9/8/14

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el regreso al regresar regresa al regreso

Luego llegaron sus cosas ¿o eran los autos? y eso de primera y retro y luego retro y eso de hacer luces y las luces en el muro. Luego todo parecía salir desde la mitad de la calle y entonces estuvimos cruzando junto a la tienda, y junto a uno o dos bazares llenos de santos y esas cosas con los inciensos­. Muchos cargaban bolsas y juguetes y algunos sonreían, y otros se mordían los labios y una mujer se moría y parecía mirar sobre el asfalto. Llegué a contar siete, hombres y mujeres, con la mitad del labio dentro de la boca y con una fila de dientes aprisionando la carne que ya era como algo que cuelga. Hice otra cosa, creo que también imité sus gestos; pensé que la próxima pondría más atención observando hacia dónde dirigían sus miradas o quizás si disfrutaban al morderse. Quizás (no lo vi) lo hacían con los ojos cerrados. Luego dejé de contar personas y empecé con los postes y eso que sostiene cables, pero también pensé que más divertido iba a ser eso de leer o memorizar y luego la cosa era recordar el nombre de las calles. Como no sabía (o no recordaba, o no encontré los nombres) empecé a inventar; así estuve durante algunos minutos atareado y buscando pares y combinaciones que sonaran distintas o mejor aún, impronunciables, pero, y no era condición, solo para hacerlo más difícil, cercanas a eso del castellano. Luego me di cuenta que no tenía ganas de caminar más, me detuve tras dar con un escalón y eso era para hacer bruum realmente bien con el marlboro. El cigarro tuvo un gusto suave, como esas canciones llenas con loops o como si se tratara de un cigarro asoleado, pero no tanto, y también era similar a eso de creer que se ha dejado la puerta sin candado, eso que sucede dentro del bus en marcha. Luego llamé a WQ, y WQ dijo que ese momento no estaba, y además añadió algo sobre mi nombre escrito en una pared cerca de su casa y también de casa de QW. QW es su pariente, o es un nokia, o novio, o mascota rescatada, o médico o una clínica, y no estoy seguro. Alcancé a escuchar que oprimía las teclas de su aparato del diablo (¡!) o quizás lo retaba recordándole que  lo iba a mandar al diablo si volvía a oprimir el seis y aparecía un cinco (¿?). Luego estuve algunos minutos observando la fila de hormigas que corrían de un extremo a otro, y luego vi mis pies calzados con teenchanclas y todo era como smellslike teenchancla. Y mis piernas cubiertas por pantalones de mezclilla, cierto. Sobre el panel de cristal (uno de los muchos que formaban algo similar a un radiador) estaba escrito algo con pintura blanca. Yo intuí que la persona que había hecho eso debía usar zapatos y pantalones iguales a los de Mickeymouse, pero también pensé que era bien probable que aquella persona vistiera de forma ligera, quizás como ese hombre de las patillas largas y oscuras, con esas camisas brillantes a lo crazylittlething con anillos de plata en las manos.

Ya en unos meses apretón de manos junto a Minnie.
Muchos programas de teve lo tenían de invitado, y el hombre de las patillas largas siempre levantaba la mano para saludar, a mi púbico, gracias, a ustedes, buenas noches.

Luego pude ver a un tallerista que llevaba una corbata de un azul que no era ni azul eléctrico, ni ese azul profundo capaz de tragarlo todo, como en las películas con esas escenas nocturnas, esas con luces fuertes y mucho acero o figuras cromadas y las mitades de cabezas o a veces solo perfiles de rostro llenando media pantalla. Muchas veces encontraba a personas que bajaban como con las manos atadas a sus espaldas, también recitaban uno de los textos o una de las leyes publicadas que llevaban horas en circulación: en las manos llevaban fotocopias y supongo iban por más juegos. Luego no sé por qué creí que las leyes eran capaces de publicarse a sí mismas: eso de las manos onanistas con guante y talco.
Esa tarde luego de dejar a las hormigas (o sacudirlas pues ya subían por el pantalón) probé a colocar las manos tras mi espalda. Un artículo ciento ocho apareció detrás de uno de los antiguos motores, esas cajas eléctricas que parecían barcos, pero, también antes, aparecieron dos párrafos sobre el piso de un camión. Luego tuve que memorizar el artículo, no las toqué, creí tener las manos atadas, pero debían ser letras flotantes o tinta flotante. Aquellos que recitaban o repetían dos ideas seguidas o la ley por diez segundos seguidos quedaban libres.
Como no estaba atado tomé el artículo que ahora era como una nube suave, suave y algo húmeda, pero antes le pregunté con una voz alta y caballerosa si le gustaba ser ley. Varias personas miraban desde uno de los balcones y observé que ellos habían atado sus artículos-nubes a las barras de los pasamanos: eran como las nubes de un cómic pero con diálogos diminutos. Al dar unos pasos hacia atrás tuve que regresar hacia el otro lado para evitar un auto que venía en reversa. El conductor levantó sus manos, (no sé si saludaba o trataba de decir que me detuviera o que me quedara en el sitio) junto al guardia vi un hombre de corbata azul con una revista en las manos. Debí decir guau o burf o quizás decir estoy ladrar. En realidad observé que otro hombre (un desconocido) guardaba una pequeña lata de acero; una lata de pintura que podía ser pintura blanca.

