28/9/14

Ariel, el sol y llevar folios bajo el brazo



Ayer realizaba unas lecturas. Luego estuve bastante preocupado. Al despertar creí escuchar el ruido y pensé que debía ser todo aquello que precede a la inauguración. Fui el tercero en salir, eso de las pruebas, sería por lo de dejar sobre 5 y lo de la ganancia en +2; que ajustararían reverbs al final de cada intervención. Lenguaje técnico, cháchara capaz de mimetizarse durante horas. Encendí la teve. La teve suele acompañar a esos primeros malestares del sábado o de los domingos por la mañana. Luego otra vez volví a dormir. Al despertar el cuadro oscuro estaba dividido en tres imágenes verticales.
Escuché la explosión de dos aeroplanos o cohetes de papel. Ahora creo que la explosión de su combustible es similar a una canción del canal, en la teve.
Un poco pienso que seguiría sucediendo como si detrás hubiera una gran gran planificación; eso de encender la teve y eso de escuchar el vuelo de los cohetes y esperar que cayeran y por supuesto, al mismo tiempo. 
Noté que nada iba nunca a terminar de posar los pies; un poco de un lado y un poco en ambos lados. 
A esa hora la luz aún era de esa coloración azulada, y algo blanca y débil pero también pensé que debía seguir dentro y debajo.
Salir sería incendiarme y andar con la piel hacia afuera sosteniendo un jarro con café oscuro .
El gas inmóvil.
Sobre el escritorio varias carpetas y cada pestaña cubierta por adhesivo: marzo, septiembre, 2011-2013, vhf-avchd, William y Tánger y Dr. Introitus. Me gustaba pensar que uno de los lápices se levantaría para escribir y sobre todo para subrayar las fotocopias, como si un lápiz roto tuviera una vida única, única y propia. 
Nada, y tampoco las cuchillas.
En casa nunca hubo sacapuntas y luego no habrá electricidad. Luego un lapicero amarillo, ligero o débil y casi y aberrantemente brillante parece decirme que su punta oscura está por romperse. Aprieto, y ya tiro de lado a lado y ya llevo la tercera línea y dos o tres círculos que más bien son como caracoles. 
Lo subrayado:  
depende y así ha sido pero
Sí, te llamo desde la lavandería
un día el señor tuvo la buena decisión de quedarse. Luego vimos algo de teve.
Después de todo el lápiz es mucho más poderoso que la pluma larga y brillante y horizontal-, eso quizá por la ausencia de cuerpo, su orfandad. Una pluma afilada sirve para mirarla desde detrás de un cristal. Un lápiz puede ser borrado varias veces y a pesar siempre queda el mapa de relieve inexacto; todo aquello de atrás y delante. 
Las astillas caían dentro de una bolsa oscura de plástico.
En siete días Ariel cambiará las bolsas: La cama va por ambos lados y de

12/9/14

the "beginning boutique"



dice que se fue a la
guerra pero, también
dice que no sabe
cuándo regresará

El día de ayer varios autos pasaron al mismo tiempo, todos con prisa y además varias bolsas blancas en sus cofres. Alguien debió ver que en los autos viajaban más de tres personas y que cada tres metros estaban en eso de detenerse. Yo cargaba dos bolsas llenas con azúcarvaldez, dos cajas de chocolate en barra, miel en polvo LaMolinera, servilletas, una revista de trucos fotográficos, costaba dosdólares, una caja de mentas EstaciónMirán y una caja de hierbas en sobre, hierbas para infusiones con el dibujo de una mujer negra y gorda y toda la sonrisa bien grande sobre la marca o nombre de las hierbas. No era posible mirar hacia el otro lado de la ciudad, no solo porque ya era bastante tarde, ya todos los postes terminaban de encenderse y los autos con sus luces altas parecían bailar y hacer atrás adelante o buscar  como si se tratara de linternas; era bastante difícil pues muchas personas caminaban al mismo tiempo, muchos hombres vestidos con faldas cortas o algo largo en lo que estaban envueltos, como en togas, y las mujeres que parecían buscar algo y levantar los brazos y hacer eso del cabello hacia atrás y eso de tocar o arrancarse las orejas, que se mantenían de pie sobre la acera, algunas con las dos manos en los bolsillos, otras sosteniendo a un niño o dos niñas, y también con un aparato de celular pegado, y eso, con la cabeza como colgada del cuerpo.
Yo, que preferí mirar y ser parte de aquella corriente tuve que esperar pocos minutos, luego ya estaba al otro lado; en esa acera el hombre de los periódicos, al cual encontraba por primera vez extraño, como si fuera un hombre que propiedad de la calle y a quien ahora encontraba junto a un poste, o como si fuera un policía, cargaba aún con su maletín azul lleno de diarios, pensé que debían ser los diarios de la tarde o lo del lunes. Ojalá venda pronto me dije; al caminar leí uno o dos de los titulares.

