13/8/10

El público y las cortinas

La pared dividía en dos lados a la banda y al departamento, al ruido que vomitaban las trompetas, la batería, del silencio casi místico que rodeaba como cápsula a los gatos en la sala de Marcela.
Omar en primer plano e iluminado por el monitor, deja todas sus actividades y espera que Marcela, capte sus movimientos en breve, lo observe, y abandone todas sus actividades. También dentro de Omar se dibujan posibilidades que atentarían contra el bienestar de ellos, como cuando una persona se ha vuelto peligrosa, cuando gritas tan alto que te vuelves ronco.

Marcela con los auriculares conectados a su cerebro, ignora el fondo, el oxígeno, el planeta y los espacios y mecánicamente, con la precisión de un cirujano ilustra tapas de revista para una portada atrasada. Su pulso se hace visible como una montaña a un costado de su cuello mientras en el monitor dos personas que asisten al cine mastican snacks con los rostros de estrellas de cine en una película llena soldados disparando sus últimos misiles bajo las órdenes de un teniente desnudo. Marcela, como cambiando de canal, de sala, de trabajo y de laboratorio escoge un escenario donde una banda toca temas colgados de cabeza y con luces brillando desde el suelo.

El trío, toca versiones de The Mars Volta en una sala sin público, Omar detrás de un bajo amarillo deja de cantar para observar a Marcela que cambia varias veces de instrumento mientras una docena de gatos reptan por la paredes hamacándose en telarañas que ellos mismos han tejido.
Marcela acaricia a los gatos, observa a Omar a través de la habitación y apaga las luces dejando el escenario como un cuadro negro.

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