seissexiessadies
Alguien
cantaba en la terraza del edificio. Su voz sonaba bien, comprarétudisco
pensé. Luego estuve mirando cómo el resto del grupo improvisaba sobre sus
instrumentos.
Quizás
cinco, seis de la tarde.
Luego
quise, rogué por otra bajista; luego pedí más volumen o más platillos. Cuando
el sol quemaba sobre las partes cromadas y sobre los cabellos rojos, el brillo
anaranjado entró por nuestros ojos iluminándonos el interior y de paso quemando
la piel y la sangre y eso también dentro, en los forúnculos. Algunos talleristas
mirábamos con asombro la forma en que nuestros corazones abrían y cerraban al
igual, o al mismo ritmo y voluntad que un pulmón. También observé una gran
moneda de hierro que brillaba en el interior del estómago de un hombre de
corbata azul, eso fue evidente, un punto azul como de algodón, un algodón azul.
Un poco sentí remordimientos de hacer este tipo de cosas, cosas que divertían
al resto de talleristas pero que, quizás en el fondo no los divertía del todo.
Luego
buscaba para poner mi cara más seria: un rostro duro, sin rastros o atisbos de
felicidad ni tampoco las muecas onanísticas: casi unas líneas de no saber qué
día es hoy. Sin embargo, el resto, y al mirarme, empezó con eso de exigir que
me callara o que dejara de preocuparme; extrañamente yo ya estaba haciendo
preguntas extrañas o lo que era peor, actuaba como si algo estuviera por venir
o como si lo atrajera .
Nopiensohacernadamás dije, pero ya la banda tocaba
uno de esos temas lentos, ya todos giraban o rebotaban abrazados y los que no
habían empezado con eso de bajar y buscar lugares libres antes de que los
talleres fueran ciento por ciento goma (a pesar de que nunca llenaban)
levantaban la voz y especulaban de todas las cosas y de todos los días. Esa
letra era sobre un joven que reclamaba algo, algo como father,youleaveme,youwillneedme,
cosas así, cantadas o exigidas sobre una base lenta y pesada de batería y tooms,
crashhzZ y tOoms, y como apoyada por un melodía cómica en el piano. El cantante
me parecía muy conocido y decidí que debía ser uno de esos hombres que llenaban
las portadas en las revistas yanquis y en esas de músicaformusicians, eso cuando todo el mundo vestía de militar y
llevaba el cabello rojo y los titulares decían habla sobre Sarly: Sarlysontodos
o adoramoselolordechanclaporlamañana.
Luego me
puse a bajar y a bajar y en eso estaba sobre cada uno de los escalones, y para
hacer más tiempo los escalones no terminaban, y para que no me cansara cada
escalón estaba hecho o contenía unos diminutos bien pequeños cinco escalones, y
entonces yo pensaba que bien podía uno quedarse sentado y esperar que alguien
más subiera para que luego regresara y contase cuantos escalones quedaban por
bajar.
Luego
pensé que también podía hacerme bolita, como esas bolitas de miga que se
les quita a las palanquetas que venden en laambateña,
una bolitabaguete, y luego pensé que
abajo me esperaba una gran taza de café con una cuchara brillante en el centro,
y decidí rodar los escalones intentando caer como en el basketball
dentro de la taza, haciendo saltar el café caliente en los muslos, y eso, sobre
las mesas en la zona donde terminaban las escaleras.
Pero me
arrepentí, o las tazas estaban vacías.
También
pensé que sería más divertido que alguien bajara con un marlboro en la mano y
que también me invitase a buscar cualquier cosa, cosas como un encendedor, y ya
me veía diciendo algo como nojodassextoperiodo o regresaconelmarlboroencendidoantesdelasdos
o avísameymejordejaelmarlboroylárgate o noregreseshastacuandotellamen,
pero, o inexplicablemente ya me hallaba con un tallerista, y como pagando
con pequeñas monedas el valor de los dos, y además comprando algunas mentas
sueltas y preguntándome de dónde sacábamos el dinero.
Luego
encendieron el cigarro con una llama que no quería quemar, y era una llama que
tampoco servía para saber si eso ocurría, la ponía bajo mi palma y la llama
continuaba del otro lado de la mano. Luego encontré una caja amarilla en mi
chaqueta, y luego tiramos las cenizas y el orificio parecía no tener fondo; a
nuestras espaldas se levantaban varias cruces que gracias a la luz del sol o al
reflejo en las partes cromadas resultaban en figuras cálidas y antiguas, y por
un momento pensé que era importante (también me sentí parte) y sobre todo que
formábamos algo, no solo del taller, sino, como también lo es una tilde que
cuelga encima de la palabra café (en
un envase con tapa roja lleno con algo dorado, quizás miel) o como si fuera un
calcetín y una alfombra dentro de una bolsa de plástico, eso, en un patio junto
a una generalelectric y todo dando
vueltas y luego los brazos en alto y la ropa recortada. También una capa de
detergente que se ha vuelto espuma y burbujas y agua oscura y moscas oscuras
con las patas al sol, unas patas pequeñas y trémulas.
