6/12/10
El amigo Igor
21/11/10
Avenida de los Libertadores
18/11/10
Nadar con los ojos abiertos
Mientras decide de que escribir, él, hace un repaso. Autores bondadosos, autores desertores, la bondad es desertar. Piensa en Fernández, lo pronuncia sin tildar, piensa en Escobedo, la rima está fuera de lugar, piensa en Murakami, trabando, trabado, tragando, piensa en Archimboldi. Naturalmente fuera hay un tratado picoteado por polillas.
La lluvia afuera cae con fuerza, lo que motiva a cambiar de radio: la ciudad moderna que un día quiso ser capital. En su mayoría mansiones, el siglo es comúnmente confundido. Se confunden, mitad de cemento, mitad de vidrio. Insomnes, mitad de luna, mitad de tungsteno. Observar desde casa, bolsa blanca, escoba, muerte, elección. Vivir de memoria. Envejecer, en el fondo, junto a cada pez.
Antropos descansa, debajo un árbol. Es probable, nos vemos en quinientos años. Estatuas, palomas cagadas cagando piojos; la rama y el olivo, semáforo, cono, un submarino hundido al que le pueblan algas el cabaret de los peces. Bajo la premisa Llosa fotocopiado, cientos, adictos, carne de Houellebecq, quimio para Viterbo, agujas bajo el brazo, bajo la consigna de desconfiar, como barcos, mar oscuro, sobreviven todos, en el fondo hacen boom. Sobre lomos el nobel, veinticinco nobeles de fuerza, los libros a flote, la profundidad, Bolaño, la ciénega, el zumbido; el pueblo de los hombres gordos, su destino, convertirse en abismo. Abajo, bajo señales de sendero turístico, perderse, sera posible perderse, serán más las dudas, abajo, a lo lejos, en apariencia extranjero.
Aléjate, en pantalla, en degradé. La habitación también taller. Bultos como viaje. Afuera la lluvia, ya nada.
Él describe secuestros. Bloqueado, un rostro. Sin ojos, de perfil otros ojos, recuerda dice ella, un hombre y una mujer que no recuerdan sus nombres. Escribe, tiene manos, buen culo, tiende cada cama. Ojos, piernas, cama, culos. Nombres, en cuaresma, bajo el código de la culpa, con permiso, otra vez de culo.
En el relato y en la vida real él se sienta frente a ella en una mesa vestida con un mantel rojo. Ella y él también visten de rojo por que lo que parece que se han cubierto con el mantel. Sobre la mesa hay café, panes de yema de huevo, arrope de mora y un queso amarillo del tamaño de un plato. Eso en el relato. En la vida real ambos toman chocolate mezclado con unas gotas de ron.
Muy bueno el café dice él después de servirse tres tazas. Ella, que va por la primera, deja la taza humeante de café, y se levanta de la mesa. En la vida real ha comido un pan, en el relato, ella lo llama Gay.
Gay, ven a ver, Gay, tienes algo que ver.
En sus manos Lautaro, voy, tu trae sal. Choco hace miau. Lautaro hace miaur. Andrés es a Gay, lo que Anna es a, fuera, pijamas, Él hace miau, ella dice ya nada, tanta casa para nada, ella lanza sus medias, en la vida, en el relato, Lautaro hace miaur, voy dice, y se fue a volver.
La función
La siguiente estación en teoría es Lima, pero al no haber conexión el metro no se detiene lo que le da una cierto impulso e incluso deja notar el buen estado de la máquina. Él consulta su reloj y no puede dejar de sentir una cierta culpa, e imagina la fila, los asientos, el silencio y la primera escena. Como si ella lo estuviera escuchando dice nos queda la función de las cinco y media y él piensa en la librería y el dinero que no puede gastar. El metro se detiene en la estación Rivadavia donde se baja la mujer adulta de sesenta años. Entonces compraremos los boletos dice él.
Las estaciones Gardel y Abasto se suceden casi inmediatamente, como en un sueño, y en segundos ellos se encuentran afuera, quemados por la fuerza del viento. Ella desdobla su abrigo mientras él coloca el paraguas bajo su brazo. Él, la ayuda a colocarse el abrigo y ella se toma medio minuto hasta sacar la bufanda de la mochila. Está noche habrá tormenta repite un periodista y a él, ese hombre de la televisión le parece una cara conocida. De pie sobre la escalera eléctrica, él recibe un aviso como un flash en la sien, duro como una broca invisible en lapsos rápidos y repetitivos y otros pesados como un martillo.
