Omar desde la cima lanzó cuerdas para que los elefantes que venían tras de él, las amarrasen prontamente a sus cinturas. La cima fue lo más sencillo de alcanzar se repetía Omar, mientras en el cielo se dibujaban como costras las nubes de una tormenta que atacaba el volcán mas próximo. Los elefantes llegaron por fin varias horas después debido a su paso y la montaña por un instante se dobló tras el peso de aquellos cuerpos llenos de arena y con trompas de ladrillo. Se acostaron de lado uno encima de otro y permanecieron durmiendo durante las siguientes dos semanas. De esta forma celebraron la conquista de aquella montaña.
Cuando al fin Omar y los elefantes se sintieron aburridos, decidieron que lo mejor tanto para ellos como para la montaña sería abrir un cráter, esperar a que brote agua e inclinar sus palas hasta que la montaña sea un pozo. Al cavar, los elefantes habían perdido los colmillos pero el níquel que encontraron fue convertido en en mejores colmillos. Cinco años después salieron del otro lado del mundo. La vista, más que privilegiada les mostraba un desierto donde solo habían dos bicicletas.
Los elefantes y Omar se quedaron cansados y profundamente dormidos.
Al despertar, Omar no tuvo de otra que vagar por el desierto. Lo hizo a pie ya que las bicletas se las habían llevado los elefantes. Bajo un árbol negro, Omar encontró una serpiente o lo que había sido una. Sentado, pensó que bajar de esa montaña, aunque llevara su tiempo, tampoco había sido complicado. Entonces Omar, se preguntó, por primera vez, cuál era su nombre.
Al despertarse, Omar, con una mandíbula de caballo, escribió en la tierra con letras claras, un nombre que era el único nombre que recordaba Omar. Por tercera vez en el desierto, Omar volvió a quedarse dormido.
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