El que siga contestando sus cartas responde a un cierto estado que me produce el saber alguna intimidad de ustedes. El que me tome mi tiempo para leer su correspondencia no es otra cosa que una respuesta al conocido placer de fisgonear. Meto la cabeza donde no me han llamado cual rata pequeña que cabe perfecta en la palma de una mano. Sin ninguna culpa puede contarles lo mucho que me he reído cada vez que alguien pronuncia mi nombre sin la debida seguridad del caso o lo que es más común todavía, cuando alguien usa alguno de mis diminutivos. Yo no elegí como llamarme y como muchos jamás he elegido, como mucho he levantado una mano
No hay comentarios:
Publicar un comentario