27/10/10

A la radio, como todas las noches, la dejé encendida. En esa habitación me sentí diminuto, como si de golpe, mis brazos y mis piernas se ahogaran entre montañas y mares de almohadas y colchón, como si la radio aspirara las paredes o como si un hombre enorme inflamara las paredes de una casa que no era más la familiar, como si de golpe el nuevo dueño se apoderara de ella y de todos los que aún vivíamos bajo esos techos.
La radio reproducía canciones en inglés, viejas que como manchas jamás fueron borradas de la memoria o de lo poco que quedaba de ella. Como

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