Mientras ella le hace preguntas, y él intenta recobrar el sentido, sobre un plato transparente, un postre de tres leches es decorado con caramelo.
4/11/10
3/11/10
27/10/10
25/10/10
The lost art of keeping a secret
24/10/10
La imaginación de las sombras
20/10/10
Boom
19/10/10
La playa
Afuera, en los parqueaderos, la lluvia lava los autos desde la madrugada, es posible que llueva incluso la mañana. Gente armada con sombrillas, gente uniformada que recibe a gente en shorts. Los deportes de verano reducidos a una mesa plástica, a dos palmeras, una hamaca y un set 6-6, vía aero digital. Café, para mirar hamacas en la teve. Mamíferos sueltos, desatados, metiendo sus narices y sus patas. Perros, húmedos, desinflados, metiendo sus patas, buscando entre las sobras. Perros desplazados en grupos. En un parqueadero un partido improvisado. A pesar de la lluvia hay grupos que se dedican a alentar a sus equipos.
Él, que ahora descansa con el cuerpo desnudo, sentado sobre un sofá negro, duerme o pretende que así lo hace, aunque de vez en cuando, él suelta sonidos parecidos a un ronquido. Ella, que continúa sobre la cama, disfruta de verlo acostado aunque recuerda estar molesta y cambia de lugar su mirada. Con su mano explora entre sus piernas e imagina que bucea con gafas, con un tubo esnorkel. De no ser por el sonido que sale mínimamente de entre sus labios, y los imposibles ronquidos de él, ambos escucharían el rumor de bar que se filtra por los pasillos de ese hotel. Gente masticando camarones, sorbiendo gaseosas, mezclando café y leche dentro de pequeñas tazas blancas de porcelana, con pequeñas cucharas doradas como las que reposan sobre una bandeja con ruedas junto a un pedazo de sandía y un hueso de aceituna. Escucharían a una banda de jazz, abundante como es el jazz de salón, al jefe de meseros dando todas las pautas, delegando la atención de cada mesa, de cada familia, a unos niños masticando su primer pulpo y a su padre recordando el nombre de aquella canción, . También se escucharían los naipes de una partida imposible si no fuera por la estática de un televisor que nadie ha decidido arreglar. Ese ruido recuerda viajes llenos de sal, islas, pantanos, cuevas, fotografías, a un hombre haciendo equilibrio, unos labios quebrados por el mar.
4/10/10
A propósito de Jack Nicholson
Si usted tiró piedras, tranquilo, es mejor romper un par de cabezas, llenar charcos y mostrar el pecho; después de todo el sol brilla para todos y una piedra suele ser más fuerte que un casco, que una bala de fogueo y que una nación. Si usted es quien recibe la piedra , aunque también sea un error y por supuesto algo injusto, no olvide agradecer. Una piedra es más poderosa que una crítica, que un argumento y esto no solo ocurre en nuestra casi decapitada nación; de piedras y de balas está plantado el jardín y al parecer todos somos unos nuevos y ricos sabios. Si ve una cabeza rodando por una cuesta, recójala, es la cabeza perdida de la decencia, junto a ella deben estar los brazos del orden justo debajo de un puñado de decadencia.
Pero no olvide lanzar las piedras, después de todo usted tiene derecho, solo le pido mire bien a quien apunta; espero recoja varios sacos, recuerde que mientras se olvide usted comerá estofados de megalomanía.
1/10/10
Las calaveras de Górgory
11/9/10
Esc. 160
Omar contaba sus calamidades cada vez que peleaba en casa. Llamaba con intensidad al teléfono. Timbraba varias veces, las llamadas se perdía en el centro de otras llamadas, mensajes de texto cada cinco minutos, mensajes de voz que repetían frases de asómate, estoy en la zona.
De lejos observaba a Omar levantar su jarro amarillo mientras masticaba con intensidad puñados largos de maníes. Entonces prefería dar una vuelta a la manzana, hacer tiempo meditando, aunque ya todo era predecible.
