6/12/10

El amigo Igor

Nada era importante, osea, a todo le decía que sí.



Igor era seriamente parecido al personaje que Andrés había formado en su cabeza. La imagen que él había elaborado a base de películas y personajes de la televisión era la de un hombre adulto, 30, quizas 40, algo en su rostro apenas sugería un promedio, de contextura gruesa, osea, un cuerpo gordo, entre atlético y pasado de libras, como el de un boxeador que ha dejado de entrenar pero que no ha perdido la contextura, o los años de levantar pesas y golpear sacos. Este Igor que Andrés había imaginado además de grueso era también alto como un mandril, con los brazos colgados a cada lado del cuerpo columpiándolos como si llevara una soga en sus manos como balanceando el cuerpo, como si el caminar y mover toda esa grasa fuera un trabajo arduo, al que se ha ido acoplando o quizás también resignando, algo en sus continuos descansos, entre levantar una caja y tomar gaseosa de naranja deja entreveer un frecuente cansancio.
Este Igor que había imaginado Andrés Cronm se parecía demasiado a la imagen del hombre gordo, lento y calvo que había visto en algun programa de televisión. Era exacto, un tipo gordo, alto, de cabeza rapada pero alejado a cualquier determinación o prejuicio, es decir, era un prototipo de hombre. Su hilo de voz no se acomodaba al tamaño desproporcionado de hombre que vagaba a través de la fábrica con un balde de trapear en la mano, su hilo de voz antes de grave y determinado, es decir, antes de procurar regalar seguridad, o en todo caso incomodar al oyente, tenía más bien una graduación que antes que incomodar resultaba inofensiva, es decir pasaba por desapercibido. Igor, en todo caso, prefería mantenerse callado, es decir, cuando habían charlas con los jefes o con los más viejos de la fábrica, aquellos que habían entrado limpiando pisos como nosotros, era un tipo silencioso, lo que no es lo mismo que tranquilo. En una ocasión en que Andrés tuvo que doblar el turno, mientras fumaba un cigarro, cigarro que le provocaba un placer cercano al de dormirse fugazmente en un baño turco, observó con simpatía como Igor descargaba una serie de jabs contra un pobre saco de aserrín que se veía notoriamente no aguantaría colgado un minuto más. Ese Igor, de voz aguda como pasada por un hilo de teléfono a través de una emisora de amplitud modulada, de cuerpo grueso y movimientos lentos con la cabeza rapada, quizás por medicación o tratamiento capilar, parecido en todo caso al Igor de las series de televisión donde Igor es un extranjero tonto al que todos usan como chivo o al que cruelmente todos usan de broma cuando la tarde parece una esponja salada y grasosa, ese Igor es ahora a quien Andrés estrecha la mano porque en realidad es el único en la fábrica que soporta de alguna manera, con un eco fino salido de una zapatería rancia de provincia los errores de Andrés.
De regreso el camino se hace más corto, al ipod se le termina la batería y el pasaje alcanza hasta el seminario, de ser cura me habría acostado

El sonido parece excesivamente alto. En otros medios de transporte, aéreo por ejemplo, esto no habría pasado desapercibido. La persona sentada a mi lado, en un tono de voz interesado me habría dicho: cuide sus oídos, mientras reabría su periódico y una azafata vestida de rojo y medias negras cruza una mirada culposa que miro, retengo pero no devuelvo. La misma persona, habría dicho en un tono de voz grave

21/11/10

Avenida de los Libertadores

Cuando papá se enoja levanta la voz y aunque evite utilizar palabras fuertes su tono suele ser anormal, mi padre usa un tono de desprecio. Esto lo comprende mamá y eso es fácil de entender ya que ellos llevan casados cincuenta años.
Papá dijo que si yo le hubiera hecho caso ahora no tendría los problemas que tengo además de los que vendrán. Hace diez años yo cursaba el último año de bachillerato en el colegio salesiano. Mis notas no eran muy buenas por lo que esperaba luego de la graduación vagar durante algunos meses antes de iniciar la universidad, la cual no me atraía de ningún modo. Después de la graduación, a la cual asistí impecablemente trajeado, mis compañeros y sus padres organizaron reventones que duraron varios días. Andrés, que era mi único amigo del colegio, me sacó de una de esas madrizas en hombros y semidesnudo. Al parecer luego del baile organizado por el Toño Ricaurte, las cosas habían ido cuesta abajo, lo que me involucraba en dos peleas, una sala incendiada, pérdida de documentos e incluso el enfrentamiento con un uniformado. Al uniformado, un tipo grueso, con antebrazos de boxeador, luego de un frenazo le había hecho notar que en una esquina donde no existe señalización, se da por entendido que la preferencia la tiene el automóvil que se desplaza en el sentido norte-sur, cosa que él no practicaba, razón por la cual, frenamos dramáticamente, con el resultado de asientos mojados y botellas rotas. Sin soluciones a la vista, observé como el uniformado intercambiaba comentarios con un tipo extraño que lo acompañaba en el asiento del copiloto. El tipo extraño, visiblemente nervioso parecía pedir que lo saquen de allí, tapándose el rostro, pues el sol era recalcitrante. Casi sin pensarlo, me atreví a decir que por las dudas le preguntemos a un oficial que acababa de ver, oficial que por cierto no existía, la calle estaba vacía, al igual que los locales, pienso era la hora del almuerzo. Al parecer esto intimidó al militar que prefirió pagar, invitándonos cervezas verde y una botella de tequila Los salvajes. También le hicimos comprar varias cajetillas de Philip Morris.
Antes de irnos, quise saber el nombre de aquel militar que no había querido enfrentarse a un grupo de mocosos que a simple vista habían estado bebiendo y que para más referencias no cargaban documentos. Gallegos, dijo el militar, Gregorio Gallegos, al tiempo que extendía la mano como un amigo, o como un socio con el que acabamos de intimar.
El cristal hizo un ruido seco, seguido de un eco, como cuando un corcho se desprende con velocidad de una botella de champagne. El uniforme se tiñó de un rojo oscuro y parecía más una franela húmeda, un pedazo mojado de terciopelo. Los muchachos me escondieron durante varios días, mañana, quizás me dé una vuelta o me matricule en una universidad.

18/11/10

Nadar con los ojos abiertos

Lo primero, siempre lo primero. Él toma una carpeta, busca un esfero, sobre la mesa, sobre la carpeta. Piensa en un tema, el desarrollo del tema, motivos, razones, pruebas. Antes incluso, ahora, cierra paréntesis. Los abre, carpeta, posición, muchas bajas. Plaga, diagnóstico, basado en. Él estornuda, millones como lenguas, sobre la mesa la carpeta, sobre la mesa él, razones, polémica. Él estornuda, él se cubre, el se escucha, él una manga, otra manga, todo el saco.

Mientras decide de que escribir, él, hace un repaso. Autores bondadosos, autores desertores, la bondad es desertar. Piensa en Fernández, lo pronuncia sin tildar, piensa en Escobedo, la rima está fuera de lugar, piensa en Murakami, trabando, trabado, tragando, piensa en Archimboldi. Naturalmente fuera hay un tratado picoteado por polillas.
La lluvia afuera cae con fuerza, lo que motiva a cambiar de radio: la ciudad moderna que un día quiso ser capital. En su mayoría mansiones, el siglo es comúnmente confundido. Se confunden, mitad de cemento, mitad de vidrio. Insomnes, mitad de luna, mitad de tungsteno. Observar desde casa, bolsa blanca, escoba, muerte, elección. Vivir de memoria. Envejecer, en el fondo, junto a cada pez.
Antropos descansa, debajo un árbol. Es probable, nos vemos en quinientos años. Estatuas, palomas cagadas cagando piojos; la rama y el olivo, semáforo, cono, un submarino hundido al que le pueblan algas el cabaret de los peces. Bajo la premisa Llosa fotocopiado, cientos, adictos, carne de Houellebecq, quimio para Viterbo, agujas bajo el brazo, bajo la consigna de desconfiar, como barcos, mar oscuro, sobreviven todos, en el fondo hacen boom. Sobre lomos el nobel, veinticinco nobeles de fuerza, los libros a flote, la profundidad, Bolaño, la ciénega, el zumbido; el pueblo de los hombres gordos, su destino, convertirse en abismo. Abajo, bajo señales de sendero turístico, perderse, sera posible perderse, serán más las dudas, abajo, a lo lejos, en apariencia extranjero.

Aléjate, en pantalla, en degradé. La habitación también taller. Bultos como viaje. Afuera la lluvia, ya nada.

Él describe secuestros. Bloqueado, un rostro. Sin ojos, de perfil otros ojos, recuerda dice ella, un hombre y una mujer que no recuerdan sus nombres. Escribe, tiene manos, buen culo, tiende cada cama. Ojos, piernas, cama, culos. Nombres, en cuaresma, bajo el código de la culpa, con permiso, otra vez de culo.
En el relato y en la vida real él se sienta frente a ella en una mesa vestida con un mantel rojo. Ella y él también visten de rojo por que lo que parece que se han cubierto con el mantel. Sobre la mesa hay café, panes de yema de huevo, arrope de mora y un queso amarillo del tamaño de un plato. Eso en el relato. En la vida real ambos toman chocolate mezclado con unas gotas de ron.

