el jabón
ya que anoche me lavé los dientes con cloro y cepillé mi cabello con la esponja
Nada en
su lugar. Ninguna alucinación. Mis dedos eran muchísimo, bien cortos. Los pisos
de cada una de la plantas como fuera de posición, ¿desnivelados, desencajados? ¿qué
sucedió?
Quizás
llevaba ocurriendo varios meses; y como uno es bueno con los números y con eso
de contar las cosas que sobran diría que debieron tratarse de dosmil y tresmil horas. Suficiente, dije o pensé pero, y
extrañamente, el edificio entero seguía, era parte del gran rizoma gris y
alargado y de todas sus ramificaciones que en realidad eran líneas rectas como
láseres y como el golpe incontrolable de los ojos de cíclope.
Una línea
roja y el asbesto volando en todas direcciones
Quise que
dijera alguna cosa, algo sorprendente, algo similar a las frases que uno lee
mientras viaja dentro del gusano rojo (eso es el viaje de pie o arrimado), cosas
del tipo: de tu pánico y de mi tristeza se llena la sobremesa o mañana ganas el premio johnpassos.
Sé, que esas cosas viven en los baños y en los muros de lugares extremadamente
oscuros, naftalina y davidbowie a las dos,
quien sabe, hoy lo lea abajo, al hacer fila en el ATM junto al teatro UVV. También
he leído frases del tipo paúlmeamó
hastaque llegójuanpablo, cosas grabadas sobre la madera y en la puerta de
una iglesia, letras grandes, como las de un edicto no oficial, eso del desafío y
bolena y el siguiente préstamo.
Como los
muros lucían libres y pulcros y lisos como un rostro, escribí en un vértice,
donde se juntaban el piso y el tumbado y era como leer algo que se descongelaba
o se vertía, como vocales derramadas. Luego me volteé para leer, y apenas si
hacía falta girar y fácil uno observaba las enes y las virgulillas encima, todo
hecho con grafito brillante y gris, las eles alargadas como huesos y también
como si fueran los dedos de un dibujo animado, dedos que dentro de un horno
eléctrico y bajo una luz amistosa y roja cuelgan hasta el piso. Si por mí
fuera, si de mí dependiera habría esperado a la tarde para observar y contar a
los hombres de corbata azul.
¿Lo
habrán notado?
¿Los
talleristas se detenían o al encontrarse apelados rehuían la lectura?
Creo que
en realidad esperaba reacciones, como que alguien saltara por la ventana, (cuatro
cristales en un marco como cruz) o incluso (ya al borde de lo absurdo) creí que
alguien empezaría con eso de llorar buuu
buu buuu y a buscar como hambrientos alguien a quien abrazar, unos
apretones con verdadera fuerza, con toda la carne fuera y todo eso solo por
leer las cosas del muro; eso de detenernos y buscar sin buscar.
Apenas
terminé de escribir y ya bajaba uno o dos peldaños para observar la obra como
diciendo llegóelcapataz y fue que
alguien que parecía uno de los hombres de corbata amarilla,
(centrosrojoamarillos) se detuvo, eso, a uno o dos pasos, a mis espaldas. Con
una característica o personal exhalación (y desconocida flexibilidad) hice como
si nada ocurriera e incluso tras girar, (giro es agilidad pero girar no
agilitar) me permití decir algo inteligente como buenastardes subinspector… …hasta
la tarde subinspector. De todos modos luego estuve trepado sobre los
hombros de alguien, intentando girar su cuello, pero esto debió suceder al día
siguiente, al hacer fila en el galpón. Alguna cosa inesperada como imágenes o
rostros nuevos lograron entrar en nuestras retinas, o quizás se habían colado
en las carretillas supuestamente descargadas, y luego yo estaba de nuevo con
dos pisos o dos momentos similares, como un emparedado, y supongo eran dos
edificios horizontales o quizás la terraza y el basement y yo emparedado.
Intenté
encontrar la parte cómica de ser una especie de chorizo en medio de dos panes e
intenté reír pero no logré contagiarme de mi propio humor aceitoso y extraño.
Mientras sucedían cosas, ya habían volteado, y ya llevaban tiempo tomados de la
barra o del marco de y la ventana como esperando que el edificio se pusiera de
pie y quizás dando pequeños golpes o empujones para que todo dejara de
sacudirse; supongo que empezó mientras bajaba en los hombros de alguien.
