12/1/14

Majot mor

Antes de llegar coloqué Major Tom en modo de repetición. Luego estuve buscando desde las ventanas alguna señal o alguna huella pero solo estaban los talleristas que habían terminado algunos cursos, talleristas por egresar. La mujer que atiende detrás de la ventanilla llevaba varias páginas en blanco y perseguía a los hombres de corbata azul para que firmaran y colocaran la fecha del día. Yo miraba todo eso a pesar de estar en el sexto piso y además todos parecían diminutos y todos parecían chocarse al dar algunos pasos y, mientras sus cabezas parecían rodeadas de pequeñas luces o estrellas ellos gritaban y alzaban las manos, agitándolas de modo que uno de los barcos que empezaba a entrar en las nubes detuvo su viaje, y supongo luego lo reinició. Creo que bajar de esa manera fue el mejor modo de perder un poco la idea que tenía sobre las cosas. Últimamente, o más bien, los últimos días me había visitado un espíritu problemático y muchas veces me daban ganas de buscar a alguien que abriera un poco las tapas y mirara a ver que andaba por allí dentro. También me había dado por tomar en cualquier ocasión y por cualquier motivo, por ejemplo estuve bebiendo muchas horas dentro o sobre un neumático usado. El neumático parecía contento y casi ni se movía, en realidad cuando yo intentaba hacerlo este respiraba, o se inflamaba, luego creo que mi peso o mi modorra también lo dormía, entonces aprovechaba pues había luz y podía ver el nombre de las calles. Sin embargo eso no era lo importante pues, en un estado como de hombre roto, sentía una profunda ligereza y ya las cosas no eran claras y eso era por lo menos como ahogar lo que estaba dentro. 

Varias veces encontraba a alguien detrás de alguna puerta. Al patearlo levantaba la cabeza y tras mirarme la volvía a colocar sobre sus largos brazos. Cuando eso sucedía yo imaginaba que el sitio era un lugar muchísimo más grande, imaginaba que el resto de talleristas ingresarían por otros pasillos, otros escalones y que al caminar por los jardines amplios como esos campos en la películas con Jor-El, ellos o sus ojos, estarían casi imposibilitados de mirar a los hombres acostados detrás de las puertas. Un poco por las dudas colocábamos el seguro por dentro pero también le hablábamos a alguno de los hombres del piso de arriba, uno de ellos parecía tenernos algo como amor, luego lo empezamos a llamar enfermero y entonces prevenimos a enfermero, nunca se sabe, podríamos tener algún lío, esperábamos equivocarnos. El salón estaba poblado de cosas raras y de talleristas vestidas de negro y alguien dijo que esperaba no animarse a llamar a uno de sus amigos para cometer un poco de zigzag en el estómago de Uno. Uno era un viejo tallerista acosado por los excesos de confianza y por presencias que el soportaba, y nosotros pensábamos que hablaba de nosotros. Eran muchos los hombres de corbata azul que habían levantado grandes y encontrados comentarios y se suponía que el centro y los procesos de investigación ya no eran espacios para conflictos, es decir, cosas domésticas, a menos de que se trataran de un modelo de recolección de datos. Uno, a veces, aparecía en el sitio cargando cosas como un gran bidón semitransparente y yo pensaba como si no lo conociera que ese tipo debe ser un suicida que busca el evento para tirarse el combustible y encenderse en directo. Alguien dijo que Uno debía irse lo antes posible porque era bien mala junta. Luego hablaron de las cosas que uno puede meterse en la nariz y de los jóvenes que un día harán llorar al niño dios y luego se mezcló las cosas con proyecto de lengua y enseñanza y algo de teoría de las tres puestas de escena. Yo dije que lo dejen terminar para que ya se vaya pronto y luego Uno caminaba con su bidón y todos regresamos a la habitación. 

Luego no sé que ocurrió pero las cosas no se detenían. Escuchábamos nuestra respiración y todos nos mirábamos y nuestras manos inútilmente intentaban retirar un casco invisible y pesado como un satélite. La respiración era lenta y profunda, como si tomáramos talleres de ejercicios para la consciencia con eso de la yoga o como si la respiración marcara el ritmo para entrar en esas fases que hacen que uno sienta lo que tiene entre la piel y el estómago, como si una pinza nos diera delicados y hasta estimulantes pellizcos desde el interior. La respiración era como //////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////  juuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu /////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////  juuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
Algunos talleristas pensaban que no era buena idea y algunos decían que ya no querían estar allí o incluso simulaban cosas para sentirnos incómodos. Por ejemplo de uno ellos que parecía más tranquilo que el resto, simulaba tomar notas tras usar unas escuadras y un flexómetro invisible y era cómico porque levantaba los brazos y luego hacía como si estirara el flexómetro y luego estaba con eso de las notas en su libreta. Yo pensé que esa era una idea espléndida y luego muchos nos comcentramos en escuchar y era como si respiráramos dentro de un casco de astronauta y luego yo ya estaba tomando medidas con mi flexómetro al cual puse el nombre de Pavo, mide pavo, decía y luego pavo o yo daba fuertes palmadas a los talleristas que aún no hacían lo mismo y volvía con una libreta en las manos y según yo la habitación era un prisma irregular, lo dibuje en mi libreta, similar al gran borrador. Luego escuché algo de Major Tom y sus guitarras eran como los dedos de un ángel y de un pez o quizás como si uno bebiera desde el ano de una de esas mujeres negras que parecen un armario de pie o o las guitarras eran como atornillar la rotación en un lente Tamrom. Quise que Major nos llevara con algunos amigos hacia algún centro con el fin de meter las cabezas en aquellas grandes peceras que solían servir antes de las once, a esa hora para regresar a pie. Yo esperaba que Major nos despertara al llegar y así salir de su auto con los ojos quemados por el sol que estaría a esa hora detrás del planeta o por las luces de algunos de los bulevares inaugurados, luces con sonido propio y caminatas cerca del parque. Incluso ya había decidido que pediría una pecera llena de ron con coca cola porque eran ya muchos años desde la última vez que paseaba junto a una estrella y quería echar los pulmones por el bulevar y luego mis ojos se hicieron bicolores, el uno gris y el otro azul. Major andaba en el teléfono respondiendo a su público y ellos lo adoraban y eso pasaba entre tema y tema. Resumen de comentarios:
que bien habla ingles!.
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Remember when "A&E" actually featured the arts and entertainment?!?!?!

Now it's just another lunatic asylum.
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Saw him a couple of times in concert!  It's great if you are up close to the stage & see him close, but quite frustrating if you have lousy seats and have to wait til security lets you get a better view where no one is standing.
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I as you all are a MASSIVE FAN! Just watched the live request show it was sooo good!! I felt I was there lol...  My dying wish is that I am fortunate enough to meet this talented man one day.
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Mark McKuen was a pleasure to meat, even if for only a minute or two.  Hope you're well, Mark.
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He is on my list as #1 of any of the remaining artists I've never seen live.  Thank you YouTube for providing a venue to see some of those artists perform.  I'm nearly 60 so I've been listening to Ziggy since he jammed with those spiders from mars. 
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Back when A&E had shows to watch, get rid of the fake Duck shit A&E!
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PERFECT
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Amazing intro to Let's Dance!
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...
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Saw him live, in my hometown, London Ontario, BEST CONCERT EVER.  This one was great also. Got to hear, Panic, Station to Station, Moonage live.  He had fun that night and it certainly radiated into the crowd. THANKS dAVID
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just love him , what ever he sings. hes the best :)
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Love Majot but this request  is all hits. If I called in it would be some raritites like Joe the Lion or Cracked Actor or Look Back in Anger.
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Adorable and precious man!! May you live forever! 
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Better me than you ever
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mmmmmmmmmmmm...

I found myself wishing Romina would request something from Labyrinth.

Amazing concert!!!

no matter what sleight of hand, mccartney, strokes, buddy holly, there is a directness there that bowie lacks. 

Igual, las guitarras me llevaron a pensar en el cine y en que al día siguiente estaría mirando a la novia de Díaz, rasgando la folk mientras ese loco de la cerveza en la bota oscura de cristal al fin olvidaba que su mujer lo había encontrado con una camarera y se había ido para siempre. Para terminar la escena del bar, el hombre decía, empujando la bota con la malta que era mala idea estar casado y salir con otra mujer en un pueblo de seiscientos habitantes.
Luego pasaba eso de eres un mentiroso y yo lo tomaba con calma pero por cualquier inconveniente apagaba las redes de cobertura o recordaba esos ejercicios con flexómetro y la pantalla iluminaba los asientos y nos recortaba y éramos sala llena de cráneos y cuellos. Era genial porque eres un mentiroso estaba fuera de Major y entonces iniciaba una cuenta regresiva.
Luego pasaba eso de eres un mentiroso y yo me sentía fabuloso o con ganas de saltar en los hombros y luego creía que las cosas estaban pasando para bien como cuando tras cavar encuentras en mitad del patio un queso envuelto en tela, con la piel húmeda como para lavarse los dientes. eres un mentiroso sucedía desde el 12/8/10 y luego tuve una buena idea para cambiar mi keygen.

11/1/14

beckenbahuer

Luego expliqué con las manos un poco apretadas una junto a otra que a veces no necesitaba trabajar pero cuando lo hacía procuraba hacerlo en un sitio que quedara cerca a casa. Luego recuerdo que perdí la casa, también que estuve dos o tres días dentro de un galpón, y muchas personas llegaban al mismo tiempo y luego vestían uniformes blancos. En este sitio, que además tenía cuatro ascensores y solo dos plantas, o quizás habían estacionamientos y algo sobre una especie prehistórica, los hombres pagaban con monedas redondas y tenían grabadas por ambos lados un pez espada. Yo, miraba con atención cada una de las perchas, por qué lo hacía? Bueno, en algún momento imaginé una casa llena de grifos dorados, llena de tinas con patas de rinoceronte que a su vez estarían llenas de agua tibia y agua jabonosa y, claro, toda esa imagen arquetípica, eso de tenemos la cena lista, hay una gran botella de uvas negras, negrísimas como las bolas de deantoniparks, vino que brilla debajo de la casa y todo es oscuro y frió y recóndito. Mientras miraba el porcelanato y los bordes de algunas perchas no pude dejar de pensar en que debía construir un basement, y era lo mismo que tener otra casa. Para eso de combinar y guardar secretos soy como un árbol y una de las chicas de camisa roja me dió varias sugerencias mientras se arreglaba el cabello y yo pensaba que ellas colocaban sus dedos entre mis dientes o que intentaban quitarme la comida que tenía dentro del estómago y era hora de salir y no sé, parecía un día jueves.

Todos esos días sirvieron para proveerme del material suficiente antes de dibujar la nueva cocina. La anterior tenía las paredes húmedas y con el tiempo la tubería sonaba como un motor, además habían vetas verdes que salían hacia el platillero y creó que también a veces buscaban comida en las ollas. Antes de iniciar aquella remodelación recuerdo haber colocado una silla junto al lavabo para escuchar el discurso y los consejos que daban los codos, el desagüe, el pvc, las aguas estancadas cada semana. Un discurso increíble, una de esas cosas que lo motivan a uno y lo tienen entretenido durante varios días, ahí, con la oreja contenta, con la sonrisa enorme y un placer kolynos; a veces pensaba que un tipo griego, uno de esos hombres del mar había decidido volver solo para demostrar que todo era posible. Eso hacían la tubería y las aguas servidas, me otorgaban un poder, miraba cosas que no existían. Luego al cambiar y remodelar supongo que iba a extrañar esas vetas y la grasa en forma de cubos, pero, quedaba la radio, y en la radio ya existían programas y estaciones que jamás dejaban de transmitir, entre quienes hablaban estaba jesús, alguien del colegio san bernardino y solían repetir que aquello por hacer solo esperaba ser hecho.