Muy bueno el café dice él después de servirse tres tazas. Ella, que va por la primera, deja la taza humeante de café, y se levanta de la mesa. En la vida real ha comido un pan, en el relato, ella lo llama Gay.

Gay, ven a ver, Gay, tienes algo que ver.

En sus manos Lautaro, voy, tu trae sal. Choco hace miau. Lautaro hace miaur. Andrés es a Gay, lo que Anna es a, fuera, pijamas, Él hace miau, ella dice ya nada, tanta casa para nada, ella lanza sus medias, en la vida, en el relato, Lautaro hace miaur, voy dice, y se fue a volver.

La función

Ella apura la subida al vagón. Él, antes de sentarse la mira de reojo, y con un gesto la invita a acercarse. Ella dobla su abrigo, lo coloca sobre sus piernas y en silencio apoya su cabeza sobre el hombro de él. El metro parte y en teoría el viaje no debería tardar más de quince minutos. Él enchufa un auricular en el oído derecho de ella mientras conecta el auricular más corto en su oído derecho también. El vagón antiguo y hecho de madera se agita a cada lado en intensas sacudidas sobre todo cuando el metro a alcanzado una cierta velocidad, cuando ha llegado al climax permitido entre una y otra estación. Ni ella, ni él se mueven aunque él de vez en cuando es observado fijamente por una mujer adulta, quizás de unos sesenta años. La estación en la que el metro se detiene se llama Piedras, un letrero hecho de porcelana indica las escaleras de salida.

La siguiente estación en teoría es Lima, pero al no haber conexión el metro no se detiene lo que le da una cierto impulso e incluso deja notar el buen estado de la máquina. Él consulta su reloj y no puede dejar de sentir una cierta culpa, e imagina la fila, los asientos, el silencio y la primera escena. Como si ella lo estuviera escuchando dice nos queda la función de las cinco y media y él piensa en la librería y el dinero que no puede gastar. El metro se detiene en la estación Rivadavia donde se baja la mujer adulta de sesenta años. Entonces compraremos los boletos dice él.
Las estaciones Gardel y Abasto se suceden casi inmediatamente, como en un sueño, y en segundos ellos se encuentran afuera, quemados por la fuerza del viento. Ella desdobla su abrigo mientras él coloca el paraguas bajo su brazo. Él, la ayuda a colocarse el abrigo y ella se toma medio minuto hasta sacar la bufanda de la mochila. Está noche habrá tormenta repite un periodista y a él, ese hombre de la televisión le parece una cara conocida. De pie sobre la escalera eléctrica, él recibe un aviso como un flash en la sien, duro como una broca invisible en lapsos rápidos y repetitivos y otros pesados como un martillo.
Mientras ella le hace preguntas, y él intenta recobrar el sentido, sobre un plato transparente, un postre de tres leches es decorado con caramelo.

4/11/10

Estábamos en medio de un teatro?
Cuando Draco Rosa sacó aquel disco con ese absurdo nombre pensé que Draco había perdido para siempre ese sentido artístico o lo que es lo mismo el buen gusto para adentrarse en temas menos importantes o lo que es lo mismo bastante más populares. Su disco El teatro del absurdo me pareció un disco de pocas luces y sobre de todo de un titúlo por demas ridículo. Robi Draco Rosa ha grabado éxitos impresionantes como... en realidad sus temas los coreo cada vez que los escucho y sin embargo me es imposible recordar los títulos, acaso es una

Sus luces eran muchas, ella podía sonreir con la misma facilidad

Ella estaba llena de ventajas, la mayoría envidiables pero sobre incomprensibles

Ella poseía ventajas que la hacían

Sus ventajas

Martín era un tipo despreciable. Nada había en su rostro que lo delatase, de hecho, quienes apenas lo conocían sentían por él la misma simpatía que se siente por aquellos animales que han sido abandonados a su suerte, por aquellos seres a los que se les permite dormir

Hay acaso algo más despreciables que saberser

El tipo era despreciable. En eso estábamos todos de acuerdo,

Ambos pedimos fanta. Ella pidió una fanta, dijo que siempre había sido su favorita. A mí la fanta me gusta con vodka dije, ella medio hizo una mueca, medio quiso sonreir. Sentados de frente al mar tomamos nuestras bebidas, mientras ella sonreía sin motivo alguno, quizás sonreía porque


27/10/10

A la radio, como todas las noches, la dejé encendida. En esa habitación me sentí diminuto, como si de golpe, mis brazos y mis piernas se ahogaran entre montañas y mares de almohadas y colchón, como si la radio aspirara las paredes o como si un hombre enorme inflamara las paredes de una casa que no era más la familiar, como si de golpe el nuevo dueño se apoderara de ella y de todos los que aún vivíamos bajo esos techos.
La radio reproducía canciones en inglés, viejas que como manchas jamás fueron borradas de la memoria o de lo poco que quedaba de ella. Como
A mí la verdad no me interesa nada de la vida y no miento ni intento ser interesante del tipo, soy distinto, a mí lo que me interesa ya me ha llegado y por consiguiente puedo decir yo ya he vivido.
El que siga contestando sus cartas responde a un cierto estado que me produce el saber alguna intimidad de ustedes. El que me tome mi tiempo para leer su correspondencia no es otra cosa que una respuesta al conocido placer de fisgonear. Meto la cabeza donde no me han llamado cual rata pequeña que cabe perfecta en la palma de una mano. Sin ninguna culpa puede contarles lo mucho que me he reído cada vez que alguien pronuncia mi nombre sin la debida seguridad del caso o lo que es más común todavía, cuando alguien usa alguno de mis diminutivos. Yo no elegí como llamarme y como muchos jamás he elegido, como mucho he levantado una mano
La bala tardó cinco segundos en llegar a su frente. Como en un comic las imágenes se fueron sucediendo una encima de otra, primero la detonación, apuradas, pacíficas y explosivas, rojas en cualquiera de los casos y es que al mirar a la muerte cercana, vestida de venganza,

Desde el asiento de atrás observó con cuidado a su tío Marcelo. Con cuidado casi sin respirar, al igual que unos minutos atrás cuando su tío sin apagar el cigarro entró en ese edificio lleno de estatuas, donde varias personas intentaban conversar haciendo preguntas con las cámaras adelante mientras el chico apuraba el paso y los hombres con micrófonos y vestidos con trajes negros lanzaban frases que nadie contestaba como en una red que intentaba atrapar la atención de aquel hombre que visto desde ese lugar podía pasar por una estatua de piedra de acero. Desde el asiento de atrás el niño estudiaba a su tío y comprendía que

El hombre cubrió con su sombrero el rostro, mientras con la mano libre empujaba a las cámaras que se interponían a su paso. La preguntas venían de todos lados

El temía, más que a la sentencia, a los periodistas. Imaginaba cada una de las preguntas a las que se enfrentaría y él, sin rencor y con profundo orgullo contestaría que fueron 30, sin contar claro con las bolivianas, que esas eran parte de otra lista.

No puede ser tan difícil pensé, posó para algunas fotos, contesto algunas de sus preguntas, lanzó frases sueltas como dardos cargadas de acusaciones que auqnue fueran falsas explotaran como ácido

No puede ser tan difícil pensé y ese pensamiento me acompañó durante los siete meses que duró el juicio. Es cierto que todas las noches observaba con nitidez su rostro y también es cierto que era imposible que como si estuviera acostado junto a mí, en esa cama de 1 plaza,

No me atraparan

Las duchas de las niñas estaban separadas de las de los niños. Un dibujo clavado en una pared de baldosas blancas lo indicaba a través de dos flechas que también eran blancas.

De la pared colgaba el cartel que diferenciaba la ducha de niñas de la ducha de niños. Mi sueño era estar en la ducha de niñas

Por unos pequeños parlantes salía la voz de Gilmour y en ese lugar de baldosas blancas, la música, que nadie había puesto rebotaba como una pelota de ping pong. Dentro de la piscina los niños hacían piruetas, algunas en extremo difíciles como caminar con las manos en vez de hacerlo con los pies, maniobras que por otro lado eran permitidas y además aplaudidas, los padres de esos niños además de los vasos de limonada que sostenían en sus manos utilizaban cámaras y otros artefactos para detener, en uno de esos álbunes que reposan empolvados en las mesas de algunos hogares, las instantáneas de cuando alguna vez tuvieron hijos. Además de los padres, un hombre de pantaloncillo azul ocupaba su tiempo en dar órdenes e indicaciones que muchos de los niños a veces ejecutaban, como salir de la piscina y esperar al sonido de su silbato para entrar. A pesar de ser solo un curso para niños el hombrecillo de azul se tomaba tan a pecho su trabajo, como cuando trabajaba de instructor en el ejército nacional enseñando a sus alumnos las técnicas preferidas para ejecutar maniobras de buceo. Los niños que nada tenían de militares observaban a las niñas que aunque en menor cantidad asistían

25/10/10

The lost art of keeping a secret

Ella decía amarme, mientras, me daba las espaldas y volvía a su trabajo o a sus tareas de compositora. Sin embargo, a qué venía el que ella me declarase su incondicionalidad? No recuerdo haber conversado de temas tan trascendentales, más bien tengo grabadas palabras como inútil, lávate los dientes! o ve a comer algo! bueno, más que palabras frases enteras, más que frases órdenes directas que de haber sido golpes me habrían dejado boca abajo con la cara partida y miles de dientes corriendo alrededor de la alfombra como niños en un parque o como conejos decapitados. Al reordenar mis ideas la encontré de espaldas retocando unas fotografías, -esa es la última imagen que poseo de ella- momento en que aproveché para levantarme y dejando el edificio dejarla mientras ella pronunciaba palabras sueltas y el ipod reproducía Washer; canción de la banda Slint que como sacada de una banda sonora acompañaría mi huida y mis posteriores abandonos.

