mefacones
Una vez
más nos hallábamos en medio del pasillo hablando de muchas cosas, y a mí me
iluminó la idea inesperada de que yo hablaba de muchas cosas sin haber con
certeza de qué diablos estaba hablando.
A veces
creo que me reía de pura pena, o porque creía que estaba a punto de llorar y
cerca de convertirme en uno de los personajes de ¡Quérisa,cómolloramos!
¡Qué risa! dije y los talleristas daban pequeños pasos y otros empezaban con
sus giros o caminaban con cuidado sobre un círculo invisible pintado sobre el
nuevo piso, todo eso con una pintura amarilla. Alguien pasó entre nosotros con
bastante prisa y todos regresamos a ver al interior de la habitación de un modo
automático y solo reconocimos la silueta de un hombre vestido con traje. Luego
alguien empezó con eso de cambiarle los títulos a las cosas y por
ejemplo alguien dijo que si nos presentas a tus primas escribiríamos algo
llamado Memoria de tus primas tristes, y la verdad, si en lugar de cocoa y
sanduche, compartíamos ron y narcocorridos, la historia no habría terminado a
las cinco, ni en mitad del pasillo de aquel martes.
Yo quise
ser un poco distinto a como soy y por eso charlaba y decía más cosas de lo
acostumbrado, y en el fondo pensaba en eso de los orificios y la oscuridad que
lo ocupa todo, y luego pensé que nadie se daba cuenta, y seguí, y dejé de
reírme para ver el momento en que empezaría a sentir admiración por mí mismo, pero
me arrepentí y creo que fue al decir dejen de asustarme.
Varias
personas pasaban por allí, y eran como pequeños turistas que tomaban curso en
los talleres cercanos, y ellos también llevaban prisa pero luego publicaban sus
cosas, y era eso y también nuestras cosas combinadas e incluso escuché que el
taller de lenguas se había vuelto parte de los contenidos para los talleres de
aplicación, o sea que formábamos parte de otras habitaciones y estábamos en sus
fotocopias y todo era medio reversible.
Un poco
sentí que me daba rabia esto de formar
parte de algo y también sentí la pérdida de la piedra de la locura, pérdida
en peso y dije maldición, han extraído la piedra. Puse cara de ekekohina
con una gran sonrisa triste, y empecé a buscar la roca pero todo era oscuro
porque la cocoa tenía varias gotas de vainilla y todo estaba conectado. Allí
estuve buceando y encontré cosas perdidas como el primer juguete de tortuga ninja
inflable que hundí con mi cuerpo de morsa a los doce años, y también encontré
una canción que hablaba sobre un hombre que pedía olvidar y guardar las cosas y para que ocurriera se debía cerrar un
trato para que el genio no lleve hacia
donde están los perdonados.
Adentro
escuchaba cómo los otros en mitad del pasillo continuaban con sus historias
infinitas y chimeneasdickenianas, y
luego creo encontré un pedazo de carbón guardado como una pieza o una joya en
una caja de acero o plomo, o eso creí pues mi vista de rayos xónicos no estaba activada pero preferí
dejarlo para cuando cumpliera un millón de horas o para cuando bajara con el
equipo correcto, escafandra y tanques.
Luego el
resto del cuerpo seguía funcionando, y, posiblemente,
dije, debido a que ya estaba formado por demasiadas partes y sobre todo a las
continuas intervenciones y actualizaciones. La parte que había tomado control
era menos pasiva, y un poco noté que esa parte alteraba la situación para que
el tiempo se alargara, y cuando el hombre de corbata azul dijo que pasáramos
hacia lahabitación, nos aleccionaron sobre las obligaciones de los alumnos y los deberes de la familia nuclear, y
todos teníamos rostros de sorpresa y también callamos, y el hombre de corbata
azul hizo una mueca o era un intento de sonrisa, y la puerta de la habitación
se cerró y ya discutían sobre ir hacia el día miércoles y también buscar tarea para el jueves y otros
dejaron la cabeza sobre las mesas como si fuera un casco. Buscar la verdad dijo
alguien y quizás era nuevo o asistía por primera vez pero también la voz salió
en forma de burbuja, y dimos vuelta y dejamos el muro donde estaba y el pasillo
se hizo más chico, y atrás quedaron cuatro cajas llenas con carbón, cajas del
tamaño de un parlante y quizás también eran los escombros del sitio.
En la
pantalla pudimos claramente los textos de el
hombrepampa y todo ilustrado con fotografías de campo y pampa y
atardeceres, y todo aquello en esos sitios que eran enormes extensiones horizontales
coronadas por el sol, y en realidad una de esas imágenes era dos líneas
horizontales, una gris y una blanca, ambas corriendo al fondo de la imagen muy pegadas
la una a la otra, y uno pensaba que no había nada en la naturaleza insondable similar
a una línea horizontal que corre muy cerca de otra sin llegar jamás a tocarse, como
las líneas del tren.
