14/9/12

Far en eigth

Estoy en la cocina, estoy sentado, abro la puerta, el motor me mantedrá despierto, al asomarme veo una barra de manteca, el brillo ilumina mis dedos. Su sabor alcanza para cinco minutos. Tengo menos de una hora. Ella cuenta el tiempo en ambos sentidos, para ella la noche es una aliada. Con la mantequilla hago un sandwich pero no lo como. Busco entre el mobiliario. El fuego haría maravillas, del tipo derretidas, croquetas que humedecen el paladar. A ciegas enciendo el horno. Por recomendación lo dejo solo, hasta que la habitación se llene y nos atraiga. Las manos están quietas pero ya he fabricado una combinación. Ya hay relleno, al apretarlo riega sus jugos, aún vive, debe estar con vida al entrar en el horno. No gritará, o acaso el motor apagará su risa, pues sabe, entrará al grado Zero, desde allí desplegará su superficie durante los siglos que dure el fuego dentro y cada lado de los hemisferios. La eterna tibieza, ligera coraza. Mis manos lo atraen, su peso es ideal, caben varios, las manos sugieren crear una tropa, hay tiempo, no los mastico, quizás deje uno para Ana, que también eleva su témperatura, llega la nieve, tomo el azúcar, mis yemas parecen estar pegadas, los dedos recortados, dirigiéndose entre las especias, hay un gusto de noble corteza, de esto sabe Ana, presumo que equivocaré las porciones, saldrán elefantes, extremidades extras, parecidos en todo caso, nos reconoceremos gracias al aliento del horno.
Quizás deje uno a Ana, Ana suele regresar agotada.

12/9/12

Habilidades para dormir.

Le he pedido que no me lo repita pero ya es tarde, ya pertenece al otro bando. Lo extraño es que cuando pido que baje el volumen la voz del periodista queda muy por debajo de su intensidad normal, extraño, pienso, inaudito y anecdótico, resulta que su voz sostenía mis convicciones; en esa circunstancia que doblega y empuja la decisión se vuelve la regla. Cada palabra sucede a la anterior en una cadena que se estira en todas las direcciones. Colocar un signo más para asociar y establecer otra posición. Tras esa perspectiva se adivina, la idea adquiere sus relieves. Para no salir de los límites guardo las relaciones anteriores y espaciales. Una posiblidad, un plano o una profundidad, las figuras quietas, los movimientos imperceptibles, en todo caso o explicándolo mejor: el desgaste. Materia y polvo. Desintegración. Ecos, cuerpos que rebotan. Tolerancia a la marea. Si las posibilidades son excepcionales vale retardar el recorrido.

Aquí hay cosas infladas, hacen falta litros y exhalaciones para no quitarlas de los lugares apropiados. También dentro y sobre una silla ellas mantienen su sitio inflando y desapareciendo hasta salir del otro lado. En ese sitio se cree o se propone como una radiografía. El sitio tiene una exclusa. Yo la llamo claraboya. Es igual a estar seco y al abrirla ser empapado. Los tornillos sirven para estar regados sobre el suelo, juntos, brillantes, o para ajustar la madera, invisibles, separados. La madera cruje, está ha camino de ceder, ha salido y entrado, su vida es la misma dentro o fuera del agua.

hay un aviso que no ha sido contestado. Hay preguntas, miles, hay respuestas, hay palabras inutilizadas, ruidos dentro de otros ruidos, órganos inflados por noche, llamadas que nunca serán hechas, rostros que jamás verán la vejez, iras que dormirán solas, noticias que nunca se recordarán, disculpas que esperan un oído, sueños convertidos en horas de aurora, vidas que se han vuelto rocas. Zenith, zima, cima, arrabal, gran bsas, habilidad sobre el tiempo, fotografía de movimiento.