Ya en la calle encendí un cigarro, miré el horizonte y escuché el sonido de cada uno de mis pasos. Habían pasado casi tres años desde la última vez que caminaba sola, así con una mochila a mis espaldas y sin el compromiso de tener que parecer interesada o amarrada a algo. Fue extraño, en cada cuadra había un hombre que me obsequiaba flores. A mí las flores me gustan, es más, hoy he decidido, tener una casa con jardín.

24/10/10

La imaginación de las sombras

Sentado bajo aquel manzano, la figura de un mundo distinto -donde me tocase un pedazo de la pequeña torta que hace rato se habían partido- era más que un deseo, una verdadera posibilidad. De no haber creído firmemente en un orden superior, las tardes en que esperaba a que ella cruzase frente a mí, las hubiera aprovechado estudiando las materias que aún desconocía con la sapiencia de mis amigos y de aquellas personas que -a pesar de no ver- me consideraban un personaje digno de alguna confidencia. Incluso, esas tardes en que esperaba que ella cruzara frente a mí, las pude haber gastado en aprender a tocar un instrumento, ya que la música -y todos sus productos- lograron con el tiempo salvar irrecuperables vidas. Sin embargo, todos los esfuerzos fueron inútiles. Cada día creía con mayor seguridad que mi lugar en el mundo ya no era ese bosque, después de todo en él había nacido y por un efecto de proximidad éste me pertenecía o por lo menos tampoco intentaba desalojarme. Con ese bicho de la exploración, intenté comprender cuales eran los beneficios de ser un producto de los dioses o por el contrario convertirme en hombre y por extensión en mi propio dios. Aquella mañana, dejé para siempre el paraíso, mientras, Eva con una costilla, hacía parar un autobus.
El cuerpo había crecido. Quien antes era un punto, pequeño, lejano e insignificante, ahora ocupaba varios asientos, manejaba, con su cuerpo adentro un trailer y comía sopas con palas y en barriles de combustible

20/10/10

Boom

El año: ¿era 1971, o 1984?; revisé el calendario, quizás al aterrizar tomaron mis documentos, quizás sea mejor el procurar parecer adelantados, como en una canción, vivir sin fechas y sin planes, invisibles, como tiburones domésticos; 1974, creeré en un día, mejor, crearé un onomástico, creeré que soy un empleado, que trabajo en una feria ambulante, que ya no soy invisible, que manejo un lotus, que salgo en la tele, que me he vuelto heredero, que viajo en el asiento del medio. Sí, que escucho caribe, que veni, vini, vici.

Dentro del taxi él, adelante yo; dentro del taxi el chofer. Dentro parecer molesto. Dentro lejanos, hartos como en una película de bandidos.

El taxi avanza. La ciudad, deforme masa gris. Hay calles de un solo sentido. Cops no cops, bares cada dos casas.

La dirección. El taxista exige pago. Él saca arma. Yo aparento. CrasH, PaW. 14h00. Su primera vez. DoW, sangre, mano, posible desmayo. Él no suele reír, su sonrisa es la de un chacal.

19/10/10

La playa

Las uñas golpeaban su rostro. Letargo. Esquirlas. Bunker de músculos, puerta bloqueada, desayuno!, posible hombre amarillo, huelga de jamón, tomar ducha, vivir hambrientos.

Afuera, en los parqueaderos, la lluvia lava los autos desde la madrugada, es posible que llueva incluso la mañana. Gente armada con sombrillas, gente uniformada que recibe a gente en shorts. Los deportes de verano reducidos a una mesa plástica, a dos palmeras, una hamaca y un set 6-6, vía aero digital. Café, para mirar hamacas en la teve. Mamíferos sueltos, desatados, metiendo sus narices y sus patas. Perros, húmedos, desinflados, metiendo sus patas, buscando entre las sobras. Perros desplazados en grupos. En un parqueadero un partido improvisado. A pesar de la lluvia hay grupos que se dedican a alentar a sus equipos.

Él, que ahora descansa con el cuerpo desnudo, sentado sobre un sofá negro, duerme o pretende que así lo hace, aunque de vez en cuando, él suelta sonidos parecidos a un ronquido. Ella, que continúa sobre la cama, disfruta de verlo acostado aunque recuerda estar molesta y cambia de lugar su mirada. Con su mano explora entre sus piernas e imagina que bucea con gafas, con un tubo esnorkel. De no ser por el sonido que sale mínimamente de entre sus labios, y los imposibles ronquidos de él, ambos escucharían el rumor de bar que se filtra por los pasillos de ese hotel. Gente masticando camarones, sorbiendo gaseosas, mezclando café y leche dentro de pequeñas tazas blancas de porcelana, con pequeñas cucharas doradas como las que reposan sobre una bandeja con ruedas junto a un pedazo de sandía y un hueso de aceituna. Escucharían a una banda de jazz, abundante como es el jazz de salón, al jefe de meseros dando todas las pautas, delegando la atención de cada mesa, de cada familia, a unos niños masticando su primer pulpo y a su padre recordando el nombre de aquella canción, . También se escucharían los naipes de una partida imposible si no fuera por la estática de un televisor que nadie ha decidido arreglar. Ese ruido recuerda viajes llenos de sal, islas, pantanos, cuevas, fotografías, a un hombre haciendo equilibrio, unos labios quebrados por el mar.
La televisión lo despierta a él y en ese momento él decide dormir de verdad. Entonces para dormirse comienza a cantar una canción pasada de moda, ella que detesta esa canción por decir algo, lo invita a él a callar.

4/10/10

A propósito de Jack Nicholson

Si usted está en casa es porque detesta estar en la calle. Si usted está en la calle es porque usted detesta descansar en su cuarto. Si usted está en la calle y ama tragar humo es porque quemó ya toda su cuadra incluídos vecinos, mascotas y supermercados.

Si usted tiró piedras, tranquilo, es mejor romper un par de cabezas, llenar charcos y mostrar el pecho; después de todo el sol brilla para todos y una piedra suele ser más fuerte que un casco, que una bala de fogueo y que una nación. Si usted es quien recibe la piedra , aunque también sea un error y por supuesto algo injusto, no olvide agradecer. Una piedra es más poderosa que una crítica, que un argumento y esto no solo ocurre en nuestra casi decapitada nación; de piedras y de balas está plantado el jardín y al parecer todos somos unos nuevos y ricos sabios. Si ve una cabeza rodando por una cuesta, recójala, es la cabeza perdida de la decencia, junto a ella deben estar los brazos del orden justo debajo de un puñado de decadencia.

Pero no olvide lanzar las piedras, después de todo usted tiene derecho, solo le pido mire bien a quien apunta; espero recoja varios sacos, recuerde que mientras se olvide usted comerá estofados de megalomanía.

1/10/10

Las calaveras de Górgory

En el baño se escondieron todos los empleados, vestidos con chalecos rojos y con su nombre colgando de su pecho. Hasta ahí llegaban los ruidos de los ventanales rotos, de piedras arrojadas, de palabras groseras y de disparos. Disparos que parecían salir de varios tipos de armas y gritos que parecían venir de un puñado de adolescentes, como si fueran muchachos reclamando en un partido de fútbol.

Los policías se miraban entre ellos, colocados sus cascos y apoyados en sus metralletas. El cielo, absolutamente despejado reproducía los ecos de motocicletas y bombas que explotaban en los pies de civiles, otros policías y varias autoridades. A pesar de tener la orden de aterrizar, y a pesar de los amagues, cada intento del helicóptero por acercarse a tierra era saboteado mientras el gas descomponía a todos los involucrados.

En la habitación de una casa antigua, los candidatos a encuestadores respondían un cuestionario de 25 preguntas mientras la grabadora reproducía una ópera de Wagner. La canción, aunque ideal para el momento, desencajaba del todo con el clima de la casa. En las otras habitaciones que también eran aulas, se repetían frases como tell me who you are, y solo el esfuerzo constante te permite alcanzar tus sueños. Los vasos llenos de agua se posaban sobre los escritorios mientras el sol de todos los días encendía las paredes de aquella habitación.

En las sombras el grupo respiraba casi al unísono. Los ruidos de afuera ya no eran de disparos, eran mas bien como si un masa de insectos, hambrientos y de nueve patas carcomieran el techo, las paredes y los suelos, como cuando uno duerme en la selva, o como una madriguera negra de ratas negras que bajo un puente deboran las heces, las piedras, las bases del puente y al puente mismo. El grupo de delincuentes mostrando orgullosamente su pecho, saqueaba a dos manos el almacén, las cajas y los cajeros.

Un chaleco igual a los que usa la policía salvó del impacto al primer ministro. La comitiva, herida y confundida era fotografiada por reporteros y otros especialistas. Al igual que varios de los policías que lanzaban ataques, retratados en primeros planos tras el zoom de una cámara que horas después terminaría incinerada como los micrófonos y los televisores de algunos televidentes. En ese caos donde se midieron varias fuerzas, el presidente salió protegido, casi arrastrado y visiblemente indefenso.