Alcé la vista y el balcón parecía un barco y los artículos flotaban amarrados y las personas sacaban agitaban sus maletas, y luego dejaban volar algunas aves, o quizás eran ardillas… o quizás los juegos ya fotocopiados… y una se acercó a uno de los autos y encendió las plumas y luego alguien (quizás del taller de ciencias) dijo algo sobre las cosas de las que uno no se ríe… y usándose como ejemplo nos mostró el lugar dónde antes había un ombligo.

Todo eso me pareció irreal y también pensé que nada de eso sucedía. En realidad pensé que podían ser los botones del panel desconectado, y eso de que estábamos a mitad de terminar el trabajo y ya estaban con eso de empezar y eso de ya buscar un poco de problemas; quizás estaba haciendo fila dentro de un oído a otro.
Luego me topé el ombligo y noté que estaba: 1.- seguía en su sitio y también lo cubría una remera, o polo, o camiseta con el estampado de un cubo de azúcar, azúcar que empezaba a derretirse y 2.- un terrón o cubo podía lucir marrón, irregular o como algo que ha pasado en la sombra mucho tiempo. Pensé en dados, también en un hielo, un trozo de piedra pómez y entonces el estampado cambió pero yo ya no quería mirar y me dispuse a subir todos los escalones; al otro lado, como yendo a la azotea. El viento corría en todas las direcciones y era que todas las ventanas habían sido abiertas. Eso de las ventanas y los cristales al mismo tiempo parecían un radiador y valía la pena quedarse con la boca abierta sobre todo ade cinco treinta a seis.
Y eso en julio.

Luego el agujero se llenó de las frases y entonces el botón encendió un letrero que quedaba por instalar. El letrero ocupaba cada uno de los nueve pisos: siempre señalaba la posición de la caja, es decir, el número del piso al que pertenecía el letrero y el destino que debíamos escoger. No encontré botones para dirigirme hacia los lados, había: botón como rayo láser y junto botón como relámpago (let there be church).

Un hombre con carril en la espalda y con un traje escolar que lo hacía ver más joven, se detuvo para limpiar algo cremoso (pintura, vómito) que había caído sobre su zapato, y quizás fue eso lo que bajaba en silencio, lo que filtraba. Esa materia o ese corcho líquido vendría durante tres meses, y lo que el sol quemaba, llegaba a cubrir como polvo los cristales y las chapas brillantes y cromadas de las puertas.

Luego el agujero dejó que las frases o sonidos ocuparan los pisos y los talleres. (Hasta que los talleristas inflamaron y llenaron la habitación, y todo salió de tres viandas KFC)

Claro que en otras habitaciones los pisos eran distintos, incluso algunos lucían nuevos y sin pisadas, y había montones de polvo por recoger y también las sillas parecían venir de un sitio más lejano, como importadas con más tiempo y eso seguro tras firmar fotocopias en pliegos y con firmas originales. Muchas personas sonreían y eso quizás por la falta de oxígeno (pañuelos y eso de quitar el polvo de los cristales) y otros bajaban y hacían fila frente al panel: bajaban cubiertos con sus mangas y al animarse caían hacia arriba. El agujero no era un lugar popular y pronto las cosas dejaron de salir; un objeto quizás impedía el paso; algo cruzado dije o dijo NM, o como si hubiera brotado: como un árbol de cabeza en medio de esa oscuridad.
Buscaba algo escrito en el fondo pero necesitaba más luz.
Esas cosas pesan.

También presioné uno de los orificios donde antes colgaba un botón, (el antiguo sistema eléctrico) Esperé. El orificio no encendió. Luego esperé por si tiraba un luz o cualquier cosa, una vela de sebo, un destornillador para jugar a tirar el destornillador como Martin Frost. Luego me arrepentí puesto que tampoco tenía matches (el agujero tendría que tirar todo, y el árbol y sus ramas saboteando y riendo).

En realidad me di cuenta o creí que yo era el árbol, y luego dije que va, soy el muro, y pensé que ya tenía escritas todas esas cosas en la camisa y las uñas, y en los mensajes que estaba a punto de recibir en mi pequeño bb: esas palabras tan extensas como si estuvieran escritas con varias enes y con ocho o diez vocales. Luego encontré una oficina con una máquina para archivar folders, y además la agenda con lista y aportes y en una bandeja esperaban dos resmas de hojas en blanco, resmas de un blanco distinto, (menos líquido y más como polvo) y esto fue abajo, en la oficina junto al museo.
La palabra xerox se repetía sobre las resmas; también hacía mucho calor y esa habitación tenía una sola puerta.

En la ventana del pasillo aparecía la ciudad recortada y las luces del galpón, luces rojas que decían GALPÓN (eso lo contó un tallerista de geografías) justo cuando empezaba a cansarme de cargar las resmas y cuando tenía los pies en los escalones o peldaños, y creo ya rodaba o iba hacia arriba o hacia abajo y entonces eres un mentiroso.

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