3/2/14

Una puerta viajando en el asiento trasero de un taxi

Un día estuve pensando en todas las cosas que pasaban a través de una puerta. La puerta era la de un taxi, quizás uno marca aveo, o quizás uno volkswagen, como en méxico. La verdad yo no era el chófer, pero si una persona que estaba en la calle mirando a los autos hasta el momento en que uno de ellos se detenía frente a mí, y preguntaba si quería subir. Luego ese taxi avanzaba unos metros hasta ser detenido por una silla. La silla tenía las patas largas y el respaldar era bastante delgado y a mí esa silla no me daba demasiada confianza, en realidad pensaba me vía sentado, poco tiempo antes de caer de espaldas, y luego pensaba sería incómodo y doloroso tener que levantarme. O sea, estaba acostumbrado a sillas algo más voluminosas y esta silla que ya estaba sentada en el asiento de atrás del aveo, parecía más una de esas sillas de sastre, esas que sirven solo para colgar las chaquetas, es decir, una especie de maniquí. También parecía un mueble de fantasía, como las fotografías en los catálogos de los carpinteros. En todo caso la silla ya estaba dentro del taxi, y luego de dar direcciones el auto avanzó hasta perderse en el horizonte. Luego me vino eso de estar pensando en que otros objetos podrían pasar a través de una puerta, y luego dirigirse hacia una dirección. Se me ocurrió que un teléfono monedero podría hacer lo mismo, aunque, siendo así, era más probable que el teléfono no tuviera que esperar y más bien realizara un par de llamadas para que lo pasaran a recoger. Luego pensé que por la puerta del taxi podría pasar un tanque de gas, y yo lo veía dando direcciones y pidiendo que cambiaran de estación, quizás en la radio estaba el programa de alguna de esas chicas nerviosas que habla de todo al mismo tiempo, y quizás el tanque solo querría viajar en silencio o escuchando el sonido de la ciudad, después de todo los tanques de gas pasan una buena parte de su vida debajo de una mesa de cemento, o fuera de casa, y luego montados en un camión que los pasea durante algunos días por las calles de algún barrio que puede o no ser el mismo cada mes. Después de todo, el tanque bien puede decidir hacia donde va, ya sea que vaya lleno o vacío, pero supongo que es más común tomar un taxi con el interior vacío, y supongo que eso pregunta el chófer cuando va a levantar a uno está lleno sr?, lo llevo a que lo carguen?

Eso me recuerda el chiste sobre el borracho, la pizza y la coca, y un taxi por la noche en una calle de guayaquil. Se supone que un borracho pregunta muy cortésmente al taxista si le permitiría dejar la pizza y la coca en el asiento de adelante. El taxista, muy conmovido por la cortesía de un hombre tan borracho, no puede, sino decirle, que no hay problema, déjela no más. Luego el borracho hace buuaghh, o sea, vomita la pizza y la coquita sobre el asiento, o sea, acaba de dejar la pizza y la coca sobre el asiento de adelante.

Luego imaginaba que por la puerta de un taxi podría caber el motor de una motocicleta vespa. Imagino también una caja llena de luces para árboles de navidad y también podría caber una foca y tres pinguinos. Luego pensaba en objetos a los cuales humanizar, y de nuevo estaba el tanque de gas, usando un par de gafas oscuras, y quizás una puerta sosteniendo un periódico en la sección de editoriales. Con qué sostiene el periódico? eso no está muy claro, pero supongo que el periódico estaría flotando frente a la puerta, y ahora que lo pienso debería ser un diario con solo una o dos secciones, como el últimas noticias, y supongo es un diario que la puerta toma del mismo taxi.

Imagino a la puerta dando las indicaciones, y al taxista escuchando con atención la dirección. En verdad imagino a la puerta pero no puedo escuchar las indicaciones que da, o sea, eso queda para el entendimiento del chófer que quizás a esas alturas de su vida conoce varios idiomas e incluso habla algunos. Lenguaje puerta.

Recuerdo que unos días después intentaba olvidar los escalones que había rodado, lo hacía volviendo a caminarlos, y si era posible volviendo a rodar sobre ellos, solo que esta vez quería empezar en la planta baja y de allí echar hacia el piso noveno, un poco como los autos cuando toman lagasca desde laamérica en dirección a laoccidental; entonces me imaginaba rodando a un ritmo lento, pausado, un ritmo que se sentía esforzado pero siempre constante, a fin de no tener que volver a arrancar y para ello miraba a quienes estaban por bajar, y quienes subían a un ritmo más lento con el fin de no tropezar, y varias personas llevaban pequeños maletines, y supongo eran talleristas sin prisas, y yo suponía que ellos tenían tareas por terminar, y que era esa la razón de su lentitud, y a veces eran dos o tres talleristas, y ese momento uno dudaba si detenerse o pasar por encima, pero era cosa de esperar un momento y luego dejaban el camino libre, y luego uno seguía en esa marcha o ascenso sin mayores interrupciones. Lo malo o negativo era eso de tener que realizar lo mismo varias veces, durante toda la semana y sin conseguir eso del olvido, ni eso del cambio de emociones. Empecé a preocuparme dos semanas después de iniciado mi supuesto tratamiento, pues, aún recordaba mis primeros escalones hacia el piso de abajo, y sobre todo recordaba la forma en que la memoria parecía entrar en lagunas, o cómo luego ya no sabía si subía o bajaba o si iba de izquierda a derecha. Al subir, uno estaba consciente, e inconscientemente preparado, o programado, para llegar, y el viaje era algo así como ir de a hacia c sin pasar por b y las cosas tenían demasiado sentido, y por lo mismo no valían la pena. Luego supuse que era tiempo de interrumpir la trepada y quizás era eso, quizás debía quedarme detenido entre el piso cuatro y cinco, quizás debía esperar a que un grupo me diera paso luego de empujarlos, o quizás debía saltar sobre ellos, quizás eso diera otro sentido y otra dirección al tratamiento.