Me quieres, no me quieres, me quieres no te quiero pues chugcha, repetía Omar en un tono que parecía querer sonar irónico, me quieres, no me quieres mientras la cerveza se corría por la mesa y los golpes caían sobre Marcos y sobre mí y el bar nos expulsaba y la próxima semana regresaríamos como siempre ha sido aún con las advertencias y con Omar jurando vengarse del guardia como si el guardia tuviera la culpa como si acaso no existiera otro bar.
Marcos miraba la escena, algo habitual para él siendo su mejor amigo Omar. Yo buscaba el auto y al encenderlo me dí cuenta que me había olvidado manejar. Cerré los ojos hasta cuando un hombre de gorra me preguntó algo y entonces me sentí perdido. Tráeme una club le dije y reí más por nervios mientras intentaba tomar algo con las manos en caso de necesitar aturdir.
Marcos tomó el volante. Parecía una figura de bronce. Camino a otro bar, dejamos que el ruido de la calle llene la cabina del SJ. Un festival itinerante de cine proyectaba una película chilena sobre una pantalla que no era más que una pared en blanco. Con el SJ parqueado y con las ventanillas bajadas dejamos que las voces del cono nos consolaran, como a tres pequeños mutantes. El blanco y negro hacía más digerible los ronquidos de Omar. Un colombiano tocó la puerta y ninguno de nosotros le dió razón. En la película dos niños conducían un auto sin documentos, aunque no los necesitasen ya que manejaban dentro de una urbanización. El colombiano tiró unos papeles y yo le tiré unas monedas, los niños en la película estacionaban su auto con verdadera maestría. El teléfono de Omar sonaba, seguro era su esposa.
Mejor se queda en mi casa
Fuímos al Rod joy y dejamos a Omar bocabajo. Quizás debimos haberlo bajado.
10/9/10
Un hombre sano debe primero contaminarse antes de considerárselo un muerto. Una contaminación suele suceder en un espacio habitado, por ello es necesario que nuestro sujeto deba exponerse a un ambiente promiscuo. Una sodomización sin la debida protección como acostumbraban los antiguos griegos suele ser el lugar ideal para pinchar con una primera muerte. Sin embargo y a falta de personas dispuestas a ese tierno ejercicio bien puede ser útil el frecuentar, las calles o mejor aun el parque del barrio. En estos, la fauna de dealers, yonkies y prostitutas suele acomodarse a las necesidades del sujeto quien, sumido en sensaciones de miedo y excitación correrá a casa de alguno de sus amigos y al timbrar escuchará que por los altavoces una voz de hombre pero algo afeminada le invita a pasar, expresándole lo mucho que lo estaban esperando. Este primer encuentro servirá de abrebocas o pequeña muestra de lo que aprobamos o respetamos.
Un hombre correcto suele ser noticia en un periódico. Un hombre honesto suele pedir permiso para respirar. Un hombre muerto puede cegar al más correcto de los hombres. Un hombre muerto no necesita respirar. Luego de aquel abrebocas queer y lésbico y mágicamente maquillado, el sujeto, desprendido de sí creerá haber tomado las llamadas riendas de su mal llamada vida, y crecerá tanto en amigos como en vicios. A cada nueva noche nacerá un emperador y se quemarán iglesias de la mano de viejos con aliento a tabaco. La casa será cualquiera donde haya una letrina y la cama será aquella donde lo alcanze la borrachera. Nada más saludable
La marea
El controlador experimentó una sensación molesta pero al escuchar a su chofer volvió al pasillo a empujar e malestar pero rápidamente recordó un caso parecido y se puso alegre, tanto que rió con gracia junto al chofer, la dos filas de adelante y los siguientes pasajeros que fueron entrando. Un controlador jodido que seguro se arrodilla frente a las estampas de vírgenes y Jesucristos pidiéndoles de favor lo hicieran más guapo. Rápidamente abrió la ventanilla y los pasajeros del fondo reclamaron la violencia del viento. Un despelote entre el controlador y la gente del valle se armó hasta las siguientes dos paradas donde una señora bajó maldiciendo a las que jamás le entregaron su vuelto.
Estás bien?
(murmullos o sonidos graves)
este man está cadaver, algún doctor o aprendiz de enfermero?, fresco man, respira despacio nomás
Al hombre calamitoso se le habían caído las monedas y varios pasajeros agachados recogían el botín. Algunos, los más, hicieron una vaca general con el dinero del suelo y lo guardaron, sin contarlo, dentro de la mochila del hombre. Adentro, donde sí buscaron, se encontraron manzanas, cintas de video, un libro de arte japonés, fotografías de porcelanas, una memoria usb, cuatrocientos dólares y una caja de cuero con medicinas para ser inyectadas.
