4/2/14

de ganas de roja, las galletas verde son de humano

Era interesante y terapeútico observar los pedazos, la cosa interiore del cuerpo de uno sobre una mesa, con el tiempo suficiente para enumerarlos y sobre todo con esa luz que los hacía, digamos, un poco menos horrorosos y quizás casi fantásticos, como si se trataran de las partes de un maniquí de consultorio médico. Ahí estaban todas esas partes y uno se preguntaba dónde estaba la parrilla y a uno le entraban las ganas de ir al supermercado a buscar un poco de carbón y ya se imaginaba uno preparando los aderezos y un poco quemándose las manos y las pestañas y los pelos de los brazos mientras avivaba las llamas. Pero las partes estaban sobre una banjeda metálica junto al cuerpo, y todas tenían un color saludable, y los rojos eran rojos intensos y los violetas eran unos violetas casi misteriosos, y había algo blanco y largo y también parecía limpio y sano, algo gelatinoso y carente de las comunes enfermedades que saltan a la vista, y eso era bastante saludable y motivante, y a uno ya no le daban ganas de asarlo todo en el jardín, ni el patio de la casa, y menos de armar un partidito de ecuavoley con las respectivas pilseners, a uno le entraban las nostalgias y pensaba en los hijos que no estaban, en las novias fallecidas, en los compadres a los que había traicionado y en un montón de personas, decenas, que ya no estaban y que se habían ido en el momento menos pensado; y era muy común que uno la estuviera pasando de fábula y que de repente alguien desapareciera o que alguien se acercara para pedirte que le abrieras la puerta o le quitaras el candado. A veces uno la pasa tan bien y cree que a todos les ocurre lo mismo y resulta que no es tan así y unos cuantos ya tienen la cabeza en la almohada de casa. 

De todas formas uno estaba con la cocina encendida y con la tetera llena de agua, y el agua en diez o menos minutos hacía vapores y la tetera soltaba un ttuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu y eso era buena señal para levantarse y mirar un poco como estaban las cosas en las otras habitaciones, y era como tener una gran reunión con varias pequeñas reuniones cerca, y detrás de puertas y de muros diminutos y uno siempre encontraba a personas pequeñas con sonrisas pequeñas jugando a la play o jugando a mirar los filmes de georgelucas y eso quizás era ideal, y de vuelta en el salón ya alguien tenía el cuello largo y a veces a uno le entraban las ganas de morder y succionar, y a veces me interesaba que todos fuéramos iguales, lo que quería decir que otros también fueran capaces de ver otras diez generaciones nacer y volverse polvo, pero quizás esas cosas debía dejárselas a alguien menos imprudente, y menos impulsivo y digamos alguien capaz de compartir su misterio o maldición. Luego para calmarme me servía una gran copa de roja y la sed se apagaba.

Pero varias veces se mostraban aquellos órganos, mis órganos y la sorpresa era bella y sus ojos se convencían de que aquellas formas esponjosas eran el producto de un artesano de guano o uno de quisapincha, y es que en guano fabrican todo tipo de cosas y recuerdo brevemente a gente tocando tejidos y luego o en otra parte a todos manchándose los rostros con la roja de verdad y eso era muy cómico, y a veces los invitaba a meterse algunas cosas, y era como si empuñaran sus corazones y cuando los tocaban con los labios literalmente los corazones se detenían.

Recuerdo que varias personas bailaban unos temas rápidos de bossanova, y eso era raro porque la bossa suele ser un ritmo lento, y un poco creí que había perdido el ritmo de la cosas y exacto era eso, porque pronto dos desconocidas me miraban mientras colocaban sus vientres cerca, y luego los frotaban el uno frente al otro al ritmo de esas músicas, y yo no quería ver sus ojos pero pude ver que eran como fantasmas, o como mujeres muertas o como cortinas, y un poco se parecían a unas cantantes a las que no había visto de hace unos años, y una de ellas ahora manejaba un negocio en el centro de la ciudad pero ahora ellas eran mucho más poderosas, es decir, con solo verlas uno sentía deseos de correr porque era evidente que andaban disfrazadas y lo siguiente sería despistar pero también uno quería enfrentarse con esos cuerpos semidesnudos y con esos vientres planos y entonces uno se acercaba y luego estaba el juego de matar al otro, y bailábamos en círculos como en una ronda, y una o dos personas más se nos unían, y uno un poco las tomaba de las manos y luego la idea era perder la razón para hacer cosas sin sentido como entrar al círculo para dejar que el resto gire alrededor de uno, y las manos aplaudían o éramos como la ronda de las muertes, y nos invocábamos aplaudiendo, y luego sus ojos que brillaban, y me parece que por un momento pude ver a través de ellos, y esos ojos veían con claridad y miraban a la luna, o por lo menos yo observé con mis ojos cerrados y a través de sus ojos y vi que ellas tenían fascinación por la noche, y en el cielo que ellas miraban mientras yo miraba con sus ojos había una luna enorme, y un poco amarilla, y esa luna estaba cubierta por nubes, así que todo era mucho más sobrenatural y por un momento pensé que me volvería un lobo o aullaría, llamando a los olvidados, porque se supone que uno aulla cuando recuerda o los quiere de vuelta, o recuerda o percibe su olor pero quizás ya estaba muy ebrio, y además alguien no paraba de servirme roja, y los giros eran cada vez más rápidos, y luego una de ellas dijo los lobos tienen seis colmillos. Quizás ya estaba dormido, pero también sonó como si cientos de pájaros agitaran las alas, y en casa no teníamos aves, y además era muy tarde y las aves se supone descansan bien temprano.