Muchos mensajes que envié no fueron contestados, ni el día anterior ni el día de hoy, o sea, ya son o van cuatro días sin saber nada. En las cajas rojas encuentro unmuffin que supongo aún fresco y las chispas de chocolate y esas molestas migas cubren la mesa, luego me sacudo el buzo, luego debo ponerme en pie para sacudir todo por la ventana.
Hay vajilla y servilletas y muchos vasos vacíos y muchas envolturas que parecen necesitar nada más que un empujón para salir desprendidas hasta caer sobre mis pies, o sobre los zapatos y sobre la alfombra y debajo de la mesa y así para siempre hasta. El clima es excelente para ir por ahí lleno de hambre, lo también que equivale a aceptable y a mantener los ojos abiertos; hoy también siento que hace el tiempo ideal para ahora sí sacar a Leo a pasear, con cuidado digo, pues hay varios autos circulando y mucho más por esa pequeña autopista y Leo a veces quiere correr o trotar, es como si los autos lo estimularan. De ese modo supongo que ambos podremos ejercitar lo que queda del cuerpo aunque Leo lleve las de ganar en resistencia y edad, eso sin contar que tiene cuatro patas. El suyo, cuerpo mamífero, el mío, algo más extraño, casi como la cola de una lagartija, una cola que está debajo de la suela de un zapato o en la mitad de una acera, en la mitad y al medio día y como levantándose sin demasiadas fuerzas hacia el sol.
Ya de paseo Leo ladra a todo lo que se mueve y eso me parece un poco detestable y curioso, cómico también, pues son varias las personas que corren y que intentan señalar a Leo y entonces usan esas curiosas formas como si bendijeran a la distancia y también como si intentaran ponerse a salvo de algo; entonces me quedo mirándolos, luego digo tranquilo Leo, y a las personas de las bendiciones con eso de que es amistoso o no le tenga miedo.
Ayer cerca de una de las iglesias de los brasileños hallamos un pollo arrollado, no quedaba más que el vaso rojo de cartón y algo de piel, era como una careta de cartón y ketchup; no había sangre, el ketchup estaba seco y casi convertido en tierra.
Supuse que las plumas del ave debieron ser azules y grises.
Luego de veinte minutos de autopista, aquí las autopistas son vías de dos carriles, llegamos al complejo; en realidad nos detuvimos en la acera del frente a mirar los autos entrar y a la gente bajar con zapatos de suela, más tarde bailaban, eso creí, en uno de los salones. Sería jueves, creo, buen día para la hora y media que tomaría el circuito. Leo estuvo bien y estaba sentado en sus dos patas y sobre su culo, sostenido de su correa por mis manos, a través de las ventanas que daban a la calle los vi intentando bailar o intentando agradar con su cintura o sus brazos estirados, también nos miraban y ya bailaban, quizás nunca lo hicieron y lucían como si escondieran algo o como si bailaran para no estar sentados. Nadie se animó a invitarnos, quizás disfrutaban que los miremos, creían que sería otra de esas tardes, y en algo tenían razón, pero también intuían que no era cierto; tampoco habríamos aceptado, ni entrar ni quedarnos, eso lleva demasiado tiempo, supongo que ahí, de pie, éramos unos náufragos y dos paisanos, o dos perros o dos hombres con correas o una pareja buscando asiento y bebida tibia, algo así pero más extenso, o sea, cuatro veces, cuatro perro, cuatro hombre, cuatro cadena, cuatro canción. Por un poco del vino que tragaban bien podía dejar a un lado las dudas y dar dos pasos, mirar si escondían de verdad algo, pero por qué esconderían algo a la vista de todos, me dije, pensaba y todo eso mientras no pasaba un solo auto.
Detrás del edificio un terreno para los autos que en su mayoría eran pequeños furgones. Uno estaba lleno de adolescentes, chicos que parecían recién duchados, con el cabello húmedo y en sandalias de corcho y las mujeres cargaban maletas pesadas, las guardaban en el furgón con prisa. Otros estaban en traje de baño, de pie junto a las puertas abiertas o corriendo como si tuvieran prisa, pero el viento bajaba y pronto anochecería; seguro que Leo y yo resultábamos como pasando o como yendo.
Vi que era mala idea seguir allí, sentí como si violara algo personal.
Avanzamos cinco cuadras, luego de aflojar los músculos y respirar dimos media vuelta.