El encargado del departamento de entrevistas observaba los esferográficos de las personas que rendían el examen. Materia aprendida la tarde anterior y preguntas conocidas fáciles de contestar. Luego de cinco minutos, Andrés llevaba contestado el 98 por ciento de su cuestionario y sentía, luego de dos años, un sueldo, una afiliación y un posible regreso al plano productivo. Era jueves, 30 de septiembre de 2010, Escuela de Idiomas y aprendizaje, fundación jóvenes sin límites.

11/9/10

Esc. 160

Que si la prefiero rubia o con el cabello corto? que si me excita su cuerpo, que si la deseo todo el tiempo? que si tengo algo que decir o incluso hasta una opinión?

Omar contaba sus calamidades cada vez que peleaba en casa. Llamaba con intensidad al teléfono. Timbraba varias veces, las llamadas se perdía en el centro de otras llamadas, mensajes de texto cada cinco minutos, mensajes de voz que repetían frases de asómate, estoy en la zona.

De lejos observaba a Omar levantar su jarro amarillo mientras masticaba con intensidad puñados largos de maníes. Entonces prefería dar una vuelta a la manzana, hacer tiempo meditando, aunque ya todo era predecible.
Me quieres, no me quieres, me quieres no te quiero pues chugcha, repetía Omar en un tono que parecía querer sonar irónico, me quieres, no me quieres mientras la cerveza se corría por la mesa y los golpes caían sobre Marcos y sobre mí y el bar nos expulsaba y la próxima semana regresaríamos como siempre ha sido aún con las advertencias y con Omar jurando vengarse del guardia como si el guardia tuviera la culpa como si acaso no existiera otro bar.

Marcos miraba la escena, algo habitual para él siendo su mejor amigo Omar. Yo buscaba el auto y al encenderlo me dí cuenta que me había olvidado manejar. Cerré los ojos hasta cuando un hombre de gorra me preguntó algo y entonces me sentí perdido. Tráeme una club le dije y reí más por nervios mientras intentaba tomar algo con las manos en caso de necesitar aturdir.

Marcos tomó el volante. Parecía una figura de bronce. Camino a otro bar, dejamos que el ruido de la calle llene la cabina del SJ. Un festival itinerante de cine proyectaba una película chilena sobre una pantalla que no era más que una pared en blanco. Con el SJ parqueado y con las ventanillas bajadas dejamos que las voces del cono nos consolaran, como a tres pequeños mutantes. El blanco y negro hacía más digerible los ronquidos de Omar. Un colombiano tocó la puerta y ninguno de nosotros le dió razón. En la película dos niños conducían un auto sin documentos, aunque no los necesitasen ya que manejaban dentro de una urbanización. El colombiano tiró unos papeles y yo le tiré unas monedas, los niños en la película estacionaban su auto con verdadera maestría. El teléfono de Omar sonaba, seguro era su esposa.

Mejor se queda en mi casa

Fuímos al Rod joy y dejamos a Omar bocabajo. Quizás debimos haberlo bajado.

10/9/10

Algo de lo que te puedo hablar con mucha naturalidad, dijo, echándose hacia atrás, es del origen de la muerte.

Un hombre sano debe primero contaminarse antes de considerárselo un muerto. Una contaminación suele suceder en un espacio habitado, por ello es necesario que nuestro sujeto deba exponerse a un ambiente promiscuo. Una sodomización sin la debida protección como acostumbraban los antiguos griegos suele ser el lugar ideal para pinchar con una primera muerte. Sin embargo y a falta de personas dispuestas a ese tierno ejercicio bien puede ser útil el frecuentar, las calles o mejor aun el parque del barrio. En estos, la fauna de dealers, yonkies y prostitutas suele acomodarse a las necesidades del sujeto quien, sumido en sensaciones de miedo y excitación correrá a casa de alguno de sus amigos y al timbrar escuchará que por los altavoces una voz de hombre pero algo afeminada le invita a pasar, expresándole lo mucho que lo estaban esperando. Este primer encuentro servirá de abrebocas o pequeña muestra de lo que aprobamos o respetamos.

Un hombre correcto suele ser noticia en un periódico. Un hombre honesto suele pedir permiso para respirar. Un hombre muerto puede cegar al más correcto de los hombres. Un hombre muerto no necesita respirar. Luego de aquel abrebocas queer y lésbico y mágicamente maquillado, el sujeto, desprendido de sí creerá haber tomado las llamadas riendas de su mal llamada vida, y crecerá tanto en amigos como en vicios. A cada nueva noche nacerá un emperador y se quemarán iglesias de la mano de viejos con aliento a tabaco. La casa será cualquiera donde haya una letrina y la cama será aquella donde lo alcanze la borrachera. Nada más saludable


La marea

Su cabeza giraba y el cuello terminó desatornillado mientras su frente inflada como una empanada recién tirada al aceite lucía tambien brillante y llena de sudores. Los ojos en blanco, la boca semiabierta con la lengua afuera, jadeando, seca, sin ánimo de respirar ni de soplar , escena abyecta en el asiento 16 de la penúltima fila de uno de los tantos colectivos que aún no acostumbraba a coger.

El controlador experimentó una sensación molesta pero al escuchar a su chofer volvió al pasillo a empujar e malestar pero rápidamente recordó un caso parecido y se puso alegre, tanto que rió con gracia junto al chofer, la dos filas de adelante y los siguientes pasajeros que fueron entrando. Un controlador jodido que seguro se arrodilla frente a las estampas de vírgenes y Jesucristos pidiéndoles de favor lo hicieran más guapo. Rápidamente abrió la ventanilla y los pasajeros del fondo reclamaron la violencia del viento. Un despelote entre el controlador y la gente del valle se armó hasta las siguientes dos paradas donde una señora bajó maldiciendo a las que jamás le entregaron su vuelto.

Estás bien?
(murmullos o sonidos graves)
este man está cadaver, algún doctor o aprendiz de enfermero?, fresco man, respira despacio nomás

Al hombre calamitoso se le habían caído las monedas y varios pasajeros agachados recogían el botín. Algunos, los más, hicieron una vaca general con el dinero del suelo y lo guardaron, sin contarlo, dentro de la mochila del hombre. Adentro, donde sí buscaron, se encontraron manzanas, cintas de video, un libro de arte japonés, fotografías de porcelanas, una memoria usb, cuatrocientos dólares y una caja de cuero con medicinas para ser inyectadas.

Pasaje, los se quedan en el puente 6?

El vendedor de turno esperó al siguiente bus.

8/9/10

Morice

La calle se transformó en avenida, la avenida en río y el río en mar. El mar que parecía hambriento cortó por la mitad la autopista, sumergió las casas, a los edificios, a las iglesias que como submarinos salían lentamente a flote, mientras los fieles gritaban palabras tan minúsculas como las conchas que se desentierran en la arena. Una segunda ola cubrió el bosque de una espuma café, dejándolo limpio como un rostro recién afeitado.

Los mayores discutían los problemas de un rescate por aire. Otros preferían la seguridad que les daba el refugio a 500 metros de altura y de hecho pensaban quedarse hasta cuando bajaran las aguas. Nadie hablaba del alimento ni de el líquido vital que haría falta hasta cuando un niño dijo, mamá tengo sed. Tampoco hablaron de la falta de equipos de comunicación y era increíble que nadie portase un aparato celular. Nadie a excepción de Morice.

Morice era un tipo extraño al que las madres veían con recelo y los hombres con la gracia de lo que se entiende por cómico. Daba igual si Morice vivía o dibuja círculos, nadie sabía como había llegado a la ciudad, aunque de hecho, entre los sobrevivientes no había uno que conociera al otro. Cuando uno de los hombres lo invitó a que se uniera, Morice que miraba fijamente al mar, tomó el teléfono y sin dejar de mirar al mar extendió su brazo mientras una tercera ola cubría por completo el refugio y a todos sus supervivientes. Entre gritos se escucharon maldiones al alma de Morice aunque todo era confuso ya que el agua no tardó un segundo en llenar y reventar esa habitación. Segundos antes de ahogarse cada superviviente recordó su nombre para repetirlo como mantra, mientras quienes no podían poner su mente en blanco daban manotazos torpes, confusos y violentos como cuando uno toma un colectivo en los valles de Quito. La ola se los llevo a todos de manera gratuita ya que ni la ciudad, ni las montañas habían pedido la presencia de ese mar tan apocalíptico y destructor. Cuando el mar alcanzó el oriente ya los satélites fotografiaron la destrucción de casi la mitad del continente, lo que era una destrucción incomparable, de hecho la más grande en la historia de la tierra además de la del meteorito que destruyó a los dinosaurios, teoría para algunos, verdad física para otros. Varias familias europeas lloraban arrepentidas los destinos escogidos para vacacionar y el lugar geográfico de las islas Galápagos pronto sería el de un santuario. Los estudios no han llegado a esas profundidades pero se cree que volcanes como el Cotopaxi o el Itatiaya fueron apagados para siempre, mientras en algunos países ya se inventaban nuevos servicios de turismo, visitas guiadas a antiguas ciudades, a metrópolis sumergidas como la antigua Buenos Aires.

Morice miraba al mar, y el mar era su enemigo.