Pasaje, los se quedan en el puente 6?
El vendedor de turno esperó al siguiente bus.
8/9/10
Morice
Los mayores discutían los problemas de un rescate por aire. Otros preferían la seguridad que les daba el refugio a 500 metros de altura y de hecho pensaban quedarse hasta cuando bajaran las aguas. Nadie hablaba del alimento ni de el líquido vital que haría falta hasta cuando un niño dijo, mamá tengo sed. Tampoco hablaron de la falta de equipos de comunicación y era increíble que nadie portase un aparato celular. Nadie a excepción de Morice.
Morice era un tipo extraño al que las madres veían con recelo y los hombres con la gracia de lo que se entiende por cómico. Daba igual si Morice vivía o dibuja círculos, nadie sabía como había llegado a la ciudad, aunque de hecho, entre los sobrevivientes no había uno que conociera al otro. Cuando uno de los hombres lo invitó a que se uniera, Morice que miraba fijamente al mar, tomó el teléfono y sin dejar de mirar al mar extendió su brazo mientras una tercera ola cubría por completo el refugio y a todos sus supervivientes. Entre gritos se escucharon maldiones al alma de Morice aunque todo era confuso ya que el agua no tardó un segundo en llenar y reventar esa habitación. Segundos antes de ahogarse cada superviviente recordó su nombre para repetirlo como mantra, mientras quienes no podían poner su mente en blanco daban manotazos torpes, confusos y violentos como cuando uno toma un colectivo en los valles de Quito. La ola se los llevo a todos de manera gratuita ya que ni la ciudad, ni las montañas habían pedido la presencia de ese mar tan apocalíptico y destructor. Cuando el mar alcanzó el oriente ya los satélites fotografiaron la destrucción de casi la mitad del continente, lo que era una destrucción incomparable, de hecho la más grande en la historia de la tierra además de la del meteorito que destruyó a los dinosaurios, teoría para algunos, verdad física para otros. Varias familias europeas lloraban arrepentidas los destinos escogidos para vacacionar y el lugar geográfico de las islas Galápagos pronto sería el de un santuario. Los estudios no han llegado a esas profundidades pero se cree que volcanes como el Cotopaxi o el Itatiaya fueron apagados para siempre, mientras en algunos países ya se inventaban nuevos servicios de turismo, visitas guiadas a antiguas ciudades, a metrópolis sumergidas como la antigua Buenos Aires.
Morice miraba al mar, y el mar era su enemigo.
31/8/10
A propósito de septiembre
Varias cabezas de vacas caminaban maquilladas a través de las pequeñas veredas hechas para una sola cabeza, cabezas hermosas y a la vez estrambóticas, de varios pares de ojos y con cuernos cortos como acné. De pronto, al tropezarse con otras cabezas, sonreían y afilaban los cuernos en los cuerpos cubiertos de cuero y en las corbatas hechas de hilos de hierro. Una de las cabezas, la del cuerpo mas fofo, derribaba a su paso a cuanto niño encontraba y daba la impresión de ser una señora cabeza porque tras de ella corrían varios becerros que colgaban incluso de sus grandes ubres. Las veredas de esta ciudad son tan pequeñas que uno debe andar de puntillas y chupado la barriga. La ciudad volvió a hacer implosión y como en un eructo expulsó un aliento más parecido a la boñiga de ciertos animales. Inmediatamente recordé a mis abuelos, su pequeña casa en el campo, mientras enjuagaba la saliva que colgaba de mi cuello. Las manos, que jamás me habían sangrado comenzaron a amarillarse y a arrugarse así como mi rostro que dejo de ser suave y brillante para convertirse en un rostro arrugado y bastante quemado. Al mirar al cielo la virgén de las Mercedes se transfiguró mientras las nubes junto a ella tomaban forma de sacerdotes y feligreses.
Tarde era, lleno de polvo me acosté, apenas era un 18 de septiembre, la ciudad estaba a dos meses de su fin.