La noche la pasamos dentro de su casa. Su casa es chica; si fuéramos más altos diría que estuvimos en una casa dehojaldre, es decir, faltó bien poco para no caber, bien poco para golpear las cabezas o para meterla en una chimenea y mucho más con eso de la llave de la ducha en las costillas, ambos intentando llegar con la esponja y al mismo tiempo eso de no quemarnos los ojos, el jabón corriendo con el agua o haciendo schiiizz.
Creo que dije por qué te gustan los lugares tan chicos, no estoy seguro si lo que pienso lo pienso yo o acaso lo piensa otro, cerca, en otra caja de fósforos con electricidad y servicio de agua, un otro que reemplaza, sin esfuerzos lo que está en tu cabeza o mi cabeza por lo que él acaba de recordar, o lo que está por hacer.
Luego pensé que esas cosas pasan en las iglesias, en las reuniones de fin de año, incluso sucede en el espacio, esas historias del ordenador total que termina contagiado de un miedo irracional; en ese espacio negro de caja de mesa de juego de mesa.
Luego de escucharme esas, otras asociaciones, no pude sino que caer de espaldas, desear que un piano cayera también pero que lo hiciera por partes, como usando destornillador, sobre mi cabeza y sobre mis muslos, deseaba que cada parte, cada una de las ochenta y cuatro teclas pesara, cada una, individualmente, como el piano mismo.
Lo mismo deseé para cada una de las patas, para cada una de las cuerdas, las que luego serían brazos y piernas y cuello y kilómetros de estómago.
En eso estaba, ya con el cuerpo en la mitad de la habitación, con el taburete cayendo en dirección a mi frente. Miré mi cuerpo y ya no era cuerpo, era solo cabeza.
Varias cosas como las mesas y el suelo y los muros parecieron crujir, entonces empecé con eso de yo soy andrésramirez y así, según yo, encontrando el opus y los números.

Ya en la calle encontré a conocidos y personas que al saludar miraban su reloj o gritaban en dirección a otro rostro. Luego fuimos invitados a continuar la noche, o empezarla o a cerrarla, es decir, detrás nuestro debía leerse un letrero con algo como apágame y déjame en el taxi. Deseaba que Rayo estuviera por ahí, eso de tener compañía para volver a la habitación, también para que me mordiera y luego me escupiera o me arrancara las partes hasta dejarlas debajo o sobre la cama. Rayo era el nombre de un perro que dormía en la alfombra del portón de la casa en RemigioRomero hasta 1994, pero eso sería un problema, pues no hay nada me empecé a decir que pudiera contra la gran mancha que cubrirá todo. Para que la cosa no sea tan oscura empecé con las preguntas y luego ya estaba yo en medio de varios Rayos. Más tarde me encontré amenazado varias veces por un tipo que según dijo estudiaba para abogado, eso a pesar de que otro tipo, alto como un piloto de esos aeroplanos de un solo motor intercediera, otro abogado supe después, algo dijo sobre error, sobre narrar, y sobre herrar.
Casi amanezco debajo de una banca de piedra, luego mejor me puse a caminar.

Cuando dio vuelta, luego del tema de losherrores dijo eres un mentiroso. Así escrito parece de poca importancia, pero si lo dibujara sería más palpable como la línea en un rectángulo, línea que va de un extremo a otro, algo así como eres un mentiroso, pero con algo más, como eco.
Luego, tras mi silencio añadió… es peor, no eres mentiroso, eres más bien un farsante. Un mentiroso sabe que miente, pero un farsante no sabe diferenciar la verdad, lo real de lo...   … de lo que no existe.