31/8/10

A propósito de septiembre

La ciudad hizo crack, luego burfff, luego expulsó gases como si toda ella fuera un enorme tubo de escape, mientras la lluvia que había empezado a caer se perdía entre las olas de polvo y de sol.

Varias cabezas de vacas caminaban maquilladas a través de las pequeñas veredas hechas para una sola cabeza, cabezas hermosas y a la vez estrambóticas, de varios pares de ojos y con cuernos cortos como acné. De pronto, al tropezarse con otras cabezas, sonreían y afilaban los cuernos en los cuerpos cubiertos de cuero y en las corbatas hechas de hilos de hierro. Una de las cabezas, la del cuerpo mas fofo, derribaba a su paso a cuanto niño encontraba y daba la impresión de ser una señora cabeza porque tras de ella corrían varios becerros que colgaban incluso de sus grandes ubres. Las veredas de esta ciudad son tan pequeñas que uno debe andar de puntillas y chupado la barriga. La ciudad volvió a hacer implosión y como en un eructo expulsó un aliento más parecido a la boñiga de ciertos animales. Inmediatamente recordé a mis abuelos, su pequeña casa en el campo, mientras enjuagaba la saliva que colgaba de mi cuello. Las manos, que jamás me habían sangrado comenzaron a amarillarse y a arrugarse así como mi rostro que dejo de ser suave y brillante para convertirse en un rostro arrugado y bastante quemado. Al mirar al cielo la virgén de las Mercedes se transfiguró mientras las nubes junto a ella tomaban forma de sacerdotes y feligreses.

Tarde era, lleno de polvo me acosté, apenas era un 18 de septiembre, la ciudad estaba a dos meses de su fin.

30/8/10

A propósito de Mr T

Era obvio sentirse como Mr T, lleno de cadenas y con un corte entre lo punk y lo militar. Supongo era esa actitud autodestructiva de T lo que lo hacía tan cercano, tan familiar sobre todo a quienes lo veíamos de niños. Sabías que sí a Mr T lo disparaban, las balas rebotarían o con su boca Mr T las masticaría como a un par de tic tacs. Mr T era el hombre, la máquina, la razón de la guerra y la guerra misma y por eso quizás no importaba si tenía dos líneas tontas o se cagaba de miedo antes de subirse a un avión. Malditos libretitas que lo hicieron tímido hacia las chicas, aunque, por ahí algo tenía escondido, su sonrisa lo delataba. Mr T era al glam lo que Syd Vicius fue al punk y sus cadenas fueron a su cuello lo que el oro fue a algunos dientes. Aunque Mr T nunca fue el jefe bien pudo conducir una banda de motociclistas o ser entrenador de cualquier boxeador. Mr T era diez mil veces mas poderoso que Rocky Balboa, y Balboa podía noquear con la zurda a un caballo. Mr T era un caballo y claro que despotricó en Rocky 3, pero los golpes de T lo pusieron a parir a Balboa en Rocky 4. Los comics de T no fueron tan conocidos como sus apariciones en películas de acción y tampoco importaron lo mal que estuvieran dibujados. Si era católico, protestante o judío no lo sabremos ya que en sí mismo Mr T era una religión, al igual que otros hombres duros como Chuck Norris o Charles Bronson. T seguro bailaba con Donna Summer y hasta pudo enseñarle un par de pasos a la Toya que luego los copiaría Madonna y años después los recordaría Beyonce; de seguro T pudo enseñarle a Hammer a rapear el U can´t touch this y ahora un premio llevaría su nombre, el T a mejor interpretación monosílaba.
Mr T donde estés pongo algo de Van Halen aunque sé que prefieres el soul.

27/8/10

A propósito de lo lumpen

Lumpen.- desencajado, disfuncional, ineficaz, de bajos recursos.

Andrés escribía a mano. Llenar una hoja en blanco es un trabajo sencillo, a la vez que divertido y extrañamente escandaloso. Una frase provocadora equivale a un beso robado, a meter gol de chilena o a robar fondos para compartirlos con los amigos, osea, que una frase provocadora es un producto de la abundancia. Un jabón ahogado en una tina de agua no es sinónimo de abundancia, es sinónimo de ceguera. Mentir también es un defecto aunque haya razones para creer que en una mentira hay algo de cierto. Las mentiras son verdades mal contadas o más bien ejercicios de cirujía: corta un poco, agrega, quita, expande. A veces lo que más importa es el fin y si no preguntenle que piensa un hincha de cualquier selección.

Una gran verdad son los cromosomas y la herencia genética. Dos cromosomas iguales dan origen a una niña, lo que equivale a un par XX. Dos cromosomas distintos, uno X y uno Y dan origen a un sujeto niño tambien llamado del género masculino. Ambos géneros tienen 23 pares de cromosomas y también los mamíferos suelen ser gregarios.

Por herencia pierdo el cabello. Creo me sobra un cromosoma osea sumo 49 y parece que siempre voy a escribir a mano.

26/8/10

A propósito de la escafandra

Nadar sin ropa era lo más emocionante que Andrés había hecho. La ropa bien puede ser una protección pero bajo el agua esta no es mas que un estorbo, digamos algo inútil porque el cuerpo de todos modos se moja, al igual que el cabello, luego uno tiene que buscar quien lo recorte. Un paraguas si es algo útil, ya que evita que la piel y la ropa se mojen, por lo menos hasta donde el paraguas lo puede cubrir, al igual que un perro cuida una casa de extraños para que ellos no naden desnudos en la piscina de su casa. Una casa es un lugar donde conviven por lo general un grupo de personas pero también hay casas abandonadas, protegidas por grandes paredes. También existen departamentos abandonados aunque esto más le compete al negocio inmobiliario. Una casa casi nunca está abandonada, en ella pueden vivir, tíos, okupas, actores de teatro, estudiantes de intercambio, ovejas, células madre, ratones de laboratorio, niños, dibujantes de historietas, militares, prostitutas, abuelos, lagartos, pintores, árabes, gatos, bebes, perros, canarios. En una casa lo que casi nunca encontramos son misiles, tablas de snowboard, rinocerontes, lápidas, motores de aviones, escaleras eléctricas, soldados palestinos, transbordadores, canguros, icebergs, trenes. Una casa casi siempre tiene una puerta, una ventana, un cerco, un perro y una cerradura. Perder la llave de casa no es un problema siempre y cuando tenga a la mano un par de anteojos. Las piscinas son un lujo por lo tanto hay que rodearse de amigos que sepan nadar. Si nada desnudo recuerde hacerlo con gracia, y mejor al medio día, así sus vecinos tendrán charla para el almuerzo. Si la casa está abandonada okúpela. Una casa abandonada representa menos impuestos al gobierno.

24/8/10

cerca de la casa
he vuelto a ver las naves
y los cruceros en silencio se hundieron

tras de la ventana
bajo llaves y bien peinado
tomo notas mientras quemo el dinero

y el planeta es un desierto
y la arena habla por teléfono
y es verdad que no he querido perder la razon

si esta es mi memoria
si esta es una charla
quiero ser el ultimo en partir

un lunes en la tarde
crei saber las letras
de los himnos mas graciosos del pais
y en verdad estaba lejos
convertido en un minero
buscando piedras como criptonita para avion

aunque diga buenas tardes
y el saludo sea el correcto
sabre mirar de lejos la habitacion

aunque tengas mas preguntas
y respondas cien respuestas
la verdad se hara por siempre perseguir



Los diez años

Su intención no era denunciar sin embargo, después de varios años de pensarlo decidió escribir una carta para no olvidar los hechos tal como él los seguía recordando.

Su enfermedad duró exactos diez años. Los médicos, tanto locales como extranjeros habían recomendado reposo absoluto, cero azúcares y actividad física. Los primeros cinco meses se los dedicó a trabajar sobre su memoria, los juegos iban dirigidos a recordar palabras para lo que usaban cartulinas con figuras dibujadas a mano. A veces, Camilo confundía al tigre con el dinosaurio aunque no sucedía lo mismo con los instrumentos musicales. También Camilo podía recordar ciertas ciudades como Barcelona y Berlín y pronto los doctores detectaron su facilidad para memorizar palabras que empezaren con la letra B. Ese día los doctores bebieron sidra y festejaron su poderoso avance.

El plano afectivo también estaba destrozado por lo que los médicos recomendaron hacer terapia de imágenes. El trabajo era desolador ya que Camilo, no recordaba a ninguna de las personas con las que se había fotografiado, ni siquiera a sí mismo. Sus padres le hablaban tiernamente de sus primos, de la casa en los Balcones, de su perro Titan, pero todo parecía ser inútil. La madre de Camilo lloraba y pensaba que su hijo jamás volvería a ser el mismo. Camilo para esos día tenía 22 años.

La casa de sus padres era como un hospital con jardines y campo por donde pasear. Camilo caminaba a través de toda la propiedad y eso le llevaba por lo menos media mañana. Varias veces se topaba con una de las empleadas e iniciaba alguna conversación. por lo general se refería al clima y que pronto llovería. Más tarde al encontrase de nuevo con la misma empleada Camilo volvía a entablar conversación hablándole nuevamente del clima como apenas hacia algunos minutos. Para las empleadas esto resultaba ser un hecho gracioso.

