2/2/14

Catorce vidas y miniS

Y eso... Un día intentamos entender al loco sabina y luego de varias medias horas llegamos, a secas, coldturkey, a duras conclusiones, y fue gracioso porque lo hicimos en mitad del pasillo, un poco estorbando con toda la mala voluntad a los otros talleristas que cruzaban con prisa pues rendían pruebas, y un poco hablando en voz alta palabras como corpiños, pelada de los cables o catorce vidas son dos gatos. Una tallerista se detuvo a escucharnos, un poco al disimulo, y J empezó con eso de la mujer que subió al escenario y que intentaba bajar a serrat porque estaba tan contenta que quería irse a casa cargando con música y madera. En realidad yo estaba contento porque cada vez, según yo, un poco entendía mejor las razones de algunos artistas, esa energía invisible y reversible capaz de componer cosas donde solo hay muros; y donde solo hay paneles con botones que alguna vez sirvieron y ahora estaban fuera de uso, botones que no encendían. En realidad nos tomó algún tiempo concluir que al loco de sabina le gustaba cantarle a todo aquello que estaba perdido. Eso quería decir que todas las cosas por las cuales nosotros luchábamos, en sabina eran agua quemada y nosotros, muchas veces, como don nadie bailábamos con cualquiera. Un poco eso era molesto, luego el círculo empezó a desaparecer y era que una u otra persona se acercaba casi en silencio a pedir cosas o para llevarnos hacia otro sitio, y un poco todos nos mirábamos mientras dábamos algunos pasos hacia atrás y parecía que al mismo tiempo nos decíamos, ve en paz, o ve en calma, o tienes mi permiso, o sigue no más, eso en vez de decir no ir, no seguir, no hemos terminado. De alguna manera ya éramos todos y todos buscábamos movernos de modo que nada quedara atrás. 

Ese círculo estaba formado por K, por N, por L, un poco menos por LL, quizás U, quizás R, quizás alguien del octavo, quizás alguien más del octavo, y muchas veces creímos que el tiempo no pasaba pero también ocurría lo contrario, y en esas ocasiones aprovechábamos para tirarnos al piso y sin respirar o con un solo aliento intentábamos contar toda una historia, como una película en un minuto, reíamos, buleábamos a alguien con eso de dónde estaban las motos, ocurría cuando uno de nosotros llevaba pantalones oscuros o cuando U traía su chaqueta de cuero y era graciosa pues su moto debía ser una pasolla, o una vespa, y al igual que ella seguro no hacer RUMMMMM sino riNnnnnnnnnn.

Un poco andábamos parándonos a hablar de cualquier cosa, en cualquier sitio, y esto se debía a que la carrera había perdido su centro estudiantil, y también a que se había realizado una evaluación, y algunas autoridades tenían auditorías encima, y esos eran problemas, pues solo nos quedaban los pasillos, y era molesto e inconveniente para discutir futuros sabotajes o acciones contra las políticas públicas y las del centro. Sin embargo, en un viaje hacia uno de los valles, N propuso algo, algo sobre una dependencia capaz de brindar asistencia a jóvenes y sus supuestas familias disfuncionales, y N usó esos términos, y a mí me pareció algo urgente, bastante razonable, pero sobre todo, y eso me preocupó, su propuesta se alejaba de las usuales manifestaciones de N, propuestas caracterizadas por un tono histriónico, por criterios subjetivos, epifanías. Creo que podíamos montar esa organización, acorde a las necesidades, que a veces en realidad no eran más que el resultado de desatenciones, dije a N que dejáramos que el tiempo colocara en el camino a una de esas autoridades, que nos palanqueáramos. Luego fui lustrabotas y en 1964 formamos el centro del muchacho trabajador.

Eso de hablar en cualquier sitio era molesto porque, generalmente, mientras sucedía, en otro lado (un poco como en otra antípoda) resultaba que otros guardaban silencio.

Luego estuve dentro del gran galpón y me sentía como alguien que acabara de levantarse y que no entiende muy bien qué mierda está pasando, y tenía junto a mí a una persona vestida absolutamente de negro, y era como estar en uno de los filmes de timburton, y un poco yo llevaba zapatos de piel y una chaqueta bien cara, y todo era extraño porque el galpón es un sitio para filmar comerciales tipo cocacolita y tipo lachispa de lavida ahora con más gas, estaba lleno de familias que nos miraban como si acabáramos de regresar del espacio, como si fuera el mono que habla y patina o como en ese filme del planeta donde dios es una ojiva nuclear, aunque luego dejaron de mirarnos, yo había dicho soy yo vestido de negro acompañándome y continuaron con sus cosas y esa persona siguió su camino y yo dije que guardaría el puesto y luego pensé que otros talleristas debían estar en el galpón, y busqué pero la mayoría eran oficinistas y amas de casa y luego exhalé y el galpón se inflamó.