30/8/10
A propósito de Mr T
27/8/10
A propósito de lo lumpen
Andrés escribía a mano. Llenar una hoja en blanco es un trabajo sencillo, a la vez que divertido y extrañamente escandaloso. Una frase provocadora equivale a un beso robado, a meter gol de chilena o a robar fondos para compartirlos con los amigos, osea, que una frase provocadora es un producto de la abundancia. Un jabón ahogado en una tina de agua no es sinónimo de abundancia, es sinónimo de ceguera. Mentir también es un defecto aunque haya razones para creer que en una mentira hay algo de cierto. Las mentiras son verdades mal contadas o más bien ejercicios de cirujía: corta un poco, agrega, quita, expande. A veces lo que más importa es el fin y si no preguntenle que piensa un hincha de cualquier selección.
Una gran verdad son los cromosomas y la herencia genética. Dos cromosomas iguales dan origen a una niña, lo que equivale a un par XX. Dos cromosomas distintos, uno X y uno Y dan origen a un sujeto niño tambien llamado del género masculino. Ambos géneros tienen 23 pares de cromosomas y también los mamíferos suelen ser gregarios.
Por herencia pierdo el cabello. Creo me sobra un cromosoma osea sumo 49 y parece que siempre voy a escribir a mano.
26/8/10
A propósito de la escafandra
24/8/10
Los diez años
Desayuno
23/8/10
Los mitos
Para su siguiente encuentro planificó enseñarle los panales que había cuidado. Le hablaría de las abejas, de lo saludable que es la miel hoy en día y de las vendedoras que mezclan azucar a sus ventas. Ya entrados en conversaciones preguntaría algo clave. Si García contestaba que sí, Carrera lo estaría considerando para al fin, en más de diez años considerar a alguien como un amigo.
Todo sucede una tarde con sol de un febrero de 1993. Carrera quien era ampliamente conocido por sus negocios ilícitos invita a García con el fin de convertirlo en su cómplice, su socio, su consultor y amigo de la familia. Tanto la familia empresarial como la familia legal.
García llega, saluda, observa su reloj, hace dos acciones o más acciones a la vez. Carrera para no molestarlo pretende comprenderlo y pone manos a la obra. Lo invita a levantarse, los whiskys para más tarde, solo toma un sombrero y dice algo que rebota en las paredes e inocentemente quizás escuchen los cuadros.
Carrera parece una adolescente, lo que es peor, una adolescente a la que no le importa verse enamorada. Atentamente explica el proceso por el que las abejas construyen panales eligiendo siempre lugares donde tengan un costado de sombra y un costado de sol, mientras la reina copula con todos los obreros. Tántricamente afilando las tildes y pausando en las comas cirujanamente. Carrera toma con propiedad a la abeja reina y coloca en manos de García. Pronto la abeja atrae a varios obreros.
Ella te considera un panal, repara Carrera.
García asiste a cada reunión. A los bautizos de cada nuevo hijo, al grado del primer hijo, al velorio de los padres de Carrera, a las pelas de gallos, al fútbol y a los lanzamientos de sus nuevos productos. Siempre como socio pero ante todo como amigo. Luego de medio siglo de éxitos, García es uno más de familia, al punto que varios de sus hijos están comprometidos con los hijos de Carrera. García nunca lo dijo y eso no lo hacía menos compañero, pero en el fondo Carrera para García era como el hermano al que nunca dejó de vigilar.
20/8/10
El monstruo y el culpable
18/8/10
Un día perfecto *
16/8/10
Tú mi junkie
Ella mira de costado. 45 grados después ella mira de frente. Mira en un espejo redondo, mira en espejo de mano, mientras mira ella estudia, en su reflejo encuentra que su rostro aún continúa desordenado. Entonces, ella toma las tijeras, toma una hoja azul de afeitar, toma un jabón y sobre este vierte medio litro de agua caliente mientras tararea una canción. Mientras, a través del espejo redondo, ella mira su cabeza reflejada, su cabello húmedo, la cama pulcramente ordenada, las almohadas sobre la cama, el vestido y la caja de zapatos junto a las almohadas mientras mira su cabello, mientras tararera una letra, mientras se mueven sus labios, mientras corta su cabello. 45 grados después ella mira satisfecha.
