23/8/14

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La Charles de la Flor

Un día, o quizás hoy en unos minutos decidimos tomar todos los apuntes; y todos guardamos nuestras cosas como las portátiles y apagamos los equipos y sacamos las antiparras, o quizás hacíamos como si nos preparáramos. Luego miramos cómo el profesor perdía la paciencia y sería por las cosas en las páginas de una de esas publicaciones de los centros de investigación que habían dejado en su escritorio. Uno de los talleristas había expuesto su deseo de participar en grupos que duplicaran las gramáticas, de ser posible, había añadido, en algún pueblo delbrasil o debélice o entre mantaycañar. En realidad, también, lo recuerdo mencionando algo sobre lasbrasileñas, y que lasbrasileñas eran unas mujeres muy trabajadoras, recuerdo que las calificaba o las admiraba por loechadas palante que eran, eso, a diferencia de nuestra geografía. Luego se me mezclaron los conceptos cuando habló sobre su viaje alMaracaibo y sobretodo sobre los inolvidables romances y los pleitos y los negocios con jóvenes editores o libreros que le habían pedido quedarse y ayudar a sacar (¿los tres?) a los pequeños palante.
Ese día yo miraba a mi compañero tallerista, lo veía ya cargando con baldes llenos de agua sobre los hombros (¡!) y pensaba en niños, en islas, en arena y gente caminando con charolas llenas de masas fritas: masas y gente en short y pieles tostadas por el sol con sonrisas enormes cubiertas de arena gritando poresotequieropanamá, y además pensaba ¿dónde mierda saco plata para que todas estas personas sigan haciendo sus cosas durante al menos treinta años?

Treinta, número delicadamente cerrado, también periodo suficiente para trabajar y empezar con cuotas, luego pensé en ciclos de un sábado a la semana, y luego pensé en cinco sábados a la semana; y miraba a mi amigo con los pequeños de aquellas mujeres, con las carnes al aire (él es abundantemente bonachón) y pensaba en meses y semanas y días enteros viajando dentro y fuera con los libros y las enciclopedias y para mí él ya estaba de regreso echadopaatrás. El resto fue folclor y ver pequeñas manos dentro de una corriente, creciendo, subido por una ola y también en ella, en su espuma, con la espalda al sol. 

También pensé que mi amigo traía cada día un libro distinto de fondodecultura solo para impresionar a una de las mujeres de corbata azul. Una vez dije buenas tardes y ella respondió buenas tardes alargando las as y sus labios eran como dos caramelos para despertar al buenos días. Una tarde ella y un colega de corbata azul se acercaron al patio y desde una circunferencia imaginaria charlaban y era como ver dos árboles, (más bien arbustos) a los que una ligera tormenta está por alcanzar. Ella hablaba como si se riera de sí misma, y el hombre de corbata azul era alto y llevaba un sombrero como de difunto y su sonrisa evocaba a los monstruos de la paramount, esos del cine en blanco y negro pero en realidad parecía un tipo con tiempo para perder.

Hace un mes, y en un dibujo animado, una inerte barra de carbón salvó a tres astronautas de un accidente inminente. La barra soportó la presión atmosférica y ya en la Tierra recibió un desfile como agradecimiento.

Quise preguntar si de verdad él creía que las mujeres se morían por demostrar su empeño, y como estaba de regreso dijo algo sobre las obligaciones. A un lado estaban S y S abrazados, y luego miré que ambos se besuqueaban como si no hubiera nada alrededor. No sabía si reír o echarme combustible encima, pero recuerdo que luego los obligué a abrir las bocas y a meterse sus puños, y alguien dijo que usáramos la cornisa pero ya de ellos quedaban solo los labios y parecían que empezaban a ponerse azules. Creo que escuché que decían másmá, mamman, altopoediodetet.

Hubo de todo pero también nada que anotar, y los lápices de gel seguían en sus sitios, dentro de las maletas. Luego estuvimos discutiendo sobre la política y eso de escoger, pero nadie parecía realmente interesado, tampoco los vi molestarse. Un poco todos teníamos problemas definitivamente más importantes, cosas más bien domésticas. ¿A quién podía interesarle lo que les sucediera o dijeran unas personas que vivían a cientos de horas del centro? ¿Qué importancia tenía el hecho de que el centro un día fuera cerrado? ¿Investigar por deporte, obligación o una mezcla de ambos? Muchos nos veíamos posiblemente dirigiendo habitaciones, sitios de cien o menos practicantes con clases de diez o quince individuos, cada uno reforzando la pequeña atmósfera, es decir, en medio de una familia económica.

Supongo teníamos dudas sobre nuestra capacidad directiva: en el manejo de pequeños grupos las situaciones controladas parecían reales, a diferencia del trabajo de campo y sobretodo en las zonas de interconexión terrestre. Buscábamos la formación paratextual y pronto los grupos sometían su volumen y era como verlos usar uniformes, (algo llamado el grado de atención) y era como observar seis o cuarenta sujetos inútiles, pero también nosotros ya estábamos de pie junto a la puerta, cada una numerada, y el resto de habitaciones hacía pensar en el hospital del día, y en eso de la segunda planta y el pasillo número, la puerta de la derecha y dos veces hacia adentro en el mango y una hacia el bombero. CÖDIGO. El tres debía colocarse de forma que fuera leído desde todo el pasillo y ya estaba hecho.
La pizarra también indicaría puntos a rodear, y luego simulábamos las situaciones, la operación; uno de los sujetos, (el criterio plural) repetía y resumía la labor, y en realidad decía lo mismo pero también no lo era. Eso en dos horas.