Camilo también recibía la visita de familiares y amigos. Para Camilo era agradable recibir a esas personas que intentaban hacerlo sentir bien en todo momento. Camilo casi no hablaba pero tampoco parecía necesario ya que las otras personas siempre tenían algo que contar. Así se enteró de que él había conducido un jeep sin frenos a través de un bosque de eucaliptos. Que cuando cumplió quince compuso una canción la cual le dedicó a una chica que con los ojos mojados aceptaría ser su novia. Que en la universidad en la cual era uno de los preferidos habría montado un complejo sistema neumático para reemplazar los ascensores por plataformas y palancas. Nada era familiar para Camilo sin embargo los escuchaba, con verdadera atención y a la vez se preguntaba si él algún día volvería a tener la vida que había perdido.

El doctor revisa a Camilo con sus instrumentos y lo encuentra fuerte a diferencia de su mente en la que parece no haber avances. Le habla a Camilo por su nombre pero él mira el bosque a través de la ventana. Qué es lo que ves le pregunta a Camilo, quien responde que sabe como se llama aquel lugar en el que están pero no lo recuerda. La casa, Camilo y el doctor se encuentran en San Juan de los Andes, a cinco horas en auto de Santiago. Desde Santiago sale el doctor cada quince días para visitar a Camilo. A pesar de estar bien pagado preferiría que en San Juan existiera un aeropuerto. Anteriormente a Camilo lo visitaban tres o hasta cuatro neurólogos, psiquiatras, expertos en el habla y una psicóloga. Todo pagado por la universidad. Al dejar Santiago los médicos alquilaron una furgoneta y las visitas se volvieron personales. Dentro de la furgoneta un neurólogo y la psicóloga entablaron un romance. Para la última visita a Camilo, un marzo del 2000, el neurólogo le pidió matrimonio. Ese día Camilo recibió un beso en la frente y comió torta preparada en un horno de leña. Bocagrande, Bocagrande es donde estamos, yo lo sé repite Camilo, Bocagrande es como ustedes me ensañaron.

Desayuno

De todos los modos posibles se valía Rodrigo para convencer a Clara. Ella gritaba que todo era bullshit, desde la esquina, desde la casa de alado, volando sobre un globo aerostático y Rodrigo intentaba taparle la boca y así evitar avergonzarse con el público, con los vecinos, con algunos de los presentes, a diferencia de Clara que esperaba que todos la escuchasen ya que para Clara nada era un secreto.

Al fin aliviado Rodrigo encendía el televisor y navegaba a través de los programas más inverosímiles sin disfrutarlos y sin siquiera entenderlos. Su alivio era escucharse a sí mismo y controlar con la mayor precisión sus respiraciones hasta por fin quedarse dormido. En sus sueños era imposible encontrar a Clara y este refugio (el único donde su violencia estaba vetada) duraba preciosas horas. Rodrigo soñaba con viejos compañeros de escuela, con viajes a ciudades desconocidas, con montañas que terminaba de escalar pero nunca jamás con Clara. Ella, por la mañana lo despertaba acariciando su rostro.

Clara seguía gritando y su voz se multiplicaba por los ascensores, por los pasillos. Tomó una taza de porcelana que no soportó chocar de frente contra una pared. Tranquilo, como frente a un programa de noticias Rodrigo fue precipitándose en imágenes de nieve y vapores de nieve descongelada. Rodrigo aunque despierto, soñaba con montañas, con el aroma a café y cimas donde Clara perdía de pronto la respiración.

23/8/10

Los mitos

En ese punto, una alegría cubrió todo su rostro.

Para su siguiente encuentro planificó enseñarle los panales que había cuidado. Le hablaría de las abejas, de lo saludable que es la miel hoy en día y de las vendedoras que mezclan azucar a sus ventas. Ya entrados en conversaciones preguntaría algo clave. Si García contestaba que sí, Carrera lo estaría considerando para al fin, en más de diez años considerar a alguien como un amigo.

Todo sucede una tarde con sol de un febrero de 1993. Carrera quien era ampliamente conocido por sus negocios ilícitos invita a García con el fin de convertirlo en su cómplice, su socio, su consultor y amigo de la familia. Tanto la familia empresarial como la familia legal.
García llega, saluda, observa su reloj, hace dos acciones o más acciones a la vez. Carrera para no molestarlo pretende comprenderlo y pone manos a la obra. Lo invita a levantarse, los whiskys para más tarde, solo toma un sombrero y dice algo que rebota en las paredes e inocentemente quizás escuchen los cuadros.

Carrera parece una adolescente, lo que es peor, una adolescente a la que no le importa verse enamorada. Atentamente explica el proceso por el que las abejas construyen panales eligiendo siempre lugares donde tengan un costado de sombra y un costado de sol, mientras la reina copula con todos los obreros. Tántricamente afilando las tildes y pausando en las comas cirujanamente. Carrera toma con propiedad a la abeja reina y coloca en manos de García. Pronto la abeja atrae a varios obreros.

Ella te considera un panal, repara Carrera.

Carrera se considera una reina, y como reina hace un banquete, invita a otros amigos y brinda en honor a García.

García asiste a cada reunión. A los bautizos de cada nuevo hijo, al grado del primer hijo, al velorio de los padres de Carrera, a las pelas de gallos, al fútbol y a los lanzamientos de sus nuevos productos. Siempre como socio pero ante todo como amigo. Luego de medio siglo de éxitos, García es uno más de familia, al punto que varios de sus hijos están comprometidos con los hijos de Carrera. García nunca lo dijo y eso no lo hacía menos compañero, pero en el fondo Carrera para García era como el hermano al que nunca dejó de vigilar.

20/8/10

Las manos se mantenían en alto como ramas de árboles

El monstruo y el culpable

El monstruo lanzaba fuego de su boca que quemaba los bosques que se extendían bajo nuestros pies. Sobre su hombro yo miraba, como el espectador privilegiado que era y también en el fondo esperaba culpable que el monstruo decidiera lanzar ese fuego sobre mi diminuto cuerpo.

La luna miraba al bosque, al monstruo y era cortada y maquillada por la nubes y por un aviso de lluvia.

El monstruo lanzando un rugido tomó con sus largas manos dos montañas y las elevó por encima de sí. Las montañas cayeron haciendo temblar el suelo, y mi cuerpo sobre su hombro sintió ese estremecimiento. Con los ojos cerrados y alargando los brazos el monstruo desprendía rocas gigantes que amputaba de esas montañas y en un rápido movimiento me las mostraba antes de volverlas a lanzar con el propósito de destruir la tierra sobre la que caminábamos sonámbulos. En cada uno de sus movimientos se sentía un temblor de intensidades mayores que lograron activar la lava de ciertos volcanes. Entonces, como en un vómito lento, los cráteres expulsaron sales rojas y brillantes en silencio aunque sobre un temblor que despertaba a otros animales. Casi satisfecho y sin mirarme el monstruo me dejo sobre una valle y caminó a esconderse detrás de aquel volcán. Su propósito, aquel de mostrarme su fuerza había terminado. Acepte mi culpa pero creí innecesaria su violencia.

Cuando la luna observaba desde el centro mismo de la bóveda el monstruo volvió, ya sin furia, ya sin odio, y como un humano cansado me pidió lo ayudara, se acostó junto a mí, y susurró gravemente que solo quería dormir.
El monstruo lanzaba fuego de su boca que quemaba los bosques que se extendían a sus pies.

18/8/10

Un día perfecto *

Sobre la superficie del agua se dibuja redonda la figura de un sol color rojo. La gente que descansa alrededor de la piscina, llevaba gafas oscuras y era casi seguro que ninguno notaba la figura roja de ese sol. Sobre las aguas flotaban varios niños en boyas y en juguetes inflables como tortugas y leones marinos. Un hombre de unos 35 años flotaba con el cuerpo echado boca abajo sobre un colchón sobre el que también flotaban varios vasos vacíos con sorbetes de colores dentro. Una niña, en lo alto de un trampolín, pedía a gritos ser observaba mientras un hombre, posiblemente su padre daba masajes a una mujer hermosa, de pecas y manchas en la espalda. Un camarero vestido de frac, con pelo echado hacia atras, equilibraba su charola entre los niños que corrían y entre los otros pequeños que querían empujarlo al agua. Su rostro lucía cansado y quizás en el fondo prefería estar sumergido con delantales y zapatos quizás incluso tirarse desde el trampolín.

Marcos observaba todo desde el balcón a 5 pisos de altura en su habitación. La puerta estaba totalmente asegurada y nadie a menos que tuviese llaves podría poner su cuerpo adentro. Entonces Marcos, que llevaba varios días de reclusión voluntaria, casi sin darse cuenta entró en pánico y largó a llorar como un chico. Se lanzó al piso, pataleó, cortó los cables del teléfono, encendió unas cartas que había escrito a mano, en un principio pensó que podría enviárselas a un periódico y luego se metió a la cama donde trató de escuchar su propia respiración.
Paulo Cisneros, el extranjero tocó la puerta varias veces y en vista de que Andrés no contestaba esperó que sea Marcos quien lo atendiera.

Marcos abrió la puerta más para recibir ayuda, y con los ojos mojados dio un apretón de manos a Paulo, el extranjero. Paulo echó un breve vistazo a la habitación e invitó a Marcos a tranquilizarse y hablar un poco. Paulo estaba igual o más asustado que Marcos.
En la piscina la niña se había tirado del trampolín y el hombre que flotaba con los vasos vacíos, bebía su tercera ronda de la mañana.