Luego olvidé todo, es decir, ya no tenía ganas de pensar y de observar que qué sería de mí fuera del taller y nadando en todas las direcciones. Pensé que mi cuerpo quedaría perfecto dentro de un traje de goma y luego estuve tras de una escafandra y por unos años me dediqué a trabajar con un grupo de personas que limpiaban las alcantarillas de México y debía usar un traje de goma y abajo era imposible observar pero igual luego recibía duchas con agua a presión. Esa ciudad siempre había estado entre mis destinos y ahora no sólo la respiraba sino que la podía escuchar. Lo salvaje estaba en cada rincón y un poco recordé que quito y en general todo el país se dirigía en esa dirección, con eso de que las cosas tenían que hacerse a las buenas o a las malas. Creo firmemente que nuestro tiempo se ha agotado y que en realidad vivimos un tiempo pasado, no histórico, que no termina de irse. Recuerdo a un hombre al cual solía colocar entre mis rodillas mientras su esposa lo miraba detrás de unas gafas y yo creía que aún no era parte de las cosas sagradas y me agradó llevar jeans rotos, una camisa sucia y luego me volví cenizas. Su esposa y yo nos lo comimos como se come una barra de cacao y su esposo reventaba como chispas sobre los labios. Entonces su cabeza entre mis rodillas guardaba silencio y los labios se ponían azules y ella cantaba algo sobre cómo detener un vagón que acaba de salir con diez hombres a las diez de la mañana y hace dos paradas para que suban tres personas mientras dos bajan a comprar marlboros y uno de ellos regresa con la nariz llena de aros de plata o aros de tagua y cuántos días quedan para que el tren regrese con ciento cuarenta sacos de yute. Luego yo volvía a casa que quedaba en satélite y bebía de la botella con verdadera fruición y las cosas primero eran felices y luego eran del color del mango de un machete y luego el machete brillaba y parecía y llamaba con reales y escudos pero habrán salido pero era que también llamaban y ahora está hector en un patio vistiendo un overol...

En clase recuerdo que era interrumpido varias veces y mis interrupciones sólo lograban que el resto de talleristas buscaran sus marlboros en sus maletas pero en realidad buscaban sus viandas con cangrejo y luego ya estaban gritando que quién iba para la sala del seis a traer un mazo que sino, alguien usara la cabeza para las patas. Anacristinamo me pidió un autógrafo y luego dijo que no la siguiera porque ya regresaba. Luego estuve junto a Leóngieco pero me dieron tantas de ganas de darle una patada que el hombre pizza evitó que nos fajáros frente a los hombres de corbata azul. Los hombres de corbata azul andaban por las habitaciones con eso de dedo acompaña dedo y esas cosas de lo paranormal. Se notaba que habían acampado junto a una montaña por más de tres días. Mis zapatos brillaban de tal forma que me sentí como una ficha del monopoly de los parkerbros. Luego hice un orificio y llamé por teléfono y todos del otro lado supieron que yo era un especulador porque tras un hola yo perogrullaba sobre por qué un hombre usa el teléfono para decir soy un gusano pero tenemos la oportunidad de conocernos pero tenía tiempo para contarle que me gustaba el olor a humedad y sobre todo bajar los escalones sentado. El orificio dijo que ya parara de tanta cosa y yo le pedí que se vaya un poco a hacer más grande sus muros y que en unos días estaban por llegar los barcos donde cargaban las cajas que durante diez o quince años estarían despertando tras usar los paneles y mientras dure eso de tenemos que sacarnos un pulmón o un bazo.

Detrás de la caja podrás decir las cosas que intentas o que andas buscando. Luego quiero que repitas que eres algo incorrecto. Tú andas por ahí pero por ahí no anda por allá y la cosa es que estamos exagerando y cuando suceda ya estarán las cosas llenas de días y de eso ya pasó antesdeayer. Eres tanto y las cosas tienen por sí y tú necesitas dejar los marcos con forma de estrella dentro del velador porque tienen sus propias baterías y además están el silva el ulloa y te prestan con qué mirar a lo lejos pero te toca estar allí si quieres que tú me has hagas un final con algo o para que no termines escuchando por las noches te faltan todos los dedos de las manos y respirar eso lo hace como respirar el ulloa pero a tí te falta y rezo y luego tienes varios días hasta el dieciete de agosto y luego mientras y luego desaparecerá y no está sucediendo y ha llegado el momento de maldecir y puedo decir maldito te maldigo, eres un celular y te tiro sobre la acera y espero que alguien te encuentre para que llame a medianoche y al contestar digo algo como parece entranomás pero maldito celular y tiromondo un tarahondo cada cosa es y suena la mano sobre el azulejo y dices paco y no está y piensas no puedes decir y menos escucho y tampoco lo que se avance y un y las piedras y los muros y te estoy destruyendo, solo te estoy destruyendo.

El orificio dijo que se quedaría ahí hasta que llegaran los barcos y que si debía cambiar de dimensiones deberían traer una gran máquina porque él estaba con ganas de más y un poco eso de sentir la bomba, nena. Por él entraban varias corrientes al mismo tiempo y también porque habían varias ventanas que parecían abiertas al mismo tiempo pero en pisos distintos y el aire hizo formas como de atletas olímpicos que quizás eras antiguos griegos o antiguos hombres jugando al soccer entre dos o tres como eso de mete gol gana o de penalitos y de mamaditas. Luego todos jugamos a los árbitros y en mitad del pasillo empezamos a sacar tarjetas a los talleristas que querían entrar a las otras habitaciones y a veces también los mandábamos a correr dos vueltas a la montaña y también pedíamos que al regresar lo hicieran trayendo una funda con pan para el café que el agua estaba por salto y arde y nadie tenía y era para que volvieran en dos o tres años.

Eso es cierto preguntaban, eso haremos hasta que sea cierto decíamos. Luego despertaba y mi cara seguía pegada a la mesa.

En el muro apareció eres un mentiroso.

Rengar

Había mucho aire alrededor, mucho, nuestros rostros cada vez parecían estar más cansados y además las ropas que llevabámos empezaban a desteñirse, varias tiras de cabello, varias tiras azules o de látex y otras de piel se desprendieron y dieron vueltas alrededor del orificio, pero también alrededor del cuello, era como si siguieran a las corrientes de aire que entraban al mismo tiempo por todas las ventanas del sitio abiertas al mismo tiempo. Nosotros levantamos las manos y las abrimos de manera sobrenatural como si fueran girasoles para intentar detener aquella ráfaga pero era imparable, incluso, y aunque nos hubiera arrancado varias partes, varios rollos de vestido y las bufandas, llegamos a pensar que aquella cosa no era nada más que algo impalpable, algún tipo de campo, algo que acaso no estaba más que dentro de nuestras cabezas. Esa idea que al mismo tiempo estaba siendo pensada por todos también quemó nuestros cuellos, estómagos, y provocó que respirar fuera molesto, como si acaso un aire denso y bien caliente, como si un aire proveniente de un motor o de una olla encendida llenara y desinflara los pulmones. Todos al caer casi doblados frente a la ventana creímos que nada de eso nos haría daño aunque quizás por un breve minuto, quizás, creo, decidimos que sea cual fuere el motivo de aquella cosa ya no importaba si acaso nunca más lográbamos levantarnos. Pienso que todos sin decirlo de algún modo nos sentíamos contentos, o quizás agradecidos, incluso satisfechos. 

Luego el humo del marlboro tomó extrañas formas al dirigirse al tumbado. En realidad nada peligroso estaba sucediendo o nada que pareciera un peligro. Creo que utilizamos alrededor de diez minutos para discutir si todo aquello que sucedió en el estómago fue real o solo lo habíamos leído en alguno de esos libros que últimamente habían dejado de publicar y vender con ciertos diarios. El humo mientras parecía alargarse como lo hacen los brazos de las personas al intentar entrar en algo como una remera, un polo o una playera o en un buzo de hilo, hilo violeta o en una americana o en una blusa casi transparente y con volados o encajes o esas cosas en las mangas y alrededor del cuello o en una bolsa plástica negra o en calcetín o en un tubo pvc; un brazo largo y delgado, seguramente un brazo femenino y estilizado pero no uno que bailaba de manera que se notaran sus pliegues o alguna clase de ligereza del tipo el aire y yo nos entendemos, no, simplemente un brazo delgado que entraba sin mayor importancia. Luego aquel brazo que parecía tener vida se detuvo por unos segundos antes de reventar en el tumbado. Sin darnos cuenta habíamos dado algunos pasos hacia atrás, fue una nueva ráfaga la que nos devolvió al sitio. Casi o por muy poco pudimos caer de espaldas sobre los escalones y quizás hubieramos rodado hasta el piso siguiente. El orificio parecía emitir algunas risas pero no ese tipo de risas de los centros de especialización, aquellos con personas de edad avanzada, voces graves y carraspeos, más bien, sonaba como si dentro del orificio hubiera un grupo de adolescentes o quizás púberes o efebos, que comentaban sobre nosotros que los escuchábamos desde el filo. Varias veces alguien y yo mismo había revisado, es decir, atraído por la perspectiva del edificio y siempre era igual, algo oscuro, un pozo del cual salían a veces corrientes de aire, un aire que parecía venir del interior del suelo, aires fríos. 

Alguien dijo que llevaba demasiado tiempo mirando el orificio. Era cierto, mi cabeza seguía dentro y en realidad no podía discutir pues si alguien preguntaba yo decía eso de que el agujero estaba lleno de una mancha oscura, como un televisor quemado. Eso dije o creí haber dicho pero ya los otros talleristas, en realidad lo escuché por ahí, estaban como perturbados, uno dijo que yo parecía no estar muy bien de la cabeza. En ese momento recordé a una instructora a la que no había visto hace mucho tiempo, una de las últimas impresiones que ella tuvo se refería al modo en que ciertas cosas pueden estar cargadas de un espíritu bajo, supongo algo como una roca. Supongo que mi rostro debía lucir desagradable además creí notar que algunos no sostenían su mirada sobre la mía. Al rato la bajaban y estaban riendo o bien serios e incluso uno o dos prefirieron volver a la habitación, siendo que de allí habían antes salido con la idea de no volver.

Luego decidimos volver, los dos o tres que quedamos pero yo sentía que estaba en algún lugar en el centro. Los talleristas caminaban delante, quizás a tres o cuatro pasos de distancia pero par mí era como si ambos caminaran formando un círculo a mi alrededor pero también noté que otros talleristas de otras clases también hacían círculos, un poco alejados y cerca de los escalones. Similares cosas sucedieron al entrar en la sala y antes de llegar a los pasillos; los objetos parecían lejanos como en una pintura donde un hombre tiene acaso un árbol de referencia a muchos pasos de él y acaso ese árbol aparece recortado al frente de un radiente sol que está levantándose o a punto de esconderse y el hombre es como un fósforo, al fondo del cuadro, casi una viruta. También necesité alguna bebida y la sed se volvió insoportable. Tanto que no sé en qué momento estuve bajando de nuevo los escalones y ya agarrado del cuello de alguien que también bajaba o quizás era que alguien estaba en mi cuello. Ahora que lo pienso ninguno de los dos nos conducíamos, creo que solo caímos y solo rodamos un par de pisos y creímos ver a alguien levantando aquellos cuerpos que no sentían los golpes o que descansaban en la planta baja. En realidad de nuevo pensé que nada estaba sucediendo y nada ocurriría, creí que sería bueno rodar hasta dar con algún sótano.