La música entra, el pie repite el compás, el dedo intenta seguir pero la creación es intensa, ahoga. El pie no piensa, los dedos hacen el trabajo de los que bailan, siguen el boom, la voz sale grave, hay aliento no hay sonido. La interpretación inflama, las manos cuelgan, los hilos sacuden el cuerpo, el cuerpo es más alto que las cortinas. El escenario es amarillo, las tramoyas cuelgan sobre los trombones. Se cae el piso, resiste dos segundos pero vuelve a ceder. Una nube se levanta. La cortina los cubre. La luz perfora el gas. El gas sube haciendo formas hipnóticas. Los ojos se cierran. Los cuerpos golpen los espaldares. Las bocas abiertas, las cabezas sobre los muslos. El olor es de pólvora, hay elefantes, sudor, gente apretada en sus almohadas, asalto a la orquesta. Metales fundidos, entrelazados como cordones, fajas y carnes derretidas, la luz cruza los gases hay insectos, hay resortes, diminutos objetos que caben en los dedos.

El dinosaurio mira desde la ventana. No lo hace de frente pero su nariz es un sexto ojo. Sus orejas son dos parlantes, yo viajo sostenido de ellas, las aprieto para llegar más pronto, las balas no dañan las escamas de su cuerpo, en el agua uso un snorkel, el dinosaurio come mientras nos sumerge,  solo debe abrir su fauce, traga al mar, al plancton, al submarino ruso lleno escafandras, su garganta brama, provoca al mar, derrite los polos, en la profundidad se detiene y duerme o muere o hiberna, la superficie cambia de color, la piel se torna azul.

4/9/12

Asterisco

Donde hay personas hay fantasmas. La falta de sonidos es producto de nuestro cuerpo congelado. Al decir eso salió de la habitación. A pesar de no tener los pies de hielo sentí escarcha o quizás algo más compacto que envolvía los espacios entre las vértebras. Al salir observé que la puerta quedaba abierta. Pude cerrarla pero no había razón, seguro él ya estaba dentro de algún vehículo aunque algo me dijo que se desplazaba caminando. Volví al estudio con ánimos de abrirme el pecho como los científicos para observar el interior en pleno funcionamiento. Será cosa de recostarme y contar a la inversa desde cien, al llegar al 59 noté que los brazos yacían sobre el piso separados del cuerpo. Sin brazos no podré lograr el corte me dije pero luego ví que esos no eran mis brazos. Todo era inútil, en ese momento la cuenta regresiva se activó a sí misma. Al despertar, idea que me hizo pensar,  encontré a otros hombres como el anterior. Estamos de acuerdo en lo mismo dijo uno de ellos, el lugar sugería un espacio no conocido, aunque reconocí características por lo que acepté el sueño, al fin estoy dentro de mí, dije.

Allí observé al cielo y nubes o formas hechas en cristales que al desintegrarse tranformaban su cuerpo en gas. Ese lugar está del otro lado y es inclasificable, dijo uno de los hombres sin que nadie se lo haya consultado. Allí o aquí encontré mucha gente que no necesariamente actuaba como si se conociera. Sin embargo también los ví respondiendo y hablando como si no tuvieran a nadie alrededor. Tras una puerta había otro sitio de características similares. Aquí o allí las puertas sobran, las hay cada cien pasos, puertas que llevan al mismo sitio pensé, de hecho estaba en el mismo sitio pero del otro lado. Cuando pregunté a uno por el lugar al que conducen éste respondió colocando otra puerta sacada de un bolsillo. Intenté guardar una de ellas en mi camisa pero su tamaño era el mismo. Uno de ellos hablaba, quizás a causa de mi bolsillo y mi puerta, estás al otro lado, al otro lado de qué pregunté tomándolo de su brazo pero mi mano se cerró atrapando solo un gas.

Pero si hay gas debe ser un viaje temporal pensé.

Al despertar observé el televisor apagado. Seguro lo he programado. El agua no caía por lo que buscé algo en el refrigerador. Nuevamente noté como la noche intentaba quedarse entre los recuerdos de los hombres, pues, ella arruina y sustituye a lo vivido en su ausencia. Para que ella no borre mis recuerdos suelo invocar un mantra sencillo. El día llega con su luz blanca para recargar el combustible, diría mi libreta si la llevara. Sin quitarme la ropa tomé una ducha, el agua tardó en llegar a la piel y al hacerlo la sensación fue de inminete peligro. Es la misma sensación de estar bajo el sol con los brazos y las piernas extendidas cubierto por una capa de aceite. El equilibrio lo hallé un día, cuando dos cubos de queso salieron ilesos de la boca de un golden. Creí que se debía a la saliva del perro, incluso unté todo mi cuerpo. La reacción fue fatal. En la noche realicé ejercicios de inmersión. El secreto mejor guardado es el que no se recuerda. Los cubos tenían piel. Llevabas años comiendo solo diría otra nueva libreta. El sol manda me dije.