Luego un día estuve mirando por el interior del gran agujero, y tuve unas ganas increíbles de lanzarme a fin de experimentar con eso de dejar de ser. Estaba a punto de hacerlo, pero pronto estuve recordando que aún me quedaba aquello de olvidar los primeros escalones y la manera en que iba cayendo hacia la planta baja. Recuerdo de manera imprecisa que mientras caía, una persona intentó levantarme, supongo eotro tallerista, y también creo recordar que ya estaba yo sobre sus hombros, mirando al resto de talleristas e intentando leer algunas cosas que habían escrito sobre los muros. Un par de cosas me parecieron totalmente insólitas, o quizás era que yo seguía rodando, y creía estar sobre los hombros de alguien. Por ejemplo, leí cosas escritas sobre uno de los muros, junto a las gradas, cosas como ¡ya entendí! Eso de la leche es por tu madre enferma, y es que tienes mandrágora debajo de su cama. Un poco quise estar sobre un plato bañado en agua tibia, y era que los huesos estaban largos y porosos, y también que necesitaba uno o dos marlboros. En realidad supongo que rodaba los escalones y luego en la planta baja, una o dos personas me levantaron, y luego me dejaron en los sillones del salón de los hombres de corbata azul. Ese salón estaba casi siempre deshabitado y eso que estaba lleno de mesas de ajedrez, ping pong y dos mesas de billar. La cafetera era una de esas máquinas enormes y antiguas, y creo que además servía para preparar varios tipos de café; sobre una repisa la máquina brillaba y parecía que alguien le quitaba el polvo cada día. Desde el sillón miré un poco de teve, eso no es algo de lo que pueda dar fe, pues solo supongo que estuve allí y no dentro de la cafetera o en la casa de uno de los talleristas, luego de subir a sus hombros y miraba un programa de un canal de miami. Ahora me pregunto cuál será el gentilicio de un gringo de miami, se lo llama miamense, miameño? y en el programa una mujer presentaba las noticias de personas que habían sufrido accidentes o de niños con poderes especiales como el basket boy, un niño que encestaba desde cualquier punto de la cancha, con los ojos cerrados, con una mano atada a la cintura, un niño freak del deporte.

Luego me dormí y luego me desperté, y otra vez estábamos en clase resolviendo un cuestionario extremadamente largo, y bastante técnico sobre términos nuevos, es decir, neologismos, prefijos tomados del árabe y algo de sinonimia y antonimia, y era divertido, pero a la vez nos tenía a todos los talleristas con las cabezas clavadas a la mesa, y muchos parecían haberse dormido con las hojas en sus caras y otros parecíamos un grupo de zombies sedientos pero supongo era el interés de no tener tareas para las vacaciones, cosas que estaban por empezar. O sea, a como de lugar queríamos sacar provecho de todas las cabezas, que por cosa rara del tiempo parecían sincronizadas, o trabajando en equipo por el común objetivo. Pensé que hubiera sido fenomenal tener una cámara de fotos, y también pensaba en esa tallerista, aquella del trabajo de fotógrafa a la cual no entendía muy bien, pero suponía que estas cosas para ella serían trabajos, eventos sin importancia, y es que hay artistas solo interesados en los grandes momentos, y los grandes decorados, y los rostros hermosos y las grandes luces, y no sé si ella era ese tipo de artista pero tampoco estaba cerca como para explicarle lo que estaba pasando, a fin de que nos fotografiara.

Todos estábamos cansados y sobre todo veíamos que iba a ser imposible terminar aquel trabajo; sencillamente necesitábamos guía y otros textos. Luego nos miramos y como teníamos muchas ganas de reir lo hicimos, parecíamos niños, y nuestras sonrisas eran nuevas, como si acabáramos de estrenarlas, y tomábamos mucho aire, y parece que teníamos la adrenalina lista para esperar un taxi.

Luego recuerdo eres un mentiroso. Supongo que ahora estoy o siempre estoy y luego estoy eres un mentiroso.

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