Tú, un farsante, no tienes experiencia pero…       eres bueno dictando… 
¡Díctame! O…  Dime quién dicta…

Luego vi que doblaba la esquina con la bolsa blanca en las manos, guardándose algo y al apuro y las espaldas parecían pegadas, arrancándose. Varios metros después, es decir, tras caminar o flotar entre velas o cera y las flores rojas y también debajo de los techos plásticos, yo seguía sin comprender qué diablos era todo aquello de lo real y lo fantástico. Luego pensé que debía caer un piano hacia arriba y arriba debía estar una alfombra me dije, quería que ya fuera la navidad, que los hombres americanos de terciopelo cargaran con los árboles delCanadá, eso, y con la mirra roja delKyuss.
Entonces me vino una gran sonrisa y entonces comprendí; supongo que me sentí menos atormentado; ya no tenía ganas de llorar ni de meterme en el cofre de todos los autos parqueados. Un hombre me brindó o me alcanzó un encendedor, en realidad creo que se lo había exigido, estuve dándole a un asqueroso lark, no sé qué pasó con mis marlboritos; sentado, así diez minutos sobre los escalones.
Quise pedirle disculpas al hombre del encendedor porque seguro le había arrancado el aparato en una de las inconsciencias célebres pero luego estuve con eso de empeorar las cosas. Luego quise decir algo pero me encontré conmigo mismo; parece que me balbuceaba, como un hombre que levanta un diccionario o como alguien que intenta guardar viento en una lona de yute, lo que sea, o cualquier imagen nítida y primitiva; y balbuceaba y mis sonidos parecían entrar en los árboles. Luego yendo hacia el galpón y así también entrando en la gente que estudiaba en el sitio; ruidos o imágenes anormales, como tomar el teléfono con los pies o entrar de cabeza en la ecovía. Pensé que sería bueno escribir algo en una pared, el sitio estaba lleno de muros, algo como A.K es un farsante porque no sabe cómo diablos mentir. Al pararme frente al muro esperé hasta quedar solo: muro, carbón, A.K. Con extrañeza y mucho pánico vi que ya me había escrito, eso me dejó con los bolsillos llenos de carbón, quinientas figuras negras, mías, yo miniatura mirando un muro.
Sobre la pared: Mambrú dice que no sabe cuándo vendrá. eresunmntiroso

-



Luego en tres.


Pensaba que deseaba conocer a una tallerista que se llamase Carmen Destruge. Luego pensé que sería ideal anotar la fecha en la que tenía aquellos pensamientos: noviembre, dosmildiez. Pensaba que sería ideal detenerme en mí y en el sitio en el que estuve hace exactos diez años: recordé vivir junto alChimborazo, y también que pasábamos varias noches arrastrándonos hacia nuestras camas. Uno era francopolo, el otro era cristobalmiguel y entre el nevado o volcán y nuestras camas se extendía un campo gigantesco, un llano, seco y lleno de pequeños caminos que se cruzaban, uno quizás y caminaba sobre una arena finísima y amarilla y breve y rojiza que se pegaba a los zapatos y las vastas; a uno le quedaban ganas de parar en medio y esperar que cualquier cosa ocurriera, como si eso cambiara en algo las cosas.
Quizás por esos años aún teníamos la gracia de ser algo así como los juguetes de eldiosdorado, esos días y estaban hechos para medio intentar y sobre todo para medio vivir la desconocida consciencia, aquella que sueña y se levanta sobre o con lo inesperado. Creo que nunca estuvimos más de acuerdo en tirar de nuestros límites, incluso, si de eso dependía la furia de otros, eso, estirar todas las delgadas voluntades.
Una noche tras una fiesta en el centrodeinvestigación zonacentro, intenté persuadir al resto de quedarnos a dormir sobre los terrenos, el campo, el campo con la tierra abierta en surcos profundos para la temporada. Creo que después de aquel incidente nada fue igual. Recuerdo, y desde ese día o noche hasta hoy, que ya era grande, mucho más que ahora y sobre todo que francopolo y cristobalmiguel que eran altos pero no muy fuertes, intentaban derribarme; dieron con un cable o quizás lo arrancaron y yo miraba a lo lejos las luces del centro, una gran fogata, esa llama que parecía alejarse y sacudirse mientras ambos me arrastraban, las nubes cerca, apenas si bastaba levantar los brazos. Me esperaba la casa, estar en casa y no allí era ya mi traición.
Quiero decir que eso no es una prueba para determinar algo, pero, sí había bebido con ganas y verdadera fruición. Ahora, ya sobrio, las cosas me parece fueron menos, nada peligrosas, aunque a veces me divierte llamar por teléfono a medianoche, y chalecochicanelson espera que yo diga algo y estoy con eso de hola, me gusta tu chaleco Nelson, pero luego ella ha levantado una demanda o denuncia, no lo sé, y ahora tengo prohibido acercármela, parece que llevo arena amarilla en los zapatos, y eso era necesario, cruzamos-crucé un fango seco a medianoche y era sencillo cuando el fango se lo tragaba a uno entero.
Un poco me preocupa que las autoridades del centrodeinvestigación zonacentro se lleguen a enterar de estas calamidades y luego aplacen o desaprueben los tiempos de entrega, ahora mira la silla azul y antes dejo un par de libros encima. De todas maneras me gustaría que alguien declarase por mí o que dijera al menos que soy un poco raro pero que eso también no significa nada, que en realidad no soy peligroso. De todas maneras y para evitarme ambigüedades escribo un par de cosas en el interior de la tapa del libro deAlbert, con fechas y todo, como una bitácora.
Y por ello creo no estar demasiado chiflado. Recordar para no chiflar.