16/8/10

Tú mi junkie

Ella mira de costado. 45 grados después ella mira de frente. Mira en un espejo redondo, mira en espejo de mano, mientras mira ella estudia, en su reflejo encuentra que su rostro aún continúa desordenado. Entonces, ella toma las tijeras, toma una hoja azul de afeitar, toma un jabón y sobre este vierte medio litro de agua caliente mientras tararea una canción. Mientras, a través del espejo redondo, ella mira su cabeza reflejada, su cabello húmedo, la cama pulcramente ordenada, las almohadas sobre la cama, el vestido y la caja de zapatos junto a las almohadas mientras mira su cabello, mientras tararera una letra, mientras se mueven sus labios, mientras corta su cabello. 45 grados después ella mira satisfecha.

Ya sin cabellos, ella, que ya no luce como era ella, decide disfrazarse, decide ser niña, decide jugar a ser muñeca. Ella pinta unas cejas exageradas, coloca una peluca hecha con cabello de muñecas y viste un vestido de cuero negro. Vestido, cuero, peluca y cejas que combina sobre unos tacos rojos, altos, firmes como dos estacas. Antes de salir, ella coloca dentro de su bolso un revólver, las llaves en el llavero de Scooby doo, dos monedas de 100 pesos, cada una para los taxis y un teléfono celular al que lo tiene en modo de silencio. Entonces, ella mira el espejo girando, dando vueltas, mira, dice en voz alta, que no te canses de mirar. Gira 180 grados, coloca llave, detiene un taxi, sube, dá una dirección.

Ya en la calle es posible observar a niños manejando autos, autos hechos de madera y con dudosos sistemas de frenado.

El taxi cruza una calle. La calle termina en otras calles.

15/8/10

El hogar sin puertas

Omar desde la cima lanzó cuerdas para que los elefantes que venían tras de él, las amarrasen prontamente a sus cinturas. La cima fue lo más sencillo de alcanzar se repetía Omar, mientras en el cielo se dibujaban como costras las nubes de una tormenta que atacaba el volcán mas próximo. Los elefantes llegaron por fin varias horas después debido a su paso y la montaña por un instante se dobló tras el peso de aquellos cuerpos llenos de arena y con trompas de ladrillo. Se acostaron de lado uno encima de otro y permanecieron durmiendo durante las siguientes dos semanas. De esta forma celebraron la conquista de aquella montaña.

Cuando al fin Omar y los elefantes se sintieron aburridos, decidieron que lo mejor tanto para ellos como para la montaña sería abrir un cráter, esperar a que brote agua e inclinar sus palas hasta que la montaña sea un pozo. Al cavar, los elefantes habían perdido los colmillos pero el níquel que encontraron fue convertido en en mejores colmillos. Cinco años después salieron del otro lado del mundo. La vista, más que privilegiada les mostraba un desierto donde solo habían dos bicicletas.

Los elefantes y Omar se quedaron cansados y profundamente dormidos.

Al despertar, Omar no tuvo de otra que vagar por el desierto. Lo hizo a pie ya que las bicletas se las habían llevado los elefantes. Bajo un árbol negro, Omar encontró una serpiente o lo que había sido una. Sentado, pensó que bajar de esa montaña, aunque llevara su tiempo, tampoco había sido complicado. Entonces Omar, se preguntó, por primera vez, cuál era su nombre.
Al despertarse, Omar, con una mandíbula de caballo, escribió en la tierra con letras claras, un nombre que era el único nombre que recordaba Omar. Por tercera vez en el desierto, Omar volvió a quedarse dormido.


13/8/10

El público y las cortinas

La pared dividía en dos lados a la banda y al departamento, al ruido que vomitaban las trompetas, la batería, del silencio casi místico que rodeaba como cápsula a los gatos en la sala de Marcela.
Omar en primer plano e iluminado por el monitor, deja todas sus actividades y espera que Marcela, capte sus movimientos en breve, lo observe, y abandone todas sus actividades. También dentro de Omar se dibujan posibilidades que atentarían contra el bienestar de ellos, como cuando una persona se ha vuelto peligrosa, cuando gritas tan alto que te vuelves ronco.

Marcela con los auriculares conectados a su cerebro, ignora el fondo, el oxígeno, el planeta y los espacios y mecánicamente, con la precisión de un cirujano ilustra tapas de revista para una portada atrasada. Su pulso se hace visible como una montaña a un costado de su cuello mientras en el monitor dos personas que asisten al cine mastican snacks con los rostros de estrellas de cine en una película llena soldados disparando sus últimos misiles bajo las órdenes de un teniente desnudo. Marcela, como cambiando de canal, de sala, de trabajo y de laboratorio escoge un escenario donde una banda toca temas colgados de cabeza y con luces brillando desde el suelo.

El trío, toca versiones de The Mars Volta en una sala sin público, Omar detrás de un bajo amarillo deja de cantar para observar a Marcela que cambia varias veces de instrumento mientras una docena de gatos reptan por la paredes hamacándose en telarañas que ellos mismos han tejido.
Marcela acaricia a los gatos, observa a Omar a través de la habitación y apaga las luces dejando el escenario como un cuadro negro.

11/8/10

Lados C *

Charly García intentaba cantar por tercera vez. Asesíname gritaba el público. Sobre el escenario caían botas, botellas de cristal, cámaras filmadoras, García era protegido por guardaespaldas, García entre escupitajos alcanza a decir nos bombardea Kito norte.


Entre el público un niño le pide a su padre que lo levante en hombros. El niño ve rostros, ve una luz y luego no ve más. Todo es parte del show dice una mujer de 35 años que trabaja de camarera y ha pedido que la suplanten. Andrea que esa noche trabaja hasta las doce, tiene un novio que le regala discos de bachatas. El sonido es una mezcla de percusión con ciencia ficción. Ficción de Ed Wood. Las filas de atrás ven primero el humo, las llamas. Una vieja Rickembacker cae en llamas de su pedestal. En los camerinos no hay nadie. En dos horas piensa Andrea, mientras toma 1 dólar y lo guarda junto a las otras propinas. Solo dos horas.


María Gabriela despierta. Charly tiene la cabeza echada hacia un lado. En Lima María se toma un té, memoriza acordes. Duerme. Cuando la azafata la despierta María recuerda que soñaba con una niña. María observa a Charly. María cierra los ojos. María sueña con Charly flotando sobre un lago.


En casa y luego de un baño el niño juega con sus dinosaurios, al más grande lo llama Lex. Luego se cuelga una guitarra eléctrica, luego repite no soy un extraño. Luego ve sus juguetes, su guitarra, su rostro en el espejo y se aburre. Su padre lo llama para que apague la luz. El niño apaga la luz. Antes busca la linterna. Esta es mejor que la luz dice.

10/8/10

El porvenir*

Andrea los miraba a ambos y sin saber por que decidía que a ambos los amaba, que a ambos los entendía y por ambos sería capaz de cambiar su estilo de vida, algo que para Andrea resultaba infinitamente sencillo.

Joaquín era enormemente distinto a su hermano gemelo. Quizás por esas diferencias que solo Joaquín era capaz de percibir es que Andrea imaginaba con él una familia y la estabilidad de un hogar en las afueras de la ciudad. Quizás incluso en un pueblo donde ambos manejasen su propio negocio. Para ello y sin que Joaquín se entere Andrea organizaba salidas a volcanes y ríos o playas donde los días parecían ser todos los mismos y donde según Andrea, Joaquín aprendería los usos y las razones de una vida simple.

Marco a diferencia de Joaquín era más inestable, de carácter explosivo y algo intolerante. Para él Andrea reservaba salidas nocturnas donde Marco podía sentirse como el rey de una selva que Andrea sin proponérselo solía componer. Si alguna vez hago carrera, tu serás mi protagonista le había dicho Andrea quien definitivamente se había decidido por una vida mas hippie, más a lo John Lennon que a lo Paul McCartney.

Los tres jóvenes salieron de la ciudad. Ayudaron a una anciana antes de tomar el colectivo y en alguna de las paradas vía Papallacta se hicieron la promesa de encontrarse, en el mismo lugar luego de 10 años de vidas, mejor si lo hacían en silencio. Andrea va por los cinco años sin contacto, guardando dinero para ese encuentro. Joaquín y Marco han creado una empresa multimedia donde como socios y dueños negocian a diario entre cientos de oportunidades. A pesar de los ríos de personas, de novios, de bares inaugurados, Andrea, Joaquín y Marco algunas noches se encontraban sin saber todos juntos antes de dormir. A Papallacta le han descubierto aguas termales. En algún lugar, John Lennon hacía los coros en un tema viejo nombrado get back.

Patricia.

Jim Morrison ingresa al área de las duchas. Jim Morrison es delgado, lleva una chaqueta de piel, fuma un marlboro rojo; el humo, su cabello, desordenado. Tras Morrison una mujer, más baja que Jim, cabello oscuro, cuaderno en mano, lentes, cristales como ojos. Nadie los sigue, todos se han quedado atrás.