Encontré mi cara pegada a un charco. La dejé allí solo por sentir como la piel parecía refrescarse. Quizás mientras estuve en el suelo un millón de pies pasó por encima siendo que yo ya no era un cuerpo ni una persona, siendo que quizás logré volverme aunque en sueños una roca o un montón de pellejos. Luego pude darme cuenta que estaba en la mitad de un gran galpón, un sitio extremadamente brillante, del que colgaban reflectores sobre varias personas que estaban de pie. Estuve a punto de decir, a los gritos, que esa no era hora para entrar en trances o que esa no era la forma de agradar al hombre de corbata roja. Una verdura gigante, la fotografía de un morrón o de un pimiento anaranjado o de un pepino me miraba, no le encontré los ojos, desde uno de los muros. Yo también miraba a aquella deidad vitamínica y pensé que pronto seríamos parte de una sesión con especias del japón o quizás de una tarde en el parque a la vuelta del galpón. Me ofrecí a guardar silencio y no mover ni un músculo pero eso es bien difícil y ya mis pulmones volvían a drenarlo todo, ya cuando no se podía dar mucho más y era como si todos los rostros estuvieran dentro de mi rostro y eso era algo antiguo y supongo que terminé o terminamos en las caras de las personas que estaban cerca. Sí, éramos curiosos, yo con esa apariencia extraña, supongo que debía volver al mar, debía plantar una palmera, dejarme unas noches a la sombra, luego bajar la palmera y con una sierra hacer una barca y salir cada madrugada hacia el mar y buscar a mobydick y escuchar copilotopilato y los pies húmedos y las manos duras y una soga y un arpón y cigarro para armar. Luego pensé que debía hacer cosas nuevas, ya no filas y tampoco pasar sentado, o estudiando o manejando y reparando autos, y esa explosión me recordó la vez que caí sobre una roca al caminar al borde de una pileta. Me puse a hablar para sentirme menos extraño y todos seguían en fila y ordenaban sus compras y sus zanahorias y sus mandrágoras y en fablimón aunque luego escuché algo sobre las cosas que salían caminando de las perchas y me dio gracia pensar que afuera estaban los autos girando alrededor del galpón.

Luego recordé eso de eres un, y luego quise pero ya no estaba cerca, ni lejos supongo y luego busqué un escalón donde sentarme e ir por mi segundo marlboro y al hacerlo miré a las personas con sus globos o nubes colgando de finos hilos hacia el tumbado y algunas habían sido amarradas a los pasamanos y de ese modo me distraje hasta que el edificio empezó a elevarse uno o dos metros y yo pensaba que debía meter la cabeza entre dos rocas en mitad de una montaña y no sé por qué no lo hice y por qué sigo buscando la montaña que al parecer tiene mi cabeza por que lo que tengo encima, lo que reposa sobre mis hombros debe ser un pescado o uno de los espejos del ascensor, o el panel de botones que al hacer push no encienden y creo que hay muchos paneles llenos de botones por todo el sitio ya que siento que soy dirigido hacia todos los sitios. Creí recordar algo sobre mi padre el escritor y lo ví vestido con traje que parecía ceñir su cuerpo pero también lucía como si de un lado tuviera todo el traje o el cuerpo mismo echado o pegado uno o dos centímetros al suelo. Pensé en eres un mentiroso y ya no tenía marlboro. 

10/1/14

Luo en el hombro sin decir ya regreso

Luego estuvimos colgados del marlboro durante varios minutos aunque el sol seguía de pie o bajando y la ciudad crecía en todas direcciones, mancha urbana. Para no volver aspiré el humo en una gran bocanada hasta que cada partícula se apoderó y llenó los huesos. Los huesos salieron de a uno y en silencio de mi cuerpo, yo miraba como la llama consumía al tabaco a los huesos que aún tenían ojos así como una o dos mandíbulas dirigían y tomaban asunto, salían por la nariz, dirigían a otros huesos en su salida por el ano, entonces los vi reptar por debajo del pantalón y mis compañeros de taller pensaron que la presión se me había caído y buscaron en sus maletas y colocaron algunos caumales en mi boca. Yo me sentía un poco mareado pero no sentí lo que los demás hacían, eso de llenar mi boca o lo veía todo en brumas y luego dije ahora vuelvo y tomé los escalones y no recuerdo qué sucedió. Luego alguien llevaba mi ropa, en realidad era que mi piel parecía una pila de ropa por lavar alguien murmuraba cerca y también algo u otro tallerista se había adherido a mi hombro y quizás fue quien mi dirigió y junto a quien me encontraba en el suelo porque creo que le escuchaba respirar. Pero también al ponerme de pie, sin huesos, observé que alguien a quien conocía caminaba a dos o tres pasos de mí. Me pareció extraño, porque no había llegado a la planta baja precisamente caminando y ya estaba a unos metros de un monton de trapos y no a unos metros de mí o entre ambos, o en ambos lados. Luego noté que yo estaba en el museo gregorio y al mirar el esqueleto de Leeed sentí que debía darle vida y además no perdía nada ya que para entonces yo era un montículo de pellejos y con él podía conocer la vida al límite y salvaje. De repente sentí algo similar a la furia y al mismo tiempo debía detener con las manos mi cabeza que parecía algo inflamada, como si quisiera dejar el cuerpo y era quizás por un gas que la hacía hincharse, un tipo de gas menos denso que el oxígeno pues al tiempo que daba un paso también parecía dejar el suelo y otros esqueletos nos miraban y unas joyas doradas y también unos estómagos de barro o de piedra pómez de una cultuta yupanqui, eso decían los carteles sobre los pedestales.

Bueno, ese esqueleto me sirvió para dejar de arrastrarme y dar unos pasos extraños; cada paso estaba acompañado de una especie de levitación, lo bueno es que nadie cuidaba la puerta de ese pequeño museo donde también habían estatuas de cera de hombres pequeños cubiertos por unos ponchos muy oscuros hechos con totora, se veían bien pesados. Sus manos eran enormes y cuando nos vimos, ambos las estiramos y nos dimos un fuerte apretón. 

Al preguntar dijo algo del gran galpón y yo en realidad no quería ir para allá, pero luego entendí que Luo, el esqueleto tenía algún plan pues mis pies seguían dando pasos a pesar de que yo tenía la cabeza debajo de un muro y pegada a la columna que acababa de observarnos. También dijo que qué bueno, igual no me interesa y yo seguía dando pasos y quise tirar a Luo de mi cuerpo y luego estaba caminando y me di cuenta que Luo se había trepado a los hombros y desde allí por un momento parecíamos dos personas totalmente separadas o individuales, dos porque Luo tiene amigos o colegas que parecen momias y yo puedo encontrar otros pellejos y luego hacer cosas y luego nos llamamos por teléfono, luego sentí cosas raras, no teníamos sombra a pesar de que camínabamos encima del otro, una sombra larga, como la de una jirafa o la de un poste de teléfonos, nada, y eso que el sol quemaba y las nubes casi eran una piedra roja y éramos dos talleristas o dos momias o dos yupanquis camino a dar vueltas en el galpón en busca de algo que no sabíamos ni habíamos visto llegar. Esperaba que dijera algo como qué diablos hacés sobre mis hombros o cómo es posible pesar más si cada día el cuerpo se vuelve arena. Polvo dije, o pensé pero luego escuché que preguntaba o hablaba sobre el clima y las habitaciones y si ya me había llegado eso que todos decían acerca de no tener en qué mierda pensar teniendo tantos cartones en el basement. Respondí algo y luego ya no sé si Luo y yo caímos, Luo sonreía mientras apretaba algo en su boca, su quijada mis pellejos, y yo miraba el filo de algo, o el borde de un muro, no lo sé, no estoy seguro, por eso digo que en ese momento quizás estaba junto a sus pies, al caer de los hombros, y miraba quizás el filo de la acera o las líneas amarillas y blancas pintadas sobre el pavimento.

Abajo y ya habiendo pasado el estacionamiento y los autos que giraban en torno buscando un sitio antes de volver a encender el motor, ambos tomamos vías distintas y luego estuve entre dos perchas y detrás de un coche de supermercado y una persona dijo algo y yo creí que yo era su madre y luego dije ya vuelvo y entonces caminé por algunos pasillos durantes un segundo. Luego me dio ganas de estar en otro lado y sentí que al mismo tiempo mis pies y mis brazos seguían en la fila y quizás para ese momento estaba flotando y quizás Luo ya no estaba, o quizás estaba haciendo fila, aunque ya se había ido, y me sentía bastante ligero, casi como si el aire acondicionado del lugar me empujara. Al dar vuelta, en el cuartoy quinto pasillo miré que tenía el cráneo dentro de una caja de milkibar. El milkibar era líquido. Al observar su rostro, mi rostro, me di cuenta de que yo seguía sin esqueleto y desde el piso mis ojos enormes pestañaban sobre el monton de ropa o pellejo que parecía un montón de toallas por lavar. Hoy pienso que debí darme ánimos para buscar en jardinería una pala y una escoba para recoger ese montón que estaba bien desparramado. Luego creo que el hombre de uniforme blanco dijo algo porque todos empezaron a caminar hacia las cajas y los que estaban en ellas se apretaron un poco, como si la fila se acortara y también exhalaban vapor porque la nieve estaba entrando por las puertas junto a la caja y al banco y a los atms de letrero rojo. Luego sentí varios pies sobre el cuello pero los hombros ya no pesaban tanto y luego ví que sus zapatos estaban cubiertos por milkibar al igual que mi cintura, justo en la parte donde se unen las dos mitades de piel y por donde cortan para sacar bebés. Silbé y me sentí tranquilo pues pensé que eso de hablar y de pedir coca colas en el kiosko aún se me iba a dar a pesar de que últimamente ya me anda gustando un poco más la cola de naranja.

Uno de los hombres de uniforme verde con manos grandes y con un M16 colgando de sus hombros dijo tiene algo colgando del cuello, no habrá mirado dentro de los refrigeradores? Luego estuve siendo estudiado bajo luces de colores que iban del rojo al anaranjado y también antes de entrar un Santaclaus levantó su mano para saludarme o quizás se saludaba a sí mismo pues el vidrio detrás del que yo estaba quizás era especular de su lado. Quizás esto no pasó y quizás la fila avanzó tan pronto que y era que habían puesto cirios la noche anterior delante de aquel hombre de camisa blanca que trabajaba como un migmag kuka arm. Un hombre de camisa blanca y chaleco rojo dijo por favor siga y luego dijo que tenga una bolsa y luego me miró y sonrió y dijo promete una tarde terrible y los taxis nos van a parar; son dos cajas de milkibares con diez unidades cada uno y una caja de lápices de gel verde con tres unidades, aquí tiene su compra, y le felicito por los dedos azules y espero ambos regresen, este es su cambio, eso pasó y luego estuvimos frente al parqueadero una vez más y luego uno de los árboles del pequeño bosque nos empujó y cada uno fue llevado entre varios árboles y sus ramas nos lanzaron al suelo, en la aceras opuestas y los autos pasaban sin prisa y yo miraba su espalda y era como si ambas estuvieran pegadas y se estiraran sin romperse, y alguien hizo detener una taxi. Luego yo estuve caminando y el sitio seguía ahí, el cielo también, el sol igual, un poco cansado, y luego el sol dijo eres un mentiroso.

una lata con una arveja

Ese día queríamos que sucediera de una vez la revolución, la lobosurión. No sucedió, pasó más bien que hablamos sobre las cosas que alguna vez encontramos tiradas en el suelo al dar largas u obligadas caminatas. Una tallerista descargaba su decepción contándonos cómo un día ella maldijo a su celular maldito celular había dicho, y también contó cómo luego no lo encontró en su maleta. Dijo también que esa tarde o mañana, no estaba segura, había salido durante diez segundos de su casa y al ver pasar a alguien cree, dijo, haber tirado intencionadamente el aparato. Antes de dormir, antes del día de talleres, tuve un sueño en que encontraba, en una calle en la que nunca había estado, un aparato celular, similar al que tengo ahora, al que uso diariamente. Lo extraño fue que en el sueño sentía profunda alegría ya que mi celular, el actual, había desaparecido. En el sueño también sentí un poco de pánico pues no quería encontrarme con el dueño, dueña, del aparato que yo suponía andaba cerca, e incluso me reconfortaba pensando debe estar en casa. Luego dos hombres vestidos con bolsas plásticas y zapatos grandes, como si fueran de otra persona, bajaban por la acerca contraria, no muy animados pero la mirada de uno era como un cuchillo. Luego yo daba algunos pasos y ellos parecían hablar de las cosas y sonaban como si me estuvieran siguiendo.