Ya sin cabellos, ella, que ya no luce como era ella, decide disfrazarse, decide ser niña, decide jugar a ser muñeca. Ella pinta unas cejas exageradas, coloca una peluca hecha con cabello de muñecas y viste un vestido de cuero negro. Vestido, cuero, peluca y cejas que combina sobre unos tacos rojos, altos, firmes como dos estacas. Antes de salir, ella coloca dentro de su bolso un revólver, las llaves en el llavero de Scooby doo, dos monedas de 100 pesos, cada una para los taxis y un teléfono celular al que lo tiene en modo de silencio. Entonces, ella mira el espejo girando, dando vueltas, mira, dice en voz alta, que no te canses de mirar. Gira 180 grados, coloca llave, detiene un taxi, sube, dá una dirección.
Ya en la calle es posible observar a niños manejando autos, autos hechos de madera y con dudosos sistemas de frenado.
El taxi cruza una calle. La calle termina en otras calles.
15/8/10
El hogar sin puertas
13/8/10
El público y las cortinas
11/8/10
Lados C *
C
Entre el público un niño le pide a su padre que lo levante en hombros. El niño ve rostros, ve una luz y luego no ve más. Todo es parte del show dice una mujer de 35 años que trabaja de camarera y ha pedido que la suplanten. Andrea que esa noche trabaja hasta las doce, tiene un novio que le regala discos de bachatas. El sonido es una mezcla de percusión con ciencia ficción. Ficción de Ed Wood. Las filas de atrás ven primero el humo, las llamas. Una vieja Rickembacker cae en llamas de su pedestal. En los camerinos no hay nadie. En dos horas piensa Andrea, mientras toma 1 dólar y lo guarda junto a las otras propinas. Solo dos horas.
María Gabriela despierta. Charly tiene la cabeza echada hacia un lado. En Lima María se toma un té, memoriza acordes. Duerme. Cuando la azafata la despierta María recuerda que soñaba con una niña. María observa a Charly. María cierra los ojos. María sueña con Charly flotando sobre un lago.
En casa y luego de un baño el niño juega con sus dinosaurios, al más grande lo llama Lex. Luego se cuelga una guitarra eléctrica, luego repite no soy un extraño. Luego ve sus juguetes, su guitarra, su rostro en el espejo y se aburre. Su padre lo llama para que apague la luz. El niño apaga la luz. Antes busca la linterna. Esta es mejor que la luz dice.
10/8/10
El porvenir*
Patricia.
Jim Morrison ingresa al área de las duchas. Jim Morrison es delgado, lleva una chaqueta de piel, fuma un marlboro rojo; el humo, su cabello, desordenado. Tras Morrison una mujer, más baja que Jim, cabello oscuro, cuaderno en mano, lentes, cristales como ojos. Nadie los sigue, todos se han quedado atrás.
Un hombre gordo, vestido con un sombrero vaquero, discute con otro hombre, uno alto y delgado que también viste como vaquero. Cuatro hombres cargan un parlante tan grande como un elefante. El hombre gordo tira el sombrero al piso, levanta su dedo y antes de empujar al hombre delgado el hombre delgado agarra el dedo en el aire como un ave, como una águila, lo atrapa, lo enjaula, lo detiene. Las puertas del recinto se abren a las seis responde el público, como ha sido y como seguirá siendo dice el hombre gordo. Yo me encargo de mis músicos. El hombre delgado hace llamadas, levanta la voz, fuma un red apple, el hombre delgado junto al hombre gordo parece hacerse más delgado.
Ella tiene 16 años. Ella mira a su amiga. Ambas son menores, ambas han dicho verdades a medias. Una sombra atraviesa la puerta, una masa de brazos y de volúmenes. Ambas se despiden con prisa, ambas parecen dos hermanas. El público cruza la puerta, el sol desaparece, se filtra, ambas son menores y continúan contándolo a medias.
El escenario es rústico, frágil, poco confiable. Jefferson Airplane promete, Jefferson sale a escena, la fecha, 1969.
Jim Morrison y Patricia charlan como viejos e íntimos conocidos. Se sueltan, se escuchan. Repiten afectos, respiran a sus anchas, se lo toman con calma. Patricia guarda todo, cada detalle, incluso escucha y resalta frases al mismo tiempo. Patricia repite Morrison, Tricia, como si lo pronunciara por primera vez. La química, esa salvaje probabilidad se vuelve un método, un análisis, termina, se hace del tamaño de un resultado. Patricia y Morrison abren la llave, un hombre de azul los empuja, el gas cae, solo para músicos dice el hombre, Jim, Patricia, el público.
Afuera corean White Fanny, afuera el hombre gordo tiene el rostro hinchado.