Quise comprar una. Pensé un título: Viviendo de memoria.

3/9/12

Año del mono

Dentro, de pie junto a la mesa de las frutas. Al mirar a los costados la habitación enciende sus luces. La alfombra roja cubre desde la puerta giratoria hasta la pared llena de espejos. Las sillas son doradas al igual que los cubiertos y las lámparas. Una boca de dragón. La lengua que nos sacude antes de tragarnos. Continúo con la mirada echada hacia un costado, los ojos quemados por el sol sobre la calle, tanto brillo deslumbra interna y externamente. Llevo el cabello hasta los hombros, los brazos cuelgan como dos telas en una cuerda. El cuerpo se sostiene apoyado contra una columna cilíndrica de proporciones faraónicas. Además del metal brillan los cristales y los ceniceros y los portavasos. Los platos se llenan con hojas verdes aderezadas y los alimentos suben hasta que los depositan. Hay aves que han vuelto de entre sus fluidos y bajo ellas montañas de patatas fritas rectangulares. Hay cubos de queso que parecen desafiarme. Derrítete tú le digo a uno antes de que levante los hombros. Lo hace y a él lo siguen otros fiambres. Lleno con todo lo que alcanzo a tomar el plato que parece contener a una montaña y busco una silla. La luz sugiere buscar más luz pero la mesas están llenas. 
 

28/8/12

Pierrot le Fou

Jean Paul Belmondo es el perfecto Pierrot. Ferdinand dice él, Ferdinand como aclarando, Ferdinand como negando. Jean Paul es Pierrot, Ferdinand es Le Fou, Ferdinand es quien se vuelve un loco.
En esta road movie el joven Godard nos ofrece un proyecto de historia entre dos jóvenes y su amor desbordado. Un amor que tiene como premisa la autodestrucción. Una autodestrucción lenta, casi médica, cuasi heróica, la vida después de todas las otras vidas. Godard un loco de los otros lenguajes, nuevamente hace uso de una astucia rebel way, mezclando y educando al público a nuevas interpretaciones, a sus mutantes de varias cabezas, a su cine mezcla de Griffith con Tin Tan, a esa erudicción literaria y a la vez pop, a ese sentido del ritmo, de la melodía, a esa manera de no contar historias sino de cantar películas. Ese joven Godard prototipo del revolucionario que encarnara una posición antibelicista, un verdadero agitador. Ridículo sería no hacer una lectura dadas las circunstancias y el delirio de la época. Mr, dice Ferdinand, Mister, John Wayne, Marlon Brando, Mister, y el delirio parece ser el de todas las épocas.

Anna Karina, la femme Marriane es como una invitación, como si crecer fuera algo que no tuviera razón. Lejos de ese mundo aburrido que Ferdinand y Marianne dejan, lejos de toda responsabilidad, lejos, contando cuentos dice Marianne y Fernidad Pierrot, se disfraza, arma el acto, sabe que nunca le van a faltar aplausos.

Morrison Hotel

Morrison Hotel por muchas razones. Por el arte de portada, portada sucia, portada homenaje al poco suceso de The soft parade. Por ese himno para cantar por las mañanas, por que el rock sucede in el Roadhouse blues. Por Waiting for the sun, ese regreso derrotado al cabaret y a la juerga, ese sol negro que quema. Por you make me real, doors make real tha punk, por Land Ho! pudo llamarse in a gadda Ho, por The spy, come to the house of love, por el desierto, el descapotable, por la road, road baby road, por Indian summer, por los buenos y antiguos tiempos.
Por que Maggie M´Gill es la mejor canción de los Doors. Canción deliciosa, Morrison disco bastardo.