Entraron varios talleristas y muchos dejaban sus maletas colgadas o sobre las mesas y luego abrían sus portátiles o algunos con los ojos casi cerrados colocaban el rostro sobre las mesas. Alguien dijo que debíamos ir a cancelar el taller del día o que buscáramos al profesor para explicarle que debíamos repasar para unos exámenes bien definitorios, supongo que se trataban de tareas no hechas, pero nadie dejó las sillas y los talleristas con las caras sobre las mesas apenas parecieron temblar o conmoverse, como si un escalofrío diminuto los hubiera alcanzado. Alguien me empujó hacia el pasillo y como no tenía nada que hacer o por el contrario no sabía por cual empezar, tomé el pasillo en busca de la corbata azul. A veces y desde la habitación sonaba como si el pasillo estaba lleno de talleristas pero al caminarlos uno se encontrara con silencio y la luz de dos bombillas; además de los cuadros apoyados en el suelo y del suelo roto que estaba en trabajos y bajo escombros. Dos puertas amarillas servían para entrar en las habitaciones de administración. En ellas había una televisión o una radio encendida, casi todas las tardes, desde fuera no se notaba pero a veces sonaban temas pop que por esos días estaban siendo bien repetidos en la radio. I dijo que el profesor no llegaba, y era mejor asustar a los demás con eso de está por llegar y dijo que escriban los nombres en las hojas. Luego me puse a jugar con el dial de la radio, luego I dijo que no había problema, dije tu turno, I cambió de emisora y yo salí sin decir nada. Afuera habían talleristas que miraban los horarios y consultaban u ordenaban unas carpetas con hojas sueltas y apuntes. Para volver a la habitación tuve que empujar y levantar los brazos, sentí que varios hombros o codos se empotraban en mis pulmones y luego hice lo mismo pero creo que me pasé porque alguien dijo que había pisado sus dedos. En la habitación tomé uno de los libros que llevaba en la maleta y luego subrayé la frase Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y son peores las postrimerías del tal hombre que las antípodas. Luego quise dormir y al mismo tiempo quise nadar sobre algo líquido. Luego leí y mientras leía pensaba que me había dormido.

Mientras lo hacía recordé que alguien estaba enfurecido y que al mismo tiempo e inutilmente yo lo desafiaba. Dentro de la habitación habían unos diez talleristas y todos tenían la cabeza echada un poco sobre la mesa y sobre sus apuntes o sobre sus portátiles. Luego el profesor apareció y alguien dijo que los demás estaban por llegar y luego escuché que esperaríamos hasta estar completos. El profesor tomó algo del escritorio o lo hizo a un lado para colocar un maletín grande pero algo vacío, de cuero y de color bordó. El maletín parecía le entusiasmaba a uno como para en un futuro cargar con muchos documentos, todos clasificados y subrayados, luego el profesor mandó a buscar unas fotocopias y yo quise que me mandara a mí para mirar los archivos pero cuando pensaba eso alguien estaba ya en el pasillo así que para confortarme me felicité y luego O dijo que lo acompañe, era que O había vuelto del pasillo y al salir F me miró y U que estaba junto a F se tomó del brazo de O y yo me quedé esperando que alguien más saliera y una mujer, una desconocida, que llevaba un chal rojo bien bonito se colgó de mi espalda y regaba café frío de un vaso de cartón sobre mis pies y yo pensaba que luego alguien estaría con los paños quitando la mancha así que dejé que el café cayera al suelo y luego ella decía que no era ningún problema y yo me pegaba hacia el muro para dejar espacio libre y ella ya tenía unos paños amarillos y por suerte no pisé ese enchastre pero seguro que luego todo iba a ser como el piso de los cines, como en la inauguración en latacunga.

La segunda ocasión fue extraña y yo ya no tenía ganas de salir pero como igual me arranqué de la silla azul y G venía junto a nosotros cacareando que debíamos buscarle un cigarro y yo sabía aquello pero igual me dije piloteala pero al revés así que seguí derecho. Sobre un muro estuvimos con la colilla apuntando hacia el sol que quería y ya había iniciado con eso de incendiar las nubes justo encima de la boca deforme de la montaña. Para no aburrirme dirigí al sol hacia la montaña y su circunferencia calzaba perfecta en aquella boca y luego jugué a que la montaña vomitaba o hipaba al sol, y el sol se enojó y quemó algunas nubes hasta que estas se volvieron rojas y luego ya no quiso salir y supongo que encontró el modo de ser montaña y eso debía tomarle máximo doce horas, no, me dije y me pregunté, ya que debía aparecer al día siguiente, y estuve preocupado como si nunca más fuera a salir. Al salir de la habitación todos me aporrearon y luego pensé que estaba en secundaria aunque en verdad nunca antes me habían aporreado, así que dije dejen de tirar malaonda y luego todos rieron y yo no sé qué chuchas era gracioso pues, un minuto me tiran cosas y luego se ríen, e incluso se callan y luego parecen estudiar y consultar cosas bien trascendentes. Al igual que el hombre de corbata azul que me ha alcanzado la revista, esa publicación impresa en papel couché y apenas la vi recordé a la chica chaleco nelsón y luego anoté en número o el mail del director para recomendarles sobre eso del CS5. Pensaba en pólvora y madrugadas en medio de un círculo de coyotes y nunca antes había visto a un coyote. Luego dejé la revista en manos de otro tallerista, pedí disculpas y también quise quedarme pero ya estaba bajando los escalones y el profesor se había adelantado y estaba ya en el piso seis y luego también en el quinto y luego lo ví o lo vimos de espaldas frente al cielo incendiado, con la mano levantada y creo que estaba dirigiendo al sol hacia la boca de la montaña y luego no lo vi más pero el orificio empezó a decir algo y yo miré hacia los escalones y unas luces parpadeaban en la patria, o sería la río de janeiro.

Estaba recogiendo algunos jirones de la chaqueta y luego la frase empezó a temblarme como entre las costillas y luego yo pensé que sería una idea genial el volverla algo diminuto hasta que desapareciera pero tan solo logré convertirla en algo del tamaño de una arveja y la arveja, de la que yo estaba seguro era verde, se paseaba por todo el cuerpo y flotaba sobre la roja y pude luego ver algo brillante entre las uñas y luego debajo de las uñas pero dentro de los zapatos y de verdad sentí horror y creí que las personas que no habían entrado en la iglesia por que la iglesia tenía las salas llenas y el museo lleno de turistas y muchos habían preferido saltar desde un trampolín hacia unas aguas verdes y humeantes y para eso se tomaban, como para cumplir, unas fotos al apuro, estarían dirigiéndome hacia el orificio, hacia la terraza o quizás me pondrían a administrar un galpón en mitad de Carapungo. Luego la arveja se quedó quieta pero ahora que lo pienso bien vivo con una arveja sobre el colchón. Luego escuché de nuevo eso de eres un mentiroso pero era raro y yo no sabía y me pregunté dónde estaba, supongo que estaba entre los árboles o frente a los autos masticando las barras que había adquirido tras terminar la fila pero también creía que la barras estaban siendo aplastadas, como esas pelotas amarillas de goma mientras hacía caminatas o casi trotes y mientras, decía eso de eres un mentiroso pero yo no sabía dónde estaba y quería acercarme para pedirle que no aplastara las barras por que luego tendría que buscarse una barra de jabón para quitarse el dulce si no quería que las manos se le llenaran de pelusas. Entonces comprendí que mentir era creer en todo y extrañamente no era capaz de reconocer de dónde salieron las barras, menos en qué momento habían llegdo aunque observé un auto que venía y quizás traía reflejadas las barras en el parabrisas o era el reflejo de eres un mentiroso pero me dije o dije deja de decir que eres un mentiroso porque estás mintiendo, y luego dije que qué era un mentiroso y luego pensé que quien había dicho que soy un mentiroso era el número impreso en la barra, quizás el número que indicaba el mes de abril y el hombre de uniforme amablemente preguntaba si necesitábamos que alguien fuera a nuestra casa a enseñarnos a preparar pan con canela, o ron con limón, seguro lo último no lo dijo.

Como no entendía mucho me busqué un rato sobre los escalones y sobre algunas talleristas que caminaban de la mano de otros talleristas y entre los tres, o cuatro, porque quizás estaba allí entre ellos, escribímos cosas en los muros pero luego nos volvímos gases o árboles porque el invierno se acercaba y porque los escalones habían desparecido y todo el suelo parecía un pedazo de san andrés. 

Nos hicimos gas y callamos eres un mentiroso.


9/1/14

iNpugnar: rephutar, revatir, contestar, oponer, reclamar, rechasar, contradezir, reconbenir, hobjetar, imstar, nejar

Las sillas estaban cubiertas por maletas y ordenadas como las perchas de un supermercado. Luego fueron ocupadas por los talleristas que vestían pantalones acampanados y sombreros largos y oscuros como los de los hechiceros. Yo había dejado sobre la maleta mis lentes y una caja de marlboros. También esperaba que nadie notase el parche que había cosido la tarde anterior al tirante de mi maleta, un parche redondo que decía Flúor de Charles y que sólo yo entendía, intento de parodia del autor y el título de ese texto de mediados del siglo XIX. Varias personas de talleres similares empezaron con una discusión en la puerta del salón. Hace pocas semanas la puerta había sido cambiada por una de maderas más fuertes o mucho más fuertes, también costaba un poco más cerrarla o abrirla y a veces podía quedarse en la mitad de camino, es decir, abierta o cerrada o las dos cosas. La discusión trataba sobre temas domésticos, alguien comparaba la casa de un relato con la sala de un aeropuerto. Vivir en aeropuertos no es nada complicado, uno abre un libro y luego la gente desaparece. Por el contrario los baños se vuelven populares y suelen ocurrir charlas enormes que a veces tras días siguen como al comienzo. Algo en la discusión se refería a la señalización o como estos sitios colaboran de modo que uno jamás pierde ni su tiempo ni sus maletas. Quise acotar algo sobre mi padre el escritor que suele viajar todos los meses a un punto distinto y así explicar que algunas cosas como eso de perderse dentro de una cafetería y eso de mirar teve en la sala de una aerolínea privada y eso de leer revistas que no va a comprar sucede justamente porque no leemos la señalización y si un vuelo se retrasa es porque ni siquiera leímos el itinerario. Una casa es como viajar dormido pero un aeropuerto sería lo que miramos mientras dormimos, para no decir el sueño digamos que es la materia del sueño, llamadas, tomar un cortado, mirar las maletas en el piso y eso no impide que el aeropuerto siga o desaparezca. Para vivir en un aeropuerto uno debería ser una maleta, una de esas que se pierden y que son enviadas a portugal por accidente. La casa es para los pasajeros y las azafatas y si pudo ser para un pasajero y una azafata y el contenido de la maleta que apareció en lisboa. Luego toda esa gente que había leído lo de la casa empezó a decir que los aeropuertos tenían sobre la pista algunas casas, yo Tomé mis cosas, es decir, regresé a la mesa y las guardé y decidí esperar a que cualquier cosa pasara, en realidad esperaba al hombre de corbata azul.

Varios hombres llegaron uno junto a otro y eran grandes como ataúdes y también eran como un grupo de detectives. Todos llevaban trajes oscuros y corbatas oscuras, no como la del hombres de corbata azul, sino unas que parecían la lengua de un animal, quizás un pez y eran rojas y pensé que esos hombres trabajaban cortando y pesando carne porque en las carnicerías cuelgan otras partes rojas y oscuras. De pie nos miraban como esperando que la sala se ordenara y parecía que la sala esperara que ellos la ordenaran. Así pasaron algunos minutos y por la ventana pude ver el sol bajar y perderse hasta salir por el otro lado, tal vez no lo ví, pero sí vi el sol subiendo por el lado anterior, eran las seis pasadas de la tarde. Yo esperaba que la clase empezara y luego un tallerista pidió permiso a los hombres de traje y dejó una revista o un folio sobre el escritorio. Ahí estuvo hasta que un hombre de corbata oscura levantó la revista pero no la pudo mirar ya que llevaba una bolsa plástica.

Los hombres hablaron de temas importantes para el centro de investigaciones. Luego permanecieron en su charla o exposión por algunos minutos sin detenerse, a veces colocaban las manos juntas sobre el pecho cuando hablaban de lo importante que era el centro de idiomas y también se acomodaban los anteojos o nos miraban sobre sus marcos. No regresé a mirar a las personas que estaban atrás, y era como si durmieran o como si supieran lo que estaban por decir. Quizás la atención era total. Luego algunos hombres que parecían roperos de pie hicieron un movimiento como inclinándose hacia nosotros y alguien alargó un corto aplauso que luego estalló, como un fósforo, en abrazos cortos o palmadas en la espalda, dos o tres, ahí recorde un filme bien antiguo en un barrio bien caro donde un hombre es palmeado por una mujer y él parece molestarse. El hombre suda y tiene los ojos como enterrados, las palmadas parecerían despertarlo aunque sus ojos se quedan en el mismo sitio, dentro de unas oscuras órbitas. En el filme hay música de trentreznor, eso no sucedió en la habitación pero igual lo recordé o asocié. Luego algún tallerista quiso hacer preguntas pero dijeron que no y luego como sin otra opción, el hombre de traje, un hombre pequeño de cabello blanco decidió contestar pero también dijo que por favor lo entendieran.

Horas después todos despegábamos los rostros de las mesas. Algunos tenían sus lápices de gel dentro de los bolsillos al igual que sus manos y era del mismo modo que tenían caumales y caramelos de menta dentro de las maletas. Al salir algo, una porción de los brazos y las piernas se habían quedado adheridas y al salir con prisa se habían roto, de modo que sobre el piso en el pasillo habían jirones de carne que luego se mezclaron al ser pisadas con lo que quedaba de suelo, el suelo que era subsuelo. Supongo que con los nuevos pisos esos miembros se volveran o volverían miembros desaparecidos. En el pasillo habían cuadros o ilustraciones de Alonso Quijano apoyados contra los muros. En esos cuadros se intentaba dotar al Quijano de un aura o de un aspecto noble, como quien va por la vida decidiendo o separando la paja de las libras de trigo. Una leyenda escrita con carbocillo explicaba que aquel hombre que parecía tan culto y peligroso a la vez, se había vuelto loco tras leer todos los libros de caballería. En otro cuadro se observaba un Quijano similar aunque más delgado, una sombra sobre el rocín y con lanza en mano. En proporción era similar al del cuadro anterior, sin embargo ahora el dibujo tenía unos trazos gruesos, como apurados, trazas y varias manchas de colores; parecía uno de esos empastes hechos por los niños. Detrás de él y del rocín corría un sendero que terminaba en lo blanco o el vacío, quizás la cartulina y sobre el sendero habían huellas, las pisadas del rocín. Me parecía o quizás era una mancha, pero creí observar una huella nueva. La huella de un paso que aún no habían dado el caballero y su rocín. Quizás solo era una mancha, la huella de un dedo. La pared donde colgaba el cuadro había sido recién pintada, solo estaba el clavo cubierto por pintura. La huella pertenecía a la pata izquierda y en proporción, por estar más cerca del observador también parecía más grande, apenas, que las anteriores.

Abajo buscamos un marlboro, yo quise pero también en el fondo no tenía ganas de volver, en realidad me dije, no regresaría nunca. Luego estuvimos junto a una ventana mirando la ciudad o mirándonos con caras de y tú qué me ves? Toda esa situación me dio pie para pensar en otras cosas y en otras actividades, como fumar dentro de un baño, como fumar sobre un yate en medio del pacífico, como fumar debajo de una cornisa y escampando de un torrencial día y mirando los buses y a las personas corriendo con las bolsas blancas en las manos. Tanto pensar empecé con eso de los muros y luego un muro me invitó a jugar que yo era su rocinante. No sé quien fue pero ya alguien o algo estaba sobre mi hombro dirigiéndome hacia los escalones y también parecía que habíamos saltado pues sentí el aire y el sobrevuelo y la turbina de tres cohetes que alguien acababa de lanzar a júpiter, cohete europa era uno de ellos y algo había de botones que no encendían y de agujeros dentro de otros agujeros. Los cohetes se detuvieron para echarme un aventón y yo dije que mejor me echaran unos litros de aceite para hombros porque pensé que administraba un spá o algo así porque siempre estaba con el tema de los hombros y luego estuve contando el número de escalones que me quedaban antes de llegar a la planta baja. 

Luego el hombre de cabello blanco empezó con eso de que aquí está el AK luego pensé que alguien había encendido una radio y luego faltó poco para que la gente empezara a bailar y a corear esos temas pegajosos de aquí está el AK con las manos en las caderas y con los pies girando y con las cabezas hechas por dentro uno o dos trompos y luego eso de psfff o como sea que hace una club. Como no entendí nada de lo que decía, el hombre bajó de su escenario y luego de abrir sin esfuerzo mi cabeza colocó el aquíestáelak en algunos rincones como si fueran pizcas de azúcar y el cerebro tenía un tono amarillo y era un poco duro y aceitoso como la nuez. Luego yo estuve repitiendo el mismo recorrido, del décimo piso que aún no existía a la planta baja, eso varias veces durante el mes de septiembre o era marzo mientras me preguntaba el significado de eres un mentiroso o de aquíestáelak. También miré al interior del gran orificio pero de allí solo salían sillas amarillas y mesas de tres patas. Luego escuché un estruendo y supuse eran las cuartas patas. También por el orificio cayó mi maleta y entonces volví a caminar de la planta baja hacia el décimo piso que aún no había sido construido preguntándome si ya sabía que significaba eres un mentiroso y aquíestáelak.

Dentro del orificio estuve contestando llamadas durante lo que quedaba del día. El sol ya había incendiado a las nubes y ya los autos empezaban a encenderse solos y a estacionarse sobre los árboles y sobre los pies de la gente fuera del galpón. Eso no lo ví pero supuse que si lo miraba en ese muro inerte era porque estaba ocurriendo. Todos querían saber si eso ocurrió. Luego empecé una historia fantástica donde dos hombres discuten por un castillo. Ambos tienen dinero y quieren comprarlo pero el vendedor les pone varias condiciones. Cuando el vendedor accede, sin que lo sepan, ambos son dueños del mismo castillo, a la mañana están frente a la puerta con una llave dorada similar en las manos. Luego gastan una fortuna y tras algunos años reconocen que el vendedor ha desaparecido. Al regresar al castillo las llaves se han vuelto inservibles, en realidad nunca las habían probado pues aquella mañana frente a la iniciaron la búsqueda. Tras tocar, un hombre aparece tras la pesada puerta pidiendo que expliquen quiénes diablos eran los caballeros. Luego el hombre, sin dejarlos mirar termina de explicar que el sitio le pertenece desde hace dos años y añade que busca un jardinero y que además cuide el ganado.

Una de las últimas llamadas me preguntó si yo no deseaba comprarle una terraza amarilla en un sitio cercano. Dijo que acababa de pintarla con un material impermeable y que aunque no lo creyera parecía que el mismo dios había escupido sobre la terraza. Cuál dios, el dios sol pregunté.

La charles de la flor

Un día o quizás hoy en unos minutos decidimos tomar todos los apuntes y todos guardamos nuestras cosas como las portátiles y apagamos los equipos o quizás solo los silenciamos. Luego miramos como el profesor perdía su paciencia mirando cosas en las páginas de una de esas publicaciones de los centros de investigación. Uno de los talleristas que aún no llegaba, en alguna charla había explicado su deseo de participar en grupos que duplicaran las gramáticas en la mitad de algún pueblo del brasil o de bélice o del congo o de cañar. En realidad creo que dijo que las brasileñas eran unas mujeres muy trabajadoras aunque me parece que dijo algo sobre lo echadas pa lante que eran. Luego se me mezclaron los conceptos cuando habló sobre su viaje al Maracaibo y sobre sus inolvidables romances y pleitos y negocios con jóvenes que le habían pedido quedarse en su país y trabajando para sacar a los pequeños adelante. Cuando habló, mi compañero, sobre los pequeños pensé en islas y arena y gente caminando con grandes charolas llenas de cosas fritas, masas y gente tostada por el sol y yo pensaba de dónde mierda iba yo a sacar tanta plata para que todas estar personas sigan haciendo las mismas cosas durante por lo menos treinta años. El tiempo que pensaba yo deberíamos trabajar. Luego pensé en ciclos de un sábado a la semana y luego pensé en cinco sábados a la semana y miraba a mi amigo con los pequeños de aquellas mujeres, con sus carnes al aire porque el tiene carnes en la cintura, él y los niños, unos niños delgados y la mirada de ellas en el mar o en las cabezas de los niños o en el fondo del mar, quizás caminando entre. 

También pensé que mi amigo tallerista quería casarse con una de las mujeres de corbata azul, una mujer que lleva bufandas y  que suele o solía hablar como un científico. Una vez dije buenas tardes y ella respondió buenas tardes. Una tarde ella junto a un hombre de corbata azul se acercaban al sitio en medio de una gran charla. En esa ocasión la escuché referirse a los problemas y distracciones de los contenidos semánticos, pero creo que se refería a sí misma o sea que estaban flirteando o se refería . El hombre de corbata azul era alto y llevaba un sombrero como de copa y cada vez que la escuchaba debía inclinarse un poco y era como ver una inerte barra de carbón doblándose.

Hace un men en un dibujo animado una inerte barra de carbón salvó a tres astronautas de un choque inminente.

Quise preguntarle eso si de verdad creía que las mujeres tienen ganas de trabajar o sí no se le había subido algo eléctrico a la cabeza o una tira del poliuretano pero ya sé había ido. Luego miré a S abrazado a S y luego miré que ambos se daban picos como si se trataran de aves o chimpancés. No se sabía sí reír o echarme un poco de combustible encima pero recuerdo que luego, antes de subir a la terreza los obligué a abrir la boca y a meter sus puños y gargantas dentro. Fue divertido porque sus rostros empezaron a tornarse azules y sus ojos parecían decirme más, más o alto, poreldios detente.

Hubo de todo pero nada que anotar y los lápices de gel por el momento seguían en sus sitios dentro de las maletas. Luego estuvimos discutiendo sobre la política pero nadie parecía realmente interesado. Un poco todos teníamos problemas definitivamente más importantes, cosas bien domésticas. A quién podía interesarle lo que sucediera con unas personas a las que nadie había hablado o mirado de cerca. Qué importancia tenía que los centros de investigación estuvieran desapareciendo y que el sitio aún tuviera los orificios dentro de los cuales debían estar instalados botones o paneles para dirigir las cajas. A decir verdad, o, pensando en el futuro nos veíamos dirigiendo quizás una habitación llena de treinta o cincuenta personas. Yo por ejemplo tenía muchas dudas sobre mi capacidad de dirección y de manejo de pequeños grupos y en realidad cada vez que tenía un ejercicio con grupos reales, nada simulado, sucedía cada lunes, sentía que el control no era absoluto. Menos el aprendizaje. Mi plan buscaba la colaboración del grupo o por lo menos su atención pero era inútil, era como ver estatuas y cabezas que miraban la pizarra pero con sus mentes en otro sitio, entonces, no se producía la experiencia. Además de eso y otras cosas invisibles, el uso de paliativos, serían o eran ya directrices o requisitos para ejercer al frente con sobrada o limitada ventaja. En realidad me vi desaprendiendo y más cuando el grupo que dirigía hacía una gran montaña con las bancas, en el fondo de la habitación, yo miraba la llama de un fósforo que acababan de encender, supongo luego ya estaba entre las llamaradas escuchando como esas dos horas que tenían recreo entre horas se llenaban de gritos y de los grupos que jugaban a los deportes en mitad de la habitación y con sus dedos tocando los balones y luego las cinturas de otros cursantes, allí en la ciudad y al mismo tiempo casi en la cráter de una montaña y del otro lado estaría manabí supongo.

Algo entendíamos sobre aquellas estrategias pero en el fondo nos costaba aplicarlas y casi siempre estábamos, quienes volvíamos de talleres, gritando a los otros o explicándoles de una forma ruda cómo debían hacerse las cosas. En realidad  creo que nos costaba ponernos en el plano experiencial y muchas veces cuando queríamos hablar de nosotros, esa cosa personal, lo hacíamos utilizando como referencia a los chicos y era casi como hablar de un radiador o del grifo de casa por el cual el agua estaría ese rato corriendo. Y también nos quejábamos, cuando el hombre de corbata azul quizó dar una opinión muchos interrumpimos para quejarnos de los hombres de corbata roja y del servicio postal, también se escucha de fondo una canción de therión. Luego todos reíamos con verdadero amor y todos nuestros dientes paseaban por unos minutos tomados de sus pequeñas manos y lo hacían sobre un hilo verde estirado entre nuestras bocas y un aliento de frescura, una brisa se colaba antes de recordar que quedaba una hora de taller.

Luego nos enteramos que varias personas estaban muriendo y muchas lo hacían con cuentas por pagar o con tomos pesados de enciclopedias en sus manos. A veces en las fotos por publicarse ellos aparecían con unos tomos de pastas duras y amarillentas. Muchas páginas estaban separadas por tiras de papel un poco como cortadas a mano, tiras de bordes irregulares pero también tiras largas y uniformes como reglas de cartón.

Luego vino eso de fumar y salir un poco a recobrar el aire y algo de las cosas que habían sido absorvidas durante el intento que tuvimos de contestar aquel extenso cuestionario. Eso sucedió tras reír y debíamos reír con las encías, la bulla era molesta. Yo por lo menos guardé cosas que ellos no sabrán. Mas de trecientas preguntas y muchas referidas a lenguas muertas de las cuales por un trabajo de traducción, podría ser una especie de antropofagia, seguimos utilizando. Palabras y significados y fechas de nacimiento y posibles causas de desapariciones. En verdad teníamos los ojos colgando de los rostros y los dedos de las manos ya tocaban el piso y ya se habían llenado de otras colillas y algo de carbón se había pegado a las uñas. Luego el marlboro me pareció más pequeño como si le hubieran quitado por lo menos un centímetro, y casi tuve que llorar pensando que otra vez debería sentarme a tratar de responder esas cosas que dije en voz alta por qué no nos las llenan. El marlboro debió apenarse tanto que antes de encender decidió durar algunas bocanadas más y yo lo sostuve entre mis labios para agradecer su sacrificio ya que apenas si sabía que éramos como chiflados con tendencias a saltar hacia el tumbado. Luego me lancé por una de las ventanas, quise abrir los brazos como un pájaro pero la verdad ya estaba muy harto de salvarme cada vez que lo hacía pero luego alguien me estaba llevando hacia algún sitio montado sobre mi hombro o ya no recuerdo si era yo quien se había subido al hombro de alguien más chico pues se observaba de cerca los pies de otros talleristas que subían o bajaban los escalones y también observé herramientas de construcción y las llantas de goma que era una carretilla y un tubo o lápiz con gel casi transparente enrollado en una esquina como una serpiente, todo estaba cubierto por una película de un polvo amarillo. 

Luego estuvo eso de eres un mentiroso y entonces recordé la manguera o gel enrollado y luego el agua salía con forma de eres un mentiroso y cuando encendí mi segundo marlboro el fuego también salió con forma de eres un mentiroso. Luego al encontrar un escalón sentí que las piedras sobre las que estaba sentado también tenían la forma de eres un mentiroso. Cuando el marlboro tuvo gusto a eres un mentiroso me dio ganas de engañarme y entonces empecé a llamarme RT, luego me dije Qué tal RP! y luego las cosas dejaron de ser eres un mentiroso y comenzaron a verse como rtunmenrttiroso o quéhacesrt. Luego me dije qué era eso de eres unrt quemertirosotalrt y mastiqué mis brazos y mis hombros y mis estómagos, han sido dos, y con lo que quedaba mastiqué mi rostro y luego cuando me acabé no pude limpiarme los labios y el hombre de la tienda fruit ya se había ido.

Tenía sabor de eres un mentiroso y algo de marlboro. Eso no era sabor. Supongo que supe a algo contrario al agua pero también cercano al sabor de un plato de rayos eléctricos o al sonido de un puñado de carrizos soplados en mitad de un sócalo.

Fítulos

Muchas han sido las horas que hemos perdido de vista el vuelo de pequeñas aves alrededor de los muros. El sitio al medio. Supongo que sus picos ahora escarbarán en sitios menos ocupados o sobre los terrenos fértiles donde suelen celebrarse reuniones masivas, reuniones cercadas por hombres de cascos y cinturones anchos que miran cuerpos alargados y atrofiados. No nos sentimos apenados, de hecho a veces uno encuentra o más bien se encuentra en las miradas y los gestos de los otros, por ejemplo en el modo en que a veces parecemos reírnos de nosotros mismos mordiéndonos uno de nuestros labios con unos dientes tan blancos, tan brillantes que recuerdan a una nube, una nube cortada por una de aquellas bandadas, bandada en picada al terreno oscuro, no existe, creo, quizás ya volaron por la mañana, en realidad nosotros somos las aves, los hombres y los gusanos.

Si este sitio diera una vuelta, si se recostara sobre el suelo oscuro, sería un enorme barco, una cosa sobrevolada quizás por grandes aves marinas nacidas o que salen del ojo de una neblina. El sitio cruzando el concreto y sus rizomas, una vez al día.

Luego estuvimos caminando sobre la terraza que había sido pintada con un color amarillo. Uno puede llegar a ver el sol pensando que ha bajado y a través de su fuerza se ha estampado, se ha vuelto de una materia visible sobre aquel suelo. No usamos lentes especiales para mirarlo directamente pero nos falta muy poco para arrodillarnos, casi estamos seguros de hablarle y pedirle que nos dote de recursos o que nos dé una vida larga y sobre todo apasionada. Yo mismo hago eso, desde un sitio detrás de un pupitre en ruinas, pido, mirando a esa terraza amarilla que no es eldios ni una fuerza divina, que me dote con su física para dirigir el sitio hacia el espacio y si es posible luego hacia su desintegración. El suelo o la terraza amarilla parece responderme incendiándose un poco, casi como si decidiera favorecerme brillando como la cáscara de una pepa dorada. Mis compañeros talleristas han colocado muchas viandas y muchas cajas de cartón rebosantes de alimentos calientes. Hay platos plásticos llenos de cabezas de pescado y cubiertas por salsas hechas con granos, hay piernas de conejo o de ardilla, doradas y oscuras, de piel crujiente y reventada acompañadas con hojas de lechuga junto a un montículo de arroz. Al fondo, pero en el centro, yo estoy de pie sobre filo del sitio, una tallerista levanta una copa dorada y bebe, echa la cabeza hacia atrás para que su garganta se llene de algo que no alcanzo a observar pero que es como oro fundido. Luego ella sonríe pero mira al suelo y sus dientes rebota la luz, quizás le sonríe a la terraza, el dios personal que poco a poco se volverá anaranjado.

Personalmente no me incluyo en aquel buffet que en realidad no lo es, y luego son cientos de platos y huesos que empiezan a llenar el centro de los círculos. En realidad no logro combinar o entender la asociación entre una y otra cosa. Quiero decir que me mantengo en un margen ya que temo corromper el secreto lazo que me une al sol. Luego me siento sobre el filo del sitio y tomo una de las plumas de aquella bandada o quizás una pluma de mi anterior transformación. Una cosa corta, con vetas grises y anaranjadas. No me parece algo espectacular, incluso siento que el ave dueña de aquella pieza debe ser ágil para planear con el viento sobre espacios infinitos y horizontales y al mismo tiempo torpe, aunque la palabra ideal sería complicada, aveágilchullala. Imagino a todas ellas saltando sobre un mismo pez o sobre un pequeño gusano escarbando en un parque y frente al sitio y las pienso observando a hombres de edad avanzada, como si las aves grabaran los surcos y los caminos de esos rostros. Dejo también caer aquella pluma mientras una corriente de aire la levanta sobre mi cabeza hasta ponerla durante varios segundos frente a mis ojos, suspendida. La pluma gira como en aquellos almacenes donde tras un cristal uno observa radios y reproductores y joyas girar en todas las direcciones. Luego la pluma cae y yo la tomo con la punta de los dedos. También uso la pluma como un pequeño remo y ya estoy lejos de la terraza sobrevolando a los talleristas, con una vista horizontal y magnígfica y muchos ventanales han sido abiertos, quizás al mismo tiempo y también abajo hay demasiados autos dirigiéndose hacia el galpón y mucha gente de pie en las aceras sin moverse o caminando hacia los buses y llevando bolsas blancas y tomadas de la mano de los niños.

Al entrar lo hago por un cristal  roto. Luego todos estamos riendo a carcajadas, luego todos recordamos como había sido el día anterior en comparación con hoy. En realidad nos burlamos del día, casi lo dejamos al nivel de lo inerte. H empieza con eso de imitarlo y se pone a bailar sobre una de las mesas un ritmo torpe y desagradable que incluye mover el torso y también acercarlo al rostro de los talleristas que formamos un círculo como si nos diera algo para luego de nuevo quitárnoslo. Nos da el día, ese día contorsionado que su baile intenta representar. J también se une a la broma, grita mientras explica algo sobre las cosas que intentan volver. Luego ambos se abrazan como personas ebrias y caminan y cojean y a veces se caen intencionalmente y en el suelo levantan la mano gritando que se llaman jueves pero que nadie los verá en miércoles y luego lanzan patadas al aire o a quienes se han detenido para levantarlos y luego siguen su camino de cojera abrazados y balbuceando. Yo debería estar llorando y yo debería ser uno de esos días que nunca volverán pero solo tengo una maleta llena de páginas que a su vez están llenas de frases que hablan sobre peces y peces que explican la manera de bajar hacia el fondo de un río de corriente baja por la tarde y sin usar zapatos. Acerco mi boca hacia el marco de la puerta para percibir el rumor pero ya ellos deben estar rodando los escalones con sus cabezas abiertas. Momento para llorar digo pero no me sale más que aceite y además sale por los dedos. 

Luego estamos contando las cosas que nos sucedieron durante los últimos diez minutos, cosas sin importancia y dado nuestro misterioso desbordamiento, casi todo el diálogo se vuelve cortado, casi estamos pisándonos todo el tiempo. Hablamos y eso parece saludable y al mismo tiempo siento que cada tanto entramos y desde el hombro de uno u otro controlamos lo que está por suceder, lo que vendrá. Varias veces durante esos momentos digo cosas o alguien dice lo que estoy a punto de decir pero también me digo interiormente que qué bueno que lo haya dicho por que ya no iba a compartirlo. Se evidencia cierto malestar o es que el marlboro se ha tomado ya los rincones donde antes había algo de aquella terraza, humo sobre dorado, de aquel sol tomado hace algunas horas. No es mi intención pero al quedarme de pie en cierto sitio frente a la ventana cubro parte de la luz y una sombra larga nos acompaña. Se dibujan nuestros perfiles suavemente recortados en el piso que sigue siendo cambiando, es decir, sobre un subsuelo que pronto será cubierto, ya son meses de arreglos. También las habitaciones parecen desocupadas. En uno de los muros un número cuatro nos recuerda donde estamos, dentro de toda esa vejez aquel número grabado en bronce recuerda un siglo de opulencia o cosas que se han desmadejado. Quiero el secreto, vivir cien días seguidos, cien números para fabricar cien años, cien veces contarte. Esas cosas las dice o están escritas en un muro pero yo las oigo mientras bajo colgado del cuello o los hombros de alguien con el rostro pintado de un azul que no es eléctrico ni tampoco tan profundo como el azul de esos filmes donde la noche lo cubre todo dejando solo siluetas o luces brillantes de autos que se acercan hasta apagar los motores. Luego estoy cayendo sobre un escalón hasta cuando me toman o me levantan para no hacerme daño y tampoco abrirme la cabeza con uno de los bordes y luego camino como dentro de un pantalón oscuro o debajo de un sombrero tibio que cubre mis ojos pues me encuentro al caminar tropenzando varias veces y pisando mesas y escritorios y chatarra y ruinas fuera de las habitaciones. En realidad no sé hacia dónde me dirijo.

En una de las filas me explican que el hombre de uniforme blanco ha preguntado a varias personas pero nadie se ha decidido. Luego me mantengo de pie pero también una gran ola nos cubre y casi siento que la sal se disuelve y llena mis encías. Luego me veo de pie, entero y no puedo dejar de extrañar que mi cuerpo no se haya disuelto tras los litros y tras el agua carbonatada y el gas de los congeladores. Entonces sucede y también recuerdo que alguien me había levantado para no abrirme la cabeza al caer cerca de un gran escalón y sus manos eran suaves pero más cuando aplastaron mis testículos y más cuando entraron en los dientes como si fueran un gel. En un reflejo observé que esto último no había pasado pero por el contrario, otro yo, uno de aspecto siniestro ese momento colocaba varias bolsas en uno de esos autos o coches de acero y luego las paseaba en el galpón. En una mano sostenía mis ojos como si fueran un pescado, un esqueleto en todo caso. Al voltear no miré a nadie, solo a personas con gruesos abrigos y con trajes planos, ropas que parecían cartón. Todos lucíamos de manera similar pero también teníamos once dedos y algunos hasta tres brazos. 

Afuera los autos daban vueltas y solo faltaba que alguien encendiera una fogata o un gran fogón dentro de un viejo basurero de acero y luego pensé que Madmax o Rayloriga llegarían en un auto con el motor a la vista con eso de que han hallado un pozo infinito a tres días de viaje. En realidad esas cosas ocurrían en uno de los televisores que reproducía una de esas cintas y la traducción dejaba escuchar los quejidos cada vez que alguien era alcanzado por una bala aunque la mayor parte de tiempo se tiraban flechas o dardos y uno de los hombres usaba un bumerang que era un pieza de madera con forma de letra v. Luego el hombre tiró el bumerang y al regresar le cortó todos los dedos de su mano. Un niño con una máscara o quizás era la cabeza de un coyote que usaba como sombrero o como máscara recogío los dedos y el bumerang para después aullar con felicidad y dar dos giros de esos que se llamaba mortales. Afuera gritaban sobre los días rojos y sobre la nieve que no era tóxica. Varios hombres habían sembrado un bosque de árboles miniatura que brilllaban como si estuvieran hechos del pétroleo que cada día llegaba en forma de electricidad a las casas del barrio y también al sitio, estábamos todos muy cerca y los árboles verdes nos hablaban. Intenté buscar la tierra pero eso árboles debían estar sembrados en el aire como eso de lo hidropónico. Luego me arrepentí de no haber cursado un taller de genealogía de bosques y luego me convertí en una maceta de barro al caer sobre el filo de un coche. También pensaba que estaba un poco cansado de tener un cuerpo hecho de un material que se disolvía pero esto no sé si lo pensé y tampoco recuerdo haber tenido un árbol metido o cruzado cuando fui una maceta.

En los muros estaban escritas esas cosas con letras verdes o azules y con aerosoles y luego pensé que todos pueden darse un baño de aerosol y que debería ganar mucho dinero anunciando por televisión las bondades que ni yo mismo conocía de los baños de aerosol. Una de las paredes empezó a llamarme pero yo estaba buscando algún peldaño sobre el cual colocar los huesos y la carne y el marlboro pero todos los pisos habían sido bajados o nivelados como si alguien quisiera que yo no me sentara con mis huesos o que nadie levantara los pies, la cosa horizontal pero luego pensé que cómo diablos iban a alcanzar los pisos superiores pero recordé el gran orificio y la caja futura. La caja futura estaba claro que sería un sitio ascéptico pero aún no existía. Por eso mismo observé como las paredes se llenaban con mis nombres y con eso de que yo era un mentiroso y casi me emocioné hasta que la garganta quiso tomar un taxi, observando con dudas como mi nombre era bien conocido, mejor me dije, de lo que yo mismo me conozco, pero luego pensé que eso era imposible porque ya hace mucho tiempo había decidido que no quería ya conocer nada. Así estuve durante quince minutos que bien contados fueron tres horas con la cabeza abierta y con los muros contándome sobre misioneros y ríos y peces y sobre despertarme en la madrugada. También me quedé dormido abrazado a una piedra creyendo que era un escalón y en el sueño caminaba hacia el taller, en el camino cambiaba la primera letra y luego las paredes mostraban bentiroso, pentiroso, fentiroso, y no sé si soñaba o eran las siete pero alguien tenía la maleta sobre una silla azul y luego eres un mentiroso.



8/1/14

el jabón ya que anoche me lavé los dientes con cloro y cepillé mi cabello con la esponja

Ninguna cosa estaba en su lugar original. Parecía una alucinación. Mis dedos eran muchísimo, bien cortos. Los pisos de cada una de la plantas estaban fuera de posición, en palabras técnicas  desnivelados; a qué hora sucedió? Quizás llevaba ocurriendo ya varios meses y como uno es bueno con los números y con eso de contar las cosas diría que quizás se trataban de dosmil o tresmil horas, suficiente, dije o pensé, pero, y extrañamente, el edificio, entero, seguía, era parte del gran rizoma gris y alargado que se extendía en forma de ciudad.

Quise que dijera alguna cosa sorpredente, algo similar a las frases que uno lee mientras viaja dentro del gusano rojo, de pie o arrimado. Cosas como de tu pánico y de tu tristeza depende mi felicidad. Sé, por experiencia que esas cosas solo se pueden observar en los baños o en los muros de lugares extremadamente lumpenescos, quien sabe, abajo, junto al teatro Uv. Quizás pueden aparecer grabados sobre la madera de las puertas de una iglesia, con letras grandes, como si se tratara de un edicto y del desafío a la majestad y a sus impuestos. Como los muros lucían libres o pulcros decidí escribir la frase en la mitad de dos pisos, en el sitio en que se unen o parecen juntarse por obra de las gradas y los pasamanos. Luego verifiqué y apenas si hacía falta girar la cabeza y observar las letras hechas con grafitos brillantes y grises, letras alargadas como huesos o como los dedos de un dibujo animado que dentro de un horno eléctrico ha empezado a derretirse. Si por mí fuera, si de mí dependiera habría esperado toda la tarde a observar cuántos hombres de corbata azul y cuántos de los talleristas se detenían. En realidad esperaba que alguien saltara por la ventana, una ventana cubierta por un marco con forma de cruz o incluso y ya en el clímax de lo absurdo creí que alguien empezaría a llorar y a buscar a quien abrazar con fuerza, con toda la carne fuera tras leer el muro. Apenas terminé de escribir y bajé uno o dos peldaños para observar la obra y fue que alguien que parecía uno de los hombres de corbata amarilla se detuvo a dos pasos de mi espalda. Con una característica y desconocida flexibilidad hice como si nada ocurriera e incluso tras girar, me permití decir algo inteligente como buenas tardes subinspector, ya el taller de ciencias ha entrado. De todos modos luego estuve trepado sobre los hombros de alguien intentando girar su cuello pero esto debió suceder al hacer fila en el galpón. Alguna cosa atemporal como esas imágenes de las cabezas de otros logró entrar en nuestras retinas o quizás se coló en el piso a través del orificio y luego yo estaba de nuevo con dos pisos o dos momentos similares pero poco entretenidos y supongo eran dos edificios en sitios opuestos o quizás era la terraza y el basement. Intenté encontrar la parte cómica de ser una especie de pan en medio de dos panes o de piso entre dos pisos e intenté reír pero no logré contagiarme por mi propio humor extraño. Mientras sucedía ya habían dado vuelta y ya llevaban varios minutos tomados de la barra o del marco de otra ventana, esperando que el edificio siguiera en pie o quizás dando pequeños golpes para que todo dejara de sacudirse hacia los tumbados, supongo que empezó mientras bajaba en los hombros de alguien. También quise decir algo inteligente para escuchar alguna respuesta tonta o poco pensada, algo como que día espléndido y eso que parece septiembre o algo como más sabe el hombre de los zapatos que los zapatos de un pescado. Supongo su cabeza estaba llena de arena y agua y en realidad quería escuchar que alguien también dijera mi cabeza está ocupada por una gran burbuja que parece inflada por el jabón ya que anoche me lavé los dientes con cloro y cepillé mi cabello con la esponja de la cocina. 

Las cosas sorprendentes ocurren cuando caes hacia el tumbado y observas que todos tienen ojos y narices y corbatas y un estampado de los calzoncillos rojos de mickeymouse, idéntico a uno que acababas de lavar o dibujar y camas y alimentos en lata dentro de bolsas plásticas en la mitad del refrigerador y entonces te dan ganas de tener las medias y los pantalones planchados y la alfombra aspirada y varios niños conduciendo autos de supermercado, siguiéndote no en fila, sino, en un desorden como si fueran abejas o las bolas en una mesa de billar que provoca, a su paso, la desaparición de las personas que han ocupado las filas y que conducen los coches en el gran galpón. Una especie de piara de cerdos negros o de caballos de páramo o esa cosa autonombrada la guerrilla no negocia con ningún gobierno. Imagino los uniformes rojos y un rehén (yo) en el frente y atado sobre los coches de ruedas y acero y secuestrado y torturado (comillas) por esas pequeñas manos, manos que amenazan con hacer un nuevo orificio y esas cosas de niños siendo grandes. 

El orificio del sitio tenía décadas de antiguedad. Así como el sitio. Más que el sitio. Se notaba la ausencia de controles y sobre todo el abandono. Sin embargo alrededor, cada fin de semana, los talleristas novatos continuaban sus combates sobre una pileta que ocupaba casi una hectárea del sitio, en la parte cercana a los hospitales y la estación del metro. Esa construcción tenía un sistema que mantenía el fluido constante del agua, flujos de pequeños chorros, cientos, que giraban a través y alrededor de un juego de luces submarinas. Una ocasión casi a medianoche algunos talleristas nuevos estuvimos metidos en aquellas aguas y caminando sobre las luces submarinas, sin ropa, abrazados o mirando como orinábamos, con los cristales llenos de una bébida tibia o a veces demasiado caliente, mirando también como bobos como las luces giraban y entendiendo y comparando a los hombres y luego pidiendo que llegara un taxi. Luego alguien metió un taxi en el sitio y todos fuimos arrinconados detrás de una cámara de vídeo y luego todos perdimos la memoria por lo menos dos años. El orificio seguía vivo o esperando las cajas o como si necesitara
un severo choque eléctrico como cuando uno de los futuros autobots encuentra el cadaver del viejo Prime. Claro, todos pestañábamos al recordar el agua a media noche vista al medio día, y eso sería luego de los dos años de amnesia.

Ayer intenté hablar con esos muros pero solo recibí una descarga similar a una explosión y era como escuchar que vibraran o era que tenían algo dentro. También era como si el aire apenas fuera perturbado. También pregunté casi gritando dentro de una habitación que había sido desarmada si sabría qué esperábamos. Llevábamos horas y todos aprovechamos para desatender nuestras obligaciones y pronto muchos talleristas llegaron de la mano o la cola de pescados a medio cocer. El profesor miraba la situación pero también pasaba brevemente las páginas de una publicación que alguien había colocado sobre su escritorio. Una de esas revistas impresas en los talleres de los centros de educación avanzada, algo que contenía eso de Las investigaciones dominadas por el discurso de la opinión y la traducción. Cosas hechas para olvidar que hay cuerpos húmedos y sin brazos sentados  arrimados sobre las sillas y con lápiz en la mano, o en las colas. Más bien olvidé todo y traté de formar mesa y el trabajo giró en torno a las varias fotocopias que apenas empezábamos a resolver. Preguntas sobre el uso del latín o sobre Giros en los textos sagrados durante los siglos XV y XVI. La verdad es que nuestras caras luchaban por no quedar pegadas en el tumbado como si se trataran de sombreros que acaban de volar como en las caricaturas de Pepo donde un viento inesperado parece empujar a los muñecos de lápiz hacia el otro lado del cuadro o hacia la siguiente viñeta. Nuestra viñeta difería de esta broma porque en realidad nuestras caras luchaban por parecer rostros humanos o como si acabaran de despegarse de las mesas. 

Preguntamos al unísono la veinteydos, la veinteyseis, la treinta, la cuarenta y dos, y por poco logramos mantener las cosas en su sitio. Los borradores de goma volvían como avesmensajeras trayendo firmas y números extranjeros sobre sus lomos y yo los pasaba a mi agenda y las sillas aunque reclinadas nos dejaban alcanzar sitios inesperados como la fila del centro. Así también resultamos ilesos frente a las colaboraciones inesperadas del resto de talleristas quienes tiraban sus fotocopias en nuestras mesas sugiriendo que si las resolvíamos (sus cuestionarios) terminaríamos bien pronto.

Al ponerme de pie todos hicieron lo mismo y procuraron devolver las fotocopias pero sin lanzarlas pero los demás esperaban en el pasillo. Eso quizás lo imaginé porque en realidad estuve rodando sobre los escalones y luego flotando o sostenido por la mano de uno los fabulosostennenbaum que también había colocado un esparadrapo en mi frente. Cuando la alarma suene, dijo estarás perdido. Yo pensé, con algo metido o colgado entre las piernas, que se refería a la música de esa canción llamada Perdido en mí, luego eso que estaba colgado o metido entre las piernas apareció o brilló en el marco de una de las ventanas, quizás en el piso número cuatro.

Al escuchar sus cosas me dieron ganas de salir y tomar un colectivo hasta su casa para que tomara el volante o para que lleváramos al autobus a dar algunas vueltas sobre la línea del tren que acababan de inaugurar y eso sería el viernes o eso sería pasando lasso. Quise que tomara tres o más días subir hacia la cima de aquella montaña salvaje o gibesca en medio de Riobamba y quise que todos los hombres ocuparan los vagones y todos humedecieran las galletas y el bizcocho en una taza rebosante de cocoa hirviente. Imaginaba a hombres antiguos con rostros zurcados por líneas como grandes mapas de alto o bajo relieve, cubiertos por sus ponchos rojos con los dientes ya podridos y con las galletas, cubiertas por chispitas, saliendo por las comisuras, las migas. Los miré sonriendo y con los ojos encendidos pero a la vez grises y quise que en ese viaje ellos comieran mis brazos y mi cuerpo como en esas novelas donde una especie de hombre sin dientes decide oler mejor que todas las cosas, mejor incluso que el ano de un caballo y termina dentro del estómago de uno yl uego pensé que no sería justo intoxicar a esas personas que debían saber poco de trenes y mucho del tiempo y poco de sombreros negros y de vendajes negros en una mano quemada por algo a gas, como la mujer en la novela de márquez y mucho sobre filas para trocar una cabeza de lechuga por una caja de jeringuillas cubiertas con números y vocales con dos o más tildes. Además pensé que un cuerpo inservible como el mío, además, lleno de cosas inservibles como palabras y signos de puntuación saltando por los ojos, sólo serviría para iniciar una especie de teoría sobre un monolito y sobre los monitos cuando empezaban a comunicarse. Mientras todos subían la montaña, y eso era a mitad de la costa o de la sierra o de ambos, yo miraba uno de los muros cerca del agujero donde poco a poco iban apareciendo las frases que ya conocía. Duró mucho menos de lo que esperaba y fue en silencio o en medio del ruido de los hombres sorbiendo la cocoa. Luego el monolito se dirigió de un impulso hacia el sol y luego lo traspasó como un dardo a una tira de queso pero antes nos dejó cerca del sitio, y yo miraba el agujero y luego siguió hacia el sol o ya venía de regreso y leí de nuevo eso de eres un metiroso.

seissexiessadies

Alguien cantaba en la terraza del edificio. Su voz sonaba bien, si grabas te compro el disco pensé. Luego estuve mirando cómo el resto del grupo improvisaba sobre sus instrumentos. Luego quise que haya otra bajista, luego pedí más volumen o más platillos. Cuando el sol quemaba sobre las partes cromadas el brillo anaranjado entró por nuestros ojos iluminándonos el interior y de paso quemando la piel y los forúnculos. Algunos de los talleristas mirábamos con asombro la forma en que nuestros corazones se abrían y cerraban al igual o al mismo ritmo que los pulmones. También observé una gran moneda de hierro en el interior del estómago de un hombre de corbata azul. Un poco sentí remordimientos de hacer este tipo de cosas que divertían al resto pero que en el fondo quizás no los divertían del todo. Luego buscaba poner mi cara más seria, esto es un rostro duro, sin una sola porción de felicidad o placer onanístico, casi un rostro de no saber que día es hoy. Sin embargo el resto, al mirarme empezó con eso de exigir que me callara o que dejara de preocuparme, que extrañamente yo ya estaba haciendo preguntas extrañas o lo que era peor, estaba actuando como si algo estuviera por ocurrir. No pienso hacer nada más dije, pero ya la banda tocaba uno de esos temas lentos, ya todos estaban abrazados y los que no habían empezado con eso de bajar y buscar puestos antes de que los talleres se llenaran a pesar de que los talleres nunca se llenaban. Ese tema, canción,  hablaba sobre un joven que reclamaba algo a su padre, algo sobre father, youleaveme, youwillneedme, o cosas así cantadas sobre una base lenta y pesada de batería y toms y como apoyada con la ayuda de un gran piano. El cantante me pareció muy conocido y decidí que debía de ser uno de esos hombres que salían fotografiados en las revistas americanas de música cuando todo el mundo vestía de militar y hablaba sobre charly, que charly son todos y que adoramos el olor de napalm por la mañana

Luego me puse a bajar y a bajar cada uno de los escalones y para hacer más tiempo los escalones no terminaban y para que no me cansara cada escalón estaba hecho o contenía unos diminutos cinco escalones y entonces yo pensaba que bien podía uno quedarse sentado y esperar que alguien más subiera para contarle a uno cuantos escalones quedaban por bajar. Luego pensé que también podía hacerme una bolita, como esas bolitas de miga que se les quita a las palanquetas o al pan bagué y luego pensé que abajo me esperaba una gran taza de café con una gran cuchara en el centro y decidí rodar los escalones hasta caer como el basketball dentro de la taza haciendo saltar el café caliente en la piernas de las personas que habían decidido poner sus mesas en la zona donde uno terminaba de bajar las escaleras. Pero me arrepentí, o no habían tazas; también pensé que sería más divertido que alguien bajara con un marlboro en la mano y me invitase a buscar un encendedor para yo poder decir algo como no jodas o regresa con el marlboro encendido o mejor deja el marlboro y lárgate o no regreses pero inexplicablemente ya me hallaba con un tallerista pagando con pequeñas monedas el valor de dos y además comprando algunas mentas sueltas y preguntándome de dónde sacábamos el dinero. Luego encendieron el cigarro con una llama que no quería quemar y tampoco servía para saber si eso sucedía pues al ponerla bajo mi palma el fuego aparecía del otro lado de la mano. Luego encontré una caja amarilla en mi chaqueta y luego tiramos las cenizas y el orificio parecía vacío, y detrás de nosotros estaban varias cruces que gracias a la luz del sol o al reflejo en las partes cromadas resultaban cálidas y por un momento pensé que era importante y sobre todo que era parte de algo, no solo del taller sino también como una tilde que es parte de la palabra café en un envase de cristal y tapa plástica que dice o tiene grabada la palabra café pero lleno con algo amarillo, quizás miel, o como si fuera un calcetín húmedo en medio de una tina de plástico en un patio junto a una máquina para lavar ropa, cubierto por una capa de detergente que se ha vuelto espuma y burbujas. Luego miré el cristal y la ciudad a los lejos, en realidad tan lejos como si la viera a través de un microscopio, seguía igual, parecía no haber cambiado luego de los siete primeros años de haberla visto, es decir, seguía azul, con sus materiales y su concreto sobre los edificios que pasaba según los rayos del sol por una serie de tonalidades, además de esa estraña cicatriz aunque más seguro estoy de que su forma es la de un muñón, con cosas o hilos colgantes y deshilachados por todos lados, por todos debajo del cielo anaranajado y creciendo como una larva, como un rizoma. De todos modos hasta los rizomas tienen un centro y en este caso el centro era el brillo de la colilla encendida aún con su tono rojizo y el humo era apenas una o quizás todas las ramificaciones. quitohumo. Nosotros esperábamos que al terminar el marlboro también terminaran las jornadas y quizás alguien del sexto o noveno piso bajara corriendo y tropezara hasta romperse la cabeza mientras terminaba de decir que todos debemos traer un trabajo final de cien hojas para el viernes pero el trabajo final tiene una calificación de más de la mitad de la nota pero el trabajo final será un tema escogido por nosotros y nosotros escogimos un tema nuevo como la calificación de un trabajo final y al final decidimos que ningún trabajo debe ser presentado mientras, de su boca saltaban pedazos de dientes y los tostados que había estado masticando mientras bajaba con apuro y antes de que la bolsa saltara de sus manos y su cuerpo saltara por la bolsa y nos viera abajo terminando el marlboro y empezara con eso de que todos debemos traer un trabajo final de cien hojas para el viernes pero el trabajo final tiene una calificación de más de la mitad de la nota pero el trabajo final será un tema escogido por nosotros y nosotros escogimos un tema nuevo como la calificación de un trabajo final y al final decidimos que ningún trabajo debe ser presentado. Luego llevamos su cuerpo al salón principal de aquel piso o alguien más lo hizo y nosotros pensamos que era bueno saber que eso iba a pasar porque, en realidad no había pasado y también para que nadie se lastimara miramos mejor hacia otra dirección hasta que alguien del quinto piso bajo y se colocó en mi cuello y empezó con eso de soy tus ojos y soy tu cuello, empezó con eso sin decirlo y yo ya perdí mis zapatos y casi que me pongo a bajar por el orificio pero luego los escalones me indicaron que debía pisarlos y seguirlos y eso era ir hacia la planta baja.

También sucedió que varias veces estuve haciendo fila en varios galpones al mismo tiempo y alguien me preguntó cuál era la mejor forma de felicitar en el día de la madre y yo dije que te partas la madre pinche cabrón y maricón que vendes tu puerco para comer puerco y esa persona se sintió tan maravillada que guardó silencio hasta cuando uno de los cajeros se aceró a preguntarle si deseaba algo más y el hombre dijo que era todo lo que tenía pero bien podía ponerle un par de asientos. Luego el hombre y en realidad muchas personas cargaban en sus manos muchas bolsas blancas y otros, los menos, llevaban bolsas azules o blancas también con aves o algo parecido que levantaban sus alas o lo que quedaban de ellas, bueno, las que podían porque la mayoría tenían las alas bien pegadas al cuerpo, y hacían gestos obscenos y se metías sus alas en sus culos y también se frotaban dentro de sus cuellos lánguidos y arrugados como mocos de pavo.  aladentrodecuello. Luego yo paré a uno de los hombres de uniforme blanco y boina roja o blanca, creo que para ese momento estaba usando o mirando con mis ojos en blanco y negro o solo blanco como estatua y dije que acá nadie es mentiroso y que los mentirosos no pueden hablar y tampoco usan oxígeno porque ellos son personas que viven debajo del mar a punta de hidrógeno y de gas pero sucede que en ciudades como las nuestras los hombres de canela y limón están en todas partes y cuando la lluvia llega es que ellos están haciendo mucho ejercicio en la gran rueda con su gran amigo el dios. Supongo que a nadie impresionó mi defensa pero pensándolo mejor creo que ya todos lo sabían puesto que nadie dijo nada ni intentó callarme. Luego añadí que esto era un galpón y no la tienda de granadas que todos creían pero ya entonces las filas habían sido reemplazadas por taxis o por autos de bomberos y pensé en la caja de acero y busqué botones que oprimir pero tuve que contentarme con acercarme a una mujer que se parecía a Lennon y el cajero antes le dijo que debía pagar algo así como seis sexys sadies. Varias personas se acercaron y luego estuvimos delante de los parqueaderos con muchos autos girando para salir antes de que lo hiciera el bus azul y empezó con eso de eres un mentiroso y eso que yo estaba ya subiendo con el marlboro en la mano pero pasaron quince minutos y yo seguía pensando que era un mentiroso.

Luego miré que tres personas subían a una camioneta ford llevando monedas de hierro en sus estómagos, eran unas monedas que vistas así parecían conchas, esa cosa del guayas, eso del espondylus. Luego estuve viajando en la ford 100 o 101 y no era divertido y tampoco entendí eso de la caja de cambios de solo tres velocidades. Y eres un mentiroso.