Luego estaba rodando muchos escalones, y ya no era en la casa, y tampoco en uno de esos salones para fiestas, ni en las reuniones de los sábados y yo ya estaba extrañando salir un poco para perder la cabeza, y eso de bailar con personas desconocidas, y eso de beber de vasos extraños; y esa era la pérdida, y más bien tenía que rodar hacia el piso nueve y al hacerlo parecía que mis partes se iban ensamblando, como se emsamblan las partes de un robot, como cuando voltrón llamaba a sus brazos y los brazos eran leones, y luego llamaba a sus piernas, y unos robots en forma de dinosaurio salían o rompían una caverna y del otro lado de la pantalla los niños hacíamos ehhhhhhhhhhh, y luego estaba yo rodando hacia el piso nueve, y sentía como si varias partes: brazos, cerebro, canillas, dedos del pie, volaran hacia mi cuerpo, y poco a poco empezara todo a pegarse, o a ocupar un sitio donde cabían perfectamente, y al hacerlo uno sentía que esas partes se pegaban, y eso era doloroso porque al pegarse la verdad un poco quemaba, como si la piel se derritiera y las personas alrededor no miraban, y quizás no se daban cuenta pues uno estaba dando vueltas, y ellos subiendo o bajando y tampoco podía detenerme mucho a quejarme o a decir cosas o gritar, y creo esperaba que el dolor me hiciera más poderoso y pensaba que tras los giros y el dolor un nuevo hombre, uno doble, girara los brazos en lo alto como dos hélices. Pasó lo contrario y más bien las partes empezaron a abusar, es decir, se pegaban y despegaban por puro gusto y yo estaba rodando y ellas como si fueran nubes de insectos picando aquí y debajo de allá, y el cuerpo inflamándose y creo que ese era el modo de hacer que me detenga, y también perdí un poco la razón, pero al quedarme sin sangre dejé de rodar y también olía a masa como de gel verde pero quizás ni eso, ni soylent green.

De todos modos llegué al piso nueve y alguien dijo que todos estaban en la terraza, y yo recuerdo que (como si me tratara de un topo o de sonicelerizo) dejé de ser una bolita, y empecé a usar mis piernas y a ponerme de pie, y era una cosa como volver a nacer, y tomaba tiempo sincronizar las ideas, y las órdenes, con ese cuerpo que en todo caso era conocido pero extraño, y quizás era cosa de desear no caer o desea dar dos pasos o de tomar un balón e iniciar un partido de baloncesto pero de todos modos me tomó tiempo, y siento que aún hay cosas que no fluyen de modo convencional y parece el caso de un tipo persona que entra en rehabilitación y luego camina entre el agua, y la pileta tiene varias escalones y varios pasamanos de acero, y loos músculos vuelven a ser los mismos y luego algunos prefieren un partitido de baloncesto, y algunos meten dinero y cigarros y alguien quiere apostar el televisor que está atornillado al muro .

El marlboro auspicia al baloncesto.

Un poco atrofiados ciertos órganos y eso es normal, y recuerdo que una tallerista recibió un mensaje por error y alguien le pedía que dejara de atrofiarle el cerebro, y esas cosas de reclamos, y esas cosas son como cosas serias, y no es bueno jugar con el cerebro de otro aunque esté a la vista, y quizás el origen del mensaje erróneo fue un tubo de ensayo o un cilindro de vidrio con la masa rosada un poco atrofiada como un maní, y estaba a la vista, un tubo de ensayo como con un fluido seco o al que le ha dado mucho tiempo el sol.

Luego estuvimos tomando el sol y contándonos cosas y parecíamos una gran familia de talleristas vestidos al apuro por una mujer a la que le sobraban dos brazos, y un poco riéndonos para que otros no se rieran de nosotros.

Luego estuvimos buscando la parte sin pintar. Todo era amarillo. Una vez regalé una flores amarillas. Quizás fue la primera vez y creo que lo volvería a hacer, y creo que haría que alguien se coma las flores y me gustaría que las flores brillaran en el estómago de esa persona y en la noche la persona diría que le gustan las flores porque las flores brillan en las noches.

Luego hablamos de beber roja; y sin beber actuábamos como ebrios y en verdad eso era lo mejor que sabíamos hacer.

Nuestra especialidad en accidentes.

Luego eres un mentiroso fuera del gran galpón y me dieron ganas de roja.


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