27/10/10

La bala tardó cinco segundos en llegar a su frente. Como en un comic las imágenes se fueron sucediendo una encima de otra, primero la detonación, apuradas, pacíficas y explosivas, rojas en cualquiera de los casos y es que al mirar a la muerte cercana, vestida de venganza,

Desde el asiento de atrás observó con cuidado a su tío Marcelo. Con cuidado casi sin respirar, al igual que unos minutos atrás cuando su tío sin apagar el cigarro entró en ese edificio lleno de estatuas, donde varias personas intentaban conversar haciendo preguntas con las cámaras adelante mientras el chico apuraba el paso y los hombres con micrófonos y vestidos con trajes negros lanzaban frases que nadie contestaba como en una red que intentaba atrapar la atención de aquel hombre que visto desde ese lugar podía pasar por una estatua de piedra de acero. Desde el asiento de atrás el niño estudiaba a su tío y comprendía que

El hombre cubrió con su sombrero el rostro, mientras con la mano libre empujaba a las cámaras que se interponían a su paso. La preguntas venían de todos lados

El temía, más que a la sentencia, a los periodistas. Imaginaba cada una de las preguntas a las que se enfrentaría y él, sin rencor y con profundo orgullo contestaría que fueron 30, sin contar claro con las bolivianas, que esas eran parte de otra lista.

No puede ser tan difícil pensé, posó para algunas fotos, contesto algunas de sus preguntas, lanzó frases sueltas como dardos cargadas de acusaciones que auqnue fueran falsas explotaran como ácido

No puede ser tan difícil pensé y ese pensamiento me acompañó durante los siete meses que duró el juicio. Es cierto que todas las noches observaba con nitidez su rostro y también es cierto que era imposible que como si estuviera acostado junto a mí, en esa cama de 1 plaza,

No me atraparan

Las duchas de las niñas estaban separadas de las de los niños. Un dibujo clavado en una pared de baldosas blancas lo indicaba a través de dos flechas que también eran blancas.

De la pared colgaba el cartel que diferenciaba la ducha de niñas de la ducha de niños. Mi sueño era estar en la ducha de niñas

Por unos pequeños parlantes salía la voz de Gilmour y en ese lugar de baldosas blancas, la música, que nadie había puesto rebotaba como una pelota de ping pong. Dentro de la piscina los niños hacían piruetas, algunas en extremo difíciles como caminar con las manos en vez de hacerlo con los pies, maniobras que por otro lado eran permitidas y además aplaudidas, los padres de esos niños además de los vasos de limonada que sostenían en sus manos utilizaban cámaras y otros artefactos para detener, en uno de esos álbunes que reposan empolvados en las mesas de algunos hogares, las instantáneas de cuando alguna vez tuvieron hijos. Además de los padres, un hombre de pantaloncillo azul ocupaba su tiempo en dar órdenes e indicaciones que muchos de los niños a veces ejecutaban, como salir de la piscina y esperar al sonido de su silbato para entrar. A pesar de ser solo un curso para niños el hombrecillo de azul se tomaba tan a pecho su trabajo, como cuando trabajaba de instructor en el ejército nacional enseñando a sus alumnos las técnicas preferidas para ejecutar maniobras de buceo. Los niños que nada tenían de militares observaban a las niñas que aunque en menor cantidad asistían

No hay comentarios: