12/8/12

Substancia 77-07

Sin haberlas buscado, las respuestas llegaron. Parece algo sobrenatural. Quizás existe una mano invisible, supongo he vivido 30 años engañado. Se sienten las vueltas que da el mercurio, los nervios que se estiran, no es hambre, no es exceso de calorías, cerca más bien de lo eléctrico, de lo viral.
Intento no verlo. Es inútil, interno. De un lado del cuerpo cuelga un botón que predeciblemente será de color rojo, creo que hoy más que en ningún otro momento espero no dar gusto, seguir en contra.

Todos ruegan por mi dedo y la activación.

No son buenas noticias pues el clima influirá en la terminación del evento. Miro las carpas y la feria que ha durado tres días. En la trastienda improvisada tomo un descanso junto a otros empleados. La mesa puesta pero quedan sillas por llenar y eso me agita. Incluso cuando la puerta se abre; sé que el alimento sabe delicioso, caliente, fresco, apto para alargar la jornada, termino y guardo los envases en la zona de reciclaje. Los ojos lucen blindados por un escudo o campo magnético que destruye todo lo que intenta ingresar. El espacio parece haber perdido lugar en los bordes o extremos superiores. La atmósfera está compuesta de dos gases pero pueden haber otros ya que desde la posición el rastro es mínimo.
La pantalla digitaliza mi rostro. El expediente corresponde con el match. El mercurio baja hasta los pies, corro sin avanzar. Mis pies dejan marcas son un rastro. Los rostros se componen de orgános y líneas y pierdo tiempo observando la especulación de la máquina. También caigo o llego al punto cero. Al mirar, desde la posición doce, observo largo tiempo. Olvido que tengo a mis costados a otros puntos. Esa leve vibración es el espacio. Ese sitio existe entre los pies y el suelo. Lo peligroso rodea a los otros puntos, lo que por proximidad me incluye. Del otro lado hay varios hombres, la feria es un éxito. Incluso quienes no lo hacen están haciéndolo por primera vez. Dos espaldas cubren la figura de una vendedora que lleva camisa color pastel. Las espaldas anchas forman un muro, la trinchera. Yo sujeto entre los dedos el botón. La pantalla destaca con poca definición los muslos de una deportista. También el cristal se transforma en un rectángulo de estática. La mujer desaparece por completo. Recuerdo la fotografía de una bolsa negra, dentron en un armario. Transcurren varios segundos, los suficientes. Los domingos suelen imprimirse pintados de rojo a diferencia de los otros días en cualquier calendario. El sitio ha sido abandonado, habrán pasado a la bodega, su rostro brilla con las dos luces, por radio comunican, uno de los puntos, susurra que estamos en bloque.
 

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