A francopolo y a cristobalmiguel no los he visto desde el instituto. Quiero suponer que ellos tampoco necesitan saber de nosotros, uno habla con quienquiere y cuandoquiere, la verdad deben saber bastante pues este país es extremadamente mínimo, como lalatinoamérica a la que queríamos entrar como se entra y se sale de un hotel, una cosa para conocer en dos años. Extrañaba las tardes pateando el balón y eso de fabricar métodos para lanzar más lejos los pequeños proyectiles y los silbadores. Yo era arquero pero también jugaba de defensa, de delantero era bien malo pero en el instituto me volví bueno, incluso peligroso.

En elChimborazo hacía unos soles majestuosos y era de ver al sol estirando los brazos, como un cuerpo clavándose en una pileta y ahora que lo pienso en elChimborazo sucedían cosas singulares, efecto de las sombras o del buen tiempo sobre la roca: el sol nadaba, el sol dando braceadas deliciosas sobre Baltasar, sobre el hielo que venía a ser la pileta personal de elsol. Ahora recuerdo que una gran estatua deNeptuno servía de centro y él miraba con sus ojos blancos a todos y eso en uno de esos parques con iglesia y cine alrededor, y ahora entiendo que ese loco musculoso, con su tridente azul en mano, mirando si las cosas andaban bien, por más neblina o brillo de pólvora nunca dejaba de señalar y bucear.

Ahora diez años después la vida dentro del gran laberinto y rizoma es harto divertida y uno anda perdiéndose todos los días y a todas horas. El sol en todos lados como muros rojos pero también los reinos oscuros y el acero y allí el frío quemando de azul los huesos. Quizás de eso se trata esta mente que llevamos entre la carne, un poco aquí, un poco regresando desde kitumbe, un poco con k un poco con q, un poco como en todos lados y por supuesto corriendo o borroneando todo rastro.

Luego de diez años, o ya eran trece, andaba cayendo por los escalones y no recordaba anteriores vidas o centrodeinvestigación, ni siquiera si el sol salía o si braceaba de pecho o si nadaba de espaldas bajo la mirada de un Neptuno y con eso de leer unasvistazo y ni siquiera me importaba ya nadie porque empecé a creer que con el tiempo le iba a sobrevivir a todas las personas que sabían de mí, y eso era extraño y muy perturbador porque ya lo empecé a ver como un destino, eso de un día va a pasar y te va a pasar a ti. Entonces bajaba los escalones o los rodaba pero sí pensaba en sus hombros y en cómo subirme y cómo quedarme en ellos. Pensé que necesitaría un cuerpo de pollo redondo y azul y unas alas y eso de despertar a los demás; y de ahí para dar saltos y de ahí para quedarme quieto, con ese cuerpo ligero de pollo y sin muchos ruidos, como un gran militar o esos especialistas del hambre que esperan y esperan y beben poco y poco y comen cubitos de manzana y la mitad de la lata, y en eso estaba, y a veces también cuentan su ritmo cardiaco y el momento indicado está entre dos pulsaciones, cuando todo es dibujo animado de reinas panameñas y dictadores panameños, el tipo haciendo clic sobre el seguro y levantando la tapa y la lente brillante y ya sobre el corazón detrás y una corbata azul cubierta de roja, la limosina haciendo cachhh y las balas haciendo guummmm o gmmm gm gmm gmmm gmm gmm, para o sigue pero todo confuso, todos culpables; unos segundos pero ya el tipo ha desarmado el M22 y ya lleva su vida en una maleta, camina tras sus gafas, dentro de un abrigo gris y su vida es quitar la vida de otros pero su vida bien puede cambiar por esas cosas que uno no decide, y lleva una maceta y una planta al parque a que tomen sol.