Luego
miré el cristal y la ciudad a los lejos, en realidad tan lejos como si la viera
a través de un microscopio; seguía allí, idéntica tras siete años, (eso, quizás
un diciembre) concreto y asbesto y el sol rebotando como en una lucha perdida. Luego
vi en azul y era como ser policía y luego extendían los brazos y decían mire, antesfuemuñón y al mismo tiempo
sobrevolábamos las terrazas pero antes cortábamos los hilos y varios temblores
dejaron fuera a personas y ellos llevaban desde la mañana sus uniformes
oscuros.
El cielo
también crecía como una larva; los dos rizomas.
El centro
del espagueti era la colilla encendida y el humo éramos nosotros, o los dedos o
las ramificaciones intraepidérmicas.
Nosotros
esperábamos que al terminar el marlboro también terminara la jornada y que quizás
alguien de sexto o noveno bajara corriendo y tropezara hasta romperse la cabeza
mientras fuera informando que debemos traer un trabajo final de cien hojas
para el viernes pero el trabajo final tiene una calificación que
equivale a más de la mitad de la nota pero el trabajo final será un tema escogido
por el curso, y el curso escogió que el tema sea la calificación de un trabajo
final y al final decidimos que ningún trabajo debería presentarse. Supongo
que de su boca debían saltar partículas: saliva y fragmentos de dientes y el
maíz dorado masticado mientras bajaba con apuro, y antes de que la bolsa
saltara de sus manos, (y su cuerpo saltara por la bolsa) y nos viera como un
pájaro mientras terminábamos el marlboro y mirábamos su sombra como una cruz, ya
empezaba con debemos traer un trabajo final de cien hojas para el viernes
pero el trabajo final tiene una calificación que equivale a más de la mitad
de la nota pero el trabajo final será un tema escogido por el curso, y el curso
escogió que el tema sea la calificación de un trabajo final y al final decidimos
que ningún trabajo debería presentarse.
Luego
llevamos su cuerpo al salón principal en aquel piso, o alguien ajeno lo hizo, y
mientras pensamos que era bueno saber que eso iba a pasar porque en realidad nada
había sucedido, y también para que nadie se lastimara rápidamente miramos hacia
otra dirección hasta que alguien del quinto se colocó en mi cuello y yo
escuchaba y decía eso de soytusojos, soytucuello, (y luego pensé que lo hacía
sin sonidos) y ya había perdido mis zapatos y casi que me que pongo a bajar por
el orificio, pero luego los escalones me indicaron que debía pisarlos y
seguirlos o continuarlos o usarlos y vi que eso era ir hacia la planta baja.
También
sucedió que varias veces estuve haciendo fila en varios galpones al mismo
tiempo, y alguien me preguntó cuál era el mejor día de la madre y yo contesté quetepartaslamadre
pinchecabrónycomemuchoqueso, y lo vi maravillado y guardando
silencio hasta que uno de los de camisa blanca se acercó para preguntar si
deseaba algo más y el hombre dijo que era todo pero bien podía reservarle dos
sitios. Luego el hombre, en realidad todos, cargábamos en las manos muchas bolsas
blancas y otros también llevaban bolsas azules o blancas o algodones con largas
aves o algo como aves que levantaban sus alas o lo que quedaba de ellas, bueno,
pocas, la mayoría llevaban las alas congeladas al cuerpo, y hacían gestos
obscenos y también se metían sus alas en sus culos, unos anos rosados y
diminutos como botón, y era de verlos frotándose por dentro de sus cuellos
lánguidos y arrugados, como si tragaran agua, o mocos de pavo.
aladentrodecuello.
Luego paré
a uno de los hombres de uniforme blanco y boina roja (o ya era blanca) (creo que
entonces usaba o miraba con mis ojos en blanco y negro o solo en blanco como una
estatua frente al mar) y dije que acá nadie es mentiroso y los mentirosos no pueden hablar y
tampoco usan oxígeno porque ellos son personas que viven debajo descomponiendo el
hidrógeno pero sucede que en ciudad la canela es limón y cuando no están
en todas partes la lluvia está haciendo mucho ejercicio y de allí sacan
limón porque dios es limón. Supongo que hablé como un acusado, y
pensándolo mejor creo que ya todos lo sabían y también nadie dijo nada; tampoco
se apuraban por callarme. Añadí que esto (ese sitio) era un galpón y no la
tienda de granadas que todos creían, (querían) pero ya entonces las filas
habían sido reemplazadas por taxis o por autos de bomberos con sirenas y
árboles rojos, y entonces pensé en la caja y el cubo de acero y busqué paneles
para oprimir pero tuve que contentarme con acercarme a una mujer que era Lennon
y el de uniforme blanco dijo que debíamos pagar seissexyssadies.
Varias
personas se acercaban, y luego estuvimos delante de los parqueaderos con muchos
autos girando y eso, eso, esperábamos para salir antes de que lo hiciera el bus
azul; y luego empezó con eso de eresunmentiroso, y eso que yo ya subía
con el marlboro en la mano, pero
también pasaron quince minutos y yo seguía pensando que era un mentiroso.
Luego
miré que tres personas subían a una camioneta ford100, y subían llevando monedas de hierro en sus estómagos, eran
unas monedas que también parecían conchas, esa cosa del guayas, eso de espondylusvíalima y algo así como treintashells.
Luego
estuve viajando en la ford 100 o 101 y sería que pasábamos los 101 y no
era divertido, y tampoco entendí eso de la caja de cambios o las tres
velocidades.
Y, eres
un mentiroso.
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