También
quise decir algo inteligente para escuchar alguna respuesta tonta o poco
pensada, algo como quédíaespléndido y esoquepareceseptiembre o mássabeelhombredeloszapatos
queloszapatosdeunpescado. Supongo su cabeza estaba llena de arena y todo
era mud y quizás MB quería menos
ruido y alguien insistía con mi cabeza está ocupada y es una gran burbuja
que parece inflada por el jabón ya que anoche me lavé los dientes con cloro y
cepillé mi cabello con la esponja de la cocina.
Las cosas
sorprendentes ocurren cuando caes hacia el tumbado y observas que todos tienen
ojos y narices y corbatas y guantes blancos llenados por dedos redondos como
chorizos juris, y un estampado de los
calzoncillos rojos de mickeymouse,
uno idéntico al que acababas de doblar o dibujar o ensuciar, y entonces eso de
las camas y los alimentos en lata dentro de bolsas plásticas anudadas en la
mitad del refrigerador, y entonces te da por llevar las medias y los pantalones
planchados y de caminar sobre la alfombra aspirada, eso, y varios niños
conduciendo autos de supermercado, niños siguiéndote con las manos pequeñas
estiradas, no en fila, no sobre la acera, más bien en desorden, como abejas o
como haciendo chicas de a dos
dólares, chicas que ruedan y van
cargándose con la gente de las gradas, tipos grises y mujeres generosas
haciendo fila y guardando en los maleteros. Es
mi cardumen y la guerrilla no negocia, dennos un auto y el
tanque lleno.
Lovebuzz.
Imagino
la amenaza y un rehén (yo) al frente y atado sobre los cochecitos hich hich hich y sus ruedas y el acero pesado, eso, y secuestrado
y torturado (yinjaos) por las
pequeñas manos, dedos amenazando con hacer nuevos orificios medio en serio
medio en broma, y esas cosas de niños siendo grandes, niños con ideas claras.
El
orificio y el sitio tenían décadas de antigüedad. Al igual que yo. Se notaba la
ausencia de controles y sobre todo el abandono. Cada fin de semana los
talleristas novatos asistían y también pasaban la mitad del día sobre una
pileta que ocupaba quizás una hectárea del sitio, eso, en la parte cercana a
los hospitales y a la estación del metro. La pileta tenía un sistema que mantenía
corriendo el agua durante todo el día: pequeños chorros, cientos, que giraban a
través y alrededor de un juego de luces. En una ocasión, casi a medianoche,
algunos talleristas jugábamos y el juego consistía en mantenernos dentro, en
aquellas aguas y también la cosa era caminar o saltar sobre las luces
submarinas y luego se formaban capas y olas como pliegos o como rayón u otras
fibras. Recuerdo zapatillas flotando y también nos abrazábamos y mirábamos
nuestra orina y entonces nos abrazábamos más fuerte, el vapor salía del cristal;
era medianoche y ya estaban los taxis fuera. De lejos debíamos vernos como
bobos, eso de seguir la dirección de las luces, y eso de correr y entrar y
luego los ojos como intercambiados, luego el uno viajando en el otro.
Luego metieron
las viandas en el asiento de atrás, y todos fuimos arrinconados como detrás de
una cámara de vídeo y luego el vapor nos hacía sudar, eso, algo de ello y casi
dos años.
El
orificio seguía vivo o esperando las cajas, o como si esperara un severo y
serio choque eléctrico, como cuando futuroPrime
encuentra el cadáver de viejoPrime.
Claro,
todos pestañábamos al recordar la media noche; el agua vista al medio día, y
eso, luego de diez años y nunca volvió a ocurrir.
Ayer
intenté hablar pero solo recibí una descarga y pensé que era algo explotando, como
escuchar una vibración o algo en el asbesto. También era como si al aire apenas
le diera por perturbar. También pregunté, casi gritando, dentro de una
habitación y lo hice como si así la desmantelara; pregunté si sabría qué esperábamos.
Llevábamos
horas, y todos aprovechamos para desatender obligaciones y pronto muchos talleristas
llegaron de la mano y eso, con sus colas de pescado a medio cocer. El hombre de
corbata azul miraba, pero también pasaba brevemente las páginas de una
publicación que habían dejado sobre su escritorio, quizás una revista impresa
en los talleres B, algo que contenía eso de Lasinvestigaciones dominadas por
el recursodelaopinión y latraducción, cosas hechas para olvidarnos a pesar
de los cuerpos y sus brazos colgados o arrimados sobre las sillas, eso, y
con lápices en las manos y con ganas de cerrar y empezar pero también lo otro.