Entonces pensaba en eso y cuando di el salto pude ver al resto de los talleristas reunidos, buscando a alguien a quien quitar dinero para que compraran algo con qué celebrar el fin de semana, muchos tenían los huesos al aire y muchos deseaban linchar a alguien, por eso desde sus hombros dije como si fuera un militar no vayamos con tus compañeros porque tus compañeros quieren que me baje de los hombros para ir por algo que no sea azul y ponerte a dormir, pero también dije que no quería ir y eso solo porque no tenía ganas de explicar nada a nadie, y si estaba rodando los escalones era para caer en tus hombros y tú deberías saber que no quiero ir y que quiero parecer una capa o una toga.
Luego intenté que voláramos como unflash, si unflash usara la capa de elclarkent, y yo seguía rodando los escalones, luego miré unas líneas largas y bastante definidas, algo un poco gris o blanco sobre un fondo oscuro, sobre negro y pensé que me había caído, que la capa era una mierda y volar con los pies por delante era una mierda como de hace quince años, y luego los pies caminaban, es decir, lograban que las líneas y la calle siguieran, avanzaran hacia atrás, porque eso era, eso pasaba, yo estaba de cabeza mirando los pasos y la acera, así estuve hasta cruzar frente a unas personas vestidas con trajes de extraños colores, y querían que probáramos algo traído de monteserrín y así de cabeza vi que eran perros calientes, y me gustaría comer mostaza dije la la mostaza caía y mi cabello colgaba pero luego seguimos con prisa, en realidad intentamos levantarme, creo que estaba un poco harto de mí y por eso dejé una parte en algún sitio que hasta ahora no lo encuentro, mientras iba de cabeza o sobre sus hombros o serían sus tobillos, yo, mi otra parte regresó hacia la puerta del centro, empezó a realizar llamadas, nadie contestaba pero igual hubo muchos usuarios reseñando la tarde, reseñando lo que pudo haber sido un gran proyecto.
Hablaban de idiomas, hablaban de turismo ecológico y para sentirme útil di un par de opiniones, charlas magistrales de cinco minutos, luego sentí que la otra parte me llamaba pero dije que no quería ir y que debía ser sólido, di opiniones como de la pluriculturalidad y la escisión vista desdeThompson.
Luego olvidé quién era y allí se perdió un poco mi otra parte. ¡Qué iras!

Estuvimos en el gran galpón, me dio por buscar en las bolsas blancas de las personas que llevaban unas camisaspical, y con sus cuellos largos y duros como cuchillos. Pensaba que quienmierda les planchaba esas camisas pero no encontré a mi otra parte aunque esto sucedió otro día porque creo que ya no estaba muy seguro de haberme perdido, o de haber perdido la otra parte; mientras, el galpón respiraba y tenía ese aire de fundas para los tachos, de envoltura para bombones, de aceite de aceituna, de cera líquida caliente; además, las luces eran tan blancas que uno empezaba a sentirse azul, luego transparente y las bombillas debían ser de cinco mil watts.

Me dije watt?
Luego me dieron ganas de dormir en la fila.

Luego dijo eresun mentiroso y me dividí otra vez, o sea, estaba hecho de tres partes, y ya se jodió porque seguro se fue la parte que atendía o aprendía cuando se trataba de talleres y luego repitió que eresun mentiroso.
Yo pensaba que la espalda se había pegado; luego dije, mejortopamos pero dije mejor topesno, o dije mejor topastos o también ya se hizo mierda o lo que es lo mismo, cariñad.

Luego eresun mentiroso y yo en tres pero en cuáles

11/9/14

-



Errortic cloud

Todos hablábamos al mismo tiempo. En realidad las palabras iban y decían ya regreso pero sobre todo si uno escuchaba, así, sin verlas, podía hacerse a la idea de que quienes hablaban al mismo tiempo también se estaban encaramando, uno encima de otro, que en realidad ya formaban algo similar a una de esas olas altas, montañas con varios metros de altura y el agua y las algas; en la parte del frente, tras el hombre de corbata azul, la ola posiblemente lo abarcaría todo, cubriéndolo; y eso éramos en esos momentos, brazos, gritos largos, quejas y rostros gibosos.

