajo de una higuera bien cargada o dentro de un balde de una camioneta mazda2003.
Los talleristas parecían saber lo que hacían y quizás las personas que empezaban a retirarse ya estarían haciendo burocracia para volver. Quizás de eso cuando los pasillos volvieran a ser el lugar acogedor de los primeros años.
Quizás todo era un rumor y enfrentábamos un saudade.
Quizás al egresar.

Luego empezarían cosas bastante escandalosas y luego los tipos que dejaban un rastro producto de la arena que los había cubierto, y además ellos llevaban hacia todo lado unos bidones azules llenos de combustible.
El día que uno de ellos intentó encenderse en vivo fue el sospechoso punto sin retorno, quizás un sin retorno falso, aunque ahora las cosas andan sospechosas y todos somos de algún modo culpables y además un grupo políticamente huérfano. Yo diría, un grupo, sin tipo o sistema de organización política. Aquella noche varios poetas como el crisisnoroña, el guaytambooñate o el guaytambooquendo, la pelirrojalasso leían sus cosas frente a un auditorio poblado de futuros maestros secundarios y como por una coincidencia, tras la lectura de gilgilbert, entró en el salón principal, bajo la mirada del escudo del centrodeinvestigaciones, la delgada y tambaleante figura del antiguo espíritu de mal. Antes le había hablado; ocurrió en el momento de los marlboros y de repente fuimos tres con la adición del espíritu, outsiders estorbando en la puerta, y junto a nosotros, sobre un muro, una placa dorada: Salón Principal del Centro número 3 de Investigación Distrital.
Ahora que lo pienso son muchas las razones para que sean pocos proyectos y demasiados ¿Por qué no prestan el salón del centro 3?
La delgada y tambaleante figura abrió paso por el pasillo vacío, estábamos en las bancas, y tras repetir las palabras de gilgilbert alzó el bidón, dejó que su ropa absorbiera todo el azul eléctrico que brillaba más que lapoetalasso, luego el poooooooooooom pero en verdad primero el tschhiiiiss con la cajita amarilla de fósforos el gallo, y tres intentos antes y el oooAohoHH hhhhU O IOOiiiiiiiiiii o algo así pero nada comparado al monje en la portada de RATM.
Pensé y luego escribí: La poesía sigue siendo una versión mística y romántica de lo que usted jamás conocerá a menos que baile en mitad de un salón sin sillas o en una fábrica.
"Estoy en llamas cuando me tosté".

Alguien saltó sobre el espíritu del mal y casi hubo tschhiiiisss pero al final no, y ambos se besaban sobre el pasillo. Luego empezaron con eso de todos me parecen culpables y creo que todos se me van a la UPC. Luego, o ahora, pasamos o estuvimos debajo de los tumbados húmedos, y yo creía que de verdad muchos de nosotros teníamos alguna responsabilidad.
Luego pensé que era importante y peligroso andar haciendo cosas que no se podían y en realidad no se querían explicar.
Eso.
Todos ahora debemos cientos de explicaciones y quedan los talleres prácticos de 8 y 9 para ello.

Oreja azul.
Luego vino eso de eresunmentiroso.

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