El enemigo necesario
por Marco Martínez Zúñiga

El enemigo necesario se mueve entre la violencia, late, en cada página, es un corazón negro, un corazón hinchado del tamaño de un puño, un corazón que a cada latido explota, que viola con sus palabras. El enemigo necesario tiene una estructura salvaje, un yo pyscho, un narrador y un espejo trizado, un espejo hecho añicos. El enemigo necesario es la vuelta de tuerca que aisla el tornillo, la gota que derrama el vaso, una novela diminuta, breve, una novela pequeña y derramada, un acierto, el enemigo necesario es la bala pega, la bala que desangra.
El enemigo necesario ganó el Medardo Ángel Silva en el 2007. El Medardo es sólo un premio, El enemigo es el Medardo.

La tercera. La adulta. La de a de veras.

26/8/12

Silencio, no molestar

Ella cierra la puerta. Ella ordena sin ánimo las cosas dentro de la habitación. No toma la escoba, evita pisar las alfombras, dentro hay sitio para colocar otra cama, otro librero, otro aparato de televisión. Ella cierra la puerta del baño, escucha los ruidos que vienen del jardín, sobre todo pone atención a los pájaros que se dan duchas breves en la fuente. Sus picos son anaranjados y largos, buitres de metrópoli, su manera de saltar y llevar el agua hacia sus alas la mantiene pegada a la ventana, esa actividad la acompañará durante la mañana. También aprovecha para recostarse con un libro en el pecho, adelantándose a las cosas y repitiéndose las frases que saldrán de entre las hojas de aquel autor. Las cortinas permanecen quietas a pesar del viento, por la ventana de la habitación entran hojas y pequeñas basuras empujadas hacia los marcos abiertos. Hay ramas delgadas que quedan entre el jardín y el interior separadas por el cristal. La luz del exterior sufre una transformación al cruzar el filtro e los cristales. Las grietas en el techo dejan ver la construcción, el concreto. No es hora de siestas pero ella es vencida, las palabras clave forman imágenes breves, sobresalen los colores anaranjados y las alfombras, hay rostros y en conjunto el ensueño es emotivo. Ella despierta, su cuerpo la sigue. Así aguarda cualquier ruido. Pero la casa parece haber echado a todos hacia los patios.
Ella coloca una remera negra sobre su cuerpo. Una remera que llega a las rodillas dos o tres tallas más grande. Podría pasar horas probando prendas solo por pasar el rato. La ropa sale de los cajones, las levanta y observa a contraluz, cubre sus hombros, cubre sus muslos, nuevamente los desnuda, pronto el piso y el armario y la cama y el sillon sirven para sostener zapatos y pares de calcetas, además de ropa con colores brillantes, ropa que nunca se usó e incluso algunas que pertencen a otras personas. Queda espacio entre los armadores libres y abrigos, entonces Lupo salta, ya no es un mueble común, con Lupo dentro se vuelve una habitación, algo fría pues no tiene luces, ella sigue con la remera, camina de puntillas, corre el vidrio y las aves levantan vuelo. Lupo que se obsesiona la cacería salta y en dos brincos abandona su hogar temporal. El día parece avanzar sentado sobre un caparazón. El piso parece moverse, respirar, ella continúa caminándolo de puntillas, quien sabe dice, no tengo medicina para mordidas de bufanda. La pared tiene ese orificio como portal cuántico, pensado para viajes televisivos o lugares hechos de plastilina y cartón y lleno de guerreros que mueren sin miedo luego de herir a seres sin inteligencia,  gigantes con piel de fomie. Ella cuelga un pantalón, no se anima a encender la tv, tiene suficientes seres en el piso, no llegarán solos a su mundo, piensa.

Gola na Gula




Siempre has estado allí.
Él siempre ha estado aquí. 
Este detalle no te lo he contado
Este detalle no la hace más o menos importante.
¿Seguirás siendo? pregunto
Ella será incluso después de estas imágenes.

 Mi intención fracasa, quienquiera es aspirante frente a su verdadera dimensión. Ella vive bajo la villa. Ella es subterránea. Intento sacarla de mis recuerdos usando una cámara. Inmovilizándola. Será un logro, ¡eres libre Gula!. Sí. el fin.

Me pregunto qué debo hacer con ella. En realidad son varias preguntas. La conozco y para desanimarla invento respuestas, entre las algas flotan otras preguntas y mí imagen que se dirige hacia el futuro. La fecha, para mí propósito resulta convincente. Veo cercana nuestra hora. Ahora dejo caer sus rocas. Como esfinges que respiran van llenando el patio. Es triste, como escuchar una radio que no sintoniza estación. No me hago esperar. Seamos socios digo. Ella estira sus olas a las que confundo con brazos. Evito mirar su rastro. En mi memoria ella vive íntegra. Ella echa al patio sus senderos. Pierdo altura pues adelante los mares han tapado las ciudades. Ambos tejemos la membrana, otra pirámide cae, los vértices empatan, ciego el ojo, tiembla la superficie, entonces es tiempo.

Nos falta el ánimo y en consecuencia las palabras. Ambos flotamos de espaldas. Nos recorremos, guardamos los pliegues para la noche y el insomnio. Llegamos a Enero: Ambos miramos al otro sumergido, tu vez algo amorfo, yo veo algo asimétrico y los dos reímos con los cuatro ojos abiertos.

Cierro uno: El plan es contar desde atrás.
Cierro dos: ahora darnos las espaldas.
Cambiamos de identidad
Cierra uno: volver al gas
Cierra dos: un nombre imposible de recordar.

Ahora Gola
Él tiene tus direcciones.
Uno imposible de aprender.

Otra porción resbala, ya es parte del fondo. Mi rostro se ha despegado. En tono de broma quien nos mire dirá: ¡oye, no te la lleves! como cuando nos confundían con monedas.

Pasear sobre tus juegos hasta perder la cabeza una última vez.Girar cuando te descuides.
Cada vez nos vemos menos.
quizás...
menos...

Vivamos juntos.

24/8/12

Insolación



Tanto calor obliga a todos a quitarse la ropa. Son varios, viajan en dirección norte - sur aunque en el interior decidan otras direcciones. El autobus avanza a una velocidad moderada, parece que sus usuarios han prohibido las sacudidas fuertes, toda emoción que no sea ligera, ni frenazos impredecibles; mientras, hablan sobre la ciudad y sobre el clima mientras doblan sus camisas o las colocan en el respaldar de sus asientos. Ella tiene los ojos cerrados, quizás ella es la única que viaja, la única pasajera. Quien viaja junto a la única pasajera es un hombre con los brazos en alto. El techo del bus está muy alejado del suelo. La intención del hombre es la de encender las luces o el aire acondicionado, aunque por sus movimientos también se pensaría que sus músculos han sufrido un calambre, tan común en esos viajes entre distritos o quizás, la intención de tener los brazos levantados sea para llamar la atención de otros pasajeros. El bus se detiene cada tanto a recoger a hombres y mujeres que llevan maletas en sus manos. Maletas o bolsas pequeñas para un viaje corto. Por supuesto la mujer no lo registra ya que tiene los ojos cerrados. Un hombre abre una revista con la foto de un político famoso, entrevistado hace algunas decádas. Una mujer uniformada con falda y blusa negra lleva pañuelos de papel entre sus manos, los reparte entre los pasajaros e indica el lugar donde ellos pueden depositarlos. Ella, la uniformada, lleva las mangas de la camisa dobladas a la altura de los antebrazos. El autobus sube una pendiente lo que genera una vibración en el piso y en los asientos que dura casi dos minutos. Se puede pensar que en cualquier minuto el bus dejará de avanzar o lo hará a la inversa dejando ver los costados que van hacia uno en vez de salir desde uno. Pero nadie habla del viaje, así que quizás avanzan en cualquier sentido. El rudio dentro aplasta a todos los cuerpos, las frases parecen completadas por risas, canciones parecen ser cantadas por periodistas, las preguntas respondidas por comerciales o contestadas por otras preguntas. Hay un hombre que está de pie y parece tener la intención de llegar a su destino sin tomar asiento. Cada vez que puede cruza palabra con la mujer uniformada y cuando eso ocurre dos personas parecen sonreir al mismo tiempo.