Nadie quería tomar su turno y sin embargo todos actuaban como si ya las cosas estuvieran hechas. Me recordaba mucho a todo eso, aquel filme en donde un grupo de personas queda atrapada o detenida en un aeropuerto extranjero, un país con alfabetos cirílicos y caracteres o grafías reflejadas, como en espejos. Recuerdo que la gente hacía fila, pero también reclamando, otros agotados pues acaban de bajar de un vuelo de decenas de horas. Quizás lucen insignificantes pero a medida que la tarde avanza, ellos se toman la sala del aeropuerto donde han sido hacinados. Luego como los pescados ellos ya se multiplican y también los ánimos se vuelven inestables y eléctricos, poco a poco la situación pasa de ser pasiva y tiernamente cómica a improvisada, riesgo, inestablemente arribado. A veces pienso que la gente en el filme, que se supone retenida en el aeropuerto por ser sudaca, o latina, o sospechosa de terrorismo, muestra un poco, algo de aquello de la autoestima que surge en un cultivo de lo nacional. Sin embargo, en las habitaciones, aquí en el sitio, los talleristas entablábamos, levantábamos bunkers o trincheras para luchar contra un enemigo, la gran electricidad invisible; “el peor enemigo es el que está suelto, en todo lado y al mismo tiempo y cuando él lo quiere.”
Ese locooloca nos tenía molestos y era suficiente un movimiento, una silueta extraña para que los fusiles calientes, y entonces también estábamos más unidos que nunca, unos sobre otros.

Esto de ser uno solo me recuerda a los momentos en que todos decíamos cosas al mismo tiempo, puede que solo quiera relacionarlo con la idea de una sola cabeza diciendo todas las cosas, o una misma boca con todas las lenguas, o muchas bocas en todas las cabezas rojas o lo que sea, siempre combinando bajo un mismo patrón, enredados como una misma raíz, nuestra naturaleza era pretender y de allí decir algo hacia el sótano porque en la terraza ya estaba otro, decir algo hacia atrás porque hacia adentro estaban otros dos; por aquello estuvimos unidos por las espaldas, atravesados y con la médula como dos siameses; era imposible seguir sin que alguien no intentara antes detenerse. Supongo que esa era la furia escondida y desconocida de algunos hombres de traje azul, eso de esperar a que nuestros múltiples tentáculos poco a poco fueran calmándose, diría durmiendo, aunque a veces algunos hombres daban sus contenidos y las horas completas sin receso de modo que uno terminaba roto y cada parte dormida; girando como hélices y seguro girar para ellos era casi lo ideal, brillaban como hipnotizados, las piernas y el cuello haciendo giros y quizás ese hipnotismo era condición para egreso.
Tenerlos en ese estado permitía que los contenidos se prolongaran, que se transmitieran con menos dificultades, como en una escuela, como a través de un programa de teve.
Hablar y quejarse al mismo tiempo era también un espectáculo conmovedor, cuando no desgarrador, como si fuera uno quien coloca toda la carne y la roja dentro de copas largas, usando la boca, los dientes, y los muñones brillantes, y también como explicar algo que nadie conoce, un paseo en el sistema nervioso y esas cosas, deslizándonos en los canutos, y era harto difícil aceptar que amábamos el incendio y al mismo tiempo lo temíamos, y lo avivábamos, tomábamos aires hasta que lo amarillo se volvía rojo.
Puede ser que todo esto resulte exagerado, quizás sucedía en otros centros y después de todo que se puede esperar de tallleristas encerrados en habitaciones durante cuatro o cinco horas, todos abriendo la boca para morder férulas plásticas, escuchando la desaparición de palabras enteras, dejando cifras para las conclusiones, para que algo resulte, y cuadre la estadística.
Creo que nos volvíamos obsoletos en tiempos record, o sea, daba para pensar que seríamos y que elaboraríamos no solo el material, constantemente, sino, a nosotros mismos, como si no fuera suficiente con tener que aprender, y eso de lavar autos medio tiempo, o eso de dirigir las zonas de parqueo, ¡teníamos a cargo cuatro o cinco materias semanales! Pero fotógrafos, y correctores de estilo, y estibadores, tres deadlines diarios y además dando vueltos y pidiendo cambio en ¡noblezagaucha!
Investigadores de 2G, tres referencias posteriores a 2010.
Un día terminaríamos todos, todos los talleristas en mitad de la habitación, cuando no ocupándola toda como una gran masa morsa rosada, de múltiples ojos y múltiples miembros aletas, un gran y rosado e informe y ebrio javadehut, la lengua o las lenguas colgadas en punta hasta el ombligo, tocando y lamiendo su interior, luego su propio cuerpo.
Creo que un día pude ver lo que miraba el perro. El perro de la terraza del edificio, edificio en el que conseguí un armario y agua caliente y colchas limpias; y ese perro observaba con demasiado cuidado una luna, la gran y fascinante luna de los catorce años, dorada y un poco cubierta por unas nubes, y eso, entendía, eso, la luna era para el perro como una madre y también como si aquel pastor deseara el regreso, el camino al vientre.
Creo que soñé por todos en la habitación, sueños remotos, y todos deseábamos que una luna nos convirtiera en una de sus rocas, nos llevara al fondo de un cráter, eso, que alguien con una bandera y botas ortopédicas nike, caminara sobre las espaldas.
Eso creí, éramos la gran luna de los catorce años, fragmentos dirigiéndose hacia todas partes.