Supongo que los frigoríficos saltaron en chispas o que los pavos se descongelaron, y luego varios hombres de traje blanco y boinas blancas llevaron sus escobas, y sus baldes con moscas acechando, pero eso habrá ocurrido de un modo discreto o quizás pensé todos éramos los hombres del congelador que acabábamos de descongelarnos.

Debo, pensé, tengo la obligación de decirle a alguien que los años habían hecho estragos en su rostro. Un poco era cosa de un homenaje al Mini ESE.

Luego me volví gato y de nombre me puse Paco. Un poco en honor a un viejo amigo y un poco dejando que la imaginación perforada de mi padre, mi padre el escrito, hiciera las cosas que le gustaban, es decir, lo que él quería, además los gatos en casa eran propiedad de mi padre. Un poco me daba miedo o repudio hablar del gato con otras personas, sobre todo porque era inevitable que preguntaran cómo me llamaba. Yo daba algunas vueltas antes de responder, y otras veces decía el nombre sin preámbulos, como quien quiere acabar las cosas de inmediato, y no faltaba un escandalizado que pensaba que mi familia era de esas que apologizaban el vicio; quizás sí, quizás era lo único que conocíamos. Un poco creo que me volví Paco dentro del galpón, para poder trepar a los hombros de algunas personas y desde allí esperar y vivir sus estrañas reacciones, y la mayoría era del tipo cámara escondida, algo así como qué ocurre?, por qué me ocurre a mí?, y yo no fuí!, y corro pero ojalá la encuentren! y muy divertido, se pasan, de grande quiero ser así...

Luego me puse a suponer que un hombre de camisa rosa llamaría por el altoparlante al dueño de un gatito que anda saltando sobre los coches y sobre los hombros de nuestros clientes. Habría terminado con algo como el gato se llama Paco y es muy lindo y parece que si nadie lo reclama pasará a ser propiedad de blockbuster entertainement y corporación Llanos. Por cierto el gato no dice miau, dice arre.

Igual, tuve tiempo para mirar al galpón desde un punto muy alto, en medio de dos reflectores que un poco chamuscaron mis bigotes. Las personas en su mayoría se paraban frente a los estantes y parecía que tomaban lo primero que les encadilaba la vista, y supongo que daba igual si compraban caballo que digamos raíz de vildigusroman. Bueno, dejé de ver esas cosas y luego intenté probar mis reflejos saltando y caminando sobre los cables que sostenían el techo, ese tipo de cables de acero que se usan para levantar vigas mediante plumas en la construcción de edificios, como los edificios nuevos de la colón (espero me guarden un departamento amarillo en la azotea). Me sentía bien, pero estar cerca del techo me hizo pensar que ya nada estaba en mis manos, o que todo era inevitable, y luego pensé que sería bueno perder una vidita así que busqué una licuadora encendida o un bidón con agua y entonces hice un clavado triple del tipo acapulco, patas estiradas, garras recogidas, luego la resucitación.

En los muros estaban escritas algunas cosas pero no las entendía, además estaba regresando de la muerte y eso es un poco oscuro, y mi cola aún no funcionaba bien.

Dos personas se acercaban hacia el galpón y una de ellas estaba sentada sobre los hombros de la otra, y en realidad la que estaba encima parecía agarrarse del aire, y se tambaleaba a cada paso, o era como si la una no supiera que tenía a alguien encima o como si la de encima no supiera muy bien hacia donde ir, un poco como subir a un elefante e intentar dirigirlo con el pensamiento. La gente se abría a su paso, y quizás, pensaban que debían dejarlos avanzar, entonces algunos detuvieron los autos, y los vendedores de bosques en las afueras del galpón se persignaron; luego ambos avanzaron cuando la luz estuvo en verde.

Luego yo ya no era gato, pero seguía en los hombros de alguien, o era que el hombre de camisa rosa dijo algo sobre ayudarme y tomó algunas cosas y las guardó en las bolsas blancas.

"Pero hace un rato yo esperaba la luz verde".

También ví a un gato en el techo del galpón y creo que el gato me estaba mirando. La otra persona ya estaba en el estacionamiento y los autos se manejaban solos y las espaldas parecían pegadas, y se estiraban; era una mancha negra y mi chaqueta bien cara.
Eres un mentiroso.

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