En realidad quise creer que estaba desaprendiendo, y luego nos dirigíamos hacía lamontañaagüada con las bancas cargadas en parejas, y era como llevar hasta el fondo de la habitación para mirar la pizarra de roca. Bailaba la llama de un zippo y mientras recordábamos el nombre de las calles: arruelo, sintoya, clárez, sorayalos, port-esennef.
Las manos terminaban negras en el carbón pero el sol del último día alargaba las sombras.

…Algo intuíamos por estrategia y en el fondo debía (¿?) costarnos aplicarlas.

Casi siempre volvíamos de agüada gritando y empujándonos, explicando eso de sábadoenseis de forma ruda y como si ya debiera recogerse los resultados. En realidad  sucedía un plano experiencial, una ficha de índices y tiempos, al hablar de nosotros usábamos referencias, y quizás ocurría de seis a ocho.

Un “radiador” era “sonda en azul” y si “elaguacorría” debíamos buscarnos hasta dar con martes.

Al quejarnos, el hombre de corbata azul opinaba con verdadera solvencia o dominio y también se escuchaba de fondo una canción de therion. Al reír hacíamos muecas enormes con verdadero amor, y nuestras bocas paseaban por unos segundos con los dientes de los otros, un paseo corto, ellos, tomados de sus pequeñas manos, y lo hacían también sosteniendo un hilo verde que bien podía llegar a la cintura.

Una brisa se cola y eso recuerda que queda una hora de taller.

Luego nos enteramos que muchos mueren y eso ocurre cuando llevan la mitad de sus deudas y antes siquiera de sacar a uno de los chicos del colegio. En apariencia parece un dato del censo, pero hay cientos de tomos de pastas duras y amarillentas atadas con cabos sobre mesas extremadamente pesadas.
La biblioteca cerrada hasta agosto.

También habían muchas páginas separadas por tiras de papel, un poco como tiras cortadas a mano, de bordes irregulares pero también tiras largas y uniformes como reglas de cartón.

Luego vino eso de fumar y salir un poco a recobrar el aire, y algo de las cosas que habían sido absorbidas durante el intento que tuvimos de contestar los cuestionarios, cosas que parecían sedimentos. Eso sucedió tras reír, y debimos reír con las encías pues lucíamos molestos y enormes y bien intimidantes. Yo por lo menos guardé mi sitio, quiero decir que, todos, por momentos enmudecíamos, pero esto era como ser empujado o como tener a muchas personas detrás. Unas trecientas preguntas, y muchas sobre lenguas muertas que nos parecían necesitaban traducción. Éramos cuerpos colgando debajo de los ojos (los dedos ya tocaban el piso, piso lleno con colillas; algo de carbón se había pegado a las uñas). Luego el marlboro me pareció bien pequeño como si le hubieran quitado uno o dos centímetros, y casi tuve que llorar y el marlboro debió apenarse pues era como si rindiera más bocanadas, y yo lo sostenía y también éramos sostenidos por el tumbado, seguros por los cuatro lados. Luego me lancé por una de las ventanas: quise abrir los brazos como un pájaro pero la verdad ya estaba muy harto de salvarme cada vez que lo hacía, pero luego alguien me estaba llevando hacia algún sitio y me dirigía montado sobre mi hombro, o ya no recuerdo si era yo subido al hombro de alguien pues se observaban los pies de otros talleristas que subían, y varias herramientas y sus mangos de goma y las llantas de goma que de una carretilla y un tubo o lápiz con gel transparente enrollado en una esquina, brillante como fluorescente.
También todo estaba cubierto por una película de un polvo amarillo. 

Luego estuvo eso de eresunmentiroso, y entonces recordé la manguera o gel enrollado, y luego el agua salía con forma de eresunmentiroso y cuando encendí mi segundo marlboro el fuego también salió con forma de eresunmentiroso. Luego al encontrar un escalón sentí que las piedras sobre las que estaba sentado también tenían la forma de eresunmentiroso.

Cuando el marlboro tuvo gusto a eresunmentiroso me dio ganas de engañarme y entonces ya me llamaba RT. Luego me dije ¡RP! y luego las cosas dejaron de ser eresunmentiroso y comenzaron a verse como rtunmenrttiroso o quémássrt? Luego me dije quéesesodeeresunrt  y también quementirosoeltalrp, y eso, y masticaba mis brazos, y mis hombros, y con lo que quedaba de mí mastiqué mi rostro, y luego cuando me acabé no pude limpiarme los labios y el hombre de la tienda fruit ya se había ido y ya no era tienda fruit, o era fruit sin toda la fruit.

Tenía sabor y dije sabora rayoseléctricos, y algo había de marlboro.

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