Uno de los talleristas dijo algo sobre la importancia de tener a ClaudioWiller entre nosotros, eso, para que en la charla encuentro en el salón principal dijera por los parlantes, bien claro por favor que ustedes no entendieron nada, y al mismo tiempo, y luego de señalar al auditorio con un dedo gigante, uno de esos dedos de goma, el equipo es el número uno, somos graandes añadiera eso es lo que aún pretendo.
Las investigaciones apuntaban hacia el siglo XX y ese tiempo nos pareció el más traicionero de todos. Creímos, dijo otro tallerista, encontrar los orígenes de la niebla. Entonces hablaron de filmes experimentales y eso de los formatos pero sobre todo intentaron comparar aquel fenómeno con las granadas y las hogueras en los filmes de Resnais. Últimamente encontrábamos títulos en los almacenes que empezaban a marchitarse por toda la ciudad, uno cada vez tenía que realizar búsquedas exhaustivas y en bases informales llenas con tres o cuatro filmes por disco; personas con nula experiencia ponían en las manos la historia en movimiento en formatos para todo equipo.
Discutimos de noche y niebla, documental de f. fassbinder, pero por momentos fuimos llevados como por el calor de los demás. Pensaba en la luna y en un pastor detenido sobre sus patas traseras sobre la terraza de una casa.
También observamos un documental sobre militares que marchaban con pasos firmes y al unízono, tras graves discursos los cientos de uniformados levantaban las manos al mismo tiempo y ese movimiento era capaz de dirigir el viento y casi hasta la dirección de los rayos del sol amarillo que incendiaba el asfalto.
Saludar al paso de las autoridades, y esa música, y ese sonido eran particularmente estimulante, también le hacía pensar a uno en tener una casa con una esposa alta, eso, y la defensa del hogar o el momento para sacar la bayoneta y zaas zaas pero el pastor seguía sentado sobre sus patas traseras y las calles guardando silencio como si ya todos durmieran.
A uno le entraban las ganas de apagar la teve, y el devedé y cualquier lucecita azul pero aún faltaban conclusiones.
Recuerdo que en esos casos los talleristas buscaban información en la red y los foros, quizás los informes eran entregados con informaciones sin un previo cotejo y sobre todo sin sellos. Esperábamos que el hombre de corbata azul nos direccionara, y eso ocurría, luego era cuestión de completar y ampliar. De todos modos fue imposible fechar el origen, tampoco decidimos sobre una fundación o un brote claro, el responsable total; en realidad nuestra búsqueda, el tema, ya se había ido de las manos y por eso mirábamos y leíamos acerca de conquistas marítimas, desapariciones castrenses, magnicidios de escritorio; alguien dijo que sin inicio pero con bitácora.
ClaudioWiller; leí ese nombre escrito en una de las hojas de mi cuaderno; junto a su nombre dibujé una raya y luego la raya se volvió una flecha.
Al otro lado de la hoja escribí niebla.

Luego Patrick Marber, Antonia Van Drimmelen, John Calley y Cary Brokaw Vizco celebraban, otras dos personas del reparto artístico también fueron nominadas. En la fotográfica y entre los dos actores se levantaba una pequeña estatuilla dorada, como un prisma en cuyo vértice descansaba una esfera, la tierra.
La fotográfica era bien pequeña, imposible encontrar aguyana ouruguay.
El filme se titulaba “An adapted winning stage play”, su autor Patrick Marber quien además había escrito el guion para el filme que según los diarios era “una historia de amor para adultos.”

En la parte de atrás especificaciones técnicas:
 
Languaje english 5.1
(dolby digital)
english dts, eres un mentiroso, french (dolby surround)
Subtitles english, eres un mentiroso, french
1.85:1 anamorphic widescreen
Approx. 104 minutos
Mastered in high definition
COLOR

Me quedé hasta la doce, pensaba cuál de todos tenía cosas en común y trataba de recordar los nombres de mis compañeros talleristas.
Luego pensé lo que le diría al encontrarlo al día siguiente.