Más bien
olvidé todo y traté de formar mesa, y el trabajo giró en torno a las varias
fotocopias que apenas si abríamos. Preguntas sobre usodellatín y sobre
Girosentextos sagradosdurantesiglos XVyXVI. La verdad nuestras caras
luchaban por despegarse del tumbado, ya pegadas como si se trataran de
sombreros que acabaron de volar como en las caricaturas de Pepo, donde inesperadamente parecen empujados hacia el otro lado
del cuadro o hacia la siguiente viñeta.
Nuestra
viñeta discrepaba porque en realidad nuestras caras luchaban por parecer humanas,
o como si acabaran de despegarse de un útero y apenas se van enterando.
Preguntamos
al unísono: laveinteydos, veinteyseis, latreinta, lacuarentaydos,
y por poco logramos mantenernos cuerdos y como con las cosas en su sitio. Los
borradores de goma volvían y planeaban como avesmensajeras
y traían firmas y números en sus lomos, y yo los pasaba a mi agenda, y las sillas
(no reclinaban) nos dejaban alcanzar sitios sospechosos, ya estaba en medio de
la habitación, habían tres filas hacia tras y otros tres hacia adelante. También
resultamos ilesos y eso frente a las colaboraciones inesperadas del resto de
talleristas, otros tiraban sus fotocopias y estas rebotaban como madera sobre
nuestras mesas como sugiriendo que las resolviéramos (sus cuestionarios) eso de
solo hazlo, no preguntes y todo
cargado de hazlo bien y pronto.
Nos
levantamos y antes procuramos devolverlas, pero eso sin lanzarlas. Los demás ya
esperaban en el pasillo, el ruido era curioso, como largamente esperado. Eso
quizás solo lo imaginé, porque en realidad estuve rodando sobre los escalones y
luego flotando o sostenido por la mano de uno los fabulosostennenbaum, quién además había colocado un esparadrapo en
mi frente, algo dijo de doshacen medioverano.
También escuché que decía tu dedo apunta ¡viva Gadafi! Yo pensé, (y ya con algo
metido o colgando entre las piernas) que se refería a la música, esa canción
dice algo sobre Perdidoenmí y
quieroserunárbol porqueasívendráselsábado. Luego eso que colgaba entre
las piernas apareció o brilló en el marco de una de las ventanas, quizás en el
piso número cuatro.
Al
escuchar sus cosas me dieron ganas de salir y tomar un colectivo hasta su casa;
luego de hablar ya me imaginaba sus manos tomando el volante, o también para que
se entretuviera mientras llevaba el autobus a dar algunas vueltas sobre la
línea del tren, frecuencia que acababan de inaugurar, y eso el viernes o pasando
el pueblo de Lasso.
Quise que
tomara tres o más días subir la montaña salvaje, la giba, esa cosa a un lado de
Riobamba, y quise que todos los hombres ocuparan los vagones y que todos
humedecieran las galletas y el bizcocho en una taza rebosante y oscura de cocoa
hirviente. Imaginaba, y quería ver a hombres antiguos con los rostros zurcados
por líneas, como grandes mapas de alto y bajo relieve o como un páramo partido
por un azadón; los cuerpos cubiertos por los ponchos rojos y empolvados y los
dientes podridos ya y la galleta, cubierta por chispas pegada en las comisuras,
eso y las migas y los labios los ojos húmedos. Los miré sonriendo, y con los ojos
encendidos pero a la vez grises, y quise que en ese viaje me comieran, que
arrancaran de mis brazos y mi cuerpo, como en las historias donde una especie
de hombre sin dientes y lleno de desprecio decide ser parte de todas las vidas,
un ser irresistible; ya me veía engullido incluso por sus caballos. Luego pensé
en mecánica y un poco de sombreros y en vendajes para manos quemadas por gas.
Un cuerpo
inútil, (mi cuerpo hecho de materia inútil como palabras y signos de puntuación
saltando por los ojos) sólo serviría para dar pie a la teoría del monolito y ya
veía monitos con quijadas partiendo cráneos sin piel. También los veía reírse
con todas las ganas.
Mientras
subíamos la montaña, (y eso era de un lado lacosta
y del otro elcañar) miraba uno de
los muros, cerca del agujero, donde aparecían las frases que ya me conocían…
…duró
mucho menos de lo que esperaba; y fue en silencio o en medio del ruido mientras
sorbíamos la cocoa.
Luego el
monolito se dirigió de un impulso hacia el sol y luego lo traspasó como un
dardo a una tira de queso amarillo, pero antes nos acercó al sitio, y yo miraba
el agujero y luego la piedra siguió hacia el sol, o ya venía de regreso, y leí
de nuevo eso de eresunmentiroso.
Salir a mitad de la terraza amarilla.
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