También
unos hombres de apariencia cenicienta miraban el horizonte desde sus caballos,
y parece que el día pintaba agresivo porque debajo de sus chales cargaban los mefacones
y estos brillaban y en sus empuñaduras asomaban como ojos las piedras
incrustadas, y ese brillo era cálido, y ya caía la tarde y los ojos de los animales
buscaban el nacimiento del sosiego, y quizás eran los fantasmas de los indios
asesinados y sumado necesitaría dos millones de mefacones o un millón de pares eléctricos, pero, luego dije, o
pensé que los fantasmas nunca andaban en grupos, nunca son más de siete.
El clima le
llamaba a uno a tomar la maleta para vaciarla en la ventana hasta que todo
cayera sobre las mesas pegajosas para luego tomar el tren camino al destino más
largo, quizás uno de tres meses húmedos y cargados. Luego sobre la riel y
pegado a una ventanilla, ya sabía que el tiempo haría el favor de no volver. Pensé que primero vendrían las estaciones,
con los nombres escritos con rocas de río, luego algunas casas con la pintura
rota y amarillenta, luego una zona industrial y varias chimeneas de fábricas en
paro, eso de lo inglés y lo de victoria
y luego quizás esa vegetación desordenada con helechos como seres acuáticos y
como barcos encallados, y luego quizá las casas pequeñas y luego una que otra
granja y así durante varias horas porque al final Chile es como un moco
de pavo, y luego la noche, y luego la oscuridad y la noche otra vez que no
termina de llegar.
A.A.G.G.
Las
iniciales estaban prohibidas pero alguien dijo que el territorio es de quien lo
bautiza. Yo buscaba debajo de la mesa otros nombres y luego me quedé debajo
mirando la mesa y pensando en la
grandeza del espíritu y también en que era buen tiempo para ser un pescado y para
llenar los platos de los comensales. También hablé con una cabeza de chancho y
sus palabras eran bien crujientes, y cada vez que la cabeza decía algo, la piel
alrededor de su hocico se cuarteaba un poco, y yo pensé que debíamos llamar
para que nos trajeran unas cocacolitas
o algo de moscatelazul pero luego
pensé que todo era bien importante. Mira, me dije, iniciales.
A. A. G. G.
Repetí,
repetí en voz baja como si estudiara. Eso, para cubrir lo que en verdad pensaba,
y lo que en verdad pensaba tenía mucho que ver con dejar de convertirme en una
especie de agente triple que encuentra grabados debajo de la mesa de cualquier
lugar.
Luego
transcribí A.A.G.G en un papel y entonces encendí un pequeño monitor, y estaba
por llamar a los conocidos pero nadie sabía su significado, pero lo peor fueron
nuestros intentos, nuestras explicaciones. Sobre todo nuestra tendencia a
asociar todo con el tema de lo doble, la repetición del grabado como un diagnóstico.
Tampoco
me sirvieron de mucho las páginas llenas de asociaciones, cifras enteras y sus
equivalencias decimales, y era porque sobre la pantalla las cifras terminaban
en una E.
El orificio
tenía los muros pintados de color blanco. La luz del sol o un reflector de
tungsteno servía a los hombres de casco amarillo y así ellos tenían una idea
más clara de las dimensiones, pero también era que lo adecentaban, y ya
bastante tiempo llevaba con eso del moho; tras arrancarlo llenaba los sacos de
yute, y la humedad se pegaba en los huesos y nos acercábamos a mirar los muros que
lucían como nuevos al estar pintados de blanco, pintura que llenaba como de
nubes los pisos, y eso ocurría en los siete o nueve pisos, a excepción del séptimo,
porque sigo creyendo que ese piso no existe, pero definitivamente no en la
terraza, donde todo estaba cubierto de una capa amarilla, pero también había un
mapa colgado junto a la puerta, explicaba algo sobre las superficies que estaban
aún por pintar.
En casa
la ropa parecía adherida al ruido del orificio, y luego metí los sombreros en
una caja, y eso antes de oprimir los botones para que cayera el agua y la bomba
hiciera eso de ussssssssssssshhhhhhhhhhhhhs
hhhhhhhh
shhhhhhshhhhhssssssssshhs
hhhhhhhhhshhh
hhhhhhhh
shhhhhhshhhhhssssssssshhs
hhhhhhhhhshhh
hshs.
Luego
escuché eso de eresunmentiroso y dije algo y no pasó nada, y luego volví
a decir algo y luego me senté sobre un escalón, y todo el sitio cubierto por
ventanas abiertas al mismo tiempo aunque creo que fui a buscar mis cosas, y
creo que subía hacia zootecnia o hacia idiomas, pero también
seguía sentado sobre un escalón.
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