Un hombre gordo, vestido con un sombrero vaquero, discute con otro hombre, uno alto y delgado que también viste como vaquero. Cuatro hombres cargan un parlante tan grande como un elefante. El hombre gordo tira el sombrero al piso, levanta su dedo y antes de empujar al hombre delgado el hombre delgado agarra el dedo en el aire como un ave, como una águila, lo atrapa, lo enjaula, lo detiene. Las puertas del recinto se abren a las seis responde el público, como ha sido y como seguirá siendo dice el hombre gordo. Yo me encargo de mis músicos. El hombre delgado hace llamadas, levanta la voz, fuma un red apple, el hombre delgado junto al hombre gordo parece hacerse más delgado.

Ella tiene 16 años. Ella mira a su amiga. Ambas son menores, ambas han dicho verdades a medias. Una sombra atraviesa la puerta, una masa de brazos y de volúmenes. Ambas se despiden con prisa, ambas parecen dos hermanas. El público cruza la puerta, el sol desaparece, se filtra, ambas son menores y continúan contándolo a medias.

El escenario es rústico, frágil, poco confiable. Jefferson Airplane promete, Jefferson sale a escena, la fecha, 1969.

Jim Morrison y Patricia charlan como viejos e íntimos conocidos. Se sueltan, se escuchan. Repiten afectos, respiran a sus anchas, se lo toman con calma. Patricia guarda todo, cada detalle, incluso escucha y resalta frases al mismo tiempo. Patricia repite Morrison, Tricia, como si lo pronunciara por primera vez. La química, esa salvaje probabilidad se vuelve un método, un análisis, termina, se hace del tamaño de un resultado. Patricia y Morrison abren la llave, un hombre de azul los empuja, el gas cae, solo para músicos dice el hombre, Jim, Patricia, el público.

Afuera corean White Fanny, afuera el hombre gordo tiene el rostro hinchado.

9/8/10

Los minutos que algunas canciones suenan en blanco.*

Ella intenta motivarlo usando prendas ajustadas y fabricadas en cuero. El, debajo de la cama como un sabueso olfatea el lugar en el que cayó el control para cambiar de canal. Ella, constipada, se suena los circuitos con un pedazo de nylon, mientras el televisor deposita sobre la cama imágenes de refrigeradores y antenas para coleccionar una centena de canales. Él apaga el aparato mientras sus dedos pulsan los botones dentro de la muñeca. Ella, la muñeca deletrea lentamente las vocales de Papá.


Ella intenta un truco y logra casarse, tener dos autos, un departamento y tres hijos en el instituto. Para ello solo invirtió diez años.
Él, se gastó la plata, se convirtió en traficante, ahora tiene otro nombre y visita a sus hijos a través del skype.


La banda grabó doscientos éxitos, recibió siete premios de la asociación, filmó 14 documentales y aún sus integrantes no han pasado de los cuarenta años de edad.
Los fans del otro lado del mundo empeñan sus pianos para comprar una entrada en la reventa.
El día del concierto tocan todos los éxitos, excepto el que el dueño del piano deseaba con todos sus músculos escuchar. La banda hace un bis y el público sueña con días prósperos. Esa noche el hombre del piano, por fin compone su primer éxito.


Después de las señas y de tocarse las manos por debajo de la mesa, los niños se dieron pequeños picos en las bocas con aroma a centeno. Ya de grandes se llaman por twitter y su aliento tiene la supervisión de un especialista vestido de blanco.


Él regañaba con el mismo ímpetu de hace 20 años atrás. Ella no escuchaba como cuando él hace 20 años la empezó a regañar.

1956*

La niñita miraba fijamente a la lente mientras el fotógrafo retocaba la luz junto al parasol. Afuera el sol quemaba los techos de los autos estacionados en la calle y la gente transitaba con sus parasoles como protección. Mientras la niña sonreía, el fotógrafo sintió un fuerte apretón en su pecho, como si una mano aplastara violentamente y por repetidas ocasiones un globo lleno de agua. La camára empezó a disparar por repetidas ocasiones mientras el cuerpo del fotógrafo caía como una bolsa de arena sobre el piso. Ni la madre, ni la niñita, ni el hermano menor de la niñita pudieron dormir por tres noches.

Treinta años después la niña, ya grande acude con su sobrino a un nuevo estudio fuera de la ciudad. El fotógrafo, un hombre de contextura corpulenta, y menos años que el primer fotógrafo levanta al pequeño sobre un caballo de madera del tamaño de un caballo real. La mujer siente un ahogo en el pecho aunque logra desvanecerlo con un malboro que saca de su cartera.
La luz del flash hace boom mientras el niño, rojo como un globo sonríe y el fotógrafo hace tomas desde distintas posiciones. Al otro lado del galpón varios hombres apilan cajas amarillas y un hombre de jean y sombrero afina un viejo piano de tubos.
La mujer se termina el malboro, el niño la toma de la mano, ella pregunta cuánto es, mientras el fotógrafo mirándola de pies a cabeza, le dice que no puede ser, que la ha estado esperando, que ahora no se puede ir.
el niño asustado le tira de la mano a su tía. La tía comprende y lo suelta. El fotógrafo le invita un café.

5/8/10

Decepticons

Roberto Retama tocaba el piano como un hijo bastardo de Stranvinsky. Desde la avenida Sir Elton John, hasta las puertas oxidadas del parque Botánico, los gatos del barrio se sentaban sobre sus colas recogidas a escuchar el preciso opus que Roberto Retama regalaba cada martes y jueves. Un miércoles, embutido en su cuerpo de chorizo y cubierto por un abrigo negro, Roberto Retama tomó el colectivo 107 y se internó por 13 meses en el castillo donde dormía su madre y sus 16 hermanas. Su misión era quitarse ese cuerpo de chorizo y volver a Roma convertido en una saludable costilla, antes de que los gatos uno de esos jueves lo buscaran para empezarlo a morder.



Su cabello era como una peluca de látigos en guerra y bajo los efectos de una botella de champagne más 16 pastillas de antidepresivos. Mi rostro era una bolsa para boxeo hinchada como un delfin asfixiado guiado por la mano de un brazo de mar una noche de agüaje. La motocicleta, la carretera, los pueblos y la madrugada eran los proyectiles que escuchábamos zumbar como una flotilla marciana de Decepticons. Faltaban cinco minutos para recoger nuestros cascos.


Jim Morrison aullaba que hagamos el amor y sin pensarlo ni un instante acuchilló a una de sus fans mientras la policía lo levantaba como a un criminal. Con mi cámara logré sacar una instantánea donde se advierte el carácter infantil del homicidio.


La máquina de escribir me mira con sus ojos de cangrejo y con la tecla espaciadora me invita a acercarme. La botella que traigo en las manos chorrea una lengua de espuma que cubre el suelo hasta mis rodillas. La luz que sale del foco que cuelga como araña en el centro exacto de la habitación derrite las paredes mientras los vecinos de los departamentos contiguos observan sentados en unos sillones con forma de retretes el programa de preguntas y respuestas auspiciado por un chocolate de una marca roja muy popular. La máquina de escribir me invita con su tecla espaciadora a sentarme frente a ella, mientras observo que he estado escribiendo sobre revistas y portadas de películas que había olvidado devolver. La máquina ha tomado con su tenaza la botella y la mastica con las teclas del uno al diez.


Al despertar Roberto Retama escuchaba el sonido de la ciudad que equivalía a pájaros cantando sobre los cables de electricidad y teléfonos. Roberto Retama por dos minutos en la mañana era feliz, dichoso, respiraba contento y despierto. Luego los cables de los teléfonos que cubrían el ciento por ciento de la ciudad cubrían a los pájaros y a sus nidos, envolviéndolos como momias hasta la nueva salida del sol. Entonces Roberto Retama en silencio y con el pulso acelerado dudaba entre tomar una ducha o volver con todo su cuerpo al colchón. Luego y en simultáneo los teléfonos de todo el edificio timbraban, y quienes llamaban, porteros, padres, enfermeras, pedían comunicarse con la central, con Santiago, con el canal de Panamá, con el mismo Roberto y Roberto congelado entre la puerta de su habitación y el living o el comedor perdía primero los brazos, luego las rodillas y por último sentía como su cabeza abandonaba su cuerpo, que luchaba con los cables y las antenas del aparato telefónico que sonaba sobre su velador. El reloj de pared marcaba las 7 de la mañana. Entonces Roberto contestaba cada llamada mientras tomaba una ducha y en televisión repetían Delicatessen.





4/8/10

En el séptimo día

Cuando un hombre y una mujer estaban a punto de llegar a un orgasmo, Dios con un martillo comenzó a romper las figuras de porcelana de un elefante, un cerdo, una ballena y un pinguino. Junto a Dios, un niño vestido de rosado colocaba discos de acetato en una rocola conectada a la cola de un pescado gigante dormido. Cuando el pescado despertó hechó de su cuerpo un fluído cristalino mezclado con globos que el niño de rosa tomó y colocó dentro de una boca que encendía una luz roja que marcaba un puntaje que subía con la cantidad de globos que guardaba esa boca. Dios desecho y con la ayuda de Shiva y el Sol, cayó rendido y empezó a soñar que conducía un aeroplano con los ojos cerrados, mientras una lluvia de paracaidistas caían sobre él. En la cama, el hombre y la mujer descansaban abrazados uno del otro. De repente el niño de rosado despertó a Dios, quien miró que la cama del hombre y la mujer volvía a moverse. Entonces tomó un teléfono rojo, una guia en llamas he hizo una llamada de larga distancia.
El niño tomó al pez gigante y salió llorando de la habitación.