El camino luego de la pendiente se presenta como en las películas yanquis de J. Jarmusch, con esa luz fuerte que quema al asfalto y a los vehículos y a los montículos que ya no son de arena y que acompañan por ambos lados de la pista. La mujer del uniforme llena dos vasos blancos con agua, dos hombres hablan entre sí subidos a los asientos como si charlaran desde una trinchera o sosteniendo entre ellos y sus palabras unos escudos. Los vasos llegan al final del autobus sin dejar caer una sola gota a pesar de la imperfección del camino. El hombre de los brazos parece un árbol con sus dos ramas agitadas por el viento que entra por la ventanilla. 

El sol golpea sobre la arena. Las gafas cubren hasta donde termina el cielo, la mano cubre el rostro y la frente, todos han bajado a estirar los pies. Cada paso parece agitar al suelo, ya que este parece respirar a cada movimiento como si al hacerlo comprendiera un poco a quien lo camina. Esa idea es perfecta para guardarla dentro de un dragón. Abrir su boca, meter la mano y soltar la hoja doblada de papel hasta que llegue al depósito de ácidos. Entonces el dragón azul cavaría entre la piedras para colocar su cuerpo a salvo. Esa imagen dura dos segundos, tiempo que alcanza para regresar a mirar hacia atrás, hacia donde se ha estacionadao el vehículo y donde la gente se dispersa como sobre un tablero de Go o una mesa de billar. La bola azul cubierta por el asfalto y el siguiente distrito a 2 horas, la idea, volver el mismo día. Él toma asiento junto a la rueda del bus, donde el sol no brilla. Él suda y bebe lo que queda dentro de la cantimplora. Nadie parece tener apuro, se dan modos para sacarse fotos.

17/8/12

I die, you die

He conocido un nuevo amor. Él me levanta de la cama con una cortina en los ojos. Sabe lo que necesito para despertar, reconozco el ruido de sus dedos, el sabor de sus letras, él sabe ser entre el algodón y la electricidad.
La casa crece y respira y sé que estoy de regreso en el templo. Levanto la cabeza y siento las paredes que tocan y se elevan mudas hacia el cielo. Incluso Lupo lo nota, me lo repite al oído y yo le pido, ey Lupo, vuelve a tu silla, permanece otras horas en tu posición horizontal.
Los aviones que cruzan las nubes también escuchan a mi nuevo amor, hacen señas con sus turbinas y él y yo mantenemos los pies en el suelo, aunque desde el pasillo y a tantos pies parezcamos insectos, pero las puertas se abren y nosotros sin movernos las cerramos con los chasquidos que hacen nuestras gargantas secas, también dejamos algunas sin cerrar para cuando lleguen los que vuelven desde Lima. 
A ciegas busco otra canción de Numan, él dice ahora regreso y su nave, una con tres hélices y espacio para dos, cruza a centímetros de nuestras cabezas; tienes el pie digo pero ya la banda ha seguido sus gestos, inicia la programación, observo con los ojos como platos al reloj que recorre en sentido contrario y yo estoy feliz pues sostengo el botón para volver cuando lo desee.
Hoy el día durará hasta llegar a 1979. Mientras saltaré alejándome de espaldas hasta subir al auto.



15/8/12

Demasiados dedos




Intento no someterme a los dictados de la conciencia. Pero ellos están todo el día hablándome al oído. Sobre todo por las noches. Lo común es poner una imagen oscura entre los significados y la nariz. Pero ocurren cosas impredecibles, la respiración se vuelve costosa, el cuerpo mismo parece rehuir, parece tener certezas de estar en prisión y se estira, cosa que es incontrolable. Por suerte tengo una inyección de hielo, es decir, enciendo el televisor y reproduzco una cinta antigua con capítulos animados y en sonido de baja fidelidad y aunque pienso que va a resultar inútil sucede el milagro, el milagro de callar a todos los ánimos que destruyen por dentro. Sin embargo sé que todo ejercicio es por demás inútil y tarde o temprano volveré a los misterios y la incapacidad de controlar las conexiones y las respuestas en esa sinapsis automática. Lo sé, lo sé, el dolor es una evidencia que brilla como una sortija.